miércoles, 20 de mayo de 2026

Nueva Encíclica. Por Guillermo Juan Morado

(La Puerta de Damasco) Se ha anunciado que el papa León XIV publicará su primera encíclica el próximo 25 de mayo de 2026 con el título “Magnifica humanitas” - “Magnífica humanidad” -, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. El documento ha sido firmado el día 15 de mayo, en el 135 aniversario de la encíclica “Rerum novarum” del papa León XIII, que trataba sobre la situación de los obreros en la revolución industrial.

La elección, por parte de Robert Prevost, del nombre de “León” ha estado vinculado al hecho de que “hoy la Iglesia ofrece a todos su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”, según comentaba el recién elegido papa el pasado 10 de mayo de 2025.

Una “encíclica” es una “circular” que el papa envía, normalmente, a todos los obispos del mundo, y, a través de ellos, a todos los fieles, ejerciendo su oficio de enseñar; es decir, su magisterio ordinario y universal, que, en principio, no pretende definir ningún dogma ni tampoco, salvo que diga explícitamente lo contrario, proponer una enseñanza como definitiva en cuestiones de fe o de moral.

“Magnifica humanitas”. Las dos primeras palabras, en lengua latina, del documento constituyen el título del mismo. La humanidad es, en verdad, “magnífica”, espléndida, excelente, admirable. Pero es también una realidad ambivalente. La aceleración del desarrollo tecnológico y los avances de la ciencia confirman el asombro ante la grandeza de la humanidad, pero, a la vez, certifican el desconcierto que despierta la fragilidad de la misma; amenazada por casi todo: desde un pequeño virus que consigue paralizar al mundo hasta las guerras, que no dejan de marcar el ritmo de la historia. Lo humano ha de hacerse cargo de esa paradoja, de esa dialéctica, sin dejarse reducir a una irresponsable simplificación.

¿En qué consiste ser una persona humana? El Salterio, ese “microcosmos de la historia de Israel”, de cuya fecha de composición no tenemos datos exactos, ya que se ha extendido a lo largo de casi un milenio, se planteaba el mismo problema: “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él?” (Salmo 8).

La respuesta a esta pregunta, los conceptos fundamentales de la antropología, del pensamiento sobre el hombre, se ponen en tela de juicio. ¿Cuál es la “identidad” de lo humano? “La reflexión sobre lo humano en diferentes áreas de la vida personal y social parece orientarse hacia un más allá de lo humano, planteando interrogantes sobre lo que es específico de la naturaleza humana”, podemos leer en un reciente documento de la Comisión Teológica Internacional.

Dos son los principales retos que desafían la definición de “ser humano”: el “transhumanismo” y el “posthumanismo”. El “transhumanismo”, en sus múltiples variantes, apuesta por emplear los recursos de la ciencia y de la tecnología para superar los límites físicos y biológicos de la condición humana, en particular el envejecimiento y la muerte, rediseñando al ser humano para hacerlo apto de ir más allá de sus actuales potencialidades. El “posthumanismo” cuestiona la existencia de una “forma humana” que merezca ser custodiada y enfatiza lo “híbrido” (“cyborg”), aboliendo la frontera entre lo humano y la máquina.

Quizá el documento de la Iglesia más importante dedicado al ser humano sea la constitución pastoral del Concilio Vaticano II “Gaudium et spes”. Es previsible que en ella se fundamente León XIV a la hora de esclarecer, en este momento de la historia, la identidad humana - individual y colectiva - a la luz de Cristo, ya que, como afirma el número 22 de esa constitución: “Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación”.

Santoral del día: San Bernardino de Siena

(COPE) El Santoral de este 20 de mayo nos muestra un verdadero devoto de la Eucaristía y un hombre de Dios. Hoy es San Bernardino de Siena. Nace en Massa Marítima, actualmente Toscana, en Italia, en el año 1380. Su educación en la Fe le marca.

Al quedar huérfano de padres, se hace cargo de él una tía que se admira de su Fe y su cuidado de los necesitados. Precisamente se encargó de asistir a los enfermos en el hospital durante una peste que azotó la zona.

Ahí se debilita su salud, pero con la ayuda del Señor se vuelve a fortalecer y le ayuda a descubrir su verdadera vocación, en la vida consagrada. Poco después ingresa en los franciscanos. Dios le concede el don de la predicación gracias al cual muchos se convierten al escucharle.

Se cuenta que, incluso en las universidades cerraban algunos días para que los alumnos sintiesen la fortaleza de sus palabras. Ordenado sacerdote, él despliega su apostolado por toda Italia. Fue un gran propagador de la Devoción al Santísimo Nombre de Jesús y a la Eucaristía.

