domingo, 25 de octubre de 2026

''Este mandamiento es el principal''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


En este Domingo XXX del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos sitúa ante el núcleo incuestionable de nuestra fe. A menudo tendemos a complicar la religión con normas, ritos y disquisiciones teológicas. Sin embargo, las lecturas de hoy caen como un torrente de agua clara para recordarnos que toda la vida cristiana se sostiene y se resume en un solo principio unificador: el amor. Un amor que no es una abstracción sentimental, sino un compromiso vertical con Dios y horizontal con el prójimo. El Evangelio de hoy no nos permite andar con rodeos ni refugiarnos en espiritualismos abstractos. Desmantela nuestras excusas y nos pone frente al espejo de la verdad evangélica: el amor al Señor  y a los hermanos, son las dos caras de la misma moneda, inseparables, urgentes y absolutas.

El libro del Éxodo nos sitúa en el contexto de la Alianza. Dios acaba de liberar a Israel de la esclavitud de Egipto y, en el Sinaí, le entrega las pautas para construir una sociedad nueva, que no repita los abusos del imperio opresor. El fragmento de hoy pertenece al llamado "Código de la Alianza" y es de una actualidad sobrecogedora porque vincula directamente el culto a Dios con la justicia. La tríada de los desamparados (El emigrante, la viuda y el huérfano): En el antiguo Oriente Próximo, estas tres figuras representaban la máxima vulnerabilidad. No tenían tierras, carecían de un varón que los defendiera legalmente en los tribunales y no poseían herencia. Dependían enteramente de la buena voluntad de la comunidad. Dios toma partido de forma inmediata: se declara el tutor legal de los que no tienen derechos. El Señor introduce aquí la llamada teología de la memoria: "No maltratarás al emigrante... porque emigrantes fuisteis vosotros". Dios nos pide empatía histórica. Recordar de dónde venimos, nuestras propias crisis y heridas, es el antídoto contra la soberbia y la indiferencia. La usura y la dignidad del abrigo: El texto se adentra en la vida cotidiana y la economía. Prohíbe prestar dinero con usura a los miembros del pueblo y regula la prenda de garantía: si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol. El manto en esa época era la única ropa de abrigo para la noche. Quitarle el manto al pobre es quitarle su dignidad, exponerlo a la intemperie. Esta es la advertencia del Dios Compasivo. La lectura concluye con una de las frases más bellas y solemnes de la Escritura: "Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo". Dios no es neutral ante la injusticia. Dios escucha el clamor de los oprimidos. El pecado contra el prójimo y desvalido se convierte automáticamente en una ofensa directa contra Dios.

En la epístola, San Pablos continúa escribiendo a los Tesalonicenses, una de las comunidades más queridas por él. En este fragmento, el Apóstol describe los frutos tangibles que el amor y el Evangelio producen cuando se reciben con sinceridad. Nos muestra cómo la Palabra de Dios no es una teoría ideológica, sino una fuerza viva que transforma la realidad. Imitadores para ser modelos; es decir, Pablo destaca que los tesalonicenses se hicieron imitadores de los apóstoles y del Señor. Pero el texto añade un detalle crucial: "recibiendo la palabra en medio de una gran tribulación". La autenticidad de la fe no se prueba en los momentos de tranquilidad, sino en la fidelidad durante la tormenta. Su testimonio fue tan radical que se convirtieron en modelo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya: "De modo que no tenemos necesidad de hablar nada", dice Pablo. La vida de la comunidad hablaba más fuerte que las palabras. La verdadera evangelización ocurre por irradiación y contagio. Cuando una comunidad vive unida, atiende a los necesitados y se ama recíprocamente; su fe resuena en toda la sociedad sin necesidad de grandes campañas de propaganda. El texto señala, igualmente, que se convirtieron "dejando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero". La conversión cristiana exige siempre una ruptura. No se puede abrazar al Dios del amor sin renunciar a los ídolos del egoísmo, del consumo desmedido, del poder o de la autosuficiencia que deshumanizan nuestra existencia.

El Evangelio de Mateo nos sitúa en Jerusalén, en un ambiente de mucha tensión. Jesús está disputando con las autoridades religiosas. Tras haber dejado callados a los saduceos, los fariseos se reúnen para tenderle una nueva trampa legalista. Un doctor de la ley le pregunta: "Maestro, ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?". Para entender el alcance de la respuesta de Jesús, debemos recordar que en el judaísmo de la época se contabilizaban 613 mandamientos (365 prohibiciones y 248 prescripciones). Los rabinos discutían constantemente sobre cuáles eran "graves" (principales) y cuáles eran "leves" (secundarios). Era un laberinto legalista que a menudo asfixiaba la conciencia de la gente sencilla. El Primer Mandamiento (La verticalidad): Jesús responde citando la oración diaria del judío, el Shemá: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente". No pide un amor puramente intelectual o puramente emotivo. En la antropología bíblica, el corazón es la sede de las decisiones, el alma es el aliento vital y la mente es la capacidad de discernir. Dios no quiere las migajas de nuestra vida, ni un cumplimiento externo de preceptos dominicales; pide una adhesión existencial completa y apasionada. 

