viernes, 28 de agosto de 2026

Facsímiles. Por Guillermo Juan Morado

(La puerta de Damasco) La palabra “facsímil” viene del latín - “fac” (haz) “simile” (semejante) – y se emplea para designar la perfecta imitación o reproducción de una firma, de un escrito, de un dibujo, de un impreso, etc.

Hay libros que son auténticas joyas del patrimonio cultural de la humanidad. Una de estas joyas se conserva, desde 1661, en la biblioteca del Trinity College, de Dublín. Se trata del célebre “Libro de Kells” (que se remonta en torno al año 800 después de Cristo), un manuscrito en vitela maravillosamente ilustrado de los cuatro evangelios. Se cree que fue elaborado por los monjes de San Columba de Iona, en Escocia, y después llevado a la abadía de Kells, en Irlanda, para mantenerlo a salvo de los ataques de los vikingos.

Un erudito del siglo XII, Geraldus Cambrensis, pensaba que el libro era “la obra de un ángel, no de un hombre". Parece que fue creado, no tanto para ser leído sino, más bien, para ser mostrado a los fieles durante la celebración de la misa, mientras el sacerdote recitaba de memoria los pasajes evangélicos. Originalmente estaba encuadernado con una cubierta de oro y joyas, que se perdió cuando el manuscrito fue robado en la abadía en 1007. Para conservarlo en el mejor estado posible, ya no se presta ni se permite su manipulación. Los interesados en su estudio deben valerse de facsímiles.

Si de las tierras célticas de Escocia e Irlanda pasamos a Galicia, nos encontramos con el “Códice Calixtino” o “Liber Sancti Jacobi”, un manuscrito del siglo XII que es la compilación de cinco libros de diferente naturaleza – hagiográfica, litúrgica, de homilías, musical y narrativa - relacionados con el apóstol Santiago el Mayor y con la peregrinación a Compostela. Se conoce como “Calixtino”, en referencia al papa Calixto II, benefactor de Santiago de Compostela. Se conserva en el archivo-biblioteca de la catedral compostelana. Son importantes sus delicadas ilustraciones, unas imágenes que contribuyeron a crear el programa iconográfico jacobeo. El códice también fue objeto de robo en 2011, sin que sufriese deterioro.

Para hacerlo más accesible a los estudiosos y aficionados, la empresa Incipit Manuscript Ediciones ha preparado este año, en colaboración con la Catedral de Santiago, una nueva edición facsímil de 500 ejemplares, numerados individualmente y certificados ante notario. El ejemplar número 1 será entregado al papa León XIV. Gracias a una donación particular, otro ejemplar, el número 12, ha llegado a la Biblioteca del Centro Teológico de Vigo, que tiene su sede en el Seminario Mayor.

Como ha escrito el bibliotecario, Juan José González Estévez: “A las puertas de un nuevo año Santo Compostelano en el año 2027, con la incorporación a nuestra biblioteca de este volumen tan excepcional, tenemos una magnífica oportunidad de seguir aprendiendo de la historia, admirar los trabajos de los maestros de siglo XII y renovar el compromiso con nuestra cultura que, a través del camino de Santiago y las peregrinaciones, se ha hecho europea y universal”.

A los pies de la Madre

 

jueves, 27 de agosto de 2026

La Visitación de María en las enseñanzas de León XIV

En su primera encíclica, Magnífica humanitas, publicada oficialmente por la Santa Sede el 25 de mayo de 2026, el Papa León XIV recurre al pasaje bíblico de la Visitación como el gran broche de oro espiritual y ético del documento. A través de esta escena evangélica, el Pontífice teje una profunda analogía entre las virtudes de María y la necesidad de preservar la identidad humana en la era de la inteligencia artificial. 