Gracias a su amor por este Título del Santísimo Nombre de Jesús se hizo que se instaurase en la iglesia esta Fiesta cada 3 de enero, dentro del Tiempo de Navidad. Tampoco faltaron pruebas de las que salió fortalecido. Antes de morir en el año 1444, San Bernardino de Siena dejó fundados más de 200 monasterios, siendo canonizado por el Papa Nicolás V.

martes, 19 de mayo de 2026

La peregrinación de Oviedo a Covadonga abre inscripciones para su sexta edición con 40 capítulos y peregrinos de cuatro continentes

(InfoCatólica) La mayoría de los peregrinos repite, y los nuevos se van incorporando arrastrados por el entusiasmo de quienes regresan cada verano de Covadonga: novios, amigos, familiares, conocidos, algún curioso que lo ha descubierto por la prensa e incluso personas alejadas de la fe.

Es el pulso habitual de la Peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad-España. (NSC España), una iniciativa de seglares que el próximo 25 de julio pondrá en marcha su VI Peregrinación desde la Catedral de Oviedo hasta el Santuario de Covadonga: casi 100 kilómetros a pie en tres jornadas.

Las inscripciones se abrieron el pasado 15 de mayo y permanecerán activas hasta el 15 de julio, aunque la organización anima a formalizarlas cuanto antes para facilitar la preparación logística. En la edición anterior, la cifra de peregrinos superó con creces el millar y hubo que fijar un tope de inscripciones por las dificultades que supuso el crecimiento.

40 capítulos y presencia internacional creciente

Los peregrinos caminan y acampan en capítulos. Las unidades que responden a comunidades naturales: una parroquia, un grupo de jóvenes, un apostolado. Cada uno se coloca bajo la advocación de un santo o una imagen mariana, y muchos mantienen actividad durante todo el año a través de encuentros, jornadas de formación y vida sacramental. Quienes no conozcan ningún capítulo pueden contactar con la organización a través de su página web para recibir orientación.

La edición de 2026 contará con 40 capítulos, 29 españoles y 11 extranjeros procedentes de Francia, Australia, Polonia, Estados Unidos o México, entre otros países. También se esperan peregrinos argentinos, donde existe una peregrinación propia al Santuario de Luján desde 2010.

Diana Catalán, presidente de NSC España, explica a Religión en Libertad que la afluencia internacional no ha dejado de crecer desde la primera edición en 2021. «Aunque sean estos países los que han adoptado el mismo nombre, existen otras muchas peregrinaciones de estructura similar que buscan los mismos objetivos», señala. Entre ellas menciona las regionales francesas de reciente creación, como Feiz e Breizh en Bretaña o Nosto Fe en la Provenza, donde se constata «una gran sed de participar».


Penitencia, rosario y misa según el usus antiquior

El modelo se inspira en la veterana Peregrinación de Pentecostés de París a Chartres (Notre-Dame de Chrétienté), con más de 40 años de historia y unos 20.000 peregrinos inscritos en su última edición. La estructura es deliberadamente exigente: tres días de marcha, pernocta en tiendas de campaña, sin comodidades.

«El peregrino sabe que no va de vacaciones, sino a ofrecer estos sufrimientos y alegrías por la Iglesia, especialmente en la persona del Santo Padre, y por España», explican los organizadores. La marcha se articula en torno al rezo completo del santo rosario y la lectura de meditaciones recogidas en el Libro del Peregrino, que este año versarán sobre la virtud de la fe.

El punto central de cada jornada es la santa misa solemne, celebrada según el usus antiquior (misal de 1962) del Rito Romano. El canto gregoriano acompaña las misas de campaña en las montañas asturianas y, al anochecer, los peregrinos participan en un tiempo de adoración eucarística en el silencio del campamento. La peregrinación contará con unos 50 sacerdotes distribuidos entre los capítulos, disponibles para confesiones y consejo espiritual.

Catalán considera que el carácter penitencial es precisamente uno de los factores que alimentan el crecimiento: «Creo que muchas personas se ven atraídas por este tipo de actividades por su singularidad y el especial esfuerzo y sacrificio que suponen, frente a las comodidades de la vida moderna». Además, subraya que «estos eventos permiten a muchas personas asistir a la misa tradicional, lo que no siempre es fácil en sus lugares de origen».

La «minirruta», novedad para familias con niños menores de seis años

Un rasgo distintivo de la peregrinación española es su marcado carácter familiar. «Es más frecuente la participación de familias al completo, ya que adultos y niños caminan juntos», apunta Catalán. A la ruta completa y la ruta de familias (entre 10 y 14 kilómetros diarios) se suma este año la «minirruta», pensada para familias con niños menores de seis años, con aproximadamente cuatro kilómetros diarios que podrán recorrerse con carritos de bebé.

