jueves, 22 de octubre de 2026

Falleció la Hermana Amparo Fernández S.A.C.

Desde la Parroquia de San Félix de Lugones, con profunda gratitud, nos unimos en oración por el eterno descanso de la Hermana Amparo Fernández S.A.C., una querida Religiosa del Santo Ángel que ha sido llamada a la presencia del Señor tras una vida entera entregada con amor incondicional a los demás.

La Hermana Amparo no solo cumplió con una vocación, sino que se convirtió en un verdadero ángel en la tierra para todos aquellos que tuvieron la dicha de cruzar su camino. Su paso por la Parroquia de Lugones dejó una huella imborrable, especialmente en los corazones de los enfermos y de nuestros mayores. Con paciencia infinita, una sonrisa eterna y un cariño que sanaba el alma, gastó sus fuerzas en los grupos de Vida Ascendente y en la Pastoral de la Salud, recordando a los más vulnerables que nunca estaban solos y que siempre eran profundamente amados por Dios.

Más tarde, su misión la llevó a la Comunidad de La Tenderina, en Oviedo. Allí, en la Parroquia de San Francisco Javier, volvió a demostrar la grandeza de su corazón, entregando muchos años de su vida con una generosidad desbordante. La Hermana Amparo fue una trabajadora incansable en el campo pastoral; de esas personas que no buscaban el aplauso, sino el bienestar del prójimo, sembrando fe, consuelo y esperanza en cada rincón que pisaba.

Hoy, tras una vida bendecida de entrega y sacrificio, el Señor la ha llamado a su merecido descanso. Estamos seguros de que ya camina rodeada de sus amados Ángeles, contemplando cara a cara al Dios al que tanto sirvió en los rostros de los más débiles.

Querida Hermana Amparo, gracias por tu entrega, por tu bondad infinita y por enseñarnos el verdadero significado del amor al prójimo. Que la luz perpetua brille para ti. Descanse en Paz.

San Juan Pablo II, el gigante que cambió el rumbo del mundo sin más armas que la fe y la verdad

(El Debate) Su nombre acabaría resonando en todo el mundo, pero su historia comenzó en un pequeño pueblo polaco. Karol Józef Wojtyła nació en Wadowice el 18 de mayo de 1920, siendo el menor de los tres hijos de Karol Wojtyła y Emilia Kaczorowska. Tras culminar la enseñanza media, su pasión por la literatura y la lengua le llevó a matricularse en 1938 en la Universidad Jagellónica de Cracovia para estudiar filología polaca. Sin embargo, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación nazi truncaron trágicamente aquel horizonte: las fuerzas invasoras cerraron la universidad en 1939.

Para evitar la deportación a Alemania y poder subsistir, el joven Karol trabajó en una dura cantera y posteriormente en la fábrica química Solvay. En medio del horror de la ocupación, no se rindió al desánimo: cofundó el Teatro Rapsódico, una compañía teatral católica clandestina que luchaba por preservar la identidad y la cultura polaca, experiencia de la que extraería una honda preocupación por transmitir la verdad.

A los 22 años, al sentir la llamada al sacerdocio, ingresó en el seminario mayor clandestino de Cracovia, dirigido en la sombra por el arzobispo Adam Stefan Sapieha. Fue ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946. Enviado a Roma, obtuvo el doctorado en Teología con una tesis sobre la fe en las obras de san Juan de la Cruz, realizando además labor pastoral entre los emigrantes polacos en Francia, Bélgica y Holanda. Tras regresar a su patria, ejerció como capellán universitario y profesor de Teología Moral y Ética en Lublín. Su brillantez e ímpetu pastoral no pasaron desapercibidos: a los 38 años fue consagrado obispo auxiliar de Cracovia. En 1964 asumiría la archidiócesis cracoviana y en 1967 sería nombrado cardenal, teniendo un papel muy destacado en las sesiones del Concilio Vaticano II.

