domingo, 13 de junio de 2021

Como un grano de mostaza. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Nos encontramos en el Domingo XI del tiempo ordinario; atrás hemos dejado la Pascua y todas las solemnidades que en estas semanas del Tiempo Ordinario hemos ido celebrando. Ahora, el año litúrgico acompasará nuestra vida con la predicación del Señor que domingo a domingo nos irá iluminando con una enseñanza nueva y que nos llevará hasta la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.

La Palabra de Dios de este domingo nos habla de siembra y del sembrador. En la primera lectura del profeta Ezequiel se nos presenta una realidad concreta en la historia del pueblo de Israel como fue el destierro en Babilonia. Ante esta situación los israelitas buscaban una solución a su desgracia y algunos empezaban a ver una salida en Egipto. Este pasaje del cogollo del Líbano es la enseñanza de cómo el Señor es capaz de hacer algo nuevo de lo viejo. Cómo puede reconstruir algo bello de unas ruinas siempre que haya corazones que se fíen de su palabra. Una palabra que no defrauda y que ha sido anunciada por los profetas desde antiguo. De algo tan insignificante como un cogollo puede surgir algo tan alto y lozano como un cedro. Y es que el Señor es fiel y mantiene siempre su promesa.

San Pablo por su parte, en su segunda carta a los corintios, nos habla de cómo lo mortal será revestido de inmortalidad. Para los cristianos vivir a partir del espíritu nos ayuda a saborear de alguna forma ya aquí en la tierra nuestra vida futura. Es un texto de una gran carga escatológica, en la que el Apóstol intenta dar a los cristianos de Corinto la explicación de cómo habrá de ser el mañana. No se refiere el autor tanto a la resurrección, sino que se limita principalmente al mero hecho de la muerte. Habla de este paso, que San Pablo ya nos presenta no como final, sino como una transformación. Lo demás vendrá más adelante, cuando Cristo venga a juzgar a vivos y muertos en la parusía.

Y esa mirada hacia el futuro hemos de hacerla en clave de esperanza, a lo que nos llama el evangelio de este domingo. Jesús con cada parábola nos está explicando indirectamente el misterio del Reino, su anuncio y ahondamiento para su merecimiento. Es un reino que a los apóstoles les cuesta entender, pues cuando el Señor lo presenta en clave de futuro pueden dejar volar su imaginación, pero cuando el mismo Cristo dice que comienza aquí y ya está entre nosotros les deja desubicados. Es el sí por Él, con Él y en Él, pero todavía no; nos falta nuestro propio recorrido con el examen de las obras y acciones -fe, esperanza y caridad- para merecer el destino que su promesa y presencia no ha traído ya.

Magistral es también la parábola del grano de mostaza, la cual pone de manifiesto que lo insignificante para nosotros puede ser para Dios relevante y prioritario. Un simple grano de mostaza puede llegar a ser un árbol grande y robusto donde las aves aniden y descansen. Los humildes y sencillos, los que no cuentan, son los más importantes para el Señor para confundir a soberbios y poderosos…

Dejemos abonada nuestra tierra para que en ella crezca la semilla de la fe y robustecida por la enseñanza y la Palabra de Dios produzca el testimonio robusto que sea capaz de acoger y arropar a los que nos necesiten.

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