(revistaecclesia.es) El sacerdote y religioso de los Cooperatores Veritatis de la Madre de Dios, subdirector de la BAC y coordiador general de Sapientia Amoris, subraya que la misión primordial de una editorial católica es la evangelización
El padre Rafael Belda, CVMD ha sido protagonista en los últimos meses por tres asuntos. Presentó una nueva edición de su libro Al paso de los niños, ahora con la Biblioteca de Autores Cristianos, fue nombrado por la Comisión Ejecutiva de la CEE subdirector de la BAC y culminó el proyecto editorial Sapientia amoris para la formación teológica de la vida contemplativa, que ha coordinado. Entre su nueva tarea y el acompañamiento a los que permanecen ocultos al mundo en oración, guarda un hueco para hablar con ECCLESIA de Sapientia amoris y del nuevo encargo.
¿Qué supone para usted que los obispos le hayan nombrado subdirector de la BAC?
—Fue un nombramiento que no esperaba. Tras varios años colaborando con la CEE en la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, y cuando estaba ya finalizando —a nivel editorial— el plan de formación teológica para la vida contemplativa Sapientia amoris, pensé que mi tiempo en Madrid llegaba a su fin. Pero con este nuevo servicio no parece que sea así. Este encargo es para mí una responsabilidad, un reto y una oportunidad. Una responsabilidad, porque es respuesta a una llamada y elección de la Iglesia y para la Iglesia. Un reto, porque si bien es verdad que tengo una pequeña experiencia en el mundo editorial, dar el salto a la BAC me produce un poco de vértigo, pues la envergadura de esta editorial es muy considerable. Y es una oportunidad; para seguir sirviendo en y a la Iglesia, que me lo ha dado todo y a la que no quiero negarle nada.
—¿Cómo encaja en su trayectoria como sacerdote y religioso?
—Como sacerdote encaja muy bien, porque con la ordenación sacerdotal, los presbíteros quedamos vinculados a los obispos en calidad de sus principales colaboradores; la misión nos viene de ellos. Considero una gracia ayudar a los sucesores de los apóstoles en lo que sea posible. De las tres funciones (tria munera) propias del ministerio ordenado, trabajar en la BAC me permite ejercer la función de enseñar por medio de cuanto se publica con calidad en el campo de la Biblia, la teología, la espiritualidad, la historia, la filosofía, las biografías… Y como religioso es una bendición, porque los cooperadores de la Verdad, además de dedicarnos a la enseñanza, a evangelizar educando, deseamos poner el carisma recibido al servicio de la Iglesia y responder con generosidad al requerimiento de sus pastores. Como hijos espirituales de san José de Calasanz, trabajar en una editorial me parece una hermosa forma de ampliar el registro ministerial carismático y de aunar el lema Piedad y Letras. El ministerio ordenado de los religiosos en la Iglesia, estando vinculado a la Iglesia universal, arraiga en la Iglesia diocesana, a la que sirve más directamente, siempre en la comunión con el obispo y sin que la identidad propia del instituto al que se pertenece quede diluida. Con esta encomienda en BAC solo veo potenciarse todos estos aspectos.
—¿Cuáles serán sus tareas?
—Acabo de empezar e imagino que se irán perfilando. Pero, de entrada, puedo decir que mi servicio se mueve en dos ámbitos: el relacionado con el director de la BAC, y el relacionado con el buen equipo de trabajadores con que contamos. Respecto del director, soy su más cercano colaborador, dispuesto a ayudarle en lo que necesite, me pida y me sea posible. De momento, me ha confiado el seguimiento de varias obras. Respecto a los compañeros, tengo mucho que aprender de ellos, pues la mayoría están avalados por un recorrido profesional que les convierte en expertos y «maestros» de quien acaba de llegar. El trabajo es colegial y sinodal. Igualmente, quiero señalar que, como sacerdote, mi servicio no tiene que ver solo sobre lo que se edita, sino también está relacionado con los compañeros implicados en el engranaje editorial, entre quienes me siento con una humilde misión pastoral. Mi quehacer profesional no está por encima de mi ser sacerdotal.
—¿Cuál es, en su opinión, el papel de una editorial como la BAC en la misión de la Iglesia en España?
—La BAC es una editorial con vocación evangelizadora desde esa «caridad intelectual» que tanto promovió Benedicto XVI. Su misión primordial es evangelizar —en el ámbito de la cultura— por medio de unas publicaciones que sean sal, luz y fermento para la comunidad cristiana y para la sociedad en general. Sin esta pasión por la evangelización, ¿qué sentido tendría para un sacerdote trabajar en una editorial? Existimos para evangelizar. Y evangelizar en sentido amplio. Colaborar, pues, desde una solícita labor editorial, en la buena formación del Pueblo de Dios, de los catequistas, educadores, padres de familia, religiosos y, en concreto, de los seminaristas y futuros pastores, es misión evangelizadora. Es un gran servicio que colabora para que el Evangelio se extienda.