El paralelismo entre la Visitación y la condición humana

En los párrafos conclusivos de la encíclica (especialmente en los apartados nn. 7-10), León XIV utiliza la Visitación para ilustrar las dimensiones fundamentales del ser humano que corren el riesgo de disolverse ante el avance tecnológico: La aceptación del límite frente al delirio de omnipotencia: Frente a lo que el Papa denomina una «Babel tecnológica»—el intento de la IA de operar sin límites corporales ni temporales—, María celebra y acepta el límite humano. Su grandeza no nace de una capacidad infinita de procesamiento, sino de su pequeñez acogida por la gracia divina. La inclusión física del "Otro": La encíclica destaca que en el encuentro entre María e Isabel se genera una inclusión física y real. Dios encarnado en María se hace presente ante el Juan Bautista que gesta Isabel. El Papa argumenta que la empatía, la intuición y el afecto mutuo requieren de la presencia biológica, corporal e histórica, algo radicalmente ajeno a los algoritmos sintéticos. 

El simbolismo del Magníficat

El título del documento, Magnifica humanitas («Magnífica humanidad»), está directamente inspirado en el término inicial del himno mariano por excelencia: el Magníficat (Magnificat anima mea Dominum). León XIV explica que la verdadera «magnificencia» del ser humano no reside en la potencia de sus herramientas artificiales, sino en su capacidad de maravillarse, de componer poéticamente y de bendecir.  El canto de María tras la Visitación exalta un vuelco de perspectivas: el Dios encarnado prefiere el camino de la fragilidad. En contraste, la IA representa a menudo una lógica puramente utilitaria que aplana las diferencias y sacrifica a los vulnerables. 

La urgencia del "Salir sin demora"

En el análisis teológico de la encíclica que realiza la Conferencia Episcopal, se resalta la actitud activa de la Virgen: «María no se queda con la noticia para sí: sale, camina, se encuentra». El Papa utiliza esta prisa de María hacia las montañas de Judá para recordar que la vida cristiana y humana se realiza en el movimiento, el servicio real y el contacto comunitario, previniendo el aislamiento y la alienación digital. 

Fiesta 2026

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Una fiesta de tres siglos para salir, abrazar y alabar. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


La Fiesta de la Visitación de María a su prima Santa Isabel cobra en Lugones una dimensión especial, y es que forma parte su ADN. Decía el enamorado Cronista de Lugones y malogrado José Antonio Coppen, que las fiestas de Santa Isabel, al datar del siglo XIX podía presumir de haber conocido tres siglos diferentes: ¡cierto! Esta festividad, que tradicionalmente cierra el mes de agosto, une el misterio evangélico con el latir cotidiano de nuestra localidad. En un cruce de caminos históricamente marcado por el paso de tiempo, el esfuerzo industrial y el constante crecimiento humano. El viaje de la Virgen se convierte en un icono que siempre aporta luz. El relato bíblico nos muestra una fe que no se estanca, sino que se pone en movimiento para servir a los demás. María no guarda la buena noticia en el aislamiento; sale al encuentro de inmediato con prontitud, a compartir el gozo. Al igual que María cruzó la geografía de Judea para abrazar a su prima anciana, Lugones se ha construido históricamente gracias a personas que se pusieron en camino. Desde aquellos primeros pobladores que se asentaron al amparo de las calzadas romanas, hasta las familias que llegaron con el auge industrial del último medio siglo. Lugones, encrucijada de caminos, puede presumir de ser tierra de encuentros, acogida y dinamismo cotidiano.

Cuando María entra en el hogar de Isabel, se desborda la alegría y el reconocimiento mutuo. Las Sagradas Escrituras plasman este momento cumbre que hoy inspira nuestra fiesta local: Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó la criatura en su vientre ( Lc 1, 41). Llevar a Cristo implica transformar los espacios comunes, renovando y acogiendo. Es la crónica de un camino que une la prisa alegre del servicio con la solidez de una comunidad que, a lo largo de los siglos, ha sabido construirse a base de encuentros, trabajo y fe compartida de los propios y los que van llegando. El relato bíblico de la Visitación nos sitúa ante una fe que no es estática ni puramente contemplativa. No es la prisa del ansia contemporánea, sino la urgencia del amor que no puede esperar. María desafía la fatiga, la montaña escarpada y las distancias, para llevar el mayor tesoro: ''el fruto bendito de su vientre''. El encuentro entre María e Isabel es también el abrazo entre el ayer y el mañana, entre la juventud audaz y la ancianidad experta y venerable. El espíritu de la Visitación nos llama a fortalecer la vida espiritual, asociativa, cultural, caritativa... La Visitación es el ejemplo supremo de esta dinámica. María no da un discurso teológico a Isabel; le ofrece su presencia, su ayuda en las tareas domésticas y su testimonio de creyente. La verdad del Evangelio se hace creíble cuando se traduce en conciliación familiar, en el respeto mutuo entre los ciudadanos y en la acogida hospitalaria a quienes eligen, como la mejor posible, esta localidad para vivir.

