lunes, 11 de mayo de 2026

Adolfo Mariño, vicario general: «Habrá que cerrar iglesias parroquiales porque no va nadie»

(El Comercio) Adolfo Mariño Gutiérrez (Avilés, 1953) es vicario general de la Diócesis de Oviedo desde 2024 y a la vez párroco de San Tirso. Se ordenó sacerdote en su propia parroquia de nacimiento, Santo Tomás de Sabugo. Desde aquel momento hasta la fecha ha realizado un buen periplo asturiano que comenzó en Pesoz, pasando como coadjutor en San Pedro de los Arcos, San Melchor de Quirós, durante 14 años. De ahí a San José de Gijón. «De todos los sitios salí a regañadientes porque estaba muy bien y de Gijón me sacaron a Covadonga como abad. Y cuando más feliz estaba, también, pues me dice el arzobispo que tengo que venir para Oviedo». Le pidió al arzobispo que, además de vicario general, le diera una pequeña parroquia «y me colocó en San Tirso, donde estoy muy cómodo y, además, al lado del Arzobispado, lo que me hace más fácil el trabajo por la proximidad».

–¿Retos como vicario general?

–El reto es tender puentes.

–¿Con quién?

–Tender puentes con la sociedad civil, con el clero diocesano y con las comunidades parroquiales. Velar por que los planes pastorales se lleven adelante. Animar a todas las comunidades y un reto muy importante es algo que yo siempre he deseado, que es vivir esa fraternidad sacerdotal que nosotros, como sacerdotes, hemos de mantener siempre muy fresca. Después hay retos de tipo de obras y de cosas de estas, pero me parece que lo más importante son las personas.

–¿Cómo se tienden lazos con la comunidad civil teniendo en cuenta que en Asturias se es muy dinamitero con la Iglesia?

–Los asturianos somos grandones de corazón y por ahí se puede entrar en todos los sitios, es decir, con las instituciones públicas civiles uno entra por medio del diálogo, por medio del acercamiento, no se entra por medio de las crispaciones y de las tensiones. Ese no es mi estilo ni es el estilo de la Iglesia.

–¿Echa de menos la vida contemplativa de Covadonga?

–De vida contemplativa nada, se trabaja mucho. Covadonga es el lugar identitario de nuestra diócesis y de nuestra región porque allí confluyen la historia, la naturaleza y la fe. La fe de un pueblo que siempre está mirando a la Santina. Puedo asegurar que desde las 7 de la mañana que me levantaba hasta el atardecer es un no parar.

–Además de vicario general, es párroco de San Tirso. Usted ya redactó una especie de plan director para la iglesia. ¿Qué necesita la parroquia?

–Primero, que los feligreses que vivimos allí, vivamos con autenticidad nuestra fe. Es decir, que los que vivimos en San Tirso nos sintamos familia, nos sintamos comunidad en torno a Jesús de Nazaret; segundo, las piedras, que siempre dan muchos rompederos de cabeza. Hay muchas dificultades por las humedades, por la polilla de unos altares que tenemos preciosos del siglo XVII y XVIII, y las imágenes de la misma época. Tenemos una piedra fundacional de la época de Alfonso II al Casto, que casi todo el mundo ignora, pero que es muy importante. Y hay que darle el lustre, claro. Ahora tenemos que empezar a dar pasos poco a poco y tímidos porque es una parroquia que económicamente no es fuerte. Pero somos 1.200 habitantes que pertenecemos a San Tirso.

–Mucho que mantener.

–En Oviedo hay 53 parroquias, iglesias, sin contar las capillas que tenemos. Hacer frente a todo el patrimonio es muy complicado. Después tenemos ventas de fincas rectorales sin funcionamiento que se van vendiendo poco a poco cuando se puede y como se puede, que no es fácil. No se pueden vender iglesias y capillas, pero sí rectorales. Con el tiempo, pues a lo mejor se tiene que cerrar alguna iglesia parroquial, porque es que no hay nadie, porque no va nadie. Habrá parroquias que habrá que cerrar, aunque de momento no se ha cerrado ninguna.

–¿Por qué?

–Porque no hay gente. Y los sacerdotes están haciendo esfuerzos sobrehumanos para hacer frente a esas unidades parroquiales que a veces las componen muchísimas parroquias. Cuando yo me ordené en 1979 éramos 750 sacerdotes. Hoy, en total, somos entre 250 y 290.

