miércoles, 17 de junio de 2026

León XIV pone a España como ejemplo de acogida al Evangelio y de «unidad en la diversidad»

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy deseo proponer algunas reflexiones sobre el viaje apostólico a España que realicé la semana pasada para visitar Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.

Después del largo viaje a cuatro países africanos, esta vez me he encontrado inmerso en un país europeo de antigua y riquísima tradición católica. Y ha quedado claro que en la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales.

El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitados.

En el caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias “inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia.

En Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo Rosario en la abadía de Montserrat. Hemos celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana. Son desafíos que el Concilio Vaticano II ya había reconocido claramente, y sobre los que ha regresado el Magisterio sucesivo, hasta mi reciente Encíclica Magnifica humanitas, que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

He percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo engañoso. Esta necesidad, que ha encontrado expresión en los numerosos testimonios que he podido escuchar -testimonios unas veces conmovedores, otras edificantes-, la he encontrado también, y sobre todo, en los rostros de los pequeños y de los pobres que he encontrado: del niño que en la parroquia me ha leído su carta; de algunas de las víctimas de abusos que piden ser escuchadas; de los detenidos que me esperaban en la cárcel; de los jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos; de los migrantes en los centros de acogida de las Canarias.

Precisamente allí, en las islas Canarias, última etapa de nuestro itinerario, he encontrado una clave de interpretación general. Me la han ofrecido, por una parte, la misma posición geográfica del archipiélago; y, por otra, la realidad de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados, procedentes sobre todo de África. Sabemos que el fenómeno migratorio es complejo y que requiere planes de acción orgánicos y concertados. Pero esta clave de interpretación abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo. Y uno de estos frutos es precisamente el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador. Este camino no es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino que conduce a la civilización del amor.

Queridos hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la mirada” (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión.

Finalmente, quiero dar las gracias a cuantos han rezado por el éxito de este viaje apostólico, especialmente a las comunidades de monjas contemplativas, que en España, gracias a Dios, son muy numerosas. Sigan rezando para que, mediante la intercesión de la Virgen María, las semillas que he esparcido den frutos abundantes. ¡Gracias!

5 libros para vivir el Mes del Sagrado Corazón: desde una «enciclopedia» sobre Jesús a biografías

(Rel.) Este año el mes de junio viene cargado de novedades bibliográficas referidas al Sagrado Corazón de Jesus.

Cor Iesu, Spes mundi

En primer lugar las Cor Iesu, Spes mundi. Actas del Congreso Internacional sobre el Corazón de Jesús, celebrado en Valladolid en junio de 2025. 760 páginas de denso contenido doctrinal, espiritual e histórico. Publicado por la BAC y editado por Pablo Cervera. Una nueva enciclopedia sobre el Corazón de Jesús.

Mons. Luis Argüello, Arzobispo de Valladolid y Presidente de la Conferencia Episcopal Español abre la obra con un rico prólogo: "El lector tiene en estas páginas solo algo de lo vivido en aquellas jornadas memorables. Efectivamente, el Congreso tiene una dimensión «académica» reflejada en las ponencias y en las mesas redondas, pero tiene mucho más de comunión eclesial en los momentos litúrgicos de oración, de la Eucaristía y del trato entre los más de 400 participantes en este Congreso. De ahí que en este libro, no solo se recojan las ponencias, sino también las predicaciones en los distintos momentos litúrgicos transcritas desde los audios recogidos. Especialmente significativa fue la participación de los congresistas en la Vigilia diocesana de Pentecostés, que celebramos en nuestra Catedral. La presencia, para su veneración, de las reliquias de santa Margarita María de la Alacoque, traídas desde Paray-le-Monial, y del beato Tiburcio Arnáiz nos pusieron en comunión con grandes amigos del Corazón de Jesús".

"Tanto en relación a los ponentes como a los participantes, la variedad de sus lugares de origen, ha sido muy notable: Francia, Puerto Rico, Italia, Chile, Polonia. Nos visitaron congresistas desde Alemania, Argentina, Francia. Grecia, Guatemala, Italia, Líbano, México… Todo ello ha repercutido en la riqueza eclesial de este gran encuentro".

Biografía del Apóstol del Sagrado Corazón

Un joven sacerdote de la Diócesis de Getafe, Álvaro Piñero, nos brinda su segunda obra sobre san Claudio La Colombière.

