martes, 13 de enero de 2026

Conferencia de Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O.F.M. sobre ''El discernimiento en Don José'' Rivera Ramírez

 

León XIV inaugura el Año Jubilar Franciscano por los 800 años de la muerte de San Francisco

(InfoCatólica) El pasado sábado 10 de enero, el Papa León XIV inauguró formalmente un Año Jubilar especial con motivo del octavo centenario del tránsito de San Francisco de Asís. Esta conmemoración, que se extenderá hasta el 10 de enero de 2027, ha sido concebida por la Santa Sede como un tiempo de gracia y renovación espiritual para la Iglesia universal.

Mediante un decreto de la Penitenciaría Apostólica, el Santo Padre ha concedido la indulgencia plenaria a los fieles que cumplan las condiciones habituales, con el objetivo de proponer la figura del «Poverello» como un modelo de santidad y un baluarte de paz en un contexto internacional marcado por la violencia y la incertidumbre.

La concesión de la indulgencia plenaria y las condiciones del jubileo

La apertura de este tiempo jubilar permite a los fieles obtener la remisión de la pena temporal por sus pecados bajo las disposiciones prescritas por la normativa canónica. Para alcanzar la indulgencia plenaria, los fieles deberán realizar una peregrinación a cualquier iglesia conventual franciscana o a un lugar de culto dedicado al santo de Asís en cualquier lugar del mundo. Una vez allí, deberán participar en los ritos jubilares o dedicarse a la oración y la meditación.

Las condiciones requeridas para la obtención de esta gracia son las normales: la confesión sacramental, la comunión eucarística y la oración por las intenciones del Romano Pontífice. No obstante, la Santa Sede ha mostrado una especial sensibilidad hacia quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. Aquellos que, por motivos de salud, edad avanzada u otras causas graves, no puedan abandonar su domicilio, podrán unirse espiritualmente a las celebraciones ofreciendo a Dios sus sufrimientos y oraciones para participar de los frutos espirituales del jubileo.

Una hoja de ruta para la paz en un mundo en conflicto

En el marco de estas celebraciones, el Papa León XIV ha remitido una carta a los ministros generales de la Conferencia de la Familia Franciscana. En el documento, fechado el 7 de enero de 2026, el Pontífice subraya que la paz no es un mero producto del esfuerzo humano o de acuerdos técnicos, sino un don divino que debe ser acogido con humildad. La misiva destaca el saludo tradicional franciscano «El Señor te dé paz» como el núcleo de una experiencia evangélica que cobra especial relevancia hoy día.

Como señala el Santo Padre, la herencia de San Francisco de Asís recuerda que la paz es integral y abarca tres dimensiones inseparables: la paz con Dios, la paz entre las personas y la paz con la creación. Esta visión resulta fundamental en una época marcada por lo que el Papa denomina como «guerras aparentemente interminables» y fracturas sociales que generan desconfianza.

En este sentido, la Santa Sede ha anunciado que, del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026, el cuerpo del santo será trasladado excepcionalmente de su cripta para facilitar la veneración de los fieles durante este centenario.

Solemne apertura de los actos conmemorativos en Asís

El inicio oficial de las celebraciones tuvo lugar en la Basílica de Santa María de los Ángeles, en la Porciúncula, el lugar donde el santo falleció en el otoño de 1226. La ceremonia fue presidida por fray Francesco Piloni, ministro provincial de los Frailes Menores de Umbría y Cerdeña, quien estuvo acompañado por los seis ministros generales de las distintas ramas de la orden:

Massimo Fusarelli (Frailes Menores),
fray Carlos Alberto Trovarelli (Frailes Menores Conventuales),
fray Roberto Genuin (Frailes Menores Capuchinos),
Tibor Kauser (Orden Franciscana Seglar),
fray Amando Trujillo Cano (Tercer Orden Regular) y
sor Daisy Kalamparamban (Conferencia Franciscana Internacional).

Uno de los momentos más simbólicos de la jornada fue protagonizado por el arzobispo de Asís, Domenico Sorrentino, y el alcalde de la ciudad, Valter Stoppini, quienes encendieron un cirio del Cirio Pascual para llevar la luz a las diversas estaciones de la basílica. Este gesto rememoró la histórica reconciliación entre las autoridades civiles y eclesiásticas de la época de Francisco.