–¿Cómo ha vivido su primera Semana Santa como vicario general en Oviedo?

–La he vivido acompañando todos los pasos y cofradías porque no puedes hablar de una cosa si no la conoces y si no la ves o no la vives.

–¿Y qué ha visto?

–Que las cofradías de Oviedo tienen un pequeño repunte positivo, que van creciendo, pero todavía queda mucho recorrido. Porque el trabajo de una una cofradía no comienza el Domingo de Ramos y termina el Domingo de Pascua. Es que es todo el año. Una cofradía tiene que tener formación cristiana. Durante el año, una cofradía tiene que descubrir que su compromiso es en las parroquias donde están viviendo su fe, sea la que sea. En fin, una cofradía tiene muchas aristas y todas importantes y necesarias. No es salir con un capirote. No es poner un hábito. El mejor hábito es tu vida, tu vida de creyente. Es decir, no son espectáculos, son espacios de fe, son catequesis, catequesis que con esos pasos tan hermosos nos dicen lo que ha sucedido hace dos mil años y lo que sigue sucediendo en este momento en tantos lugares del mundo, porque hay mucha pasión, hay mucha muerte, hay mucha persecución religiosa.

–El año que viene es Jacobeo. ¿Le gustaría realizar algo especial?

–Sí. Desde las unidades pastorales hay que hacerlo. Amén de las peregrinaciones que desde la Vicaría de Cultura y Peregrinaciones la cosa tiene mucho tirón porque sabemos que las peregrinaciones partieron de Alfonso II el Casto y el Salvador.

–La plaza de la Catedral es una plaza muy festiva, con muchas ferias, con mucha música, con mucho lío. ¿Cómo lo encaja?

–Yo lo encajo desde mi vivencia personal. Las fiestas de San Mateo las vivo hasta las cuatro y media de la mañana en pie durante 12 días. Los que vivimos en el entorno de la Catedral, que seremos como 12 o 15 familias, somos los sufridores de la fiesta de San Mateo. A mí me gusta mucho que la gente celebre. Yo soy también fiestero, pero ese no es el sitio, porque está precisamente machacando el lugar más emblemático que tiene Oviedo, que es la Catedral, y su entorno. Hay un espacio hermoso en el Campo San Francisco o algún recinto ferial que se construya como en Andalucía adecuado para estas cosas.

«El Arzobispo no se mete en política, la verdad es incómoda»

–Al arzobispo se le acusa de meterse en política. ¿El arzobispo se mete en política?

–El arzobispo no se mete en política. Como hombre creyente lee la actualidad y la situación de España, del mundo y de nuestra región. Yo he formado siempre parte de la acción católica y en la acción católica hablamos de la lectura creyente de la realidad. Hay que leer los acontecimientos a la luz de la fe y saber responder desde la luz de la fe; eso no es meterse en política, pero la verdad es incómoda.

–Pero no parece lo mismo decir las cosas en una homilía para sus fieles que a través de X.

–Ese es el asunto porque tenemos una mentalidad de que la iglesia tiene que hablar de puertas para adentro y no es así. Si olvidamos en un creyente la muestra pública de su fe, no es el seguimiento de las enseñanzas de Jesús lo que estamos haciendo. El creyente tiene que hablar de lo de dentro y de lo de fuera. Tiene que tener esa presencia pública porque debemos y tenemos que estar presentes en esta sociedad y desde ahí, como Jesús, iluminar las situaciones, siempre con respeto. Hay una frase del Evangelio de San Juan que dice: «la verdad os hará libres», y la verdad con mayúsculas es Jesús; nosotros somos portadores de esa verdad y tenemos que ser fieles a esa verdad. España es un país afortunadamente democrático y es un país donde se respetan las libertades. Pues yo tengo que respetar todas esas libertades, también las de los otros. Pero yo exijo también que respeten mi libertad.

–¿Piensa que les intentan acallar con todo el barullo que se monta cada vez que el arzobispo abre la boca, poco más o menos?

–Sí, pero no van a poder acallarle como no pudieron acallar a Jesús. Se trata de que lo religioso también es lo público, no solamente es lo privado. Pueden estar en desacuerdo, pero no se puede descalificar despiadadamente a las personas.

