domingo, 13 de septiembre de 2026

"¿Hasta siete veces?". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Toca hablar hoy de la lógica revolucionaria del perdón. Las lecturas de este Domingo XXIV del Tiempo Ordinario nos sitúan frente a uno de los núcleos más exigentes, pero a la vez más liberadores, de nuestra fe: la urgencia y la radicalidad del perdón. A menudo pensamos que perdonar es una debilidad o un simple acto de buena voluntad; sin embargo, la Palabra de Dios nos demuestra hoy que el perdón es una fuerza divina, una necesidad espiritual para nuestra propia conversión y sanación, y la única manera coherente de vivir como personas que pertenecen enteramente al Señor.

El libro del Eclesiástico nos habla con una sabiduría humana y espiritual apabullante. El autor sagrado define el rencor y la cólera como cosas abominables. Nos ofrece una radiografía exacta del corazón humano resentido, aquel que guarda rencor a su prójimo, pero luego pretende que Dios lo cure. El texto nos plantea una pregunta de una lógica aplastante: «Si un hombre guarda rencor a otro, ¿cómo puede pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón por sus propios pecados?». He aquí la trampa del resentimiento. El rencor es como un veneno que tomamos nosotros esperando que le haga daño al otros. Nos encadena al pasado y pudre nuestro presente. El sabio nos invita a un ejercicio de realismo: «Acuérdate de tu fin y deja de odiar; piensa en la muerte y en la corrupción, y guarda los mandamientos». Ante la brevedad de la vida, gastar el tiempo en alimentar enemistades es una necedad. El perdón comienza cuando quitamos los ojos de la ofensa y los ponemos en el Dios de la Alianza. El modelo de Dios como respuesta a esta sabiduría, nos lo da el Salmo 102: «El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia».

El apóstol San Pablo eleva la discusión a un nivel teológico y existencial profundo: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo». Nuestra vida no es un proyecto aislado. Tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos a Jesucristo. Si yo soy del Señor y mi hermano también es del Señor, ya no tengo derecho a juzgarlo, a condenarlo o a excluirlo de mi afecto. No podemos vivir reclamando derechos únicos y absolutos, ni sumergidos en el egoísmo. Perdonar al hermano es el reconocimiento práctico de que Cristo es el único Señor de la historia y de nuestras vidas.

En el Evangelio de san Mateo, Pedro se acerca a Jesús con una propuesta que él cree sumamente generosa: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» (siete era el número de la perfección). Pedro pensaba que estaba yendo más allá del deber. La respuesta de Jesús rompe todos los esquemas: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». Es decir, siempre. Jesús evoca la vieja ley de venganza de Lamec -quien decía que se vengaría setenta veces siete- y la invierte por completo: ahora la medida del cristiano es el perdón ilimitado. Para explicarlo, nos regala la parábola del siervo despiadado. Un empleado que debe diez mil talentos -una cantidad astronómica, equivalente a miles de años de trabajo-. Ante la súplica del empleado, el rey, movido a compasión, le perdona toda la deuda. Este rey es Dios, que nos ha condonado la deuda del pecado que jamás habríamos podido pagar por nosotros mismos. Ese mismo empleado sale y encuentra a un compañero que le debe cien denarios -el salario de unos pocos meses- y lo agarra por el cuello hasta casi estrangularle, y lo mete en la cárcel para que se los pague. No tiene compasión, olvidando por completo el rescate inmenso que él acaba de experimentar. El rey se entera y castiga al siervo despiadado. Jesús concluye de forma tajante: «Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial si cada uno no perdona de corazón a su hermano». La enseñanza de este domingo no es opcional. El perdón no es un sentimiento -a veces el dolor de la herida permanece-, sino una decisión de la voluntad sostenida por la gracia de Dios. Cuando rezamos el "Padre Nuestro", nos imponemos a nosotros mismos la medida: "Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Hoy la Palabra de Dios nos invita a revisar nuestras propias cuentas pendientes: ¿A quién tenemos "agarrado por el cuello" en nuestro corazón por una deuda del pasado; qué resentimiento familiar, laboral o comunitario nos está quitando la paz?.. Venimos a la eucaristía, donde Cristo actualiza el perdón supremo de la Cruz, y pidámosle que transforme nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, capaz de recibir su misericordia y así también de transmitirla igualmente sin condiciones.

Evangelio Domingo XXIV del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Palabra del Señor 

Vuelta al cole, vuelta al cate. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M.

