lunes, 3 de marzo de 2025

Beata Juana de la Cruz. Por Monseñor Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo emérito de Toledo


Por fin llegó la noticia: “Hoy es un día grande para el convento de Cubas de la Sagra, para las diócesis de Getafe y de Toledo y para la Orden Franciscana” ha manifestado Inocente García de Andrés, vicepostulador de la Causa de la “Santa Juana”.

En efecto, el Papa Francisco ha aprobado el 25 de noviembre 2024 la promulgación del decreto de confirmación de culto inmemorial, declarándola beata, de la Sierva de Dios “Sor Juana de la Cruz (Juana Vázquez Gutiérrez) monja terciaria franciscana, conocida como ´la Santa Juana´ de Cubas de la Sagra, parroquia que se encuentra hoy en diócesis de Getafe, tan cercana a La Sagra norte, y que formaba parte de la archidiócesis de Toledo hasta hace 120 años aproximadamente.

La parroquia de san Andrés de Cubas de la Sagra fue mi primera misión como “cura ecónomo”. Allí llegué el 19 de junio de 1972, una vez ordenado presbítero. Necesariamente muy pronto supe de la existencia del monasterio de Santa María de la Cruz, y de la existencia de las monjas de “Santa Juana”. La explicación era sencilla, además: para las Hermanas Clarisas yo me había convertido en el “padre párroco”, junto al “padre capellán”, el cura de Casarrubuelos, a la sazón don Javier Martínez Fernández, hoy arzobispo emérito de Granada. Ambos fuimos ordenados el 3 de abril de ese 1972 y amigos desde que nos conocimos en el Seminario de Madrid en 1960.

Enseguida bajé al Monasterio situado en un pequeño valle al sur de Cubas, en “La pradera”. Las Hermanas hacía poco tiempo que habían pasado de la Tercera Orden Franciscana a la Segunda, esto es, a convertirse en Hermanas Pobres de Santa Clara. El panorama de las humildes construcciones no parecía hablar a primera vista de una historia singular de las Hermanas que allí dedicaban su vida a la oración por la Iglesia y el mundo. La estupidez de la Guerra Civil hizo desaparecer el antiguo monasterio, bombardeado y reducido entonces a una iglesita pequeña con el coro de las monjas y un edificio unido, monasterio reducido y con buenas humedades. Gracias a Dios, la reconstrucción del monasterio con nueva iglesia y convento ha vuelto a dar esplendor a este lugar santo.

Pero retornemos a la “la Santa Juana”. Desde el año 1449 están documentadas apariciones de la Virgen María a una pastorcilla de nombre Inés Martínez de 12 años, natural de Cubas. Según la propia descripción de la niña, de la que se levantó acta oficial esos mismos días, la Virgen Santa María era “una Señora muy hermosa, cuyo rostro resplandecía y vestía paños de oro”.

El libro antiguo de Las apariciones, que leíamos en los días de la Novena preparatoria a la fiesta del 9 de marzo, “la Feria Grande”, celebrada con gran alegría, nos hablaba de aquellas apariciones, que fueron 6, a lo largo de 17 días. Tuvieron lugar, siempre en el campo, mientras Inés se ocupaba de los cerdos, como digo, al sur de pueblo. A la Virgen María la veía exclusivamente Inés, y solo otra vez la oyó otra niña.

Construida una iglesia en 1450, se llamó al lugar “Santa María de la Cruz”. Nos contaban las Hermanas con su candor que “la Virgen tomó esa gran cruz y la fijó en el suelo a gran profundidad”. Madre Mercedes, abadesa entonces, afirmaba, pues, con fuerza: “Este monasterio no desaparecerá ya que lo fundó la Virgen”. Después de la iglesia, en 1464, llegaría la construcción del “beaterio” para vivir en comunidad y oración, Inés junto con otras mujeres. Posteriormente, dejaron el lugar, viendo que no era esa su vocación.

A este “beaterio” de Cubas de la Sagra llegó con 15 años Juana Vázquez Gutiérrez, la “Santa Juana”, que se convertiría más tarde en la Madre (abadesa) Santa Juana (1481-1534).

