miércoles, 26 de agosto de 2026

Una fiesta de tres siglos para salir, abrazar y alabar. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


La Fiesta de la Visitación de María a su prima Santa Isabel cobra en Lugones una dimensión especial, y es que forma parte su ADN. Decía el enamorado Cronista de Lugones y malogrado José Antonio Coppen, que las fiestas de Santa Isabel, al datar del siglo XIX podía presumir de haber conocido tres siglos diferentes: ¡cierto! Esta festividad, que tradicionalmente cierra el mes de agosto, une el misterio evangélico con el latir cotidiano de nuestra localidad. En un cruce de caminos históricamente marcado por el paso de tiempo, el esfuerzo industrial y el constante crecimiento humano. El viaje de la Virgen se convierte en un icono que siempre aporta luz. El relato bíblico nos muestra una fe que no se estanca, sino que se pone en movimiento para servir a los demás. María no guarda la buena noticia en el aislamiento; sale al encuentro de inmediato con prontitud, a compartir el gozo. Al igual que María cruzó la geografía de Judea para abrazar a su prima anciana, Lugones se ha construido históricamente gracias a personas que se pusieron en camino. Desde aquellos primeros pobladores que se asentaron al amparo de las calzadas romanas, hasta las familias que llegaron con el auge industrial del último medio siglo. Lugones, encrucijada de caminos, puede presumir de ser tierra de encuentros, acogida y dinamismo cotidiano.

Cuando María entra en el hogar de Isabel, se desborda la alegría y el reconocimiento mutuo. Las Sagradas Escrituras plasman este momento cumbre que hoy inspira nuestra fiesta local: Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó la criatura en su vientre ( Lc 1, 41). Llevar a Cristo implica transformar los espacios comunes, renovando y acogiendo. Es la crónica de un camino que une la prisa alegre del servicio con la solidez de una comunidad que, a lo largo de los siglos, ha sabido construirse a base de encuentros, trabajo y fe compartida de los propios y los que van llegando. El relato bíblico de la Visitación nos sitúa ante una fe que no es estática ni puramente contemplativa. No es la prisa del ansia contemporánea, sino la urgencia del amor que no puede esperar. María desafía la fatiga, la montaña escarpada y las distancias, para llevar el mayor tesoro: ''el fruto bendito de su vientre''. El encuentro entre María e Isabel es también el abrazo entre el ayer y el mañana, entre la juventud audaz y la ancianidad experta y venerable. El espíritu de la Visitación nos llama a fortalecer la vida espiritual, asociativa, cultural, caritativa... La Visitación es el ejemplo supremo de esta dinámica. María no da un discurso teológico a Isabel; le ofrece su presencia, su ayuda en las tareas domésticas y su testimonio de creyente. La verdad del Evangelio se hace creíble cuando se traduce en conciliación familiar, en el respeto mutuo entre los ciudadanos y en la acogida hospitalaria a quienes eligen, como la mejor posible, esta localidad para vivir.