—¿Cuál es el autor de la BAC o la obra que más le ha marcado?
—Durante el tiempo de la formación inicial como religioso, y después como formador de novicios y de profesos, me marcó bastante la lectura de Mensaje espiritual y pedagógico de san José de Calasanz, escrito por el religioso escolapio Dionisio Cueva, y también la biografía San José de Calasanz, maestro y fundador, escrita por Severino Giner. En los años del estudio de la teología me ayudaron algunos números de Clásicos de espiritualidad y Sapientia fidei. Y desde la ordenación sacerdotal hasta hoy destaco el gran bien que me ha hecho acudir a las obras completas de san Agustín, san Jerónimo, santa Teresita de Lisieux —entre otros— y, en los últimos años, las de Joseph Ratzinger, gran obra sin concluir editorialmente.
Por otra parte, todo lo que publica BAC respecto al Magisterio siempre me es de gran ayuda. Por último, hay otro autor más reciente al que admiro por su capacidad de aunar teología, exégesis, espiritualidad y anuncio del Evangelio. Hablo del italiano Francesco Giosuè Voltaggio. Y no quiero dejar de nombrar aquí dos autores: el franciscano y arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes, con su libro sobre teología de la vida consagrada titulado La fidelidad creativa, y el sacerdote de Toledo Félix del Valle, con su libro El fuego y el barro.
—¿Tiene algún sueño editorial?
—Sí. Es un deseo íntimo que no tiene por qué llevarse adelante. Me encantaría que la BAC pudiera publicar algún día las obras completas de un hombre cuyos escritos han sido un fiel compañero de mi camino cristiano, religioso y sacerdotal: Raniero Cantalamessa.
—¿Le ayudará en su nueva tarea el bagaje de haber coordinado Sapientia amoris?
—Sí, culminando el trabajo intenso de Sapientia amoris, contemplo ese tiempo como una providencia de Dios con la que me ha ido preparando para esta nueva etapa en BAC. Coordinar a 24 profesores-autores, al equipo revisor de textos, a los asesores monásticos, y estar en contacto con EDICE para supervisar el proceso editorial ha sido un verdadero entrenamiento y ejercicio en el ámbito de las publicaciones para el encargo actual. No llego a BAC sin recorrido previo en la casa.
—Una pregunta para aquellos que no han oído hablar de Sapientia amoris. ¿De qué trata?
—Es un plan de formación teológica para la vida contemplativa que en su día nace en la Universidad Eclesiástica San Dámaso con el apoyo de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada. Surge por la confluencia de dos realidades: una, la reiterada petición de diversas comunidades monásticas sobre la necesidad de una adecuada formación teológica, y, otra, la solicitud pastoral de los obispos, preocupados por atender a los monasterios de nuestra Iglesia en España. Y todo ello bajo la luz de un principio enunciado por el Concilio Vaticano II y secundado tantas veces por los pontífices hasta Francisco: «La necesaria renovación de la vida consagrada depende principalmente de la adecuada formación de sus miembros» (cf. PC 18). El plan está dirigido a las comunidades claustrales, los monasterios y conventos de vida contemplativa.
—¿Qué objetivos tiene?
—Más que objetivos, es interesante comentar sus características esenciales. Es un plan de teología sistemática formado por un elenco de 24 asignaturas, con un contenido de síntesis actualizada sobre cada materia y con una exposición que es accesible también para quien no tiene estudios superiores. El proyecto busca entrar en los monasterios sin sacar necesariamente a ninguna hermana de su ámbito habitual, respetando así su vida claustral. Al mismo tiempo, se procura que el estudio individual pueda beneficiar a toda la comunidad.
Recoge las disciplinas y asignaturas del quinquenio propio de los estudios que cursa un seminarista en su preparación al presbiterado, pero con una orientación monástica. La estética editorial ha sido muy cuidada, procurando armonizar sobriedad con dignidad. La via pulchritudinis nos conduce a la via veritatis. La propuesta de trabajo respeta la peculiaridad de cada monasterio y alumna, porque se adapta al ritmo individual, evitando un calendario que lesione la vida contemplativa.
—¿Cómo ha ayudado esta propuesta a la vida contemplativa en nuestro país?