La iniciativa responde a una necesidad detectada en ediciones anteriores. Los inscritos en esta modalidad acudirán con vehículo propio a los puntos señalados, se incorporarán a la columna y, al concluir su tramo, un autobús los trasladará de vuelta a sus coches. Dispondrán también de espacio de aparcamiento en los campamentos.

Quienes no puedan peregrinar físicamente tienen la opción de inscribirse en el Capítulo de Ángeles de la Guarda, uniéndose a la marcha desde la oración y recibiendo en su correo electrónico el Libro del Peregrino.

El «giro católico» y la búsqueda espiritual entre los jóvenes

Preguntada por la creciente inquietud espiritual entre los jóvenes, Catalán es clara: «Parece que hablar de Dios ya no es tabú». Si bien eso no se traduce necesariamente en un aumento de quienes se declaran católicos, «sí que puede tener un gran impacto en la receptividad hacia los diversos medios de apostolado. Los jóvenes pueden perder el miedo a admitir que de una u otra manera están en búsqueda de Dios».

La presidente de NSC España señala además que son muchos los católicos de toda la vida que han descubierto la liturgia tradicional ya adultos, y no pocos los conversos que han conocido la fe directamente a través de ella. «Tal vez esto se deba al sentido de trascendencia que esta expresa», apunta.

Catalán alude al referente de Chartres, que incluye capítulos dedicados específicamente a la evangelización de viandantes y vecinos durante la marcha, así como otros pensados para acoger a quienes aún no tienen fe. «Nos gustaría mucho poder replicar este tipo de iniciativas en un futuro», avanza.

La elección de Covadonga como meta no es casual. Según la organización, allí donde comenzó la Reconquista «con la ayuda de la Santísima Virgen, se busca empezar una reconquista espiritual de nuestra patria, teniendo como objetivo la restauración del orden social cristiano». Las inscripciones de voluntarios, esenciales para la logística del evento, están abiertas desde el lunes de Pascua.

La Compañía de Jesús y el monumento de Simancas

(Jesuitas Asturias) Este martes 19 de mayo, el delegado de la Plataforma SJ de Asturias, José María Rodríguez Olaizola, acompañado por Luis Antuña, coordinador de la RIA (Red Ignaciana de Asturias) ha tenido un encuentro con la prensa asturiana para explicar la postura y próximos pasos que la Compañía de Jesús se plantea en torno a la polémica sobre el monumento de Simancas situado en el parking del colegio Inmaculada, y la orden del Principado de retirarlo en un plazo de cuatro meses.

Antes de entregar un comunicado, en el que se explican con detalle los próximos pasos y los motivos que llevan a la Compañía, el jesuita explicó en cinco puntos la posición actual de la Compañía de Jesús:

Uno. Creemos que se debe mantener el monumento, por su valor artístico, por su sentido, y porque es posible y factible una reforma que no afecte a dicho valor y sin embargo sea coherente con los objetivos de la ley de memoria democrática. Ello pasaría por sustituir la placa por una alusiva al centro escolar, y en todo caso pactar alguna explicación sobre el origen del monumento. Téngase en cuenta que la representación escultórica, una cruz sostenida por dos ángeles, es perfectamente asumible desde el ideario cristiano de un colegio como el Inmaculada.

Dos. Creemos que la mayoría de la población de Gijón respaldaría una solución como esta. Por supuesto que hay personas que piensan que el único camino es la eliminación total, y otras que consideran que es absolutamente intocable, pero nosotros pensamos que en estos tiempos de polarización, la búsqueda de consensos es la mejor herencia que podemos haber recibido de la historia. La decisión de retirarlo solo va a generar polémica y malestar en la mayoría de la población.

Tres. En este sentido nuestra propuesta se enmarca en la misión de la Compañía de Jesús al servicio de la reconciliación, que se ha de concretar en pasos concretos al servicio del diálogo, evitar la crispación, y solucionar los problemas en lugar de agudizarlos. Agradecemos y pedimos que se opte por la vía del diálogo y no la del conflicto, por la serenidad y no la polarización, y por la búsqueda de concordia y no el enfrentamiento, que solo puede servir para reabrir heridas y generar división.

Cuatro. La Compañía de Jesús ya propuso en 2018 este cambio, antes de que hubiera todos estos procedimientos, y se denegó la autorización por estar el monumento catalogado y protegido por el catálogo urbanístico de Gijón.

Cinco. Ello nos pone además en una situación que para nosotros es en este momento un callejón sin salida. Por una parte se nos ordena retirar el monumento, pese a las alegaciones que hemos presentado y que seguimos considerando válidas. Por otra parte, el Ayuntamiento ya ha advertido que no va a dar los permisos por los motivos expresados. Por nuestra parte, además, no sabemos lo que implica esta retirada. ¿Se supone que debemos conservar el monumento? ¿Se puede retirar sin destruirlo? Hemos pedido un informe sobre ello.

