lunes, 25 de octubre de 2021

Misa por la fase diocesana del Sínodo en San Salvador

La Catedral de Oviedo celebró ayer una misa por la inauguración de la fase diocesana del Sínodo, convocado por el Papa Francisco para toda la Iglesia. La Comisión Diocesana para el Sínodo y la Delegación Episcopal de Liturgia propuso a todas las parroquias y lugares de culto unirse a esta intención a través de la oración universal y de la oración al Espíritu Santo de este documento. Los trabajos tendrán una duración de tres años, hasta octubre de 2023. La seo ovetense, además, acaba de celebrar los 1.200 años de la consagración del primer altar a San Salvador.

Mons. Sebastián Chico Martínez, nuevo obispo de Jaén

El papa Francisco ha nombrado a Mons. Sebastián Chico Martínez obispo de Jaén. Mons. Chico Martínez es en la actualidad obispo auxiliar de Cartagena. El nombramiento se hace público a las 12.00 horas de hoy, lunes 25 de octubre de 2021, y así lo ha comunicado la Nunciatura Apostólica en España a la Conferencia Episcopal Española. Desde 2016 es obispo de Jaén Mons. Amadeo Rodríguez Magro. 

Mons. Sebastián Chico, obispo auxiliar de Cartagena desde 2019

El obispo electo de Jaén nació en Cehegín (Murcia) el 12 de mayo de 1968. Una vez realizados los estudios de Ingeniería Técnica Industrial en la Universidad Politécnica de Cartagena, ingresó en el seminario, en 1995. Obtuvo el título de Bachiller en Teología en el centro de estudios de San Fulgencio, afiliado a la Pontificia Universidad de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 7 de julio de 2001.

Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Cartagena. En el momento de su nombramiento episcopal era rector del seminario mayor San Fulgencio y del seminario menor San José, cargos que ocupaba desde el año 2011. Desde 2016 era también canónigo numerario de la catedral y miembro del colegio de consultores.

El 20 de febrero de 2019 se hace público su nombramiento como obispo auxiliar de Cartagena. Recibió la ordenación episcopal el 11 de mayo del mismo año. Es, además, desde 2019, vicario general y, desde 2020, obispo delegado para los institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios desde marzo de 2020.

Mons. Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Jaén desde 2016

Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor, Badajoz. Realizó los estudios eclesiásticos en el seminario de dicha ciudad y recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Es licenciado en ciencias de la Educación (Catequética) por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma (1983-1986).

El 3 de julio de 2003 se hace público su nombramiento como obispo de Plasencia y recibe la consagración episcopal el 31 de agosto del mismo año. El 9 de abril de 2016 se hace público su nombramiento como obispo de Jaén y tomó posesión el 28 de mayo.

En la Conferencia Episcopal Española es presidente de la Comisión Episcopal para la evangelización, Catequesis y Catecumenado desde marzo de 2020. Es miembro de la Comisión Permanente. 

domingo, 24 de octubre de 2021

''Cuenta lo que has visto''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Nos encontramos en el domingo XXX del Tiempo Ordinario, un domingo muy especial dentro del mes de octubre, al celebrar también en él la Jornada Mundial de las Misiones: el DOMUND (Domingo Mundial de la Propagación de la Fe). Y es que la Palabra de Dios de este fin de semana tiene mucho que ver con la Campaña Misionera, pues nos habla de un camino que pasa por la ayuda, superar prejuicios y cegueras y tender la mano a quien nos necesita. Todos estamos llamados a ser misioneros, de forma especial dando luz y abriendo los ojos a tantos que nos gritan pidiendo compasión, la mayor parte de las veces desde el silencio. 

