sábado, 30 de noviembre de 2024

¡Alegría! ¿Motivo? Que Cristo viene... liturgia de Adviento. Por Javier Sánchez Martínez

La consideración e invitación a la alegría son constantes en toda la liturgia del Adviento; orienta así al reconocimiento de lo que es la alegría honda y sentida, que no es sino el gozo de descubrir al Señor y, sabiendo que viene, se convierte en gozo sostenido de quien aguarda a Alguien sumamente amado. La esperanza derrota la tristeza, la apatía y el decaimiento, y genera una alegría serena que se convertirá en desbordante al alcanzar su fin y completar su deseo. Al fin y al cabo, el Adviento reeduca nuestra alegría, la orienta hacia lo verdadero, la purifica de pequeñas alegrías falsas, materiales, aparentes, inmanentes que decepcionan al final.

Un recorrido por la eucología romana del Adviento nos ofrecerá la perspectiva teológica y espiritual de la alegría. Seguro que este recorrido no nos puede dejar indiferentes sino que provocará un eco (eso es catequesis: eco, resonancia) para la vida católica.

Las antífonas que iluminan el canto de los salmos en el Oficio divino están teñidas de gozosa esperanza: “Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene; no temas, Sión, tu salvación está cerca” (ant. 2, Of. Lect., Domingo I); incluso es una alegría “cósmica”, ya que toda la creación participa del gozo de la venida de Cristo: “Los montes y las colinas aclamarán en presencia del Señor y los árboles del bosque aplaudirán, porque viene el Señor y reinará eternamente. Aleluya” (Ant. 2, Laudes Dom. I), o también: “Destilen los montes alegría y los collados justicia, porque con poder viene el Señor, luz del mundo” (ant. 2, II Visp., Dom. III). Es una exhortación constante a la alegría ante el Señor, el Mesías, Rey y Sacerdote: (ant. 1, I Visp. Dom. I); “Hija de Sión, alégrate; salta de gozo, hija de Jerusalén. Aleluya”“alégrate y goza, nueva Sión, porque tu Rey llega con mansedumbre a salvar nuestras almas” (ant. 1, I Visp., Dom. II).

En las preces de la Liturgia de las Horas la alegría es igualmente la situación vital de la Iglesia y el objeto, a su vez, de su súplica (enseñándonos a su vez a pedirla, cómo ha de ser la oración de petición). “Esperamos alegres tu venida: ven, Señor Jesús” (preces I Visp. Dom I); “Santo de Dios, ante cuya venida el Precursor saltó de gozo en el seno de Isabel, ven y alegra al mundo con la gracia de la salvación” (II Visp. Dom. I); “cólmanos de alegría y paz en nuestra fe, para que rebosemos de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Laudes Viernes I); “Tú que por la Iglesia nos anuncias el gozo de tu venida, concédenos también el deseo de recibirte” (Laudes Lunes II); “danos la gracia de alegrarnos contigo en la gloria, pues ya en este mundo nuestra fe sincera te confiesa” (Visp. Martes II); “Que la tierra entera, que se alegra por la venida de tu Hijo, experimente más aún el júbilo de poseerte plenamente” (Laudes Jueves II); “Tú que desde el trono del Padre todo lo gobiernas, haz que aguardemos con alegría la dicha que esperamos, tu aparición gloriosa” (Laudes Sábado II).

Asimismo, si nos detenemos en las oraciones colectas, la alegría cristiana (el gozo, el júbilo) estará presente como una realidad actual o como súplica ante el Futuro precioso que nos aguarda: “concédenos esperar con alegría la gloria del nacimiento de tu Hijo” (Martes II); “concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante” (Domingo III); “haznos encontrar la alegría en la venida salvadora de tu Hijo” (Jueves III); “haz que cuando vuelva en su gloria, al final de los tiempos, podamos alegrarnos de escuchar de sus labios la invitación a poseer el reino eterno” (21 de diciembre).

Junto a este tesoro eucológico –incompleto, para no alargarnos- las lecturas bíblicas; la lectura constante del profeta Isaías en el Leccionario de la Misa y el Oficio de lecturas, con su invitación al gozo por el Mesías, así como las lecturas breves (o “capitula”) de la Liturgia de las Horas forjan el alma eclesial en la alegría plena, cuya raíz es siempre Jesucristo que viene; por ejemplo, cada domingo de Adviento, en las segundas Vísperas, se proclamará: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres…” (Flp 4,4).

¡Ésta es la alegría cristiana, la que nadie puede arrebatar, y que ni se nutre ni se sostiene en lo perecedero, en lo efímero, en la materialidad! Es la alegría de quien ama y espera a Aquel a quien ama porque va a venir, está llegando y es fiel a sus promesas. ¡Él no defrauda! Con Él, el gozo será desbordante, incontenido, exultante.

Es menester examinar nuestra alegría, purificarla, orientarla, acrecentarla. Es la pedagogía, tan sabia, de la Iglesia en su liturgia.

(¿Nos damos cuenta de lo que es la liturgia, la espiritualidad litúrgica, la teología litúrgica? ¡Vivir según su espíritu, extraer las riquezas de sus textos!)

(¿Nos damos cuenta también de que, en el conjunto del Adviento, la dichosa corona con sus velas no es el “no-va-más", sino que la liturgia de Adviento es más rica, más honda, más espiritual, más esperanzadora… en sus ritos y oraciones y preces?)

El infierno existe. Por Francisco Torres Ruiz

(In virga virtutis) «Por mí se va a la ciudad del llanto; por mi se va al eterno dolor; por mi se va hacia la raza condenada; la justicia animó a mi sublime arquitecto; me hizo la divina potestad, la suprema sabiduría y el primer amor. Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo eterno, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!» Con estas palabras escritas en el dintel de la puerta, Dante describe la crudeza y dureza del infierno. Parecidas a estas que leyó Santa Francisca Romana en el frontispicio del infierno «este es lugar infernal, sin esperanza y sin descanso alguno«.

La existencia del infierno es una verdad de fe incontestable que la Iglesia ha confesado siempre como recoge el Catecismo de la Iglesia Católica: «Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno» (1035).

El Catecismo romano (1566) lo describe del modo siguiente: «cárcel horribilísima y muy obscura, donde, con fuego perpetuo e inextinguible, son atormentadas las almas de los condenados«.

Pero está creencia en un castigo eterno después de la muerte no es un invento de la Iglesia para meter miedo o una superstición para controlar la conciencia de la gente, sino que la misma Biblia se expresa reiteradamente sobre esta verdad, sobre todo, con la predicación de Jesús.

La condenación es entendida como un rechazo por parte de Dios de quienes no han optado por Él. El infierno, como un destino sin Dios. Los Santos Padres también son prolijos en hablarnos del infierno y de la posibilidad de la condenación si no nos enmendamos.

El Magisterio de la Iglesia se ha pronunciado abundantemente respecto a este tema de manera afirmativa y clara, como por ejemplo el IV Concilio de Letrán que dice que los réprobos, con el diablo, irán al castigo eterno.

La eternidad del infierno está afirmada por el mismo Cristo como se desprende de la parábola del rico Epulón (cf. Lc 16, 19-31). Esto es así dado que el estado eterno deriva de la situación en que muera la persona donde la voluntad se vuelve inamovible. En este caso, la voluntad del pecador permanece aferrada al mal y, por tanto, el pecado perdura.

Por otra parte, como ya vimos en el artículo del purgatorio, los condenados al infierno sufren una pena de sentido y una pena de daño. La pena de daño consiste en experimentar «con inmenso dolor que su vida carece de sentido, puesto que no han alcanzado el final gozoso al que estaban destinados y al cual aspiraban» (A. Fernández, Teología dogmática, 1030).

Así, vemos que el infierno es real y está ahí como posibilidad ante quien decide pertinazmente rechazar a Dios en esta vida y vivir en la más absoluta impiedad. Más que un lugar físico, el infierno es el estado existencial de aquellos que muriendo en pecado mortal pasarán toda la eternidad lejos de Dios, sin ver a Dios, sin disfrutar de la compañía del Señor y de sus santos. El gran tormento de los condenados será un constante autorreproche de las oportunidades perdidas que Dios te concedió a lo largo de la vida para arrepentirte y gozar de su amor.

Recuerdo como en varios exorcismos, los demonios se estremecían y asustaban con el solo recuerdo del infierno al que debían ir y pienso en aquella gente que, frívolamente, bromea con ir al infierno. ¡Qué de terrible habrá de ser ese lugar para que el demonio no quiera estar en él!

Y sin embargo, el infierno fue un acto de misericordia y amor de Dios con aquella criatura que se rebeló en el cielo contra Él. Al diablo le atormenta y no soporta el recuerdo de aquel amor eterno que rechazó haciéndose indigno de él, porque Dios ama a todas sus criaturas y, entre ellas, sigue amando al diablo. No porque espere su conversión (que no podrá ser), sino porque como dice la Escritura: «Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo habrías creado. ¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras?, o ¿cómo se conservaría, si tú no lo hubieras llamado? Pero tú eres indulgente con todas las cosas, porque son tuyas, Señor, amigo de la vida» (Sab 11, 24-26).

