jueves, 4 de septiembre de 2025

Jubilaciones 2025. Por R. H. M.


Este año apenas ha habido dos jubilaciones como tal, es el caso del P. Emiliano O.P. que se jubila de la responsabilidad de las parroquias de Santa María de Regla de Corias, Santiago de Sierra, Santa Eulalia de Ambres, San Bartolomé de Mieldes, Santa Marina de Obanca, San Julián de Oñón y San Esteban de Tainás. Así como el P. Francisco Javier García Pedramedraño O.P. que se jubila de las parroquias de Santiago de Cibea, San Pedro de Genestoso y Santa María de Regla de Corias, además de colaborar desde 2018 con el P. Emiliano en las parroquias que éste atendía. Con el cese del P. Emiliano y del P. Pachi se pone fin a la labor pastoral de los Padres Dominicos en las parroquias de la zona. Actualmente sólo quedan estos dos religiosos como colaboradores diocesano en Corias. Hasta el pasado año 2024 atendieron la comunidad de Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Cangas de Narcea; actualmente su única encomienda pastoral es la capellanía de las Madres Dominicas de clausura de Cangas. 

El P. Emiliano Burgos García O.P. tiene  81 años y lleva en Corias desde 1980. Su primera encomienda pastoral en la zona fue como Ecónomo de San Jorge de Tormaleo y encargado de San Pedro de Taladrid (Ibias), las cuales atendió hasta 1984 en que fue nombrado párroco de Santiago de Sierra, Oñón, Ambres, Mieldes y Tainás (Cangas de Narcea). Después asumió Santa Marina de Obanca, que la atendía el P. Marcelino Rodríguez Menéndez O.P. el cuál atendió también Santa Eulalia de Cueras y Santa María de Regla de Perandones. Cueras la asumió el P. Jesús Llana Secades O.P. en 1999, y Regla de Perandones la asume D. Miguel Ángel García Bueno en el año 2000. El P. Marcelino quedó como párroco de Regla de Corias hasta que al quebrarse su salud tuvo que ser trasladado a la enfermería de la Virgen del Camino (León). Para esta feligresía de Corias ha sido nombrado nuevo párroco al moderador del equipo sacerdotal de Cangas de Narcea.

El P. Francisco Javier García Peñamedrano O.P. tiene 85 años y lleva en Corias desde 1965. Su primera encomienda pastoral en la zona fue como Ecónomo de Santiago Apóstol de Degaña, así como encargado de Santa María de Sisterna y su filial de San Luis de Tablado, las cuales atendió hasta 1984 cuando fue nombrado Párroco de Santiago de Cibea, San Pedro de Genestoso y San Juan de Villalaez. Con la jubilación del P. Jaime Fernández Martínez O.P. que atendía Carballo, Fuentes y Villarmental, se le duplicó la labor. En 2018 pidió ser liberado de las parroquias de Carballo, Fuentes, Villarmental y Villalaez, quedando únicamente con Cibea, Genestoso y Regla de Corias. Para las parroquias de Cibea y Genestoso está nombrado el actual párroco de Bimeda y alrededores. 

Luego hay varios destinos que no son jubilación, pero que sí supondrá una vida en activo más jubilosa y tranquila en función de la edad y salud de estos sacerdotes. Así tenemos a Don José Luis Fernández Polvorosa, que deja las parroquias de Santa María de la Fresneda, San Cosme de Bobes y San Miguel de la Barreda, en Siero. Don José Luis es natural de Santa Cruz de Llanera; ordenado sacerdote en 1962. Su primer destino fue como coadjutor de San Julián de Somió en Gijón, a la vera del recordado Don Pío. De ahí pasó a Cangas de Narcea en 1967 a las parroquias de San Pedro de Bimeda, San Acisclo de Piñera y San Vicente de Villategil. En 1975 pasa de las tierras de la antracita a tierras de la ulla, siendo destinado a San Salvador de Cabañaquinta y Santa María la Real de Pelúgano, en Aller. En 1991 fue destinado a Santa María de Viella y San Cosme de Bobes con el encargo de la futura parroquia de La Fresneda. La parroquia de Santa María de la Fresneda dio sus primeros pasos a finales de 1991 en un módulo metálico. La parroquia fue erigida en 1997, y el templo consagrado el 20 de septiembre de 1998.