La jornada de las misiones va en los genes de nuestro ser cristiano y, especialmente, la exégesis de la Palabra de este domingo quiero iluminarla desde el lema de la Campaña de este año: ''Cuenta lo que has visto y oído''. Transmitir, dar a conocer y testimoniar nuestra fe, nos ayuda a crecer humana y espiritualmente y evita el empobrecimiento y acomodo de nuestra condición de cristianos. El misionero toma su fuerza de la eucaristía y de la lectura orante de la Palabra; se llena de Dios para poder llevarlo a los demás y dar gratis a manos llenas este tesoro recibido igualmente gratuito. Veamos las claves de la misión a la luz de estas lecturas:

El misionero se pone siempre en las manos del Padre. La primera lectura del profeta Jeremías nos presenta su mejor faceta: está gozoso; por eso invita a gritar de alegría. El autor parece dejar atrás el dolor del destierro en Babilonia, y ahora reconoce que hay luz al final del túnel. El secreto ha sido esperar y confiar en el Señor. Lo roto puede volver a unirse, la desesperación puede desaparecer a favor de la esperanza: ¡el Señor todo lo puede! Así se encamina el misionero, alegre y esperanzado pese a la incertidumbre de la misión sabiendo que no va a ciegas, sino que está en las mejores manos posibles. Jeremías dice: ''Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas''... Es decir; aquí caben todos, nadie queda excluido. Dios quiere que todos seamos su pueblo. Y remata el Profeta revelando el sentir del Altísimo: ''Seré un padre para Israel''. El misionero no va con la autoridad de sentirse "Padre", sino con la pequeñez y humildad de saberse hijo del que es verdadero Padre de todos. Sólo sirviendo servimos de algo, sólo siendo discípulos podremos hacer discípulos. 

El misionero hace de su vida un sacrificio. La segunda lectura tomada de la carta de San Pablo a los Hebreos nos habla de la caridad sacerdotal de Cristo, pues como hemos escuchado el sacerdote es elegido ''para ofrecer dones y sacrificios''. Lo que con frecuencia olvidamos es que todos participamos del sacerdocio común que nos ha sido dado en el bautismo, cuando el sacerdote en la unción del óleo nos dijo: ''para que seas sacerdote, profeta y rey''. Todos tenemos el altar más cerca de lo que pensamos, incluso las mujeres; no para un sacerdocio ministerial, sino para desarrollar el sacerdocio bautismal, tal y como lo hacen los misioneros siendo la mayoría laicos y haciendo de su vida una eucaristía permanente, una ofrenda de sí mismos a los demás, y un imitar a Cristo Sacerdote que ofreció como el mayor don su propia vida consumada en el sacrificio del altar de la Cruz.

El misionero abre los ojos a los que no ven. Como en el evangelio de hoy, en el que Jesús iba predicando por las aldeas y al salir de Jericó aparece el ciego Bar-timeo ("el hijo de Timeo"). El evangelista especifica que el invidente estaba ''sentado al borde del camino, pidiendo limosna''. He ahí un desahuciado social al que Cristo devuelve la dignidad, pero en este caso no es Jesús el que se acerca al enfermo, sino el ciego, quien al enterarse que pasaba Jesús le grita pidiéndole compasión y ayuda. El misionero no es un activista de "Ong" ni un postulante de ideologías o filosofías de vida, sino que su misión principal es transmitir el Evangelio tal como la Iglesia quiere y enseña, sin atajos, remiendos o añadidos. A veces puede dar la impresión que las misiones son una especie de campo de trabajo social, pero no; las misiones son campos evangélicos de pastoral: catequéticos, de fe y de presentación y conocimiento de Cristo, particularmente a los que nunca han oído su nombre. Por eso necesitamos curar nuestras cegueras, para poder ayudar a otros a ver de forma especial, para que vean y descubran en nosotros y por nosotros a Jesucristo. El misionero no lleva nada, es pobre y austero, pero lleva con él un tesoro: al mismo Cristo. 

Como escribía el Papa en su mensaje para la jornada misionera de este año: "La amistad con el Señor, verlo curar a los enfermos, comer con los pecadores, alimentar a los hambrientos, acercarse a los excluidos, tocar a los impuros, identificarse con los necesitados, invitar a las bienaventuranzas, enseñar de una manera nueva y llena de autoridad, deja una huella imborrable, capaz de suscitar el asombro, y una alegría expansiva y gratuita que no se puede contener"... Que este gozo de ver cómo cambia la vida de las personas que "ven y reconocen" a Jesucristo nos impulse a ser cada día más misioneros en nuestro entorno. El DOMUND nos invita a levantarnos, soltar mantos o muletas y contarle a todo el mundo "lo que hemos visto y oído". 