El Segundo Mandamiento (La horizontalidad): Si Jesús se hubiera quedado ahí, los fariseos habrían estado de acuerdo. Pero Jesús hace algo sorprendente, añade un segundo mandamiento que nadie le había preguntado, tomándolo de Levítico 19, 18: "El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo". La palabra clave es "semejante" (homoia, en griego). Significa que tiene el mismo peso, el mismo rango, la misma urgencia. Jesús une de forma indisoluble lo que el ser humano tiende constantemente a separar. He aquí el lazo indisoluble. Jesús establece que el amor al prójimo es el criterio de verificación del amor a Dios. No podemos usar a Dios como un escudo para desentendernos de los dramas humanos. Un amor a Dios que ignora al hermano es una falsedad mística, una religión alienante. Y un amor al prójimo que se reduce a mera filantropía social, desvinculado de la fuente del Amor que es Dios, corre el riesgo de secarse o de instrumentalizarse. Jesús nos resume: "estos dos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas". El Señor simplifica el laberinto de las 613 normas. Toda la Biblia, la Teología, la Liturgia, el Derecho Canónico y las estructuras de la Iglesia no son más que comentarios, aplicaciones o andamios para ayudarnos a vivir estos dos mandamientos. Si hay amor, la ley se cumple plenamente; si falta el amor, la observancia más estricta de las normas se convierte en una cáscara vacía...

Evangelio Domingo XXX del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a
prueba:

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».

Él le dijo:

«“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».

Palabra del Señor

Ni rival ni intruso, sino un amigo. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M.



Ha sido una insólita comparecencia en la que con sumo gusto acepté mi participación. Se trataba de intervenir en el Senado de España, la Cámara Alta de la soberanía nacional. El tema era actual y pertinente: «Dios, ¿luz en la vida pública?», dentro del Foro que quiere llevar al debate público «Lo que aporta la fe católica a España y a Europa». Son temas que me resultan gratos y cercanos, por mi responsabilidad como Director del Departamento de Cultura en el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa. Me acompañaron en la mesa Higinio Marín, Rector de la Univ. CEU Card. Herrera en Valencia, Bieito Rubido, Director del periódico El Debate, y Fernando Gutiérrez, Senador por Melilla.

En el nutrido salón Europa dentro del Senado, nos acercamos al tema planteado por José Castro, moderador del debate. Una cita del autor inglés C.S. Lewis en su obra Los cuatro amores, me permitió parafrasear los tres factores que nos consienten madurar como personas: la familia, la amistad y la soledad. Tres cuestiones que bien entendidas en su estrecho nexo nos ayudan a crecer en todas nuestras dimensiones humanas: las más transcendentes que nos abren a Dios, las más íntimas de nuestra conciencia, junto a las que establece la relación social con los prójimos que nos acompañan. Pero mal entendidas o censuradas por quien tiene intereses en destruir ese mapa identitario de la persona, nos aboca a una intemperie que nos deja al pairo de toda vulnerabilidad.

La familia nos permite entendernos como semejanza e imagen de Dios que nos creó, porque también Él es “familia trinitaria”, esa que el gran san Agustín describió como la historia de un Eterno Amante (el Padre) que quiere a un Eterno Amado (el Hijo) en un Eterno Amor (el Espíritu Santo). Nosotros nacemos en una familia donde el amor de un hombre y una mujer posibilita que nazcamos a la vida ya desde la concepción: el padre, la madre y el hijo, milagro que propicia y bendice Dios. Romper e interrumpir esta relación haciendo de la familia otra cosa distinta, confundiéndola y destruyéndola según una pretensión ideológica, es una perversión malvada con enormes consecuencias en las personas y en la sociedad.

La amistad es un canto al regalo de la relación con los demás, como lo ensalza la Biblia: quien tiene un amigo, ha encontrado un tesoro. No es el título del film de Sergio Corbucci protagonizada por Bud Spencer y Terence Hill, sino lo que dice el libro del Eclo 6, 14: «Un amigo fiel es un refugio seguro; el que lo encuentra ha encontrado un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio». Y es que yo no lo sé todo, pero Dios me lo enseña en los amigos. Yo no lo puedo todo, pero Él me lo posibilita con los amigos. Yo no lo tengo todo, pero Dios me lo comparte con los amigos. Lo contrario es insidia que divide, animadversión que enfrenta, enemistad que excluye.

La soledad no es individualismo solitario, sino espacio sagrado en mi corazón y mi conciencia fundamentando mis motivos y haciendo firmes mis certezas, desde la gracia de Dios que me sostiene, ilumina y acompaña. Dios no es un enemigo ni un intruso en nuestras cosas, sino cómplice de lo mejor. Contar con Él significa sabernos hijos de un Padre que nos creó, nos ve crecer y nos espera al final de un destino, tras la página que nos ha reservado a nuestra libertad. Partimos de una pregunta: si Dios tiene sitio, o no, en nuestro mundo. Y si Dios es alguien que podemos considerar compañero del camino, como un amigo que tenemos, o un rival que nos contradice y nos multa en cada recodo. Cada uno ha venido a este mundo para decir una palabra que Dios silenció y quiere decir con nuestros labios, y un bien que Él retuvo, pero quiere repartir con nuestras manos. Sí, Dios cuenta tanto para hacer una sociedad en la que vivir como sus hijos, en convivencia fraterna, cuidando la vida y la paz.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 24 de octubre de 2026

Horarios Santos y Difuntos 2026


Beatificación de Ignacio Aláez y compañeros mártires

La Iglesia se prepara para la inminente beatificación de Ignacio Aláez Vaquero y diez compañeros mártires, una causa que engloba a nueve jóvenes seminaristas, un sacerdote y un laico que entregaron sus vidas por odio a la fe durante la persecución religiosa del siglo XX en España. La ceremonia solemne tendrá lugar el próximo sábado 28 de noviembre de 2026 en la Catedral de la Almudena de Madrid, presidida por el cardenal Marcello Semeraro en representación del Papa León XIV. Este acontecimiento constituye un hito de honda trascendencia espiritual que devuelve a la comunidad cristiana al realismo y la radicalidad de la entrega evangélica.