Semejante caso es el de D. Gonzalo José Suárez Menéndez, que deja por salud las parroquias de Santa María de Villaviciosa y Santa Eulalia de Carda, además de cesar en el cargo de Viceconsiliario de Cursillos de Cristiandad de Asturias. Va destinado como canónigo a Covadonga. Don Gonzalo es natural de Valsera (Las Regueras). Fue ordenado sacerdote en 1982 en su parroquia natal de El Escamplero - Valsera. Su primer destino fue la parroquia de San Miguel de Pumarín en Gijón, en cuyo equipo sacerdotal comenzó como vicario parroquial hasta 1991, llegando a ser moderador a partir de dicho año. Fue consiliario diocesano del movimiento Scout, así como delegado diocesano para la Jornada Mundial de la Juventud de 1989. En 1991 es destinado a Teverga como párroco de San Miguel de la Plaza, Santa María de Carrea, San Salvador de Alesga, Santa Marina de Barrio, Santa Eulalia de Torce, San Justo de Páramo y Santa María de Focella, en Teverga. En 2001 asumió las parroquias de Santo Tomás de Riello, San Miguel de Campiello, San Juan de Prado, San Juan de Santianes, Santo Emiliano de Taja, Santa María Magdalena de Urria, San Pedro de Villamayor y Santa María de Villanueva. En 2004 deja las parroquias teverganas para ir a estudiar en la Universidad de la Mística, en Ávila, el Curso Superior sobre Santa Teresa de Jesús. En 2005 es destinado a las parroquias mierenses de Santa María de Figaredo, la Sagrada Familia de Santullano y San Salvador de Santa Cruz. En estos años se especializa en la figura de la sierva de Dios Práxedes Fernández. Fue en este tiempo arcipreste de El Caudal. En 2019 es trasladado a las parroquias de Villaviciosa, Cazanes, Santa Eugenia, Grases y Carda. Por motivos de salud se vio obligado a dejar las parroquias de Santa Eugenia, Cazanes y Grases en 2021.  

También D. Pablo Gutiérrez Piñera, hasta ahora párroco de San Julián de Viado - Santullano, Santa María de Soto, Santa María de Valsera, Santa Eulalia de Valduno, San Martín de Biedes y San Juan de Trasmonte, es destinado como adscrito a la basílica del Sagrado Corazón de Gijón. Natural de Gijón, ejerció el diaconado en la parroquia de San Nicolás de El Coto, en Gijón; ordenado sacerdote en el año 2000. Su primer destino fueron las parroquias de Naraval, Calleras, Francos, Merás, Muñalén, Paredes, Tablado y San Fructuoso en Tineo. En 2009 asumió las parroquias de Navelgas, Collada, Rellanos, Miño y Zardaín, con la jubilación de Don Francisco. En sus trece años en tierras vaqueiras contó con la ayuda de Don Plácido, capellán castrense retirado, natural de Naraval. En 2013 es destinado al centro de Asturias como capellán del Hospital Universitario Central de Asturias y párroco de las parroquias del concejo de Las Regueras. Han sido nueve años de entrega generosa en este concejo reguerano, a pesar de afrontar serios períodos con problemas de salud. Su nuevo destino en la Basílica - Santuario del Sagrado Corazón le permitirá llevar una vida más sosegada sin coche, agendas y otros quebraderos de cabeza.