Vivamos, pues, se cara a Dios, con los ojos clavados en el cielo. Allí es donde queremos ir y no al infierno. No queramos parte alguna con Satanás y sus ministros. Vivir en gracia y agradando a Dios ha de ser nuestra obsesión hasta la muerte.

viernes, 29 de noviembre de 2024

Don Adolfo Mariño Gutiérrez, nuevo Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Oviedo

 

El Sr. Arzobispo de Oviedo, Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O.F.M. ha procedido a nombrar al Ilustrísimo Sr. D. Adolfo Mariño Gutierrez, Vicario General-Moderador de Curia del Arzobispado y Párroco de San Tirso el Real de Oviedo, nuevo Canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de San Salvador de Oviedo.

La decisión de Sanz llega después de haber escuchado al Cabildo de la Catedral y Colegio de sacerdotes investidos de personalidad jurídica pública, canónica y civil que rige por la normativa del Derecho Canónico y de sus propios estatutos.

Según estos estatutos, cada canónigo tiene encomendada una tarea; debe asistir a las celebraciones más solemnes de la Catedral, presididas por el Arzobispo, así como a los Cabildos ordinarios y extraordinarios. Los canónigos ocupan sede en el coro, según el orden de precedencia establecido en el Reglamento de Régimen Interno, y usan el traje coral en aquellos actos y funciones litúrgicas a los que el Cabildo asista. A partir de ahora su tratamiento será de Muy Ilustre (M.I.). Tomará posesión de su canonjía este sábado 30 de noviembre tras la misa capitular de las 9,15 horas. 

Reseña

Nacido en Avilés, en 1953. Bautizado en la Parroquia de Santo Tomás de Cantorbery (Sabugo). Se formó en el Seminario Metropolitano de Oviedo donde realizó los estudios eclesiásticos en éste, como afiliado a la Universidad Pontificia de Salamanca. Concluida su formación fue ordenado diácono ejerciendo este ministerio como adscrito a la parroquia de Santo Tomás de Cantorbery ''Sabugo'' (Avilés), el curso 1978 - 1979.

Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1979. Comenzó su labor pastoral como ecónomo de Santiago de Pesoz (Grandas de Salime) y su filial, San José de Brañavieja. En esos años fue también encargado de San Martín de Oscos (1981 - 1983) y teniente-arcipreste de Grandas de Salime. También colaboró entre los años 1979 a 1983 con las parroquias de San Salvador de Grandas de Salime, San Juan de Vitos, Santa María de Trabada y Santa María Magdalena de Peñafuente.

En 1983 pasó a ser coadjutor de San Pedro de los Arcos (Oviedo), con la encomienda de organizar la creación de la nueva parroquia de San Melchor, en Vallobín. Tras su construcción, fue nombrado párroco de ese nuevo templo, cargo que desempeñó entre los años 1990 y 2003. Además, en ese período, fue delegado diocesano de la Juventud de Acción Católica, colaborador-formador para la tercera etapa teológico pastoral y teniente-arcipreste de Oviedo-Oeste, arcipreste de Oviedo Oeste (1991 - 1994) y arcipreste de Oviedo (1997 - 2003).

En el año 2003, fue nombrado párroco de San José de Gijón, labor que ha desempeñado hasta septiembre de 2017. Ha sido arcipreste de Gijón desde el año 2006 hasta el 2011. Desde el año 2011 hasta el 2018 ha sido Vicario episcopal de Gijón-Oriente y Vicario Episcopal para el Real Sitio de Covadonga y otros santuarios diocesanos desde 2018 hasta septiembre de 2024. El pasado 2 de septiembre hizo el juramento y toma de posesión de su cargo como Vicario General en el Arzobispado de Oviedo, y como Párroco de San Tirso el Real de Oviedo el día 15 de septiembre pasado. 

Sant Feliu, el primer emigrante olvidado en el Llobregat. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Este próximo sábado 30 de noviembre tomará posesión el nuevo obispo de Sant Feliu de Llobregat, Fray Xabier Gómez O. P. Una fecha histórica, pues para esta jovencísima diócesis eregida en 2004 y que no han conocido otro obispo que Monseñor Agustín Cortés Soriano, hombre sencillo y discreto que ha dado un testimonio de entereza en la enfermedad, digna de encomio al padecer un mieloma con el que convive desde el año 2013 y perseverar en su ministerio. Me hace pensar que la diócesis de Terrasa, creada en la misma fecha que la de Llobregat, tiene algo más de experiencia en la vivencia de las "letras apostólicas", pues ya la Santa Sede les regaló un obispo auxiliar el cual es desde 2021 es residencial de ésta, ocupando el número dos del episcopologio terrasense.

Otra novedad y sorpresa es que un religioso de la Orden de Predicadores (dominicos) sea promovido al episcopado en España. En Oviedo tuvimos un gran obispo dominico, además asturiano de nacimiento: Monseñor Ramon Martínez Vigil O.P. que falleció en 1904. Y si no me equivoco, fue otro asturiano el último hijo de Santo Domingo que pastoreó una diócesis española: Monseñor Francisco Barbado Viejo O.P. natural de La Cortina en Telledo (Lena) y que fue obispo de Coria, y finalmente de Salamanca. Pero yo que soy párroco de una comunidad cristiana llamada San Félix (Lugones), y bautizado en otra comunidad también de titular San Félix (Candás) quiero reivindicar a mi santo patrono, conocido en el santoral como "el de Gerona", pues allí dicen que fue diácono del Santo Obispo Narciso, y que en dichas tierras sufrió martirio, aunque su culto se extendió por toda Cataluña, España y Europa. Otra sorpresa nos dio también el Papa Francisco designando para la sede gerundense a un religioso trapense en la persona de Fray Octavi Vila, el que era abad de Poblet. El último caso así en una diócesis catalana debió de ser en 1710 cuando fue preconizado Fray Francisco Dorda, O.Cist. como Obispo de Solsona.

La parroquia de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat fue eregida en el año 1524; sin embargo, sabemos que ya en el año 1002 se denominaba a este lugar indicando la existencia de una ermita en honor a San Félix:  ''ad locum que dicunt Sancti Felicis'', según consta en un documento del monasterio de San Cugat del Vallés. San Cugat, en castellano San Cucufate, fue el compañero de San Félix, ambos partieron de su patria al norte de África para venir a anunciar el Evangelio en este suelo nuestro donde la fe era perseguida. La Tradición nos dice que pasó por Barcelona: ¿predicaría en este rincón del Llobregat entonces llamado Micano?... De tierras barcelonesas se embarcó de nuevo rumbo norte, desembarcando en Empúries. Fue su destino Girona, donde fue acogido y acompañado por la Iglesia local, allí se puso al servicio de la predicación y de los pobres a los que él mismo -un extranjero no siempre bien visto por ello, igual que ahora- supo promover como regalo la fe y a Dios mismo, e integrarlos en la comunidad como caricia de su presencia. Delatado por un oficial romano fue apresado, torturado y martirizado en el año 303.

Al nuevo obispo de Sant Feliu, sus diocesanos le van a pedir muchas cosas con el paso de los días: unos le dirán que hay que dotar a la diócesis de un edificio para el Seminario, otros que hay que mejorar esto o aquello... Mi humilde petición es muy sencilla: que Sant Feliu de Llobregat no se olvide del Santo que da nombre a la Diócesis y al Municipio en que están la capital de la Iglesia local. Está muy bien que se tenga por patrono a San Lorenzo, dado que es el titular del templo que ahora es catedral desde hace cinco siglos, y que la patrona sea Nuestra Señora de Montserrat, pero, ¿no podría ser Sant Feliu al menos el copatrono? ¿no podría la Diócesis recuperar su culto y memoria? ¿No podría buscarse algún lugar en la Catedral donde colocar una imagen suya? ¿No podrían todas las parroquias de la diócesis (no sólo Font-Rubí y Olivella) celebrar el 1 de Agosto como memoria obligatoria al Mártir que da nombre a la diócesis?... Que San Félix Mártir interceda por esa Diócesis que lleva su insigne nombre, y por su nuevo obispo que estrena su ministerio episcopal en esa bendita tierra regada por la sangre de tan buenos amigos del Señor. 

Desde nuestro brocal: Entre el desencanto y la esperanza

Tantos estudiosos de la psicología humana lo han subrayado: la edad de una persona no está relacionada solamente con los años que tiene, sino con su forma de afrontar la misma vida. Hay personas de edad joven con un espíritu realmente envejecido, mientras que las hay ancianas que tienen una tersura juvenil en su alma. Depende del talante con el que abrazamos la vida, con el modo con el que nos situamos en nuestra espera. Por que ahí reside la verdadera edad de nuestro corazón: si es capaz de esperar que algo nos suceda con sabor a estreno, o si, por el contrario, si ya nos encontramos tan cansados y escépticos que estamos “de vuelta”. 