La chispa que cambió el mundo

El 16 de octubre de 1978, la fumata blanca en el Vaticano anunció al mundo la elección del primer Papa polaco de la historia. Karol Wojtyła tomó el nombre de Juan Pablo II e inició formalmente su ministerio petrino el 22 de octubre de 1978, fecha elegida por la Iglesia para celebrar su fiesta litúrgica.

Aquella elección conmovió los cimientos de la Guerra Fría. En junio de 1979, venciendo la oposición del régimen soviético —donde el propio Leonid Brezhnev, secretario general del Comité Central del Partido Comunista, llegó a sugerir que se persuadiera al Papa para fingir una enfermedad y cancelar el viaje—, Juan Pablo II regresó a su patria natal. Fue un viaje de tan solo nueve días, pero transformó Europa para siempre.

Al bajar del avión, besó con devoción el suelo polaco. En la Plaza de la Victoria de Varsovia, ante un millón de personas que escuchaban con lágrimas en los ojos, proclamó con voz atronadora una invocación histórica: «¡Descienda tu Espíritu y renueve la faz de la Tierra! ¡De esta tierra!». Y dirigiéndose a la multitud, les devolvió la dignidad secuestrada por el régimen: «Vosotros sois católicos. Vosotros sois polacos. Vosotros sois jóvenes. El futuro os pertenece».

Aquel mensaje dinamitó el muro del miedo. La chispa encendida por Wojtyła en Varsovia, Gniezno y Czestochowa catalizó el nacimiento del sindicato Solidaridad, liderado por Lech Wałęsa. Ni siquiera la declaración del estado de guerra y la ley marcial en 1981 pudieron sofocar la marea de libertad. Juan Pablo II denunció con firmeza la «falsa paz» de los totalitarismos. Diez años después de aquel célebre viaje, el 9 de noviembre de 1989, el Muro de Berlín se derrumbaba, abriendo paso a la reunificación del continente.

Una voz que el tiempo no ha apagado

Definido como el polaco más influyente del siglo XX, su pontificado se extendió durante 26 años, 5 meses y 18 días, situándose como el segundo más largo de la historia de la Iglesia. Apodado con justicia el «Papa peregrino», realizó 104 viajes internacionales y visitó 125 países. Recorrió más de 1.300.000 kilómetros, una cifra equivalente a casi tres veces la distancia entre la Tierra y la Luna.

Su sintonía con las nuevas generaciones le llevó a impulsar las Jornadas Mundiales de la Juventud, congregando en Manila en 1995 a entre cuatro y cinco millones de personas, una de las mayores multitudes reunidas en la historia humana. Asimismo, fue el Pontífice que más santos proclamó, con 482 canonizaciones y 1.334 beatificaciones. Su lema episcopal, Totus Tuus María, reflejó hasta el final su profunda devoción a la Madre de Dios.

El 2 de abril de 2005, a las 21:37 horas, en la víspera del Domingo de la Divina Misericordia –fiesta que instituyó formalmente para toda la Iglesia el 30 de abril del año 2000–, el Santo Padre entregó su alma a Dios. Más de tres millones de peregrinos abarrotaron la Plaza de San Pedro para rendirle tributo en un funeral que batió récords de asistencia de mandatarios e internacionales. Tras la dispensa concedida por Benedicto XVI para el tiempo de espera convencional para abrir una causa de canonización, fue beatificado el 1 de mayo de 2011 y canonizado el 27 de abril de 2014 por el Papa Francisco. Hoy, en el día de su festividad, el eco de aquel «¡No tengáis miedo!» continúa resonando como un faro irrenunciable de esperanza para Europa y el mundo entero.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Documental "60 años de la CEE": primer videopodcast con el cardenal Rouco Varela

 

21 de Octubre: Beatos Mártires de Nembra

El 8 de octubre de 2016, la catedral de San Salvador de Oviedo se vistió de gala litúrgica para acoger la primera beatificación de la historia de Asturias. En una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato, se reconoció el martirio de cuatro católicos asesinados «por odio a la fe» en 1936: el anciano párroco Don Genaro y tres de sus feligreses laicos, Segundo Alonso González, Isidro Fernández Cordero y el joven Antonio González Alonso.