Esta vez es una biografía del confidente y asesor de santa Margarita María de Alacoque. Hacía falta esta biografía, ágilmente escrita, con investigación en fuentes primarias y salpicada de ricos textos del gran apóstol del Sagrado Corazón.

Su lectura hará las delicias de los que se adentren en ella: San Claudio La Colombiére. Busqué un amigo (BAC, Madrid 2026) 224 pgs.

En el prólogo, D. Ginés García Beltrán, obispo de Getafe dice: «He conocido de cerca a san Claudio La Colombière gracias, precisamente, al autor de esta biografía. Organizó para los sacerdotes jóvenes de mi diócesis de Getafe una peregrinación a Paray-le-Monial y a Ars en la que yo también participé. A decir verdad, no conocía mucho a san Claudio. He quedado prendado de sus escritos, en particular de su famoso Acto de confianza. Puedo decir, ciertamente, que este discreto apóstol de la confianza me ha cautivado. Desde ese momento, las enseñanzas y el ejemplo de este joven santo, que seduce por la sencillez de su vida y la profundidad de su testimonio, me han acompañado en mi vida y en mi ministerio. Diría que en varios momentos me ha salido al encuentro para poner en mi corazón una palabra que me hiciera mirar de un modo diferente».

Para orar en el mes de junio

Mes del corazón de Jesús, de santa Margarita María de Alacoque (Fonte, Burgos 2026) 300 pgs. [Edición preparada por Pablo Cervera Barranco y las Hermanas del Primer Monasterio de la Visitación de Madrid].

«Con gran alegría presentamos al público hispano esta nueva obrita del P. Martin Pradère, que, de modo original, combina elementos de teología espiritual con la presentación histórica de la espiritualidad del Corazón de Cristo.

El mes de junio es, en la espiritualidad católica, un tiempo dedicado todo él, de manera especial, al Sagrado Corazón de Jesús

La encíclica Annum Sacrum de León XIII animó a todo el episcopado católico a promover la devoción de los primeros viernes, estableció junio como el Mes del Sagrado Corazón e incluyó la Oración de consagración al Sagrado Corazón de Jesús.

«Los cristianos católicos reconocen tradicionalmente junio como el mes del Sagrado Corazón de Jesús. Durante este tiempo, recordamos el amor de Cristo por nosotros, que es visible de manera especial en la imagen de su corazón traspasado, y rezamos para que nuestros propios corazones puedan conformarse al suyo, llamándonos a amar y respetar a todo su pueblo» (Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos)

Este mes de junio dedicado al Sagrado Corazón, que recoge textos selectos de la santa de Paray, ayudará a adentrarnos en la vida espiritual que abrió el Corazón de Jesús a su «heredera».

Breve historia de la espiritualidad del Corazón de Cristo


Las tres llamadas del Corazón de Jesús. Seguir a Jesús tras las huellas de San Juan, de MARTIN PRADÈRE, (Fonte, Burgos 2026). [Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco].

Martin Pradère es sacerdote de la Comunidad del Emmanuel. Ha publicado diversos libros de espiritualidad, misionología y evangelización. Monte Carmelo ha publicado El Corazón de Cristo en la vida de la Iglesia.

Efectivamente, los cuatro capítulos en torno a las figuras del apóstol san Juan, santa Margarita María de Alacoque, san Claudio La Colombière y Francia desarrollan, de modo histórico, esta espiritualidad, pero el autor añade una característica que proyecta en cada uno de ellos un triple momento de adhesión a Cristo que llama las tres llamadas: la primera adhesión, la segunda conversión y la fusión o transformación con el Corazón de Cristo. Además, de modo original, el autor vincula esta última etapa con elementos de apertura a la fraternidad. En ello sigue las obras eclesiológicas del teólogo jesuita francés Dujarier. Con ello no cabría la pura dimensión individual de la adhesión a Cristo sin la apertura comunitaria».

Dilexit Nos, del Papa Francisco

Con prólogo de Pablo Cervera Barranco, siempre será buena ocasión para leer, releer y profundizar la encíclica Dilexit Nos que nos dejó como «testamento» el Papa Francisco sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo.

martes, 16 de junio de 2026

«San Pedro Poveda y los mártires del siglo XX». Jornadas XC aniversario 1936-2026 en Covadonga

(Iglesia de Asturias) «San Pedro Poveda y los mártires del siglo XX» es el título de las Jornadas que se van a desarrollar en el Santuario de Covadonga los próximos días del 26 al 28 de agosto. Están dirigidas por el Obispo Auxiliar de Madrid, Mons. Juan Antonio Martínez Camino y se han organizado con motivo del 90 aniversario de los Mártires del siglo XX en España. Al encabezar San Pedro Poveda el grupo de todos ellos y ya que fue canónigo en Covadonga, se ha elegido el Santuario como sede de esta cita de tres días de duración.