La espera nos da el tono de nuestra jovialidad, tengamos la edad que tengamos. Y motivos para esperar que algo nuevo nos suceda es algo que no podemos censurar en nuestra conciencia, máxime con la que está cayendo en el escenario inter nacional con todos los retos bélicos, económicos y culturales que tenemos delante. E igualmente en nuestro ámbito nacional, con todos los desaguisados que la mala política y los políticos mendaces y corruptos se gastan con una gobernanza tan fallida como no recordamos en nuestra todavía joven democracia. Por este motivo, la pregunta que nos hacemos es muy sencilla: ¿hay espacio para la espera? ¿tiene hueco en este momento de nuestra historia la esperanza? Porque lo contrario sería el escepticismo más derrotista ante el horizonte presente y la desesperanza más desalmada en nuestras entrañas. 

Los cristianos comenzamos el año un poco antes de las calendas habituales en el almanaque civil. Cabe recordar ese dicho popular de “año nuevo, vida nueva” para aplicarlo a nuestro cristiano estreno de año, lo cual quiere expresar algo muy hondo y muy humano: que nuestro corazón no se resigna al fatalismo de lo que acontece como una inercia imparable que nos empuja inevitablemente sin más ni más. Por este motivo nuestro corazón tiene derecho a decir ¡basta! a tantas cosas que no van; que nuestro corazón es justo cuando a pesar de todos los pesares tiene la osadía de soñar una vez más. 

Quizás por eso nos ponemos de acuerdo todos en una fecha mágica al comienzo del año nuevo, para indultarnos mutuamente y concedernos unos a otros una especie de “amnistía” bonachona: nos perdonamos la tristeza, el cansancio, el sopor y aburrimiento; nos perdonamos los desmanes, los rencores, las mentiras. Así, desde la trinchera de todas nuestras pesadillas nos atrevemos a levantar con timidez la blanca bandera de los sueños en un mundo que de tan dichoso pueda ser de veras feliz. Pues bien, los cristianos, al comenzar nuestro año litúrgico que llamamos precisamente “adviento” (que significa “llegada”), no es que nos apuntemos a ese rito con el que comienza el año civil; es decir, no es que hagamos lo mismo que todo el mundo no cristiano, sólo que cinco semanas antes. Y sin embargo decimos con toda verdad, “año nuevo, vida nueva”, pero no como el latiguillo con el que saludarnos y desearnos parabienes después de haber engullido la última uva tras la campanada duodécima entre enero y diciembre. 

Podemos decir “año nuevo, vida nueva” con la misma verdad que podríamos decir “minuto, hora, día nuevo”. Porque la gran posibilidad de una renovación que nos llena de paz y esperanza, por dentro y por fuera, no depende de nuestros acuerdos, no es fruto de un empeño colectivo de que las cosas sean de otro modo, sino de algo que nos ha acontecido al venir Dios a abrazarnos con nuestra propia humanidad. Vino hace dos mil años, volverá al final de los tiempos, mientras le reconocemos presente en la encrucijada diaria donde nuestros avatares escriben la historia. Hay esperanza, por que esperamos que esta triple venida, este triple adviento, nos vuelva a suceder cada día. Porque hay espera, hay esperanza. 

+ Jesús Sanz Montes, 
Arzobispo de Oviedo

jueves, 28 de noviembre de 2024

El bosque de los filósofos. Por Guillermo Juan Morado

(La puerta de Damasco) La filosofía, el intento de comprender y explicar reflexivamente lo real, además de estimular el ejercicio del pensamiento, puede proporcionar momentos de grata lectura. Muchas veces se cree que los filósofos se dedican a dirimir dificilísimas cuestiones ajenas a las preocupaciones del común de los mortales, pero no necesariamente es así: “Aunque no lo creas, las cosas que nos interesan a los filósofos son las mismas que a ti te importan”, escribe el catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Navarra Ricardo Piñero Moral al comienzo de su breve ensayo “El bosque de los filósofos” (El Buey Mudo, Madrid 2024, 204 páginas).

La imagen del “bosque” – el autor dice inspirarse en el de Burutain, en Navarra – alude a la variedad de árboles que normalmente acoge ese tipo de ecosistema: hayas, pinos, robles… La Historia de la filosofía se presenta como un bosque rico, generoso y acogedor, poblado por “árboles” muy diferentes, los filósofos. Recorriendo las páginas del libro nos encontramos con algunos de ellos: Tales de Mileto, Sócrates, Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Descartes, Hume, Kant, Nietzsche, Heidegger y Hanna Arendt. En diferentes épocas y contextos, estos pensadores reflexionaron sobre el origen de todo cuanto vemos, sobre en qué consiste la vida buena, sobre el carácter del verdadero saber, sobre la felicidad, sobre la conciencia del propio ser, sobre la perfección divina, sobre la duda y el pensamiento, sobre la experiencia como fuente del conocimiento, sobre cómo articular sensibilidad, entendimiento y razón, sobre la fuerza de la vida y la voluntad de poder, sobre el ser y el tiempo, sobre la “banalidad del mal”… Sobre estas y muchas otras cosas que, de un modo o de otro, pueden haber despertado nuestra curiosidad a lo largo de la propia vida.

El autor concede, con acierto, espacio a la trayectoria biográfica de cada uno de los filósofos. No todos los que se han ocupado de la Historia de la filosofía son del mismo parecer. Se cuenta que Heidegger, en un curso sobre Aristóteles, resumió la biografía de este gran sabio de la siguiente lacónica manera: “Nació, trabajó, murió”, como dando a entender que lo importante era la obra del filósofo, en la que se plasma su pensamiento, y no los episodios que marcaron su peripecia vital. De modo completamente diferente opinaba Nietzsche, quien denunciaba el “oscurecimiento de lo personal”; de hecho, cuando estudiaba como filólogo a los primeros pensadores de Grecia, causaron mayor impacto en él las personalidades de aquellos hombres que sus teorías. Ya Diógenes Laercio en su obra “Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres” narraba los hechos de las biografías de los grandes pensadores a la vez que sus ideas filosóficas, convencido del nexo que vincula el vivir y el filosofar.

Piñero Moreno escribe con claridad, con sencillez, con profundidad y con belleza. No pasan desapercibidos los frecuentes guiños al arte y a diversas manifestaciones de la cultura: a la técnica de la “caja negra” en el teatro, a la saga de “Jurassic Park” en el cine, a la literatura de Antonio Machado en su “Juan de Mairena”, a los dibujos de Leonardo da Vinci o a célebres cuadros como “La tentación de Santo Tomás de Aquino”, de Diego de Velázquez. Hasta la publicidad puede reflejar una visión filosófica, como el “spot más platónico de todos los tiempos”: “No falla. Quien usa Ariel no cambia, porque Ariel es blancura”. La blancura es una Idea que, como decía Platón, está más allá de toda percepción y de todo juicio. Cada capítulo de este ensayo concluye con “un tiempo de silencio”, con un texto del filósofo que se comenta. La grata lectura se convierte así en un diálogo con grandes figuras del pensamiento.

Constituido el nuevo Colegio de Consultores


El pasado miércoles, 27 de noviembre, quedó instituido el nuevo Colegio de Consultores que está formado por los siguientes sacerdotes: 

Ilmo. Sr. D. Adolfo Mariño Gutiérrez,
Vicario General - moderador de Curia y Párroco de S. Tirso el Real (Oviedo)

M.I. Sr. D. Benito Gallego Casado,
Deán - Presidente del Cabildo Catedral de Oviedo

Rvdo. Sr. D. Jesús Bayón Rodríguez, 
Sacerdote Jubilado y Miembro del Equipo de Pastoral Exequial de Oviedo

Ilmo. Sr. D. Andrés Fernández Díaz,
Vicario judicial adjunto y Párroco de la Unidad Pastoral de Viesques - El Bíbio (Gijón)

Rvdo. Sr. D. Juan Ignacio García Iglesias,
Vicerrector del Seminario Metropolitano de Oviedo

Rvdo. Sr. D. Domingo Ignacio González Álvarez,
Párroco de la Unidad Pastoral de Celorio - Nueva de Llanes 

Rvdo. Sr. D. Pedro Martínez Serrano,
Vicario Parroquial de la Unidad Pastoral de Grandas de Salime-Los Oscos

Rvdo. Sr. D. Santiago Rancaño Fernández,
Párroco de la Unidad Pastoral de San Claudio y Capellán del Hospital Monte Naranco (Oviedo)

El Colegio de Consultores es un órgano que nace después del Concilio Vaticano II y el nuevo Código de Derecho Canónico de 1983, al que el obispo puede acudir para consultar las materias que considere necesarias mientras que hay otras que vienen establecidas en la legislación canónica. En esta legislación «se le atribuyen al consejo funciones muy determinadas en el gobierno de la diócesis como ayuda al obispo. Este tiene que oír a los consultores para hacer algunos nombramientos importantes como puede ser el ecónomo diocesano. Lo mismo para realizar algunos actos de administración de mayor relevancia», explica Jaime Díaz Pieiga, Canciller-Secretario de la diócesis, «luego tiene otras funciones menos conocidas y que merecen especial atención como puede ser las que le competen si en la diócesis se da el caso de sede vacante; es decir, si el obispo fallece, es trasladado a otra diócesis o se le acepta la renuncia por parte del Santo Padre. En estos casos el Colegio de Consultores asume el gobierno de la diócesis hasta la constitución de lo que se llama el administrador diocesano, en tal caso que la Santa Sede no establezca otra cosa. Al mismo tiempo es el colegio el que en unos días ha de elegir a ese administrador diocesano y ayudarlo en determinadas materias de gobierno».

