viernes, 16 de enero de 2026

Beato Luis A. Ormieres, de elegido a maestro, y de discípulo a cantor. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Queridas Hermanas del Santo Ángel y querida Parroquia toda:

Celebramos con alegría hoy la fiesta del Padre fundador de la familia angelina, el Beato Luis Antonio Ormieres Rosa, cuya figura, testimonio y protección, sentimos con mucho cariño en esta comunidad parroquial. Acercarnos a su vida no es como asomarse a un libro de historia olvidado y polvoriento, ni únicamente asomarse a un pasado, sino que su vida, obra y espiritualidad siguen vivos actualmente en su Congregación  del Santo Ángel Custodio, que en cada lugar es reconocido de diferentes modos: hermanas del Santo Ángel, las Angelinas... pero, en definitiva, las hijas del P. Luis Ormieres y de la Madre San Pascual. Hoy más que nunca nuestro mundo necesita "ángeles visibles" para que nuestro pie no tropiece en tantas piedras que encontramos en el camino de la vida. Como otros años, comparto con esta mi Comunidad tres pinceladas con las que hacer reflexión a la luz de la vida del Beato Luis Antonio Ormieres. 

Elegido desde el vientre

Alguna hermana ya lo sabe; me pareció un verdadero guiño de la Providencia descubrir que un pasaje muy querido para el P. Luis era precisamente el del capítulo primero del profeta Jeremías. En una ocasión en que fui con un grupo de religiosas a mi pueblo y les enseñé la iglesia de mi Pila, junto con mi párroco -también muy vinculado a vosotras- recuerdo que a una hermana le llamó la atención que mi cura tenía en la sacristía el recordatorio de mi Ordenación, donde puse por lema precisamente estas palabras que ahora se proclaman en la misa de la fiesta del Beato: ''a donde yo te envíe irás, y lo que yo te mande lo dirás. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte, Oráculo del Señor''... Es un pasaje que a los sacerdotes y a las religiosas nos gusta, pues toda vocación la vivimos como algo que nos desborda, que no sabemos explicar y que, a menudo, olvidamos. La vocación es "Tierra Sagrada" ante la que descalzarnos. La del Padre Ormieres al sacerdocio, a la educación y a la fundación de una familia religiosa no son fruto de la casuística, sino que era el plan de Dios para él: ''antes de que nacieras te consagré” -dice el profeta- y esta profecía ilumina profundamente la historia vocacional del P. Luis, en quien se percibe con claridad la iniciativa amorosa de Dios a lo largo de toda su vida. Desde sus primeros años, Dios fue preparando su corazón para una misión que lo superaba, más su fidelidad a Él sostuvo su vocación y en Él y por Él la fue purificando. Como Jeremías, el P. Ormières pudo haber sentido el peso de su fragilidad ante una misión tan grande; sin embargo, el Señor no lo llamó por sus altas cualidades o capacidades, sino que lo cualificó y lo capacitó al llamarlo. Dios mismo fue moldeando su vida, guiándolo hacia lo que esperaba de él. Aplicar este pasaje a su vida es reconocer que la vocación del P. Luis Antonio no fue fruto de una casualidad ni de un proyecto personal, sino de una elección divina y libre de Dios, anterior a sus propias decisiones. Dios lo “conoció”, lo “consagró” y lo “envió”, como a Jeremías, para que su vida fuera profecía en medio del mundo.