Nos vemos abocados a la via judicial, para solicitar una vía que permita mantener el monumento siendo fieles a lo señalado en la ley de memoria histórica cuando hay conflictos. No vemos el sentido de insistir en las alegaciones -aunque las mantenemos- ante la misma instancia que ya las ha rechazado, sino que creemos que es necesario en este punto el recurso contencioso administrativo, y por el momento solicitaremos la paralización de la resolución.

COMUNICADO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS SOBRE EL MONUMENTO DE LA INMACULADA
La Compañía de Jesús se ve abocada a interponer recurso contencioso administrativo (Sala de lo Contencioso del TSJA) frente a la Resolución de la Consejería de Ordenación del Territorio Urbanismo, Vivienda y Derechos Ciudadanos – Instituto de la Memoria democrática del Principado de Asturias, dentro del plazo legalmente establecido, con el fin de intentar preservar un grupo escultórico protegido y de carácter religioso, presidido por una Cruz, que creemos debe de ser un espacio de reconciliación, una vez se acuerde su resignificación conforme recoge la normativa vigente en materia de memoria histórica. Este proceso de resignificación ya fue impulsado por la Compañía de Jesús en el año 2018, mediante una solicitud administrativa ante el Ayuntamiento de Gijón de limpieza del conjunto escultórico y sustitución del frontis del mismo, por un texto referenciado al Colegio de la Inmaculada, escudo colegial y año de fundación (1890). Aquel proceso administrativo concluyó con una denegación de la licencia al encontrarse el mismo catalogado.

Ahora, 8 años después, nos encontramos ante un procedimiento contencioso administrativo instado por el Principado de Asturias que plantea su desmontaje y retirada del espacio privado en el que se encuentra. A todo ello, el Ayuntamiento de Gijón, en defensa del ordenamiento urbanístico ha informado que no va a autorizar dicha intervención sobre el conjunto. La Compañía de Jesús ha venido insistiendo en sus Alegaciones a los procedimientos administrativos en marcha, que frente a la retirada del grupo escultórico, hay otras maneras de conciliar la memoria histórica y el valor artístico de una fachada catalogada y protegida por el vigente catálogo urbanístico de Gijón. En nuestro entender solo deberíamos actuar sobre el texto del frontis. Si a ello añadimos el texto explicativo de resignificación que se entienda más adecuado, creemos haber avanzado en el cumplimiento de la ley. La Compañía expresa y reitera su voluntad de trabajar con todas las administraciones implicadas para armonizar una solución equilibrada, fruto de una búsqueda consciente y responsable que nos aleje de radicalidades y contribuya a una convivencia más justa y reconciliada. Con este planteamiento también damos respuesta desde uno de los ejes de nuestra misión que es la búsqueda de la reconciliación, un principio ya presente en el documento fundacional de la Compañía de Jesús, y reafirmado en la 36ª Congregación General de 2017, cuyo primer decreto sitúa la reconciliación en el centro de nuestra labor. Somos los primeros interesados en promover los valores de verdad, paz, reparación y garantías de no repetición, plenamente alineados con los objetivos de la memoria democrática, siempre que su aplicación se realice desde criterios no sectarios y respetuosos con la complejidad histórica. Creemos que en torno al monumento que es objeto de discusión hay muchas sensibilidades. Hay quien pide su retirada total, y quien insiste en que no se toque de ninguna manera. Pero también hay mucha gente que, comprendiendo su origen e historia, y atendiendo a la ley de memoria histórica, ve razonable el pensar en un cambio del texto, sin por ello perder el valor artístico de la escultura de Manuel Álvarez Laviada, que siendo además un motivo religioso (dos ángeles y una cruz) es perfectamente compatible con el ideario religioso del centro donde se encuentra. Creemos que las medidas para responder a la posible demanda social en torno al monumento han de ser proporcionadas y tener en cuenta todas esas sensibilidades.

Desde el dialogo abierto, sin imposiciones, tendemos la mano a las administraciones involucradas en búsqueda de un acuerdo de resignificación, consensuada con la Dirección General de Memoria Democrática, que conlleve dejar sin efecto el proceso de retirada instado por el Principado de Asturias y que permita acercar posiciones con el Ayuntamiento de Gijón respecto a su catalogación.

