viernes, 31 de julio de 2026

El Carbayu, Más de un siglo de romería con Santa María

En el corazón de Lugones, resguardado del bullicio urbano, emerge el barrio de El Carbayu. Este rincón asturiano custodia un verdadero oasis de paz como es su capilla de Nuestra Señora del Buen Suceso. Más allá de la tradición festiva, este sagrado recinto se alza como un faro de recogimiento, un espacio donde el alma busca consuelo y donde la presencia de la Madre se hace sentir en el susurro del viento entre los árboles. La mirada de la Virgen del Buen Suceso, cargada de una ternura infinita, invita a la oración silenciosa. Ante ella, generaciones de devotos han depositado sus peticiones, lágrimas y sinceros agradecimientos. Guardianes de este legado espiritual es su Cofradía, fundada en 1925. La Cofradía de Nuestra Señora del Buen Suceso nació de una humilde promesa comunitaria. Sus miembros no sólo velan por el bien material de la capilla de su Patrona, sino que actúan como guardianes de una llama espiritual centenaria. A lo largo de todo un siglo han mantenido viva la devoción mariana en torno a la romería de la Virgen como un lazo invisible pero indestructible que une a las familias del barrio.

La semilla de la Cofradía se plantó en agosto de 1925. Un grupo de vecinos del barrio alto de Lugones se reunió de manera informal en la antigua bolera que se situaba justo al lado de la capilla del Carbayu. En un entorno típicamente asturiano, aquellos hombres decidieron asociarse formalmente para estructurar el culto a la Virgen del Buen Suceso y competir saludablemente con las fiestas vecinas de San Pedro. Entre los fundadores destacaron nombres grabados en el recuerdo local, como Antonio Fernández, conocido cariñosamente por todos como Antón "el Pegu", y Darío Valdés. Tras recoger rápidamente la adhesión por escrito de más de 300 vecinos de Lugones, la primera junta directiva redactó sus reglamentos fundacionales quedando formalmente establecida y legalizada la sociedad en el verano de 1926.

En sus primeros años, la Cofradía experimentó una intensa actividad. En 1927 se celebró una emotiva procesión en la que el patrón de la Parroquia, San Félix, fue trasladado solemnemente desde el centro de Lugones hasta la capilla alta de El Carbayu. Sin embargo, los conflictos de la Guerra Civil y los convulsos años previos difuminaron drásticamente aquellas muestras de fe en la calle. Aquella entrañable procesión de unión parroquial se perdió por completo en 1927 y la Cofradía tuvo que centrar todos sus esfuerzos de posguerra en reanudar la fiesta, adquiriendo una nueva imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso y levantando una nueva capilla en sustitución de la destruida. Exactamente 91 años después, la Cofradía y la Parroquia unieron lazos para recuperar la histórica procesión de traslado del Santo Patrón a la capilla de El Carbayu, subsanando así una herida del pasado. Tuvo lugar el retorno de San Félix al Carbayu en el año 2018.

Si hay un apellido indisolublemente ligado a la supervivencia espiritual de esta Cofradía, es el de la familia Fernández. Antón "el Pegu" ejerció durante décadas como el primer gran abanderado y presidente indiscutible de la organización. Él marcó el carácter humilde, luchador y cercano de la Cofradía. Pasados los años, su nieto Manuel Fernández Álvarez (Manolito el Pegu) tomó el relevo en la presidencia tras haber nacido en el propio barrio en plena Guerra Civil. La entrega familiar ha sido tan absoluta qué, a lo largo de los años, el domicilio particular de los "Pegu" ha funcionado siempre de facto como la sede oficial de la Cofradía. Manolito, con sus propias manos de artesano construyó no sólo el Museo de la Romería, sino hasta los mismo bancos de la capilla. Queda pendiente una aspiración Turística, y es que la impecable gestión comunitaria de la Cofradía ha llevado a que la romería del Buen Suceso sea solicitada formalmente para ser declarada Fiesta de Interés Turístico Regional. Más que merecido sería este reconocimiento tras un siglo de custodia ininterrumpida de una de las fiestas más señeras de Asturias.

