-En la última hoja lamentaba que se diesen discrepancias notables entre los obispos españoles, y días después se cumplió lo del dicho: “si no quieres caldo, taza y media”. Esta vez el disenso vino por mor de las indemnizaciones a las víctimas de la pederastia. Y no es que un servidor pretenda que los prelados estén cortados todos por el mismo patrón, pero parece que en temas importantes sí debería haber mayor coincidencia entre ellos. El caso es que la Conferencia Episcopal firmó un acuerdo con el Gobierno para indemnizar a las víctimas de pederastas eclesiásticos, incluso cuando el delito haya prescrito o ni siquiera hubiere sentencia condenatoria. Y hay obispos, entre ellos el nuestro, que no lo ven claro. Don Jesús explicó su opinión en el ABC y no tardaron en aparecer sus habituales críticos, anunciando incluso que solicitarán su cese ante el Vaticano. Allá ellos, pero para conseguirlo tendrán que aportar razones claras y acusar a monseñor Sanz de negacionista no es la mejor razón, porque hay numerosos documentos suyos que demuestran claramente lo contrario. Y en lo que se refiere a casos concretos, hasta donde un servidor sabe, desde que don Jesús está en Asturias le llegaron tres denuncias de pederastia contra otros tantos curas diocesanos: uno de ellos fue suspendido de sus funciones por el Vaticano, aunque ni siquiera había sido condenado por el tribunal civil. Y, como suele decirse: “de Roma viene lo que a Roma va”, es decir, la decisión vaticana se supone que se tomó a instancias de nuestro Obispado, por lo cual no tiene sentido acusar a Sanz de connivencia con la pederastia. Y, si los otros dos curas denunciados no fueron suspendidos, será porque no había pruebas claras contra ellos. No significa que no fueran culpables, pero ¿pretenden que el Obispo condene sin pruebas? Por lo demás, que las víctimas se quejen de que antaño estos temas no se afrontaban debidamente tienen toda la razón. Así era en todos los niveles sociales, incluida la Iglesia. Recuerdo que cuando un servidor venía a Oviedo a finales de los años ochenta a visitar a la familia y a resolver papeleos desde mis parroquias de Allande, me tocaba pasar por un pueblo de Tineo y delante de una casa siempre veía a tres o cuatro chavales con enanismo. Pregunté a un conocido de la zona y me aclaró que eran hijos del abuelo de los chavales, que se acostaba con su propia hija. Todo el mundo lo tenía claro, pero nadie afrontaba el problema. Afortunadamente las cosas cambiaron en este tema. Volviendo al hilo con el que empecé, ante la discrepancia episcopal sobre el mentado acuerdo con el Gobierno sería pretencioso por mi parte pontificar sobre el tema y decir que tengo claro lo que algunos obispos no parecen tener tan claro, pero sí se me ocurre alguna pregunta: ¿con qué dinero piensan indemnizar los prelados que firmaron el acuerdo? No creo que paguen de su bolsillo, porque el sueldo del obispo no da para mucho. No les queda otra que hacerlo con las arcas diocesanas, que tampoco suelen estar rebosantes. Es decir, van a indemnizar con el 20 por ciento de los ingresos anuales que las parroquias enviamos todos los años al Obispado. O sea, que cuando la tía María o el tío Manuel echan un euro en la colecta de la Misa del domingo para colaborar en el pago de la luz, el agua, las velas y el seguro de su iglesia parroquial, 20 céntimos de ese euro pueden ir destinados a pagar la indemnización con la que el supuesto Defensor del Pueblo castigó a un cura o un catequista depravado, que abusó de un menor. Y la tía María y el tío Manuel no creo que estén por la labor y argumentarán que el que cometió el delito que lo pague. Y excuso decirte qué cara les quedará a la tía María y al tío Manuel cuando se enteren de que hay que indemnizar, incluso aunque no haya habido sentencia condenatoria o el delito haya prescrito. En suma, todos tenemos claro que la pederastia es delito gravísimo, que hay que castigar severamente a los culplables y que hay que estar del lado de