Afirmaba el Papa León XIV: ''En este día, el del encuentro con su prima Isabel, se contiene el secreto de cualquier otro día, de cualquier otra época. Y las palabras no son suficientes; es necesario un canto, que la Iglesia sigue entonando cada día, al atardecer, «de generación en generación» (Lc 1,50). La sorprendente fecundidad de la estéril Isabel confirmó a María en su confianza; le anticipó la fecundidad de su “sí”, que se prolonga en la fecundidad de la Iglesia y de toda la humanidad, cuando la Palabra renovadora de Dios es acogida. Ese día dos mujeres se encontraron en la fe, después permanecieron tres meses juntas para ayudarse, no sólo en las cosas prácticas, sino en un nuevo modo de leer la historia''. El magisterio del Papa León ilumina con especial fuerza el sentido de esta celebración. En sus recientes intervenciones, el Santo Padre insiste en que las grandes historias de salvación se construyen en los hechos más sencillos y humanos de la vida diaria: «El Dios de la Biblia se manifiesta en la liberación de la esclavitud, en el nacimiento ya inesperado de un hijo, en el amor misericordioso y fiel. Habla a través de hechos y encuentros, rostros e historias». Ahí tenemos el regalo de la reciente encíclica Magnifica humanitas (magnífica humanidad) que no aborda únicamente el reto de la Inteligencia Artificial, sino especialmente, la prioridad de la dignidad humana. Un texto que no deja indiferente a quien se asoma a sus enseñanzas, y también aquí nos encontramos la escena de la Visitación: ''El cántico de María acompaña nuestro compromiso. Ante Isabel, que le anuncia que se ha convertido en la madre del Señor, María prorrumpe en un himno de alabanza y de alegría: su alma proclama la grandeza del Señor y su espíritu exulta en Dios su Salvador, porque Él eligió a una joven pobre y pequeña para su plan de salvación'' (Nº 243). Este mensaje es un fuerte asidero espiritual. Y cómo olvidar su reciente visita a España, donde nos el Pontífice nos ha regalado unas bellas y profundas reflexiones para nuestra realidad, alguna en el seno de la palabra libre de nuestra democracia. Quizás una de las más aplaudidas por creyentes y no creyentes ha sido su propuesta para huir de la polarización, que pasa por anteponer la cultura del encuentro frente al enfrentamiento; nosotros podríamos traducirlo por vivir en clave de visitación, en lugar de confrontación.

Celebrar la Visitación de María a Isabel es un llamado urgente a caminar «cum festinatione» —con prisa alegre— al encuentro de quienes nos rodean. Es un compromiso a no ser meros espectadores ni a preocuparnos únicamente de lo nuestro. Estamos llamados a imitar los tres pasos del camino de María:  1º Salir: Romper la inercia, la rutina vacía, la comodidad personal y el acomodo, los clichés, los tópicos y estereotipos, los muros. 2º Abrazar: Escuchar con paciencia a las generaciones que nos precedieron y acoger con esperanza a las nuevas, tender la mano a quien jamás se la daríamos: al que no piensa lo que yo pienso, al que no cree lo que yo creo, al que no vota a quien yo voto, a quien no tiene el color de la piel como la mía... 3º Alabar: Los creyentes agradecemos lo que Dios nos concede; sí, pero al tiempo, qué importante es que valoremos el trabajo desinteresado de otros -como en el caso de la Sociedad de Festejos- con reconocimiento y gratitud. Y es que no es poco el esfuerzo, no sólo por sacar las fiestas adelante, sino al mismo tiempo, el de tantas personas que con su trabajo diario, aún movidos por convicciones diferentes, siguen haciendo de Lugones un lugar donde da gusto vivir y donde todos nos queremos quedar. Que la Virgen de la Visitación y su prima Santa Isabel bendigan cada familia de nuestro pueblo, y nos conceda siempre la gracia de caminar con prisa alegres para salir, abrazar y alabar. 

Joaquín, párroco

Santoral del día: Santa Teresa de Jesús Jornet

(Año Cristiano de Edibesa) Aytona, Cataluña, 9 de enero de 1843, nace a la vida una niña, Teresa, la hija primogénita de Francisco Jornet y de Antonia Ibars, que es bautizada al día siguiente. Familias serias y de auténtica fe las de Jornet y las de Ibars. […] La niña crece en un ambiente de seriedad procurado por sus padres, austeros y trabajadores, como lo han sido sus antepasados. Sus tíos Palau han notado que la niña es de inteligencia despierta y aguda. ¿Por qué no hacerle tomar los libros y seguir un curso normal de estudios? La iniciativa atrae también a los padres de Teresita. Y ésta, acompañada por su tía Rosa, marcha a Lérida. Junto a la tía se desarrolla la piedad de la niña y adquiere ya desde entonces un sello eucarístico.

Acabados los estudios en Lérida y cuando Teresita podía alegrarse con la idea de retornar a Aytona, ve que otras voluntades la mandan a Fraga, para proseguir su educación cultural.

Durante los meses de vacaciones, vuelve a Aytona. Con alegría y sencillez, torna a sus costumbres de «mujercita de su casa» y de muchacha de pueblo. En su juventud revela ya las dotes futuras de la organizadora y superiora del mañana.

Novicia en las Clarisas

A primeros de julio de 1868, Teresa y su hermana Josefa abandonan la casa paterna. La primera toma el camino que conduce al convento de Clarisas, en la localidad de Briviesca, en las inmediaciones de Burgos; la segunda se dirige al Asilo de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en Lérida.

Los meses del postulantado y del noviciado corren veloces. El alma de Teresa se esponja con el gozo de ver ya cercano el día en que se unirá definitivamente al Señor por medio de la profesión.

Dios, sin embargo, disponía las cosas de otro modo. Sus designios son indescifrables. Y Teresa, que no se ha movido ante las imposiciones de los hombres, tiene que replegarse ante la enfermedad. Le aparece un buen día en la frente una postilla rebelde a todo cuidado. Las religiosas se alarman. Los médicos dejan caer unas palabras muy tristes. Quizás aquella postilla sea de naturaleza maligna, tal vez, incluso, hasta contagiosa. Tratándose de una novicia. la voz de la prudencia aconseja alejarla del convento.

Con su tío, el Beato Francisco Palau

Una vez más, su tío, el padre Francisco Palau, trata de enfilar a Teresa en su pequeño ejército de Terciarios y Tericiarias Carmelitas. Sin comprometerse definitivamente, Teresa se pone a trabajar con ardor y con inteligencia. No sabe hacer las cosas a medias. El padre Palau la nombra visitadora de las escuelas que él va abriendo en la península y en las islas Baleares. El 20 de marzo de 1872 moría el padre Palau, y en abril Teresa está nuevamente con su familia; pero espiritualmente se encuentra sumida en la mayor soledad e incertidumbre frente al futuro. -Señor, ¿qué queréis que haga?».

Un grupo de sacerdotes de Huesca y de Barbastro, presididos por el maestro de capilla de la catedra] de Huesca, don Saturnino López Novoa, está echando las bases de un instituto femenino que se consagre exclusivamente a la asistencia de los pobres ancianos abandonados.

Don Saturnino entrega a la obra todo cuanto es y cuanto tiene. Pero hay que buscar las obreras de Dios.

En Barbastro abrirá don Saturnino la primera casa. La sede elegida se llama «Pueyo». Se trata de un antiguo edificio, un tanto viejo y en condiciones no muy honrosas, pero que ofrece muchas ventajas para la nueva finalidad. Vienen a habitar al Pueyo doce jóvenes de las cercanías, todas entre los 18 y los 30 años. Abundan en entusiasmos y buena voluntad. Carecen de riquezas materiales. Se comprende, pues, que la vida en el Pueyo discurra por cauces de pobreza y humildad. Pero ¿no es éste el venturoso comienzo de las obras de Dios? Entre las doce se encuentran Teresa.