La recién llegada, pues, fue poco después una monja de la Tercera Orden Franciscana. Era natural de Azaña (Toledo), pueblo al que por otro capricho de la guerra civil le fue cambiado su nombre por Numancia de la Sagra, cuya parroquia visité unos treinta y cinco años más tarde, en varias ocasiones, como arzobispo de Toledo. Tomó los hábitos adoptando el nombre de sor Juana de la Cruz, en ese beaterio de Santa María de la Cruz de Cubas. Hizo profesión de religiosa el 3 de mayo de 1497 y falleció en él con fama de santidad, tras haberlo convertido en monasterio, el mismo día de mayo de 1534. Ese es el arco de tiempo en que vivó esta mujer extraordinaria, que me decían siempre las Hermanas Clarisas: “El pueblo la hizo santa”. Esa es la realidad que hoy vivimos con el decreto de confirmación de culto inmemorial del Papa Francisco (25 de noviembre de 2024).

Estamos en una época apasionante de la historia de España: reinado de los Reyes Católicos, toma de Granada y descubrimiento de América, hasta bien entrado el tiempo del emperador Carlos V; es la época que conoció la enorme tarea del cardenal Cisneros, en plena reforma franciscana, apoyada y favorecida por la gran Reina Católica.

La Madre Santa Juana fue una mujer inteligente, mística y que recibió el carisma de la predicación y el don de lenguas, siendo autodidacta, llegando a alcanzar tal fama con sus sermones a las Hermanas y a tantos, que acudieron a Cubas a oírla predicar: entra los que se contaron el emperador Carlos y el mismo cardenal Cisneros, que en 1510 la nombró párroco de Cubas, pues tanto contribuyó a la formación de los fieles de su parroquia de san Andrés de Cubas y sus alrededores, tal vez porque las circunstancias de falta de rigor en época de “iluminados”, la sabiduría de la Santa Juana afrontaba con éxito los engaños de aquellos falsos místicos. Se sabe, sin embargo, que el cardenal Cisneros “la protege y se declara garante de sus éxtasis”.

Elegida abadesa en 1509, predicaba sus sermones en éxtasis y “como muerta”, y los transmitía otra monja que le hacía de secretaria, sor María Evangelista, quien había aprendido milagrosamente a leer y escribir para copiar el dictado los 72 sermones de la Beata, reunidos en el Libro del Conorte (por conforte o confortar), manuscrito redactado a partir de 1509 y conservado en la Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial. A sor María Evangelista se atribuye también la primera biografía dedicada a la nueva Beata, que debió ser escrita al menos en parte aún en vida o al poco de su muerte y con testimonios directos e incluso dictados por ella misma: Vida y fin de la bienaventurada virgen Sancta Juan de la Cruz, conservada igualmente manuscrita en El Escorial.

Su persona, su santidad y su obra como abadesa singular llevó a Tirso de Molina a estrenar entre 1613 y 1614 la trilogía La Santa Juana. 1614, recuerden, fue el año de la muerte en Toledo de Domenicos Theocopulis, El Greco. El interés literario por su figura, del que participaron Alonso Jerónimo de Salas y Francisco Bernardo de Quirós, además de Lope de Vega que le dedicó un soneto, se vio favorecido, sin duda, por algunos episodios novelescos de su biografía, como la huida de su casa y presentación en el beaterio aún adolescente y vestida con ropas masculinas por evitar el matrimonio que le tenía concertado su padre, suceso que le hace decir a Tirso: “En Azaña me dio el ser Dios: hazañas he de hacer”.

Quiero finalizar esta reseña agradeciendo profundamente el trabajo, el tesón, la competencia de un “padre capellán” de Santa Juan, párroco de Casarrubuelos, pocos años antes de mi llegada a Cubas de la Sagra. Buen amigo, Inocente García de Andrés, este buen soriano, vicepostulador de la Causa de Canonización de Santa Juana, es buena gente. Su vida, por otro lado, ha estado unida tantas veces a mi persona: por haber recibido nuestra formación juntos en el Seminario Conciliar de Madrid, por tantas veces haber hablado y comentado su trabajo de desentrañar todo lo que llevó consigo el proceso, ahora terminado en Roma. No olvido tampoco su condición de soriano y haber vivido ambos los deseos de que los problemas de la castellana Soria fueran conocidos y apreciados; tantos valores culturales, humanos, en definitiva. El precioso pueblo de Tarancueña, donde nació, parroquia de la diócesis de Osma-Soria, ha servido también para estrechar los vínculos de amistad y cercanía.

Cuando el Papa Francisco, pues, aprobó la beatificación de la Madre Santa Juana, sin necesidad de milagro, el 25 de noviembre de 2024, personalmente felicité efusivamente a don Inocente García de Andrés; pero también a la diócesis de Getafe y a su obispo, a las parroquias de Cubas de la Sagra y Casarrubuelos. No olvidaré, por supuesto, a la Archidiócesis Primada. Dios nos bendiga en esta singular mujer, nacida en el siglo XV y cuya vida transcurre en ese siglo XVI que, a sus grandezas, se une la gran Madre Santa Juana. Laus Deo.

