martes, 1 de septiembre de 2026

D. Reinerio Rodríguez Fernández, nuevo Ecónomo diocesano



El Sr. Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, ha procedido a nombrar nuevo Ecónomo diocesano al sacerdote D. Reinerio Rodríguez Fernández, hasta ahora Vicario episcopal de Avilés – Occidente. El nombramiento, que se ha hecho público hoy mismo, se hará efectivo a partir del 2 de diciembre. D. Reinerio Rodríguez sustituye en el cargo a D. Antonio Nistal Hernández.

Nacido en Pola de Lena en 1975, fue ordenado sacerdote en el año 2002. Su primer destino transcurrió como diácono adscrito a San Martín de Moreda, y a continuación, una vez ordenado presbítero, fue Vicario Parroquial en Santa María Magdalena de Cangas del Narcea, hasta el año 2013, encargándose también de la atención pastoral de numerosas parroquias de la zona. Entre ellas Santa María Magdalena de Linares de Acebo, Santa María de Carceda, Santa María de Limés, San Cristóbal de Entreviñas, San Juan de Araniego con Parajas y Trones, San Martín de Besullo y San Pedro de las Montañas. Además del Santuario de Nuestra Señora del Acebo y la Capellanía del Hospital Carmen - Severo Ochoa de Cangas de Narcea. 

Desde ese año, es párroco de Santo Tomás de Cantorbery, en Avilés. Y desde 2023 es también párroco de Nuestra Señora de las Mareas de Avilés. Desde el pasado 2025 era Vicario Episcopal de Avilés - Occidente.

lunes, 31 de agosto de 2026

El profesor universitario Leandro Benavides Gómez cumple 100 años: "Fui el primer hombre que se incorporó al Opus Dei en Asturias, en 1951"

(Lne) Natural de Grandas de Salime, alumno de Torcuato Fernández-Miranda, doctor en Derecho, profesor universitario, autor de varios libros sobre Economía, primera persona que se incorporó al Opus Dei en Asturias, uno de los fundadores de la Universidad de Navarra, periodista en París, pionero en las facultades de Derecho de San Sebastián y Córdoba, colaborador en varios medios de comunicación (entre ellos, LA NUEVA ESPAÑA). El próximo domingo, 23 de agosto, Leandro Benavides Gómez cumple 100 años. Se hace centenario mientras reside en una casa del Opus Dei en Oviedo, a muy pocos metros del Instituto Alfonso II, en el que cursó Bachillerato en los años 40 y recibió buenos consejos de Baudilio Arce. Tiene una mata de pelo envidiable, una actividad intelectual privilegiada, oye mal, padece gota y se le ve muy bien cuidado. Cada día madruga, se ducha, reza y sigue con viva atención la actualidad del mundo mediante unos auriculares de gran tamaño conectados a la televisión o al ordenador. Últimamente, está muy atento a las novedades sobre inteligencia artificial (IA). Ha resumido su vida ante una grabadora de este periódico en dos sesiones de dos horas cada una.

Orígenes

"Nací el 23 de agosto de 1926 en una aldea que se llama Santa María, en el concejo de Grandas de Salime. Soy hijo de Manuela y Domingo. Fuimos nueve hermanos y hermanas. La mortalidad infantil era frecuente y las dos hermanas mayores murieron. No llegué a conocerlas, porque yo soy el penúltimo. Sobrevivimos seis varones y una mujer. Éramos una familia de campesinos que practicaban una economía de subsistencia, es decir, se producía para sobrevivir. Y los excedentes eran mínimos. A veces se podía vender un xato (ternero) o un cerdo, no tanto porque sobrara, sino porque el dinero escaseaba. No había nada, no había pensiones… Era la época de la pobreza total. Y había que pagar las contribuciones al Estado, o conseguir algo de ropa, o comprar azúcar… Teníamos pluricultivo: centeno, trigo, patatas, toda la cosa de la huerta… Tendríamos una media de seis o siete vacas y xatos. Ovejas, no".

Grandas y el embalse

"Grandas de Salime era una villa y era cabeza de partido judicial. Cuando se construyó el embalse de Grandas, de mediados de los 40 a mediados de los 50 del siglo pasado, yo ya estaba fuera. Vinieron a vivir a la zona muchos trabajadores: sobre todo gente de Andalucía, que era donde más desempleo había; mayoritariamente como peones, y algunos como técnicos. Fue un impacto en toda aquella zona. Entonces sí que había dinero, la gente tenía sueldos, había trabajo… En una localidad cercana, Sanzo, en el concejo de Pesoz, se hizo un pueblo para los trabajadores. Ahora queda muy poca gente. La iglesia que se construyó, relativamente buena, está ahora desafectada, algo que a mi hermano el cura, Domingo Benavides, le ponía nervioso".

