viernes, 22 de octubre de 2021

Carta semanal del Sr. Arzobispo

Tiempo de volver a la normalidad

Como las hojas del otoño, los días pasan imparables acercándonos su relato, con las mil cosas que llenan de luz o penumbra los pasos cotidianos de nuestra vida. Así, cada día nos asomamos al conteo de un termómetro fatal, para ver cómo va lo de la pandemia que nos lleva asolando tantos meses. Gracias a Dios, parece que el final del túnel se vislumbra, y entre todos hemos logrado al menos neutralizar los efectos más devastadores que ha tenido la Covid, cobrándose muchas vidas y restándonos libertad.

Llega ahora el momento de ir escenificando la normalidad en nuestras relaciones, en nuestras celebraciones, en nuestros modos habituales de vida y convivencia que dábamos por supuesto pero que no dejaban de ser un regalo cotidiano, como esa gracia que por descontado damos al abrir los ojos y ver, o llenar los pulmones y respirar. No por ser algo mecánico, deja de ser un regalo sencillamente vivir. 

Ante los datos que tenemos y que nuestras autoridades sanitarias han ido señalando a partir del 10 de septiembre, me permito comunicar a los sacerdotes, diáconos y agentes de pastoral en todos nuestros terrenos de evangelización, lo siguiente a efectos de contar con unos criterios comunes para evitar agravios comparativos o una cierta confusión diversificada en este regreso a la deseada normalidad. Lo están haciendo otras instancias civiles, culturales, deportivas, recreativas. También la comunidad cristiana debe señalar esta saludable novedad y adecuar nuevamente nuestros tiempos y espacios. 

En cuanto a los espacios cerrados (iglesias, aulas de catequesis, coros, despachos parroquiales, sacristías, etc.), hemos de usar la mascarilla protectora. Se aconseja el gel hidrohigiénico. Observar el aforo permitido según el volumen del espacio. Así, poco a poco, recuperar el ritmo litúrgico y catequético de nuestras parroquias, retomar el calendario de encuentros, retiros, y actividades en los arciprestazgos y vicarías. 

En los espacios abiertos, seguiremos las indicaciones de la normalización como en eventos deportivos y concentraciones similares. Se recuperan las procesiones y romerías según el formato habitual. En los cementerios (máxime en estos días que se acercan de la Conmemoración de los Fieles Difuntos) pueden celebrarse los responsos con normalidad, mientras la Santa Misa sólo cuando se garantice la dignidad de la celebración y la participación adecuada por parte de los fieles. En algunos casos será preferible reservar los responsos para los cementerios y las Eucaristías en los templos. 

Misas retransmitidas por redes sociales telemáticas. Han sido una ayuda durante el tiempo álgido de la pandemia, pero ahora es preciso recuperar la presencialidad litúrgica en nuestras iglesias, invitando a todos los fieles a regresar a nuestros templos. Solamente para los enfermos o ancianos impedidos, puede seguir ofreciéndose este servicio telemático, por estar exentos de la presencialidad debido a su situación. Los demás fieles están obligados a santificar el día del Señor participando en las celebraciones de la Santa Misa de modo presencial. 

La comunidad cristiana cuenta con estos tres “termómetros” para medir la salud de nuestra vida: la liturgia, la catequesis y la caridad. Son tres ámbitos que se han visto severamente afectados por las medidas sanitarias y gubernamentales durante la pandemia. Llega el momento de retomar la vida y devolverle la normalidad de nuestra andadura cristiana y eclesial, pues ni la oración en su expresión litúrgica, ni la formación con sus dinámicas catequéticas, ni el testimonio de la caridad en todos sus rostros, pueden continuar confinados haciéndonos rehenes del miedo. Apliquemos con prudencia las indicaciones que se nos van brindando para seguir colaborando responsablemente en la neutralización de la Covid, pero no paguemos el alto precio de vaciar estos tres elementos que constituyen nuestra identidad cristiana: liturgia, catequesis y caridad.

 + Jesús Sanz Montes, 
Arzobispo de Oviedo

jueves, 21 de octubre de 2021

Santos y Difuntos 2021

La Delegación de Misiones agradece a los asturianos sus donativos al Domund a pesar de la pandemia

(Europa Press) El delegado episcopal de Misiones en Asturias, Pedro Tardón, ha agradecido este miércoles a los asturianos sus donativos durante la campaña del Domund de 2020, especialmente marcada por la pandemia del coronavirus. Ha celebrado que la recaudación solo ha descendido en 31.000 euros respecto a la del año anterior, a pesar de las dificultades para hacer los donativos como era habitual.