El Colegio de Consultores tiene que estar formado por un mínimo de seis componentes y un máximo de doce, todos ellos elegidos de entre los miembros del Consejo Presbiteral por lo que son, por lo tanto, todos sacerdotes. El Colegio recién constituido lo forman ocho miembros por un plazo ya determinado de cinco años, cuando deberá ser renovado.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

27 de Noviembre: Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

(COPE) La presencia de María cada día se vuelca más con la esperanza que no defrauda porque el Amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. En los últimos días del mes, vivimos una Festividad mariana: Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Una vez más es la muestra de la ternura que la Señora y Reina de Cielos y tierra mantiene con sus hijos.

Era el 27 de noviembre de 1830, primer domingo de Adviento en aquel año, cuando tiene lugar la aparición de la Virgen a Santa Catalina Labouré, en las Hijas de la Caridad de París. En el relato se cuenta cómo la Virgen se mostró a las cinco de la tarde, hora de oración para las Religiosas en un retablo. Su vestido era blanco con un manto azul.

En sus manos se veían unos diamantes preciosos de los que salían rayos muy resplandecientes hacia la tierra. Y en la parte superior se podía leer la Jaculatoria “¡Oh María sin pecado concebida! Ruega por nosotros que recurrimos a Vos”. Estas palabras rodeaban la parte superior de la Señora, llegando hasta sus manos.

Al darse la vuelta el retablo apareció la letra M -inicial de María con una Cruz-, así como los Corazones de Jesús y María, oyéndose una voz que pedía acuñar medallas con esta misma inscripción y modelo. De esta forma se prometía a cuantos la llevasen, la protección de la Reina de los Cielos, con una asistencia especial en el momento de morir.

Dicha visión se repitió en varias ocasiones más, en las Hijas de la Caridad, en la pared de su Capilla. La citada Jaculatoria se ha conservado, repitiéndose muchas veces por los cristianos que ven a María como el Refugio de los pecadores. Así se le invoca en la Letanía del rezo del Santo Rosario.

Nota doctrinal sobre la práctica de la «sanación intergeneracional»

Su misericordia se extiende de generación en generación (Lc 1,50)

Justificación de esta nota

En los últimos años se ha detectado en algunas diócesis españolas, especialmente en el ámbito de oraciones y retiros organizados por nuevos movimientos religiosos de carácter carismático, la práctica por parte de sacerdotes vinculados a estos movimientos de la conocida como “sanación intergeneracional”. Los Obispos de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, al tener noticias de ello, movidos por una seria preocupación pastoral, decidieron estudiar el tema solicitando informes a diversos expertos del campo de la teología dogmática, la teología espiritual y la psicología. En base a los informes recibidos, en la reunión CCLXI del 7 de marzo de 2024, los Obispos de la Comisión, en el ejercicio del ministerio de enseñar y velar por el bien del pueblo de Dios, consideraron oportuno elaborar una breve nota en la que se facilitara una información sintética sobre la “sanación intergeneracional” y se emitiera una valoración doctrinal al respecto, advirtiendo de los riesgos de esta práctica, así como del trasfondo teológico que la sustenta, ajeno a la tradición y a la fe de la Iglesia católica. El texto fue aprobado para su publicación en la reunión CCXLVIII de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, celebrada entre los días 26 y 27 de septiembre de 2024.

I. Origen, definición y riesgos de la sanación intergeneracional

El fundamento teórico y la práctica de la “sanación intergeneracional”, también conocida como “sanación del árbol genealógico” son descritos en las controvertidas obras de varios autores que establecen nexos entre la psicología, la medicina terapéutica y la espiritualidad. Autor de referencia es el médico terapeuta y misionero anglicano Kenneth McAll (Healing the Family Tree, 1982), que se apoya en la psicología de Carl Gustav Jung, discípulo de Freud, para afirmar la conexión entre ciertas enfermedades y las fuerzas del mal. A McAll le sigue el religioso claretiano John Hampsch (Healing your Family Tree, 1986) y el sacerdote católico de la Sociedad de San José, Robert DeGrandis (Sanación intergeneracional. Un viaje a la profundidad del perdón, 1992), que ha popularizado la práctica en la Renovación Carismática Católica por su vinculación a ella (1).

Estos autores defienden la transmisión intergeneracional del pecado y, correlativamente, la posibilidad de una sanación intergeneracional. Según este modo de ver, pecados cometidos por antepasados de nuestro árbol genealógico, que quedaron sin perdonar en vida de quienes los cometieron, serían la causa de enfermedades físicas y psíquicas de sus descendientes. El modo de curar dichas enfermedades consiste en identificar el pecado en el propio árbol genealógico. Posteriormente, mediante la oración de intercesión, exorcismos y, especialmente, la celebración de una eucaristía, se ruega al Señor Jesús o al Espíritu Santo que rompa el vínculo de pecado entre la persona y sus antepasados, alcanzándose así la sanación, muchas veces total y prácticamente instantánea.

Aunque esta práctica, extendida entre cristianos católicos y no católicos, se realiza con la mejor intención y con el deseo de aliviar el sufrimiento de las personas, al fusionar aspectos propios de la fe católica con otros que le son ajenos (2), resulta un sincretismo de apariencia católica con aspectos que incumben de manera explícita o implícita a cuestiones de escatología, particularmente la doctrina del purgatorio y la retribución; de eclesiología, en lo que respecta la comunión de los santos, vivos y difuntos, en el cuerpo de Cristo; de antropología, pues elimina la responsabilidad personal en el pecado y la libertad del ser humano, afectando a su relación con Dios; y de la teología de los sacramentos, especialmente de la comprensión de la eucaristía y del bautismo.

II. Intervenciones magisteriales

Citamos algunas de las intervenciones magisteriales que han alertado sobre los riesgos de la teoría y la práctica de la sanación intergeneracional, haciendo hincapié en diversos aspectos de la práctica de la sanación intergeneracional.

La Conferencia Episcopal Francesa, a través de una nota de la Comisión para la Doctrina de la Fe titulada Sur la guerison des racines familiales par l’eucharistie (19/1/2007), previene sobre las consecuencias de un reduccionismo simplista de la comprensión de la causalidad psíquica, es decir, de la transmisión a generaciones posteriores de enfermedades físicas y psicológicas presentes en los antepasados (3). Estas consecuencias psicológicas sobre el sujeto anularían la libertad de la persona y la eximirían de la asunción de la responsabilidad sobre la propia culpa. Igualmente, el documento, centrándose en el aspecto teológico, advierte de la distorsión doctrinal difundida por quienes defienden la sanación intergeneracional acerca del ofrecimiento de misas por los difuntos, así como de la negación del poder de la gracia sacramental del bautismo, que produce la liberación total en el sujeto que lo recibe.

El 2 de noviembre de 2007, el obispo de Suwon, Paul Choi Deog-ki, publicó una Carta pastoral con motivo de la celebración del día de los Fieles Difuntos, en la que aclaraba que la creencia de que las personas heredan los pecados de sus ancestros no es doctrina católica, puesto que los pecados pertenecen al individuo y no pueden transmitirse. Además, el bautismo libera a la persona de todos sus pecados pasados, incluso del pecado original.

Por último, la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Polaca, elaboró un documento al respecto el 5 de octubre de 2015, abordando con mayor profundidad los aspectos teológicos y pastorales bajo el título Pecado generacional y sanación intergeneracional. Problemas teológicos y pastorales. En dicho documento se analizan los textos bíblicos sobre la transmisión de los pecados de padres a hijos (Ex 20,5; 34,7; Nm 14,18; Dt 5,9) concluyendo que esta práctica no tiene justificación ni en las Escrituras ni en la Tradición ni en el Magisterio de la Iglesia, y que niega tanto la verdad de la misericordia de Dios y su amor perdonador, así como la eficacia de la gracia sacramental del bautismo y de la reconciliación.

III. Apuntes a la luz del Magisterio de la Iglesia católica

A. El pecado es siempre personal y requiere una decisión libre de la voluntad. Lo mismo ocurre con la pena del pecado. Implica siempre una responsabilidad personal. La exhortación apostólica Reconciliatio et Paenitentia (1984)afirma que «el pecado en su verdadero y propio sentido es siempre un acto de una persona específica, porque es un acto de libertad de un individuo, y no un acto de un grupo o comunidad» (n. 16). Distinta es la cuestión de las “estructuras de pecado”, que conducen al pecado, pero no es comparable con la idea de un “pecado intergeneracional”. El único pecado que se transmite de generación en generación es el pecado original, tal y como sostiene el Concilio de Trento:

Si alguno afirma que el pecado de Adán lo ha dañado solo a él mismo y no a su descendencia; y que la santidad y la justicia que había recibido de Dios, las perdió solo para sí y no para nosotros; o que manchado él por el pecado de desobediencia, solo transmitió a todo el género humano la muerte y las penas del cuerpo, pero no el pecado que es muerte del alma: sea anatema, pues contradice al Apóstol, que dice: “Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rom 5, 12) (4).