El papel de un maestro de escuela

"Fui a la escuela a Grandas de Salime porque en Santa María no había escuela. Teníamos que caminar dos kilómetros. Desayunábamos antes de salir y, a veces, llevábamos algo para el mediodía. Ahí es donde para mí cambió mi vida gracias a Benito Marco, un maestro que convenció a mis padres, y sobre todo a mi hermano mayor, Paquito, que era ya bastante cabeza de familia, de que yo estudiara. El Instituto de Segunda Enseñanza más próximo estaba en Luarca. Yo no sabía ni que existía. El maestro se empeñó en prepararnos a mi hermano Domingo, que era un poco mayor que yo, para el Seminario, y a mí para el Instituto".

La enseñanza Secundaria.

"Después, el Instituto de Luarca se transformó en un colegio, el Colegio Cervantes, que era laico. Uno de los dueños era el padre de un compañero mío, Román Suárez Blanco, quien después fue presidente de la Caja Rural de Asturias. El primer año estuve viviendo en una aldea próxima, Otur, con un tío mío. Iba en bicicleta de Otur a Luarca. Después, ya viví en Luarca y los dos últimos años de Bachillerato los hice en el Instituto Masculino de Oviedo, ahora Alfonso II, que me pilla a pocos metros de donde vivo actualmente".

La huella de Baudilio Arce

"En el Instituto Masculino había un profesor de Literatura con el que tenía más trato, porque yo tenía cierta afición a leer y me gustaba la asignatura. Era Baudilio Arce Monzón. Don Baudilio era una persona cordial. Me prestaba atención y me animó a que estudiara la carrera de Derecho porque era más abierta que la de Letras. Yo no tenía una inclinación clara, salvo que no me gustaban las matemáticas. Me fié de él, hice el llamado Examen de Estado y me matriculé en Derecho".

El impacto de Torcuato Fernández-Miranda

"Hice en Oviedo toda la carrera de Derecho, entre 1946 y 1951. El mundo del Derecho era desconocido para mí. Tanto es así que me sorprendió mucho, en los primeros días de clase, que saliera sin parar la palabra ‘jurídico’, que para mí era absolutamente nueva. Los profesores del primer curso no me llamaron especialmente la atención. Con una excepción: el joven Torcuato Fernández-Miranda. En 1945 había sacado la cátedra de Derecho Político. Me impresionó por su personalidad, su juventud, su brillantez… Tenía una mentalidad muy universitaria y demostraba mucha ilusión y un gran conocimiento del mundo que lo rodeaba, y también del mundo jurídico y social. Otros profesores eran mayores, algunos bastante mayores. Había algunos que recitaban unos apuntes que tenían. Se notaba que don Torcuato conocía muy bien su materia, y sus clases eran vibrantes, casi una arenga. Eso no significa que hiciera política en el aula, pero sí se le veía interesado en la vida universitaria. Don Torcuato había hecho su tesis sobre San Agustín y le sacaba mucho juego al tema del ‘ordo amoris’ como vía de conocimiento de una persona o de una institución. No es que hiciera política en clase, ¿eh? No, no hacía política. Pero sí tenía preocupación por la vida universitaria y de los universitarios. De hecho, fue rector de la Universidad de Oviedo entre 1951 y 1953, con 35 años. Recuerdo que montó una especie de seminario al que invitó a algunos alumnos y tenía reuniones con nosotros".

El exministro Prieto Bances como profesor

"Tuvimos un catedrático que era justo lo contrario que don Torcuato, que nos daba tema muy árido. Era el catedrático de Historia del Derecho. Fue el único suspenso en toda mi vida. En septiembre volví a presentarme, pero había un profesor distinto, que había sido ministro de la República, don Ramón Prieto Bances. Era muy distinto al anterior, de otro nivel, una persona mayor y con una manera de hablar muy solemne, muy culta… Venía de la Institución Libre de Enseñanza y era republicano, pero era un hombre religioso, muy piadoso… Yo tenía contacto con la Acción Católica, pero no mucho. Iba a misa a las Salesas, a veces por semana, y allí me encontraba con don Ramón Prieto Bances".

Delegado de los alumnos

"En el tercer curso tuve de profesor a don Sabino Álvarez Gendín, que era el rector de la Universidad y, además, catedrático de Derecho Administrativo. Hubo elecciones y yo pertenecía al Sindicato Español Universitario, el SEU. De rebote salí elegido delegado de alumnos de toda la Universidad. En la fiesta de Santo Tomás, yo tenía que dar un discurso. El acto era en el Paraninfo. El Rector me pidió con antelación el texto de lo que iba a decir. Yo le di largas, porque mi propósito era denunciar el mal funcionamiento de la Universidad.