Maestro sin dejar de ser discípulo

Profundizar en el carisma del Padre Luis Antonio, implica asomarse a su talente de educador, a la trayectoria de un hombre sencillo que se dejó transformar por la gracia y que fue buen maestro, precisamente por no dejar nunca de ser discípulo. La "oración colecta" de la misa propia del Beato le define como presbítero ''con gran sencillez y rectitud de corazón''. Esta realidad se desarrolla esa Francia suya del siglo XIX que impregnó de forma muy clara en los sacerdotes, religiosas y fieles, los deseos de vivir los sentimientos del corazón de Cristo a partir de toda una  corriente común en Parey-le-Monial. También el Padre Ormieres fue un hombre de corazón apasionado que puso el suyo sólo en Él en ese anhelo de ir, de anunciar y de hacer discípulos. Fue la consagración de toda su vida, convirtiendo su ministerio no un simple servicio puntual a su diócesis de Carcassone o a su patria francesa, sino a toda la Iglesia Universal por medio del carisma angelino que a sus Hijas y a todos nos legó. Luis Antonio vivió en un tiempo difícil marcado por la pobreza, la falta de educación y el abandono espiritual de muchos niños y jóvenes. Frente a esta realidad, él no se quedó en la queja ni en el miedo: escuchó la voz de Dios en el clamor de los más pequeños y respondió con una fe valiente y creativa, haciéndose también él mismo pequeño para dar voz y hacer grandes a los más humildes. 

Cantor de las maravillas de Dios

El salmo 95 define muy bien lo que ha sido el itinerario existencial de nuestro Beato: toda su existencia ha querido ser un cantar y contar ''las maravillas del Señor a todas las naciones''. Es una invitación universal a reconocer la maravilla por excelencia; es decir, a cada uno de nosotros con todos dones que Dios no ha dado. Esta idea fue clave en su forma de vivir la evangelización. Y así, en su vida, se hizo verdad lo que nos dijo el Señor: “por sus frutos los conoceréis”.

La vida del Beato Luis Ormières fue un árbol bueno que dio frutos abundantes: la fundación de las Hermanas del Ángel de la Guarda, dedicadas a la educación, la evangelización y la promoción humana, especialmente de los más pobres. Su obra no nació del prestigio ni del poder, sino de la confianza total en la Providencia. El estilo pastoral del P. Luis nos enseña cómo necesitamos un corazón abierto a la compasión, unas manos disponibles para servir, y unos pies dispuestos a ir donde haya necesidad. No tenemos alas, pero queremos como él ser ángeles visibles. Él creyó profundamente que la educación transforma vidas y que cada persona es un tesoro a los ojos de Dios. Por eso, su misión sigue viva hoy allí donde se educa con amor, se acompaña con paciencia y se anuncia el Evangelio con obras concretas. El Señor siempre hace resplandecer sus maravillas en la hondura de nuestra nada.

Hoy las Hermanas siguen queriendo ser el nombre, no sólo ser Hermanas del Santo Ángel, sino ser ángeles en cada colegio, parroquia, misión, apostolado o tarea. Pidamos al Beato Luis Ormières que nos ayude a vivir una fe comprometida que no se encierra en sí misma, sino que sale al encuentro, especialmente de quienes más lo necesitan. Que aprendamos de él a confiar, incluso cuando los caminos parecen inciertos, sabiendo que cuando la obra es de Dios, Él mismo la sostiene. No tengamos miedo al futuro incierto; el Beato Luis nos lo recuerda: ''confianza plena, inquebrantable y sin límites, que Dios actúa en lo que parece más débil''.

16 de Enero: Beato Luis Antonio Ormières

 

Feliz día del Beato Luis Antonio Ormiéres. Desde la Parroquia de Lugones le pedimos su intercesión. Su ejemplo nos estimula en el seguimiento del Maestro, haciendo verdaderos discípulos, siéndolo primero nosotr@s. Gracias P. Ormiéres por enseñarnos a ser ángeles visibles, a hacer bien dejando que digan, y que todo es bueno desde el amor. 

Buena jornada del Padre fundador a toda la Familia angelina.


Oración 

Oh Dios, que para educar a la juventud cristiana has enriquecido al Beato Luis Antonio, presbítero, con gran sencillez y rectitud de corazón, concédenos que, siguiendo sus huellas, contribuyamos siempre a la formación de nuevos discípulos de Cristo. Él, que vive y reina contigo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

jueves, 15 de enero de 2026

Presentan al Papa León XIV su retrato en mosaico para la Basílica de San Pablo Extramuros

(VaticanNews/InfoCatólica) El 13 de enero, el Papa León XIV pudo contemplar en la sala pequeña del Aula Pablo VI el tondo de mosaico realizado por el taller de mosaicos vaticano de la Fábrica de San Pedro, que, según la tradición, se elabora después de la elección de cada Pontífice.

Una obra de arte tradicional con técnicas milenarias

El tondo de mosaico, conocido como clípeo, tiene 137 centímetros de diámetro y ha sido elaborado con esmaltes vítreos y oro sobre una estructura metálica. Según un comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, la obra está compuesta por más de 15.000 teselas, entre las que se incluyen algunas que datan del siglo XIX.

Las pequeñas piezas se crearon utilizando la antigua técnica del mosaico cortado y se fijaron con estuco al aceite o estuco romano, tradicional del Vaticano. Este método histórico ha sido preservado por los artesanos del Estudio del Mosaico Vaticano, donde actualmente se realiza la conservación de los mosaicos de la basílica, con intervenciones de restauración, y la producción de obras para la venta al público.

El proceso creativo y artístico

La obra representa un boceto pictórico del maestro Rodolfo Papa, un óleo sobre lienzo del mismo tamaño que el tondo de mosaico, concebido específicamente para su transposición al mosaico. La creación comenzó a partir de este boceto original, diseñado con las mismas proporciones que tendrá el mosaico final, con el objetivo de facilitar su transposición al trabajo musivo.

Gracias a la habilidad y a la experiencia de los mosaiquistas vaticanos, que todavía utilizan los antiguos procedimientos técnico-artísticos, se producen mosaicos inspirados en las obras maestras del arte sacro y profano.

La presentación oficial al Pontífice

Presentaron la obra al Papa León XIV el cardenal Mauro Gambetti, arcipreste de la Basílica de San Pedro; el cardenal James Michael Harvey, arcipreste emérito de San Pablo Extramuros; y el padre Donato Ogliari, abad del Monasterio de San Pablo. A ellos se unieron el maestro Rodolfo Papa y Paolo Di Buono, director del Estudio de Mosaicos del Vaticano. Al finalizar el encuentro, el Pontífice rezó con los presentes junto a la obra.

Su destino en la basílica romana

El mosaico será colocado en la Basílica de San Pablo Extramuros, junto al retrato del Papa Francisco en la nave lateral derecha de la basílica, a una altura aproximada de 13 metros. Una vez colocado, el tondo de León XIV se añadirá a la larga serie de retratos pontificios que decoran las paredes de la nave derecha de la basílica, a una altura de unos 13 metros.

Este conjunto iconográfico representa un relato visual de la sucesión apostólica, un legado artístico que se remonta a los primeros siglos de la Iglesia cristiana. El foco que iluminaba el mosaico de Francisco se apagó el pasado 21 de abril, y ahora ya está listo el retrato de León XIV para ocupar su lugar en esta galería pontificia.

Esta particular 'línea del tiempo' ha tenido que sobreponerse incluso a la tragedia, especialmente tras el devastador incendio de 1823 que redujo a cenizas gran parte de la basílica paleocristiana y destruyó la mayoría de los retratos originales. Aquel siniestro obligó a la Santa Sede a emprender una reconstrucción titánica de la colección, estableciendo los criterios de unidad artística y técnica que hoy observamos. Por tanto, el nuevo mosaico de León XIV no solo se suma a una lista de nombres, sino que se integra en un conjunto monumental que fue rescatado de las llamas para preservar la memoria visual de Roma.