Ya hemos pasado páginas a este verano peleón con tantos sobresaltos de incendios por doquier, terremotos en Granada, invasiones en Ceuta. Pero se impone el regreso dentro de lo posible a una normalidad en nuestras agendas y quehaceres diarios. No en todos los lugares este regreso será fácil o inmediato, por lo que nos hacemos cargo de los distintos escenarios, y ofrecemos nuestro afecto, solidaridad y oraciones a los que tendrán que remontar su particular valle de lágrimas hasta esa altura donde el sol no es eclipsado.

Uno de los gestos que más nos llenan de alegría con la inevitable pizca de nostalgia, es ver a todos nuestros chavales que con sus mochilas o pequeñas maletinas de ruedas, se dirigen nuevamente a sus centros escolares. También ellos esperaban esta vuelta al colegio, reencontrarse con sus compañeros y amigos, subir curso con materias y profesores distintos. Habrán abierto ya los libros de las asignaturas que les esperan, tal vez habrán pasado por el rito de forrarlos como quien protege los secretos que poco a poco irán encontrando y desvelando.

Aunque a esa edad no hay perspectiva de largo recorrido, sino que se concentran los ojos en lo que inmediatamente se recuerda o lo que seguidamente se puede soñar, sin embargo, así se escribe con los renglones rectos o torcidos, con pulcritud o con algún borrón que otro, la historia inacabada de una joven biografía en esos niños y jóvenes que dilatan con su alegría nuestra esperanza en este mundo complejo y a veces contradictorio.

Pero la “vuelta al cole” no agota el recomienzo. En la comunidad cristiana también es tiempo de estreno. Las familias católicas desean que sus hijos sigan creciendo no sólo en sus cuerpos físicos con salud, ni sólo en sus conocimientos con la cultura aprendida en las aulas. Estos padres y madres miran a sus hijos también como cristianos a los que hay que acompañar para que aquello que tuvo comienzo en el día del bautismo, vaya paulatinamente madurando. Los padrinos pusieron voz a aquellos infantes, y su compromiso sostenía la voluntad de quienes todavía no podían asertar libremente las consecuencias de una vida cristiana. Es algo que siempre me impresiona cuando me toca bautizar a un bebé: los adultos presentes en la celebración bautismal, arropamos a ese pequeño, le deseamos lo mejor, rezamos por él a Dios y a la Virgen María, y nos anticipamos en su nombre para profesar en su nombre la fe de la Iglesia.

No se trata de una sustitución o de una imposición, sino simplemente desear con ese amoroso gesto que ese niño o niña reciba lo más y lo mejor que nosotros podemos brindarle. Por eso le vestimos y alimentamos, supliendo de momento sus gustos de ropa o sus preferencias de comida, pensando en ellos y en su bien. Exactamente igual que le ofrecemos también el anuncio de nuestra visión cristiana de la vida, hasta que llegando el momento ese bebé pueda asumirlo en la confirmación como adulto cristiano.

Por este motivo, hay también una “vuelta al cate”. La catequesis apropiada a su edad y a su itinerario cristiano también les aguarda. Allí les esperan igualmente los otros compañeros y amigos, los nuevos textos de formación religiosa, los catequistas y sacerdotes que los acompañarán. Es una alegría ver a nuestros niños y jóvenes volver a nuestras parroquias y colegios católicos para reemprender también ahí su catequesis que les permite seguir creciendo y madurando como cristianos. Porque el término educación se deriva del verbo latino “educere”, que significa acompañar en el camino, no eclipsar o secuestrar la libertad, sino sostenerla desde el afecto y la sabiduría de quien transmite los verdaderos valores que permiten a la otra persona crecer integralmente en su vida. Vuelta al cole y vuelta al cate: una alegría por este recomienzo que nos llena de esperanza.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

viernes, 11 de septiembre de 2026

''Sagrado Corazón'': el documental que actualiza con fuerza una tradición que muchos creen olvidada

(El Debate) Se estrena una película documental francesa que en nuestro país vecino ya ha superado el medio millón de espectadores. Dirigida por Sabrina y Steven Gunell, la película presenta y profundiza en el sentido y la historia de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. El origen del film está en un encuentro que los directores tuvieron en 2023 en Notre-Dame-du-Laus, un conocido santuario mariano situado en los Alpes franceses. Allí conocieron el testimonio de personas consagradas al Corazón de Jesús y se dieron cuenta que esta devoción seguía muy viva actualmente y mantenía plenamente su sentido. «Muchos pensaban que hablar de las apariciones del siglo XVII era algo lejano o anticuado -declara la directora Sabrina Gunnell-, pero precisamente queríamos mostrar que este mensaje sigue siendo actual».