Sin embargo, conviene recordar que el pecado original «no tiene carácter de culpa personal en ningún descendiente» (CCE 405), pues «al pecado original se le llama pecado de manera análoga» (CCE 404), y su castigo no pasa a la siguiente generación, como afirman erróneamente los defensores de la sanación intergeneracional.

B. En algunos textos bíblicos del Antiguo Testamento se afirma que los pecados de los padres recaen sobre los hijos (Ex 20,5; 34,7; Nm 14,18; Dt 5,9), según la idea de la retribución, cuya recompensa o castigo dependen no solo de la responsabilidad personal sino también colectiva comprometiendo a la familia, al clan o al pueblo (Jos 7,5-12.24; Gn 3,16-19; 6,18; 7,1). Sin embargo, esta concepción de la responsabilidad corporativa, que ponía en entredicho la justicia de Dios, especialmente cuando se trataba del sufrimiento del justo, como afronta el libro de Job, evolucionó haciendo al hombre responsable de su propio destino (Jr 31,29-33; Ez 18,20 o Dt 24,16) y ampliando el plano de la retribución al de la redención en lo que respecta al sufrimiento del inocente. La exégesis actual, por otra parte, explica que la “iniquidad” o “transgresión” de los padres que recae sobre los hijos no ha de interpretarse en el sentido de un pecado personal cometido del que serán responsables sus hijos, sino de un mal ejemplo que influye en la educación y en el proceso de maduración de sus hijos. En el Nuevo Testamento Jesús rechazó la concepción de una transmisión hereditaria del pecado rompiendo con la lógica “culpa-castigo personal y colectivo” en la conocida escena de la curación del ciego de nacimiento (Jn 9,2-3). Jesucristo resuelve con su propia vida las posibles dificultades que planteaba la doctrina de la retribución: Él es el Justo que asume solidariamente el pecado de la humanidad y la redime. La salvación, desde entonces, no depende de la observancia y los esfuerzos del ser humano, sino que, en Cristo, es dada al hombre de manera gratuita, en un juicio de misericordia que rebasa todo mérito.

C. La fe de la Iglesia católica afirma la comunión de los santos (CCE 946-962) sosteniendo que entre quienes pertenecen al cuerpo de Cristo se da una comunión e intercambio de bienes espirituales (LG 49). Ahora bien, esta comunicación de bienes es solamente de bienes positivos: ya sea de los santos del cielo intercediendo por los vivos, ya sea de los vivos ofreciendo sufragios por quienes se encuentren en estado de purificación (purgatorio), que es el marco en el que ha de contemplarse la práctica de la oración por los difuntos, especialmente en la anáfora eucarística. No se contempla en ningún caso la transmisión de las consecuencias de los pecados de los difuntos del propio árbol genealógico a los vivos. Sí incluye, por el contrario, la posibilidad de un beneficio mutuo de intercesión entre vivos y difuntos, ajeno a la idea de pecado intergeneracional. También sería ajena a la doctrina del purgatorio la idea de un “perdón postmortal” de pecados de gravedad extrema, como el aborto, pues es el mismo individuo, en su identidad personal, el que se purifica para el encuentro con Dios, y no hay una biografía postmortal, modificando la personalidad o añadiendo acontecimientos sustanciales a una biografía ya terminada durante la vida terrena.

D. El bautismo es el sacramento por el que somos injertados sacramentalmente en el misterio pascual de Cristo, por el cual somos incorporados a la comunión de gracia que vivifica el cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, como comunidad en la que acontece la permanente regeneración sacramental de los que han llegado a ser por el bautismo miembros de su cuerpo. En él acontece el perdón de todos los pecados. Así, aunque permanecen ciertas consecuencias temporales del pecado en la persona bautizada, como el sufrimiento, la enfermedad, la muerte o las fragilidades inherentes a la vida como las debilidades del carácter, así como la inclinación al mal o concupiscencia (CCE 1264), el Catecismo afirma:

El bautismo perdona todos los pecados, el pecado original y todos los pecados personales, así como todas las penas del pecado. Por tanto, no queda nada en los que han renacido que les impida entrar en el Reino de Dios, ni el pecado de Adán, ni el pecado personal, ni las consecuencias del pecado, la más grave de las cuales es la separación de Dios (5).

No cabe, pues, sostener una transmisión intergeneracional del pecado sin contradecir la doctrina católica sobre el bautismo.

E. La eucaristía es el memorial de Cristo Jesús, fuente y culmen de la vida de la Iglesia (SC 10; LG 11). En su celebración se hace presente el cuerpo de Cristo en su realidad sacramental. En cuanto a las así llamadas “misas de sanación o de liberación”, estrechamente vinculada a la praxis de la sanación intergeneracional, hemos de advertir que no son consideradas en el Ritual Romano, que sí contempla, en cambio, la celebración de la misa por diversas necesidades, entre cuyas intenciones se encuentra la petición por los enfermos, en la que se pide consuelo y fortaleza espiritual y física para las personas en situación de sufrimiento. También la Iglesia contempla el ofrecimiento de la celebración eucarística como sufragio por los difuntos, pero no ha de confundirse con una sanación o liberación de los pecados de los antepasados. Por tanto, la introducción de tales intenciones en el ámbito de la celebración de la Santa Misa desnaturaliza y distorsiona gravemente la celebración eucarística.

F. En relación a los encuentros de oración cuya finalidad es obtener de Dios la curación de los enfermos, debe seguirse lo estipulado en la Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación (Ardens felicitatis) publicada en el año 2000 por la Congregación (actualmente Dicasterio) para la Doctrina de la Fe. Cualquier fiel puede elevar libremente oraciones a Dios pidiendo la curación; ahora bien, cuando se trata de encuentros de oración, estos han de someterse a la vigilancia del Ordinario del lugar (art. 5 § 1) y, en caso de realizarse en un lugar sagrado, conviene que sea un sacerdote o un diácono quien las realice (art. 1). En el caso de celebraciones litúrgicas de curación (es decir, aquellas que aparecen en los libros litúrgicos aprobados) han de tener permiso explícito del Obispo diocesano, quien además tiene derecho a emitir normas sobre estas celebraciones (art. 4 § 2 y 3). Estas oraciones de curaciones, así como las oraciones de exorcismo, litúrgicas o no litúrgicas, no pueden introducirse en la celebración de la Santísima Eucaristía, de los Sacramentos y de la Liturgia de las Horas (art. 7 § 1; art. 8 § 1)

Conclusión

Con este documento hemos pretendido analizar sucintamente la teoría y la praxis de la sanación intergeneracional, ofreciendo una serie de apuntes teológicos y magisteriales que ayuden a detectar y corregir estas prácticas que se alejan de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, y pueden causar un gran daño moral y espiritual al pueblo santo de Dios.

Frente a aquellos que afirman la transmisión intergeneracional de los pecados de los antepasados, apoyándonos en la Palabra de Dios, queremos afirmar que a nadie puede imputársele pecados ajenos ni se le debe hacer responsable de los pecados de generaciones anteriores, sino que cada uno es responsable de su propia vida y de sus propios pecados. Ya en el Antiguo Testamento se afirmaba: «El que peca es el que morirá; el hijo no cargará con la culpa del padre, ni el padre cargará con la culpa del hijo» (Ez 18,20). Por tanto, «ya no se dirá: “los padres comieron agraces y los hijos tuvieron dentera”. Cada cual morirá por su propio pecado, quien coma agraces tendrá dentera» (Jr 31,29-30). Tal y como hemos explicado, el único pecado que se hereda de generación en generación es el pecado original, que no tiene carácter de culpa personal ni su castigo pasa a la siguiente generación. Así, si es cierto que «por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores», no es menos cierto que, de manera desproporcionada, «por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos» (Rom 5,19) recibiendo a raudales «la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, que se han desbordado sobre todos» (Rom 5, 15). Dios, en su infinita bondad, «nos salvó por el baño del nuevo nacimiento y de la renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, seamos en esperanza, herederos de la vida eterna» (Tit 3,5-7). En su amor, Dios ha querido hacernos herederos de la vida eterna. Es su misericordia y su gracia la que se extiende de generación en generación, como canta María llena de gozo (Lc 1,50).