¿Quién conducirá adelante esa incipiente comunidad? Nadie sino Teresa podía ser la cabeza de aquel grupo.Superiora permanecerá Teresa hasta la muerte. Serán veinticinco años de gobierno, Ha sido Dios, no los hombres, quien ha fijado la elección.

Su nombre primero es el de «Hermanitas de los Pobres Desamparados» Sólo en una segunda etapa y para evitar equivocaciones con el instituto francés del mismo nombre, se llamarán como actualmente se denominan «Hermanitas de los Ancianos Desamparados». ¡Hermanitas! No madres, sino «hermanitas, porque ellas se colocan en el último peldaño de la escala familiar, como el último de los hijos de una familia, dispuestas siempre a cumplir los deseos de los hermanos mayo-res, los ancianos.

El 27 de enero de 1873, Barbastro se viste de fiesta. Se va a proceder a la vestición de las «hermanitas». Toda la población se dio cita en la capilla del Seminario Conciliar. A falta de una iglesia propia, las hermanitas, recibirían el santo hábito en la iglesia de los seminaristas. La ceremonia resultó solemnísima.

Pero no habían de quedarse en Barbastro. El reloj de Dios señala una nueva hora.

En estos mismos días, en Valencia, un grupo de católicos reunidos en una asociación, propone combatir el mal con una obra de caridad. Entre sus muchas iniciativas cuaja un buen día el proyecto de ocuparse cristianamente de los pobres ancianos abandonados. Dicho proyecto presupone unas religiosas a cuyas atenciones se encomiende el cuidado de los ancianos asilados. Dios mismo, por caminos impensados, pone a los miembros de la asociación de Valencia en relación con don Saturnino.
Valencia: junto a la Virgen de los Desamparados

Se unifican los proyectos y se llega a un acuerdo mutuo. Las hermanitas se trasladarán a Valencia. Será el punto de partida para legiones de hermanitas, cuyo destino será poner una sonrisa en medio del dolor de los abandonados, un rayo de esperanza en la soledad de los pobres, un mucho de amor en la tristeza de los ancianos.

Nadie duda —y mucho menos que nadie la madre Teresa que la misma Santísima Virgen es la que les ha llamado a Valencia. Por esto, de ahora en adelante, la Virgen de los Desamparados será la celestial patrona del instituto. La casa está cerca, en la plaza de la Almoyna.

Han llegado a la ciudad el 8 de mayo de 1873. Es la víspera de la fiesta de la Virgen y toda la ciudad se ha puesto en conmoción con la llegada de las hermanitas. Dos días después –fecha que no hay que olvidar–, el instituto acoge a la primera anciana. Una paralítica de 99 años. Se comienza bien...

De nuevo España está en guerra; esta vez se sublevan las regiones en petición de independencia, Valencia se declara en rebeldía contra el Gobierno de Madrid. La ciudad se ve poco después asediada y bombardeada. Las hermanitas deciden refugiarse en Alboraya.
Los Ancianos: «Cuidar los cuerpos para salvar las Almas»

Un año tras otro se multiplican las casas-asilo a una velocidad impresionante. La madre Teresa quería que se llamaran así, casas-asilo no simplemente asilos, porque el término le parecía demasiado frío y humillante. Casas-asilo, donde el anciano encuentre el calor de un hogar y el afecto de una madre y unas hermanitas que se entregan totalmente al servicio afectuoso del pobre que se llega a ellas.

Los ancianos desamparados son los dueños de las casas-asilo. las hermanitas son simplemente las siervas de los ancianos, Ésta era la convicción y la enseñanza de la santa y su vida nos dice que todo su caminar fue orientado por la luz de este pensamiento. Así los ama ella. De día y de noche los ancianos son su preocupación, su dulcísimo tormento, los hijos de sus entrañas, sus «niños grandes» a los que quiere ganar la confianza, para acercarlos más a Dios, y prepararlos a salir serenos al encuentro de la muerte. Es ésta la parte más santa y bella de la misión de la hermanita.
«Cuidar los cuerpos para salvar las almas», era la máxima constante en labios de la santa, y como su gran fe le hacía ver en los ancianos pobres y abandonados, la figura de Cristo, toda su ambición era ayudarles a librarse de las escorias del pecado, a recuperar, si la habían perdido, la gracia y, con la gracia, la dignidad de hijos de Dios.