Durante el rito, se reflexionó sobre el «Testamento» del santo, abordando pilares como la misericordia, la oración y el trabajo. Fray Trujillo Cano instó a los presentes a superar las resistencias personales para alcanzar a quienes sufren, mientras que fray Trovarelli destacó que de la oración surge la forma de creer de la Iglesia.

Propuesta de oración para la concordia social

Como cierre de los actos inaugurales, el Papa ha propuesto una oración dedicada a San Francisco de Asís, en la que se le invoca como intercesor para que los cristianos se conviertan en «artesanos de paz» y «testigos desarmados». La plegaria pide el valor de construir puentes donde el mundo levanta fronteras y recuerda que la verdadera reconciliación es aquella que derriba todos los muros. Con esta iniciativa, la Iglesia busca que el octavo centenario del tránsito del santo no sea solo una efeméride histórica, sino un impulso para la concordia y el respeto a la dignidad humana en la sociedad contemporánea.

lunes, 12 de enero de 2026

El des-acuerdo en los abusos de menores. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O.F.M.

YA tenemos otra entrega en el escenario calculado del despiste trazado con tiralíneas y cartabón: emplazar a la Iglesia Católica para que 'pague' sus desafueros abusivos perpetrados por clérigos pederastas. A bombo y platillo lo ha presentado el ministro correspondiente y aplaudido por su jefe mandamás. Que la Conferencia Episcopal (CEE) y la Conferencia de Religiosos (Confer) firmen un acuerdo vinculante con el Gobierno de España para que este fije el precio del delito, la Iglesia pague la factura correspondiente del crimen de marras, y si no hay acuerdo, que lo dirima el Defensor del Pueblo. A no pocos les ha sorprendido este ajuste en el que el Gobierno marca el precio, selectivamente señala al pagador, tomando como árbitro al Defensor del Pueblo (sólo de una parte del pueblo, no de todos).

No se trata de una decisión que pone en marcha el Ejecutivo gobernante teniendo en cuenta a todas las víctimas, sino sólo a las que se inscriben en las filas de los clérigos y religiosos católicos. Extraña opción que se focalice sólo en la Iglesia los casos de abusos cuando estos representan el 0,2 por ciento, quedando casi impunes de facto el 99,8 por ciento restante. Si exigiésemos reciprocidad porque realmente nos interesan todas las víctimas, sean quienes sean los victimarios, tendríamos que decirle al Gobierno esto: que repare económicamente a las víctimas que han sufrido los abusos por cualquier tipo de delincuente civil (de la esfera familiar, de enseñanza, de deporte, de centros de acogida de menores, etcétera) y que se atenga al dictamen del Defensor del Pueblo ante un conflicto de valoración. Pero no han dicho esto, aunque haya una cláusula retórica donde se dice que lo harán.

Como indicaba el presidente de la CEE, monseñor Arguello, la Iglesia ha tomado este toro por los cuernos haciendo sus deberes con responsabilidad moral, alentados por las indicaciones de los últimos pontífices. Y poniendo en marcha las oficinas correspondientes en cada diócesis y en las congregaciones religiosas para la acogida y acompañamiento de los abusados. Importante es el Plan de Reparación Integral a las Víctimas de Abusos sexuales de la Iglesia en España (Priva). Es un compromiso real con las víctimas que tenemos en nuestro patio particular.

Nuestros gobernantes, que exhiben como un trofeo el acuerdo firmado, no han hecho un protocolo como el realizado por la Iglesia (Priva), tampoco una prevención con una pedagogía adecuada para que estos casos no se den en el ámbito de la familia, de la escuela pública estatal, de los centros de protección de menores tutelados por las Administraciones Públicas, de las asociaciones de tiempo libre y establecimientos de entrenamiento físico, etcétera. No han hecho nada de esto, aunque se permiten poner su punto de mira y su martillo pilón obsesivo en un tipo de víctimas nada más, porque tienen detrás un tipo de victimarios concretos que quieren señalar.