También Don José Manuel Fueyo Méndez, dejará de ser párroco de San Miguel de Tazones, San Félix de Oles, San Mamés de Argüero, Santos Justo y Pastor de Sariego, San Andrés de Bedriñana, San Martín del Mar, San Juan de Castiello de la Marina, Santa Cecilia de Careñes, San Pedro de Villaverde y Santa María de Arroes, para pasar a ser vicario parroquial en la nueva Unidad Pastoral de San Nicolás del Coto, San Andrés de Ceares y El Buen Pastor de Gijón. Don José Manuel es natural de Trelles (Coaña). Formado en el Seminario Metropolitano de Oviedo, tras ser ordenado diácono fue destinado como adscrito a la parroquia de San Román de Villa (Piloña); se ordena sacerdote en 1983. Su primer destino fue como Ecónomo de San Martín de Villagrufe, San José de Bustantigo y Santa Coloma de Allande. Pasó después a tierras de Tineo como párroco de Santa María de Soto de la Barca, Santa María de Genestaza, San Pedro de Merillés, San Juan de Santianes, San Lázaro de Silva y Santa María de Tuña. Su tercer destino será en Avilés como párroco de San Agustín del Polígono. Será su cuarto destino en Oviedo como párroco de Nuestra Señora de Covadonga, en el barrio de Teatinos. El quinto destino Cangas de Onís, que compatibilizó el primer año con la atención de San Pedro de Dego, San Juan de Parres, San Pedro de Villanueva, Santa María de San Juan de Beleño, San Lorenzo de Abiegos, San Esteban de Carangas, Santa María de las Nieves de Cazo, Santa María de Sebarga, San Pedro de Sobrefoz, Santa María de Taranes. Al año siguiente se le liberó de Beleño, Abiegos, Carangas, Cazo, Sebarga, Sobrefoz y Taranes, quedando con Cangas, Dego, Villanueva y San Juan de Parres. Su sexto destino será la mariña maliaya, como párroco de las diez feligresías antes citadas que conforman la Unidad Pastoral de esa franja en el concejo de Villaviciosa.

En Oviedo toca despedir a D. Stepan Uhryn, sacerdote ucraniano que ha atendido a los cristianos de rito greco católico, al tiempo que ejerció de vicario parroquial en la Unidad Pastoral de San Melchor de Vallobín y San Antonio de la Florida. Por otro lado, se incorpora un nuevo sacerdote: D. Jesús Alfredo Taborda Giraldo, que viene de la diócesis de Barbastro - Monzón, aunque natural de la diócesis de Santa Rosa de Osos (Colombia). También se estrena en la vida parroquial D. Miguel Elías Alderete Garrido, que es el nuevo Párroco de la Unidad Pastoral de Llaranes.

Este 8 de Septiembre

 

miércoles, 3 de septiembre de 2025

León XIV «En la sed de Cristo podemos reconocer toda nuestra sed»

Ciclo de catequesis - Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza. III. La Pascua de Jesús. 5.
La crucifixión. «Tengo sed» (Jn 19,28)

Queridos hermanos y hermanas,

En el centro del relato de la pasión, en el momento más luminoso y a la vez más oscuro de la vida de Jesús, el Evangelio de Juan nos entrega dos palabras que encierran un misterio inmenso: «Tengo sed» (19,28), e inmediatamente después: «Todo está cumplido» (19,30). Palabras últimas, pero cargadas de toda una vida, que revelan el sentido de toda la existencia del Hijo de Dios. En la cruz, Jesús no aparece como un héroe victorioso, sino como un mendigo de amor. No proclama, no condena, no se defiende. Pide, humildemente, lo que por sí solo no puede darse de ninguna manera.

La sed del Crucificado no es solo la necesidad fisiológica de un cuerpo destrozado. Es también y, sobre todo, la expresión de un deseo profundo: el de amor, de relación, de comunión. Es el grito silencioso de un Dios que, habiendo querido compartir todo de nuestra condición humana, se deja atravesar también por esta sed. Un Dios que no se avergüenza de mendigar un sorbo, porque en ese gesto nos dice que el amor, para ser verdadero, también debe aprender a pedir y no solo a dar.

«Tengo sed», dice Jesús, y de este modo manifiesta su humanidad y también la nuestra. Ninguno de nosotros puede bastarse a sí mismo. Nadie puede salvarse por sí mismo. La vida se «cumple» no cuando somos fuertes, sino cuando aprendemos a recibir. Y precisamente en ese momento, después de haber recibido de manos ajenas una esponja empapada en vinagre, Jesús proclama: «Todo está cumplido». El amor se ha hecho necesitado, y precisamente por eso ha llevado a cabo su obra.

Esta es la paradoja cristiana: Dios salva no haciendo, sino dejándose hacer. No venciendo al mal con la fuerza, sino aceptando hasta el fondo la debilidad del amor. En la cruz, Jesús nos enseña que el ser humano no se realiza en el poder, sino en la apertura confiada a los demás, incluso cuando son hostiles y enemigos. La salvación no está en la autonomía, sino en reconocer con humildad la propia necesidad y saber expresarla libremente.