Intensa vida eucarística, tierna devoción a la Virgen, fidelidad total a la regla, sobrenatural caridad fraterna entre las hermanitas, cuidado asiduo y diligente de los ancianos abandonados. Éstos son los rasgos que diseñan la fisonomía espiritual de las hermanitas.
Misión: por España y por América

Al cumplirse el primer decenio de la fundación del instituto, las casas-asilo son ya 33. Diez años más tarde, han subido a 81, pasan cinco años más y cuando a la santa le toca la hora de dar por cumplida su tarea en este mundo, las casas-asilo de las hermanitas suman ya la cifra maravillosa de 103. En 1885, el instituto cruza el océano. Las hermanitas han sido llamadas a Santiago de Cuba y a La Habana. Parten alegres y su gozo se multiplica con el rápido crecer del número de las casas-asilo. Por primera vez, las hermanitas van a fundar sin la madre, Gustosa les acompañaría, pero ya en este momento, no es sino una inválida.

Tiene apenas 42 años, pero su salud se resiente profundamente. Hace ya años que habría tenido que retirarse a una vida reposada, sin fatigas, sin malos tratos. Y la madre Teresa ha hecho precisamente todo lo contrario.

Sin embargo, no ha sonado todavía la hora de la partida. Es necesario que el insitituto, su obra, se consolide firmemente. Ha recibido ya en 1876 el «Decretum laudis» de Roma. Es el primer paso hacia la aprobación definitiva. Y ésta llega en 1887.

Por abril de 1896. se celebra el capítulo general. La santa suplica a las hermanitas que se dignen librarla del peso de su periora general. Pero no hay quien haga caso de la voz de la madre. Sus hijas se niegan a plegarse a sus requerimientos. La madre es ella y no otra. Y volvió a cargar con la cruz.
Hacia la Casa del Padre

La madre prevé que la meta está ya cercana. Los médicos quieren hacer todavía una nueva tentativa y piden que se traslade la madre a la población de Liria. Creen que el clima le irá mejor. Ella deja hacer. Más de 70 superioras e infinidad de hermanitas desfilan por Liria para recibir la última bendición y los postreros consejos de la madre. Ella continúa dándose y consolando el door de sus hijas, Olvidada de sí, quemada por el fuego, por un ardor que nada puede aplacar. El 12 de julio, el padre Francisco le lleva el Viático y dos semanas después, asistido por don Saturnino, le administra el sacramento de la Extremaunción.

Con el pensamiento en las hijas lejanas, y más aún, con la mente fija en todas las que en un futuro habían de engrosar las filas del Instituto de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, la santa dicta una última recomendación, resumen de su vida y de su enseñanza. «Cuiden con interés y esmero a los ancianos, ténganse mucha caridad y observen fielmente las Constituciones. En esto está nuestra santificación«.

En el mes de agosto le llega de Roma la noticia de que las Constituciones del instituto han sido aprobadas definitivamente: era el último sello a la obra de su vida. Llora de alegría y de reconocimiento y sus labios acompañan el canto del Tedeum. Había llegado el momento de pronunciar también ella el «Nunc dímittis...

El 26 de agosto de 1897, noche de insomnio, repetidas veces expresa la enferma el deseo de recibir la Sagrada Comunión. La recibe a diario, pero ¿por qué tanta insistencia esta noche, si todavía no son las tres de la madrugada?

A la primera claridad del alba, viene el sacerdote. Oye a la santa en confesión y sale luego en busca del sacramento.
La madre mira a su alrededor, sonríe a las hermanitas presentes e inclina la cabeza... para siempre.


Sor Edesia del Sagrado Corazon de Jesús Rodríguez. 
Superiora general