miércoles, 3 de noviembre de 2021

Comunión de los Santos y Almas del Purgatorio. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Ya está aquí noviembre, y recuperando poco a poco la normalidad, este año hemos podido tener celebraciones en nuestros camposantos con la participación prudente de todos, y no a puerta cerrada como nos vimos obligados a realizar el pasado. Algo que nos ha hecho pensar en este tiempo de crisis sanitaria es la realidad de la muerte, aunque otro tema no poco importante al respecto es ''la soledad de los muertos'', y no me refiero a la novela de Rosa Pérez, sino al recuerdo en la oración no sólo de los nuestros que ya se han ido, sino de aquellos difuntos que ya no tienen a nadie a quien les rece. Un ejemplo claro son los sacerdotes; en cuanto desaparecen sus familias y las generaciones que le conocieron en la parroquia pasan pronto a convertirse en las tumbas más olvidadas del cementerio. Quizá tiene su punto místico pensar que así verificaremos también en el camposanto aquello que el mismo Cristo experimentó y que casi ocho siglo antes describió el profeta Isaías a la perfección: ''Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; ante el cual escondimos el rostro, menospreciado...''

Hemos de vivir la realidad del cementerio no sólo en profunda clave de fe, sino también de caridad; una caridad que no únicamente se manifiesta en el cuidado y limpieza del nicho o sepultura de mis difuntos y en no manchar el de la familia que está debajo, sino ir más allá, y si veo una sepultura abandonada, con telas de araña y que evidentemente hace mucho tiempo que nadie visita, regalarle mi tiempo y mis manos para limpiarla, ponerle tres flores y, sobre todo, rezar un padrenuestro por los que allí reposan. Qué obra de misericordia tan grande es esta de enterrar a los difuntos, lo cual no significa solamente darles tierra, sino orar por aquellos por los que ya nadie reza.

Santa Teresita del Niño Jesús al ingresar en el convento se había propuesto cuál sería una de sus principales misiones: ''esforzarse por sacar muchas almas del purgatorio''. Ella ofrecía cada día sus esfuerzos, penas, ayunos y oraciones en favor del alma más necesitada de todas las que estaban en el Purgatorio; por el difunto que más tendría que esperar para poder llegar al cielo. Así la misma Santa en su "Historia de un Alma", decía: ''¡Qué feliz me sentiría si, yendo al purgatorio, pudiese librar a otras almas y sufrir en su lugar''.

Hoy quisiéramos detener un poco la atención sobre dos realidades que necesitamos intensificar en nuestra vida, la primera es sobre la Solemnidad de Todos los Santos que, por desgracia, la hemos convertido en otro día de difuntos sin más, cuando en realidad es un día de gozo y de fiesta al honrar a los mejores hijos de la Iglesia. En este sentido, hemos de volver sobre el credo y preguntarnos: ¿creemos en la comunión de los Santos?... Nos olvidamos a menudo que la Iglesia somos muchos más que las personas que vemos y contamos; la formamos todos: vivos y muertos, y todos estamos unidos espiritualmente en esa Comunión. Juntos compartimos un sólo cuerpo, el cuerpo místico de Cristo -la Iglesia- al cual todos contribuimos en favor y por el bien común desde el compartir y el rezar unos por los otros.

Y en segundo lugar, habría que recuperar las piadosas costumbres de nuestras mayores, muchas de las cuales tenemos actualmente entre telas de araña en el trastero; me refiero concretamente a las "gracias" que se nos conceden al ganar una "indulgencia plenaria", por ejemplo. No es ninguna tontería ni nada desfasado; aún este mes el Papa Francisco ha decretado prorrogar durante todo el mes de noviembre las Indulgencias Plenarias para los fieles difuntos. Pero, ¿qué es eso y cómo se gana?.

Ganamos la indulgencia a diario de muchas maneras: rezando el rosario, besando un crucifijo, pero en este mes de difuntos se nos pide en concreto hacer una piadosa visita al cementerio o templo donde reposen nuestros difuntos para rezar un padre nuestro y un credo, y acudir a un templo para confesarnos, comulgar y hacer una oración por el Santo Padre. De esta forma no sólo alcanzamos la indulgencia, sino que ayudaremos a nuestros difuntos más necesitados de purificación. 