Los campanillazos del rector Gendín

"Ya el día de Santo Tomás, cuando estaba desfilando el cortejo de profesores, me acerqué a Gendín e hice ademán de entregarle los papeles con mi discurso. Él me hizo un gesto de que no era el momento, y me dijo: ‘¿No habrá ningún latiguillo, verdad?’. No le contesté. Llegó mi turno, tomé mis cuartillas y empecé a leer. Al poco, un campanillazo del Rector: ‘Se ruega al representante de los alumnos que sea más comedido’. Y continué. Al poco, otro campanillazo: ‘Se da por terminada la intervención del representante de los alumnos?’. Me quedé preocupado por las posibles consecuencias, claro. Pero acto seguido tomó la palabra Torcuato Fernández-Miranda, y lo primero que dijo fue: ‘Suscribo íntegramente las palabras del representante de los alumnos’. Ya respiré tranquilo y me sentí salvado. No obstante, llegó a convocarme el secretario de la Facultad. Recuerdo que LA NUEVA ESPAÑA se hizo eco de lo sucedido".

Encuentro con el Opus Dei

"El Opus Dei se fundó en Madrid, en 1928, y a Asturias llegó en 1951 de la mano de Carmelo de Diego, quien sacó la plaza de juez de Pola de Lena. Fue el año en el que terminé la carrera. Yo conocí a Carmelo de Diego, pero ya antes había estado una vez en Oviedo con Raimundo Pániker, sacerdote de la Obra. Tenía una personalidad muy atrayente. Yo tenía una noción muy vaga de lo que era el Opus Dei. Pero pronto me interesó el mensaje de santificarse en medio de las cosas normales de la vida y, a principios de 1951, a punto de terminar Derecho, pedí la admisión como numerario, es decir, con compromiso de celibato, de no casarme. Fui el primer hombre que se incorporó a la Obra en Asturias. Ya había algunos asturianos, pero habían solicitado el ingreso estando en otros sitios. Por ejemplo, don José María Somoano, sacerdote que, según todos los indicios, fue envenenado durante la Guerra Civil, y José María González Barredo, investigador en química".

Raimundo Pániker

"Me impresionó Raimundo Pániker. Lo primero, porque era hindú, y su físico era llamativo. Sabía mucho. Recuerdo que, unos días después de estar en Asturias, me escribió una carta en una hoja, tamaño cuartilla, y estructuró el texto de una forma muy llamativa. Y su caligrafía era muy singular, como todo en él. Me proponía vernos en Madrid, si yo iba por allí. Me impresionó el detalle, porque no se correspondía con la impresión que yo tenía de que era un sabio. Un tiempo después, fui a Madrid y nos vimos en el Colegio Mayor Moncloa. Me preguntó qué sabía de la Obra y yo le dije lo que oía: que había mucha ocultación. Y entonces Pániker, en un gesto muy teatral, abrió un cajón, tomó un manojo de llaves, me las dio y me dijo: ‘Vete abriendo los cajones, a ver los secretos que encuentras’".

Final de la mili en Barcelona

"Terminé la carrera y me fui a terminar el servicio militar a Barcelona, donde ya había casas del Opus Dei. Me pagaban algo como alférez provisional, pero necesitaba dinero y empecé a dar clases particulares. Mi primer alumno fue el hijo de un empresario canario".
Pionero de la Universidad de Navarra

«Terminé la mili y me tocaba buscar un trabajo estable. Entonces, el Opus Dei empezaba a instalar una universidad en Pamplona, la Universidad de Navarra. Fue en el año 1952. Inicialmente, se llamaba Estudio General de Navarra y empezó con la carrera de Derecho. Allí ejercí como primer secretario general de la Universidad. Muchos años después, en 2022, una revista de la Facultad de Comunicación que se llama 'Nuestro Tiempo’ publicó un reportaje de aquellos primeros tiempos, y lo titularon ‘Leandro Benavides, secretario de nada’. No es que no hubiera nada, pero es que en el primer curso, 1952-53, había solamente 45 alumnos de Derecho que recibían las clases en la Cámara de Comptos. Posteriormente se habilitaron aulas en el Museo de Navarra. En aquel primer claustro también estaban Ismael Sánchez Bella, que era el alma del proyecto; José Luis Murga, quien después estuvo cinco años en la Universidad de Oviedo; Jerónimo Martel, Rafael Aizpún, Ángel García Dorronsoro, Ángel López-Amo y Manuel Morera».