Afirmaba el Papa León XIV: ''En este día, el del encuentro con su prima Isabel, se contiene el secreto de cualquier otro día, de cualquier otra época. Y las palabras no son suficientes; es necesario un canto, que la Iglesia sigue entonando cada día, al atardecer, «de generación en generación» (Lc 1,50). La sorprendente fecundidad de la estéril Isabel confirmó a María en su confianza; le anticipó la fecundidad de su “sí”, que se prolonga en la fecundidad de la Iglesia y de toda la humanidad, cuando la Palabra renovadora de Dios es acogida. Ese día dos mujeres se encontraron en la fe, después permanecieron tres meses juntas para ayudarse, no sólo en las cosas prácticas, sino en un nuevo modo de leer la historia''. El magisterio del Papa León ilumina con especial fuerza el sentido de esta celebración. En sus recientes intervenciones, el Santo Padre insiste en que las grandes historias de salvación se construyen en los hechos más sencillos y humanos de la vida diaria: «El Dios de la Biblia se manifiesta en la liberación de la esclavitud, en el nacimiento ya inesperado de un hijo, en el amor misericordioso y fiel. Habla a través de hechos y encuentros, rostros e historias». Ahí tenemos el regalo de la reciente encíclica Magnifica humanitas (magnífica humanidad) que no aborda únicamente el reto de la Inteligencia Artificial, sino especialmente, la prioridad de la dignidad humana. Un texto que no deja indiferente a quien se asoma a sus enseñanzas, y también aquí nos encontramos la escena de la Visitación: ''El cántico de María acompaña nuestro compromiso. Ante Isabel, que le anuncia que se ha convertido en la madre del Señor, María prorrumpe en un himno de alabanza y de alegría: su alma proclama la grandeza del Señor y su espíritu exulta en Dios su Salvador, porque Él eligió a una joven pobre y pequeña para su plan de salvación'' (Nº 243). Este mensaje es un fuerte asidero espiritual. Y cómo olvidar su reciente visita a España, donde nos el Pontífice nos ha regalado unas bellas y profundas reflexiones para nuestra realidad, alguna en el seno de la palabra libre de nuestra democracia. Quizás una de las más aplaudidas por creyentes y no creyentes ha sido su propuesta para huir de la polarización, que pasa por anteponer la cultura del encuentro frente al enfrentamiento; nosotros podríamos traducirlo por vivir en clave de visitación, en lugar de confrontación.

Celebrar la Visitación de María a Isabel es un llamado urgente a caminar «cum festinatione» —con prisa alegre— al encuentro de quienes nos rodean. Es un compromiso a no ser meros espectadores ni a preocuparnos únicamente de lo nuestro. Estamos llamados a imitar los tres pasos del camino de María:  1º Salir: Romper la inercia, la rutina vacía, la comodidad personal y el acomodo, los clichés, los tópicos y estereotipos, los muros. 2º Abrazar: Escuchar con paciencia a las generaciones que nos precedieron y acoger con esperanza a las nuevas, tender la mano a quien jamás se la daríamos: al que no piensa lo que yo pienso, al que no cree lo que yo creo, al que no vota a quien yo voto, a quien no tiene el color de la piel como la mía... 3º Alabar: Los creyentes agradecemos lo que Dios nos concede; sí, pero al tiempo, qué importante es que valoremos el trabajo desinteresado de otros -como en el caso de la Sociedad de Festejos- con reconocimiento y gratitud. Y es que no es poco el esfuerzo, no sólo por sacar las fiestas adelante, sino al mismo tiempo, el de tantas personas que con su trabajo diario, aún movidos por convicciones diferentes, siguen haciendo de Lugones un lugar donde da gusto vivir y donde todos nos queremos quedar. Que la Virgen de la Visitación y su prima Santa Isabel bendigan cada familia de nuestro pueblo, y nos conceda siempre la gracia de caminar con prisa alegres para salir, abrazar y alabar. 

Joaquín, párroco

Santoral del día: Santa Teresa de Jesús Jornet

(Año Cristiano de Edibesa) Aytona, Cataluña, 9 de enero de 1843, nace a la vida una niña, Teresa, la hija primogénita de Francisco Jornet y de Antonia Ibars, que es bautizada al día siguiente. Familias serias y de auténtica fe las de Jornet y las de Ibars. […] La niña crece en un ambiente de seriedad procurado por sus padres, austeros y trabajadores, como lo han sido sus antepasados. Sus tíos Palau han notado que la niña es de inteligencia despierta y aguda. ¿Por qué no hacerle tomar los libros y seguir un curso normal de estudios? La iniciativa atrae también a los padres de Teresita. Y ésta, acompañada por su tía Rosa, marcha a Lérida. Junto a la tía se desarrolla la piedad de la niña y adquiere ya desde entonces un sello eucarístico.

Acabados los estudios en Lérida y cuando Teresita podía alegrarse con la idea de retornar a Aytona, ve que otras voluntades la mandan a Fraga, para proseguir su educación cultural.