La llamada truncada en la tierra, consumada en el Cielo

Los nueve seminaristas que serán elevados a los altares tenían edades comprendidas mayoritariamente entre los 19 y los 24 años. Se formaban con ilusión en el Seminario Conciliar de Madrid (en Las Vistillas), cuando el estallido del conflicto dispersó su comunidad. El asalto violento truncó sus aspiraciones de recibir el orden sacerdotal en la tierra, pero consumó su vocación mediante la ofrenda perfecta de la propia vida. Esta misteriosa entrega evoca con fuerza las palabras del Evangelio de San Juan: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando» (Jn 15, 13 - 14). Aunque no llegaron a consagrar el pan y el vino sobre un altar de piedra, sus propios cuerpos se convirtieron en hostias vivas, unidas intrínsecamente al sacrificio redentor de Jesucristo en el Calvario..

Profetas de la esperanza y el perdón incondicional

A diferencia del héroe secular, el mártir cristiano no busca el sufrimiento por sí mismo ni actúa movido por ideales políticos o resentimiento humano. El testimonio que ofrece la archidiócesis a través de la postulación de la causa resalta que estos jóvenes se mantuvieron fieles a Cristo perdonando activamente a quienes les perseguían. Como bien indicó el Cardenal Cobo, adentrarse en sus biografías implica abrir horizontes y descubrir a auténticos profetas de paz, alegría y reconciliación. El testimonio de fidelidad ante el peligro recuerda la advertencia y promesa divina descrita en el Apocalipsis: «Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida» (Ap 2, 10). En un mundo marcado por las divisiones, el testimonio de los seminaristas madrileños enseña que el amor cristiano no se rinde ante el odio, y que la muerte ha sido vencida por la resurrección.

El fruto de la fidelidad cotidiana

El martirio no es una improvisación del último minuto; constituye el broche de oro de una santidad forjada en los pequeños detalles cotidianos. La dispersión forzosa del seminario obligó a estos jóvenes a vivir su fe en la clandestinidad, escondidos en hogares particulares, acechados continuamente debido a los archivos incautados que contenían sus nombres y direcciones. Su fortaleza provino de la oración asidua y de la comunión espiritual vivida al límite. La experiencia espiritual que atravesaron se asemeja a las pruebas descritas en el Antiguo Testamento: «Como oro en el crisol los probó, y como víctima de holocausto los aceptó» (Sab 3, 6). La Iglesia madrileña celebra esta victoria no como un recuerdo melancólico del pasado, sino como un fermento vivo de renovación para la pastoral juvenil y vocacional del presente. El ejemplo de estos once nuevos beatos recuerda que seguir a Cristo exige coherencia absoluta y que la esperanza verdadera jamás defrauda.


Seminario Conciliar de la Inmaculada y San Dámaso de Madrid - Alcalá

Miguel Talavera Sevilla
18 años, Filósofo
Nace el día 29 de septiembre de 1918, día de san Miguel, nace en Boadilla del Monte (Madrid). De la checa de Fomento llega un grupo de milicianos a Boadilla a me- diados de agosto. Preguntan por una serie de personas entre las que se encuentra Miguel Talavera. Este hecho pone en evidencia el uso que los perseguidores hicieron de los expedientes robados durante el asalto al Seminario. Los datos de Miguel constaban allí, con su dirección, además de en el padrón municipal de Madrid. En esta ocasión no se los llevan detenidos, gracias a la actuación del presidente del Comité. Pero los milicianos regresan el 7 de octubre, esta vez de la checa de la Puerta del Ángel. En la acusación contra Miguel, que provoca su detención consta «haber sido seminarista». No hay otra causa para la detención. Tan solo se refieren a él como seminarista, y en alguna ocasión, y por error, lo llaman fraile. Es trasladado junto con otros tres paisanos del pueblo, estos acusados de «haber sido concejales de partidos de derechas», a la checa de Marqués de Monistrol, en las inmediaciones del paseo de Extremadura. Fue martirizado en torno al 9 de octubre de 1936, no está claro si en el alto de la cuesta de las Perdices (antes de llegar a Aravaca) o en el monte de Boadilla. Su cadáver no ha podido ser hallado.