–La obra de ampliación del Museo de Bellas Artes anda medio parada. ¿Cómo está afectando a San Tirso ya que son vecinos?

–Una de nuestras casas está limitando con las excavaciones que se han hecho y lo que se va a hacer después de ampliación del museo. Como vecinos somos buenos y no tenemos ninguna dificultad, ni unos ni otros. El problema es que en todo el casco histórico hay acequias, hay muros, hay cosas que están excavando los arqueólogos y han visto cosas muy importantes. Y, claro, todo eso necesita un parón, necesita un estudio y necesita una nueva licencia y habrá que revisar los proyectos. Estoy convencido de que no tardando más de un mes o dos meses eso ya se dé de paso también con nuevas licencias o con lo que sea. Es decir, eso se va a llevar adelante.

Madonnelle. Por Guillermo Juan Morado

Mayo es el mes de María. Pero, en realidad, a ella están dedicados todos los días y todos los lugares. En la hermosa ciudad de Roma es imposible transitar por sus vías, al menos por las más cargadas de historia, sin encontrarse con alguna de las llamadas “Madonnelle”. Se trata de hornacinas con la imagen de María colocadas en los ángulos de las calles o adosadas a los muros de los antiguos edificios. Expresan una profunda religiosidad popular “di strada”, en plena calle. Parece que su uso tiene precedentes en la antigua Roma pagana, donde se encomendaba a los “Lares Compitales” – los dioses de los lugares- la protección de los cruces de caminos.

En un tiempo había en Roma miles de “Madonnelle”. En la actualidad se conservan unas quinientas. Pintadas al fresco o al olio, esculpidas sobre mármol o terracota, realizadas en mosaico…, suelen estar rodeadas de exvotos dejados por los fieles; muchos de estos exvotos son pequeños corazones plateados. Hasta comienzos del siglo XX eran los habitantes de los barrios los que se ocupaban de ellas, procurando dejar siempre encendidas candelas y lámparas, que tenían la virtualidad añadida de iluminar las calles por la noche para hacerlas más seguras.

He visto muchas de estas imágenes. Me voy a referir, a modo de ejemplo, a cuatro de ellas que se pueden encontrar en un breve paseo romano. Si uno accede a la “Via de’ Cappelari”, una calle del gremio de los sombrereros, que se sigue reivindicando hoy como “strada d’arte e artigianato”, puede contemplar, al borde de la desembocadura en el célebre “Campo de’Fiori”, una preciosa Madonnella, representación de la Inmaculada. Se trata de una pintura del siglo XVIII de la Virgen, a la que le han añadido dos coronas doradas sobre su cabeza y, sobre el cristal que la protege, varias cadenas con corazoncitos votivos. La pintura está inserta en un marco fastuoso, decorado con ramas, hojas, cintas, lirios, conchas y otras flores en estuco de bajo relieve. Debajo, dentro de una pequeña cartela de mármol, se lee: “Tota pulcra es et macula no est in Te” (“Eres toda bella y no hay mancha en ti”). Siempre hay flores frescas adornando el cuadro.

Algo más adelante, en el cruce entre la “Piazza del Teatro di Pompeo” con la “Via dei Baullari”, de los fabricantes de baúles, hallamos otra Madonnella, a mayor altura del suelo y más discreta. Data de finales del siglo XVIII y es conocida como “Madonna della Pietà”.

Ya en la “Piazza Navona”, el antiguo estadio de Domiciano y uno de los lugares más bellos - si no el que más - de toda Roma, podemos descubrir en el edificio que está situado detrás de la “Fontana de Neptuno”, que representa al dios del mar luchando con un pulpo, un fresco de la Virgen sosteniendo al Niño que bendice el mundo. La imagen está protegida por un cristal y rodeada por un marco barroco de estuco. En el pergamino que se encuentra sobre la imagen se lee: “Advocata nostra”, y en el que está debajo: “Ora pro nobis”.

Y una última parada en el “Vicolo della Pace”- que conduce a la preciosa iglesia de “Santa Maria della Pace” -. Adosada sobre un muro lateral de la impresionante iglesia de “Santa Maria dell’Anima” encontramos un relieve del siglo XIX de la Virgen con el Niño, que fue mandado colocar allí por Luis de Baviera con ocasión de una visita a Roma. A los pies de la escultura reza: “Maria Mater Dei ora pro nobis”.