El encuentro, que se desarrollará en el Salón de Actos del Museo de Covadonga, comenzará el miércoles y contará con la charla de Carmen Aparicio Valls, de la Universidad Gregoriana de Roma, sobre «San Pedro Poveda, una vida para Cristo». A continuación tendrá lugar la Santa Misa y ofrenda floral ante la imagen de san Pedro Poveda, presidida por el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes.

El jueves 27 de agosto la jornada los participantes podrán asistir a la conferencia de Armando Pego Puigbó, de la Universidad Ramón Lull (Barcelona), sobre «Pedro Poveda, en Covadonga: el secreto espiritual de sus proyectos pedagógicos». A continuación tendrá lugar «La espiritualidad martirial de san Pedro Poveda», por Mons. Juan Antonio Martínez Camino, Obispo Auxiliar de Madrid y por la tarde será el turno de Mª Victoria Hernández Rodríguez, postuladora romana, quien hablará sobre «Espiritualidad martirial en España, antes y después de la gran prueba». La última conferencia del día correrá a cargo de Jaime López Peñalba, de la Universidad San Dámaso de Madrid, con el título «El espíritu de los mártires del siglo XX en España».

Al día siguiente la primera conferencia del día será pronunciada por Didier France, ExDirector de AIN Francia, Comisión Nuevos Mártires, quien hablará sobre «El martirio del siglo XX, en Europa y en todo el mundo». A continuación, Melchor Sánchez de Toca, del Dicasterio para las Causas de los Santos en el Vaticano hablará sobre «El martirio, ¿la santidad más peculiar del siglo XX?». Por la tarde Fernando Millán Romeral, de la Universidad de Comillas (Madrid) tendrá una conferencia que versará sobre «Los mártires del siglo XX, portadores de la esperanza que no defrauda» y finalizará las jornadas el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes con su conferencia «Mártires para evangelizar la cultura pagana moderna».

Rdp valoración del Viaje Apostólico del papa León XIV a España

 

lunes, 15 de junio de 2026

Santoral: Santa María Micaela

(Cope) La Iglesia siempre ha querido llevar a Dios a todos con especial incidencia de los marginados. En la mitad del mes, celebramos a Santa María Micaela del Santísimo Sacramento. Nacida en Madrid en el año 1809, tuvo que pasar por una infancia en la que murieron sus padres y algunos de sus hermanos. También sufre por la situación de otras dos hermanas.

Tras dejar toda posibilidad de matrimonio va con su hermano a París y Bruselas donde ejerció como Embajador. A pesar de tantas recepciones nunca dejó la Fe. En una visita a un Hospital de San Juan de Dios, pudo comprobar la situación de mujeres que vivían en malas condiciones.

Muchas de ellas eran víctimas de la trata y la prostitución. Entonces siente que Dios le pide una espiritualidad carismática basa en el Señor Sacramentado para ayudar a estas mujeres que viven en condiciones infrahumanas a reorganizar su vida con la dignidad que tienen. Por eso funda el Instituto de Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad.

Muchas personas se escandalizaban de que una mujer de grandes títulos se dedicase a ese servicio. Ella, por su parte, destinó parte de sus bienes a ayudarlas en las Casas que iba fundando. Un día se dio cuenta que el Señor le pedía una dedicación completa a ellas para hacerles ver que su dignidad es intocable. Santa María Micaela del Santísimo Sacramento muere en el año 1865.

«¡Que Dios bendiga a España!». El «gracias» de León XIV por el viaje apostólico

(InfoCatólica) «¡Que Dios bendiga siempre a España!». Con estas palabras, León XIV cerró este domingo su agradecimiento público por el viaje apostólico que le llevó del 6 al 12 de junio a Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, la cuarta visita de su pontificado a España. El Papa se dirigió a los fieles congregados en la plaza de San Pedro tras la oración del Ángelus, en una jornada en la que también expresó su cercanía con Filipinas tras el terremoto y recordó a varios nuevos beatos.