Gijón 19 de mayo de 2026

lunes, 18 de mayo de 2026

Mensaje de los Obispos para el día del Apostolado Seglar

En la solemnidad de Pentecostés, recordamos la venida del Espíritu Santo y celebramos el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. El lema de este año, «Pueblo de Dios que sale al encuentro» nos propone conjugar en el horizonte del laicado en España dos elementos que nos comprometen: la implementación del Sínodo y la reflexión sobre la presencia de los cristianos en la vida pública. 

El proceso sinodal va más allá de ser una mera cuestión de organización interna para revelarse como un nuevo modo de presencia en el mundo. Para los cristianos en España, este camino no es nuevo. Como todos recordamos, en febrero de 2020, el Congreso de Laicos «Pueblo de Dios en salida» inició este proceso proponiendo dos claves trans versales de trabajo: el discernimiento y la sinodalidad. Estas se vieron confirmadas por el desarrollo del último Sínodo, viviendo la sinodalidad como modo de ser y actuar de la Iglesia. 

Uno de los cuatro itinerarios propuestos en el Congreso fue la presencia en la vida pública. Aquella intuición compartida se ha visto refrendada por el Documento final del Sínodo de la Sinodalidad (2024): «Cada bautizado responde a las exigencias de la misión en los contextos en los que vive y trabaja desde sus propias inclinaciones y capacidades, manifestando así la libertad del Espíritu en la concesión de sus dones» (DF 58). Esta convergencia entre misión y sinodalidad nos re cuerda que la presencia en la vida pública no es una tarea delegada por la jerarquía, sino un derecho y un deber que surgen del don del bautismo. El cristiano está en la política, la empresa o la educación como un ciudadano que, desde el discernimiento iluminado por el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, busca el bien común y el anuncio del reino de Dios. La sinodalidad, por tanto, se convierte en camino para concienciar a los laicos a ser protagonistas autónomos y maduros en la vida pública. 

Al subrayar la importancia de la presencia en la vida pública por parte de los cristianos, estamos hablando de querer potenciar una conversión a la dimensión social del Evangelio como inherente a la propia vocación bautismal y a promover que nuestras comunidades sean auténtica Iglesia sinodal en salida, que existe para evangelizar, se constituye en instrumento de anuncio, liberación y promoción de la dignidad de toda persona y que, desde la escucha de los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo (GS 1), tiene en la «cultura del encuentro» la clave de aproximación a la realidad social en la que se encuentra (1).

El compromiso transformador de la realidad es inherente a toda la Iglesia. Ser creyente no solo exige preguntarnos quién soy yo sino, sobre todo, para quién soy yo, como nos recordaba el Congreso de Vocaciones. Toda persona bautizada, cualquiera que sea su vocación, vive la misión desde la eclesialidad y la secularidad. El fiel cristiano laico concreta de manera propia y particular estas dos dimensiones. En este sentido, la presencia en la vida pública adquiere gran importancia en la vivencia de la vocación laical. Profundizar en la importancia de la presencia del cristiano en la vida pública ayuda a recuperar la dimensión social como verificación de la propia vocación. Los creyentes estamos llamados a estar en el mundo y a transformarlo.

 Sin embargo, es innegable que, a menudo, nos invade una cierta resistencia a manifestar públicamente nuestra fe, una dificultad que va desde la comprensión interna de esa necesidad hasta el paso definitivo de llevarla a la práctica. No siempre resulta sencillo mostrarnos como creyentes en los entornos donde nos movemos, pero esa presencia pública actúa como un termómetro diario que revela la salud de nuestra fe. Nos indica hasta qué punto el Evangelio ha transformado nuestras vidas, convirtiéndonos en personas más solidarias, misericordiosas, justas y fraternas, o si, por el contrario, nuestra creencia se queda solo en lo privado.

 Manifestar lo que creemos implica estar no solo dispuestos, sino deseosos de explicar por qué apostamos por un amor desinteresado y a fondo perdido, defendiendo la misericordia y la justicia como los pilares fundamentales tanto de las relaciones personales como de las sociales y políticas. Significa sostener que la vida es digna desde su inicio hasta su fin y que existe una responsabilidad compartida entre personas e instituciones para garantizar condiciones de trabajo y de vida que respeten esa dignidad. Esta coherencia nos impulsa a defender el destino universal de los bienes y la prioridad de erradicar la pobreza, bajo la premisa de que los últimos deben ser los primeros, trabajando por una paz que nazca del respeto profundo a cada criatura de Dios y del cuidado de la creación como un don recibido.

 Si esta presencia pública nos parece difícil es porque, objetivamente, lo es; nos obliga a reconocer cuánto nos falta para alcanzar el ideal de vida que Jesús propone y nos exige superar el vértigo de derribar esas barreras que, consciente o inconscientemente, levantan muros entre nuestra fe y nuestra vida cotidiana, dividiéndolas en compartimentos estancos. Plantearnos esta dimensión pública es, en realidad, un ejercicio de honestidad en todos nuestros espacios —la familia, el empleo, el ocio o el compromiso social— cuestionando nuestra respuesta ante situaciones de injusticia, marginación o violencia. 