Iniciamos la Santa Cuaresma

domingo, 2 de marzo de 2025

Condición estable del Papa sin ventilación mecánica

La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha emitido esta tarde un nuevo boletín médico sobre la salud del Papa Francisco:

El estado clínico del Santo Padre ha permanecido estable hoy; el Papa no ha precisado ventilación mecánica no invasiva, sino sólo oxigenoterapia de alto flujo; está apirético.

Dada la complejidad del cuadro clínico, el pronóstico sigue siendo reservado.

Esta mañana el Santo Padre ha participado en la Santa Misa, junto a quienes le están cuidando durante estos días de hospitalización, y después ha alternado reposo y oración.

''De lo que rebosa el corazón habla la boca''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Este Domingo que es el VIII del Tiempo Ordinario lo vivimos ya con la mirada puesta en el próximo miércoles cuando iniciemos el recorrido que nos llevará a la Cuaresma y a la Pascua. El tema que nos ocupa en este domingo nos va a venir muy bien para prepararnos en estos días que quedan para adentrarnos en el desierto cuaresmal a hacer examen de conciencia y disponer el corazón a las prácticas penitenciales, como es el tema del juicio. Y es que es algo que nos hace mucho daño, y que tantas veces nos hace llevar en el pecado la penitencia, dado que muchas veces juzgamos con ligereza sin detenernos a pensar en el daño que podemos hacer, y después, cuando también emiten juicios de nosotros nos molestamos profundamente. Esto no es algo únicamente de nuestros días; ya se vivía en los tiempos de Jesús, por eso advierte a los suyos sobre cuál es la actitud correcta ante este pecado que ya era algo que el pueblo judío buscaba erradicar de sus vidas. Lo vemos en la primera lectura, tomada del Libro del Eclesiástico, que debería ser puesto en esos azulejos de dichos y refranes que se colocan en los recibidores de los despachos y las casas: ''Cuando se agita la criba, quedan los desechos; así, cuando la persona habla, se descubren sus defectos''. Los que son de Castilla lo entienden muy bien, pero a los asturianos no nos suena tanto: la criba es cuando el agricultor separa el grano del desecho; aquí lo vemos con les fabes; también necesitan un cribado, una limpieza, para lograr separar el grano de la faba de restos de hojas, tierra, insectos... Seguro que hemos visto a los abuelos en la aldea con una manta lanzar les fabes al aire: ¿para qué? para que lo malo que no suele pesar lo lleve el aire y lo bueno vuelva a la manta y luego lavarlas y dejarlas listas para cocinar. Pues en las personas la criba es parecido: es donde vemos si somos buenos o malos a primera vista, y es también ahí cuando nos aventuramos a hacer juicios gratuitamente. El Eclesiástico nos da más ejemplos: El horno prueba las vasijas del alfarero, El árbol revela su fruto... Nos lo termina resumiendo en una frase: ''No elogies a nadie antes de oírlo hablar, porque ahí es donde se prueba una persona''.

Esto que se nos pone hoy delante es en realidad una continuación de la enseñanza del domingo pasado donde Jesús nos mandaba ''amad a vuestros enemigos''. Pues una muestra de que estamos tratando de querer y perdonar a los que no nos quiere tiene que empezar por mis propias palabras, por lo que de mi boca sale sobre esa persona que me hizo algo y no se lo acabo de perdonar ó, lo que es aún más grave, no me ha hecho nada malo pero como alguien me dijo que era malo yo le he puesto también en mi "lista negra". Imaginad que inventaran una máquina como la que nos decía si teníamos fiebre o no cuando el "covid", y que diga cuando estamos en la cola para la comunión si podemos comulgar o no: ¿Qué diría de mí la máquina? Tal vez: "hoy no puedes comulgar que ayer criticaste a la vecina, a tu hermana, al policía, al cuñado, al cura, al obispo... Pues no necesitamos esa máquina; ya la tenemos, es nuestra conciencia. Nuestra conciencia es como las luces del semáforo que nos debe decir si hay luz verde o roja desde la última confesión, si no he pecado criticando o si he perdonado de corazón. O puede estar también en ámbar: si no he sido perfecto aunque tampoco hablé lo que no debía, ni pequé mucho ni me acordé mucho para bien o mal de los enemigos... Voy a ir comulgar, pero en cuanto pueda esta semana paso por el confesionario. Lo realmente grave sería avanzar con el semáforo de mi conciencia en rojo a sabiendas que he pecado contra mis hermanos, pues cuando así actúo también peco contra Dios, y en ello nos jugamos el cielo... San Pablo nos regala también hoy en su primera epístola a los Corintios la misma idea: ''El aguijón de la muerte es el pecado''. Esto es lo que más daño nos hace: pecar, vivir lejos del Señor, pues al final todas las enfermedades físicas nos llevan a la tumba, pero el pecado es el que nos quita la dicha de que al llegarnos la hora nos coja sin estar preparados, lamentándonos después en la otra vida de no haber sido dignos de merecer el reino eterno. Menos mal que nuestro Dios no es vengativo ni lleva cuentas de nuestro mal, por eso cantamos también con el salmista: ''Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo; proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad''.

