El prelado hablará este viernes en el salón de actos de la iglesia de San Pedro de Gijón de 'La sinrazón histórica y la razón teológica del martirio'
(El Comercio/ Pablo A. Marín Estrada) El obispo auxiliar de Madrid, el asturiano Juan Antonio Martínez Camino (Marcenado, Siero, 1953), impartirá este viernes en el salón de actos de la parroquia de San Pedro (20 horas), la conferencia 'La sinrazón histórica y la razón teológica del martirio del siglo XX'. Será un adelanto de las jornadas que coordinará en Covadonga del 26 al 28 de agosto bajo el título 'San Pedro Poveda y los mártires del siglo XX', en el 90 aniversario del asesinato del fundador de la institución teresiana. Ayer el prelado nos hablaba de ello, tras posar en la playa de San Lorenzo, un lugar unido en su memoria a aquellos sucesos históricos.
–¿Qué significado especial tiene para usted esta playa y en concreto La Escalerona?
–Por La Escalerona bajó un cura que se llamaba Lázaro San Martín Camino, párroco de Miyares y arcipreste de Piloña, que era primo de mi abuelo materno y sobre él escribí un librín. Bajó junto con otros cuantos que traían en una camioneta desde Infiesto por la carretera de la costa, y ahí lo arrodillaron en la arena y lo mataron el 18 de agosto de 1936. En esta playa mataron por lo menos doce curas. El viernes recordaré sus nombres en la charla.
–Tanto esa charla, como las jornadas de Covadonga, abordarán un tema que va más allá de la guerra civil, ¿no?
–Así es. Hablar de mártires de la guerra civil, aunque es algo que hemos empleado mucho tiempo, ni histórica ni teológicamente es un término exacto. Primero porque ya en el año 34, hubo 39 mártires en toda España y porque incluímos también los de toda Europa: Unión Soviética, Austria, Croacia, Alemania. Todo el siglo XX es el siglo de los mártires. O dicho más claro: en el siglo XX hubo más mártires cristianos que en los dos mil años anteriores de la historia de la Iglesia.
–Muchos han sido canonizados, pero ¿de qué cifras estaríamos hablando?
–En efecto tenemos santos como San Maximiliano Kolbe o Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, judía convertida al catolicismo, asesinados en Auschwitz, o San Tito Brandsma, asesinado en Dachau, donde también lo fueron cerca de dos mil sacerdotes católicos. En la Rusia soviética, en un arco mayor que llega a 1950, fueron asesinados 250.000 religiosos: obispos, sacerdotes, monjes y monjas. Es una cifra para agarrarse a la silla. En España, unos 10.000 mártires, entre religiosos y seglares. En Asturias, unos 130.
–Además de su fe, ¿qué tenían en común todas esas víctimas?
–Lo que es común a todos ellos es que fue por odio a la fe, no a las personas directamente. Eso es lo común a todos los mártires de todas las épocas. Y hay un punto común entre los mártires del siglo XX y los mártires de los primeros cristianos de la época de las persecuciones romanas y es que más allá de las cuestiones ideológicas, hay un paganismo cultural el de un mundo que se adora a sí mismo o que adora falsos dioses. Y en eso estamos. Es análoga la situación del siglo XX donde hay una cultura neopagana a la de los primeros siglos donde había un panteón romano y un emperador divinizado, donde para ellos el cristianismo no era algo aceptable porque suponía una contradicción con los patrones paganos culturales de la época. Los nazis, que también hicieron muchos miles de mártires, tenían un programa paganizador de la Europa que ellos querían hacer. Y los demás perseguidores de raíz marxista o anarquista, lo mismo, querían una Europa sin fe cristiana, lo cual no quiere decir sin fe, había una sustitutiva de la cristiana que era la fe en el ídolo moderno de la humanidad autoproclamada salvadora de sí misma.
–¿Hoy percibe otras formas de persecución religiosa?
–El paganismo, la idolatría y el relato mítico de la autosalvación por el progreso se extienden y esto si se apoya desde instancias de poder, es un modo de asfixiar la fe cristiana. Y se introducen costumbres paganas como la eutanasia o el aborto, es decir el infaticidio. Se sacrifica en el altar los seres humanos más débiles: son los nuevos santos inocentes.
–¿Qué legado dejan los mártires del siglo XX?
–Los mártires del siglo de la sangre y la violencia son estrellas de esperanza, el oxígeno para que la cultura occidental pueda recuperar la respiración.

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