Aunque quizás no estemos acostumbrados a medirnos con esta vara, el mensaje de Jesús es inequívoco, desde su presentación en la sinagoga hasta el mandato de que lo hecho a los más pequeños se le hace a él mismo. En sintonía con esto, el magisterio de la Iglesia y especialmente los últimos papas, nos llaman a no separar la fe en Jesucristo de la realidad concreta, instándonos a iluminar el mundo mediante es tilos de vida que impregnen la política, la vida social y las asociaciones civiles con los valores del Evangelio.

 En el contexto actual de nuestra Iglesia, se nos pide reforzar una mirada atenta a los signos de los tiempos, reconociendo al Espíritu que brota incluso en las grietas de nuestra compleja sociedad. Es una invitación comunitaria a generar gestos de humanización y a demostrar que es posible construir la vida social desde el amor y el diálogo con todos los hombres y mujeres de buena voluntad. En este sentido, una de las cosas que la sinodalidad aporta a la vida pública es lo que el Sínodo llama la «conversación en el Espíritu»: un método que sustituye el enfrentamiento dialéctico por la escucha activa. Frente a la polarización que fractura nuestra sociedad, el cristiano sinodal propone el diálogo como herramienta de construcción.

 En definitiva, la presencia pública no es algo opcional para el cristiano, sino que reside en el corazón mismo de su propuesta espiritual: anunciar a Dios es hacer vida su amor en nuestro entorno, tal como hizo Jesucristo. Son nuestras obras, y el modo en que nos relacionamos con quienes más sufren el dolor o la exclusión, las que verifican y hacen respetable nuestra fe ante la sociedad de hoy. Esta «mística del hacer nos prójimos» es la que verdaderamente nos permite encontrar a Dios en medio de las circunstancias cotidianas. Actuar en el mundo de esta manera nos abre el corazón a la llamada del Padre, aceptando nuestra condición de levadura y pequeña semilla que, por la acción divina, se vuelve un elemento imprescindible para transformar el mundo en lo que Dios soñó: un hogar de hermanos que caminan en paz y justicia. 

El desafío actual es evitar que la sinodalidad se quede atrapada en meros espacios de discusión de salón. Las conclusiones del Congreso de Laicos de 2020 ya nos advertían: la Iglesia es «en salida» o no es. El Documento final de 2024 nos ofrece ahora las herramientas teológicas para dar el salto. La presencia pública no es un apéndice de la fe; es el lugar donde la sinodalidad se hace carne. Estamos llamados a ser un «pueblo de Dios» que no solo camina por las naves de los templos, sino que camina, sobre todo, por las calles de nuestro mundo, aportando la luz del Evangelio a los desafíos del presente.

 En estas semanas, hemos conmemorado el primer aniversario del pontificado del papa León XIV y estamos a las puertas de su primer viaje a España. En estos meses sus palabras siempre nos han animado a vivir como Iglesia misionera, promotora de una paz desarmada y desarmante, capaz de construir «puentes dialogando, siempre abierta a recibir con los brazos abiertos a todos, a todos aquellos que necesi tan nuestra caridad, nuestra presencia, diálogo y amor» (2). Que la cele bración de esta Jornada nos sea de ayuda para disponernos del mejor modo posible a acoger la visita del Santo Padre.

 A todo ello os animamos con la confianza de que el Espíritu que el Señor ha entregado a su Iglesia, y que celebramos en Pentecostés, es el que nos antecede siempre. león XIV, Bendición «Urbi et orbe» (8 de mayo de 2025).

Presidente de la Comisión
Mons. Carlos M. Escribano Subías
Arzobispo de Zaragoza

Subcomisión de Familia y Vida

Mons. José Mazuelos Pérez
Obispo de Canarias

Mons. Antonio Prieto Lucena
Obispo de Alcalá de Henares

Mons. Gerardo Melgar Viciosa
Obispo de Ciudad Real

Mons. Ángel J. Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

Subcomisión de Infancia y Juventud

Mons. Arturo P. Ros Murgadas
Obispo de Santander

Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar Obispo de Guadix

Mons. David Abadías Aurín
Obispo auxiliar de Barcelona
Consiliario de Manos Unidas y Acción Católica

Mons. Santos Montoya Torres
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Foro de Laicos

Mons. Sergi Gordo Rodríguez
Obispo de Tortosa

domingo, 17 de mayo de 2026

Madre San Pascual, Una mujer entregada totalmente a Dios

El 17 de Mayo es el día de la Chère mère, de la Madre San Pascual. La Madre San Pascual fue una religiosa que dedicó su vida a la educación cristiana, a la caridad y al servicio de los más necesitados. Junto al Padre Luis Antonio Ormieres, fundó de la Congregación de las Hermanas del Santo Ángel de la Guarda, sabiendo descubrir en cada persona el rostro de Cristo y transmitir a sus hijas espirituales el amor a Dios, la sencillez y la confianza en la Providencia.