Jesús Sánchez Fernández - Yañez
21 años, Filósofo
Nació en Cózar (Ciudad Real), 31 de mayo de 1915. Hijo de Gobirniano y Emilia. La familia se traslada a Madrid donde su padre trabaja de peón del hospital de San Juan de Dios, y después como portero en la calle de Donoso Cortés. Fue un alumno brillante: obtiene el meritissimus en prácticamente todas las materias. Estando en su domicilio es denunciado por interpone una denuncia ante el Comité de la calle de la Luna y que lo delaten en la checa de Fomento. Fue martirizado en el Barrio de La China (Madrid) el 21 de septiembre de 1936. Sus restos reposan en la Capilla del Santísimo de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos

Ignacio Aláez Vaquero
22 de Años, Filósofo
Nació en Madrid un 1 de febrero de 1914 en la calle del Río, 16 interior. Es bautizado a los pocos días de nacer en la parroquia madrileña de Santiago y san Juan Bautista. Pero su vínculo parroquial quedará establecido en la Parroquia de san Millán y san Cayetano tras el traslado de la familia a la calle del Oso, 25 en el barrio de La Latina.
Su padre, Evelio era natural de Barruelo (Palencia), y su madre, Marina, de Arévalo (Ávila). Fue martirizado en el Camino del Quemadero, Fuencarral (Madrid), 9/10 de noviembre de 1936. Sus restos mortales reposan en una Fosa común en el cementerio de Fuencarral

Cástor Zarco García
23 años, Subdiácono
Nació en Socuéllamos (Ciudad Real), 20 de febrero de 1913
Hijo de Timoteo y Carmen
Obtiene varios premios extraordinarios: uno por el estudio del latín y otro por el estudio de Teología Dogmática. El 6 de junio de 1936 recibe el subdiaconado en la capilla del Palacio Episcopal.
Fue martirizado en Alcalá de Henares el 18 de septiembre de 1937
Sus restos mortales reposan en la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos

Antonio Moralejo Fernández-Shaw
19 años, Filósofo
Nació en Madrid el 14 de abril de 1917. Fue bautizado en la parroquia de san Jerónimo el Real con los nombres de Antonio José Ramón Pedro de la Santísima Trinidad. Estudia en el Colegio Maravillas, de los Hermanos de la Salle. Su familia vivirá en la calle de Romero Robledo. Es bastante probable que Antonio estuviera entre los que, tras el retiro del día 18 de julio, hubieron de huir del seminario por la puerta de la huerta, ante el asalto del edificio por los milicianos de La Latina. Según ha quedado en la tradición familiar, parece que la defensa de la iglesia del Carmen de Preciados del asalto de los milicianos es la causa inmediata de que vayan a buscar a Antonio a su casa. Sin duda también influyó que el padre de familia, Liberato, se hubiera negado a firmar la carta de adhesión al gobierno del Frente Popular en contra de la sublevación militar en 1935. Redada fructífera para los perseguidores, que en una sola visita se llevan a los dos: padre e hijo son detenidos, según consta en el atestado policial conservado en la Dirección General de Seguridad, por «conservar cartas en las que se revela el carácter religioso y patriota» de los arrestados. Padre e hijo, pasaron a disposición de la comisaría del distrito de Palacio. De allí pasan a la Dirección General de Seguridad, lugar donde no suelen estar los detenidos más de dos días, y donde se les toma la filiación. Son llevados después a la Cárcel Modelo, muy cerca de su domicilio familiar. Allí están un mes en condiciones lamentables. El avance de las tropas nacionales por la Casa de Campo y el traslado del gobierno a Valencia hacen que la Junta de Defensa decida trasladar a los presos de la Modelo. Entre los días 6, 7 y 8 de noviembre de 1936 son sacados del lóbrego lugar. No sabemos la fecha exacta, aunque la familia piensa que el 8 de noviembre son conducidos en autobuses, maniatados, hasta el Castillo de Aldovea, en Torrejón de Ardoz.

 Ángel Trapero Sánchez-Real
20 años, Teólogo
Nació en Navalcarnero (Madrid) 23 de junio de 1916. Su padre, Juan, era de Segovia, y su madre, Sabina, era natural de San Martín de Valdeiglesias (Madrid). Lo bautizan en la parroquia de la Asunción. Como estudiante en el Seminario era sobresaliente El 11 de octubre la casa de don Juan Trapero recibe una desagradable visita: un grupo de milicianos practica un registro en su domicilio. Se llevan consigo dinero, joyas y a su hijo Ángel por ser seminarista. Lo trasladan a la checa de García Atadell, donde está dos días. Luego es puesto a disposición de la Dirección General de Seguridad. El 17 del mismo mes Ángel es llevado a la cárcel de Porlier sin orden judicial alguna. Se trataba de las instalaciones del colegio Calasancio, en la manzana formada por las calles del General Díez Porlier, Lista, Padilla y Conde de Peñalver, incautado por el gobierno republicano en aplicación del artículo 26 de la Constitución de 1931, que prohibía a las congregaciones religiosas la dedicación a la educación o a actividad alguna, quedando su patrimonio afecto al Estado. El 9 de noviembre hubo una saca de treinta y un reclusos en aquella cárcel. Son trasladados al cementerio del Este. Con Ángel van al menos dos sacerdotes: los hermanos Marcial y José Oliver Escorihuela; y muy probablemente Maximiliano González Bustos y Bernardo del Campo, también presbíteros. Sus cadáveres fueron enterrados en una fosa común. Finalizada la contienda, el cadáver de Ángel pudo ser identificado gracias a unas fotografías y su cuerpo fue trasladado al panteón familiar del cementerio de Navalcarnero. El 7 de diciembre de 2017, en el marco de las Vísperas de la Solemnidad de la Concepción Inmaculada de la Virgen Ma- ría, patrona del Seminario de Madrid, los restos del siervo de Dios fueron depositados en la capilla del Seminario, bajo el retablo de San Dámaso.