¿Por qué esa fijación? Porque estamos de nuevo ante un arma de distracción masiva en un momento en el que ellos necesitan sacar cualquier conejo de su chistera para llamar la atención disuasoriamente, crispando el ambiente con polémicas sensibles que enfrentan dialécticamente a una sociedad saturada de escándalos y procesos judiciales que implican a los imputados y encarcelados conocidos, cuyas siglas políticas y responsabilidades de gobierno no hace falta ni siquiera explicitar por sabidos.

Repitamos una vez más que la pedofilia es un crimen inmenso, máxime cuando es perpetrado por quien más debería dar ejemplo de referencia moral ante los más inocentes e indefensos, como son los niños. Por eso Jesús dijo que más le valdría atarse una piedra de molino al cuello y tirarse al mar quien hiciera daño a los pequeños (Lc 17,2). Sí, la pedofilia es un crimen, un delito y un pecado de toda la sociedad cuando ha perdido su horizonte moral, cayendo en la frivolización ética, cuando ningunea la verdad haciendo de la mentira un método de gobernanza, cuando trivializa lo más sagrado, como es la vida en todos sus tramos, y la familia se dilapida en cualquier tipo de unión, cuando se traicionan las virtudes morales de la justicia, la paz y la convivencia.

Reconocemos que también la Iglesia tiene miembros que han cometido ese pecado moral, ese delito penal. Por ello hemos puesto en marcha espacios adecuados y recursos humanos para la acogida de esas denuncias, para la prevención que evite estos terribles abusos, así como las garantías para que nadie se aproveche de semejante derrotero para sacar provecho torticero. Hay casos en los que las víctimas han sido los sacerdotes, al acusarlos falsamente. Y quien hubiera ocultado o protegido a quien los cometía de veras tiene una complicidad por la que tendrá que pagar ante Dios y ante la sociedad. Pero la pedofilia no es un pecado o delito cristiano y clerical en particular, sino que lo es de toda la sociedad. Haría bien el Gobierno, si es coherente con esa preocupación que dice exhibir por las víctimas, que abra su foco real donde estos crímenes se cometen en toda la sociedad.

Sugiero que, recíprocamente, al igual que exigen a la Iglesia que subsidiariamente repare los daños, incluso cuando el presunto victimario ha fallecido o ha prescrito su delito de abuso, también las Administraciones Públicas afectadas (ministerios de familia, deporte, educación, etcétera) indemnicen a quienes han sufrido estos terribles desmanes en los escenarios civiles antes indicados y no pueden recibir ningún tipo de ayuda psicológica, económica y ética. Eso que piden a la Iglesia, y que la misma Iglesia se adelantó a ofrecerlo por compromiso moral, aunque no tuviera una obligación legal ni penal, que también estos gobernantes hagan lo mismo en sus ámbitos de competencia.

Porque, dado que la pedofilia es una lacra de la entera sociedad contemporánea, en la que también la Iglesia está integrada, pongamos los medios y los remedios para sanarla y erradicarla sin seccionarla interesadamente por un motivo de disuasión y de desgaste ideológico. Por ejemplo, atajando el daño tremendo que genera la pornografía, tan fácilmente asequible a través de internet y las redes sociales que tanto se quiere controlar, o la educación ideologizada por el género a la carta que diseña la banalización antropológica, sin olvidar la hipocresía cínica de la inmoralidad o amoralidad en tantos casos de quienes tienen mucho que callar y mucho en lo que comprometerse de verdad, mientras fomentan el caldo de cultivo para que se sigan cometiendo estas tragedias deleznables que todos lamentamos, pero que algunos sólo eligen para distraer y jalear con los intereses sabidos que nunca se declaran.

Publicado en La Tercera de ABC

San Antón 2026

 