En el evangelio de este domingo tomado del capítulo 6 de San Lucas nos pone dos ejemplos, por un lado el de los dos invidentes: ''¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?'' Y el otro del que aprende y el que enseña: ''No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro''. ¿Cuántas veces somos guías ciegos que pretendemos guiar a otros en nuestra misma situación para terminar ambos cayendo al pozo? Por eso Jesús nos enseña: ''No juzguéis no seréis juzgados''. O como en el ejemplo del instructor y el aprendiz; todo discípulo anhela no sólo saber tanto como su maestro, sino llegar algún día a superarle sabiendo más que él. Si bien sabemos que el Señor es compasivo y misericordioso, nuestro anhelo ha de ser tener un corazón cada día más abierto al perdón, a la compasión, a la caridad... Estamos llamados a ser perfectos, como nuestro Padre celestial es perfecto. Y cuando uno es bueno o malo no lo detectamos por el exterior; hay personas que van muy bien vestidas cuyas vidas están vacías y llenas de miserias, y personas que pasan desapercibidas o nos parecen insignificantes, y tras de ellos hay todo un océano de obras buenas. Nosotros somos como los árboles, no los conocemos por el tronco, sino -como nos dice el Señor- por el fruto que dan: ''cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos''. Esto se ve muchas veces cuando muere alguien, y todos coinciden en lo mismo: ''jamás habló mal de nadie''; ''no tenía enemigos''; ''nunca se quejó''; ''lo dio todo a los demás''... He ahí alguien que ha sabido seguir los pasos del Maestro tratando de imitarle. 

A veces escuchamos que a los malos todo les sale bien y a los buenos todo les sale mal; esto no es del todo cierto, puede parecérnoslo ante las injusticias, pero no es así. La prueba del algodón nunca falla, y así también nos lo dice Jesús. El que hace el bien y regala bien a los demás no necesita mucho más, pues ya de su corazón brota espontáneamente el bien. Y las personas que son malas, que viven para criticar, odiar y pensar como fastidiar al prójimo, no necesitan más desgracia, pues el mismo mal les reconcome y destruye. Tenemos que aprender a caminar en esta vida sin comparaciones, sin estar preocupados de sentenciar todo lo que pasa a nuestro alrededor, sin que nos quite el sueño el no poder controlar el universo, o que éste se mueva en el sentido que a mí me gustaría... Mira a la hija del vecino, a que hora la dejan volver a casa, la fama que tiene en el pueblo... ¿has mirado como está la moral de tú casa, seguro que tu hija no hace lo mismo o peor?... Es que la que se sienta en el banco delante del mío en misa va a comulgar y vive en pecado: ¿vives tú acaso en gracia?. Aquí está el jarro de agua fría con el que Jesús quiere despertarnos: ''¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo...¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano''...

 No dejemos de orar por la salud del Santo Padre el Papa Francisco en esta experiencia de la enfermedad y la fragilidad que está experimentando estos días de hospital. Os animo a predisponeros con ilusión a vivir en profundidad esta Cuaresma teniendo muy presente que ''de lo que rebosa el corazón habla la boca''.

Evangelio Domingo VIII del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 39-45

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.

El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca».

Palabra del Señor

sábado, 1 de marzo de 2025

El estado clínico del Papa permanece estable, sin nuevos broncoespasmos

 La Oficina de Prensa de la Santa Sede informa la tarde del 1 de marzo que «el estado clínico del Santo Padre permanece estable. Alternó ventilación mecánica no invasiva con largos periodos de oxigenoterapia de alto flujo, manteniendo siempre una buena respuesta al intercambio gaseoso».