Pablo Chomón Pardo
21 años, Teólogo
Nació en Quintanilla de Escalada (Burgos) el 25 de septiembre de 1914. En el colegio de Quintanilla de la Escalada, pueblo natal de Pablo, cursaban los estudios primarios todos los niños de los alrededores. Dirige el centro don Julio Pardo Pernía, sacerdote y tío de Pablo por parte de madre, quien lo bautizara a los pocos días de nacer en la parroquia de san Miguel, en la misma localidad. Sus padres son Guillermo Chomón Ruiz, jornalero, y Petra Pardo Pernía, llegada a Quintanilla cuando aún era una niña, junto a su hermano sacerdote, allí destinado. La familia se traslada a Madrid. Se instalan en la calle de Maldonado, en casa de una hermana, Ángela, y un cuñado, Abundio. Los hijos de éstos, Pedro Martínez Pardo, sacerdote en Madrid, y Teodosio, seminarista, les facilitan las cosas a Pablo y a Lorenzo para su ingreso en el Seminario Conciliar de Madrid. Lorenzo sale al poco tiempo. Sin embargo Pablo estudia en este centro 12 años, entre los cursos 1924 y 1936. Es un alumno brillante: obtiene sobresaliente prácticamente en todo, además de participar muy activamente en la vida cultural del Seminario. Petra vuelve a cambiar de domicilio. Esta vez, aprovechando que don Julio, su hermano sacerdote, viene a Madrid como confesor de las Hermanas Hospitalarias de Ciempozuelos, se va a vivir con él. Según cuenta Petra, la madre de Pablo y hermana de don Julio, «doce milicianos entran en casa y apuntando a ambos con un fusil, son obligados violentamente a salir de sus camas entre continuas amenazas». Los trasladan a la cárcel instalada en la iglesia parroquial hasta el día 7 de agosto, en que son asesinados en el término municipal de Valdemoro. Son inhumados en una fosa común en el cementerio municipal de Valdemoro, hasta su traslado, sin individuar, a la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

Seminarista de la diócesis de Barbastro estudiante en el Seminario Pontificio de Comillas (Cantabria)

Mariano Arrizabalaga Español
21 años, Filósofo
Había nacido Mariano en Barbastro (Huesca) el 11 de mazo de 1915. Fue bautizado en la catedral de aquella ciudad con los nombres de Mariano Víctor Joaquín José Manuel. Se forma con los Padres Agustinos en Ceuta, y tras su regreso a Barbastro, con los Escolapios. Para entonces, Mariano ya ha descubierto su vocación. Su padre lo convence para que aplace su decisión hasta después de concluir sus estudios de Bachillerato. Llegado este momento, solicitan su ingreso en el Seminario Pontificio de Comillas, regentado por los jesuitas. Allí inicia su formación en 1929. En 1934 toda la familia se traslada a Madrid para tratar una enfermedad del padre de familia. Alquilan un piso en la calle de Martín de los Heros, hasta encontrar su residencia definitiva en la calle de Benito Gutiérrez. La familia destaca por su compromiso cristiano. Dos hermanos de Mariano, Joaquín y Rafael, de los primeros afiliados de la Acción Católica de Barbastro militan ahora en el Centro del Corazón de María que acababa de llegar a Madrid. El 5 de octubre es practicado un registro domiciliario y son detenidos Mariano, su hermano Rafael y un cuñado. Son llevados a la checa de Fomento, donde permanecen varios días, y desde donde son trasladados a la Dirección General de Seguridad, antes de ser recluidos en la Cárcel Modelo el 9 de octubre, según el testimonio del sacerdote redentorista José María Ibarrola, preso con ellos en la Galería 5a de la misma prisión. La razón de la detención de Mariano, sin afiliación política alguna y prácticamente recién llegado a Madrid, no puede ser otra que su condición de seminarista. Permanecen en la Modelo un mes aproximadamente, pues Mariano figura en las sacas practicadas entre los días 7 y 9 de noviembre. En ese tiempo, los allí detenidos se dieron ánimos unos a otros para dar testimonio de su fe. En un autobús de la Sociedad Madrileña de Tranvías Mariano es trasladado al castillo de Aldovea, en Torrejón de Ardoz. Aún quedaban muchos cadáveres sin enterrar en Paracuellos del Jarama de los asesinatos de la noche anterior. Convenía cambiar el lugar de las ejecuciones. De las declaraciones juradas ante el tribunal de la causa general de Madrid extraemos el clima general de horror en medio del cual brilla la luz de quienes entregan su vida al grito de ¡viva Cristo, Rey! Los testigos declaran que «el primer convoy formado por cinco autobuses de dos pisos llegó al Castillo de Aldovea. Los detenidos, con las manos atadas a la espalda, fueron bajados y colocados de espaldas. En grupos de unas veinticinco personas iban siendo fusilados hasta acabar con todos. El capitán hacía sonar un pito y los de la gorra hacían la descarga. Antes de disparar los milicianos los fusilados gritaban “viva Cristo Rey”. Llegaron otros tres autobuses. Sus ocupantes fueron asesinados hasta completar el número de cuatrocientos catorce muertos. El capitán dio orden de dar sepultura a los cadáveres. Como ya estaban en el caz, la labor se limitó a echar un poco de tierra por encima. Así permanecieron, casi insepultos hasta 1939». El 15 de diciembre de 1939 fue posible la identificación del cadáver de Mariano gracias a la cartilla militar que conservaba en uno de los bolsillos de la ropa. Su hermana lo reconoció también por la camisa que llevaba. Ambas reliquias, empapadas en la sangre del mártir, fueron donadas al Seminario de Madrid en septiembre de 2017 por doña Beatriz Arrizabalaga, sobrina de Mariano. El cadáver fue trasladado al cementerio de los mártires de Paracuellos del Jarama, donde recibió sepultura en una de las fosas comunes.

