(InfoCatólica) Ante unos 30.000 fieles reunidos en el estadio de Malabo, el Papa León XIV celebró este jueves la última misa de su viaje apostólico por África, un periplo de diez días que le ha llevado por Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. En su homilía, el Pontífice invitó a la Iglesia ecuatoguineana a «continuar con alegría la misión de los primeros discípulos de Jesús» y a hacer de la Palabra de Dios «pan bueno para todos». Antes de iniciar su reflexión, León XIV pidió que «se haga plena luz» sobre la muerte del vicario general de la archidiócesis, monseñor Fortunato Nsue Esono, fallecido repentinamente días antes.
El Papa pide esclarecer la muerte del vicario general de Malabo
El momento más inesperado de la celebración llegó al inicio. Antes de comenzar la homilía, el Santo Padre expresó su pésame a la comunidad archidiocesana, a los sacerdotes y a los familiares de monseñor Fortunato Nsue Esono, vicario general de Malabo. «Invito a vivir con espíritu de fe este momento de dolor y confío en que, sin dejarse llevar por comentarios o conclusiones apresuradas, se haga plena luz sobre las circunstancias de su muerte», declaró el Papa en un pasaje que, por su tono y su contenido, trascendió el mero formulismo protocolario.
Felipe y el viajero africano: la Escritura como liberación
La homilía se articuló en torno al pasaje de los Hechos de los Apóstoles (Hch 8,30-35) que relata el encuentro del diácono Felipe con un eunuco de la reina de Etiopía. El Pontífice describió a aquel viajero como un hombre «rico, como su tierra, pero esclavo», cuyas fatigas «benefician a otros» y cuyo cuerpo lleva grabada dolorosamente su falta de libertad: «No puede generar vida, todas sus energías están al servicio de un poder que lo controla y lo domina».
Es precisamente en el camino de regreso a África, explicó el Papa, cuando «el anuncio del Evangelio lo libera». Al encontrar a Felipe, el eunuco deja de ser «lector» o «espectador» de la Escritura para convertirse en «protagonista de un relato que lo involucra, porque se refiere precisamente a él». Así «entra en la historia de la salvación, que es hospitalaria para con todo hombre y mujer, especialmente para con los oprimidos, los marginados y los últimos», y renace a una vida nueva mediante el Bautismo.
La Eucaristía, cumplimiento del maná
León XIV enlazó la figura del eunuco con la experiencia del éxodo de Israel. Recordó que, en el desierto, el pueblo comió el maná pero «murieron» (Jn 6,49), mientras que «el que coma de este pan vivirá eternamente» (Jn 6,51), «porque Cristo está vivo». A aquel signo antiguo, señaló, «le sucede ahora el sacramento de la Alianza nueva y eterna: la Eucaristía, pan consagrado por aquel que ha descendido del cielo para hacerse nuestro alimento».
«¿Confío en que su amor es más fuerte que mi muerte?», planteó el Pontífice a los fieles. «Al decidir creerle, cada uno de nosotros elige entre una desesperación cierta y una esperanza que Dios hace posible». Y dirigiéndose directamente a los ecuatoguineanos, exclamó recogiendo palabras de san Ambrosio: «¡Cristo lo es todo para nosotros! Si estás oprimido por la injusticia, Él es la justicia; si tienes necesidad de ayuda, Él es la fuerza; si tienes miedo de la muerte, Él es la vida; si deseas el cielo, Él es el camino; si estás en las tinieblas, Él es la luz».
El anuncio de la salvación «se hace Iglesia»
En la parte final de la homilía, el Papa subrayó que la palabra del Señor «es para nosotros Evangelio, y no tenemos nada mejor para anunciar al mundo». «A través de nuestro testimonio, el anuncio de la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón; en una palabra, se hace Iglesia», afirmó. Citando la Evangelii Gaudium de su predecesor, el Papa Francisco, León XIV advirtió del riesgo de «una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro», y aseguró que «es precisamente el amor del Señor el que sostiene nuestro compromiso, especialmente al servicio de la justicia y de la solidaridad».
«Leyendo juntos el Evangelio, que seáis anunciadores apasionados, como lo fue el diácono Felipe. Celebrando juntos la Eucaristía, que deis testimonio con vuestras vidas de la fe que salva», concluyó el Santo Padre dirigiéndose a la Iglesia que peregrina en Guinea Ecuatorial.
«Un tesoro grande hecho de historias, de rostros, de testimonios»
Al término de la celebración eucarística, el Papa se despidió de Guinea Ecuatorial y del continente africano. «Me voy de África llevando conmigo un tesoro inestimable de fe, de esperanza y de caridad; es un tesoro grande hecho de historias, de rostros, de testimonios, alegres y sufridos, que enriquecen abundantemente mi vida y mi ministerio como sucesor de Pedro», declaró.
León XIV agradeció al arzobispo de Malabo, monseñor Juan, a los demás obispos, a los sacerdotes y a «todo el pueblo de Dios que peregrina en esta tierra», así como a las autoridades civiles del país. «Hoy África está llamada a contribuir significativamente a la santidad y al carácter misionero del pueblo cristiano», afirmó, antes de encomendar a Guinea Ecuatorial y a «todos los pueblos africanos» a la intercesión de la Virgen María.
Despedida en el aeropuerto y regreso a Roma
Tras la misa, el Papa se trasladó al aeropuerto internacional de Malabo, situado a unos diez kilómetros del estadio, donde tuvo lugar la ceremonia oficial de despedida en presencia del vicepresidente de Guinea Ecuatorial, con la interpretación de los himnos y las guardias de honor. A las 12.54 (hora local), el avión de ITA Airways, un A330-900neo, despegó rumbo a Roma-Fiumicino, donde estaba prevista la llegada tras poco más de seis horas de vuelo.
Concluía así un viaje apostólico de diez días, el primero de León XIV al continente africano y el tercero de su pontificado, que le ha llevado por cuatro países (Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial) y que, como reconoció el propio Pontífice, le importaba «tanto» realizar.
Ambongo: «Un mensaje profético que no a todos agrada»
El cardenal Fridolin Ambongo Besungu, arzobispo metropolitano de Kinshasa y presidente del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), valoró positivamente el viaje en una entrevista concedida a Vatican News desde Malabo. «Me siento feliz y satisfecho en nombre de todo el pueblo de África», declaró, calificando la visita de «motivo de orgullo, pero también de responsabilidad».
Ambongo destacó que la elección de los cuatro países visitados «ilustra la diversidad de los desafíos de África»: el diálogo interreligioso en Argelia, la búsqueda de la paz en Camerún y la distribución equitativa de la riqueza en Angola y Guinea Ecuatorial. Describió la Iglesia que el Papa encontró como «joven y dinámica, segura de su futuro», aunque enfrentada a «muchos desafíos: la pobreza, la falta de justicia en algunos países, la dificultad de vivir en paz».
El presidente del SECAM calificó el mensaje papal de «profético» y comparó su recepción con la del propio Jesús: «Cuando el profeta habla, algunos escuchan, otros no. Muchos me han llamado, algunos incluso se han sentido un poco ofendidos, sobre todo los que ostentan el poder». En cuanto al futuro, se mostró optimista: «Sigo creyendo en el futuro de este continente».