Durante los meses de vacaciones, vuelve a Aytona. Con alegría y sencillez, torna a sus costumbres de «mujercita de su casa» y de muchacha de pueblo. En su juventud revela ya las dotes futuras de la organizadora y superiora del mañana.

Novicia en las Clarisas

A primeros de julio de 1868, Teresa y su hermana Josefa abandonan la casa paterna. La primera toma el camino que conduce al convento de Clarisas, en la localidad de Briviesca, en las inmediaciones de Burgos; la segunda se dirige al Asilo de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en Lérida.

Los meses del postulantado y del noviciado corren veloces. El alma de Teresa se esponja con el gozo de ver ya cercano el día en que se unirá definitivamente al Señor por medio de la profesión.

Dios, sin embargo, disponía las cosas de otro modo. Sus designios son indescifrables. Y Teresa, que no se ha movido ante las imposiciones de los hombres, tiene que replegarse ante la enfermedad. Le aparece un buen día en la frente una postilla rebelde a todo cuidado. Las religiosas se alarman. Los médicos dejan caer unas palabras muy tristes. Quizás aquella postilla sea de naturaleza maligna, tal vez, incluso, hasta contagiosa. Tratándose de una novicia. la voz de la prudencia aconseja alejarla del convento.

Con su tío, el Beato Francisco Palau

Una vez más, su tío, el padre Francisco Palau, trata de enfilar a Teresa en su pequeño ejército de Terciarios y Tericiarias Carmelitas. Sin comprometerse definitivamente, Teresa se pone a trabajar con ardor y con inteligencia. No sabe hacer las cosas a medias. El padre Palau la nombra visitadora de las escuelas que él va abriendo en la península y en las islas Baleares. El 20 de marzo de 1872 moría el padre Palau, y en abril Teresa está nuevamente con su familia; pero espiritualmente se encuentra sumida en la mayor soledad e incertidumbre frente al futuro. -Señor, ¿qué queréis que haga?».

Un grupo de sacerdotes de Huesca y de Barbastro, presididos por el maestro de capilla de la catedra] de Huesca, don Saturnino López Novoa, está echando las bases de un instituto femenino que se consagre exclusivamente a la asistencia de los pobres ancianos abandonados.

Don Saturnino entrega a la obra todo cuanto es y cuanto tiene. Pero hay que buscar las obreras de Dios.

En Barbastro abrirá don Saturnino la primera casa. La sede elegida se llama «Pueyo». Se trata de un antiguo edificio, un tanto viejo y en condiciones no muy honrosas, pero que ofrece muchas ventajas para la nueva finalidad. Vienen a habitar al Pueyo doce jóvenes de las cercanías, todas entre los 18 y los 30 años. Abundan en entusiasmos y buena voluntad. Carecen de riquezas materiales. Se comprende, pues, que la vida en el Pueyo discurra por cauces de pobreza y humildad. Pero ¿no es éste el venturoso comienzo de las obras de Dios? Entre las doce se encuentran Teresa.

¿Quién conducirá adelante esa incipiente comunidad? Nadie sino Teresa podía ser la cabeza de aquel grupo.Superiora permanecerá Teresa hasta la muerte. Serán veinticinco años de gobierno, Ha sido Dios, no los hombres, quien ha fijado la elección.

Su nombre primero es el de «Hermanitas de los Pobres Desamparados» Sólo en una segunda etapa y para evitar equivocaciones con el instituto francés del mismo nombre, se llamarán como actualmente se denominan «Hermanitas de los Ancianos Desamparados». ¡Hermanitas! No madres, sino «hermanitas, porque ellas se colocan en el último peldaño de la escala familiar, como el último de los hijos de una familia, dispuestas siempre a cumplir los deseos de los hermanos mayo-res, los ancianos.

El 27 de enero de 1873, Barbastro se viste de fiesta. Se va a proceder a la vestición de las «hermanitas». Toda la población se dio cita en la capilla del Seminario Conciliar. A falta de una iglesia propia, las hermanitas, recibirían el santo hábito en la iglesia de los seminaristas. La ceremonia resultó solemnísima.