Profesor de Derecho Político

«Yo no era nada ni era nadie. Al empezar las clases, me asignaron una asignatura que genéricamente se llamaba Derecho Político, pero que en realidad era Teoría de la Sociedad. Me basé en un libro muy bueno de un profesor español exiliado en Buenos Aires, Francisco Ayala, que se titulaba ‘Tratado de sociología’. Cogimos un piso en la calle Carlos III. En mi etapa de Pamplona conocí al fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá. Había estado en Bilbao, visitando el colegio Gaztelueta, e iba hacia Roma. Estuvo en nuestra casa, pero no recuerdo nada de lo que dijo. Sí recuerdo que, en un gesto de afecto, apoyó su mano sobre mi cabeza y me puso todo el pelo hacia delante, hacia la frente».
A París

«Tras dos años en Pamplona, me fui París. Estaba empezando el trabajo del Opus Dei allí y necesitaban gente. Me lo propusieron y acepté. Yo tenía cierta afición, más que a Francia, al francés. No lo hablaba, pero lo había estudiado y lo conocía bastante. Antes de ir a París, pasé por Roma, para participar en una convivencia preparatoria en la que participamos personas del Opus Dei que íbamos a varios países de Europa y América».

Periodista en Francia

«En Francia experimenté lo que significa ser extranjero. Era mi primera estancia fuera de España. Estuve tres años de reloj, porque la estancia dependía de permisos con plazos muy estrictos. Tenía que hacer algo, porque había que vivir, y además éramos pocos. Yo no era periodista, pero me ofrecí a trabajar para la agencia Europa Press, que estaba empezando. La ley vigente no le permitía dar noticias, porque eran un monopolio estatal, pero sí se podía hacer reportajes. Eso hizo que estuviera muy en contacto con la prensa de París, principalmente con las revistas. Visité todas las redacciones de revistas de la ciudad».

Fabiola y Bahamontes

«El material que me enviaban desde Madrid era difícilmente colocable en Francia. Pero hubo un hecho singular. Se anunció que el rey Balduino se había prometido con una española, Fabiola del Mora y Aragón, y los medios franceses no tenían fotos de ella. Varias revistas francesas me las pidieron y conseguí que me enviaran desde Madrid algún material. Después, lo que les enviamos no lo usaron, porque consiguieron otras fotos mejores, pero al menos pagaron. Estuve a punto de ser contratado por la agencia France Press, pero había más españoles candidatos y no cuajó. Estando en París, Bahamontes ganó el Tour de Francia de 1959. Cuando ya se veía que iba a ganar, aumentó el interés por su biografía y vendí a algunos medios una biografía que me mandaron de Madrid. Trabé una cierta relación con el director de su equipo, Dalmacio Langarica».

Ciudad de exiliados

«En París había muchos exiliados, personas de izquierdas. En una ocasión, vino a mi casa un policía francés para enterarse de quiénes vivíamos allí, porque varios éramos españoles. Estando en París, traduje dos libros, y prologué uno de ellos, de un sociólogo y politólogo francés de mucha categoría, Bertrand de Jouvenel. Era una figura intelectual de primer nivel, miembro del Club de Roma. Escribía indistintamente en francés e inglés. Le conocí tiempo después y me contó que, cuando estalló la Guerra Civil española, él estaba en Pamplona. En Francia era muy difícil encontrar un trabajo fijo, y me ofrecieron volver a la Universidad de Navarra para echar una mano en el Instituto de Periodismo, capitaneado por Antonio Fontán, quien años más tarde fue el primer presidente del Senado de la España democrática».

Segunda etapa en la Universidad de Navarra

«En Pamplona colaboré en la revista ‘Nuestro Tiempo’ y di clases en las titulaciones de Periodismo, Derecho y Artes Liberales. Dado que no había carrera de Económicas ni profesores especializados, yo explicaba Economía. Fueron seis años buenos, pero éramos demasiados profesores de Economía General para las necesidades que había. Tenía un amigo notario que vino destinado a Pamplona, y me cuenta que se va a poner una Facultad de Derecho pública en San Sebastián, y que el decano comisario va a ser un catedrático de Derecho Civil, Gabriel García Cantero, que es amigo suyo y que está buscando profesores para empezar. Contactaron conmigo y me fui a Donosti».

La amenaza de ETA

«En San Sebastián estuve diez años que fueron buenos y muy duros. Era el apogeo de ETA. Digamos que estábamos amenazados todos. El secretario de la Facultad, muy amigo mío y que acaba de doctorarse, hijo de un notario de San Sebastián, Juan de Dios Doval, fue asesinado en 1980, con 37 años. Era de UCD, estaba casado y tenía dos hijos. El decano, García Cantero, vino a verme un día y me dijo que acababa de recibir una amenaza, que sabía que era seria y que se marchaba de inmediato con toda su familia. Se despidió de mí, porque tenía más confianza, y de casi nadie más, y se largó.

Policías y etarras como alumnos

«Tuve como alumno a un notable socialista, Ramón Jáuregui, un gran tipo. Y desde policías nacionales que estaban cursando Derecho hasta etarras de distintos pelajes, mujeres y chicos, que yo sabía que eran de ETA. En una ocasión, para amedrentar, me montaron una traca al llegar al aula. Enseguida me di cuenta de que no era más que ruido. Aguanté».