«La Iglesia está llamada a establecer puentes»: Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2026

(Iglesia de Asturias) «Un solo espíritu, una sola esperanza» es el lema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que dará comienzo este domingo, 18 de enero y se prolongará hasta el día 25 y al que se une nuestra iglesia diocesana con todas sus parroquias. Este año, la Iglesia Apostólica Armenia ha sido la encargada de preparar los textos oracionales y de meditación de este Octavario, que se pueden encontrar en la página web de la Conferencia Episcopal. En su mensaje, los Obispos de la Subcomisión episcopal para las relaciones interconfesionales y el diálogo religioso han mostrado su satisfacción por los «diversos encuentros ecuménicos que hemos podido celebrar a lo largo del año 2025 conmemorando el 1700 aniversario de la profesión del credo de Nicea. Proclamar juntos la misma fe cristianos de distintas confesiones ha sido un gran signo de esperanza en medio de un mundo que no deja de caer en polarizaciones que obstaculizan la reconciliación». 

También describen la Iglesia en Armenia, de la que recuerdan que, «tras la conversión del rey Tiridates III, fue el primer pueblo en adoptar el cristianismo como religión oficial en el año 301, antes incluso de que el Imperio romano lo abrazara». Aún así, desde sus comienzos hasta nuestros días, «los cristianos armenios han experimentado la persecución, como ocurrió en 1915 al sufrir un auténtico genocidio que volvió a regar con la sangre esperanzadora de los mártires el campo de la Iglesia. En la actualidad, la Iglesia apostólica armenia aporta su rica tradición a las relaciones interconfesionales haciendo de puente entre ortodoxos y católicos, y abre el diálogo a otras confesiones cristianas, así como a otras religiones, especialmente al islam».

En este sentido y recordando la experiencia de la Iglesia en Armenia, los Obispos recuerdan en su mensaje que «la Iglesia está llamada a establecer puentes, como lo ha hecho históricamente la Iglesia apostólica armenia, entre mundos fracturados y polarizados», porque afirman, «unos y otros bebemos de la misma luz, que es Cristo, y respiramos del mismo amor, que es el Espíritu». «Nuestro mundo necesita el consuelo de la paz que otorgó Jesucristo –manifiestan– por eso, sentirnos llamados a esta noble causa de la unidad nos obliga a mirarnos entre nosotros como hermanos y sentirnos involucrados en la vocación a la unidad, para llevar la alegría del cenáculo a los hombres sedientos de paz».

miércoles, 14 de enero de 2026

Pizzaballa pide reactivar las peregrinaciones a Tierra Santa: «Volved, es absolutamente seguro»

(Infovaticana) Hay una frontera que ni la propaganda, ni la represión, ni los cálculos diplomáticos pueden borrar del todo. El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, la describe con una frase simple: el deseo de los pueblos de vivir una vida digna. Y advierte que cuando esa exigencia se ignora, la tensión vuelve a estallar, en Irán y también en Tierra Santa. El purpurado habla desde Jordania, en el Mar Muerto, donde participa en un encuentro de actualización con unos sesenta sacerdotes del Patriarcado latino, junto a varios obispos y vicarios. Su lectura del momento es clara: las autoridades pueden intentar contener la situación, pero no pueden sofocar indefinidamente el hambre de paz, justicia y dignidad, “parte integrante de la conciencia de toda persona”.
Una diócesis atravesada por la guerra en cuatro países

Pizzaballa no habla en abstracto. El Patriarcado latino —recuerda— cubre cuatro naciones y todas, de una manera u otra, están condicionadas por el conflicto. No del mismo modo, pero sí con heridas reales.

En Jordania, explica, el golpe ha sido sobre todo económico y social: parálisis comercial, incertidumbre y dificultades para los desplazamientos. En Cisjordania, en cambio, la situación “se deteriora continuamente”, agravada por fronteras cerradas y falta de permisos que asfixian la vida ordinaria de la comunidad palestina. En Israel, especialmente en Galilea, señala un fenómeno menos visible pero corrosivo: una creciente separación entre la mayoría judía y la minoría árabe, con una crisis de convivencia que ya no es solo económica, sino relacional.

Gaza: “no hay guerra abierta”, pero siguen las muertes

Donde su diagnóstico se vuelve más duro es en Gaza. Pizzaballa subraya que, aun con el alto el fuego y el descenso de la “guerra guerreggiata”, la realidad no se ha normalizado. Habla de bombardeos selectivos, de una devastación que no retrocede y, sobre todo, de una emergencia silenciosa que mata sin titulares: la falta de medicinas básicas.