La historia de los Mártires de Nembra es el testimonio de cuatro hombres ordinarios —un sacerdote rural, dos mineros padres de familia y un estudiante de magisterio— que, en medio de la polarización de la guerra civil española, prefirieron entregar su vida antes que renunciar a sus convicciones religiosas.

El Contexto Geográfico e Histórico: El Valle de Aller

Para entender su historia es necesario situarse en Nembra, una parroquia rural perteneciente al concejo asturiano de Aller. Ubicada en el valle del Alto Aller, la zona combinaba el tradicional paisaje agrícola y ganadero de la montaña asturiana con una fortísima implantación de la industria del carbón a través de empresas como la Hullera Española.

A partir de la Revolución de octubre de 1934 y, de forma definitiva, tras el estallido de la guerra civil en julio de 1936, las cuencas mineras asturianas quedaron firmemente bajo el control de los comités revolucionarios y las milicias gubernamentales. En este clima de extrema tensión, la práctica de la fe católica se convirtió en motivo directo de persecución. Las iglesias sufrieron cierres y confiscaciones, y aquellos identificados con organizaciones religiosas pasaron a ser considerados sospechosos políticos. En Nembra, el epicentro de la resistencia espiritual de la comunidad fue la sección local de la Adoración Nocturna Española, de la cual los cuatro beatos formaban parte activa.

Perfil de los Cuatro Beatos

1. Don Genaro Fueyo Casteñón (72 años)
Nacido en 1864 en Linares del Puerto (Lena), don Genaro era un veterano sacerdote diocesano que llevaba 37 años como párroco de la iglesia de Santiago Apóstol de Nembra. Hombre profundamente bondadoso y muy cercano a las órdenes religiosas, especialmente a los Dominicos —hacia quienes orientó a numerosas vocaciones locales—, era el alma de la Adoración Nocturna de su parroquia. Fue arrestado en el vecino núcleo de Moreda a pesar de su avanzada edad. Sufrió el martirio justo un día antes de cumplir sus bodas de oro sacerdotales.

2. Segundo Alonso González (48 años)

Minero de profesión en las explotaciones locales y padre de una familia numerosa, Segundo encarnaba el perfil del obrero católico comprometido. Era el presidente local de la Adoración Nocturna y desempeñaba un papel de liderazgo en el Sindicato Católico de los Mineros. Su detención estuvo motivada explícitamente por su condición de "rezador" y por su abierta defensa social y laboral desde una perspectiva cristiana.

3. Isidro Fernández Cordero (43 años)

Nacido en Murias pero vecino de Nembra, Isidro era también minero de la Hullera Española. Estaba casado con Celsa y era padre de siete hijos (de los cuales, con los años, un varón profesaría como dominico y dos de sus hijas serían religiosas). Al igual que su amigo Segundo, militaba activamente en el Sindicato Católico y en la Adoración Nocturna. Había sido encarcelado previamente en los locales de la propia Adoración, que los milicianos habían reconvertido en calabozo provisional.

4. Antonio González Alonso (24 años)

El más joven del grupo era Antonio, un estudiante de magisterio con un futuro prometedor. A pesar de su juventud, su firmeza doctrinal e implicación eclesial llamaron la atención de los comités revolucionarios. Aunque fue arrestado y encarcelado junto al párroco y los dos mineros, su trágico final se ejecutó por separado fuera del casco urbano de Nembra.

El Martirio en el Templo de Santiago Apóstol
Los arrestos se consumaron en las semanas previas a octubre de 1936. El ensañamiento contra ellos arreció ante su reiterada negativa a proferir blasfemias o abjurar de sus creencias litúrgicas. A Antonio González Alonso, el joven estudiante, le arrancaron la lengua antes de acabar con su vida en el exterior del pueblo por negarse a maldecir a Dios; su cuerpo fue ocultado y sus restos nunca pudieron ser localizados.