Pero no habían de quedarse en Barbastro. El reloj de Dios señala una nueva hora.

En estos mismos días, en Valencia, un grupo de católicos reunidos en una asociación, propone combatir el mal con una obra de caridad. Entre sus muchas iniciativas cuaja un buen día el proyecto de ocuparse cristianamente de los pobres ancianos abandonados. Dicho proyecto presupone unas religiosas a cuyas atenciones se encomiende el cuidado de los ancianos asilados. Dios mismo, por caminos impensados, pone a los miembros de la asociación de Valencia en relación con don Saturnino.
Valencia: junto a la Virgen de los Desamparados

Se unifican los proyectos y se llega a un acuerdo mutuo. Las hermanitas se trasladarán a Valencia. Será el punto de partida para legiones de hermanitas, cuyo destino será poner una sonrisa en medio del dolor de los abandonados, un rayo de esperanza en la soledad de los pobres, un mucho de amor en la tristeza de los ancianos.

Nadie duda —y mucho menos que nadie la madre Teresa que la misma Santísima Virgen es la que les ha llamado a Valencia. Por esto, de ahora en adelante, la Virgen de los Desamparados será la celestial patrona del instituto. La casa está cerca, en la plaza de la Almoyna.

Han llegado a la ciudad el 8 de mayo de 1873. Es la víspera de la fiesta de la Virgen y toda la ciudad se ha puesto en conmoción con la llegada de las hermanitas. Dos días después –fecha que no hay que olvidar–, el instituto acoge a la primera anciana. Una paralítica de 99 años. Se comienza bien...

De nuevo España está en guerra; esta vez se sublevan las regiones en petición de independencia, Valencia se declara en rebeldía contra el Gobierno de Madrid. La ciudad se ve poco después asediada y bombardeada. Las hermanitas deciden refugiarse en Alboraya.
Los Ancianos: «Cuidar los cuerpos para salvar las Almas»

Un año tras otro se multiplican las casas-asilo a una velocidad impresionante. La madre Teresa quería que se llamaran así, casas-asilo no simplemente asilos, porque el término le parecía demasiado frío y humillante. Casas-asilo, donde el anciano encuentre el calor de un hogar y el afecto de una madre y unas hermanitas que se entregan totalmente al servicio afectuoso del pobre que se llega a ellas.

Los ancianos desamparados son los dueños de las casas-asilo. las hermanitas son simplemente las siervas de los ancianos, Ésta era la convicción y la enseñanza de la santa y su vida nos dice que todo su caminar fue orientado por la luz de este pensamiento. Así los ama ella. De día y de noche los ancianos son su preocupación, su dulcísimo tormento, los hijos de sus entrañas, sus «niños grandes» a los que quiere ganar la confianza, para acercarlos más a Dios, y prepararlos a salir serenos al encuentro de la muerte. Es ésta la parte más santa y bella de la misión de la hermanita.
«Cuidar los cuerpos para salvar las almas», era la máxima constante en labios de la santa, y como su gran fe le hacía ver en los ancianos pobres y abandonados, la figura de Cristo, toda su ambición era ayudarles a librarse de las escorias del pecado, a recuperar, si la habían perdido, la gracia y, con la gracia, la dignidad de hijos de Dios.

Intensa vida eucarística, tierna devoción a la Virgen, fidelidad total a la regla, sobrenatural caridad fraterna entre las hermanitas, cuidado asiduo y diligente de los ancianos abandonados. Éstos son los rasgos que diseñan la fisonomía espiritual de las hermanitas.
Misión: por España y por América

Al cumplirse el primer decenio de la fundación del instituto, las casas-asilo son ya 33. Diez años más tarde, han subido a 81, pasan cinco años más y cuando a la santa le toca la hora de dar por cumplida su tarea en este mundo, las casas-asilo de las hermanitas suman ya la cifra maravillosa de 103. En 1885, el instituto cruza el océano. Las hermanitas han sido llamadas a Santiago de Cuba y a La Habana. Parten alegres y su gozo se multiplica con el rápido crecer del número de las casas-asilo. Por primera vez, las hermanitas van a fundar sin la madre, Gustosa les acompañaría, pero ya en este momento, no es sino una inválida.