En concreto, la diócesis de Oviedo recaudó en 2020 un total de 251.434 euros. Este año, la colecta principal tendrá lugar en las misas parroquiales de este domingo 24 de octubre. El fin de esta recaudación es apoyar el trabajo de los 133 misioneros que Asturias tiene repartidos por 40 países de todo el mundo, cuya edad media es de 65 años. La mayoría de los misioneros, el 83%, se encuentran en países americanos, el 25% en Europa, el 15% en África y el 10% en Asia.

Pedro Tardón ha ofrecido estos datos en una rueda de prensa en la que ha estado acompañado por tres misioneros --un sacerdote, una religiosa y una laica--, que han explicado su labor en los lugares en los que han hecho misión.

El primero de ellos, el mexicano José Jesús García, es misionero comboniano y ha viajado a Mozambique, México y Brasil. De su experiencia en Mozambique, donde estuvo ocho años, ha destacado "la fe de la gente sencilla", que viven al día y piden ayuda a los misioneros para todo tipo de cosas.

Por su parte, Celia Tuñón, perteneciente a la Congregación Hermanas Dominicas de la Anunciata, estuvo doce años en Brasil. Haciéndose eco del lema de la campaña de este año, 'Cuenta lo que has visto y oído', ha asegurado que acudió a la misión pensando que iba a evangelizar ella, pero "fueron ellos" quienes le mostraron su fe. "He visto a gente con unos valores cristianos que a veces ni se imaginaban que los tenían", ha asegurado. 

Amparo García, laica, empresaria y madre de dos hijos, comenzó a colaborar con las misiones en 2017 en Etiopía, en la casa de la Madre Teresa de Calcuta, pasando allí varios periodos de tiempo ayudando a pobres y moribundos. "Pensé que iba a hacer algo yo, pero fueron ellos", ha señalado, asegurando que comenzó a ver allí "en cada uno la cara de Cristo". A través de la convivencia con las religiosas en la congregación, ha dicho, su fe "se fortaleció". "Fue mi pilar y ese fue el milagro que yo ví'', ha dicho. 

miércoles, 20 de octubre de 2021

Nota del Arzobispo de Oviedo ante la nueva situación de la pandemia

 

Santoral del día: San Pablo de la Cruz

(Alfa y Omega) Hay santos que se parecen a otros, pero como Dios es siempre original, a cada uno le enseña, antes o después, un camino propio. La juventud de san Pablo de la Cruz parece un calco de la de San Francisco de Asís, pero si al santo de Asís le habló el Crucificado en la ermita de San Damián, al fundador de los pasionistas fue la Virgen la que le marcó el camino de la cruz.

Nació en la provincia italiana de Liguria en 1694. Fue el primogénito de una familia de 16 hijos tan creyente que, años después, confesaría que «si yo me salvo, como lo espero, lo debo a la formación que recibí de mi madre». Los primeros años de su vida estuvieron marcados por la incertidumbre sobre el futuro. Ayudó a su padre en el negocio durante una temporada, pero esa vida –como le sucedió a san Francisco– no le cautivó en absoluto. Probó en el Ejército –igual que el santo de Asís–, y tampoco. Un tío suyo le propuso un matrimonio con una joven bien posicionada, pero eso le pareció poco amor para él.

El pasionista Miguel González habla de una «inquietud permanente» en el santo. «Pablo renunció a todo aquello que se le ofreció», porque «la llamada de Dios a una vida diferente iba siendo cada vez más fuerte, aunque no del todo perceptible».

A los 19 años, un sermón de su párroco le inspiró a llevar una vida de más oración y, con la bendición de su confesor, inició un retiro de 40 días a finales de 1720. Fue en ese retiro donde recibió la aparición de la Virgen María, que le mostró un hábito negro; y fue también durante esos días cuando escribió una regla muy sencilla para llevar en el futuro una vida de comunidad con aquellos que se le quisieran unir. Tal como le pasó a san Francisco, enseguida se le unieron muchos otros, el primero su hermano Juan Bautista; y comenzaron a llevar una vida en común. Se llamaban a sí mismos «los pobres de Cristo», y se dedicaban a predicar en los pueblos de la zona la Pasión del Señor, «el don más maravilloso del amor de Dios, la única fuerza que puede transformar al hombre y al mundo entero», en sus palabras.

Después de algunos años, en 1727, Pablo y su hermano viajaron a Roma y fueron ordenados sacerdotes de manos del Papa Benedicto XIII, recibiendo al mismo tiempo la bendición para extender su carisma. Comenzó así una nueva etapa en la vida del santo, con la mirada puesta en llevar cada vez más lejos su forma de vida sin abandonar su motivación inicial: predicar el Evangelio y especialmente la Pasión del Señor, sobre todo a los laicos. «San Pablo de la Cruz fue un adelantado en la relación con los laicos», asegura el padre Miguel González. «Ya de joven, cuando trabajaba junto a su padre, había muchos que se acercaban a él al ver su forma de vivir, y con los años siguió llevando la dirección espiritual de la mayoría. Esto fue así hasta el final de su vida», señala.