El cumplimiento de nuestra humanidad en el diseño de Dios no es un acto de fuerza, sino un gesto de confianza. Jesús no salva con un golpe de efecto, sino pidiendo algo que por sí solo no puede darse. Y aquí se abre una puerta a la verdadera esperanza: si incluso el Hijo de Dios ha elegido no bastarse a sí mismo, entonces también su sed —de amor, de sentido, de justicia— no es un signo de fracaso, sino de verdad.

Esta verdad, aparentemente tan simple, es difícil de aceptar. Vivimos en una época que premia la autosuficiencia, la eficiencia, el rendimiento. Sin embargo, el Evangelio nos muestra que la medida de nuestra humanidad no la da lo que podemos conquistar, sino la capacidad de dejarnos amar y, cuando es necesario, también ayudar.

Jesús nos salva mostrándonos que pedir no es indigno, sino liberador. Es el camino para salir de la ocultación del pecado, para volver al espacio de la comunión. Desde el principio, el pecado ha generado vergüenza. Pero el perdón, el verdadero, nace cuando podemos mirar de frente nuestra necesidad y ya no temer ser rechazados.

La sed de Jesús en la cruz es entonces también la nuestra. Es el grito de la humanidad herida que sigue buscando agua viva. Y esta sed no nos aleja de Dios, sino que nos une a Él. Si tenemos el valor de reconocerla, podemos descubrir que también nuestra fragilidad es un puente hacia el cielo. Precisamente en el pedir —no en el poseer— se abre un camino de libertad, porque dejamos de pretender bastarnos a nosotros mismos.

En la fraternidad, en la vida sencilla, en el arte de pedir sin vergüenza y de ofrecer sin cálculo, se esconde una alegría que el mundo no conoce. Una alegría que nos devuelve a la verdad original de nuestro ser: somos criaturas hechas para dar y recibir amor.

Queridos hermanos y hermanas, en la sed de Cristo podemos reconocer toda nuestra sed. Y aprender que no hay nada más humano, nada más divino, que saber decir: necesito. No temamos pedir, sobre todo cuando nos parece que no lo merecemos. No nos avergoncemos de tender la mano. Es precisamente allí, en ese gesto humilde, donde se esconde la salvación.

El Santuario de la Virgen del Acebo se prepara para el Año Santo

(Iglesia de Asturias) El 8 de septiembre, Natividad de la Virgen María, es un día de celebraciones de distintas advocaciones marianas. En nuestra diócesis la fiesta más conocida en ese día es la de la Virgen de Covadonga, pero también se celebra la fiesta de la Virgen del Acebo, donde su santuario, ubicado a 1200 metros de altitud, a 12 km de Cangas del Narcea, tiene una larga historia de devoción entre el pueblo, no solo de los alrededores, sino de poblaciones más lejanas. Pero este próximo 8 de septiembre será diferente. Se cumplen 450 años del milagro, recogido en las crónicas, que se produjo en 1575 y que dio lugar al actual santuario, levantado sobre una humilde capilla que había en aquel momento. Con este motivo, el mismo 8 de septiembre dará comienzo un Año Santo en el santuario y son muchos los preparativos que, con ilusión, se están llevando a cabo para honrar esta devoción a la Virgen del Acebo de manera especial durante los próximos 12 meses.

Para empezar, será el momento en que se descubran al público el resultado de las obras que dieron comienzo hace meses y que, según el párroco de Cangas del Narcea y arcipreste de El Acebo, Juan José Blanco, suponen las reparaciones «más importantes que se han hecho hasta la fecha». Se trata de un templo fuerte y resistente pero los 1200 metros de altitud a los que se encuentra le exponen constantemente a las inclemencias del tiempo, especialmente en invierno. «Es un edificio que ya estaba inaugurado antes del año 1600 y necesitaba una seria intervención», reconoce. Comenzando por el tejado, donde se está llevando a cabo una importante reparación, y continuando por las «fachadas, el saneamiento perimetral, es decir todo lo que lucha contra la humedad y que, en arquitectura, se conoce como la envolvente», explica. Al mismo tiempo, se están recuperando elementos constructivos propios del sitio que se habían ido perdiendo con el tiempo como «un cabildo, que protegía la iglesia y daba cobijo a los peregrinos; las campanas, que no estaban preparadas para sonar y ahora van a adquirir protagonismo además de recuperar su función de llamar y convocar o el muro de la cara norte, que estaba muy deteriorado y que además de arreglarse, va a recuperar la funcionalidad de dar sitios de asiento, donde las personas puedan estar porque es un santuario donde se sube a celebrar, a encontrarse con Dios, con la Virgen, a depositar las acciones de gracias pero también a confraternizar».