Según su descripción, hoy puede haber algo más de comida que antes, pero no hay antibióticos ni tratamientos elementales; se muere por frío y se muere por ausencia de asistencia médica, en un horizonte que sigue siendo “muy incierto” para la población. La expresión que usa no deja margen: la situación permanece de “total devastación”.

“Volved”: el llamamiento a los peregrinos

Con el mismo realismo con el que describe la crisis, Pizzaballa lanza un mensaje: pide que los peregrinos vuelvan a Tierra Santa, incluida Jordania, a la que presenta como una parte “más serena” y vital de la diócesis, con una comunidad católica joven y cohesionada.

Su apelación va más allá del turismo religioso: entiende el peregrinaje como un gesto de fe y también como sostén concreto de comunidades cristianas que viven en tensión permanente. Por eso insiste en organizar peregrinaciones y afirma que es “absolutamente seguro”. Además, recurre a una imagen espiritual clásica: Tierra Santa como un “quinto Evangelio”, una experiencia que vuelve la fe más concreta al tocar los lugares del Señor.

La vergüenza de tener que pedir limosna. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Cada vez me repatea más que me pidan ayuda para cosas que deberían estar más que resueltas desde el estado o desde la Iglesia.

¿A ustedes les parece normal que tengamos que seguir pidiendo para el cáncer? ¿Es lógico andar solicitando donativos para atender a personas con discapacidad? ¿Y eso de recoger taponcitos para los niños enfermos? ¿Para qué doy entonces mis impuestos? ¿Para ideología de género, cine gilipollesco, contratos fake, chiringuitos de amiguetes y mariscadas socio laborales? Hombre, no. Hay que hacerlo al revés.

El cáncer, la atención a las personas vulnerables, Cruz Roja que se nutran de nuestros impuestos. Y que monten mesas petitorias para cine experimental, congresos sobre la ideología de género en Pakistán, teatro tan alternativo que la gente, alternativamente, se va a otro sitio.

Me pasa igual en la Iglesia. Un ejemplo que hoy está en algunos medios: la ayuda a las comunidades contemplativas para que no pasen frío en este crudo invierno. Una iniciativa solidaria que busca recaudar 100.000 euros durante el mes de enero para ayudar a 80 monasterios y conventos de toda España a hacer frente a los gastos de calefacción. El año pasado, en la primera edición de esta campaña de micro mecenazgo, la fundación logró alcanzar los 68.500 euros, que permitieron ayudar a 64 comunidades contemplativas, lo que supuso una ayuda media de 1.070 euros por convento.

Oigan, oigan… ¿me están diciendo que hay que pedir limosnas a los fieles para que las hermanas mayores no necesiten ponerse tres pares de calcetines para aguantar un invierno gélido? ¿Y estamos contentos porque con un poco de suerte este año a lo mejor se pueden mandar 1.500 € a cada convento? En el ejercicio fiscal 2024 (declaraciones presentadas en 2025): la Iglesia Católica recibirá aproximadamente 429,3 millones de euros por el 0,7 % del IRPF, una cifra histórica y superior a ejercicios anteriores. Leche, ¿necesitamos pedir limosnas para estas cosas?

Por lo civil y por lo eclesiástico me parece una vergüenza.

Las comunidades contemplativas son de una austeridad que impacta. Ante los fríos del invierno recurren a sistemas de calefacción anticuados y poco eficientes por ser lo único que pueden permitirse económicamente. Algunas disponen únicamente de estufas de propano o butano, mientras que otras utilizan gasóleo almacenado en grandes depósitos que deben rellenarse varias veces al año. Solo unas pocas comunidades, situadas en ciudades, tienen acceso al gas natural canalizado. En algunos casos se emplean estufas o calderas de pellets o, todavía hoy, estufas de leña.

Si no encuentran otra solución pues echaremos una mano, solo faltaba. Pero creo que ustedes me entienden.