viernes, 31 de marzo de 2023

San José de Pumarín. Por Joaquín Manuel Serrano Vila, Arcipreste de Oviedo


El mes de marzo es por excelencia el mes del Santo Patriarca, algo que quizá teníamos tal vez despistado y que el Papa Francisco nos ha ayudado a recuperar con ese año dedicado a San José y que ha supuesto un importante resurgir del culto al patrono de la Iglesia Universal, al cumplirse el 150 aniversario de su patronazgo oficial y custodia de la Iglesia Católica. En la parroquia de San José de Pumarín no se han quedado atrás, y este año una vez dejada atrás la sombra de la pandemia han celebrado la primera procesión de su historia, con la imagen del padre putativo del Señor por las calles del barrio.

No son muchos los templos dedicados a San José en nuestra Diócesis, los más antiguos los encontramos en el occidente con las parroquias de Serorio en Ibias, Bustantigo en Allande, Brañavieja en Pesoz, Fastias y el Pozón en Tineo, o Gestoso en Villanueva de Oscos. Por el resto de Asturias aunque hay no pocas capillas dedicadas al santo, parroquias tan sólo encontramos las de Tresali en Nava, la de Ablaña en Mieres y la homónima de Gijón, erigida en el siglo XIX. Luego, en el siglo XX surgieron parroquias que se dedicaron a San José Obrero o Artesano, como Barredos en Laviana o La Maruca en Castrillón. Igualmente otros templos no parroquiales como el Colegio del Patronato San José de Gijón, el Convento de Carmelitas de San José en la Providencia (Gijón), o la sede del Patronato Parroquial de San José en la Felguera. Y en este mismo siglo, la de San José de Pumarín, un santo carpintero para un barrio mayoritariamente obrero.

Un barrio grande y muy poblado, que en los últimos años se ha convertido en una de las zonas de Oviedo con más presencia latinoamericana, lo que a buen seguro se notará notablemente en la comunidad parroquial. Antaño, también una de las zonas más castrenses de la capital con la presencia en su territorio del cuartel Pelayo del Milán, el Hospital Militar y el desaparecido cuartel de la Comandancia de la Guardia Civil de Oviedo. Así lo conocí yo, aunque los más mayores aún vieron aquel Pumarín rural que era tan sólo eso: praos con pumarades y alguna que otra fuente para el ganado. Aún le queda al barrio alguna fuente con fama de buen agua, como es la de Fuente Pando que data del siglo XVIII. La vecina más renombrada del lugar fue sin duda Teresa Ciñera, una mujer humilde y ruda que vivía en la buardilla de una casa hoy desaparecida, en lo que ahora se llama la Avenida de Pumarín. Esta vecina era vendedora de "caxigalines" y baratijas en los mercados, y cuentan que "metía la pata" con bastante frecuencia, por lo que en Oviedo y en muchos lugares de Asturias se suele decir aquello de: "quedé peor que la Chata Pumarín" .

La parroquia de San José de Pumarín se extiende por el barrio de Pando -que no debemos confundir con San Cipriano de Pando, ni con Pando de San Esteban de las Cruces-. Esta zona de la Parroquia que en su día tan sólo era conocida por ubicar allí el Orfanato Minero es una zona muy poblada a la vera de la falda del Naranco. Otra zona muy conocida es Fitoria, donde se encuentra el Convento de Santa María Magdalena de las Madres Pasionistas que desde los orígenes de la Parroquia vienen ejerciendo los sacerdotes de ésta la capellanía de la comunidad religiosa. El barrio de Fitoria celebra a San Antonio de Padua cuya imagen se venera en la iglesia conventual, mientras que el barrio de Pando celebra en el mes de Julio a Santa Gemma Galgani, devoción muy extendida por las Pasionistas. Igualmente, en terrenos de la parroquia de San José encontramos el Convento de Nuestra Señora del Carmen de las Madres Carmelitas Descalzas, comunidad famosa por su repostería, la cual ha traspasado hace mucho nuestras fronteras. Hay que saber dónde queda en Oviedo para que no nos pase como aquel cura castellano que al ver las pastas de las monjas y leer "Toleo" ya pensaba que era una errata y que le faltaba la "d" pensando que querría decir Toledo.

La Comunidad hizo una gran esfuerzo en levantar el templo: moderno y amplio, que trataba de dar respuesta a la realidad de un barrio que por su proximidad al centro y sus buenas conexiones no paraba de crecer, y no en vano se calculan en la actualidad más de 17.000 habitantes. Una riqueza para la Parroquia es contar con dos colegios religiosos en su territorio: el Amor de Dios que dirigen las religiosas del mismo nombre, y el Colegio La Inmaculada de las Misioneras Claretianas. Además de la comunidad del Colegio, las religiosas del Amor de Dios tienen otra comunidad más a pie de barrio,  independiente de la anterior, en la calle Evaristo Valle.