Se ha indicado también que «el Santo Padre está afebril y no presenta leucocitosis. Sus parámetros hemodinámicos se han mantenido siempre estables; ha continuado alimentándose por sí mismo y ha realizado regularmente fisioterapia respiratoria, cooperando activamente. No ha presentado ningún episodio de broncoespasmo. El Santo Padre está siempre vigilante y orientado. Por la tarde ha recibido la Eucaristía y después se ha dedicado a la oración. El pronóstico sigue siendo reservado».

El estado de ánimo del Papa sigue siendo bueno. Hoy ha rezado en la capilla cercana a su habitación durante unos veinte minutos.

A la cabecera de la cama

Procuraban no hacer ruido, pisaban sus andanzas con una extremada delicadeza y hablaban siempre en voz baja. El silencio contenido estaba indicando que algo estaba en vilo, como pendiente de un hilo en el que la vida se balanceaba entre un tiempo y una eternidad. Así se allegaban de tantos modos en aquella habitación las personas más cercanas, hasta llegar a la misma cabecera de la cama. Era complicado comenzar a hablar, pues no se sabía empezar sin sobresalto el tema de conversación. No se trataba de hablar del tiempo, y de cuestiones tremendas o frívolas. Las primeras palabras se decían callando, pronunciándolas con una mirada o una sonrisa. En esa complicidad comunicativa se rompía el hielo con un sencillo saludo lleno de bondadosa verdad.

 Tantos de nosotros nos hemos visto quizás más de una vez en ese escenario tan humano, cuando hemos entrado en una casa o hemos ido a un hospital, para visitar a una persona querida por tantos motivos. Aún dentro de la congoja que nos aprieta el alma, es un gesto hermoso, verdadera obra de misericordia, expresando así el afecto y la gratitud ante ese ser querido por lo mucho que con él tenemos en común.

 Así lo está viviendo en estos días la comunidad cristiana, cuando asistimos desde nuestros lares más próximos o remotos a la enfermedad del Papa Francisco. Le hemos visto luchar con sus dolencias motrices que le impiden caminar yendo de aquí para allá en la sillita de ruedas. Y le hemos visto enmudecer ante la dificultad de respirar cuando se le ahogaban las palabras antes de que pudiera siquiera balbucirlas con normalidad. Su patología se ha transformado en un cuadro clínico severo y reservado del que desconocemos cuál será su desenlace en este tramo de su ancianidad. 

Entonces, además de estar atentos cada día al parte médico que la Oficina de Comunicación de la Santa Sede nos facilita, vamos desgranando nuestras oraciones de muchas maneras pidiendo a Dios la gracia de que nuestro Santo Padre viva esta circunstancia con serenidad acogiendo el mensaje que una enfermedad así a la edad octogenaria que él se gasta le puede estar diciendo en el hondón de su corazón.

 En esta circunstancia cabe pedir eso para él: aprender lo allí se nos enseña, traer a la memoria todo lo vivido con tantos registros dulces o amargos, exitosos o fallidos, todo lo que en nuestra personal biografía se ha ido dando con su luz o su penumbra, sus sonrisas o sus llantos, con sus gracias y pecados. Un momento de enfermedad, máxime cuando ésta es grave, nos dispone para tener esa mirada serena sobre una vida ya escrita e inalterable que contiene páginas hermosas y luminosas, alguna página en blanco quizás, versos acoplados con belleza junto a algún borrón o algunos renglones torcidos en donde Dios ha escrito una historia. Pero el conjunto es nuestro relato, nuestra más personal biografía que será mirada con la misericordia propia de un Padre Dios que nos ama como nadie. 

Junto a la cabecera de la cama, lejos del hospital Gemelli de Roma, esto hacemos los cristianos ante el escenario de tener al Santo Padre gravemente enfermo. Nuestro afecto por él y nuestras oraciones confiadas es lo que expresamos como hijos de quien nos preside en el amor a toda la comunidad cristiana, siendo también un referente moral mundial ante los retos y desafíos que tenemos en este momento incierto de la coyuntura internacional con los conflictos bélicos en curso, las andanadas dictatoriales de algunas gobernanzas basadas en la mentira y la continua conculcación de las libertades y del estado de derecho, ante la situación de tantos pobres que sufren en su propia carne la ambición desalmada de quienes desde la corrupción, la política y las finanzas, no tienen ninguna entraña. En esto también el Papa Francisco es ese referente que en estos momentos reconocemos con agradecimiento. El Señor le ayude y la Santina le proteja.

 + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm 
Arzobispo de Oviedo