Aunque la mejor forma de ayudar a nuestros difuntos es ofrecer la eucaristía (misas) por ellos, donde lo importante no es que se digan sus nombres muchas veces; Dios ya conoce sus nombres y sabe de nuestra intención. Lo importante es que se ofrece el Santo Sacrificio sobre el Altar por el alma de ese difunto en concreto necesitado de ayuda y al así podremos aliviar su pena de no gozar aún de la presencia beatífica y plena del Señor. Esto sigue vivo en el sentir del pueblo de Dios; da igual donde encarguemos las misas; podemos hacerlo en la Catedral, en Covadonga, en un Santuario, en el pueblo o en la parroquia natal; el lugar es lo de menos, lo importante es ayudar a los nuestros conscientes de que “Es una idea santa y piadosa orar por los difuntos para que sea vean libres de sus pecados” (2 Mc 2,12)

Del Oficio del día

De la homilía pronunciada por el papa Juan XXIII en la canonización de san Martín de Porres (Día 6 de mayo de 1962: AAS 54 [1962], 306-309)

«MARTÍN DE LA CARIDAD»

Martín nos demuestra con el ejemplo de su vida que podemos llegar a la salvación y a la santidad por el camino que nos enseñó Cristo Jesús: a saber, si, en primer lugar, amamos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y si, en segundo lugar, amamos al prójimo como a nosotros mismos.

Él sabía que Cristo Jesús padeció por nosotros y, cargado con nuestros pecados, subió al leño, y por esto tuvo un amor especial a Jesús crucificado, de tal modo que, al contemplar sus atroces sufrimientos, no podía evitar el derramar abundantes lágrimas. Tuvo también una singular devoción al santísimo sacramento de la eucaristía, al que dedicaba con frecuencia largas horas de oculta adoración ante el sagrario, deseando nutrirse de él con la máxima frecuencia que le era posible.

Además, san Martín, obedeciendo el mandato del divino Maestro, se ejercitaba intensamente en la caridad para con sus hermanos, caridad que era fruto de su fe íntegra y de su humildad. Amaba a sus prójimos, porque los consideraba verdaderos hijos de Dios y hermanos suyos; y los amaba aún más que a sí mismo, ya que, por su humildad, los tenía a todos por más justos y perfectos que él.

Disculpaba los errores de los demás; perdonaba las más graves injurias, pues estaba convencido que era mucho más lo que merecía por sus pecados; ponía todo su empeño en retornar al buen camino a los pecadores; socorría con amor a los enfermos; procuraba comida, vestido y medicinas a los pobres; en la medida que le era posible, ayudaba a los agricultores y a los negros y mulatos, que, por aquel tiempo, eran tratados como esclavos de la más baja condición, lo que le valió, por parte del pueblo, el apelativo de «Martín de la caridad».

Este santo varón, que con sus palabras, ejemplos y virtudes impulsó a sus prójimos a una vida de piedad, también ahora goza de un poder admirable para elevar nuestras mentes a las cosas celestiales. No todos, por desgracia, son capaces de comprender estos bienes sobrenaturales, no todos los aprecian como es debido, al contrario, son muchos los que, enredados en sus vicios, los menosprecian, los desdeñan o los olvidan completamente. Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos la dulzura y felicidad que se encuentra en el seguimiento de Jesucristo y en la sumisión a sus divinos mandatos.

RESPONSORIO Sir 31, 8. 11. 9

R. Dichoso el hombre que se conserva íntegro y no se pervierte por la riqueza. * Su dicha será consolidada por el Señor.
V. ¿Quién es éste, y lo felicitaremos? Pues ha hecho algo admirable en su pueblo.
R. Su dicha será consolidada por el Señor.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor, Dios nuestro, que llevaste a san Martín de Porres a la gloria celestial, por medio de una vida escondida y humilde, concédenos seguir de tal manera sus ejemplos, que merezcamos, como él, ser llevados al cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

martes, 2 de noviembre de 2021

Santa Misa en el Cementerio Militar Francés de Roma

(Iglesia actualidad) A las 11 horas de esta mañana, en la Conmemoración de todos los fieles difuntos, el Santo Padre Francisco ha presidido la Santa Misa en el Cementerio Militar Francés de Roma.

A su llegada, el Papa ha colocado flores blancas en algunas tumbas y ha mantenido un momento de oración ante una tumba anónima. Luego, antes de llegar al altar, ha saludado a un grupo de niños con sus familiares.

Al final de la Santa Misa, el Papa Francisco, de regreseo en el Vaticano, se ha dirigido a las Grutas Vaticanas de la Basílica Vaticana para rezar ante las tumbas de los Papas.

Ofrecemos a continuación la transcripción de la homilía que el Papa ha pronunciado durante la Misa, tras la proclamación del Evangelio:

Homilía del Santo Padre

Me viene a la mente un escrito, en la puerta de un pequeño cementerio, en el norte: “Tú que pasas, piensa en tus pasos, y de tus pasos piensa en el último paso”.