En unión con los mártires: así viví 3 momentos de luz peregrinando a Covadonga. Por Rafael Pascual Elías O.C.D.

Peregrinar, caminar en esperanza, mirar al cielo y saberse acompañado hasta llegar a la cuna de España recordando el inicio de tantos martirios hace justo 90 años es algo que llena el corazón de “un no sé qué que quedan balbuciendo” que diría mi padre San Juan de la Cruz.

Me explico: un año más he vuelto a participar en la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad a Covadonga.

No iba solo, caminaba con el capítulo de Nuestra Señora de Valvanera y San José, el capítulo de La Rioja, y unido a más de 1.600 peregrinos.

Son días de mucha gracia, hay que vivir esta peregrinación para saber lo que siente un corazón peregrino cuando sale de la catedral de Oviedo con la meta puesta en lo alto de la montaña de Covadonga.

Sendas, caminos asfaltados, alguna carretera, ríos, prados, bosques y todo aquello que paso a paso el peregrino recorre hasta que llega a la basílica de Covadonga y allí, unido a todos los peregrinos, adora al Hijo de María y de San José y canta el Tedeum.

El alma da gracias a Dios por todo lo vivido, por los momentos de alegría y también de dolor, todo forma parte de una peregrinación tradicional.

El peregrino camina hasta el final, y si no puede, tiene ayuda para llegar hasta la casa de la Santina de Covadonga.

Este año ha sido especial, iba con la compañía de los mártires. Los años anteriores también, pero este 2026 de manera especial por el aniversario que queda indicado arriba. Y sobre todo porque parece que los mismos mártires salían al encuentro.

No es casualidad que el viaje de ida hasta Oviedo sea el 24 de julio, fecha del martirio de mis queridas mártires carmelitas descalzas de Guadalajara, las beatas María Pilar, Teresa y María Ángeles, y el día de la llegada a Covadonga sea la víspera del martirio de mi querido San Pedro Poveda, que en este singular enclave recibe la inspiración para fundar la Institución Teresiana.

Por el camino queda confirmado el encuentro de la familia del beato Pedro José de los Sagrados Corazones en Valdeprado (Soria), su pueblo natal, con su familia como ya llevamos haciendo algunos años para recordar su martirio. Todo son señales para hacerme ver que los mártires están muy presentes en esta peregrinación.

Todo esto lo llevo en el corazón en el silencio de la oración. Al caminar como peregrino hay momentos que se reza el rosario en cada capítulo, en otros se habla con peregrinos, y en otros me gusta ir un poco solo para rezar y dejar que Dios siga hablando al corazón.

También cuando llegan los tiempos de estancia en el campamento.

Ahí hay tiempo para todo, y en esos momentos me lleno de luz cuando “me escondo” para encontrarme con el que da la fuerza a los mártires en el momento final de sus vidas en este mundo.

Me quedo con tres momentos de soledad donde me uno a los mártires de modo especial en esta peregrinación a Covadonga.

El primer día al terminar de confesar durante toda la misa en El Remedio busco otro sacerdote; hemos ido unos 50, y cada día estamos varios confesando. Me confieso y me lleno de esa paz y luz que se recibe en este sacramento.

¡Cuántas veces se confesaron los mártires! ¿Cómo sería su última confesión? ¿Cómo confesarían los que eran sacerdotes a los que iban a martirizar pronto? ¿Cómo se recibe el perdón de los pecados sabiendo que la muerte está cercana y el cielo se abre cuando llegue el martirio?

Entonces me acuerdo de los beatos carmelitas descalzos mártires que siendo sacerdotes administran este sacramento con todo su corazón.