Tiene apenas 42 años, pero su salud se resiente profundamente. Hace ya años que habría tenido que retirarse a una vida reposada, sin fatigas, sin malos tratos. Y la madre Teresa ha hecho precisamente todo lo contrario.

Sin embargo, no ha sonado todavía la hora de la partida. Es necesario que el insitituto, su obra, se consolide firmemente. Ha recibido ya en 1876 el «Decretum laudis» de Roma. Es el primer paso hacia la aprobación definitiva. Y ésta llega en 1887.

Por abril de 1896. se celebra el capítulo general. La santa suplica a las hermanitas que se dignen librarla del peso de su periora general. Pero no hay quien haga caso de la voz de la madre. Sus hijas se niegan a plegarse a sus requerimientos. La madre es ella y no otra. Y volvió a cargar con la cruz.
Hacia la Casa del Padre

La madre prevé que la meta está ya cercana. Los médicos quieren hacer todavía una nueva tentativa y piden que se traslade la madre a la población de Liria. Creen que el clima le irá mejor. Ella deja hacer. Más de 70 superioras e infinidad de hermanitas desfilan por Liria para recibir la última bendición y los postreros consejos de la madre. Ella continúa dándose y consolando el door de sus hijas, Olvidada de sí, quemada por el fuego, por un ardor que nada puede aplacar. El 12 de julio, el padre Francisco le lleva el Viático y dos semanas después, asistido por don Saturnino, le administra el sacramento de la Extremaunción.

Con el pensamiento en las hijas lejanas, y más aún, con la mente fija en todas las que en un futuro habían de engrosar las filas del Instituto de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, la santa dicta una última recomendación, resumen de su vida y de su enseñanza. «Cuiden con interés y esmero a los ancianos, ténganse mucha caridad y observen fielmente las Constituciones. En esto está nuestra santificación«.

En el mes de agosto le llega de Roma la noticia de que las Constituciones del instituto han sido aprobadas definitivamente: era el último sello a la obra de su vida. Llora de alegría y de reconocimiento y sus labios acompañan el canto del Tedeum. Había llegado el momento de pronunciar también ella el «Nunc dímittis...

El 26 de agosto de 1897, noche de insomnio, repetidas veces expresa la enferma el deseo de recibir la Sagrada Comunión. La recibe a diario, pero ¿por qué tanta insistencia esta noche, si todavía no son las tres de la madrugada?

A la primera claridad del alba, viene el sacerdote. Oye a la santa en confesión y sale luego en busca del sacramento.
La madre mira a su alrededor, sonríe a las hermanitas presentes e inclina la cabeza... para siempre.


Sor Edesia del Sagrado Corazon de Jesús Rodríguez. 
Superiora general

martes, 25 de agosto de 2026

Programa de las Jornadas sobre San Pedro Poveda y los Mártires del Siglo XX en Covadonga

 




Polonia y Eslovaquia preparan una ruta internacional de peregrinación tras las huellas de san Juan Pablo II

(Infovaticana) Polonia y Eslovaquia preparan una ruta internacional de peregrinación dedicada a san Juan Pablo II que unirá algunos de los principales lugares vinculados a Karol Wojtyla a ambos lados de los Tatras. La iniciativa fue abordada en Bratislava durante una reunión entre la secretaria de Estado de Turismo eslovaca, Jana Štilichová, y su homólogo polaco, Ireneusz Raś.

Según informó TK KBS, la agencia de la Conferencia Episcopal Eslovaca, ambos países quieren conectar los caminos papales ya existentes en Polonia con las rutas de peregrinación y senderismo de Eslovaquia, especialmente las situadas en los Tatras y en la región histórica de Spiš.
De Wadowice a los Tatras

La futura ruta tendrá como uno de sus puntos de partida el Camino Papal de Pequeña Polonia, creado en 2003. Su itinerario principal recorre unos 231 kilómetros entre Kalwaria Zebrzydowska y Stary Sącz, aunque la red completa, con sus diferentes variantes, suma alrededor de 620 kilómetros.

