(El Comercio) Adolfo Mariño Gutiérrez (Avilés, 1953) es vicario general de la Diócesis de Oviedo desde 2024 y a la vez párroco de San Tirso. Se ordenó sacerdote en su propia parroquia de nacimiento, Santo Tomás de Sabugo. Desde aquel momento hasta la fecha ha realizado un buen periplo asturiano que comenzó en Pesoz, pasando como coadjutor en San Pedro de los Arcos, San Melchor de Quirós, durante 14 años. De ahí a San José de Gijón. «De todos los sitios salí a regañadientes porque estaba muy bien y de Gijón me sacaron a Covadonga como abad. Y cuando más feliz estaba, también, pues me dice el arzobispo que tengo que venir para Oviedo». Le pidió al arzobispo que, además de vicario general, le diera una pequeña parroquia «y me colocó en San Tirso, donde estoy muy cómodo y, además, al lado del Arzobispado, lo que me hace más fácil el trabajo por la proximidad».
–¿Retos como vicario general?
–El reto es tender puentes.
–¿Con quién?
–Tender puentes con la sociedad civil, con el clero diocesano y con las comunidades parroquiales. Velar por que los planes pastorales se lleven adelante. Animar a todas las comunidades y un reto muy importante es algo que yo siempre he deseado, que es vivir esa fraternidad sacerdotal que nosotros, como sacerdotes, hemos de mantener siempre muy fresca. Después hay retos de tipo de obras y de cosas de estas, pero me parece que lo más importante son las personas.
–¿Cómo se tienden lazos con la comunidad civil teniendo en cuenta que en Asturias se es muy dinamitero con la Iglesia?
–Los asturianos somos grandones de corazón y por ahí se puede entrar en todos los sitios, es decir, con las instituciones públicas civiles uno entra por medio del diálogo, por medio del acercamiento, no se entra por medio de las crispaciones y de las tensiones. Ese no es mi estilo ni es el estilo de la Iglesia.
–¿Echa de menos la vida contemplativa de Covadonga?
–De vida contemplativa nada, se trabaja mucho. Covadonga es el lugar identitario de nuestra diócesis y de nuestra región porque allí confluyen la historia, la naturaleza y la fe. La fe de un pueblo que siempre está mirando a la Santina. Puedo asegurar que desde las 7 de la mañana que me levantaba hasta el atardecer es un no parar.
–Además de vicario general, es párroco de San Tirso. Usted ya redactó una especie de plan director para la iglesia. ¿Qué necesita la parroquia?
–Primero, que los feligreses que vivimos allí, vivamos con autenticidad nuestra fe. Es decir, que los que vivimos en San Tirso nos sintamos familia, nos sintamos comunidad en torno a Jesús de Nazaret; segundo, las piedras, que siempre dan muchos rompederos de cabeza. Hay muchas dificultades por las humedades, por la polilla de unos altares que tenemos preciosos del siglo XVII y XVIII, y las imágenes de la misma época. Tenemos una piedra fundacional de la época de Alfonso II al Casto, que casi todo el mundo ignora, pero que es muy importante. Y hay que darle el lustre, claro. Ahora tenemos que empezar a dar pasos poco a poco y tímidos porque es una parroquia que económicamente no es fuerte. Pero somos 1.200 habitantes que pertenecemos a San Tirso.
–Mucho que mantener.
–En Oviedo hay 53 parroquias, iglesias, sin contar las capillas que tenemos. Hacer frente a todo el patrimonio es muy complicado. Después tenemos ventas de fincas rectorales sin funcionamiento que se van vendiendo poco a poco cuando se puede y como se puede, que no es fácil. No se pueden vender iglesias y capillas, pero sí rectorales. Con el tiempo, pues a lo mejor se tiene que cerrar alguna iglesia parroquial, porque es que no hay nadie, porque no va nadie. Habrá parroquias que habrá que cerrar, aunque de momento no se ha cerrado ninguna.
–¿Por qué?
–Porque no hay gente. Y los sacerdotes están haciendo esfuerzos sobrehumanos para hacer frente a esas unidades parroquiales que a veces las componen muchísimas parroquias. Cuando yo me ordené en 1979 éramos 750 sacerdotes. Hoy, en total, somos entre 250 y 290.
–¿Cómo ha vivido su primera Semana Santa como vicario general en Oviedo?
–La he vivido acompañando todos los pasos y cofradías porque no puedes hablar de una cosa si no la conoces y si no la ves o no la vives.
–¿Y qué ha visto?