Nació en Francia en el siglo XIX en una familia profundamente cristiana. Desde muy joven manifestó una gran sensibilidad religiosa y un deseo ardiente de consagrarse totalmente al Señor. En una época en la que la sociedad estaba marcada por las dificultades y la pobreza, comprendió que la educación y la atención a los necesitados eran caminos privilegiados para evangelizar.

Con gran fe y valentía junto al P. Ormieres, pusieron la obra de su Congregación bajo la protección de los santos ángeles custodios. Su misión principal fue la educación de niños y jóvenes, especialmente de los más pobres, así como el acompañamiento espiritual y humano de quienes sufrían necesidad material o moral.

Toda la vida de la Madre San Pascual estuvo marcada por el amor a Jesucristo y la confianza absoluta en la voluntad de Dios. Vivió con humildad, espíritu de sacrificio y una profunda vida de oración. Ella misma repetía con frecuencia: “Todo por Jesús y para Jesús”. Y también enseñaba: “La caridad y la humildad son las alas del alma.” Su vida refleja las palabras del Evangelio: “Permaneced en mi amor” (Jn 15, 9). Y aquellas otras del apóstol San Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me fortalece.” (Fil 4, 13).

La Madre San Pascual enseñaba a sus religiosas a vivir en espíritu de sencillez y entrega, confiando siempre en la Providencia Divina, incluso en medio de las dificultades. La Fundadora entendió que educar era una forma de evangelizar y de dignificar a la persona humana. Por ello impulsó escuelas, obras sociales y comunidades religiosas donde se anunciaba el Evangelio con cercanía y misericordia. Su vida puede resumirse en las palabras de Jesús: “Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40). La Madre San Pascual veía en cada niño y en cada pobre una presencia viva del Señor. Por eso pidió siempre a sus hermanas que trataran a todos con dulzura, paciencia y espíritu evangélico.

La Congregación quedó marcada por una profunda devoción a los Santos Ángeles. La Madre San Pascual veía en ellos compañeros de camino y protectores de la misión evangelizadora. Inspiraba a sus religiosas con palabras llenas de confianza: “Los ángeles nos conducen siempre hacia Dios”. Esta espiritualidad ayudó a crear comunidades centradas en la oración, la fraternidad y el servicio alegre.

La obra de la Madre San Pascual continúa viva hoy en las Hermanas del Santo Ángel, presentes en distintos lugares del mundo en diferentes actividades pastorales, principalmente en el campo de la enseñanza. Su ejemplo sigue inspirando a quienes desean vivir el Evangelio desde la humildad, la educación y la caridad. Su vida recuerda las palabras del evangelio: “Brille así vuestra luz ante los hombres” (Mt 5, 16). La Madre San Pascual fue una mujer de fe firme, corazón humilde y caridad incansable. Su historia es un testimonio de cómo Dios puede realizar grandes obras a través de personas sencillas que se abandonan plenamente a su voluntad.

''Dios asciende''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Celebramos hoy la Solemnidad de la Ascensión del Señor. Este día marca un punto de inflexión definitivo en la historia de la salvación. Jesús no se marcha para desentenderse de nosotros, sino que asume su señorío universal y nos confía su propia misión. Las lecturas de este Ciclo A nos invitan a profundizar en el misterio de su ausencia física, que en realidad se convierte en una presencia nueva, interior y eclesial.

La primera lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles comienza justo donde termina el Evangelio de Lucas. El autor nos sitúa en ese intervalo de cuarenta días en el que Jesús resucitado consolida la fe de sus discípulos. Los apóstoles, todavía marcados por una mentalidad puramente humana y nacionalista, preguntan: "¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?". Ellos buscaban una victoria política visible, el fin de la ocupación romana y la gloria terrenal. Jesús corrige con delicadeza pero con firmeza su perspectiva. El tiempo de Dios no coincide con los cronómetros humanos. En lugar de un reino político local, Jesús les promete el don del Espíritu Santo. Este don no es para el aislamiento espiritual, sino para la acción: "Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra". La Ascensión se describe con un lenguaje simbólico y teológico: "Fue levantado en presencia de ellos, y una nube lo ocultó a sus ojos". La nube en la Sagrada Escritura representa la manifestación de la gloria divina (la Shejiná). Jesús entra de forma definitiva en la esfera de Dios.