Tú que pasas. La vida es un viaje, todos estamos en camino. Todos nosotros, si queremos hacer algo en la vida, estamos en camino. Que no es un paseo, ni siquiera un laberinto, no, es camino. En el camino, pasamos frente a tantos hechos históricos, frente a tantas situaciones difíciles. Y también frente a los cementerios. El consejo de este cementerio es: “Tú que pasas, detén tus pasos, y piensa en tu último paso”. Todos tendremos un último paso. Alguien me puede decir: “Padre, no estés tan triste, no seas trágico”. Pero esa es la verdad. Lo importante es que ese último paso nos encuentre en camino, no caminando; en el camino de la vida y no en un laberinto sin fin. Estar en camino para que el último paso nos encuentre caminando. Este es el primer pensamiento que me gustaría decir y que viene de mi corazón.

El segundo pensamiento son las tumbas. Esta gente –buena gente– murieron en la guerra, murieron porque fueron llamados a defender su patria, a defender valores, a defender ideales y, muchas otras veces, a defender situaciones políticas tristes y lamentables. Y son las víctimas, las víctimas de la guerra, que se comen a los niños de la patria. Y pienso en Anzio, en Redipuglia; pienso en el Piave del 14 –muchos se quedaron allí -; pienso en la playa de Normandía: ¡cuarenta mil, en ese desembarcadero! Pero no importa, cayeron…

Allí me he detenido frente a una tumba: “Inconnu. Mort pour la France. 1944”. Ningún nombre. En el corazón de Dios está el nombre de todos nosotros, pero ésta es la tragedia de la guerra. Estoy seguro de que todos ellos se han ido de buena voluntad, llamados desde su patria para defenderla, están con el Señor. Pero nosotros, que estamos en camino, ¿luchamos lo suficiente para que no haya guerras, para que las economías de los países no están fortalecidas por la industria de armas? Hoy la predicación debería ser mirar las tumbas: “Muerto por Francia”; algunos tienen nombres, otros no. Pero estas tumbas son un mensaje de paz: “¡Deteneos, hermanos y hermanas, detente! ¡Deteneos, fabricantes de armas, deteneos!

Estos dos pensamientos os dejo. “Tú que pasas, piensa, de tus pasos, en el último paso”: que sea en paz, en paz de corazón, en paz todo. El segundo pensamiento: estas tumbas que hablan, gritan, se gritan a sí mismos, gritan: “¡Paz!”.

Que el Señor nos ayude a sembrar y mantener estos dos pensamientos en nuestro corazón.

Responso por los Fieles Difuntos

V/. En el nombre del Padre + y del Hijo y del Espíritu Santo.

R/. Amén.

MONICIÓN
Queridos hermanos: nos encontramos hoy en este cementerio para recordar a nuestros hermanos que murieron en la paz de Cristo y confiarlos con fe y esperanza, al amor de Dios Padre Misericordioso. 

Ya que por el bautismo fueron incorporados a la Iglesia, la familia de Cristo y, unidos a nuestra comunidad participaron asiduamente en la mesa del Señor; pidamos, pues, ahora a Dios que los creó, los alegre también en el banquete de su Reino y puedan así gozar con los santos y elegidos de los premios eternos.


V. Dales, Señor, el descanso eterno
R. Brille para ellos la Tú luz eterna 

Señor, ten piedad, 
Cristo, ten piedad, 
Señor, ten piedad.

Padre nuestro...

V. Libra, Señor, sus almas .
R. De las penas del infierno.

V. Descansen en paz.
R. Amén.

V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a ti mi clamor.

Oración: Te rogamos, Señor, que absuelvas el alma de tu siervos difuntos
 de todo vínculo de pecado, para que viva en la gloria de la resurrección, 
entre tus santos y elegidos. Por Cristo nuestro Señor.
R. Amén.