—La cantidad de testimonios de las hermanas que han hecho o están haciendo el plan es inmensa. Las religiosas del Instituto Mater Dei, encargadas de la Secretaría técnica del proyecto y que forman igualmente parte del equipo evaluador, pueden dar amplia cuenta de ello. Son testimonios tanto de hermanas jóvenes como de monjas ancianas, unas con carrera y otras solo con estudios básicos; testimonios preciosos que levantan acta del mucho bien que este plan ha hecho, está haciendo y hará en la vida contemplativa de los monasterios. Hay federaciones monásticas que, sin renunciar al plan formativo propio, han añadido esta formación teológica. Algunos monasterios, con comunidades filiales en otros países, han «exportado» Sapientia amoris, dándole así una proyección internacional.
Los datos están ahí: en una primera etapa se llegó a alcanzar 536 matrículas. A lo largo de estos años las cifras han variado; en la actualidad, contabilizamos 174 monasterios en España que tienen monjas matriculadas, con un total de 390 alumnas cursando asignaturas, a las que hay que añadir 310 monasterios que siguen el plan por vía de suscripción al mismo. A esto se le suman 19 monasterios de fuera de España que están vinculados al plan; desde Portugal, Italia o Francia a Taiwán o Corea del Sur, entre otros. En algunos lugares, las propias hermanas lo están traduciendo al idioma del país. Por último, quisiera decir que, sin haberlo pretendido, se ha generado una verdadera intercongregacionalidad monástica entre distintas órdenes, que comparten material y experiencias.
—¿Por qué es importante que los contemplativos cultiven la formación teológica?
—Sin una necesaria formación permanente y, en concreto, sin una adecuada formación teológica, es fácil que se llegue a una cierta frustración vocacional y hasta una progresiva deformación del mismo carisma contemplativo. La formación teológica es puerta para adentrarse en la experiencia del Misterio de Dios. Si la teología es la búsqueda de una comprensión racional, en cuanto sea posible, del misterio de la revelación cristiana, en los contemplativos importa la «teología del corazón», una teología para la vida, no tanto de carácter especulativa o apologética, sino de carácter sapiencial y esponsal, que les ayude a conocer más y más el amor de Dios. Se trata de propiciar una formación teológica con el fundamento de la Sagrada Escritura, acompañada por la Tradición e interpretada con el Magisterio de la Iglesia.
— ¿Cuál es su análisis sobre esta realidad de la vida de la Iglesia?
—No soy un analista cualificado para hacer una radiografía, pero puedo aportar mi parecer. Vivimos tiempos nada fáciles para escuchar la voz de Dios, que no deja de llamar. Hay un ruido social ensordecedor y un materialismo consumista que, unido al tsunami de secularización de nuestra posmoderna sociedad neopagana, ha logrado sedar las conciencias hasta silenciar esas grandes preguntas de la existencia que antaño ponían a los jóvenes en búsqueda constante por el sentido de la vida y, en definitiva, por Dios. El papa Francisco insiste en la misión que tenemos los cristianos de «despertar al mundo». Y el mejor modo de despertar el adormilado corazón humano es la evangelización hecha «a tiempo y a destiempo», de todos los modos.
La vida contemplativa es el corazón de la Iglesia. Esta frase dice verdad, pero ¿nos la creemos? En el cuerpo humano, el corazón está oculto y ahí late día y noche bombeando la sangre a todos los miembros; respecto de la Iglesia, así es la vida contemplativa, escondida con Cristo en Dios. Personalmente, contemplo a las monjas como las mujeres que reproducen la vida de la Virgen en cada generación; y a los monjes, como quienes, silentes y orantes, hacen presente la vida de san José en su Nazaret diario, en un ora et labora que es centinela fiel que custodia al Pueblo de Dios y a la sociedad en general.
Toda esta riqueza inmensa no se puede perder. Alrededor de los últimos diez años, se han cerrado aproximadamente un centenar de monasterios en España, país que tenía la gracia de albergar un tercio de la vida contemplativa del mundo. El papa Francisco, que valora tanto esta forma tan antigua de consagración, ha querido renovarla y ha promulgado la constitución apostólica Vultum Dei quaerere y su correspondiente instrucción aplicativa Cor orans. Hemos de ayudar, de todos los modos, a apuntalar y fortalecer bien la vida contemplativa. Tenemos una deuda de amor, porque durante siglos ella ha sido un baluarte en la Iglesia, un puerto seguro en las tormentas de la historia, un lugar de espiritualidad, cultura y sabiduría, un oasis para los sedientos de Dios, una verdadera civitas Dei en medio de las ciudades de los hombres. Es responsabilidad de todos evitar su decadencia, y es deber nuestro promover la santidad de sus miembros.