Una relación «espontánea»

Al fundar la congregación, no hizo ningún apostolado especial; «simplemente la gente se le unía. Los laicos fueron los destinatarios principales de toda su evangelización. Algunos pedían entrar en la congregación, pero la mayoría sencillamente estaba enganchada a la manera que él tenía de hablar de la Pasión y Resurrección de Cristo. Era algo espontáneo y natural». El fundador de los pasionistas mostraba a todos sus seguidores un camino hacia la felicidad «no como la entiende el mundo», afirma el González. «En aquel tiempo la gente sufría mucho más que ahora, y ese modelo de Cristo sufriente y entregado por amor resonaba en sus corazones, de tal modo que muchos, al oír la predicación de san Pablo de la Cruz, lloraban y se confesaban».

De este periodo se conservan más de 10.000 cartas, un medio con el que desarrolló una ingente labor de dirección espiritual con muchos de sus contemporáneos. Y no lo hizo desde el activismo, sino desde la soledad de su retiro en el convento de Monte Argentario, en una península perdida de la Toscana.

«Allí fueron llegando, atraídos por el celo y el buen nombre de los solitarios del aquel monte, nuevos compañeros», señala el pasionista. Solo salió de allí para predicar en misiones populares y retiros, y fundar casas por toda la costa italiana. De ese modo, la difusión de su proyecto «se fue haciendo realidad bajo la guía del Espíritu». Murió en Roma en octubre de 1775 y fue canonizado por Pío IX menos de un siglo después de su muerte.

martes, 19 de octubre de 2021

Jornada Mundial de las Misiones

AVISO sobre actualización de las Cuotas de los Cementerios Parroquiales de Lugones y Viella

Abordada la situación de nuestros cementerios parroquiales, y ante la constante necesidad de mantenimientos y mejoras en los mismos en sus techumbres, paredes, muros y zonas comunes, hemos aprobado actualizar para el año 2022 la cuota anual de mantenimiento en los cementerios de Lugones y Viella, las cuales no sufren revisión desde el año 2000 en el de Viella, y desde el 2012 en el de Lugones.

Así pues, ésta pasará desde del 1 de Enero de 2022 de 8€ a 10€ euros anuales por nicho para el Cementerio de Lugones. (Se puede hacer efectiva como siempre, en el mismo banco y cuenta a partir del 01 de Enero al 31 de Diciembre del año en curso). La última actualización fue en el año 2012 en que pasó de 6 a 8 €.-

E igualmente, en la Parroquia de Santa María de Viella la cuota anual pasará de 6€ a 8€ anuales por nicho. La última actualización de esta cuota fue en el año 2000 cuando pasó de 1000 pesetas a su equivalente en €uros (6´00) y así ha permanecido desde entonces. Así mismo, se puede hacer efectiva la cuota en la misma cuenta y Banco del 01 de Enero al 31 de Diciembre del Año en curso. 

Los cementerios parroquiales -a diferencia de los municipales que se mantienen y cuidan por medio del erario público mediante impuestos locales- han de ser financiados por los concesionarios de sepulturas en los mismos. 

Conforme a la normativa de Sanidad Mortuoria, todo cementerio privado debe contar con un reglamento de régimen interior. Así lo dispone el artículo 61 del Reglamento estatal de Policía Sanitaria Mortuoria (Decreto 2263/1974, de 20 de julio) y la mayor parte de Reglamentos autonómicos sobre la materia. Esta exigencia, en el caso de los cementerios parroquiales, se muestra conforme con lo dispuesto en el Derecho de la Iglesia, pues el canon 1243 del Código de Derecho Canónico prescribe que deben establecerse por el Derecho Particular (en la Diócesis de Oviedo mediante de unas Decretales Sinodales cuya normativa regula el funcionamiento de éstos) las normas oportunas sobre el funcionamiento de los cementerios, especialmente para su protección y mantenimiento.

Los cementerios privados están sujetos a la normativa de Sanidad Mortuoria en los mismos términos que los públicos, pero existen importantes diferencias de régimen jurídico en materia de administración del cementerio y, en particular, de concesión de las sepulturas. La administración de los cementerios privados corresponde a la entidad titular de los mismos, que será la responsable de los derechos y deberes que el artículo 60 del Decreto 2263/1974, de 20 de julio, atribuye a los ayuntamientos en el caso de los cementerios municipales, y a las parroquias en el caso de los cementerios parroquiales -el cuidado, limpieza y acondicionamiento del cementerio- y que, conforme a ello, se administran y financian con su propia normativa.

Sabemos que no es un buen momento económico para nadie, pero es la única forma de seguir adecentando y cuidando de nuestros Camposantos para que el lugar de descanso de nuestros seres queridos sea tan digno como su memoria se merece.