Evangelio Domingo XXX del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,46-52):

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»

Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.»

Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.»

Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?»

El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.»

Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Palabra del Señor

sábado, 23 de octubre de 2021

Necrológica

Falleció el religioso dominico P. Bonifacio García Solís O.P.

Bonifacio García y Solís, hijo de José Cruz y Rosaura, nació el 19 de junio de 1945 en Santibáñez de Murias, Asturias.

Hizo los estudios de primaria en su pueblo natal y el bachillerato en el colegio de Ntra. Sra. del Rosario, Arcas Reales, Valladolid donde se graduó en 1962 pasando al noviciado en el convento de Santo Domingo, Ocaña, Toledo.

Habiendo profesado el 15 de agosto de 1963 pasó a estudiar filosofía en el Instituto de San Pedro Mártir, Madrid, donde obtuvo la licencia en filosofía en junio de 1967.

A continuación, comenzó los cursos de teología en el Instituto Santo Tomás, Ávila, en 1967, pasando nuevamente al Instituto San Pedro Mártir de Madrid en 1968, donde obtuvo la licencia en teología el día 23 de septiembre de 1971,

Ordenado sacerdote el 27 de junio de 1971, fue enviado ese mismo año a Roma donde se matriculó en los cursos del doctorado en teología, especialidad moral, en la Academia Alfonsiana agregada a la Universidad del Laterano, donde obtuvo el doctorado en teología con especialidad moral en abril de 1974.

Tras unos meses en Inglaterra aprendiendo inglés, fue asignado a la Universidad de Santo Tomás de Manila en 1975, donde comenzó a enseñar teología moral en la facultad de teología y filosofía. Durante estos años enseñó también en el colegio de enfermería, comercio y escuela de graduados y obtuvo, además, el Master of Arts (Major in Philosophy).

En la Universidad de Santo Tomás, Manila, asumió diversas responsabilidades: capellán del hospital de la Universidad 1975-1976. Vice-Rector del UST Seminario Central 1976-1979; Secretario de las Facultades Eclesiásticas 1977-83; Asistente del Decano del Instituto de Religión 1982-85; Prior de la comunidad de Padres Dominicos en la Universidad 1980-1986; Prior Regional en el Vicariato de la Provincia en Filipinas 1986-1994.

En el capítulo provincial de 1993 fue nombrado Socio del Prior Provincial trasladando su residencia a Hong Kong. En el capítulo provincial de 1997 fue elegido Prior Provincial y sucesivamente en los capítulos provinciales de 2001 y 2005. Concluido su tercer cuatrienio como Provincial fue nombrado Maestro de Novicios 2009-2013. En el capítulo provincial de 2013 le asignaron la responsabilidad de administrador provincial.

Desde la ordenación sacerdotal, a lo largo de su vida apostólica, ha simultaneado la pastoral, con la enseñanza, la formación y el gobierno, mostrando una serie de actitudes que le definen como un religioso dinámico, con gran capacidad de trabajo y creatividad, generoso, con grandes dotes de acogida y disponibilidad.

El P. Bonifacio Solís fue elegido como el 110 Prior Provincial de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario en 1997. La Provincia se enfrentó entonces a un momento crucial en la historia.

A lo largo de la historia de la Provincia, los Priores Provinciales que habían sido reelegidos habían sido muchos y habían dejado una huella en la vida de la Provincia. Entre los que se pueden contar en este grupo de hermanos estaba el P. Bonifacio García Solís. No sólo fue reelegido sino que destaca entre nuestros superiores por haber asumido el cargo de Prior Provincial por tres mandatos consecutivos y tras una pausa de 8 años volvió a servir a la Provincia como su superior mayor por otro periodo de cuatro años.

Tomando el "Documento de 1997" como la visión de trabajo de su liderazgo, el P. Solís y los hermanos elegidos para formar parte de su equipo de liderazgo comenzaron el tedioso proceso de refundación de la Provincia, por un lado recuperando la vocación misionera y por otro fortaleciendo y diversificando nuestra presencia en los "lugares de misión". El P. Solís creía que la prioridad de la provincia era la captación de vocaciones y su adecuada formación como clave de este proceso. Con voluntad de hierro, y su clarividencia, las promovió celosamente y comenzó a permitir que muchos hermanos vieran esta realidad como el signo de esperanza para la Provincia.