«Agradezco al pueblo español, que me ha acogido con gran entusiasmo y devoción; y, de manera especial, a Su Majestad el Rey», declaró el Pontífice desde la ventana del Palacio Apostólico ante unos 20.000 peregrinos, según la crónica de Vatican News. Su gratitud se extendió expresamente «a los obispos, a las comunidades que he visitado y a toda la Iglesia que está en España».

Antes de la oración resonaron en la plaza las notas de «Alza la mirada», la canción inspirada en el lema del viaje papal.

Cercanía con Filipinas tras el terremoto

El Papa dedicó también un momento a la población filipina, golpeada el pasado 8 de junio por un seísmo que, alcanzó una magnitud de 7,8 y se concentró en la isla de Mindanao, causando más de 40 muertos, cientos de heridos y más de 32.000 desplazados.

«Rezo por los difuntos y sus familiares, por los heridos y por todos aquellos que sufren a causa de esta calamidad», afirmó León XIV.
Nuevos beatos mártires en tres continentes

El Pontífice recordó a continuación las recientes beatificaciones celebradas en Europa y América. El 6 de junio fueron elevados a los altares en Brno (República Checa) los sacerdotes diocesanos Venceslao Drbola y Juan Bula, mártires de la persecución comunista en Moravia. El mismo día, en el Santuario de San Juan Pablo II en Cracovia (Polonia), fue beatificado Juan Šwierc junto con ocho compañeros sacerdotes salesianos, víctimas de la persecución nazi.

León XIV se refirió también a la beatificación celebrada el 13 de junio en la parroquia de Jaura (Mato Grosso, Brasil) del misionero italiano Nazareno Lanciotti, sacerdote que sirvió en esa comunidad durante 30 años y fue asesinado por su lucha contra el tráfico de drogas y la prostitución. El Papa lo definió como mártir «porque, en nombre del Evangelio, defendía a los más pobres».

«Que el ejemplo y la intercesión de estos valientes testigos sostengan la misión de los presbíteros y de toda la Iglesia», concluyó el Pontífice.

Diálogo ecuménico y meditación evangélica

León XIV saludó en inglés a los miembros de la Comisión Internacional para el Diálogo entre los Discípulos de Cristo y la Iglesia Católica, organismo creado en 1977 para promover el entendimiento mutuo y el camino hacia la unidad de los cristianos. «Que vuestras reflexiones nos ayuden a crecer en comunión», les deseó.

En la meditación previa al Ángelus, dedicada al Evangelio del día (Mt 9,36-10,8), el Papa reflexionó sobre la mirada compasiva de Cristo ante las multitudes: «Jesús ve y ama. Ama y sufre por nosotros, con nosotros: su compasión expresa no sólo cercanía fraterna, sino voluntad de redención». León XIV subrayó la gratuidad radical del don evangélico: «El don de Jesús es totalmente gratis, porque su valor excede toda medida: es imposible merecerla o "comprarla"».

domingo, 14 de junio de 2026

"Gratis habéis recibido, dad gratis". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


La liturgia de la Palabra de este Domingo XI del Tiempo Ordinario nos sumerge en el misterio del amor gratuito y activo de Dios. No podía ser de otra manera en este mes del Sagrado Corazón de Jesús. Hoy las lecturas no nos hablan de un Dios lejano que espera pasivamente a que el ser humano lo alcance a fuerza de méritos morales. Al contrario, contemplamos a un Dios que toma la iniciativa absoluta, un Dios que rescata, que reconcilia y que, al ver nuestra debilidad, se conmueve hasta las entrañas y nos envía a ser prolongación de su amor.

Para comprender el Evangelio de hoy, debemos mirar primero el monte Sinaí en la primera lectura. Dios le habla a Moisés y le recuerda algo fundamental antes de sellar la alianza, la memoria agradecida. Dios dice: «Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os llevé sobre alas de águila y os traje a mí». La imagen del águila es de una belleza teológica inmensa. El águila real no deja caer a sus crías; cuando están aprendiendo a volar y desfallecen, la madre se coloca debajo de ellas y las sostiene sobre sus propias alas. Dios le recuerda a Israel —y hoy nos recuerda a nosotros— que nuestra fe no nace de un código de leyes, sino de una experiencia previa de rescate y liberación. A partir de este rescate gratuito, Dios define la identidad de su pueblo con tres títulos que san Pedro aplicará más tarde a la Iglesia. Primero propiedad exclusiva: en un mundo lleno de naciones, Israel es el tesoro particular de Dios. No por ser el más grande o el más santo, sino por puro amor. Segundo, reino de sacerdotes: el sacerdote es el mediador entre Dios y los hombres. Todo el pueblo está llamado a ser un puente para que las demás naciones conozcan al Dios vivo. Y tercero, una nación santa: "Santa" significa segregada, consagrada, diferente. Una comunidad cuya vida refleja la santidad misma de Dios. Nuestra primera tarea como cristianos es recordar de dónde nos ha sacado el Señor, y redescubrir que somos su propiedad personal.