El reproche de los dos hombres vestidos de blanco es la clave para nosotros hoy: "Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?". La Ascensión no es una invitación a la evasión mística ni a los brazos cruzados. Mirar al cielo es necesario para recordar nuestra meta, pero la tarea está en la tierra. Quedarse estáticos paraliza la misión. La Ascensión nos urge a sumergirnos en la historia humana para transformarla con la fuerza del Evangelio.

En la segunda lectura San Pablo, en su carta a los Efesios, eleva una oración profunda por la comunidad. Pide a Dios que nos conceda "espíritu de sabiduría y de revelación" para conocerlo verdaderamente. El Apóstol sabe que la mente humana por sí sola no puede abarcar la grandeza del misterio de Cristo. Necesitamos que los ojos de nuestro corazón sean iluminados. Pablo describe la Ascensión como el despliegue del poder omnipotente del Padre. Dios resucitó a Cristo de entre los muertos y lo sentó a su derecha en el cielo. Estar sentado a la derecha de Dios significa compartir su mismo poder, su misma autoridad y su soberanía sobre toda la creación. Cristo "está por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación". Nada en este mundo, ningún poder político, económico o espiritual, es superior a Él. Pero lo más hermoso de este texto es el vínculo que Pablo establece entre Cristo y la Iglesia. Dios "lo dio a la Iglesia como cabeza suprema". La Iglesia es su Cuerpo, y ella es "la plenitud del que lo llena todo en todas las cosas". Esto significa que Cristo ha querido necesitar de nosotros. Nosotros somos sus pies para caminar hacia el marginado, sus manos para partir el pan y sanar las heridas de éstos, y su boca para proclamar la justicia y la paz. La Ascensión glorifica a la Cabeza, lo que da a los miembros del Cuerpo la esperanza cierta de que un día compartiremos esa misma gloria.

El Evangelio de Mateo concluye con la escena conocida como la "Gran Comisión", situada en un monte de Galilea. El monte evoca las grandes teofanías del Antiguo Testamento y el Sermón de la Montaña. Los once discípulos se encuentran con Jesús. Mateo añade un detalle muy humano y consolador: "Lo adoraron, pero algunos dudaron". La comunidad que va a recibir la misión universal no es perfecta; está compuesta por hombres que creen, pero que también experimentan fragilidad y las dudas. Jesús no espera a que sean impecables ni perfectos para confiar en ellos.

Jesús se acerca y les quiere así, pero les habla con una autoridad absoluta: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra". Basado en este poder, dicta el mandato misionero que sostiene a la Iglesia hasta el día de hoy: "Id y haced discípulos de todos los pueblos". La misión tiene tres dimensiones claras. La primera es "Ir": salir de las propias comodidades y fronteras geográficas o existenciales. La segunda es "Bautizar": introducir a los hombres en la vida misma de la Trinidad; en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y la tercera es "Enseñar": ayudar a guardar y poner por obra todo lo que Jesús ha mandado, que se resume en el mandamiento del Amor.

El Evangelio no termina con una despedida dolorosa, sino con el ánimo contra el miedo o la vacilación y promesa más rotunda de la Escritura: "Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Mateo abre su Evangelio presentando a Jesús como el Enmanuel, el "Dios con nosotros", y lo cierra confirmando esa identidad. Jesús ya no está en un lugar concreto de Tierra Santa; ahora, gracias a su Ascensión, está presente en todas partes, en todo sagrario, en cada comunidad reunida en su nombre y, de manera especial, en el rostro de los pobres y sufrientes; no lo olvidemos. Celebrar la Ascensión del Señor es celebrar nuestra propia dignidad y nuestro compromiso. Cristo ha llevado nuestra naturaleza humana a lo más alto de la gloria divina. Nuestro destino es el cielo, pero nuestro deber es el suelo. No somos huérfanos; no estamos solos ante los desafíos del mundo actual, ante la indiferencia religiosa, la injusticia interna o externa o nuestros propios sufrimientos familiares o personales: ¡Él está con nosotros!

Vayamos hoy a nuestras casas con la certeza de su presencia. Seamos esos testigos valientes que el mundo necesita: cristianos que no miran al cielo con nostalgia pasiva, sino que trabajan y luchan en la tierra con la esperanza puesta en la eternidad. Con razón celebra la Iglesia en este Domingo la Jornada de las Comunicaciones Sociales, pues fue en la Ascensión cuando el Señor nos envió a darlo a conocer al mundo.

Este día, 17 de mayo, es un día también especial para nuestras Hermanas del Santo Ángel que celebran la onomástica de su Fundadora, la Madre San Pascual, que también Ella nos enseñe a todos a "ir despacio para lograr llegar lejos"...