Madrid, 1 de noviembre de 2024
Solemnidad de Todos los Santos


(1) Más recientes son las obras del teólogo, espiritualista y psicoterapeuta alemán Bert Hellinger (Constelaciones familiares de despedida con descendientes de víctimas y autores, 2003; La paz comienza en el alma: constelaciones familiares en el servicio de reconciliación, 2003) o de las psicólogas Rebecca Linder Hintze (Cómo sanar tu historia familiar. Cinco pasos para liberarte de patrones destructivos, 2011) y Ancelin Schützenberger, creadora de la psicogenealogía en sus numerosos ensayos (The Ancestor Syndrome. Transgenerational Psychotherapy and the Hidden Links in the Family, 1998, con reciente traducción al español: Ay mis ancestros. El legado transgeneracional y los lazos ocultos en el árbol familiar, 2024; también en español Psicogenealogía. Sanar las heridas familiares y encontrarse con uno mismo, 2021). Sus obras son difundidas como terapias de autoayuda.

(2) Se asocia a la idea del karma de espiritualidades orientales bastante extendida popularmente en la actualidad; así como a una etapa de la religión judía ya superada en la que se consideraba la concatenación del pecado y el castigo generacional (el castigo en los hijos de los pecados de los padres, como se constata en el capítulo 18 del libro de Ezequiel, en particular Ez 18,17, o el capítulo 31 de Jeremías).

(3) Difícilmente se cuestionan las repercusiones sobre el sujeto, sea en modo de enfermedades físicas, psicológicas o rasgos del carácter, cuando se han dado casos en la historia familiar vinculados al alcoholismo, la drogadicción, la violencia, los abusos sexuales, etc. Sin negar que pueda existir una causalidad en el sufrimiento de la persona en conexión con estos factores familiares, y que una terapia psicológica seria pueda resultar beneficiosa para el sujeto, la praxis de la sanación intergeneracional aborda esta cuestión de una forma poco técnica e incluso mágica, siguiendo una lógica lineal simplista: un agente causal conduce a una consecuencia sistemática, proporcional y reversible (la eliminación de la causa elimina el efecto). Se habla más de un “castigo” capaz de extenderse a las generaciones siguientes, o de la influencia de una persona malvada, que continúa más allá de la muerte. Pero estos mecanismos de transmisión entran más en el ámbito de la creencia y de la fantasía, y no reflejan el punto de vista de la ciencia de la psicología.

(4) DH 1512

(5) CCE 1263
(Texto íntegro) (Descargar en PDF)

martes, 26 de noviembre de 2024

El Papa declara beata a Sor Juana de la Cruz, conocida como ‘la Santa Juana’ de Cubas de la Sagra

(Diocesis Getafe/InfoCatólica) El sacerdote diocesano, Inocente García de Andrés, vicepostulador de la Causa de Canonización de Santa Juana, ante este reconocimiento del Papa ha manifestado: «Hoy es un día grande para el Convento de Cubas de la Sagra, para las diócesis de Getafe y de Toledo y para la Orden Franciscana».

«Desde su muerte y durante muchos años tuvo culto público, y hoy tras un largo camino recorrido, la iglesia la reconoce como beata y aprueba su culto público. Celebraremos la eucaristía, procesiones y actos públicos en su honor y de ahora en adelante daremos a conocer a la beata Juana de la Cruz, para amarla más», ha declarado García de Andrés.

Biografía

Nacida en Azaña (Toledo) en 1481, fue abadesa del monasterio de la comunidad en esta localidad y tomó los hábitos bajo el nombre de sor Juana de la Cruz, haciendo profesión de religiosa el 3 de mayo de 1947 y falleciendo con fama de santidad el mismo día de 1534.

Las virtudes de Santa Juana empiezan a brillar desde su juventud, cuando a los 15 años, sola, a pie y vestida de hombre, manifestó su decisión de consagrarse a Dios huyendo del matrimonio concertado. Ingresó en el Beaterío, que llegó a ser, gracias a su labor, un verdadero Monasterio, del que fue nombrada Madre abadesa con tan solo 28 años.

Brillaba en ella la sabiduría, el don de consejo, el poder de hacer milagros, el don de profecía y el discernimiento de espíritus y su fama se extendió tanto que era habitual que miles de personas se acercaran hasta el monasterio con el fin de conocerla y recibir sus consejos.

Pero su popularidad alcanzó también a la alta nobleza. Acudían a ella desde el Gran Capitán al Emperador Carlos V, con el que se reunió en cuatro ocasiones, y recibió la protección del cardenal Cisneros.

La Madre Juana de la Cruz vivió profundamente las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y los consejos evangélicos (castidad, pobreza y obediencia), destacando especialmente en ella la prudencia, la mansedumbre o espíritu de dulzura, la compasión y la alegría en el servicio a sus hermanas y a la Iglesia de Dios.

Dos ejemplos de ellos fueron cómo en 1507 experimentó el "desposorio místico", es decir, sentía que la Virgen María era la Madrina que entrega a su Hijo el anillo para su esposa y un año más tarde empezó a mostrar estigmas.

Su fama de santidad queda acreditada, entre otras cosas, por el hecho de que el monasterio donde está enterrada, en Cubas de la Sagra, es desde hace tiempo conocido como el de Santa María de la Cruz o Convento de Santa Juana.

Cada año, el primer sábado de Pascua, se realiza una peregrinación desde la Ermita de Numancia de la Sagra hasta el Monasterio de Santa María de la Cruz, de Cubas, que recorre el camino que hizo la joven Juana huyendo de un matrimonio concertado y hasta su destino como religiosa en este convento, abrazando su vocación como Sor Juana de la Cruz.

Apariciones de la Virgen

El Monasterio y Santuario de Santa María de la Cruz y Santa Juana cuenta además con documentadas apariciones de la Virgen en 1449 a una pastorcilla de nombre Inés Martínez que contaba con 12 años. Según la propia descripción de la niña, de la que se levantó acta oficial esos mismos días, la Virgen Santa María era «una Señora muy hermosa, cuyo rostro resplandecía» y vestía paños de oro.

Las apariciones fueron 6, concentradas en 17 días. Tuvieron lugar siempre en el campo mientras se ocupaba de los cerdos, en las cercanías de Cubas, a mediodía. A la Virgen la veía exclusivamente Inés, y sólo otra vez la oyó otra niña.

Construida la iglesia en 1450, se llamó al lugar "Santa María de la Cruz" y se conserva documentación notarial de 76 milagros reconocidos allí en los 50 años posteriores, de los que 20 tuvieron lugar en los primeros meses.

Después de la iglesia, en 1464, llegaría el ‘beaterío’ para vivir en comunidad y oración Inés junto a otras mujeres. Inés, junto a otras, dejaron el lugar, viendo que no era ese su llamado.

Beatificación por culto inmemorial

La beatificación por culto inmemorial es un proceso especial dentro de la Iglesia Católica por el cual se reconoce oficialmente como "beato" a un siervo de Dios, basándose en una veneración que ha sido practicada de manera constante, pública y autorizada en el pasado, pero que no ha seguido el procedimiento típico de canonización.

Características principales:

Antigüedad del culto: Debe haber evidencia de que el culto hacia la persona en cuestión ha existido durante mucho tiempo, generalmente antes de 1634, cuando se establecieron las normas actuales para los procesos de canonización y beatificación bajo el Papa Urbano VIII.

Autenticidad y consistencia: Se analiza si dicho culto ha sido autorizado por la Iglesia, ya sea explícita o implícitamente, a través de actos como la construcción de altares, dedicación de iglesias, misas en su honor o registros históricos de veneración pública.

Excepción al proceso común: En este caso, no se requiere el reconocimiento formal de milagros recientes atribuidos al candidato ni el proceso ordinario de examen en detalle de sus virtudes heroicas. Sin embargo, debe haber pruebas históricas claras de su santidad y de favores o milagros asociados a su intercesión.

Aprobación papal: El Papa confirma la validez de este culto inmemorial mediante un decreto, lo que constituye la declaración oficial de beatificación. Desde ese momento, la Iglesia permite el culto público de esta figura como "beato" en una región o comunidad específica, o incluso a nivel universal, según lo estipulado.

Don Julián Herrojo, párroco del Cristo de las Cadenas y Latores publica el libro ''Rubén Darío y Asturias''

Una intensa pasión desde su juventud por la poesía de Rubén Darío y el dato ya conocido, pero con imprecisiones, de que el poeta nicaragüense pasó tres veranos en Asturias -en 1905, 1908 y 1909, incluida una semana en Gijón-, han impulsado a Julian Herrojo (Gozón 1958), ex rector de la Iglesiona de Gijón y hoy párroco del Cristo de las Cadenas, en Oviedo, a publicar una obra en la que se precisan los detalles de dichos veraneos de vate nicaragüense. Al mismo tiempo, Herrojo ha editado con medios propios un CD con una selección de poemas de Darío y acompañamiento musical de piezas de Bach o Boccherini, entre otros.

El sacerdote también tramitó una solicitud al Ayuntamiento de Gijón para que se le dedique una calle al célebre poeta modernista, y que en algún punto de esta se recojan las palabras que Darío dedicó a la Villa de Jovellanos: «Es hoy uno de los emporios comerciales y manufactureros de la península, ciudad europea actualmente y cuya riqueza progresiva asombra. De ahí vendrá el soplo, el impulso, que ha de cambiar todo esto». El poeta ya goza de un medallón sobre monolito en el Parque de Isabel la Católica, así como viales dedicados en Soto del Barco, Oviedo, Corvera y La Felguera.