La historia del santuario está ligada con la solicitud y la concesión del Año Santo. Tal y como recoge el jesuita Luis Alfonso de Carvallo, antes del actual santuario se levantaba en el mismo sitio una humilde ermita. «Sabemos que era un lugar muy pobre y austero: había que entrar agachado y dentro había una imagen de una Virgen, una cruz de palo y un altar de piedra», explica Juan José Blanco. Tal día como el 8 de septiembre de 1575 un reducido grupo de personas de la villa se dirigió hasta la ermita, en romería, acompañado por el sacerdote, para celebrar allí la eucaristía. Una vez allí, entre ellos se encontraba la joven María de Noceda, protagonista del milagro. La niña tenía una pierna que no podía mover, una «pierna seca», tal y como describen las crónicas. Al finalizar la celebración, sin embargo, aconteció el milagro y quedó restablecida completamente. «Las personas que estaban allí presentes, personajes ilustres además de la villa, pudieron dar fe y levantar acta de se milagro», explica el arcipreste de El Acebo, y desde ese momento hubo una explosión de devoción y de peregrinaciones al lugar. «Si el milagro se fecha en el año 1575, en 1600 la iglesia ya estaba construida», afirma el sacerdote, que añade que, «para hacerse una idea de la importancia que adquirió la devoción a la Virgen del Acebo, baste recordar su cofradía. Una cofradía que se funda en seguida, desaparece, se vuelve a fundar vuelve a desaparecer y ahora está volviéndose a refundar». «En el año 1720, la cofradía aglutinaba a 22.000 personas», explica Blanco. «Y no solo de Cangas del Narcea, sino personas de La Marina, luarca, Navia, Tineo, y hasta de Galicia, León o Madrid». «Este dato –dice– nos da idea del peso devocional de este santuario, con numerosos privilegios del Papa, ya que se vinculó a una archicofradía con sede en la iglesia de Santiago de los Españoles, en la plaza Navona de Roma. Todo esto ha llegado hasta nuestros días con muchísima fuerza. De hecho, desde el 1 de agosto hasta el 12 de octubre, hay celebraciones a diario, con mucha afluencia de fieles. El resto del año, la eucaristía se celebra a las 13,30 h los domingos».

El Obispo emérito de Sigüenza-Guadalajara, Mons. Atilano Rodríguez, será el encargado de inaugurar el Año Santo el próximo 8 de septiembre. «Él es natural de aquí cerca –afirma el párroco de Cangas del Narcea–, de Trascastro concretamente, y cuando se lo pedimos, le hizo mucha ilusión poder estar presente. Junto a él, estarán otros sacerdotes que han pasado por aquí y le tienen mucho cariño al lugar», explica. El siguiente domingo, llamado en la zona «el domingo de atrás, o de las ofrendas, o de los vaqueiros», también será de celebración y participarán grupos folclóricos, acudirán numerosas personas con trajes regionales y se convivirá y compartirá de manera especial también. «En este sentido, queremos agradecer al Ayuntamiento de Cangas el hecho de que se haya involucrado en esta fiesta del domingo de atrás porque ha visto cómo es algo muy representativo e importante para las personas del concejo y también de fuera», reconoce el arcipreste de El Acebo.