–Que las cofradías de Oviedo tienen un pequeño repunte positivo, que van creciendo, pero todavía queda mucho recorrido. Porque el trabajo de una una cofradía no comienza el Domingo de Ramos y termina el Domingo de Pascua. Es que es todo el año. Una cofradía tiene que tener formación cristiana. Durante el año, una cofradía tiene que descubrir que su compromiso es en las parroquias donde están viviendo su fe, sea la que sea. En fin, una cofradía tiene muchas aristas y todas importantes y necesarias. No es salir con un capirote. No es poner un hábito. El mejor hábito es tu vida, tu vida de creyente. Es decir, no son espectáculos, son espacios de fe, son catequesis, catequesis que con esos pasos tan hermosos nos dicen lo que ha sucedido hace dos mil años y lo que sigue sucediendo en este momento en tantos lugares del mundo, porque hay mucha pasión, hay mucha muerte, hay mucha persecución religiosa.
–El año que viene es Jacobeo. ¿Le gustaría realizar algo especial?
–Sí. Desde las unidades pastorales hay que hacerlo. Amén de las peregrinaciones que desde la Vicaría de Cultura y Peregrinaciones la cosa tiene mucho tirón porque sabemos que las peregrinaciones partieron de Alfonso II el Casto y el Salvador.
–La plaza de la Catedral es una plaza muy festiva, con muchas ferias, con mucha música, con mucho lío. ¿Cómo lo encaja?
–Yo lo encajo desde mi vivencia personal. Las fiestas de San Mateo las vivo hasta las cuatro y media de la mañana en pie durante 12 días. Los que vivimos en el entorno de la Catedral, que seremos como 12 o 15 familias, somos los sufridores de la fiesta de San Mateo. A mí me gusta mucho que la gente celebre. Yo soy también fiestero, pero ese no es el sitio, porque está precisamente machacando el lugar más emblemático que tiene Oviedo, que es la Catedral, y su entorno. Hay un espacio hermoso en el Campo San Francisco o algún recinto ferial que se construya como en Andalucía adecuado para estas cosas.
«El Arzobispo no se mete en política, la verdad es incómoda»
–Al arzobispo se le acusa de meterse en política. ¿El arzobispo se mete en política?
–El arzobispo no se mete en política. Como hombre creyente lee la actualidad y la situación de España, del mundo y de nuestra región. Yo he formado siempre parte de la acción católica y en la acción católica hablamos de la lectura creyente de la realidad. Hay que leer los acontecimientos a la luz de la fe y saber responder desde la luz de la fe; eso no es meterse en política, pero la verdad es incómoda.
–Pero no parece lo mismo decir las cosas en una homilía para sus fieles que a través de X.
–Ese es el asunto porque tenemos una mentalidad de que la iglesia tiene que hablar de puertas para adentro y no es así. Si olvidamos en un creyente la muestra pública de su fe, no es el seguimiento de las enseñanzas de Jesús lo que estamos haciendo. El creyente tiene que hablar de lo de dentro y de lo de fuera. Tiene que tener esa presencia pública porque debemos y tenemos que estar presentes en esta sociedad y desde ahí, como Jesús, iluminar las situaciones, siempre con respeto. Hay una frase del Evangelio de San Juan que dice: «la verdad os hará libres», y la verdad con mayúsculas es Jesús; nosotros somos portadores de esa verdad y tenemos que ser fieles a esa verdad. España es un país afortunadamente democrático y es un país donde se respetan las libertades. Pues yo tengo que respetar todas esas libertades, también las de los otros. Pero yo exijo también que respeten mi libertad.
–¿Piensa que les intentan acallar con todo el barullo que se monta cada vez que el arzobispo abre la boca, poco más o menos?
–Sí, pero no van a poder acallarle como no pudieron acallar a Jesús. Se trata de que lo religioso también es lo público, no solamente es lo privado. Pueden estar en desacuerdo, pero no se puede descalificar despiadadamente a las personas.
–La obra de ampliación del Museo de Bellas Artes anda medio parada. ¿Cómo está afectando a San Tirso ya que son vecinos?
–Una de nuestras casas está limitando con las excavaciones que se han hecho y lo que se va a hacer después de ampliación del museo. Como vecinos somos buenos y no tenemos ninguna dificultad, ni unos ni otros. El problema es que en todo el casco histórico hay acequias, hay muros, hay cosas que están excavando los arqueólogos y han visto cosas muy importantes. Y, claro, todo eso necesita un parón, necesita un estudio y necesita una nueva licencia y habrá que revisar los proyectos. Estoy convencido de que no tardando más de un mes o dos meses eso ya se dé de paso también con nuevas licencias o con lo que sea. Es decir, eso se va a llevar adelante.