Juan Pablo II, que era muy devoto de la Virgen y que estaba dotado de una enorme sensibilidad pastoral, se extrañó de que en la Plaza más importante del catolicismo, la de san Pedro, no hubiese ninguna imagen de la Virgen. Hizo colocar, en un lugar bien visible en la fachada del Palacio Apostólico, un mosaico que representa a María como “Mater Ecclesiae”. No podía ser que allí faltase su “Madonnella”.

Publicado en Atlántico Diario 

domingo, 10 de mayo de 2026

"Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Queridos hermanos, en el día de San Juan de Ávila, Patrono del clero español, la liturgia y las lecturas de este VI domingo de Pascua nos preparan directamente para la gran solemnidad de Pentecostés y la Ascensión del Señor. La Palabra de Dios hoy nos invita a pasar de la presencia física de Jesús a su presencia mística y sacramental a través del Espíritu Santo, revelando cómo la Iglesia primitiva expandió sus fronteras gracias a la fuerza del Paráclito. En este Domingo celebra también la Iglesia la Pascua del Enfermo, una jornada que nos invita a mirar el sufrimiento humano con los ojos del Resucitado. En la noche oscura del dolor, de la cama de hospital o del fatídico diagnóstico inesperado, el Espíritu Santo actúa como el Consolador divino. Dios no es indiferente al sufrimiento humano; en Cristo, Él ha padecido primero. Los cristianos siempre hemos cuidado con mimo esta realidad, conscientes de que todo bien que se haga a un enfermo es el rostro visible, las manos y las caricias de ese Dios que cuida y no abandona.

El pasaje de los Hechos de los Apóstoles nos sitúa en un contexto de dispersión. La persecución en Jerusalén, lejos de apagar el fuego de la fe, se convierte en el motor de la misión. Felipe, uno de los siete diáconos, no se recluye en el miedo. Baja a Samaría, una región históricamente enemistada y menospreciada por los judíos, para predicar a Cristo. El Evangelio purifica los prejuicios culturales y nacionales. La Palabra también va acompañada de signos. La multitud escucha unánimemente a Felipe porque sus palabras están respaldadas por hechos concretos: liberaciones y curaciones de paralíticos y lisiados. La teología lucana nos muestra que la salvación de Cristo es integral y restaura tanto el alma como el cuerpo. El texto señala que "la ciudad se llenó de alegría". La presencia del Resucitado transforma los entornos de dolor y división en focos de profunda consolación comunitaria. Esta es la experiencia de la alegría pascual. También el pasaje de los Hechos nos muestra cómo va tomando forma la estructura eclesial y la sacramental. Al enterarse los Apóstoles en Jerusalén, envían a Pedro y a Juan; esto fundamenta la unidad de la Iglesia. Mediante la oración y la imposición de las manos, los samaritanos reciben el Espíritu Santo. Este gesto sacramental complementa el bautismo y constituye el origen del sacramento de la Confirmación.

En la epístola, San Pedro escribe a comunidades cristianas que viven la fe en un ambiente hostil, sufriendo incomprensión y marginación por causa de su fidelidad a Cristo. El punto de partida de la apologética cristiana no es un argumento intelectual, sino la centralidad de Cristo en el templo interior del creyente. No basta con decir que uno es cristiano de palabra, hemos de demostrarlo con nuestros hechos, de forma que glorifiquemos a Cristo también con el corazón. El Apóstol exhorta: "Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere". Estamos ante la apología de la fe. El cristiano no puede vivir una fe ciega o muda; debe ser capaz de explicar de manera inteligente, coherente y madura por qué confía en las promesas de Dios. El texto subraya que esta defensa debe hacerse "con mansedumbre y respeto", manteniendo una conciencia limpia. La verdad no se impone por la fuerza ni por la agresividad verbal. El respeto al interlocutor y la coherencia de vida otorgan la verdadera autoridad al mensaje cristiano; el estilo de nuestro testimonio es fundamental. También aborda el Apóstol el misterio del sufrimiento redentor. Nos recuerda que Cristo murió por nuestros pecados, el justo por los injustos, para conducirnos a Dios. Sufrir por hacer el bien, siguiendo las huellas de Jesús, es una participación directa en su misterio pascual. El dolor físico o moral es iluminado por la certeza de que el Espíritu devuelve la vida.