domingo, 11 de enero de 2026

''Se bautizó Jesús''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Hay una antífona de la liturgia de las horas que resume estas ''Epifanías'' que en estas jornadas recordamos; dice así: "Veneramos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos''. Es cierto que este domingo centramos nuestra atención principalmente en el bautismo, pero no perdamos de vista los otros dos hechos. Los tres son lo mismo: manifestación y revelación de Dios a los hombres. Con esta celebración del bautismo del Señor, concluimos el tiempo litúrgico de Navidad, y nos incorporamos al Tiempo Ordinario. Hoy día tenemos la costumbre de hacer como las tiendas y los ayuntamientos, al día siguiente de "reyes" apagamos luces, quitamos decorados y al trastero, pero para los cristianos el día en que ponemos fin a la Navidad es hoy; nosotros no tenemos prisa por terminar este Tiempo para empezar con las rebajas, por eso hasta la fecha tradicional de retirar el belén es aún más postrera que el fin mismo de la Navidad: el día de "la presentación del Señor", el 2 de febrero. Esto nos pueden parecer detalles sin importancia, pero estas cosas nuestros antepasados las cuidaban mucho; también nosotros deberíamos recuperar muchos gestos que hemos dejado caer en el olvido. Pero, ante todo, concluyamos esta Pascua Navideña con alegría: Dios se nos ha dado a conocer en un niño recién nacido, al que hoy vemos iniciar su vida pública acudiendo a la orilla del río Jordán a ser bautizado por Juan. 

La primera lectura del profeta Isaías, con su cántico del siervo sufriente, nos regala una descripción perfecta para este día: ''He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones''. Así fue; Dios mismo en el evangelio hará oír su voz: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco». También el salmo apunta este mismo gesto al decir: ''la voz del Señor sobre las aguas''. Hoy no vemos tanto a un Jesús sufriente, más sí a un Jesús que se humilla por amor. Sólo esto puede explicar que quien no necesitaba bautizarse lo hiciera, que el que es semejante a nosotros en todo menos en el pecado se abajara poniéndose en la fila de los pecadores, aguardando su turno para bajar a las profundidades del agua. Atrás quedan los treinta años del silencio de Nazaret, de la intimidad de su hogar, niñez y juventud. Con este gesto se da el inicio de su ministerio, donde Jesús hará suya la misión que profetiza Isaías: ''para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas''. 

La segunda lectura de este día, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos recuerda cómo ''Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo''. Para Jesús el bautismo en el Jordán fue el comienzo del anuncio del reino de Dios. También para cada uno de nosotros el día de nuestro bautizo empezó nuestra propia historia de fe. Por ello nosotros debemos dar gracias en esta celebración de aquel bendito día, de ese lugar donde fuimos incorporados a Cristo, de las personas que nos llevaron a la pila, del ministro que lo ofició... Es también volver con la mente y el corazón a Galilea, donde comenzó todo, donde empecé sin saberlo a ser hijo, teniendo bien claro que Dios sería para mí Padre. No faltan en este relato nuestras rebeldías, ingratitudes y olvidos de hijos, más Él no toma venganza, no lleva cuentas del mal, perdona siempre, nos aguarda en todo momento. Jesucristo vino al mundo para llevar a cabo la voluntad del Padre;es una gran pregunta para hacernos en esta mañana: ¿está en los planes de mi vida cumplir el plan que Dios tiene pensado para mí?... 

El relato del evangelio tomado del capítulo 3 de San Mateo, nos dice que Jesús se presentó en el Jordán para que Juan lo bautizara. Esta escena es considerada por muchos como la bisagra que separa y al mismo tiempo une el antiguo testamento y el nuevo, como también de otro modo, la antigua alianza frente a la nueva alianza. Lo que sí queda atrás es el tiempo de las promesas, para empezar el tiempo del cumplimiento. En el pasado se dijo, y ahora vemos que en Jesús se cumple esa palabra que se había dicho y anunciado. El texto del evangelio de hoy proclama: ''Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él''. Poco después, cuando vuelva a su pueblo, dirá en la Sinagoga: ''el Espíritu del Señor está sobre mí, por que Él es quien me ha ungido para dar la buena noticia a los pobres''. Jesús se está refiriendo a este momento en que queda de manifiesto el carácter profético de su misión. Incluso en la misma negativa de Juan a bautizar a su Primo, pues era de Él de quien ya había advertido que venía tras de sí, y que no era digno de desatarle la correa de las sandalias. Jesús no discute con el bautista, le dice simplemente ''Conviene que así cumplamos toda justicia'': ¿Se refiere a que Jesús se bautizó sólo por cumplir lo previsto?... Hay mucha más hondura en esta frase, más allá de que acepta pasar por algo que le es innecesario. Lo que aporta esta acción del Señor es que muestra su corazón con una inmensa caridad para con el hombre.

