jueves, 6 de agosto de 2026

Santos Justo y Pastor

Los Santos Justo y Pastor murieron mártires en el 304 d.C., durante la gran persecución de Diocleciano, siendo unos niños de menos de diez años.

Diocleciano inició la persecución aconsejado por su yerno Galerio. Este la empezó dentro de su ejército y fue imitado por otros generales. Al comienzo de la persecución corría el año 301. Ya en el 303, Diocleciano promulgó el primer edicto de persecución no violenta, mandando destruir iglesias, libros y humillando a aquellos que no renegasen de su fe. Al año siguiente, en su último edicto, Diocleciano mandó torturar a todo aquel que no apostatase. En España, el gobernador Daciano, conocido como un cruel tirano, se encargó de llevar a cabo los nuevos edictos promulgados.

En este marco histórico fueron martirizados los santos madrileños Justo y Pastor. La veracidad de dicho martirio la podemos encontrar en la referencia que hace de él el poeta Prudencio en su poema Peristephanon. Además, contamos con los calendarios litúrgicos mozárabes que ya colocaban la fiesta de estos santos.

Por añadido, existe el testimonio de San Paulino de Nola, que enterró a un hijo suyo de ocho días junto a los sepulcros de los santos hacia el año 392, basandose en la tradición de la época de que los mártires serían los primeros en resucitar y, después, los que estuvieran enterrados cerca de ellos. Recogemos aquí los versos 605 a 610 del Carmen XXXI, atribuidos a San Paulino según la edición de Hartel:

«credimus aeternis ilhim tibí, Celse, uirectis /
laetitiae et uitae ludere participem, /
cjuem Complutensi mandauimus urbe propinquis /
coniuctum tumuli foedere martyribus /
ut de uicino sanctorum sanguine ducat /
quo nostras illa spargat in igne animas»,

En 2005, Juan José Cienfuegos los traduce:

«Nosotros creemos que él, Celso, juega contigo como compañero de alegría de vida en los jardines eternos. A él lo dejamos en la ciudad de Compluto confiado a los mártires vecinos, unido a ellos en el vínculo de la sepultura, para que de la vecina sangre de los santos extraiga
con qué rociar nuestras almas cuando estén en aquel fuego».

De estos datos se deduce que el culto a los santos Justo y Pastor debió empezar, en España, hacia finales del s. IV d.C.

Su acta de martirio no es contemporánea a los hechos, es de tiempos visigodos, pero el ejemplo de estos santos caló hondo entre los cristianos de la época y su historia se transmitió oral y fielmente hasta que se puso por escrito. Nosotros hoy sólo podemos admitir como histórico de estas actas un pequeño núcleo, lo substancial de ellas: Justo y Pastor, tiernos escolares, enardecidos por el ejemplo de tantos hermanos que confesaron su fe con la muerte, un día, al salir de la escuela, arrojaron sus cartillas y se presentaron ante Daciano a confesarse discípulos de Jesucristo, y el procónsul los mandó degollar. Todo lo demás es literatura edificante del hagiógrafo, y no puede concederse mayor autoridad a estas actas. Es verdad que tampoco es necesario. De suyo, los breves datos que admitimos como históricos son tan sublimes que bastan para nuestra edificación. Un himno de la liturgia dice: “Justo apenas contaba siete años; Pastor había cumplido los nueve”. Es muy probable que así fuera.

En los primeros años del cristianismo hubo muchos mártires. No hay duda de que todos ellos son santos, pero solo algunos son recordados, quizás por su heroicidad o por la edad en la que dieran su vida, como es el caso de estos santos niños, Justo y Pastor.

En el lugar donde fueron ejecutados, años después se levantó una capilla para albergar sus restos, que fueron trasladados en el s. VIII, tras la invasión musulmana, por San Urbicio (o Urbez) quizá a Narbona (Francia) y luego a la provincia de Huesca, primeramente quedaron en el Santuario de este monje eremita, en Nocito, y, después, en 1499, hay constancia de su llegada a la iglesia de San Pedro el Viejo, en Huesca. En 1568 una parte de los restos regresó a Alcalá, donde se encuentran actualmente, quedando la mayor parte en Huesca. Su fiesta se celebra el 6 de agosto.

Álvaro Vidal-Quadras, publicado en Primeros Cristianos, con algunas modificaciones a partir de la extraordinaria recopilación de información sobre los Santos Niños realizada por Jposé Carlos Canalda en su blog. 

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