El evangelio de este domingo tomado del capítulo 14 de San Juan nos habla de la promesa del Paráclito y la comunión de amor en el discurso de la Última Cena. Jesús estaba preparando las mentes y los corazones de sus discípulos para su inminente partida histórica. Y para ello da algunas premisas y claves. En primer lugar, establece una condición clara: el amor se traduce en fidelidad, por eso afirma "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos". En la teología joánica, el amor no es un sentimiento efímero ni una emoción pasajera, es la adhesión libre de la voluntad a la palabra del Maestro. Después les promete rogar al Padre para que envíe "otro Defensor" (el Paráclito), el Espíritu de la verdad. El término Paráclito significa literalmente "aquel que es llamado al lado de uno", el abogado defensor, consolador y guía en tiempos de prueba. Jesús fue el primer defensor; el Espíritu continúa y actualiza de manera invisible su obra salvífica. Y también les advierte de algo: el rechazo del mundo. El mundo no puede recibir al Espíritu porque se cierra a lo trascendente y prefiere la autosuficiencia. El Espíritu de la verdad sólo es perceptible para quien vive en sintonía con la fe. Nuestro mundo está lleno de personas que creen que sus ideas, sus gustos, sus opiniones, sus versiones... son la verdad, pero ya el Señor el domingo pasado nos dejó claro que sólo Él es la verdad. Y por último, Jesús les/nos tranquiliza: ''No os dejaré huérfanos''. Esta es una de las declaraciones más reconfortantes de Jesucristo. Su partida física da paso a una forma de presencia mucho más íntima y universal. Dios establece su morada permanente en el corazón del discípulo fiel. Necesitamos vivir desde la presencia interna del Espíritu: La mayor seguridad del cristiano radica en que jamás camina sólo. En medio de las dificultades familiares, laborales o de salud, la promesa de Cristo sigue vigente: "Yo vivo y vosotros viviréis".

Evangelio Domingo VI de Pascua



Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor

Verdad incómoda. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M.

Ha sido una ventana a la historia reciente de nuestro país. Contada por uno de sus protagonistas en primera línea, donde emergen las luces y sombras de todo un período marcado por el noble deseo de reconciliación entre españoles, superando las trincheras cainitas que nos enfrentaron en una guerra civil siempre fratricida. La altura de miras, la generosidad comedida y la lealtad en el ejercicio de esa forma de caridad social que se llama política, dieron la talla de quienes aportaron su tiempo, sus altos conocimientos y su granada experiencia, amén de sus ilusiones por una nueva forma de gobernanza que superase los extremos irredentos de quien no quiere dialogar con palabras ponderadas, ni sabe consensuar acuerdos por el bien común abriendo la historia de una nueva etapa.

El contrapunto vino siempre por la ambición violenta que en nombre de la raza excluyente que desprecia al otro, de la lengua viperina que aísla culturalmente y empobrece, y un mal entendido amor al terruño de cuya proclama de independencia se vive y se abusa injustamente con violencia.De esto habla en su libro Jaime Mayor Oreja, que hemos presentado estos días en Oviedo, donde emerge el profundo compromiso político con una visión que se anuda con la tradición de los mejores cristianos demócratas que forjaron la nueva Europa y que serán referentes para otro modo de gobernanza. Los nombres de Jean Monnet, Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide De Gasperi aparecen en el panteón terrenal de la política seria capaz de aunar tradiciones, superar banderías y apaciguar barricadas, todos ellos con un trasfondo cristiano desde la Doctrina Social de la Iglesia que nos marca la pauta moral y la convivencia fraterna, capaces de generar cultura, paz y concordia.

Hubo que aprender de los errores tan recientes en el imaginario de las dos guerras europeas segando vidas, destruyendo historias, dinamitando culturas y enfrentando pueblos para acabar en el nihilismo vacío de valores y ahíto de ambiciones que empujarán a las generaciones siguientes a la mediocridad más frívola que se deslizará a esa vulgaridad caprichosa que tan sólo aspira a los célebres tres dioses menores que señalase Thomas Stern Eliot, cuando se expulsa de nuestro paraíso al verdadero Dios: el poder, el dinero y la lujuria. Tres fetiches tan actuales que parecen protagonizar la agenda diaria de noticias y las citas interminables en los tribunales de nuestros días.