V. Concédeles Señor, el descanso eterno.
R. Y brille para ellos la luz eterna.

V. Descansen en paz.
R. Amén.

V. Sus almas y las almas de todos los fieles difuntos por la misericordia de Dios
descansen en paz.
R. Amén.

lunes, 1 de noviembre de 2021

Hoja anual Informativa del Cementerio Parroquial

 



MOVIMIENTO ECONÓMICO:

-SALDO a 01/11/2020: 11.699´49€

-INGRESOS por cuotas, servicios y colectas desde el 01/11/2020 al 31/10/2021: 18.346´00€

Aunque sigue habiendo gente que no paga, como en los últimos años, la regularización empieza a asumirse con cierta normalidad, manteniéndose aproximadamente los ingresos por “cuotas”. Igualmente algunos sólo se ponen al día cuando se les exige por la Funeraria concesionaria de servicios al ejercitar -por “necesidad”- el “Derecho de Uso”. Por retrocesiones y recuperaciones de nichos tenemos algunos a disposición (Sólo adjudicables a feligreses). Del mismo modo, los nichos que reiteradamente en el tiempo no abonen la cuota y/ó se encuentren en estado de “abandono”, podrán ser intervenidos ante la necesidad de nuevos enterramientos, trasladando los restos con el debido decoro al Osario Parroquial.

Se constata, igualmente, la genérica mantenida de ingresos por “servicios” y por colectas de funerales en un prolongado y acusado descenso, particularmente suponemos que como consecuencia de la Pandemia. LA CUOTA PARA EL AÑO 2022 SE ACTUALIZA EN 10€ NICHO/AÑO. LA ÚLTIMA REVISIÓN FUE EN EL 2012

TOTAL INGRESOS: 30.045´49€

GASTOS:

-Por reparaciones y arreglos en zonas comunes (desconchados, cargas, pinturas y saneamiento de nichos antiguos recuperados) 7.110´87€

-Por retrocesiones compensadas en las titularidades de nichos antiguos 6.950´00€

-Por conservación, mantenimiento general y limpieza ordinaria 3.865´75€

TOTAL GASTOS: 17.926´62€

SALDO A 31/10/2021: 12.118´87€

Se mantiene el protocolo de recursos económicos y financiación:

A) -Cuotas y servicios; B) -Colectas de Funerales; C) -Aportaciones de la Parroquia

D) –Créditos (si hiciesen falta)

Las cuentas continúan saneadas y en “positivo”, aunque sigue siendo de vital importancia mantener la línea de responsabilidad en el pago de las cuotas para poder seguir atendiendo como se merecen y en un lugar digno a nuestros difuntos, enfrentando siempre juntos las eventualidades que se van presentando, así como el costoso mantenimiento ordinario de nuestro Camposanto.

CUENTA CEMENTERIO:

(BANCO SANTADER -antes “Popular”- Pero sigue siendo la misma cuenta y Oficina):

ES40 0075 0882 19 0600029256 (se debe pagar a nombre del titular, no de terceros, reseñando los nichos y adjudicatario real para identificar y adjudicar debidamente el pago)

RECORDAMOS que el impago de la cuota puede dar lugar a la revocación del título del “Derecho de Uso” (quien abandona la obligación que conlleva un derecho, abandona también el propio derecho) y, en todo caso, no se atenderá ningún “servicio”, ni por la “Funeraria SAN PABLO” (encargada del Cementerio -antes “San Mateo”-) ni por la Parroquia, que no esté al corriente de pago. Igualmente, TODAS las obras que se realicen en los nichos o en su entorno han de contar con el PERMISO ESCRITO de la Parroquia, titular y única administradora del Cementerio y sus nichos, y, en caso de su concesión, quedará el mismo condicionado al cumplimiento del criterio estético que recoge la normativa eclesiástica vigente y que se reseña al reverso de los “Títulos o Escrituras.”

-Funeraria San Pablo: (985 27 79 99) exigirá siempre para cualquier intervención en los nichos el Título (“Escritura”) del “Derecho de Uso” y los recibos de estar al corriente de pago de las anualidades del 2005 en adelante, así como el Permiso de Obras para intervenir en ellos.

ANTE CUALQUIER DUDA O ACLARACIÓN DIRIGIRSE AL DESPACHO PARROQUIAL:

DE MARTES A VIERNES DE 18 A 19 HORAS; TF.985 26 04 14//

URGENCIAS: 659 31 33 53

Oración a todos los Santos


Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte,
rogad por nosotros.

Profetas que rasgásteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas,
rogad por nosotros.

Almas cándidas, Santos Inocentes
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado,
rogad por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogad por nosotros.

Mártires que ganásteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que os dio fortaleza en los combates,
rogad por nosotros.

Vírgenes semejantes a azucenas
que el verano vistió de nieve y oro,
al que es fuente de vida y hermosura,
rogad por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedísteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas,
rogad por nosotros.

Doctores cuyas palmas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es raudal de ciencia inextinguible,
rogad por nosotros.

Soldados del ejército de Cristo,
Santas y Santos todos,
rogad que perdone nuestras culpas
a Aquel que vive y reina entre vosotros.

Amén