A Córdoba

"Estuve en San Sebastián hasta que la situación se hizo muy incómoda. Llegó un momento en el que alguien me dijo que arrancaba Derecho en Córdoba. Me fui en 1978 y estuve 18 años en Córdoba, hasta que me jubilé. Por cierto, me jubilé dos veces. El PSOE intentó, porque le convenía, adelantar la jubilación, y después les pareció demasiado anticipada, la aplazaron y seguí dos años más. En Córdoba era profesor Manolo Chaves, que más tarde fue ministro de Trabajo, presidente de la Junta de Andalucía y, después, con Zapatero, vicepresidente del Gobierno central".

América y Vuelta a Asturias

"Me jubilé en 1996. Estuve un tiempo en Perú, en la Universidad de Piura. En el año 2000, volví a Asturias para cuidar a mis hermanos mayores. Tenía uno en Gijón y dos en Oviedo. Mi hermano cura, Domingo, era un teólogo valioso. En sus últimos años estuvo en Cáritas. Fueron falleciendo. Viví unos años en Gijón y después me trasladé a Oviedo. Soy el único vivo de los nueve hermanos".

Colaborador en medios y republicano

"Siempre me ha gustado escribir artículos para periódicos porque me interesaba mucho la vida social y política. En algunos medios he tenido sección fija. No he tenido vinculaciones políticas. Durante la carrera, estuve en el Sindicato Español Universitario (SEU) y fui representantes de los alumnos porque el que salió elegido renunció, y quedé yo. No he militado en ningún partido. Soy republicano. Considero que el régimen que tenemos ahora es básicamente una república coronada, con un rey. Pero mi ideal político, fijándome en los clásicos, desde Roma, es que el pueblo tiene que ser protagonista de la vida social. Y la fórmula más adecuada es una república".

Citas con la muerte

"No tengo miedo a morir. En realidad, ya me he visto en riesgo de muerte varias veces: un naufragio, un descarrilamiento y un accidente de tráfico. Estando en Barcelona, a principios de los años 50, hicimos una excursión por la Costa Brava en un barco y estuve a punto de perecer porque el Mediterráneo, cuando se pone bravo, es muy peligroso. Íbamos cinco amigos y el mar nos estrelló contra el acantilado. Yo no sabía nadar y me quedé el último, agarrado a la barca, que gracias a Dios quedó empotrada en la costa y pude aprovechar para bajarme".

Descarrilamiento mortal en Pola de Lena

"El descarrilamiento fue en Pola de Lena, viniendo de Madrid, el Jueves Santo de 1950. Hubo 19 muertos. Yo iba en el último coche, que era metálico, y eso me salvó. Los primeros eran de madera, más lujosos, pero más débiles, y ahí murió bastante gente. En esa ocasión, tomé conciencia de que, cuando hay una catástrofe, surge el fenómeno del pillaje. Yo conseguí sacar mi maleta. Pero vi cómo la Guardia Civil perseguía a mucha gente que se llevaba maletas que no eran suyas. Y el accidente de tráfico fue con un coche que era nuevo. Venía del pueblo con un hermano y una sobrina, y tuvimos un vuelco y un siniestro total".

Vida cotidiana

"Sigo el ritmo de vida de mi casa. Duermo poco. Me levanto temprano y me ducho. No duermo siesta en sentido estricto, no me conviene. Voy a misa y rezo todos los días. Con 98 años, a raíz de una apuesta, fui capaz de escribir un cuento de siete folios que ideé en una noche de insomnio. He tenido una vida muy buena. No he tenido dificultades de trabajo ni de convivencia. He convivido con mucha gente, he estado en muchos sitios. Debo mucho a mi familia, que vivía con penuria de medios y me dio estudios. Debo mucho a mi hermano mayor, Paquito, que me ayudó en todo lo que pudo".

Centenario propio y del Opus Dei

"Cumplo 100 años este mes y el Opus Dei cumple 100 años el 2 de octubre de 2028. Ingresé en el Opus Dei en 1951, con 25 años. No había tenido novia. Había tenido relación con Acción Católica, pero escasa. La Obra fue para mí un gran descubrimiento cuando me la explicó Carmelo de Diego. Además, en el Instituto Alfonso II había sido profesor durante algún tiempo Valentín Vázquez de Prada, más tarde prestigioso catedrático de Historia Moderna en las universidades de Barcelona y Navarra. Me parece que aún vive, aunque es un año mayor que yo. Ya era de la Obra entonces, supernumerario. Le conocí algo, pero no mucho".