 El bautismo nos abre las puertas hacia la salvación, nos convierte en hijos en el Hijo. Damos gracias al Señor por este inmerecido regalo, que nos permite vivir la filiación divina injertados ya en la eternidad. Jesús viene a sanarnos del pecado, y a acercarnos al Padre, a hacernos hijos y hermanos. 

Evangelio en la Fiesta del Bautismo del Señor

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».

Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.

Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Palabra del Señor

Estrellados en la cuesta. Por Monseñor Jesús Sanz Montes O. F. M.

Poco a poco vamos desarmando el Belén. Parece que cuesta volver al “cole”, desenchufar tanta lucecita ambiental y de nuevo sacar las cajas para guardar figuritas del nacimiento o bolas y adornos varios del tiempo de Navidad. La vida no tiene botón de pausa y resulta imparable este rito de tener que recoger y embalar.

No obstante, hay un tipo de Navidad que no se desenchufa con pesar, ni se guarda con cautela melancólica, sino que continúa siempre porque su mensaje y presencia jamás nos caduca. Es lo que apenas hemos podido escenificar con la entrañable fiesta de la Epifanía, los Reyes Magos. Vinieron de lejos siguiendo una estrella hasta dar con la misma Luz hecha pequeño bebé que reposaba entre pajas, en el pesebre de aquel establo que sirvió de improvisada incubadora para el nacimiento más milagroso y especial: nada menos que el Hijo de Dios que siendo la Luz, vio la luz tras el parto virginal de María.

Una estrella. Aquellos personajes enigmáticos siempre nos resultan amables por traernos a la memoria la magia de nuestra más tierna infancia. En mi casa los íbamos moviendo día tras día en las jornadas navideñas para que nuestros padres se percatasen de que nos acercábamos a esa cita de regalos al hilo del seis de enero. Los Magos trajeron sus dones, y en memoria de tal gesto también nosotros, los más pequeños de la casa, pero igualmente los mayores, recibíamos nuestro regalo.

Venían desde lejos. Toda una parábola del modo como Dios decidió responder a los que, siendo cercanos, siendo los de casa, siendo de los suyos… no recibieron ni reconocieron al Mesías enviado. Fueron dos grupos de forasteros abiertos a la sorpresa los que vinieron a sustituir a los vecinos ciegos e ingratos que no acogieron al que se les enviaba: los pastores y los Magos. Los primeros estaban en las periferias de todo: no contaban social, ni política, ni cultural, ni religiosamente. Andaban perdidos en sus majadas lejos de lo que sucedía en Belén. Los Magos tenían otro tipo de lejanía, y tampoco aparecían en el mapa del Pueblo escogido. Sólo tenían sus preguntas vivas, nunca censuradas, y ante el indicio de una estrella en el firmamento de sus cuestiones sin resolver, rápidamente se dejaron provocar para ponerse en camino siguiéndola.

Hay un dato hermoso en el relato evangélico: Herodes merodeaba a los Magos y a su estrella, les tendió sutilmente una trampa, pero ellos no se dejaron engañar por el rey insidioso y trepador. Herodes hay siempre muchos que recelan nuestras vidas y las humildes estrellas que nos pueden señalar el horizonte de la verdad, la bondad y la belleza de las que nuestro corazón siempre será mendigo y peregrino de su destino.

En este enero de las cuestas arriba, nos encontramos con estrellas que discretas nos indican las salidas en nuestros callejones oscuros, las certezas cuando las dudas nos tambalean, los bálsamos cuando sangran nuestras heridas, y la paz cuando los miedos nos condicionan en demasía. Lo estamos viendo en estos primeros lances del nuevo año, al ver cómo se han llenado nuestras calendas de zozobras con las que no contábamos. En el horizonte internacional y en el nacional, vemos cómo se hace muy cuesta arriba este camino de los primeros días del año nuevo sin que se despejen los interrogantes que arrastramos, y sumando nuevas incertidumbres que ponen en solfa nuestra esperanza confiada y la paz serena que anhelamos.

Puede haber fogonazos que nos chamuscan y alteran, noticias que nos descorazonan y derrumban, situaciones políticas torticeras, horizontes económicos preocupantes e ideologías que no cesan en sus desmontajes del anuncio cristiano, pero siempre tendremos una estrella humilde que nos ponga en marcha viendo cómo se apagan y agotan los Herodes que juegan con nuestra dignidad y libertad sacrosantas.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo