jueves, 2 de enero de 2014

Necrológica

Ha fallecido el sacerdote diocesano Rvdo. Sr. D. Arturo Castañera Fernández

Nació en la Roda (Tapia de Casariego) el 21 de octubre de 1931

Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano recibiendo
la ordenación sacerdotal el 10 de junio de 1956

Desempeñó los siguientes encargos pastorales:


Ecónomo de San Pedro de Taladriz así como encargado de San Clemente de Ibias,
San Pedro de Alguerdo y San Jorge de Tormaleo - Ibias (1956 - 1957)

Ecónomo de San Miguel de Tazones y San Félix de Oles - Villaviciosa (1957 - 1961)

Párroco de San Pedro de Carcedo - Valdés (1961 - 1974)

Párroco de San Martín de Ayones - Valdés (1961 - 1962)

Ecónomo de Santiago de la Manjoya - Oviedo (1974 - 1999)

Delegado Diocesano de la Mutual del Clero (1975 - 1977)

Rector del Oratorio del Centro Tanatologico de Oviedo (1984 - 1999)

Teniente Arcipreste de Oviedo Sur (1991 - 1994)

En 1999 pasó a la situación de jubilado fijando su residencia en Oviedo

Colabora en la Parroquia de San Francisco de Asís de Oviedo (1999 - 2007)

Por motivos de salud pasó a residir en la Casa Sacerdotal de Oviedo donde falleció este día 2 de enero. El funeral por su eterno descanso se celebrará mañana en la Iglesia Parroquial de Santa María de la Roda, a continuación sus restos mortales recibirán cristiana sepultura en el cementerio parroquial.

D.E.P.

''Las vidas de los justos están en las manos de. Dios'' (Sab 3,1)

Carta semanal del Sr. Arzobispo

 
La paz no caduca si es fraterna
 
Una larga historia humana atestigua un dato que duele en el hondón del alma: la fragilidad de nuestras relaciones, lo fácilmente que se rompen los acuerdos trabados para largo o para siempre, la vulnerabilidad de nuestros mejores sueños que tan pronto se pueden trocar en las peores pesadillas. Todo esto está en el tejido de nuestros anales y calendarios, como un reproche que se nos hace desde la experiencia misma de tantos trechos humanos que hemos recorrido entre las tragedias y las esperanzas.

El Papa Francisco nos dice en su primer mensaje de la Paz, que cada año nos ofrecen los Sucesores de Pedro, que no obstante esto, aún siendo verdad, no podemos arrancar de nosotros mismos un distinto modo de empeñarnos en un mundo distinto. Dice así el comienzo de su mensaje: «El corazón de todo hombre y de toda mujer alberga en su interior el deseo de una vida plena, de la que forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer».

Quizás como en ningún otro momento de la historia tenemos herramientas para acercarnos los unos a los otros dentro de unas comunicaciones que nos permiten saber lo que sucede a los demás aunque estén a miles y miles de kilómetros de distancia. Y tenemos también cauces para acudir con prontitud en su ayuda cuando se precisa un gesto solidario que salga al encuentro de cualquier necesidad. Pero como decía Benedicto XVI, la globalización, nos acerca a los demás, pero no nos hace hermanos. Más aún, podemos llegar a globalizar la más cruel insolidaridad.

Si esta descripción fuera simplemente así y tan sólo pudiésemos levantar acta de nuestra penúltima tragedia sin que podamos hacer nada, sería terrible este modo de tomar conciencia de lo que nos pasa pero condenados al vacío, al absurdo, al más terrible fracaso humano. Pero gracias a Dios, no sabemos resignarnos, no sabemos dejar de so-ñar, no sabemos dejar de esperar que algo nuevo suceda, que algo que está sucediendo ya, llegue a protagonizar alguna vez la gran historia de los hombres.

Y una de esas esperas, uno de esos sucedidos que ya han acontecido aunque tantas veces resulten frágiles y tan frecuentemente se hayan traicionado y herido, es preci-samente la llamada a la fraternidad. Somos hijos de Dios y ahí se fundamenta nuestra fraternidad. Podemos ser malos hijos de Dios y hermanos mejorables, pero no podemos arrancar de nuestro corazón esto a lo que estamos llamados. Es el tema de este mensaje para este primer día del año: que el fundamento y el camino para la paz está en la fra-ternidad. Pero no vale una fraternidad cualquiera. Por eso dice el Papa:

«La fraternidad tiene necesidad de ser descubierta, amada, experimentada, anunciada y testimoniada. Pero sólo el amor dado por Dios nos permite acoger y vivir plenamente la fraternidad. Ésta es la buena noticia que reclama de cada uno de nosotros un paso ade-lante, un ejercicio perenne de empatía, de escucha del sufrimiento y de la esperanza del otro, también del más alejado de mí, poniéndonos en marcha por el camino exigente de aquel amor que se entrega y se gasta gratuitamente por el bien de cada hermano y her-mana. Cristo se dirige al hombre en su integridad y no desea que nadie se pierda. Lo hace sin forzar, sin obligar a nadie a abrirle las puertas de su corazón y de su mente. Así pues, toda actividad debe distinguirse por una actitud de servicio a las personas, espe-cialmente a las más lejanas y desconocidas. El servicio es el alma de esa fraternidad que edifica la paz». Que tengáis un año nuevo lleno de bendición.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

«¿Para qué ir a misa? ¡Si no tengo ganas!»: conozca la respuesta, muy lógica, del padre Loring

«¿Para qué ir a misa? ¡Si no tengo ganas!»: conozca la respuesta, muy lógica, del padre Loring
 
 
(religion en libertad) El jesuita Jorge Loring, que falleció el pasado día de Navidad a los 92 años de edad, se hizo famoso por sus respuestas directas a preguntas directas. A lo largo de su vida vio como se reducía el porcentaje de personas que asistían a Misa los domingos.

En su opinión, tenía más que ver con la ignorancia que con la pereza io la falta de fe.

En su libro "Anécdotas de una vida apostólica" (De Buena Tinta), explica cómo respondía a la pregunta "¿por qué me piden ir a misa, si no tengo ganas?"

Lo reproducimos aquí.

Por qué hay que ir a misa, por Jorge Loring, sj


Es de pena la tremenda ignorancia religiosa que hay sobre el valor de la Santa Misa.

Muchos dicen que no van a Misa porque no sienten nada. Están en un error.

El cristianismo no es cuestión de emociones, sino de valores. Los valores están por encima de las emociones y prescinden de ellas.

Una madre prescinde de si tiene o no ganas de cuidar a su hijo, pues su hijo es para ella un valor.

Quien sabe lo que vale una Misa, prescinde de si tiene ganas o no. Procura no perder ninguna, y va de buena voluntad.

La voluntad no coincide siempre con el tener ganas. Tú vas al dentista voluntariamente, porque comprendes que tie nes que ir; pero puede que no tengas ningunas ganas de ir.

Algunos dicen que no van a Misa porque para ellos eso no tiene sentido. ¿Cómo va a tener sentido si tienen una lamentable ignorancia religiosa?

A nadie puede convencerle lo que no conoce. A quien carece de cultura, tampoco le dice nada un museo. Pero una joya no pierde valor porque haya personas que no saben apreciarla. Hay que saber descubrir el valor que tienen las cosas para poder apreciarlas.

Otros dicen que no van a Misa porque no les apetece, y para ir de mala gana, es preferible no ir.

Si la Misa fuera una diversión, sería lógico ir sólo cuando apetece. Pero las cosas obligatorias hay que hacerlas con ganas y sin ganas.

No todo el mundo va a clase o al trabajo porque le apetece. A veces hay que ir sin ganas, porque tenemos obligación de ir.

Que uno fume o deje de fumar, según las ganas que ten- ga, pase. Pero el ir a trabajar no puede depender detener o no ganas. Lo mismo pasa con la Misa.

El cumplimiento de las obligaciones no se limita a cuando se tienen ganas. Lo sensato es poner buena voluntad en hacer lo que se debe.

(Bajo estas líneas, el padre Loring dando alguna respuesta clara a un joven estudiante)



Muchos cristianos no caen en la cuenta del valor incomparable de la Santa Misa.

En la misión de Torrevieja (Alicante), los misioneros nos alojábamos en un hotel. Yo hablaba en el casino a la juventud mayor de dieciséis años.

Durante la comida nos dijo el padre Pardo:
—Hoy les he dicho a los estudiantes una cosa que les ha hecho impacto.
—¿Qué?
—Hablando del valor de la Misa les he dicho que si a mí me dieran un millón de pesetas para que dejara la Misa, dejaría el millón, no la Misa. ¡Pusieron unas caras de admiración!

Y yo le dije: —¡Magnífica idea!

Yo haría lo mismo. Unos días después al decir yo esto en unas conferencias que estaba dando en Écija, el millón me pareció poco, y dije: diez, cincuenta, cien, mil millones, ni por todo el oro del mundo dejaría yo de decir una sola Misa.

Repartiendo mil millones de pesetas yo podría hacer mucho bien: pues ayudo más a la humanidad diciendo una Misa; pues los mil millones de pesetas tienen un valor finito, y la Santa Misa es de valor infinito.

Cuando sabes lo que vale una Misa, no te importan los sacrificios que tengas que hacer por no perderla.

En una ocasión viajaba yo de Barcelona a Sevilla en el tren expreso que en Barcelona llamaban «el sevillano» y en Sevilla «el catalán».

Salimos de Barcelona a las once de la noche. Se llegaba a Sevilla a las seis de la tarde del día siguiente. Por la mañana la gente del departamento sacaba sus bocadillos para desayunar. Yo con mi libro, sin levantar cabeza.

Llegó el mediodía y la gente volvió a sacar sus bocadillos. Y yo, nada. Al ver la gente que yo no tomaba nada, me ofrecían:
—Padre, ¿quiere un bocadillo?
—No. Muchas gracias.
—Pero si no ha tomado nada desde que salimos de Barcelona.
—Es que al llegar a Sevilla quiero decir Misa.

En aquel tiempo el ayuno eucarístico había que guardarlo desde las doce de la noche anterior. No se podía tomar ni un vaso de agua antes de la Misa. Los del departamento se quedaron admirados. Pero yo prefería no tomar nada y poder decir Misa al llegar.

En Sevilla, mientras llegué a mi casa, me duché y dije Misa, me dieron la nueve de la noche. Entonces desayuné, comí y cené, todo junto. Me sacrifiqué un poco, pero dije Misa que vale mucho más.

Lo que vale una misa lo expresa el padre Royo, O.P., diciendo: «Una sola misa glorifica a Dios más que toda la gloria que le dan todos los santos del cielo, incluida la Santísima Virgen, por toda la eternidad».

Esto parece exageración, pero cuando te lo explica lo comprendes. La gloria que dan los santos y la Virgen es gloria de criatura. La Santísima Virgen es la joya de la humanidad, la perla de la creación, pero criatura. Y en la Santa Misa es Cristo-Dios quien se sacrifica; y esto vale mucho más.

 

Santoral enero

Enero 1 Santa María Madre de Dios, -Solemnidad. Octava de Navidad (Stos. Fulgencio;Telémaco y Odilón.
Enero 2 Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, Obispos y doctores de la Iglesia,-Memoria. (Santo Nombre de Jesús y S.Adelardo)
Enero 3 (Santos Genoveva de París, Virgen, Gordius y Antero)
Enero 4 Santa Isabel Ana Seton -USA,(Beata Angela de Foligno y Santos Rigoberto, Roger y Betty).
Enero 5 San Juan Neuman -USA,(Santos Emiliana,Tarsila, Simeón Estilita y Emiliana)
Enero 6 Epifanía del Señor. -Solemnidad. En muchos lugares se celebra en el domingo que ocurre entre los días 2 y 8 de enero. (S. Melanto)
>>>>> Domingo después del 6 de Enero: Bautismo del Señor
Enero 7 San Raimundo de Peñafort, Presbítero. (Luciano mártir + 312)
Enero 8 (Santos Severino, Abad y Erardo).
Enero 9 (Santos Julián, Basilisa y compañeros mártires, B.Gregorio X, Papa, San Julián y San Eulogio).
Enero 10 Laura Vicuña,(Santos Aldo, Ermitaño, Pedro de Urséolo y Nicanor).
Enero 11 (San Higinio, Papa Mártir, Salvio y Martín de León)
Enero 12 (San Benito Biscop, Abad, Tatiana y Nazario)
Enero 13 San Hilario de Poitiers, Obispo y doctor de la Iglesia, -Memoria Opcional.(S. Gumersindo).
Enero 14 (Beata Verónica de Binasco, Religiosa, Fulgencio y Dacio).
Enero 15 (Santos Efisio, mártir, Pablo, ermitaño y Mauro)
Enero 16 (San Marcelo I, Papa y mártir y Ticiano)
Enero 17 San Antonio Abad -Memoria, (San Mariano)
Enero 18 (Santas Prisca, mártir y Vicenta María).
Enero 19 (Santos Mario, Marta, Audifaz y Abaco, Mártires, y San Canuto)
Enero 20 Santos Fabián y Sebastián, Mártires, -Memoria Opcional, (Santos Fructuoso y Augurio).
Enero 21 Santa Inés, Virgen y Mártir (304), -Memoria, (San Menrado).
Enero 22 San Vicente, Diácono y Mártir, (San Gaudencio).
Enero 23 (Beato Enrique Suso, Religioso y Santos Idelfonso y Agotángelo)
Enero 24 San Francisco de Sales, Obispo, doctor de la Iglesia, fundador de las Visitantinas, -Memoria,(San Babil)
Enero 25 Conversión de San Pablo Apóstol -Fiesta, (San Publio).
Enero 26 Santos Timoteo y Tito, Obispos, -Memoria, (Santa Paula).
Enero 27 Santa Angela de Mérici, Virgen, -Memoria Opcional,(San Avito).
Enero 28 Santo Tomás de Aquino -Memoria (1274), Presbítero, doctor de la Iglesia, (San Tirso).
Enero 29 (Santos Valerio, Obispo y Pedro Nolasco).
Enero 30 (Santos Martina, Mártir, Lesmes y Barsen).
Enero 31 San Juan Bosco, presbítero, -Memoria (San Ciro).

miércoles, 1 de enero de 2014

La reforma de la ley del aborto no cambiará nada

 
 
Han tenido que pasar dos años y un mes para que se conozca el anteproyecto que modificará la ley del aborto aprobada en el 2010 por el gobierno de Rodríguez Zapatero. Desde mi experiencia de más de 10 años atendiendo a mujeres que afrontan un embarazo en una situación complicada, he de afirmar que el anteproyecto presentado por Ruiz-Gallardón es, en la práctica, exactamente igual que la ley del 85 y la ley del 2010. Bajo el contradictorio título de "Ley Orgánica para la Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada", el gobierno presenta una modificación de 21 páginas a la "Ley Aido" que, en esencia, sigue permitiendo el aborto libre aunque se hablen de dos supuestos.

Entre 1985 y el año 2010, más de 1.600.000 mujeres decidieron abortar. De ellas el 96,77% se acogieron al supuesto de "daños físicos y psicológicos para la madre" -conocido como supuesto terapéutico-, que permitía el aborto sin límite de plazos. Igual que con la reforma planteada por el gobierno de Mariano Rajoy, únicamente hacía falta un dictamen emitido con anterioridad al aborto elaborado por un médico de la especialidad correspondiente.

El supuesto más recurrido por el de las embarazadas era el de "daños psíquicos para la madre", para lo que era necesario un informe psiquiátrico. La realidad es que, como han venido denunciando los propios psiquiatras, se falseaba la realidad y, alegando daños para la salud psíquica, en España se abortaba sin problemas y sin importar la semana de gestación. La Ley del 2010 vino a demostrarlo al descender de un 96,77% de mujeres que alegaban riesgo para la salud física y psíquica a un 2.86%, ya que con la última ley hasta las 14 semanas se podía abortar sin acogerse a ningún supuesto y no era necesario alegar, falsamente, estos supuestos daños para la madre.

En este momento el 89,58% de las mujeres que abortan lo hacen sin necesidad de alegar problemas de salud o malformaciones, simplemente haciendo uso del "derecho al aborto". Ahora, con la reforma, volverán a acogerse al supuesto terapéutico con informes que nadie va a controlar. El único cambio significativo es que con este supuesto únicamente se podrá abortar hasta las veintidós semanas de gestación. Rara vez una mujer espera tanto tiempo.

Otros cambios positivos que plantea la reforma -por lo menos en la teoría- es que desaparece el supuesto eugenésico -aunque en la práctica siempre se podrá abortar por malformación alegando daños para la madre-, se contempla llevar a cabo un parto inducido a partir de las 22 semanas y que las menores precisarán de un consentimiento de los padres hasta los 16 y de un "asentimiento" entre los 16 y 18 años.

La realidad es que muchas veces son los padres quienes obligan a las menores a elegir el aborto. Igualmente, es positivo que se hable del derecho a la objeción de conciencia del personal sanitario. Lo que no cambia es la financiación de los centros que practican el aborto. La administración pública seguirá haciéndose cargo y, aunque está prohibida la publicidad de los centros donde se practican los abortos, desde la red de salud pública se seguirán remitiendo a las mujeres a los centros privados en un 96% de los casos.

La reforma planteada marca que deben pasar siete días desde el momento en el que la mujer recibe la información -hasta ahora un sobre con información jurídica que rara vez se llegaba a abrir- y el momento en el que se practica el aborto. Con la ley actual son tres que, como seguro que pasará con la reforma, nunca se cumplen.

Quiero aclarar que en estos 10 años nunca me he encontrado con ninguna mujer que no se sienta obligada a abortar por una u otra razón. La mujer en el aborto es una víctima que queda marcada de por vida. Un alto porcentaje de las mujeres que abortan lo hacen ante la falta de alternativas y, en la mayoría de las ocasiones, por pura desinformación, a lo que hay que sumar la naturalización del aborto con la equiparación de este a un supuesto derecho, derecho que con la nueva Ley desaparece.

Por eso, y tras centenares de atenciones, echo en falta que esta reforma lleve consigo aparejada por un lado una Ley Integral de Apoyo a la Maternidad y por otro una Ley eficaz y sin recortes de apoyo a las madres con hijos dependientes. En España sigue sin poderse adoptar a niños nacidos en el territorio nacional pese a que cada vez son más los españoles que deciden adoptar. Algo falla en nuestro sistema de adopción.

Nos encontramos ante una reforma hecha desde el desconocimiento de la realidad del aborto y que no responde a las necesidades de la mayoría de las mujeres que afrontan un embarazo en situación de dificultad.
Miguel Ángel Maestre Moreno

El papa Francisco celebra la Solemnidad de Santa María Madre de Dios en el primer día del año 2014

 
(Agencias) El Pontífice presidió esta mañana la Eucaristía del primero del año en la Basílica de San Pedro en la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios y en la 47ª Jornada Mundial de la Paz
Una vez concluida la Santa Misa de la Solemnidad de María Madre de Dios, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus desde la ventana de su estudio frente a la Plaza de San Pedro. El Obispo de Roma dirigió sus más cordiales felicitaciones al inicio del nuevo año, son sus deseos de paz y de todo bien. «Deseo, dijo, que es el de la Iglesia y de todo cristiano, y que no está ligado a ese sentido un poco mágico y fatalista de un nuevo ciclo que comienza, porque sabemos que la historia tiene un centro que es Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado, y tiene un fin, el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, de libertad en el amor, con la fuerza del Espíritu Santo»

 