Mis queridos Ramón de la Virgen del Carmen, Pedro José de los Sagrados Corazones, Lucas de San José, Pedro de San Elías, Eufrasio del Niño Jesús,…

En el silencio de la iglesia de El Remedio los recuerdo y los siento a mi lado mientras rezo la penitencia y dejo que el corazón se llene de luz y de paz de una manera como pocas veces he vivido después de confesarme.

Me uno a ellos, hago silencio, cierro los ojos del cuerpo y abro los del alma. Entonces todo cambia por dentro. Es algo muy especial… Es el fruto de una confesión hecha en una peregrinación… Es la luz que vence a las tinieblas del pecado…

El segundo día, mientras se celebra la misa solemne del domingo según la forma extraordinaria del rito romano en los prados de Sorribas, subo por la cuesta que llega hasta la iglesia. Me paro a mitad de subida y contemplo.

¡Contemplo el campamento entero desde lo alto mientras se celebra el santo sacrificio del altar! ¡Contemplo la misma misa que vivieron los mártires! ¡Contemplo el Misterio!

Miro al cielo y bajo la mirada. Todo se une, el cielo y la tierra. ¡Eso es la misa! Sigo subiendo, llego hasta la parroquia y me quedo en oración.

Allí me callo y dejo que Dios hable. Me acuerdo mucho de mi querido beato Eufrasio del Niño Jesús, mártir en el trágico octubre asturiano de 1934.

Cada vez me siento más unido a él y más en estos días que recorro su tierra y me ayuda a entenderlo mejor entre estos montes y bosques que tanto invitan a levantar la mirada al cielo para contemplar.

Contemplar las maravillas de la creación y sobre todo la celebración de la misa. Contemplar es algo tan bello, tan renovador, tan propio de un peregrino que camina con la mirada puesta en el cielo…

Pero una cosa es contemplar un paisaje y otra muy distinta contemplar el misterio de la eucaristía. En Sorribas uno todo. Qué regalo es la contemplación…

¡Y llegamos a Covadonga! ¡Todos unidos! ¡La Santina nos acoge a todos sus hijos! La última subida antes de llegar ayuda a entender mejor la subida al cielo si de verdad la hemos buscado, procurado y ansiado en estos días. Peregrinar con la meta clara, en la tierra un santuario, y luego… ¡el cielo!

¿Qué más se puede pedir al cantar todos el Tedeum y el himno a la Virgen del Covadonga? Atrás quedan los sufrimientos propios de una peregrinación tradicional. Todo se ofrece. Todo se pone ante el Hijo de la Santina. Todo se ve de otra manera. ¡Hemos llegado!

Como también llega aquí mi querido San Pedro Poveda y en esta soledad sonora recibe la luz para fundar una obra. Aquí, a los pies de la cueva santa de Covadonga, Dios le pide algo. Años más tarde le pide algo más grande aún, ¡el martirio! Es asesinado el 28 de julio de 1936.

Entonces cuando estoy a los pies de la cueva donde tantas veces estaría en oración dejando a Dios hablar en su corazón, me conmuevo…

¿Qué viviría aquí San Pedro Poveda siendo canónigo? ¿Cómo sería ese barrunto de la fundación? ¿Esperaba que un día llamarían a la puerta de su casa en Madrid para matarlo?

Todo esto lo paso por mi corazón conmovido mientras miro a lo alto de la cueva de Covadonga, me acuerdo de San Pedro Poveda y doy muchas gracias a Dios por haber concluido un vez más esta peregrinación, y este año de una manera muy especial, en unión con los mártires.

jueves, 30 de julio de 2026

AVISO

 

Para rezar el Triduo desde Casa

                     

                                Triduo a Nuestra Señora del Buen Suceso                                 

 +Por la señal...