La parroquia de San José de Oviedo nace como tal en 1959 por decreto del entonces Arzobispo, Monseñor Francisco Javier Lauzurica y Torralba, siendo su primer sacerdote Don Manuel Fernández Rodríguez: ''Don Ma'', como cariñosamente lo llamaba todo el mundo: ovetense de Trubia nacido en el barrio de la Piñera a la sombra de la fábrica de Armas, aunque criado en Oviedo donde fue monaguillo en San Julián de los Prados. Quién le iba a decir aquel niño que "los praos" por los que corría y jugaba serían algún día un barrio urbano donde le tocaría a él fundar una comunidad cristiana, y a la que habría que dotar de templo. Nada menos que cuarenta años de su vida los dedicó a la parroquia de San José de Pumarín: desde 1957 hasta 1997 en que solicitó su jubilación. Además de la Parroquia fue elegido arcipreste de Oviedo- Nordeste en 1990, cargo que ejerció hasta 1994. Hoy en el barrio encontramos un parque que lleva su nombre, reconocimiento del Ayuntamiento de Oviedo a este celoso Pastor, así reconocido en tiempos del alcalde Don Gabino de Lorenzo.

Sustituye a Don Manuel el también recordado D. José María Lorenzo: ''Chema'', que además del trabajo parroquial asumió la responsabilidad de arcipreste en varias ocasiones (2003-2006); (2006-2010) y (2013-2016). Fue el arcipreste en ejercicio estaba cuando yo llegué a Lugones, aunque a mi toma de posesión asistió por deseo suyo Don Juan Antonio Menéndez debido su vinculación familiar en la localidad. Chema era feliz pateando Pumarín; era de esos curas que sabían hacer pastoral de barrio tomando un vino con la gente, y ganarse así el cariño de todos invitando a un chato en el Don Vinazo o en algún otro barín del barrio. Siendo él Párroco quiso dar colorido al templo encargando a su seminarista que había entonces y compañero mío de estudios -que no se llegó a ordenar- las pinturas de San José y de Nuestra Señora, que presiden el presbiterio. También se hicieron las pinturas de la huida a Egipto en las paredes del templo de la calle Benjamín Ortiz, escena muy conocida de la vida de San José.

Durante dos décadas atendió D. José María la feligresía de Pumarín, hasta que a finales de 2017 una enfermedad silenciosa se manifestó ya muy avanzada, la cual le obligó a rebajar el ritmo de trabajo para cuidarse. Esa navidad fijó su domicilio en la Casa Sacerdotal para estar mejor cuidado; en vísperas de la Epifanía al empeorar de forma inesperada su salud fue llevado al HUCA donde falleció el día de Reyes. Desde los comienzos de su deterioro físico se hizo cargo de los quehaceres sacerdotales de la Parroquia el entonces adscrito D. Ángel González, quien a la muerte de Chema fue nombrado Administrador Parroquial de San José de Pumarín, quien también se malograría tiempo después.

Concluido ese curso en que la Parroquia estuvo vacante y en cierto modo huérfana, fue nombrado el actual párroco, D. Hilario José Valdés Villanueva. Sacerdote trabajador y con don de gentes que ha logrado dejar en todos los destinos por los que ha pasado un gratísimo recuerdo. Ya en el seminario destacó siempre su bonhomía. De Don Hilario se podía decir al igual que de Don Luis Díaz Higarza (q.e.p.d.) que estaban destinados a ser curas de Pumarín. Don Luis dejó de ser adscrito a la Parroquia de San José de Pumarín durante nueve años, para ser párroco de San Miguel de Pumarín de Gijón los últimos cinco años de su vida. Don Hilario por su parte, se estrenó de sacerdote en San Miguel de Pumarín en Gijón, donde pasó los primeros cuatros años de su ministerio y donde su marcha en 2006 (al ser destinado al Alto Aller) fue muy sentida en la parroquia gijonesa, la cual hasta organizó protestas rogando su permanencia. Sale del Alto Aller en 2010 regresando a San Miguel de Pumarín de Gijón para ayudar al Párroco, que estaba ya muy delicado de salud. Aquí permanece hasta el 2012 en que es destinado a la Unidad Pastoral del Alto San Martín, en San Martín del Rey Aurelio, y de donde llegó a San José de Pumarín en 2018. Los dos primeros años contó con la ayuda del referido anteriormente, Don Ángel González, hasta poco antes de su fallecimiento en febrero de 2021.

Ahora Don Hilario está sólo para atender la Parroquia, el Convento, y con la vista puesta en el futuro de las unidades pastorales. Parece que fue ayer, es lo que decimos cuando vemos cómo han cambiado las cosas y qué rápido va la vida. Hubo tiempos en que al haber más sacerdotes y seminaristas el edificio parroquial de Pumarín era un pequeño "cabildo". Son muchos los que por ahí pasaron y dejaron un grato recuerdo, los más inmediatos que vienen ahora a mi memoria fueron D. Ángel Cuervo-Arango, el recordado Delegado de la Pastoral Gitana, Don Alfredo -''Fredi''- que fue diácono y vicario parroquial cinco años, al tiempo que ejerció como secretario personal de Don Gabino, Don Bernardo Granda que fue vicario parroquial en tiempos de Chema Lorenzo y actualmente es párroco de San Juan Bautista de la Corredoria y capellán de las Carmelitas de Toleo, y, como no, el bueno de Don Pablo Corro que de Lugones fue destinado ahí a Pumarín, donde falleció. Que San José siga bendiciendo a la gente de esa parroquia de Pumarín, el barrio más josefino de Oviedo.

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