El desenlace para don Genaro, Segundo e Isidro ocurrió la noche del 21 de octubre de 1936. Trasladados desde su celda hasta la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, los milicianos les ofrecieron de forma burlona elegir el lugar exacto donde querían morir. Sin dudarlo, los tres manifestaron su voluntad de dar la vida en el mismo edificio donde cada día se reunían para celebrar la Eucaristía.

La ejecución revistió una enorme crueldad física:Los milicianos obligaron a los dos mineros a cavar su propia fosa común en el centro de la nave de la iglesia, mientras que fijaron la sepultura del anciano sacerdote junto al Altar Mayor.

Don Genaro pidió formalmente a los verdugos ser el último en morir, con el único objetivo de administrar los últimos auxilios espirituales, absolver y alentar la fe de sus dos feligreses hasta el último suspiro.

Los tres fueron sometidos a un martirio lento antes de ser fusilados, decapitados y mutilados dentro del recinto sagrado, mientras sufrían las mofas de los asaltantes. Murieron manifestando explícitamente su perdón hacia sus ejecutores.

El Proceso de Beatificación y Legado

La causa diocesana formal para su beatificación se abrió en el año 1991, promovida intensamente por los propios familiares de los laicos y feligreses supervivientes que guardaban viva la memoria histórica de lo acontecido. Tras superar las correspondientes fases en la Congregación para las Causas de los Santos en el Vaticano, el Papa Francisco firmó el decreto de martirio en enero de 2016.

Durante la histórica ceremonia del 8 de octubre de 2016 en la Catedral de Oviedo, las reliquias recuperadas de don Genaro, Segundo e Isidro fueron trasladadas solemnemente en procesión dentro de la célebre Caja de las Ágatas del tesoro catedralicio. En las alocuciones oficiales, el arzobispo de Oviedo, Monseñor Jesús Sanz Montes, remarcó que este reconocimiento eclesiástico no nacía del resentimiento ni de un deseo de reescribir la historia política, sino de la pura gratitud y de una búsqueda sincera de reconciliación, tomando como ejemplo el perdón que los propios mártires otorgaron en su lecho de muerte.

martes, 20 de octubre de 2026

Mons. Sanz Montes reivindica en el Senado el derecho de los católicos a intervenir en la vida pública

(Infovaticana) El arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes, ha defendido la participación de los católicos en la vida pública y ha rechazado que la fe cristiana deba quedar relegada al ámbito privado. Durante un encuentro celebrado en el Senado, el prelado reivindicó el derecho de los creyentes a intervenir en los asuntos de la sociedad desde sus convicciones religiosas. «La clandestinidad no, gracias», afirmó.

Según informa COPE, Sanz Montes participó este lunes 19 de octubre en el II Foro «Lo que aporta la fe católica a España y a Europa», organizado por la Fundación Enraizados en la Sala Europa del Palacio del Senado, en Madrid. El encuentro reunió a representantes del ámbito eclesial, académico, periodístico y político para reflexionar sobre la aportación del cristianismo a la sociedad española y europea.
«Hago política siempre que puedo»

Durante su intervención, el arzobispo de Oviedo se refirió a las críticas que reciben los miembros de la jerarquía eclesiástica cuando se pronuncian sobre cuestiones políticas y sociales. Sanz Montes defendió que los pastores de la Iglesia tienen también la responsabilidad de dar testimonio de la fe en medio de la sociedad.

«Hago política siempre que puedo, entendiendo por política ese menester, ese ministerio de dar testimonio en la polis, en la ciudad», declaró.

El prelado explicó que su participación en la vida pública responde al compromiso con principios como la verdad, la convivencia y la honestidad, frente a comportamientos como «la mentira, la insidia y el robo».