-Señor mío Jesucristo

Oración para todos los días

¡Oh Madre nuestra, Inmaculada Reina del Cielo, María Santísima del Buen Suceso. Hija predilecta del Eterno Padre, Madre del Divino Hijo, Esposa carísima del Espíritu Santo, excelso Trono de la Majestad Divina, Templo augusto de la Santísima Trinidad, en quien las tres Divinas Personas han derramado los tesoros de su Poder, Sabiduría y Amor! Acordaos, Virgen María del Buen Suceso, de que Dios os ha hecho tan grande para que podáis socorrernos a nosotros pecadores. Acordaos que habéis prometido muchas veces mostraros Madre piadosa de los que recurran a Vos, nos acogemos Madre misericordiosa y os rogamos, por el amor que os tuvo el Altísimo, nos alcancéis de Dios Padre la gracia de vivir y morir según las máximas del evangelio.

Saludemos a María Por Hija predilecta de Dios Padre. Dios te salve María...
Saludemos a María Por Madre escogida de Dios Hijo. Dios te salve María...
 Saludemos a María Por Esposa singular del Espíritu Santo. Dios te salve María...

Oración para el Día 1º:

O Virgen María, Nuestra Señora del Buen Suceso, acudimos a ti con humildad y confianza. Intercede por nosotros ante tu Hijo, para que nuestros esfuerzos y proyectos se vean coronados por el éxito. María, Madre llena de gracia, tú que conoces nuestros deseos y aspiraciones, guíanos por el camino de la sabiduría y la perseverancia. Protégenos de obstáculos y distracciones, y ayúdanos a avanzar con determinación. Amén

Oración para el Día 2º:

Amada madre, modelo de fe, fortalece nuestra confianza en la divina providencia. Ayúdanos a poner nuestras preocupaciones en manos de Dios, y a aceptar con serenidad los resultados de nuestros esfuerzos. María, Reina de todas las gracias, concédenos los dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento y consejo. Que tomemos decisiones con conocimiento de causa y actuemos según la voluntad de Dios en todas nuestras empresas. Amén

Oración para el Día 3º:

Virgen María, Madre de Misericordia, consuélanos en nuestros momentos de duda e incertidumbre. Apóyanos en nuestras pruebas y dificultades, y ayúdanos a perseverar con valor y esperanza. María, Nuestra Señora del Buen Suceso, tu corazón maternal está siempre abierto a nuestras súplicas. Intercede por nosotros ante tu Hijo, para que recibamos las gracias necesarias para nuestro éxito. Amén

Invocación

¡Oh Señor de infinita bondad!, que con la milagrosa invención de esta imagen de María Santísima del Buen Suceso nos habéis dado un recurso poderoso para acudir con toda confianza a su amable protección en nuestras necesidades, concédenos los auxilios con que encontremos fervor y confianza para saber honrar y servir a esta vuestra Criatura predilecta; para que por su intercesión alcancemos nuestra santificación y después el Cielo. Amén.

Oración 

¡Oh Virgen bendita entre todas las mujeres!, nos faltan voces para daros gracias por los innumerables buenos sucesos que de vuestra mano recibimos. El día que nacisteis al mundo puede llamarse día de gracia, de salud y de consuelo. Vos sois el honor del Carbayu, la alegría del Paraíso, la prenda amada de Dios y la salud de nuestro pueblo. Virgen Santísima del Buen Suceso, Madre clementísima, sed nuestro consuelo en la tierra, siendo nuestro refugio, nuestro auxilio, y protección, así en los males del alma y del cuerpo. Haced que se aparten de nosotros todo mal y pecado. Rogad por la Santa Iglesia y sus ministros, por nuestra Parroquia y nuestro pueblo. Oíd las súplicas de los que os invocan, acordaos que sois nuestra Abogada, nuestra Madre; pues como a tal ponemos en Vos nuestra confianza. A vos recurrimos, y esperamos que nos alcanzaréis de vuestro Hijo, el perdón de nuestras culpas y perseverancia en la gracia hasta la hora de nuestra muerte. Amén. 

Pídase la gracia que se desee alcanzar en este triduo por la intercesión de Nuestra Señora del Buen Suceso

Bendita sea tu pureza...

V. Rogad por nosotros ¡Oh Virgen del Buen Suceso! 
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo. Amén

Salve Regina