«El libro recoge los datos fieles de los tres veranos que paso en Asturias», comenta Herrojo, quien resalta como la primera estancia, en 1905, se une a su obra «Cantos de vida y esperanza», ya que «pagó y recogió ejemplares en Madrid justo antes de venir a Asturias».

Félix Rubén García Sarmiento, Rubén Darío, había nacido en 1867 en la localidad nicaragüense de Metapa, hoy Ciudad Darío, y en 1905 desempeñaba el cargo de cónsul general en París, aunque viajaba frecuentemente a España.

El célebre poeta llega «al pueblo costero de San Juan de La Arena, frente a San Esteban de Pravia, en la desembocadura del Nalón, donde consta su presencia el 5 de julio, por una carta de Ramón Palacio, donde dice que Darío y Vargas Vila "abandonaron Madrid, para hacer sus curas respectivamente"», relata Herrojo, quien agrega que gracias a ciertos establecimientos hosteleros del lugar «el nivel de San Esteban de Pravia para el veraneo estaba, salvadas las proporciones, parejo al de Salinas, Gijón, Santander y San Sebastián, es decir, al "veraneo del Norte", que era lo propio de aquella época».

A San Esteban llegó Darío desde Oviedo en el ferrocarril Vasco Asturiano, inaugurado unos meses antes. Darío «dejó escrito en su autobiografía: "Los ardientes veranos iba yo a pasarlos a Asturias, a Dieppe [en el canal de la Mancha, costa francesa, frente a Newhaven] alguna vez a Bretaña"», recoge el autor. En los otros dos veraneos, el de 1908 y 1909 (Darío fallece en febrero de 1916, antes de cumplir los 50 años y minado por la bebida), el poeta «ya era embajador en Madrid».

No obstante, su relación con España, en el plano poético era antigua y densa. «Juan Ramón Jiménez y Juan Varela fueron los que más le respaldaron; Varela leyó su libro "Azul", escrito a los 19 años, y realizó de él un elogio enorme en revistas literarias. Cuando en 1892 «el gobierno de Nicaragua lo envía a España como representante en el IV Centenario del Descubrimiento de América», ya es recibido como un gran artista de la composición poética.

Justo antes de ese viaje «pasó Darío tres días en La Habana, alojado en el Hotel Luz, propiedad de un indiano asturiano llamado Feliciano Menéndez, que casualmente sería quien, dieciséis años más tarde, le ofreciese en alquiler sus casas de San Juan de la Arena y Monterrey, en la parroquia de Riberas de Pravia». Quién había sido conocido ya como «el niño poeta», señala Herrojo, «tenía un don sobrenatural, en el sentido de lo absolutamente extraordinario, como para componer poesías con 13 años». Y «como dice él mismo en su autobiografía, no tiene conciencia de haber cometido jamás un error de métrica porque la poesía le sale espontáneamente».

No obstante, las desgracias afectaron a su existencia e «incluso hay unas duras descripciones del período de Madrid en las que Juan Ramón Jiménez dice que está en un estado semicatatónico», explica Herrojo, quien encadena con que «estaba realmente dominado por la bebida y ahí se mezclan el alcohol y el genio literario».

Julián Herrojo recogió en 1970 «el testimonio de un camarero de San Juan de La Arena, del restaurante "El Brillante", que está cerrado desde hace años, y que recordaba de él que tomaba una copita ajenjo y que a veces no la acababa». La primera visita a Asturias acaecía al mes del fallecimiento de su hijo Rubén Darío. «Phocás el campesino», «a quién dedicó una poesía muy sentida en «Cantos de vida y esperanza» en la que ya se barruntaba que el niño no iba a vivir.

Esas eran las tristezas, únicamente compensadas por la referida publicación en el mismo año del citado poemario, uno de cuyos ejemplares «envió a a Juan Ramón Jiménez desde San Juan de La Arena». Ese poemario «me parece una obra en la poética española insuperada y no sé si insuperable, una cosa tan grandiosa que a mí a veces me emociona, me traspone», confiesa Herrojo. El libro del ex rector de la Basílica del Sagrado Corazón nació como una conferencia que el solicitaron en el Ateneo de Sevilla en 2010, y que luego repitió en el Centro Asturiano de Madrid y en el Ateneo Jovellanos de Gijón.

«Con motivo de aquella conferencia perfilé unas cuantas referencias que ya tenía y me di cuenta de que era necesario realizar una cierta investigación histórica y poner en orden los datos que circulaban sobre Darío y Asturias y en los que se mezclan hechos auténticos con otros que son de inventiva popular o por lo menso de los que no hay constatación».

Por ejemplo, «no se sabía con certeza los años y fechas de sus veraneos, o había varias fechas que se disputaban». El caso es que acude a Asturias, «al veraneo del Norte, por consejo médico, según carta de un secretario suyo». Pero «por qué Asturias y San Juan de La Arena lo ignoramos», reconoce Herrojo, que agrega cómo «la idea de que le invitó Pérez de Ayala no me convence, aunque es verdad que aquel año vino a visitarle acompañando a Azorín, quien dejó un testimonio en el que describe a un hombre completamente abatido por el pesimismo y la angustia a raíz de la muerte de su hijo».

El trabajo de Herrojo, ha consistido en «recoger de sus obras completas en prosa y verso todas las menciones a Asturias». Este trabajo «ha sido para mí relativamente fácil, pero además acudí a las cartas que se conservan en el Archivo Rubén Darío de la Universidad Complutense, formado a partir de la donación en 1954 de su viuda, la abulense Francisca Sánchez y de su segundo esposo, Francisco Villaespesa, un señor adinerado de Ávila y tan admirador de Rubén que puso su fortuna a disposición de ella para emplearla en viajes por América y España con el fin de recoger cuanto existiera en referencia al poeta».

Es precisamente el examen de dichas misivas el que permite «precisar las fechas de sus estancias en San Juan de La Arena y en Monterrey, así como las de su presencia en Gijón, ya que tiene cartas fechadas en la Villa de Jovellanos». Una «hipótesis razonable» es que «estuvo en Gijón del 18 al 24 de julio de 1908». Darío ya había escrito en 1905 la referida «frase elogiosa hacia la Villa de Jovellanos como ciudad europea de donde vendrá el empuje que España necesita para ser una nación moderna».

La admiración de Julián Herrojo hacia el poeta nicaragüense arranca cuando «de joven me impresionó mucho Rubén Darío la primera vez que leí una poesía suya, "Al Rey Oscar", dedicada a España, que me quedó grabada». Poco tiempo después, «cuando yo tenía 15 o 16 años, supe que había estado veraneando en San Juan de La Arena y yo, que vivía en Avilés entonces, fui hasta allí para localizar el sitio exacto». Herrojo confiesa ahora que «aquello me emocionó porque tenía una noción elevadísima de Darío y me imaginaba cómo podía ser el encuentro con Azorín, según los datos que había leído».

Años después, tras cerrar sus estudios de Teología y de Arqueología Bíblica en Jerusalén, y ya destinado en 2000 como párroco a varios pueblos del concejo de Villaviciosa, «retomé la recogida de datos». «Me había metido en la vida de Rubén Darío y él se metió en la mía; no me canso de leerlo y releerlo, me transpone», explica el sacerdote. La devoción de Herrojo por el poeta se transformará ahora en libro sobre Rubén Darío y Asturias.

Lne/ J. Morán

lunes, 25 de noviembre de 2024

Llega a la diócesis la primera reliquia de Carlo Acutis

(Iglesia de Asturias) El pasado miércoles, durante la Audiencia General, el Papa Francisco hacía pública la fecha de la canonización del beato Carlo Acutis. Será el próximo mes de abril, durante la celebración del Jubileo de los Niños y los Adolescentes. Un santo «millenial», como le llaman, el primero en tener una cuenta de Facebook, con una afición especial por las redes sociales e internet, que falleció de una leucemia fulminante en el año 2006 con tan solo 15 años. Todo en él ha sido rápido. Su fallecimiento, su beatificación y ahora, finalmente, su canonización.

La noticia ha coincidido con la acogida, este próximo jueves, 28 de noviembre, de una reliquia suya de primer grado en la diócesis. Con este motivo se celebrará la eucaristía, a las 19,30 h en la Catedral de Oviedo, que estará presidida por nuestro Arzobispo, Mons. Jesús Sanz. A continuación tendrá lugar un tiempo de adoración con la reliquia y el sábado, 30 de noviembre, también las 19,30 h en la Catedral, se celebrará una hora de Adoración Eucarística, con la presencia de la reliquia de Carlo Acutis.

Carlos Leret, Delegado Internacional de la Asociación Amigos de Carlo Acutis y promotor de la exposición de los Milagros Eucarísticos, estará presente el jueves en la Catedral, en la acogida de la reliquia. En declaraciones al programa diocesano El Espejo, de Cope Asturias, afirma que «Carlo es una respuesta directa del cielo a nuestras oraciones. Es un joven que demostró que, viviendo una vida ordinaria en su juventud, era capaz de llevar a Jesús en su corazón y ser luz en medio de donde él caminaba. Concretamente, Carlos, donde pasaba, hacía el bien».