Seminarista de la Archidiócesis de Toledo

Ramón Ruiz Pérez
24 años, Subdiácono
Nació en Peal de Becerro (Jaén) el 21 de mayo de 1912. Lo llevan a bautizar a la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación, y le ponen el nombre de Ramón del Socorro. Allí mismo recibirá la Primera Comunión y la Confirmación, pero no tenemos constancia de las fechas, por haber sido destruido el archivo parroquial. Con trece años acude al Seminario de Toledo, diócesis a la que pertenece su pueblo hasta 1954, cuando Pio XII firma la anexión del Adelantado de Cazorla (región a la que civilmente estaba vinculada la localidad) a la diócesis de Jaén. No conocemos el motivo por el cual no llegó a ingresar allí, sino en el Seminario menor San Felipe Neri, en Baeza. Destaca por su buena conducta, aunque no por su brillantez académica. Durante los cuatro años que permanece en Baeza llega con ciertas dificultades al tercer curso de latín. Solicita su traslado al seminario de Toledo, donde cursa a partir del año siguiente cuarto de latín, tres cursos de filosofía y tres de teología. Obtiene ahora buenas calificaciones, que debe mantener para conservar la beca de residencia que le han concedido, y que lo obliga además a alternar sus estudios con tareas de fámulo. Tras recibir en 1936 de manos de su arzobispo, el Cardenal Gomá, la tonsura y las cuatro órdenes menores, marcha a su casa a pasar las vacaciones con su familia, donde lo sorprende la persecución religiosa. La catedral de Jaén es habilitada como cárcel en agosto, al quedarse pequeña la prisión provincial ante la cantidad de detenidos provenientes de toda la provincia. Allí son conducidos Ramón y el párroco de Peal de Becerro, Don Lorenzo de Mora, tras ser arrestados por ser seminarista uno, y sacerdote el otro. No dejan los milicianos de profanar la iglesia parroquial, destruyendo todos los objetos religiosos. En la catedral convertida en prisión se hacinan cerca de mil personas, bajo condiciones extremas de alimentación e higiene. Entre ellos, el obispo de la diócesis, el hoy beato mártir Manuel Basulto, junto a un número elevado de sacerdotes. Durante los días de prisión no se interrumpió nunca el culto divino. Trasladado en el llamado ''tren de la muerte'' a Madrid, fue martirizado en el Pozo del Tío Raimundo. Los cadáveres son recogidos en camionetas y enterrados en el cementerio de Puente de Vallecas. Terminada la Guerra, los cuerpos de quienes viajaron en el Tren de la muerte son devueltos a la catedral de Jaén e inhumados en la capilla del Sagrario.

Sacerdote

Julio Pardo Pernía
63 años. Confesor de las Hospitalarias de Ciempozuelos y tío de uno de los jóvenes
Quien cuidó como un padre de su sobrino Pablo, seminarista, y vivió su mismo fin nace en Pampliega (Burgos) el 14 de enero de 1873. Hijo de los comerciantes burgaleses Juan Pardo y Juana Pernía, recibe el bautismo en la parroquia de su pueblo natal. Con trece años ingresa en el Seminario diocesano de san Jerónimo de Burgos, donde está matriculado durante ocho cursos. Tras obtener la dispensa del Papa León XIII por no llegar a la edad canónica requerida, es ordenado presbítero el 8 de junio de 1895. Inicia su actividad pastoral en la parroquia de Valles de Palenzuela y en 1897 es nombrado párroco de san Miguel de Quintanilla de Escalada, donde se hace cargo también del colegio-preceptoría, erigido por el director del Banco de España y puesto bajo el patronato del Arzobispado de Burgos. Ofrece la posibilidad de estudiar latín y humanidades como preparación para ingresar en el Seminario diocesano. Su celo pastoral lo lleva a crear también una Asociación dedicada a la cate- quesis y a las misiones populares. Con don Julio se traslada a Quintanilla su familia. Petra, su hermana menor y madre de Pablo, conoce en este pueblo a Guillermo Chomón, con quien contrae matrimonio, naciendo de esta unión Lorenzo y Pablo. Ambos son educados por su tío y preparados para ingresar en el seminario. De entre todos sus sobrinos, cuatro ingresan en el Seminario de Madrid, y dos son ordenados sacerdotes. No lo serán Lorenzo, que sale pronto del Seminario, ni Pablo, que sufre la muerte de manos de los perseguidores de la religión siendo aún acólito. A la persecución durante el periodo republicano, de cuya legislación se deriva el cierre de su colegio-preceptoría, se une el dolor por la separación matrimonial de su hermana, que se traslada con los dos niños a Madrid. Seguramente sus sobrinos colaboran en buscarle un destino cerca de la nueva residencia de la familia. Y don Julio es nombrado confesor de las Religiosas Hospitalarias de Ciempozuelos, para lo que, según el Código de derecho canónico de 1917 se requiere «sacerdotes con licencias de sus superiores, que sobresalgan por su prudencia e integridad de costumbres, que además hayan cumplido los cuarenta años de edad». La buena reputación de don Julio, y su fama de santidad es percibida incluso por los que le causarán la muerte más adelante, quienes lo describen a una de las hermanas Hospitalarias diciendo: tienen ustedes por confesor a un santo. Su hermana Petra se traslada a vivir con él a Ciempozuelos, dejando la casa que hasta entonces la había acogido y donde había vivido con su hermana Ángeles y su cuñado Abundio, padres del sacerdote Pedro Martínez Pardo, y del seminarista Teodosio Martínez Pardo. El resto de su vida transcurre paralela a la de Pablo, su sobrino seminarista. Ambos entregan su vida en Valdemoro. Siendo don Julio una persona hasta cierto punto desconocida en la diócesis, también su nombre aparece en la lista de personas que durante la persecución religiosa son asesinados por su condición de eclesiástico. Sus restos reposan en la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