En este sentido, rechazó que los católicos deban limitar la expresión de sus convicciones al interior de los templos. Para ilustrarlo, distinguió entre el espacio de celebración de la fe y aquel en el que los cristianos están llamados a dar testimonio de ella.

«La clandestinidad no, gracias: el templo donde celebramos el misterio, la plaza donde lo testimoniamos y el atrio que está en el medio para ir y venir del templo a la plaza y de la plaza al templo», sostuvo.

Con estas palabras, Sanz Montes reivindicó la presencia de los creyentes en la sociedad, tanto en el ejercicio de sus responsabilidades personales como en su participación en los debates que afectan al conjunto de los ciudadanos.

La familia y la amistad como fundamentos de la convivencia

En su intervención, el arzobispo también abordó la importancia de las relaciones humanas para la construcción de una sociedad libre. Para ello, recurrió a las reflexiones del escritor británico C. S. Lewis sobre la familia, la amistad y la soledad.

«La amistad te recuerda que somos sencillamente incompletos», señaló el prelado, destacando la necesidad de reconocer los vínculos que unen a las personas frente a las posturas de carácter impositivo.

Sanz Montes defendió una visión cristiana del ser humano orientada al bien común y a la libertad, en la que la familia y las relaciones personales desempeñan un papel fundamental.

Estas reflexiones se enmarcaron en el propósito del foro, dedicado a examinar la contribución de la fe católica a la vida social y a los fundamentos morales de la convivencia en España y Europa.
«Dios no es un intruso ni un rival»

Al término de la jornada, el arzobispo de Oviedo insistió en que la presencia de Dios en la vida de las personas no supone una amenaza para su libertad.

«Tenemos que decir que Él no es enemigo, que no es rival, que no es un intruso en nuestras cosas, sino cómplice de lo mejor. Contar con Él significa sabernos hijos de un Padre que nos ve crecer, que nos creó y que nos espera al final de un destino», explicó.

El prelado subrayó que la fe tiene consecuencias concretas en la manera de entender las relaciones humanas y la responsabilidad de cada persona hacia los demás.

«Cada uno ha venido a este mundo para decir una palabra que Dios silenció, pero que Él quiere decir con nuestros labios, y para repartir un bien que Él retuvo, pero quiere repartir con nuestras manos», afirmó.

Sanz Montes concluyó recordando que la presencia de Dios también tiene importancia para la convivencia social: «Por eso Dios, aunque no se presente nunca a nuestras elecciones, cuenta y tanto para hacer una sociedad que se pueda vivir en la paz, en la convivencia y en el amor».

La aportación de la fe católica a España y Europa

El II Foro «Lo que aporta la fe católica a España y a Europa», organizado por la Fundación Enraizados, contó también con la participación del rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Higinio Marín; el director de El Debate, Bieito Rubido; y el senador por Melilla Fernando Gutiérrez.

La jornada, celebrada bajo el lema «Dios: ¿Luz en la vida pública?», estuvo dedicada a reflexionar sobre el lugar de la religión en la sociedad contemporánea y su contribución a la libertad, la dignidad humana y el bien común.

lunes, 19 de octubre de 2026

El martirio no es heroísmo, es fidelidad a Cristo

Hace 90 años, entre el 7 de agosto y el 13 de septiembre de 1936, murieron los sacerdotes Juan Torres Torres, el primero, y sus diecinueve compañeros, de entre 24 y 77 años, asesinados durante la Guerra Civil española en manos de las fuerzas republicanas empeñadas también en una persecución religiosa en Ibiza. Diecisiete de los veinte fueron asesinados en el castillo de Dalt Vila, junto a casi un centenar de laicos.

Esta mañana, en la catedral de Santa María de las Nieves, en el Dalt Vila, el casco antiguo de la ciudad, el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos presidió, en representación del Papa León XIV, la celebración de la beatificación autorizada por el Pontífice, el pasado 18 de junio con la promulgación del decreto que reconoce el martirio de estos sacerdotes, 90 años después de su muerte. Concelebraron la Santa Misa el obispo de Ibiza, monseñor Vicent Ribas; el arzobispo metropolitano de Valencia, monseñor Enrique Benavent Vidal, el Secretario del Dicasterio para el Culto Divino, monseñor Aurelio García Macías; otros siete obispos y la mayor parte del clero diocesano de Ibiza y Formentera.