En la segunda lectura, San Pablo, al dirigirse a los Romanos, eleva esta teología de la gratuidad a su máxima expresión. El Apóstol realiza un análisis de la lógica humana: es posible que alguien se atreva a morir por una persona buena o justa, es una lógica de correspondencia. Pero la lógica de Dios rompe todos nuestros esquemas: «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores». Pablo usa tres palabras contundentes para describir nuestra situación antes de Cristo: impíos, débiles y enemigos. No estábamos preparados, no nos lo merecíamos, ni siquiera éramos simpáticos a los ojos de la santidad divina debido a nuestras rebeliones. Y fue precisamente en ese estado de máxima miseria cuando el Hijo de Dios entregó su vida en la cruz. Esto cambia radicalmente nuestra relación con Dios. Ya no caminamos en la fe por el miedo al castigo o por la angustia de buscar "ganarnos" el cielo. Caminamos desde la certeza absoluta de sabernos amados y reconciliados mediante la sangre de Jesús. Si Dios hizo lo más difícil —reconciliarnos cuando éramos sus enemigos—, ¿Por qué seguimos haciendo lo sencillo complicado?...

El Evangelio de San Mateo une perfectamente las dos lecturas anteriores y nos muestra cómo se encarna este amor de Dios en los gestos de Jesús. El texto se divide en tres momentos clave que transforman la mirada del creyente. El primer momento es la mirada compasiva de Jesús. El Evangelio comienza diciendo que Jesús, al ver a las multitudes, «se compadeció de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor». El término griego original para "compadeció" (esplanjnísthe) hace referencia a las entrañas, a un dolor físico y visceral. Jesús no siente una lástima superficial, siente el dolor de la humanidad en su propio cuerpo: ve a un pueblo "extenuado y desamparado". En el contexto de la época, la gente estaba herida por la opresión política romana, pero también aplastada por el rigorismo religioso de los fariseos, que imponían cargas insoportables "sin mover un dedo" para ayudarlos. Jesús ve a una humanidad cansada de sufrir, perdida, desorientada. Es la misma mirada que el Señor dirige hoy a nuestras ciudades, a nuestras familias rotas, a los jóvenes vacíos de sentido y a los ancianos en soledad. El segundo momento es la oración y la llamada de los Doce. Ante la inmensidad de la necesidad («la mies mucha y los obreros pocos»), Jesús no recurre al activismo desesperado. El primer paso es la oración: «Rogad al dueño de la mies». La misión pertenece a Dios, no es una empresa humana. Inmediatamente después, Jesús convoca a los Doce. San Mateo nos regala la lista de los apóstoles, y es una lista que sana nuestras inseguridades. Llama a Pedro, que lo negará; a Santiago y Juan, ambiciosos de poder; a Mateo, el recaudador de impuestos -considerado traidor a su Patria-; a Judas Iscariote, el que lo entregará... Es un grupo heterogéneo, lleno de tensiones políticas y flaquezas morales. Con esto, el Evangelio confirma lo que decía san Pablo de que "Dios manifiesta su poder en la debilidad". Nadie puede decir "yo no valgo para servir a Dios", porque Jesús no busca hombres perfectos, sino corazones dispuestos a ser moldeados. Y el tercer momento es el envío y la ley de la gratuidad. Jesús dota a los apóstoles de su misma autoridad para sanar, resucitar muertos y expulsar demonios. Los envía primero a las ovejas perdidas de Israel, conectando con la promesa de la primera lectura. El Reino de los cielos se hace visible a través de gestos concretos de liberación, salud y consuelo. La instrucción final de Jesús es el núcleo moral de toda la liturgia de hoy: «Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis». Es el antídoto contra la comercialización de la fe y el clericalismo. Todo lo que somos —la vida, la justificación por la fe, los carismas, el ministerio— nos ha sido dado como un regalo sin precio. Por lo tanto, no podemos administrar la gracia con egoísmo, con tacañería o buscando el propio interés. El amor de Dios recibido, debe convertirse en amor entregado.