Laico

Liberato Moralejo Juan
60 años, padre de uno de los seminaristas
Nace en Valencia el 15 de octubre de 1875. Su padre, José, había sido Guardia Civil. Su madre se llamaba Rita. Liberato es bautizado en la parroquia de la Purísima de la ciudad del Turia. Cuatro años después nacería Josefa, la pequeña de la familia. José muere en Cuba, a donde había sido destinado tras ser ascendido a alférez. Poco después, la epidemia de cólera que sufre Valencia en 1885 siega la vida de Rita. Dos huérfanos, Liberato y Josefa, de 10 y 6 años respectivamente quedan a cargo de un tutor, un capitán de la Guardia Civil retirado, Antonio Martínez Pérez. No sale el niño del ámbito militar. En 1887 ingresa en el Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil, en la localidad madrileña de Valdemoro. A partir de este momento, inicia una carrera de ascensos y cambios de destino que lo llevan a la Comandancia de su Valencia natal, donde conoce a Serafina Fernández Shaw, de origen gaditano. Se casan en Cullera, en la parroquia de los santos Juanes. No acaban ahí los ascensos de Liberato. La nueva familia se traslada a Cádiz, Almería, El Escorial, Pontevedra y Madrid, donde nacerá Antonio, nuestro seminarista. No fue Antonio el único hijo nacido de este matrimonio, que trajo al mundo cuatro niños y una niña. Salvo el pequeño Liberato todos mueren pronto: Carlos y Gabriel en el frente; Pepita muere muy pequeña; y Antonio, víctima de la persecución religiosa. En 1931 Liberato promete lealtad al régimen republicano. De no haberlo hecho, habría sido jubilado en aplicación de la ley Azaña en materia militar, que pretende, sobre todo, republicanizar al ejército. Al poco de ser proclamada la República, el Ministro de Guerra obliga, por decreto, a prestar promesa de fidelidad al nuevo régimen para quienes quisieran continuar la carrera militar. Quien se opuso, pasó directamente al retiro. Aunque Liberato trabajó hasta 1935 para el gobierno republicano, parece que al final debieron existir ciertas tensiones, a pesar de no tener filiación política alguna. El gobierno del Frente Popular, a través del General Joaquín Rodríguez Mantecón, le solicita una firma de adhesión frente a los militares sublevados. Liberato se niega, probablemente por el tinte antirreligioso que estaba tomando la situación. Muy unido está a su hijo pequeño, Antonio, seminarista. Y esta unión va a quedar sellada viviendo la misma muerte. Ambos son víctimas de la persecución religiosa. La tradición familiar ha conservado la memoria de la decisión de Liberato de acompañar a su hijo a donde se lo lleva- sen. Se une a su decisión el haber encontrado entre sus pertenencias documentos monárquicos, algo normal por otra parte para quien había servido como militar y había sido condecorado durante el reinado de Alfonso XIII. Tras pasar por la comisaria de Palacio, la Dirección General de Seguridad y la Cárcel Modelo, la Junta de Defensa ve peligrosa su permanencia en este lugar por la cercanía de la línea de frente del bando nacional. Un avance de los enemigos haría engrosar sus filas con los presos de la Modelo. El traslado se convierte en masacre. Los nombres de Liberato y de su hijo Antonio figuran entre los trasladados entre los días 6 a 8 de noviembre de 1936. La familia cree que fueron asesinados ambos el día 8 de noviembre en el Castillo de Aldovea, de Torrejón de Ardoz, y enterrados más tarde en una fosa común en el cementerio de los mártires de Paracuellos del Jarama. Sólo entre su familia se mantuvo la memoria de su martirio y su decisión de acompañar a su hijo en su misma suerte. Su nombre ha sido recientemente rescatado del olvido de la historia e incorporado entre los mártires de la persecución religiosa.

viernes, 23 de octubre de 2026

San Juan de Capistrano: 570 años de la muerte del franciscano que defendió la Cristiandad en Belgrado

(Infovaticana) Este viernes 23 de octubre se cumplen 570 años de la muerte de san Juan de Capistrano, el sacerdote franciscano que destacó por su predicación, su defensa de la doctrina católica y su participación en la defensa de Belgrado frente al avance del Imperio otomano en 1456. Su vida estuvo marcada por una intensa actividad apostólica que lo llevó a recorrer numerosos territorios europeos y a intervenir en algunos de los acontecimientos religiosos y políticos más importantes de su tiempo.