El guion cuenta con tres líneas narrativas diferentes que se van trenzando entre sí. Por un lado nos acerca en clave de ficción a la vida de Santa Margarita María Alacoque (1647-1690) religiosa mística francesa que en el monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial (Borgoña), recibió las famosas revelaciones sobre el Sagrado Corazón entre 1673 y 1875. Estas recreaciones están interpretadas magníficamente por la actriz Julie Budria, a la que acompaña Grégory Dutoit en el papel de Jesús. En segundo lugar, a esta ficción histórica se añaden intervenciones de expertos y teólogos que van explicando el sentido profundo de esa devoción y sus raíces evangélicas, que se nos ilustran con dramatizaciones de episodios de la vida de Cristo. Es el caso, por ejemplo, del rector de Paray-le-Monial, Étienne Kern, el sacerdote Martin Pradère de la Comunidad Emmanuel o el profesor de teología Matthieu Raffray, entre otros muchos. Y por último, todo ello se va integrando con testimonios actuales de personas marcadas de una u otra manera por la devoción al Sagrado Corazón que viven de forma muy especial. Es el caso de Louis, afectado de una enfermedad degenerativa; de Zoé, una futbolista conversa; de Winz, un cantante francomexicano que fue abandonado por su padre y que descubrió el Amor en el Sagrado Corazón o de Sylvie y Jean-Marc, un matrimonio que reencuentra la fe después de años de casados.

La película también nos acerca a figuras históricas como el pintor Desvallieres, que tantas veces representó al Sagrado Corazón. Resulta curiosa la participación de Clémentine Beauvais, una joven escritora que es descendiente de la familia de Santa Margarita. La película subraya que ya antes de esta santa existía una espiritualidad sobre el Corazón de Jesús, incluso desde tiempos de los Padres de la Iglesia y que había acompañado a diversas místicas de la Edad Media.

El resultado de este abigarrado collage es una película sumamente interesante, que ofrece información y reflexión a partes iguales y que busca mover el corazón del espectador. «Esta película es un acto de amor y un acto de fe», explica Steven Gunnell. «Pensábamos en los peregrinos de Emaús, que caminan junto a un desconocido y, después de escucharlo, se dicen el uno al otro: ‘no ardía nuestro corazón?’ Ese es el proyecto de la película: permitir que cada persona pueda experimentar este amor ardiente de Jesús».

Entrevista al Arzobispo de Oviedo en Ecclesia al Día

 

jueves, 10 de septiembre de 2026

10 de Septiembre: San Vicente abad y mártir

En los siglos VI y VII, la Península Ibérica fue escenario de profundas transformaciones políticas y religiosas. Entre la dominación de los reinos suevo y visigodo, la lucha teológica entre el catolicismo trinitario y la herejía arriana marcó la vida de miles de fieles. En este contexto de tensiones doctrinales sobresale la figura de San Vicente, abad del monasterio de San Claudio en León, quien prefirió entregar su vida antes que renunciar a la verdad del Concilio de Nicea. Su martirio, acontecido en el año 630, lo convirtió en un referente imperecedero de valentía e integridad espiritual.

Orígenes y Labor Pastoral en San Claudio

San Vicente consagró su vida a la regla benedictina y a la oración monástica. Llegó a ser nombrado abad del influyente monasterio de San Claudio, un centro de espiritualidad y cultura situado a las afueras de la ciudad de León. Bajo su dirección, la comunidad monástica no solo floreció en la contemplación y el estudio, sino que se transformó en un bastión de resistencia teológica frente a las corrientes heréticas que dividían a los gobernantes de la época. Vicente era profundamente respetado por su sabiduría, su rectitud moral y su ferviente defensa de la doctrina trinitaria, que afirmaba la divinidad de Jesucristo en perfecta igualdad con el Padre.

El Desafío Doctrinal y el Martirio

La firmeza del abad no pasó desapercibida para las autoridades civiles. En un momento de resurgimiento de las tensiones con las facciones arrianas, Vicente fue convocado ante un concilio o tribunal civil impulsado por los gobernantes locales. La exigencia era clara: debía abjurar de las conclusiones de Nicea y abrazar el arrianismo para mantener la paz política de la región.

Lejos de ceder ante las presiones, San Vicente defendió la fe con una elocuencia arrolladora y una serenidad que desconcertó a sus jueces. Su negativa rotunda a traicionar sus convicciones selló su destino. Fue condenado a sufrir severos tormentos, siendo flagelado públicamente antes de ser ejecutado en el año 630. Su muerte no fue vista por su comunidad como una derrota, sino como la victoria definitiva de la fe sobre la coacción temporal.