Relación con San Josemaría Escrivá

"No tuve oportunidad de tratar mucho al fundador del Opus Dei. Coincidí con Josemaría Escrivá una vez en Pamplona, que ya he comentado, cuando me hizo la broma de echarme el pelo hacia la frente. Después, en una convivencia con bastante gente en Roma antes de irme a Francia. En París nos vimos un día que estaba muy cansado. Me pasó el brazo por los hombros y me dijo: ‘Tienes que perdonarme, pero no he podido pegar ojo esta noche. Cuéntame algo’. Le hablé de algunas personas de la Obra de Pamplona con las que había coincidido en los años anteriores, y me asombró lo bien que las conocía. En otro encuentro me dijo: ‘Me gusta lo que estás escribiendo’. Se refería a unos artículos sobre los padres fundadores de la Unión Europea. Yo no tenía ni idea de que San Josemaría estuviera enterado de ese trabajo mío. Me sorprendió mucho que estuviera en esas menudencias de sus hijos".

El futuro del Opus Dei

"San Josemaría dijo que el Opus Dei iría siempre adaptándose a los tiempos, que nunca sería una realidad al margen del mundo, que siempre rimaría con la sociedad. Eso es lo que está sucediendo, y así seguirá. El carisma de la santificación en medio del mundo va a ser siempre el mismo y va a seguir implantándose en la nueva sociedad que se está forjando, porque es muy bello y necesario".
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Análisis de la IA

"Sigo con atención lo que está sucediendo con la inteligencia artificial (IA). He escuchado a algunos teóricos. Está apareciendo un mundo nuevo. El papa León XIV le ha dedicado una encíclica que acabo de leer despacio y que plantea muchas prevenciones. Está claro que tenemos un instrumento de progreso, en cuanto que va a facilitar el progreso económico y técnico, pero al mismo tiempo va a coartar la libertad y puede esclavizar a la gente".

Homilía de Monseñor Demetrio Fernández -Obispo emérito de Córdoba- en el primer día de la Novena a la Santina

 

domingo, 30 de agosto de 2026

Reflexión de nuestro Párroco en la Fiesta de la Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel


La celebración de este domingo en nuestra Parroquia nos invita a sumergirnos en el Evangelio que nos llama a contemplar uno de los misterios más hermosos, humanos y divinos, de la vida de la Virgen María: la Visitación a su prima Santa Isabel. Apenas unos días antes, María había recibido el anuncio del Ángel. Su vida ha cambiado para siempre; lleva en su seno al Salvador del mundo. Ante un acontecimiento de proporciones cósmicas, la lógica puramente humana habría dictado el repliegue, el aislamiento protector o la parálisis ante el temor de lo desconocido. María tenía todas las razones humanas para quedarse en su hogar: asimilar el misterio, proteger su reputación ante los cuestionamientos de su entorno y cuidar los primeros síntomas de su propio embarazo. Sin embargo, la Sagrada Escritura rompe esa lógica y nos dice que María «se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá». Esta sola frase contiene una eclesiología entera. La gracia de Dios no es una posesión estática que se almacena; es una fuerza viva que desinstala. Quien verdaderamente se llena de Dios no se encierra en una burbuja autorreferencial ni se vuelve estéril en el intimismo espiritual. Al contrario, la presencia de Jesús en el alma genera una santa inquietud, un impulso incontenible que empuja a salir de uno mismo para ir al encuentro del otro. María nos enseña desde el primer instante que una fe que no se hace camino, que no asume el riesgo de salir a la intemperie por amor, es una fe que corre el riesgo de enfermar.

1. La prisa del amor y del servicio

El evangelista San Lucas subraya que María realiza este viaje «a prisa». Es fundamental entender el significado espiritual de esta prisa. No estamos ante la prisa mundana de nuestro siglo XXI, que nace de la agitación, el estrés, el activismo vacío o la ansiedad cronometrada. La prisa de María es la urgencia de la caridad; es el ritmo del Espíritu Santo que no soporta la apatía ni la postergación cuando hay un hermano que sufre o que necesita ayuda.

Isabel es una mujer anciana que vive un embarazo milagroso, pero humanamente difícil, en la soledad de la montaña. María no viaja para ser servida en su nueva condición de "Madre del Mesías", no viaja buscando los honores ni los aplausos de su parentela. Cruza la accidentada geografía de Judea —un viaje largo, peligroso y extenuante para una joven— movida exclusivamente por el deseo de lavar los platos, de limpiar la casa, de acompañar el silencio de su prima y de sostener sus manos cansadas.