Nacido el 24 de junio de 1386 en Capestrano, en la región italiana de los Abruzos, Juan estudió Derecho en Perugia, donde desarrolló una prometedora carrera como jurista y llegó a ejercer responsabilidades de gobierno. Sin embargo, su trayectoria cambió después de ser encarcelado durante un conflicto político. Aquella experiencia lo llevó a abandonar sus aspiraciones civiles e ingresar en la Orden de los Frailes Menores en 1416.

Un predicador comprometido con la reforma de la Iglesia

Tras su ingreso en la vida franciscana, Juan de Capistrano se dedicó especialmente a la predicación, la formación religiosa y la reforma de las costumbres.

Fue uno de los principales colaboradores de san Bernardino de Siena, con quien compartió el impulso de la observancia franciscana y la difusión de la devoción al Santísimo Nombre de Jesús.

Sus sermones congregaban a numerosos fieles, especialmente durante el Adviento y la Cuaresma. Además de promover la conversión personal, combatió las doctrinas que consideraba contrarias a la fe católica y defendió la necesidad de conservar la disciplina religiosa.

Su actividad no se limitó a Italia. Como enviado pontificio recorrió distintos territorios de Europa central, entre ellos Austria, Baviera y Polonia, donde predicó y trabajó por la renovación de la vida cristiana.

Su trayectoria, recogida por el Estado de la Ciudad del Vaticano, muestra la importancia que tuvo en los movimientos de reforma religiosa anteriores al Concilio de Trento.
La defensa de Belgrado frente al Imperio otomano

El episodio más conocido de su vida tuvo lugar en 1456, tres años después de la caída de Constantinopla en manos del sultán Mehmed II.

El avance otomano hacia Europa central amenazaba entonces al Reino de Hungría, cuya posición era fundamental para la defensa de los territorios cristianos de la región.

Ante el asedio de Belgrado, Juan de Capistrano participó en la movilización de voluntarios y acompañó espiritualmente a las fuerzas que defendían la ciudad, dirigidas militarmente por Juan Hunyadi.

El franciscano, que contaba ya con setenta años, alentó a los combatientes mediante la predicación y la oración. Su presencia contribuyó a fortalecer la moral de quienes resistían el asedio.

En julio de 1456, las fuerzas cristianas consiguieron rechazar al ejército otomano y obtener una victoria que frenó temporalmente su avance hacia Europa central.

La defensa de Belgrado convirtió a Juan de Capistrano en una figura especialmente recordada en Hungría y otros territorios de la región. A lo largo de los siglos, su participación en aquellos acontecimientos quedó vinculada a la memoria histórica de la Cristiandad europea.

Murió pocos meses después de la victoria

La victoria de Belgrado fue la última gran misión del franciscano. Debilitado por las fatigas de la campaña y afectado por la peste, murió el 23 de octubre de 1456 en Ilok, localidad situada en la actual Croacia.

Su fama de santidad se había extendido ya durante su vida gracias a su predicación y a su actividad apostólica. Fue canonizado en 1690 por Alejandro VII y posteriormente reconocido como patrono de los capellanes militares.

La Iglesia celebra su memoria el 23 de octubre, recordando especialmente su entrega a la predicación, su defensa de la fe católica y su labor para fortalecer espiritualmente a las comunidades cristianas.

Cinco siglos y siete décadas después de su muerte, san Juan de Capistrano permanece como una de las figuras más destacadas de la observancia franciscana y de la historia religiosa de la Europa del siglo XV.

jueves, 22 de octubre de 2026

Falleció la Hermana Amparo Fernández S.A.C.

Desde la Parroquia de San Félix de Lugones, con profunda gratitud, nos unimos en oración por el eterno descanso de la Hermana Amparo Fernández S.A.C., una querida Religiosa del Santo Ángel que ha sido llamada a la presencia del Señor tras una vida entera entregada con amor incondicional a los demás.

La Hermana Amparo no solo cumplió con una vocación, sino que se convirtió en un verdadero ángel en la tierra para todos aquellos que tuvieron la dicha de cruzar su camino. Su paso por la Parroquia de Lugones dejó una huella imborrable, especialmente en los corazones de los enfermos y de nuestros mayores. Con paciencia infinita, una sonrisa eterna y un cariño que sanaba el alma, gastó sus fuerzas en los grupos de Vida Ascendente y en la Pastoral de la Salud, recordando a los más vulnerables que nunca estaban solos y que siempre eran profundamente amados por Dios.

Más tarde, su misión la llevó a la Comunidad de La Tenderina, en Oviedo. Allí, en la Parroquia de San Francisco Javier, volvió a demostrar la grandeza de su corazón, entregando muchos años de su vida con una generosidad desbordante. La Hermana Amparo fue una trabajadora incansable en el campo pastoral; de esas personas que no buscaban el aplauso, sino el bienestar del prójimo, sembrando fe, consuelo y esperanza en cada rincón que pisaba.

Hoy, tras una vida bendecida de entrega y sacrificio, el Señor la ha llamado a su merecido descanso. Estamos seguros de que ya camina rodeada de sus amados Ángeles, contemplando cara a cara al Dios al que tanto sirvió en los rostros de los más débiles.

Querida Hermana Amparo, gracias por tu entrega, por tu bondad infinita y por enseñarnos el verdadero significado del amor al prójimo. Que la luz perpetua brille para ti. Descanse en Paz.