Al iniciar el rito de beatificación monseñor Ribas, hizo la petición para que se inscriba en el libro de los Beatos a los veinte sacerdotes mártires. Luego, el postulador de la causa, monseñor Alejandro Cifres, leyó una breve biografía de cada uno de los mártires y, por último, el cardenal Semeraro dio lectura a la Carta Apostólica del Papa León XIV por la que se inscribe en el libro de los Beatos a los sacerdotes mártires, antes de la magna celebración eucarística.

En su homilía, el cardenal Semeraro se inspira en el pasaje evangélico de hoy, en el que Jesús asocia a sus discípulos a su propio destino, enviándolos como corderos en medio de lobos: «Id: he aquí que os envío como corderos en medio de lobos». Recordando que San Agustín en uno de sus sermones sostenía que no se trataba de lobos en medio de un rebaño de ovejas sino de un rebaño enviado entre los lobos, el prefecto afirmó que el propósito de Jesús “no es desanimar, sino tranquilizar a los discípulos respecto a su presencia y su cercanía. Él es el Maestro que no oculta a sus discípulos las dificultades de la misión que se les ha confiado” pero permanece siempre cerca de nosotros.

“Hemos oído hablar de persecuciones, de traiciones y del odio con que los discípulos podrán encontrarse a causa del nombre de Jesús. La fidelidad a Él, de hecho, no nos protege de las pruebas de la historia; al contrario, puede exponernos a la contradicción e incluso a la violencia, y eso es lo que les sucedió a vuestros mártires”, señaló el purpurado vaticano en su homilía por la beatificación.

Al hablar del grupo de mártires, el cardenal Semeraro se centró en la figura del líder, Juan Torres Torres, el primero en ser asesinado y arrojado al mar, cuando apenas contaba con 24 años de edad y dos meses de sacerdocio, un ministerio muy breve y al mismo tiempo fructífero, tanto como el apostolado de los otros sacerdotes, de más años de ministerio, ejecutados en el castillo de Ibiza.

“La fecundidad de una vocación no se mide por su duración, sino por la fidelidad con la que se vive y por la entrega de sí mismo a Cristo”, afirmó el prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos. Y en este contexto, añadió que “el mártir no es aquel que busca la muerte, sino aquel que no reniega de Cristo”, no es la violencia sufrida lo que hace grande su testimonio, sino el amor al que permanece fiel”. “El martirio no celebra la muerte: proclama que la vida pertenece a Cristo y que la muerte no tiene la última palabra.”

Más adelante, el cardenal Semeraro recordó que la “perseverancia de los mártires no debe entenderse como un heroísmo puramente humano”, pues es fruto, sobre todo, de la gracia, de la presencia del Espíritu que “hace posible permanecer fieles en la prueba”. De allí su exhortación a no exaltar el heroísmo de las personas fuertes, sino “la fidelidad de quien permanece en el amor y no deja que el odio de los demás se convierta en su propio odio”.

El prefecto al hacer memoria de los mártires, planteó las interrogantes que nos deja en el presente, como cuán importante es Cristo en nuestra vida o cuánto su Evangelio orienta nuestras decisiones, relaciones y pruebas. Y es que, a pesar de no estar amenazados u obligados a elegir, nuestra fidelidad se mide en otras situaciones de la vida, “cuando perdonar parece más difícil que alimentar el resentimiento, cuando defender a una persona vulnerable puede exponernos a la incomprensión, cuando nos sentimos tentados a callar por conveniencia o a adaptarnos a lo que hacen todos”.