Las celebraciones no finalizarán ahí. Está prevista ya una segunda fase de las obras, interviniendo en el interior del templo, y se irán haciendo actividades en el Santuario en función de los tiempos litúrgicos y de la tradición cristiana. Entre otras actividades, también se está trabajando sobre la recuperación del Camino al Acebo, «un camino con mucho peso en la tradición vaqueira», explica Juan José Blanco, «porque estas son zonas altas de pastizales que ellos utilizaban para mantener a su ganado. Gracias a ello en ellos arraigó especialmente su devoción a este lugar y estamos trabajando junto con otras personas y autoridades en redescubrir, recordar y potenciar este camino».

martes, 2 de septiembre de 2025

Memoria de la Cueva de Covadonga desde hace cuatro siglos y medio hasta hoy (I). Por Francisco José Rozada Martínez

Desde inmemoriales tiempos el Santuario de Covadonga ha sido el punto de referencia y enclave religioso por excelencia para los asturianos de dentro y fuera del Principado de Asturias.

Así continúa siendo, y su memoria se hace más patente cada mes de septiembre, especialmente en torno a la fecha del día 8, el más solemne del año en el Real Sitio; además el Gobierno del Principado estableció esa jornada como Día de Asturias, según una ley del 28 de junio de 1984.

Por los testimonios recogidos sobre cómo era y qué guardaba en su interior el templo de madera que -simultáneamente- era una creación natural, una obra humana y un lugar de gran devoción, puede decirse que esta iglesia primitiva en la que se concentraba todo lo que era Covadonga pudo ser estudiada y conocida gracias a los testimonios documentales que nos aportaron descripciones de notable precisión de su fábrica.

Tomando notas del “Viaje Santo” de Ambrosio de Morales (1572), memorial de Gregorio de Leguimazón (1604), las averiguaciones de Jerónimo de Chiriboga (1613), las “Antigüedades” de Luis Alfonso de Carvallo (1695), el “Patrocinio” de Manuel Madrano (1719) y la anónima “Claríssima explicación” (1755) -entre otros- puede afirmarse que sus relatos nos dejaron notables precisiones sobre este lugar de la Cueva de Covadonga.

Se cumplen ahora exactamente 453 años del viaje que el cronista Ambrosio de Morales hizo por orden del rey Felipe II a los reinos de León, Galicia y Principado de Asturias para reconocer reliquias, sepulcros reales, documentos y libros manuscritos de interés.

En ese relato anotó que la imagen de la Virgen la consideraba “de obra nueva y bien hecha, a la que se le tiene gran devoción en septiembre”.

De todos los testimonios antes citados puede comentarse con gran detalle la descripción del templo de madera que se había construido en la cueva, así como los objetos e imágenes que componían esta iglesia rupestre.

Esta vieja construcción estaba diseñada para cerrar por completo el hueco de la cueva, pero como la profundidad de la gruta es muy escasa, se había diseñado un conjunto de vigas encajadas en la peña para que soportasen una estructura volada.

La construcción causaba una sensación de gran fragilidad, por lo que a los peregrinos les daba la sensación que el mecanismo constructivo se sostenía sin apenas apoyos, lo cual provocaba admiración y asombro, no es de extrañar que le conociesen como el “templo del milagro” e -incluso- había quienes llegaban a Covadonga esperando ver un “templo en el aire”, como escribió Madoz.

De ahí a asegurar que podría haber sido una fábrica salida de manos angélicas no faltó nada. Así se hicieron reproducciones en las que aparecen ángeles portando vigas de madera para su construcción, porque -como bien sabemos- la fe mueve montañas.

Lo que sí es cierto es que el interior del rústico templo de madera tenía dos niveles o alturas, con una longitud de unos 19 metros (68 pies) y una altura de 5 metros (18 pies), medidas éstas ya del siglo XVIII, pues las originales del siglo XVI dejan reducidas a la mitad las de su longitud.

La parte superior del templo constaba de presbiterio, sacristía, nave, coro y órgano.

En la sacristía había una ventana en la que se había instalado una polea para poder aprovisionarse de agua de la fuente, en la parte baja exterior de la cueva.

La capilla mayor tenía 3 metros, con un arco labrado en piedra muy antiguo y en el retablo mayor había una imagen de talla de la Virgen “con una estatura de tres cuartas, rostro moreno y serio, y el del Hijo que tiene en sus preciosas manos, muy alegre y blanco”.

El cuerpo de la iglesia se iluminaba por medio de cuatro ventanas y estaba compartimentado por barandillas de madera para favorecer la circulación interior.

Desde la entrada había una pequeña escalera de piedra que daba acceso al templo bajo, el cual tenía tres espacios separados por rejería de madera.

En el primer espacio estaban los supuestos sepulcros de los reyes Pelayo y Alfonso I con sus esposas Gaudiosa y Ermesinda, respectivamente.

Mientras el sepulcro de Pelayo estaba en un hueco en la roca, el de su yerno Alfonso I estaba excavado en la peña.

En este templo bajo se hallaba otra imagen de la Virgen diferente a la del templo alto. Era una imagen sedente de María con el Niño sobre sus rodillas, rodeados de seis ángeles, imagen que unos decían proceder de la Cámara Santa y otros llamaban la Virgen del Sagrario.

El acceso a las dos plantas de este templo de madera se hacía por una escalera de piedra.

Este es el más famoso y reproducido de todos los grabados antiguos de Covadonga, especialmente por mostrar la exacta disposición de su iglesia rupestre hasta que un incendio la destruyó con todo lo que contenía en su interior el viernes, 17 de octubre de 1777. Grabado en cobre, aguafuerte y talla dulce del año 1759, dibujado en seda blanca por Antonio Miranda Cuervo y grabado por Jerónimo Antonio Gil. Recrea a la imagen de la Virgen, al rey Pelayo y a su hijo Favila, ángeles que portan las maderas para fabricar la iglesia, la casa de novenas, el molino, la casa de los músicos, el mesón, la fuente, el huerto del ermitaño, el escudo con las armas del Santuario y del Principado, etc

Hace exactamente 175 años: Monasterio de Nuestra Señora de Covadonga según lo vio el pintor Jenaro Pérez Villaamil el día 8 de septiembre de 1850. El cuadro lo terminó en Madrid en agosto del año siguiente. Se representa la animada procesión que se dirige a celebrar la misa en el campo de la cual fue testigo el pintor. Algunos romeros descienden desde diferentes lugares ayudados de pértigas o garrochas, aunque la mayoría permanecen en sus sitios contemplando la procesión a la que seguirá una misa de campaña. Se puede ver uno tocando la gaita, algunas mujeres se protegen del sol con vistosas sombrillas de colores. Desde la Colegiata de San Fernando descienden por el camino multitud de personas que siguen a los canónigos que llevan la imagen de la Virgen y una cruz. Se puede ver el basamento del templo que había proyectado construir ante la Cueva el arquitecto Ventura Rodríguez. Bien visible está el canapé de piedra que mandó construir el abad Nicolás Antonio Campomanes y Sierra, canapé que después se desmontó por orden del obispo Sanz y Forés y se empotró en el muro de contención. Tras las obras realizadas en el Santuario posteriores a la Guerra Civil este canapé se integró en una fuente exenta que podemos hoy ver en la plaza que está ante la entrada de la Casa de Ejercicios. Pérez Villaarmil supo plasmar la grandiosidad del espacio natural que vio y el sentimiento religioso que tenía sus raíces en un hecho que se consideraba histórico. Ciertamente le dio a todo el lienzo un aire solemnemente festivo. El mismo pintor afirmó después que seguramente algunos pensarían que la recreación del aquel 8 de septiembre de 1850 podía ser fruto de su poética imaginación, pero que él había pintado una realidad que parecía imposible. Toda una combinación de paisaje con un auténtico documento de costumbres.

Desde la Colegiata de San Fernando descienden por el camino multitud de personas que siguen a los canónigos que llevan la imagen de la Virgen y una cruz. Bien visible está el canapé (asiento de piedra con respaldo) que mandó construir el abad Nicolás Antonio Campomanes y Sierra, canapé que después se desmontó por orden del obispo Sanz y Forés y se empotró en el muro de contención. Tras las obras realizadas en el Santuario posteriores a la Guerra Civil este canapé se integró en una fuente exenta que podemos hoy ver en la plaza que está ante la entrada de la Casa de Ejercicios.

Algunas mujeres entre la multitud se protegen del sol con vistosas
 sombrillas de colores aquel 8 de septiembre de 1850.


Pérez Villaamil supo plasmar la grandiosidad del espacio natural que vio y el sentimiento religioso que tenía sus raíces en un hecho que se consideraba histórico. Ciertamente le dio a todo el lienzo un aire solemnemente festivo. El mismo pintor afirmó después que seguramente algunos pensarían que la recreación del aquel 8 de septiembre de 1850 podía ser fruto de su poética imaginación, pero que él había pintado una realidad que parecía imposible. Toda una combinación de paisaje con un auténtico documento de costumbres.


Algunos romeros descienden desde diferentes lugares ayudados de pértigas o garrochas, aunque la mayoría permanecen en sus sitios contemplando la procesión a la que seguirá una misa de campaña.

Se puede ver uno tocando la gaita tal y como el pintor 
lo memorizó hace ahora exactamente 175 años.

Realmente algunos edificios recreados por Jenaro Pérez Villaamil 
parecen evocar tiempos medievales...

El interior de la Cueva según lo recreó el mismo pintor 
Jenaro López Villaamil en ese mismo año 1850.

Fray Jesús. Por Javier Junceda

(Lne) No fue el olor fétido de los leprosos, cuidados amorosamente por los franciscanos, lo que más movió a Jesús Sanz Montes a tomar los hábitos, que también. Fue el hondo dolor al comprobar que a los familiares de esos enfermos solo les interesaban sus pobres pagas. En un lazareto de La Alcarria decidió un buen día que su destino vital era el que luego ha sido. Dejó para serlo una situación acomodada, con trabajo en un gran banco, novia incluida, en el pijo barrio de Salamanca, para entregarse a los que más lo necesitaban. En Cantabria había barruntado siendo niño ese profundo sentimiento religioso, en unas convivencias veraniegas en las que soñaba ser como los buenos jóvenes seminaristas que les atendían. La prematura muerte de su querida madre le impactó, y desde entonces tuvo aún más claro que su vocación iría más allá de lo físico.

Nadie le tiene que explicar a Fray Jesús lo que es el sufrimiento. Sabe bien lo que significa. Y es de los que no tiene en su bolsillo una calculadora para ver lo que puede o no decir. Es consciente, como responsable episcopal europeo del asunto cultural, que esto va de enfrentar con la verdad cristiana lo que corresponde. Sanz sigue a su maestro, el primado Marcelo González Martín, al llamar al pan, pan y al vino vino, y presumo que le da más o menos igual lo que la gente pueda pensar sobre lo que sostiene, aunque la crítica le agrade poco cuando falta al respeto.

Le he dicho a don Jesús que al César lo que es del César. Y me ha contestado que a Dios lo que es de Dios. Considera que hemos de introducir en nuestra vida pública las enseñanzas del Nazareno. Y en eso está. Entiende que resulta necesario dar la batalla al que viene a imponer sus criterios, y no deja de tener razón. Su arrojo suena al de su hermano en la fe Maximiliano Kolbe, pero tiene también tintes colchoneros, el equipo de su corazón madrileño.

Sanz no suelta lo primero que se le pasa por la cabeza. Es persona leída, estudiada y viajada. Por eso no suele pensar dos veces lo que va a decir para no decir nada. Sus intervenciones suenan a polémica porque su contenido trasciende esa totalitaria cultura de la cancelación en la que llevamos tiempo metidos, que solo admite una manera de ver las cosas. El señor arzobispo no milita en más formación que en la que lleva perteneciendo desde sus años de seminarista en Toledo. Su trayectoria desde entonces no conoce colores o banderías diferentes, porque su ideología es la del evangelio, del que no se despega. Insiste en ser coherente con él, caiga quien caiga. Y es profundo en sus convicciones, de ahí que sea tarea inútil hacerle comulgar con ruedas de molino.

Animo a quien no conozca a Fray Jesús a tratarlo. Un encuentro con él, por breve que sea, despeja cualquier prejuicio. Y permite descubrir a alguien que no es el tibio del Apocalipsis, sino una personalidad con corazón y cabeza, que tiene claro el camino a seguir y no se pierde por las curvas. Un corajudo empeñado en llamar a las cosas por su nombre, guste o disguste, porque aquí ha venido a lo que ha venido y presumo que así será hasta el final.