Los caminos recorren una geografía estrechamente ligada a la vida de Juan Pablo II. Entre sus principales puntos se encuentran Wadowice, donde nació Karol Wojtyla en 1920, y Kalwaria Zebrzydowska, el santuario mariano que frecuentó desde su juventud y al que regresó también como Papa.

Desde allí, las rutas se adentran en los Beskides y los Tatras, las montañas que Wojtyla recorrió durante años a pie y sobre esquís. El itinerario incluye lugares como el Gron Jana Pawła II, el santuario mariano de Ludźmierz y Stary Sącz, donde se conservan el santuario de santa Kinga y el altar levantado con motivo de la visita del pontífice. Una de las variantes pasa también por Zakopane, el santuario de Krzeptówki y Morskie Oko.

La intención de ambos gobiernos es prolongar esta red hacia la vertiente eslovaca de los Tatras y la región de Spiš, aprovechando caminos que ya existen en lugar de crear un itinerario completamente nuevo.
Una geografía ligada a la vida de Juan Pablo II

La dimensión transfronteriza del proyecto responde a la propia biografía de Wojtyla. Antes de llegar al pontificado, el futuro Juan Pablo II recorrió repetidamente las montañas del sur de Polonia y llegó también a los Tatras eslovacos. La montaña ocupó un lugar constante en su vida desde sus años de sacerdote y posteriormente como arzobispo de Cracovia.

Su relación con Eslovaquia continuó después de su elección como Papa. Juan Pablo II visitó el país en tres ocasiones: 1990, 1995 y 2003. En aquellos viajes pasó por algunas de las regiones que ahora podrían quedar integradas en el nuevo itinerario.

El proyecto busca convertir esa geografía común en una ruta de peregrinación que conserve la memoria espiritual del Papa polaco y, al mismo tiempo, conecte santuarios, localidades y caminos asociados a su vida. Las autoridades de ambos países prevén además que la iniciativa contribuya al turismo de las regiones atravesadas y refuerce la cooperación entre los dos países vecinos.

Por ahora, no existe un trazado internacional definitivo ni una fecha anunciada para la apertura de la ruta. Los trabajos se concentran en determinar cómo enlazar los caminos papales polacos con los itinerarios existentes al otro lado de los Tatras.

Avalancha de peregrinos para visita del Papa a Lourdes

(InfoCatólica) En la cada vez más secularizada Francia, la visita de León XIV está suscitando un sorprendente interés. En particular, para el acto de Lourdes de los días 26 y 27 de septiembre se están desbordando las previsiones de los organizadores.

Según informa Tribune Chretienne, un mes antes de la llegada del Papa a Lourdes, más de 100.000 personas ya se han inscrito para un aforo máximo fijado en 150.000. El proceso ha sido vertiginoso. El 11 de agosto, menos de 24 horas después de la apertura de la plataforma, ya se habían registrado más de 30.000 personas. Diez días después, se superaron las 100.000 inscripciones.

Nadie lo esperaba. Cuando comenzó el proceso de inscripción de asistentes, la inscripción se presentaba como como “muy recomendable” y meramente por motivos de organización. En cambio, ahora, a la vista de la avalancha de fieles, el Santuario ha declarado que la inscripción será obligatoria, aunque continuará siendo gratuita.

Por ello, el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes ha entrado en la “última fase de inscripciones” y avisa de que estas se cerrarán en los próximos días, a medida que se va llegando al aforo máximo.

Si bien la inscripción para los diversos actos será, como se ha indicado, obligatoria, la Misa del domingo permanecerá abierta a todos, aunque “sujeta a disponibilidad”. Esto significa que gran parte de los asistentes tendrán que seguirla mediante pantallas gigantes desde otras zonas próximas al Santuario cuando la pradera esté llena y se están preparando aparcamientos periféricos y lanzaderas con las autoridades locales.