Leret, que conoció personalmente en su país natal, El Salvador, a Antonia Salzano, madre de Carlo Acutis, recibió de esta última la petición de si podía ayudar a promover el legado espiritual de su hijo. Y lo hace recordando que «Carlo nos deja el gran mensaje de que tenemos que ocupar las redes, internet y todos los medios de comunicación para evangelizar y hacer el bien. Además nos reta, especialmente a los jóvenes, a ser santos imitando a Jesús». Además, recuerda, «tenía una frase preciosa, decía Todos nacemos como originales y muchos morimos como fotocopias, la diferencia la hacemos nosotros».

Una propagación de su mensaje meteórica, como lo son su beatificación y canonización, una rapidez que Carlos Leret explica «por la urgencia que tiene el cielo de demostrarnos que, sin Jesús eucaristía no somos nada, y no podemos alzanzar la santidad ni sobreponer nuestras problemáticas diarias. El cielo nos regala a Carlo para que nosotros entendamos que Carlo siempre tomó la eucaristía como su autopista al cielo y su punto de partida era Dios».

La eucaristía fue ciertamente el centro de la vida de Carlo Acutis hasta el punto de que él mismo creó lo que hoy es la exposición de los Milagros Eucarísticos, que en nuestra diócesis ha estado ya en la Catedral de Oviedo y este verano, en la JEJM de Covadonga. Según su promotor, «ha estado ya en los cinco continentes y en más de 15.000 parroquias». Una «valiosa herramienta de Evangelización –destaca Carlos Leret– para demostrar que Jesús está vivo y que hoy en día la ciencia puede demostrar que su corazón y su sangre están presente científicamente hablando, que está totalmente probada la presencia real del Señor en la Eucaristía».

Una vez finalizada la Adoración Eucarística del sábado, la reliquia de Carlo Acutis se quedará en la parroquia de la Sagrada Familia de Ventanielles. Un símbolo del avivamiento eucarístico para la diócesis que se desea impulsar para los próximos tiempos.

Pensaba el tonto, pensaba….Por José Manuel Fueyo Méndez

-Pensaban muchos necios que, con tanto progreso científico-técnico y tanta inteligencia natural y artificial, la Iglesia iría desapareciendo, pero, como el mundo se extiende un poco más allá de su barriga, de su pueblo, de su nación y hasta de su continente, las cifras totales van indicando otra cosa. Unas estadísticas publicadas hace días indican que en los últimos 25 años el numero de cristianos aumentó en el mundo un 36 por ciento, que no está nada mal. Es verdad que disminuye en Europa, y así le va a Europa, pero crece notablemente en Africa, aceptablemente en América y más discretamente en Asia. Hasta el número total de sacerdotes, que en Europa desciende progresivamente, asciende en el cómputo global mundial.

-Pensaban muchos falsos progres que ese descenso de la práctica religiosa en Europa en general y en España en particular, unido a este sucedáneo de democracia que nos han montado, sería la panacea de casi todos los males, pero buena parte de las cifras que se publican cada año relacionadas con el mal y el horror van creciendo e incluso van surgiendo males nuevos que antaño apenas se daban, como las violencias contra los profesionales de la medicina, de la enseñanza y de las fuerzas de seguridad del Estado, la violencia de menores hacia adultos, el bulling escolar, mayor inseguridad callejera, los narcos imponiendo su ley en tantos barrios de tantas ciudades y villas, cada vez más violencia en los estadios deportivos…Y no te digo nada de la corrupción política, que en España es el pan nuestro de cada día.

-Pensaban muchos cenutrios de la progresía iletrada, que, a base de condenar con frecuencia al 0,02 por ciento de los abusadores/pederastas (los eclesiásticos), el personal se olvidaría del 99,98 por ciento restante, en el que se incluyen muchos de ellos y algunos de sus parientes, amigos y conmilitones, pero la tozuda realidad se encarga de sacar del armario de la inmundicia cada día a los Errejones de la vida.

-Pensaban muchos españoles ingenuos, cuando el taimado legislador nos empezó a colar la primera ley del aborto, que el descuartizamiento de menores en el seno materno sería un recurso excepcional para casos extremos de violación, malformaciones en el feto o grave peligro para la vida de la madre, pero, como era previsible, el aborto acabó convirtiéndose en un método anticonceptivo más. Así el pasado año se perpetraron en España 103.087 abortos, un 4,8 % más que el año anterior, costeados con tu dinero, naturalmente. De ellos 1.952 tuvieron lugar Asturias, lo que supone la cuarta tasa regional, sólo por detrás de Cataluña, Madrid y Baleares. Cifra elocuente es que 1.079 de esas 1.952 abortistas no tenían hijos.

-Pensaban muchos ingenuos que, con tanta información sexual de que disponen ahora adolescentes y jóvenes y con tanto preservativo que algunos jetas les regalaron con tu dinero iban a desaparecer o a disminuir las enfermedades de transmisión sexual, pero la realidad nos indica lo contrario: en los últimos tres años han aumentado notablemente. Entre los jóvenes la más extendida es la clamidia y entre los adultos la gonorrea, con abundante incidencia igualmente de la sífilis. Quien tenga dificultades con la comprensión de estos términos que recurra al Diccionario, porque el cura no es especialista en el tema.

-Quizás piensen muchos ingenuos que los cantos de sirena que se emiten desde el Gobierno y desde el Banco de España, expresados en consignas como la que dice que nuestra economía “va como un cohete”, son reales, pero las cifras hay que desmenuzarlas. Si te dicen que el PIB es 400.000 millones mayor que en 2010, por lógica eso se tendría que haber traducido en un aumento de la inversión en sanidad, educación y políticas sociales, pero la realidad es exactamente la contraria: si en 2010 las autonomías destinaban a servicios sociales el 67,4 % del presupuesto, ahora sólo dedican el 58,4 %. Y esos nueve puntos menos suponen muchos millones “robados” a la sanidad y a la educación. Hay más dinero, pero se dedica a otras cosas. Si te dicen que la inflación “se modera al 1,5 % en septiembre”, parece una buena noticia, pero el alivio es sólo relativo: lo que significa es que los precios siguen subiendo, pero a un ritmo menor. Ciertamente hay una parte de la población que prospera, al parecer un 20 % de los españoles, a los que su poder adquisitivo les ha subido entre un dos y un tres % en los últimos cinco años, pero también hay una cuarta parte de españoles con tan severas carencias que han convertido a España este pasado verano por primera vez en el país europeo con mayor riesgo de pobreza. Y los que quedan por el medio de estos dos extremos, las llamadas clases medias, han perdido un 2,5 % de poder adquisitivo en los últimos cinco años. Como si les/nos hubieran quitado 700 euros cada año. ¿Verdad que lo notas,sufrido-a lector-a?

-Pensaban muchos demócratas que el Gobierno de turno se conformaría, como los anteriores, con contar con una ligera mayoría en el Consejo de Administración de Radio TVE, pero Sánchez quiere más, y más, y más, y más que sus seis predecesores y ha conseguido “democráticamente” contar con cinco consejeros más a su favor y dotarlos además con un nombramiento de seis años, con lo cual, aunque hubiere un cambio de partido en el Gobierno, el ente público seguiría funcionando en “frecuencia socialista”. El caso es que la parienta, el hermanísimo y demás amigotes puedan seguir poniéndose las botas.

-Pensaron en su día nuestros mandamases políticos y eclesiásticos que la mejor manera de proteger el patrimonio artístico religioso era un matrimonio a tres bandas entre Principado, Obispado y Ayuntamientos y tan peculiar trío ha parido recientemente la restauración de la iglesia románica de La Lloraza, después de años y paños de solicitudes, ayes y pataleos varios. Tras una y única subasta pública de mentirijillas, la obra le fue adjudicada a la empresa del “régimen”, Tragsa, naturalmente con el consiguiente aumento del presupuesto. El acabado de la obra ya lo dejo a tu opinión, lector-a. A algunos les resultará chocante que el exterior de una iglesia del siglo XIII parezca recién contruido, con toda la teja nueva y la piedra rejunteada, pero nada más lejos de mi intención que enmendarles la plana a tantos entendidos que intervinieron en tan singular parto. Eso sí, si alguno de esos expertos puede echarnos una mano para que se desbloquee el tema de la pintura de la iglesia de Bedriñana, que también es Bien de Interés Cultural, se le invitaría al menos a una sidrina con pinchín. Llevamos casi dos años esperando por un papel, que ya no me acuerdo si tiene que ir de acá para acullá o de acullá para acá. Ni el caracol más lento hubiera tardado tanto en ir desde la Villa hasta Oviedo y regresar desde Oviedo hasta la Villa con el permiso correspondiente sobre la concha. Pero ya lo decía Lady Di, que en paz descanse: “un matrimonio de tres es multitud”.

(Hoja Parroquial de Noviembre de la UPAP de La Marina de Villaviciosa - Asturias)