“Al celebrar, pues, a los beatos mártires de Ibiza, no pedimos que se nos libre de toda dificultad, sino que no perdamos de vista a Cristo en las dificultades; no pedimos no conocer el miedo, sino no dejarnos dominar por él; no pedimos una vida sin contradicciones, sino la gracia de permanecer fieles en el amor”, concluyó el prefecto del Dicasterio para la Causa de los Santos.

Primer Ángelus tras la operación: el Papa da las gracias y pide vivir sin doblez

(Infovaticana) A las doce en punto, con una mañana gris y desapacible sobre Roma, se abrió la ventana del apartamento pontificio y la plaza de San Pedro estalló en una ovación larga y agradecida. León XIV, que había abandonado el sábado por la tarde el Policlínico Gemelli, reaparecía en público por primera vez desde el domingo 11, cuando él mismo anunció desde ese mismo lugar que debía operarse de un nódulo pulmonar. Unos quince mil fieles, según las estimaciones difundidas, llenaban la plaza.

El Pontífice fue intervenido el martes 13, cuando los cirujanos del equipo del profesor Stefano Margaritora le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho, afectado por un adenocarcinoma. Durante los días de ingreso celebró misa, hizo fisioterapia respiratoria y siguió firmando nombramientos, aunque no recibió audiencias, como contó Specola en InfoVaticana.
El denario y la trampa

El Papa se ciñó al Evangelio del vigésimo noveno domingo del tiempo ordinario, que este año desplaza la fiesta de San Lucas: la pregunta capciosa de los fariseos sobre el tributo y la célebre respuesta de Cristo, «dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22, 21).

León XIV invitó a leer la frase en su contexto original, el de una emboscada urdida con mala fe. La respuesta de Jesús, explicó, es astuta porque esquiva la trampa y deja al descubierto la doblez de quienes buscaban hacerle caer. En Cristo, añadió, se contempla a un Dios que no rehúye la historia y entra en ella; su Reino respeta los oficios y responsabilidades humanas, pero exige vivir sin componendas, apartados de las ambiciones torcidas y de los intereses injustos, buscando primero el Reino de Dios y su justicia.

Se detuvo después en un detalle irónico del relato: el elogio interesado que los emisarios dirigen al Maestro, a quien reconocen sincero e insobornable mientras le tienden la red. Ese retrato, concluyó, describe con exactitud a quien da a cada cual lo suyo: alguien «sin temor ni hipocresía, libres para el bien». Encomendó a los fieles a la intercesión de la Virgen y rezó con ellos la oración mariana.
Cien años del Domund

Tras el Ángelus, el Papa recordó que la Iglesia celebraba la centésima Jornada Mundial de las Misiones, este año bajo el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión», escogido por él mismo, e invitó a pensar en la ingente historia misionera escrita a lo largo de un siglo. Su aparición en la ventana fue, de hecho, la única intervención pontificia prevista en el día del centenario.
«Retomaré gradualmente mi actividad»

Solo entonces habló de sí mismo. Agradeció con voz firme las oraciones recibidas durante su hospitalización y dedicó un reconocimiento expreso a los médicos, enfermeros y a todo el personal del Gemelli. Confesó que la enfermedad le ha hecho sentir de un modo particular la cercanía de cuantos atraviesan el sufrimiento y la dolencia. Superada lo que llamó una fase delicada, anunció que volverá a su agenda de forma paulatina, con la ayuda de Dios y de las oraciones de los fieles. Se despidió con un «gracias a todos y feliz domingo» que la plaza devolvió con un aplauso cerrado.

El equipo médico considera satisfactoria la evolución del Pontífice y no ve, desde el punto de vista clínico, obstáculos para el viaje previsto en noviembre a Uruguay, Argentina y Perú, siempre que la recuperación siga su curso. El encuentro interreligioso de Asís del 27 de octubre, en cambio, sigue en el aire: el Vaticano nunca llegó a confirmar oficialmente la presencia del Papa.

El texto completo de la alocución puede consultarse en la página oficial de la Santa Sede.