Una verdad incómoda, porque en medio del declive moral y cultural contemporáneo, abrazarse a la verdad que nos hace libres, como nos dijo Jesús, supone apostar incómodamente por una verdad que se hace subversiva para los amigos de la muerte que no respetan la vida naciente, creciente y menguante; incómoda para los que controlan la educación como una manipulación de la ciudadanía; para los que destruyen la familia metiéndola en el cajón de-sastre que imponen desde las ideologías más tóxicas y destructivas; para los que cercenan la libertad con leyes liberticidas pretendiendo anular al periodismo independiente de sus consignas sincronizadas y a los jueces y fiscales que no se amilanan ante los que cambian la ley por la trawmpa para encubrir y maquillar la corrupción rampante que dilapida la convivencia en la insolidaridad más timadora y falaz.

Se rompe así la triple herencia que ha forjado la identidad de Europa: el derecho romano, la filosofía griega y la cosmovisión moral cristiana. Con este desmantelamiento que aboca al “relativismo moral” (Benedicto XVI) de una Europa “apóstata de sí misma” (Juan Pablo II), se destruyen los fundamentos cristianos de Europa, dando pie a una cultura amorfa, mediocre, “woke”, con las gobernanzas protagonizadas por políticos amorales, mendaces, corruptos e insaciables. En su libro, Jaime Mayor Oreja presenta esa plataforma cultural cristiana llamada NEOS para recuperar las raíces que han forjado la grandeza de la mejor herencia europea y cristiana.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 9 de mayo de 2026

500 años de la ordenación sacerdotal de San Juan de Ávila

Este año 2026 es especialmente significativo, ya que la Iglesia celebra el 500 aniversario de la ordenación sacerdotal de San Juan de Ávila. Con motivo de este quinto centenario, se han concedido seis meses de Tiempo Jubilar (desde mayo hasta octubre) y se están realizando actos especiales en toda España. Por ejemplo, el relicario que contiene el corazón de San Juan de Ávila, y que visitó nuestra parroquia de Lugones los días 9 y 10 de agosto de 2013 está recorriendo los seminarios de España en estos momentos. 

La Basílica de San Juan de Ávila en Montilla (Córdoba) donde descansan sus restos, es el epicentro de las celebraciones y cultos jubilares. San Juan de Ávila es el Patrón del clero secular español y Doctor de la Iglesia. Su figura es central para los sacerdotes por muchas razones: es un gran referente espiritual y es recordado por su incansable labor de predicación, su enfoque en la santidad sacerdotal y su papel como director espiritual de otros grandes santos.

San Juan de Ávila fue ordenado sacerdote en 1526. Aunque no se conserva un registro exacto del lugar, las investigaciones históricas indican que probablemente recibió las órdenes en Alcalá de Henares, donde acababa de terminar sus estudios de Artes y Teología en dicha Universidad. 

No existe una mención documental específica del obispo que le confirió el sacramento, pero se sabe que ocurrió al finalizar su formación académica en el Colegio de San Ildefonso de Alcalá. Parece que la hipótesis más defendida es que pudo haberle ordenado el Arzobispo de Toledo Don Alfonso de Fonseca y Ulloa, conocido en el episcopologio toledano como "Alonso III". No olvidemos que Alcalá pertenencia entonces a la Archidiócesis Primada, y este Arzobispo fijó su residencia en la localidad Complutense. 

Tras su ordenación, se retiró a una ermita para prepararse espiritualmente. Celebró su primera misa ese mismo año en su pueblo natal: Almodóvar del Campo (Ciudad Real), en memoria de sus padres recién fallecidos. Para esta primera misa, invitó a doce pobres a comer a su mesa y repartió entre los necesitados toda la cuantiosa herencia que había recibido de sus padres.

Su intención original tras ordenarse era partir como misionero a América (Nueva España) con el obispo Julián Garcés. Sin embargo, al llegar a Sevilla para embarcarse, el arzobispo de Sevilla, Alonso Manrique, quedó tan impresionado por su oratoria que le convenció para quedarse a evangelizar Andalucía. Gracias a aquella imposición del Arzobispo hispalense y a la obediencia y generosidad de aquel joven sacerdote manchego, hoy es conocido como el Apóstol de Andalucía. 

Fechas Primeras Comuniones