León XIV será el tercer papa que viaja a Lourdes. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI lo hicieron durante sus pontificados. El Papa Francisco, en cambio, indicó que prefería visitar los países europeos pequeños.

lunes, 24 de agosto de 2026

Santoral del día: San Bartolomé

(COPE) En esta jornada nos acercamos hasta la figura de uno de los más íntimos del Señor. Si por algo se caracteriza es por su sinceridad. Hoy celebramos al Apóstol San Bartolomé. Tal y como cuentan los Evangelios, Cristo después de pasar la noche en oración, llamó a sus discípulos y eligió a Doce de ellos para que estuviesen con Él.

Entre estos se encuentra San Bartolomé. Al principio es Felipe quien le pone en contacto con Jesús. Esto se relata en el Evangelio según San Juan. Se le da el nombre de Natanael y es de Caná de Galilea. No da crédito a lo que le dice a su amigo sobre Jesús de Nazareth.

Al final el encuentro con el Maestro le hace volver a su honradez y sinceridad. Así se lo dice el Señor y él le proclama como el Mesías por el entusiasmo que le da en el corazón. Después de ser uno de los que le siguen, un día Jesús cuando pasa la noche en oración, escoge de entre sus discípulos Doce y él está entre ellos.

Su pertenencia al grupo de los Doce Apóstoles le hace ser también testigo de la Resurrección del Señor y de su Ascensión al Cielo. El Libro de Los Hechos de los Apóstoles le sitúan con el resto del Colegio Apostólico perseverando con María en la Oración a la espera de la Venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

Tal y como cuenta la Tradición, el Apóstol San Bartolomé morirá mártir en la India donde predica la Buena Nueva del Evangelio. Muchos pueblos y ciudades celebran fiestas en honor de este moembro del Colegio Apostólico.

domingo, 23 de agosto de 2026

''El poder del infierno no la derrotará''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Hoy la Palabra de Dios nos sitúa ante la pregunta más importante de nuestra existencia. No es una pregunta teórica ni un examen de conocimiento religioso. Jesús nos mira hoy a los ojos a cada uno de nosotros y nos pregunta: «Y vosotros, ¿Quién dicen que soy yo?». A través de las lecturas de este domingo XXI, la liturgia nos muestra cómo Dios teje su plan de salvación: Veremos cómo le quita el poder a los soberbios, cómo sus caminos superan nuestra mente humana y cómo edifica su Iglesia sobre la roca de la fe confesada por San Pedro. Entremos, pues, con el corazón abierto en cada una de estas lecturas.

En la primera lectura, el profeta Isaías nos traslada a la corte del rey Ezequías en Jerusalén. Allí encontramos a Sebná, el mayordomo palaciego. El mayordomo era el hombre más poderoso después del rey; guardaba las llaves del palacio y decidía quién entraba y quién no. Sin embargo, Sebná se llenó de soberbia, buscó su propia gloria y descuidó la justicia. Dios interviene con fuerza. Destituye a Sebná y elige a Eliaquín, un hombre con corazón de siervo. Dios dice textualmente: «Le colocaré en el hombro la llave de la casa de David; lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá». La llave es el símbolo de la autoridad, pero de una autoridad recibida de Dios para proteger y cuidar al pueblo, no para beneficio propio. Esta lectura nos enseña dos cosas fundamentales, por un lado que Dios tiene la última palabra, dado que el poder humano es pasajero. Y por otra parte descubrimos que la autoridad es servicio. Todos tenemos alguna "llave" o responsabilidad en la vida, e Isaías nos invita a revisar cómo usamos esa autoridad. 

San Pablo, en su carta a los Romanos, acaba de reflexionar sobre el misterio de la salvación, viendo cómo Dios es capaz de guiar la historia humana a pesar de los errores, las caídas y las rebeldías de los hombres. Ante este panorama, el Apóstol no encuentra más palabras que las de la adoración y el asombro: «¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!». Pablo nos recuerda de forma directa que la mente de Dios supera por completo nuestros cálculos humanos. Necesitamos reconocer nuestra pequeñez. Nadie ha sido consejero de Dios, nadie le ha dado nada primero para que Dios tenga que devolvérselo. Todo procede de Él, todo existe por Él y todo se dirige hacia Él. Muchas veces nos encontramos en la vida con situaciones que no entendemos: sufrimientos, pérdidas, giros inesperados o momentos de oscuridad. Queremos controlar el futuro y exigirle explicaciones a Dios. Esta lectura nos invita a soltar el control y a confiar. Nos llama a tener la humildad de aceptar que los caminos de Dios son más altos que los nuestros. Cuando no entiendas lo que pasa en tu vida, no caigas en la desesperación; repite con San Pablo: «¡Qué insondables son tus caminos, Señor!», y descansa en su paz.

En el evangelio de este día tomado del capítulo 16 de San Mateo, vemos cómo Jesús se retira con sus discípulos a la región de Cesarea de Filipo. Es un lugar alejado, rodeado de templos paganos y grandes rocas. En ese contexto geográfico tan simbólico, Jesús lanza dos preguntas. La primera: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»... Los discípulos responden lo que escuchan por ahí: que Juan el Bautista, Elías, Jeremías o alguno de los profetas. Para la gente, Jesús es un gran hombre, un personaje del pasado que vuelve, o un maestro admirable. Pero se quedan muy cortos. No captan su verdadera identidad. Hoy en día pasa igual: el mundo ve a Jesús como un líder moral, un filósofo o un ejemplo histórico, pero nada más. La segunda pregunta nos llevará a la respuesta interior. Jesús deja de lado la opinión pública y personaliza el diálogo: «Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?»... Es una pregunta directa al corazón de los apóstoles y al corazón de cada uno de nosotros hoy. No vale responder con lo que dicen unos y otros; aquí no importa para nada lo que dice la gente. Simón Pedro toma la palabra en nombre de todos y hace la profesión de fe que sostiene a la Iglesia: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le responde con alegría solemnizando el momento, afirmando que esa revelación viene del Padre: «eso no te ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». La fe verdadera es un don de Dios, no un logro de nuestra inteligencia. Y Jesús ratifica: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». El Señor cambia el nombre de Simón por Cefas (Roca). A pesar de las debilidades humanas de Pedro —que más adelante le negará— Cristo lo elige como el fundamento visible de la unidad de su Iglesia. Y nos regala la esperanza de tener por seguro la victoria final: «El poder del infierno no la derrotará». Es una toda una promesa de esperanza. La Iglesia ha pasado por crisis, persecuciones, escándalos y dificultades externas e internas durante dos mil años, pero sigue en pie porque el constructor es Cristo, no los hombres. Con clara alusión a la primera lectura de Isaías, Jesús le entrega las llaves del Reino. Es la potestad para guiar, enseñar y, sobre todo, para perdonar los pecados en el nombre de Dios, santificando y abriendo las puertas de la misericordia a toda la humanidad. Ahí está el poder de atar y desatar de la Iglesia, de Pedro y sus sucesores.

El Dios que quita las llaves al soberbioso Sebná y se las da al siervo Eliaquín, es el mismo Dios cuyos caminos son misteriosos e insondables, y es el mismo Jesús que entrega las llaves del Reino a un pescador frágil, pero lleno de fe llamado Pedro. Al salir hoy del templo, llevemos la pregunta de Jesús resonando en nuestra mente durante toda la semana: «¿Quién soy yo para ti?»... Si Jesús es sólo un personaje histórico, nuestra fe será una costumbre sin sentido. Si Jesús es de verdad el Hijo de Dios vivo para tí, entonces Él es el centro de tu matrimonio, el guía de tu juventud, el consuelo en tu enfermedad y la roca firme en las tormentas de la vida. Amemos a la Iglesia, oremos de corazón por el Papa León y renovemos nuestra confianza en que, pase lo que pase en el mundo, las fuerzas del mal nunca vencerán al amor de Dios.