 Homilía completa del Papa 

La primera lectura que hemos escuchado nos propone una vez más las antiguas palabras de bendición que Dios sugirió a Moisés para que las enseñara a Aarón y a sus hijos: «Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26). Es muy significativo escuchar de nuevo esta bendición precisamente al comienzo del nuevo año: ella acompañará nuestro camino durante el tiempo que ahora nos espera. Son palabras de fuerza, de valor, de esperanza. No de una esperanza ilusoria, basada en frágiles promesas humanas; ni tampoco de una esperanza ingenua, que imagina un futuro mejor sólo porque es futuro. Esta esperanza tiene su razón de ser precisamente en la bendición de Dios, una bendición que contiene el mejor de los deseos, el deseo de la Iglesia para todos nosotros, impregnado de la protección amorosa del Señor, de su ayuda providente.
El deseo contenido en esta bendición se ha realizado plenamente en una mujer, María, por haber sido destinada a ser la Madre de Dios, y se ha cumplido en ella antes que en ninguna otra criatura. Madre de Dios. Este es el título principal y esencial de la Virgen María. Es una cualidad, un cometido, que la fe del pueblo cristiano siempre ha experimentado, en su tierna y genuina devoción por nuestra madre celestial.
Recordemos aquel gran momento de la historia de la Iglesia antigua, el Concilio de Éfeso, en el que fue definida con autoridad la divina maternidad de la Virgen. La verdad sobre la divina maternidad de María encontró eco en Roma, donde poco después se construyó la Basílica de Santa María «la Mayor», primer santuario mariano de Roma y de todo occidente, y en el cual se venera la imagen de la Madre de Dios –la Theotokos– con el título de Salus populi romani. Se dice que, durante el Concilio, los habitantes de Éfeso se congregaban a ambos lados de la puerta de la basílica donde se reunían los Obispos, gritando: «¡Madre de Dios!». Los fieles, al pedir que se definiera oficialmente este título mariano, demostraban reconocer ya la divina maternidad. Es la actitud espontánea y sincera de los hijos, que conocen bien a su madre, porque la aman con inmensa ternura.
María está desde siempre presente en el corazón, en la devoción y, sobre todo, en el camino de fe del pueblo cristiano. «La Iglesia… camina en el tiempo… Pero en este camino –deseo destacarlo enseguida– procede recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen María» (JUAN PABLO II, Enc. Redentoris Mater, 2). Nuestro itinerario de fe es igual al de María, y por eso la sentimos particularmente cercana a nosotros. Por lo que respecta a la fe, que es el quicio de la vida cristiana, la Madre de Dios ha compartido nuestra condición, ha debido caminar por los mismos caminos que recorremos nosotros, a veces difíciles y oscuros, ha debido avanzar en «la peregrinación de la fe» (CONC. ECUM. VAT. II, Const. Lumen gentium, 58).
Nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a María desde el momento en que Jesús, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre diciendo: «He ahí a tu madre» (Jn 19,27). Estas palabras tienen un valor de testamento y dan al mundo una Madre. Desde ese momento, la Madre de Dios se ha convertido también en nuestra Madre. En aquella hora en la que la fe de los discípulos se agrietaba por tantas dificultades e incertidumbres, Jesús les confió a aquella que fue la primera en creer, y cuya fe no decaería jamás. Y la «mujer» se convierte en nuestra Madre en el momento en el que pierde al Hijo divino. Y su corazón herido se ensancha para acoger a todos los hombres, buenos y malos, y los ama como los amaba Jesús. La mujer que en las bodas de Caná de Galilea había cooperado con su fe a la manifestación de las maravillas de Dios en el mundo, en el Calvario mantiene encendida la llama de la fe en la resurrección de su Hijo, y la comunica con afecto materno a los demás. María se convierte así en fuente de esperanza y de verdadera alegría.
La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras. De este modo nuestra misión será fecunda, porque está modelada sobre la maternidad de María. A ella confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz; y la invocamos todos juntos: ¡Santa Madre de Dios!

La Parroquia le desea