Aquí encontramos una palabra punzante para nuestra vida cristiana diaria: la caridad verdadera no sabe de mañanas. Cuántas veces el Espíritu Santo nos inspira en el corazón el deseo de visitar a un enfermo, de llamar a ese familiar con el que estamos distanciados, de escuchar al vecino que padece la cruz de la soledad, o de involucrarnos activamente en las obras de misericordia de nuestra parroquia. Y, sin embargo, nuestra prudencia carnal nos susurra: «Espera a que tengas tiempo», «hazlo la próxima semana», «ya tienes suficientes problemas»... María destroza nuestros pretextos de comodidad. Ella nos demuestra que el servicio humilde y concreto es la única verificación auténtica de que Cristo habita en nosotros. Si Jesús está en nuestro corazón, nuestros pies deben moverse con premura hacia las necesidades del prójimo.

2. María, el Arca de la Nueva Alianza

Para comprender la densidad teológica de este pasaje, debemos agudizar el oído y escuchar los ecos del Antiguo Testamento que san Lucas introduce sutilmente. El viaje de María a la montaña de Judea sigue, paso a paso, la misma ruta que siglos antes recorrió el rey David cuando trasladaba el Arca de la Alianza hacia Jerusalén (cf. 2 Sam 6).

Recordemos las palabras de David ante el Arca: «¿Cómo va a venir a mi casa el Arca del Señor?». Comparemos esto con la exclamación de santa Isabel al ver entrar a su prima: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?». David danzó con alegría desbordante ante la presencia del Arca que contenía las tablas de la ley, el maná y la vara de Aarón. Del mismo modo, ante la voz de María, el niño Juan el Bautista salta de gozo en el vientre de su madre. El Arca de la Alianza permaneció en la casa de Obededom durante tres meses, llenándola de bendiciones; María permanece en la casa de Zacarías exactamente tres meses.

Este paralelismo no es una coincidencia literaria; es una revelación. María es la verdadera, la nueva y definitiva Arca de la Alianza. Ella ya no lleva piedras escritas por el dedo de Dios, sino al Diseñador del universo; no lleva un maná perecedero, sino al Pan Vivo bajado del cielo. Cuando María entra en ese hogar, no es una simple visita familiar: es la entrada de la gloria de Dios en la cotidianidad de una casa humana.

Y el efecto es inmediato: al escuchar el saludo de María, Isabel queda llena del Espíritu Santo. Notemos que Jesús aún no habla, es un embrión en el seno materno, pero su sola cercanía irradia santificación. Juan el Bautista, antes de nacer, ejerce ya su ministerio profético reconociendo al Salvador del mundo: ¡Qué misterio tan grande! El primer encuentro de salvación de la era cristiana ocurre en el silencio del ocultamiento, en el ámbito sagrado del vientre materno, dignificando la vida humana desde su concepción más temprana y demostrándonos que Dios actúa en lo pequeño, en lo escondido, en lo que el mundo muchas veces descarta o ignora.

3. La bienaventuranza de la fe

Isabel, inspirada por el Espíritu, pronuncia la primera gran bienaventuranza del Nuevo Testamento: «Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». Fijémonos bien: Isabel no dice «dichosa tú porque vas a ser famosa», o «dichosa tú por tus cualidades humanas». El elogio que define la grandeza absoluta de María es su fe. María es la mujer creyente por excelencia. Ella creyó en la palabra del Ángel cuando todo parecía biológicamente imposible, cuando los riesgos sociales para su vida y fama eran inmensos, y cuando el futuro se presentaba como un abismo de incertidumbre. Ella no exigió pruebas, como sí lo hizo Zacarías, quien quedó mudo por su incredulidad. María se fió de Dios con una confianza ciega y total.

Esta bienaventuranza es un espejo en el que debemos mirarnos. En nuestra andadura cristiana, es fácil creer cuando todo marcha sobre ruedas, cuando la salud nos sonríe, cuando la economía es estable y las relaciones familiares son pacíficas. Pero, ¿qué pasa cuando llega la tormenta de la enfermedad? ¿Qué ocurre cuando experimentamos el fracaso, la incomprensión o el luto? Es ahí, en la oscuridad del Viernes Santo personal de cada cual, donde estamos llamados a heredar la bienaventuranza de María. Creer significa confiar en que Dios sigue siendo fiel, que sus promesas tienen fecha de cumplimiento y que, detrás de los nubarrones más oscuros de nuestra existencia, el amor del Padre está tejiendo una historia de salvación perfecta. María nos invita a sustituir nuestras quejas por actos de fe, y nuestros miedos por una rendición absoluta en los brazos de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, el misterio de la Visitación no es una hermosa pintura del pasado para contemplar con una piedad puramente sentimental. Es un programa de vida y una hoja de ruta para la Iglesia del tercer milenio. Estamos llamados a ser, como individuos y como comunidad parroquial, una Iglesia que se deja visitar por el Señor para poder llevarle a otros y así ser visitados por Él; una extensión viva del misterio de María. Nuestro mundo contemporáneo padece de una profunda y dolorosa epidemia de soledad, de indiferencia y de desesperanza. Hay miles de "Isabeles" modernas en nuestros barrios, en nuestros bloques de pisos, en nuestros lugares de trabajo: ancianos olvidados en la última habitación de una residencia, enfermos que cuentan las horas en el hospital sin recibir una visita, jóvenes con las almas vacías que buscan sentido en los paraísos artificiales del alcohol, las drogas o en sórdidas pantallas, matrimonios que sufren en silencio el desgaste de la incomprensión crónica... A todos ellos no podemos llevarles simplemente discursos teóricos, ideologías humanas o palabras huecas. Tenemos que llevarles lo que María llevó: la presencia viva, transformadora e irradiante de Jesucristo. Pidámosle hoy a nuestra Madre del Cielo, Nuestra Señora de la Visitación, que nos conceda su mismo corazón: un corazón desinstalado, libre de egoísmos y encendido en caridad. Encomendamos también a Santa Isabel a todas las mujeres embarazadas, en especial las que pasan dificultades e incertidumbres en su gestación. Que el Señor nos conceda la gracia de ponernos en camino, de cruzar las montañas de nuestros propios miedos, prejuicios y perezas. Que cuando crucemos el umbral de los hogares de los que sufren, nuestras palabras, nuestros gestos de ternura y nuestro servicio desinteresado sean de tal manera que quienes nos rodean puedan percibir que Cristo mismo los está visitando, y que sus corazones puedan volver a saltar de alegría. Que así sea.

Evangelio de la Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y levantando la voz, exclamo:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu Vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».

María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como lo había prometido a nuestros padres - en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Palabra del Señor

sábado, 29 de agosto de 2026

Respuesta a Carta al Arzobispo. Por José Luis González Vázquez

(Lne) Con ánimo de aclarar y no de polemizar, deseo responder a la carta publicada el 25 de agosto en la sección “Cartas al Director” del periódico LA NUEVA ESPAÑA referida a la celebración del pasado 26 de julio en la capilla de San Nicolás, en la parroquia de Tornón, firmada por don José Luis Llera García.

Pensar, como indica el firmante del mencionado escrito, que la indicación de no interpretar el himno de Asturias durante la consagración procede del señor Arzobispo como represalia por tensiones políticas es, sencillamente, pensar mal. No existe relación alguna entre ambas cuestiones.

La nota pastoral no nace de una decisión personal del Arzobispo, sino de los libros litúrgicos promulgados por la Santa Sede para toda la Iglesia. En ellos se establece cómo ha de celebrarse la santa misa, y nunca se ha previsto la interpretación de himnos nacionales o regionales durante la consagración, ni en España ni en ningún otro lugar.

Es cierto que esta costumbre se mantuvo durante un tiempo: primero se interpretaba —en algunos sitios— el himno nacional, y más tarde, el de Asturias. Pero la antigüedad de una práctica no basta para convertirla en norma. Que algo se haya hecho durante sesenta años no significa necesariamente que se haya hecho bien. En este caso, la costumbre no crea ley litúrgica.

La nota enviada a los sacerdotes, a la que hace referencia el autor de la carta, surgió como respuesta a consultas formuladas a esta delegación por algunos de ellos. Se respondió, como no podía ser de otro modo, conforme a lo que la Iglesia prescribe. Por otro lado, el Papa nos recuerda que en la liturgia no debemos quitar ni añadir a nuestro gusto, porque la misa no pertenece al sacerdote, ni a una parroquia, ni a un grupo de vecinos: pertenece a toda la Iglesia y en ella se celebra la fe católica.

Asimismo, y como afirma el escrito, nadie pretende jugar con los sentimientos de los asturianos. El himno de Asturias es querido por todos y puede interpretarse dignamente en otros momentos de la fiesta. Lo único que se pide es respetar el silencio sagrado de la consagración. Hay instantes en los que la música expresa nuestra emoción y otros en los que el silencio nos permite adorar el misterio que se está celebrando.

Agradecemos sinceramente que los vecinos hayan cedido la capilla, que la cuiden y sufraguen su mantenimiento. Todo ello manifiesta un amor verdadero por la capilla y por sus tradiciones. Pero esa generosidad no puede condicionar la obligación del sacerdote de celebrar la santa misa conforme a lo que la Iglesia establece a través de los siglos.

La capilla puede haber sido levantada y cuidada por muchas manos; pero cuando en ella se celebra la eucaristía, el altar es de Cristo. Y ante él, todos —Arzobispo, sacerdote y fieles— somos invitados a obedecer, agradecer y adorar.

Con el sincero deseo de aclarar y no de polemizar, doy por concluido el tema agradeciendo la publicación.

José Luis González Vázquez es delegado episcopal de liturgia de la Archidiócesis de Oviedo

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