las víctimas, pero no está tan claro cómo concretar o hasta dónde debe llegar ese “estar del lado de las víctimas.” ¿Más preguntas que se me ocurren? Las mismas que se te ocurren a ti, paciente lector-a. ¿Por qué tanta preocupación gubernamental por los abusados por eclesiásticos y tan poca o ninguna por el 99,8 por ciento restante? Se supone que la Administración se hace cargo de las indemnizaciones a las víctimas de funcionarios pederastas, pero ¿van a indemnizar también cuando el delito haya prescrito o no haya habido sentencia? No creo. ¿Y quién indemniza por los abusos de los no funcionarios, que se supone son la mayoría? ¿Quién indemniza cuando el abusador es de la propia familia de la víctima, lo que sucede en más de la mitad de los casos? ¿Correrán los partidos políticos con los abusos de sus militantes? ¿Quién indemnizó a los menores abusados en las saunas de Sabiniano, el suegro de Sánchez? Los medios de desinformación sincronizada tienen claro quién les subvenciona y saben que estos días tienen que dedicarle más tiempo a los supuestos abusos de Julio Iglesias que a los del socialista Salazar, a la vez que intentan minimizar las consecuencias electorales del trágico accidente ferroviario y de la propuesta gubernamental de financiación autonómica, enésima puñalada de Sánchez y sus boys a la mayoría de las comunidades autónomas para seguir pagándoles los votos a los que lo mantienen en la poltrona. Incluso los sociatas asturianos, que comulgan tantas veces con ruedas de molino, lo vieron claro esta vez y se quejaron del agravio, aunque para ello Barbón tuvo que ir al Vaticano a coger oxígeno, porque el de Covadonga debe de enfriar demasiado sus vías respiratorias.
-Hablando de escándalos sexuales, me trajeron los Magos, entre otras cosas, el libro de las memorias del rey emérito, pero obviamente el hombre no comenta nada sobre sus deslices lujuriosos. Menciono aquí al personaje, porque recientemente en alguna homilía, en la que tocaba hablar del arrepentimiento, comenté el mal ejemplo que supone que personajes importantes digan ante un micrófono que no se arrepienten de nada, cuando sus patinazos han sido públicos y notorios. Me refería precisamente, sin mencionarlo entonces, a don Juan Carlos, porque así se lo había oído no hace mucho en alguna entrevista televisiva. Pues hete aquí que en el libro sí afirma que se arrepiente de cosas, con lo que no me queda claro si él lo tiene claro. ¿Cuándo fue más sincero: en la tele o en el libro? Quiero creer que en el libro, porque, aunque esté encantado de conocerse a sí mismo, y en las mentadas memorias lo vuelve a demostrar, se supone que tiene que tener algún momento de humildad para reconocer que, si hasta los santos tienen motivos para arrepentirse siete veces al día, él podría hacerlo, como tú y como yo, ocho o nueve veces al menos.
-La captura de Maduro por parte de Trump y la nueva situación de Venezuela pone de actualidad la teoría del mal menor. ¿Qué será lo menos malo para el país hermano? Desde el minuto uno buena parte del personal de acá lo tuvo claro y unos se alegraron un montón y otros clamaron por centésima vez contra Trump. Me sorprende que otros vean tan rápido y tan claro lo que a un servidor le cuesta tanto ver, pero quizás sea más fiable preguntarles a los venezolanos dentro de unos meses. Al margen de lo dramático de la situación, lo de Venezuela nos ha dado lugar también para la hilaridad, pues desde el Gobierno español nos han comunicado que Zapatero, que pensábamos que estaba allí forrándose y multiplicando su patrimonio, en realidad estaba luchando por sacar a los presos políticos de la cárcel y, después de diez años intentándolo, casualmente coincidió que consiguió su objetivo unas horas después de la captura de Maduro. No me queda claro si pretenden reírse de nosotros o que nosotros nos riamos con ellos.
Publicado en la Hoja Parroquial de la Unidad Pastoral de La Marina (Villaviciosa)

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