Quizás una característica que se pueda recordar en sus tres mandatos Provinciales sería la afluencia de vocaciones no españolas a la antigua provincia "europea", la restauración de la misión china y la presencia en Singapur y la incorporación de los hermanos venezolanos a la Provincia.

Bajo su liderazgo, la Provincia comenzó a buscar formas de realizar la restauración de nuestro ministerio en China. Aunque el proyecto había comenzado antes durante la época del anterior Provincial P. Pedro Luis González, finalmente dio sus frutos a principios del milenio. El P. Solís fue el primer Provincial desde la Guerra del Pacífico en hacer una visita canónica a China cuando visitó nuestro noviciado improvisado en 2004. Al ver la indigencia del lugar y las incertidumbres de la comunidad naciente, se conmovió profundamente y tomó la misión como lago muy personal. Finalmente tuvo el privilegio de recibir los votos de nuestras primeras vocaciones chinas y estableció dos fundaciones en 2004 para comenzar la restauración de nuestra presencia en China. Trabajó incesantemente para ayudar a la misión buscando los permisos necesarios de la Orden y de las autoridades eclesiásticas. El gran éxito del proyecto se debe en gran medida a su prudencia, su celo y su previsión.

Esto se repitió cuando el proyecto de Venezuela que comenzó antes se incorporó a la Provincia. Y la Provincia tuvo que asumir la consolidación de la Orden en Venezuela con la formación de vocaciones. Los hermanos fueron enviados a hacer su formación de posgrado y hoy estos hermanos, a pesar de grandes pruebas y desafíos, ahora están asumiendo importantes puestos de responsabilidad.

Del mismo modo, el proyecto de Myanmar fue aceptado por la Provincia a través de su iniciativa.

Durante su etapa de Provincial, pudo restablecer noviciados y casas de Formación en muchas partes de la provincia. Singapur durante un tiempo fue una casa de formación y formó un grupo de hermanos que ahora están incorporados a nuestros ministerios en la misión. China tuvo su primer noviciado recibiendo vocaciones siguiendo paradigmas de formación diferentes y más creativos.

Al darse cuenta de que el futuro de la Provincia necesitaba un centro de formación más cohesivo para formar hermanos en el estilo de vida y los ideales de la Provincia, restableció el noviciado en Hong Kong para todas las vocaciones asiáticas y, finalmente, la fundación de la Casa de Estudiantes Internacionales en el antiguo enclave portugués de Macao, convirtiendo a la región de Hk-Macao en el alma y el corazón de la Provincia del Santo Rosario.

Las misiones emergentes amalgamaron a la Provincia con una visión renovada de sí misma y de su trabajo en la misión. Muchas veces, en el consejo o durante muchos momentos de diálogo en comunidad, siempre diríamos que estabamos enfrentando tantos problemas, pero él siempre nos decía, nos enfrentamos a muchos problemas sí, pero estos son problemas sobre la vida no sobre la muerte. Estas palabras se habían convertido en nuestro mantra diario para ver el desarrollo de la Provincia y nuestros muchos proyectos apostólicos desde los ojos de la fe.

Terminando su mandato como Provincial, fue nombrado Maestro de Novicios en Hk y fue entonces cuando el noviciado fue transferido oficialmente a Rosaryhill. Durante el segundo mandato del P. Javier González, fue elegido para el Síndico Provincial que actuó con el mismo celo y dedicación de siempre.

A pesar de su mala salud cargada con tantos años de servicio a los hermanos y las marcas del envejecimiento, el P. Solís continuó sirviendo a la Provincia por cuarta vez finalmente pasando el testigo al recién elegido Provincial, el P. Rubén Martínez en el verano de 2021.

Seguramente los logros del P. Solís habran dejado una huella en nuestra larga historia. Pero lo más importante es que su amor fraternal por cada uno de nosotros, su generosidad y su disposición a ayuda a cualquiera que buscaba su consejo. Aunque su legado no se repita, había planteado la medida de un líder y animador para esta Provincia cargado de historia pero vibrante con nuevos proyectos apostólicos, de una provincia con envejecimiento pero también de una provincia con vocaciones prometedoras y jóvenes.

Que su celo y su fervor religioso, su sabiduría sensata y su prudencia nos inspiren a servir a Dios y a la Iglesia con este mismo espíritu; y que interceda por la Provincia que tanto amó.

El funeral será el lunes 25 de octubre en el Convento de Santo Domingo de Oviedo a las 11 de la .m. A continuación, el cuerpo restante será llevado al Convento de Santo Tomás de Ávila donde habrá otra misa a las 17.m. Posteriormente será enterrado en el cementerio de Ávila.

Hoja litúrgica del Domingo XXX del T.O.

 

viernes, 22 de octubre de 2021

D. Pío, el venerable sacerdote que cambió Somió. Por Rodrigo Huerta Migoya

Un amigo me preguntaba este miércoles 22 de septiembre por la mañana si había escuchado algo de D. Pío, le dije que no sabía nada, pero que las últimas noticias que me habían llegado de él eran buenas: había superado un cáncer, y aún la página de la Unidad Pastoral de Tapia y Tol anunciaba las celebraciones que él iba a presidir cada día de las próximas semanas. Por desgracia, minutos más tarde el rumor dejaba de serlo para convertirse en confirmación: D. Pío había fallecido.

Se nos había ido un grandísimo sacerdote que por grande y bueno jamás quiso destacar ni sobresalir en nada. Nacido en la aldea de Rapalcuarto, parroquia de San Andrés de Serantes, en cuyo  occidental concejo de Tapia de Casariego abrió los ojos para este mundo un día de San Blas del año 1928. Antes de cumplir los ocho años ya había dado a conocer que el Señor le llamaba a ser sacerdote. Sin embargo, el estallido de la guerra le impediría ingresar en el Seminario. Su párroco, el celoso D. Marcelino Prieto, al ver lo mucho que le dolía al pequeño Ángel Pío no poder responder cuanto antes a su vocación sacerdotal, le dijo que su seminario empezaría allí mismo. Así la casa rectoral y el templo parroquial se convirtieron en el aula y oratorio de aquel aprendiz de seminarista, el cual empezó a estudiar latín y otras asignaturas introductorias ayudado por su cura, haciendo con el joven Pío en aquellos años de guerra una auténtica preceptoría, tal como otrora se formaba el clero secular al amparo y ejemplo de otros sacerdotes. 

Terminada la guerra pudo ya ingresar de forma oficial en Tapia de Casariego en aquel frío y destartalado Palacio que fue el Seminario Menor de Donlebún. Pasó por Valdediós, Covadonga y finalmente Oviedo. Concluida la licencia de Teología es enviado a Comillas para nuevamente licenciarse en Derecho Canónico. Era una mente privilegiada, y con apenas veintidós años ya había concluido no sólo los estudios exigidos para ser ordenado sino, además, la segunda y singular licencia mencionada. Recibe la ordenación sacerdotal en la iglesia parroquial de Santa Colomba de Barrios de Luna junto a sus compañeros Luis García Pola y José Morán, este último sobrino del obispo ordenante, Monseñor Alonso Muñoyerro (Vicario General Castrense-Arzobispo de “Sión”).

Su primer destino fue Teverga, concejo que quedó marcado a fuego en su corazón. Hablaba con mucha frecuencia de aquel su primer destino en San Salvador de Teverga, pueblo de Alesga; corazón del valle de Valdesampedro, uno de los tres que forman la orografía tevergana junto a los valles de Valdesantibáñez y Valdecarzana. Aquí fue un cura de pueblo muy feliz, lo que siempre quiso ser, pero con la altura de la montaña y a la sombra del Puerto Ventana. Además de San Salvador de Alesga de la que fue Ecónomo, atendía dos parroquias más como encargado: San Justo de Páramo y Santa María de la Focella. Estos tres pueblos conformaban en el medievo el llamado Real Privilegio otorgado por el rey Bermudo III en condición de hidalguía, en el año 1033. Hasta el siglo XIX estos tres pueblos fueron concejo independiente de Teverga con ayuntamiento, cárcel y escudo propio. Edificó aquí especialmente D. Pío el profundo amor del pueblo tevergano hacia la Madre de Dios en su advocación del Cébrano. Cuando había nombramientos en la diócesis lo que más ilusión le hacía era ver quién iba para aquellas tierras, y cuando se encontraba con algún joven sacerdote allí destinado o que como él se había estrenado en Teverga, no podía omitir el cariñoso comentario de que ambos habían empezado en el mejor lugar posible. 

Su segundo destino fue ser cura de su propio pueblo; es decir, sacerdote "pilón", encargado de bautizar a los fieles en la misma pila en la que él  también había recibido las aguas del bautismo. Fueron diez intensos años que vivió con muchísima actividad, de 1951 a 1961. Para un corazón tan abierto a todos como el de D. Pío no supuso dificultad alguna tener que ser profeta en su propia tierra. Fue muy querido y muy lamentada su partida cuando llegó la hora de hacer las maletas para marchar rumbo a Gijón. 

La figura de D. Pío es clave para entender la historia reciente de Somió y de su Parroquia, pero antes hemos de traer a colación los antecedentes previos a su llegada a la antiquísima parroquia de San Julián. Lo cierto es que había muchos problemas en Somió; demasiados, y hacía falta un hombre que llevara paz y devolviera al catolicismo aquella feligresía contaminada del Protestantismo por las corrientes imperantes y responsables que atendieron la Parroquia antes de su llegada y que habían divido por completo a la feligresía. No fue plato agradable lo que le tocó. D. Pío, integró en Somió una realidad muy plural en la que convivían aún los caseríos de gente humilde que vivían del campo y de la agricultura con el Somió de pueblo rural que aún quedaba, y con el "nuevo" el Somió urbanita de chalets y de confort que se iba imponiendo. El cura lo tuvo siempre claro: no iba ser de unos ni de otros, ni iba a utilizar el ambón como alguno de sus predecesores para arengas y exhortaciones ideológicas. Él quería ser de todos y, como San Pablo, se hizo judío para los judíos y gentil con los gentiles con el único deseo de ''ganar algunos para Cristo'' (1 Cor 9,22).

No somos muy conscientes los católicos asturianos de hasta qué punto nuestra Diócesis ha tenido mala fama en el resto de España por la manipulación ideológica de antaño, mal llamada "progresista", la cual ha dado la vuelta al mundo. Siempre que fuera de Asturias alguien sabía de mis orígenes inmediatamente me sacaban este tema: ''qué diócesis tan compleja''; ''los últimos obispos están sufriendo mucho por la situación que encontraron''; ''¿es cierto que el clero de tu diócesis estaba en contra de la beatificación de sus mártires?''... Aún este verano un sacerdote amigo de otra diócesis que se encuentra en Roma, me dijo que por allí se decía en broma que el clero asturiano no era muy "católico" y que hasta del Arciprestazgo de Gijón habían llegado comentarios al respecto. Yo traté de defender a mi Diócesis en la medida que pude, pues generalizar nunca es bueno. Pero posiblemente para nosotros los asturianos y para los que como yo somos de Gijón esto no sea nada nuevo. Hoy gracias a Dios, creo que ya no es para tanto, y, como dice un obispo español: ''hay que dejar que la biología siga su curso''. Por esa propia y dramática realidad natural de aquel clero queda muy poco ya, y los que están son absolutamente irrelevantes en sus arcaicos postulados, conscientes que para muchos otros sacerdotes más jóvenes e incluso seminarias que vienen detrás no sólo no son referente de nada sino, por ende, antitestimonio. 

Con este calado convivió D. Pío con aquel clero que pensaban que iban a "hacer nuevas todas las cosas" y que algunos destruyeron otras tantas bien hechas. Por eso cuando escucho las críticas al clero de mi Gijón del alma, yo digo que no es cierto; Gijón tuvo un clero de muchísima altura: D. José Arenas en San Pedro, D. Julio Rimada en San Lorenzo, D. Segundo de Sierra en San José, D. Eladio Miyar en Santa Cruz de Jove... y D. Pío en Somió. El nivel intelectual y pastoral del Arciprestazgo se devaluó profundamente tras esta generación, pasando de ser sus reuniones de sabios teólogos y pastoralistas a meros encuentros sindicalistas de trasnochadas "teologías de liberación" como lo son ya sus protagonistas qué, por otra parte en sus parroquias, eran dictadores que no permitían mover un jarrón o cambiar una bombilla sin su beneplácito. Pero tampoco todos los sacerdotes de la capital de la Costa Verde participaron de esta línea, y fue precisamente en esas otras comunidades cristianas donde han florecido vocaciones, fieles y apostolado, mientras aquellas "revolucionarias" languidecieron en un discurso aburrido y cansino.

Algunos tenían a D. Pío por un cura burgués amigo de ricos: ¡qué gran desconocimiento y mentira! Somió es una parroquia pobre, pues aunque sea la jurisdicción parroquial con más chalets y villas hacendosas, o con más apellidos compuestos y de rancio abolengo por metro cuadrado,  condecoraciones y reconocimientos nobiliarios, ya sabemos lo que dijo el Señor sobre los ricos (también de los "nuevos ricos"): será a los que más les cueste entrar en su Reino... Es curioso que con la cantidad de posibles y pudientes en la Parroquia, D. Pío jamás perdió su tiempo en tratar de hacer dinero; es más, tras su marcha el único reproche que se le pudo hacer fue éste, que tenía que haber exigido más colaboración económica a los que más y mejor podían, pero en esa Parroquia también había muchos ricos de última hora sin fe, con discurso progresista y hacienda y cuenta capitalista.

D. Pío fue el pobre más pobre de Somió; en aquella casona rectoral vivió más de medio siglo sin hacer una reforma, cambiar una ventana o pintar una pared. Vivía una austeridad espartana, hasta el punto que algunos opinaban que se conservaba tan bien por el frío que hacía en aquella casa. Le cuidó con mimo su hermana, afamada cocinera. En su tiempo todos los seminaristas querían ir a Somió por lo mucho que ella mimaba con sus guisos y postres de gastronomía occidental a los futuros sacerdotes.

Aún recuerdo la primera vez que hablé con él, yo era apenas un adolescente y no olvidaré que era un 28 de julio. D. Pío estaba en la capilla del Santísimo rezando, cuando terminó entró en la sacristía y comentó: ''que despistado soy, por la mañana no recordé que hoy era San Melchor de Quirós y recé lo de "feria", pero bueno, ya lo remedié...''. Y pensé: este hombre ha vuelto a rezar todo el oficio del común del mártir, seguro. Hacía gala a su nombre, era ciertamente "pío". Persona de apariencia tranquila pero nervioso en su interior. Relajaba sus preocupaciones con ayuda del tabaco que siempre iba en el bolsillo de la sotana. Aún lo estoy viendo en la sacristía, apoyado en la cajonera y fumando con pausa su cigarrillo, como aquel Padre pitillo de la obra de Carlos Arniches. 

La primera vez que planteó la posibilidad de su jubilación a Monseñor Osoro, éste no se la concedió comentándole: "D. Pío, usted no puede marchar de Somió; ¿cómo va volver a su pueblo si ya no conoce a nadie?"... El buen cura aceptó la decisión del Arzobispo, aunque no compartía la afirmación del Prelado. Para D. Pío su pueblo era muy importante, allí nació a la vida y a la fe, y allí recibió la vocación y comenzó su formación sacerdotal. En su pueblo ejerció la cura de almas y en él quería morir sencillamente, siendo lo que siempre fue: "sacerdote".

Finalmente, con mucha paz y ligero de equipaje abandonó Somió en 2012 cuando Monseñor Sanz tuvo a bien aceptar su renuncia a la cura pastoral de la Parroquia. La noticia de su marcha cayó como un jarro de agua fría en aquella porción del concejo de Gijón, pues todos querían que D. Pío se quedara para siempre con ellos.

La despedida fue apoteósica: homenajes, reconocimientos, números escritos y testimonios agradecidos y hasta la concesión de su nombre a un espacio del barrio con la elaboración incluso de un busto en su honor. Aquello a D. Pío no le gustaba nada porque le sobrepasaba, pero con su habitual bondad aceptó todo lo que sus feligreses le organizaron aún no compartiéndolo en absoluto. Él decía que no había hecho nada en Somió más que estar, que no es poco. Así lo manifestó cuando le comunicaron que un lugar de Somió llevaría su nombre, afirmando que «Mi único mérito es haber estado medio siglo en la Parroquia, como el roble de Villamanín, dando sombra al que la quiso».

Pero la mayor lección de D. Pío que muchos sacerdotes deberían de imitar fue su jubilación. Como pastor curtido en años y experiencias siguió el ejemplo de aquellos renombrados curas de antaño que tenían muy claro que cuando un cura se va de una parroquia -como diría otro antiguo cura de Gijón- "carretera y manta". Esto hizo nuestro buen Párroco a pesar de haber estado más de medio siglo en la Parroquia. Cortó toda relación y evitó cualquier tipo injerencia activa o pasiva  para impedir cualquier problema al nuevo párroco, dejándole por completo el camino libre. Jamás se interesó por cómo seguía la vida de la Parroquia o que cambios se habían producido. Él oraba a diario por Somió y sus gentes, pero sin querer saber nada más. En los últimos nueve años hubo muchas familias que quisieron contar con él para bautizos, bodas, funerales y primeras comuniones; D. Pío jamás entró en el juego de desplazar a su sucesor, cumpliendo así a rajatabla su idea de que su tiempo había pasado y ahora había un nuevo párroco al que debían acudir y querer como lo habían hecho con él. Sólo una vez lograron que volviera a pisar Somió por petición unánime desde la Parroquia, siendo invitado a celebrar la Fiesta del Carmen. Costó convencerle, casi hubo que llevarle obligado, pero al final disfrutó celebrando a su querida Virgen del Carmen de Somió.

Después de tantos años D. Pío no quería que la Parroquia quedara condicionada por su persona, por eso a la hora de su marcha no dejó de insistir sobre la importancia de acoger al nuevo párroco, pues como el mismo venerable comentaba: ''Después de tantos años sería un fracaso si la gente solo estuviera unida a mí por ser cómo soy en vez de por lo que hago como sacerdote, que es lo mismo que es estar unidos a Jesucristo''.

Ahora que tanto abundan las situaciones anómalas en la que los párrocos que se jubilan se quedan condicionando el camino a los nuevos "in situ",  o directamente boicotean a estos desde la distancia mediante sus "próximos", destaca el modelo de este gran sacerdote que tras una vida allí gastada supo apartarse y dejar paso a una nueva etapa.

Recuerdo sus ojos claros, su sincera sonrisa y, sobre todo, las manos grandes y rugosas. Aquellas manos gastadas que -en palabras de Pilar Urbano- fueron "nervudas, fuertes, hábiles y expresivas". Manos que habrán sostenido infinidad de veces la pluma estilográfica, que habrán pasado cuenta a cuenta muchos rosarios, que habrán confeccionado día a día -¡tantos años!- el misterio de la Eucaristía... Han sido manos artesanas, laboriosas, hechas para el trabajo esmerado... algo así como las manos de un gran alfarero.

Y esas manos amanecieron frías un día. La noticia corrió como la pólvora por toda Asturias, en especial en Somió donde su nombre no se borrará fácilmente. Estaba previsto que presidiera y predicara la novena a Nuestra Señora del Rosario en su querida iglesia de San Andrés de Serantes, pero el Señor le quiso llamar antes encaminando su alma a la gran liturgia del cielo.

El día en que la Iglesia Universal recordaba al gran San Pío de Pietrelcina, la Parroquia de San Andrés de Serantes despedía a un vecino, a un hombre "pío" donde lo hubiera, qué, para los que le  conocimos, será sin duda un santo de los que pasan a nuestro lado en la vida y nos guían a la vida que no termina. Descanse en Paz, Don Pío.