Traslado de Reliquias y Culto Actual

Tras su martirio, la memoria de San Vicente permaneció viva entre los cristianos del norte de la Península. Ante el avance de posteriores invasiones y para asegurar la protección de sus restos, sus reliquias fueron trasladadas pacientemente hacia el norte, encontrando refugio definitivo en Asturias. Hoy en día, sus sagrados restos se custodian en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, un espacio de incalculable valor histórico y espiritual.

El vínculo directo de San Vicente abad y mártir con Asturias radica en el traslado de sus restos mortales. Para proteger sus reliquias de las profanaciones durante la invasión musulmana o el posterior avance de los reinos medievales, sus restos se llevaron a Oviedo. Hoy en día, sus reliquias se custodian y veneran piadosamente en la catedral de Oviedo. La diócesis de Oviedo conmemora su memoria litúrgica cada 11 de septiembre, recordando el sacrificio de un hombre que priorizó la verdad eterna por encima de su propia supervivencia terrenal.

Entre el fidiómetro y el devotómetro. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Me sale poner en medio el idiotómetro, incluso el gilipollómetro, y no me voy a quedar con las ganas.

Ayer terminé las fiestas de mis pueblos. El remate braojeño, ciertamente espectacular: cuatro días con misa solemne, procesión, subasta de varas y ramos y aperitivo popular, y un día de romería a la ermita. Nada mal. Mucha asistencia, especialmente a la romería, con un rito que se repite año tras año: traslado de la Virgen hasta la ermita, con acompañamiento de dulzainas, trajes serranos y baile de jotas. Al llegar, subasta de varas y ramos, ofrenda floral, misa “serrana” solemnísima con compañamiento de guitarras, laúdes, tambor y dulzaina, y, al acabar la misa, presentación de niños a la Virgen. Aperitivo una vez más, y traslado de nuevo a la parroquia.

Yo no tengo homologado fidiómetro alguno que me permita calibrar si la fe de los braojeños y su cariño hacia la Virgen del Buen Suceso son suficientemente conciliares, sinodales, maduros, insertados en la realidad y comprometidos con la causa de los pobres y el calentamiento planetario. Es más, si les preguntase por el particular simplemente me responderían con un muy expresivo ¿mande? Tampoco un devotómetro para discernir entre devociones maduras, superstición, costumbres y repeticiones de loro. Vaya usted a saber.

Eso sí, tengo un gilipollómetro que me permite detectar a distancia tanta cursilería en forma de “falta formación", “hay que actualizarse", “superar lo tradicional” y “ofrecer nuevos enfoques teológicamente más ricos y precisos". Cosas mías.

Romería de la virgen del Buen Suceso. Los braojeños, felices con la Virgen y portando cada uno su ramito de flores para la ofrenda. Los mejores trajes tradicionales para que se note que es fiesta grande, hasta los chiquitines, y la Virgen ese día de serrana, con su refajo y su mantón.

No sé que hubieran marcado este pasado sábado el fidiómetro y el decotómetro. Me da igual. La gente sabe de amores a la Virgen y lo expresan no cómo pretenden los sabios de este mundo, sino según lo aprendido de sus mayores. Y parece que va bien.

Los serranos somos duros a la hora de mostrar sentimientos, pero las lagrimitas asoman incluso alguna vez y si hay que dejar salir los sentimientos un día, pues se hace.

Hablé en la homilía de lo bonito que es querer a la Virgen con apellido, porque si bien es verdad que solamente hay una, uno tiene todo el derecho del mundo a decir que si, que una, pero mi virgencita del Buen Suceso es algo muy especial. Concluí la homilía diciéndoles que me llevo a la Virgen del Buen Suceso en el corazón, y que ante ella seguiré rezando cada día por los braojeños. Se me quebró la voz… y entonces rompieron en un aplauso enorme allí en la ermita que no acababa nunca. Terminamos llorando todos, yo abrazado al buenazo de Cándido, ese sacristán fidelísimo y hoy gran amigo.

Oiga, D. Jorge, que no se puede aplaudir dentro de la misa. Bah. Trabajo para el gilipollómetro.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Santoral del día: Santa María de la Cabeza

(Aciprensa) María de la Cabeza nació en Madrid o no lejos de esta localidad. Sus padres, piadosos y honestos, pertenecían al grupo de los llamados mozárabes. Fue esposa de san Isidro Labrador. No es fácil decir con qué santidad y trabajos llevó su vida de mujer casada. Sus ocupaciones eran arreglar la casa, limpiarla, guisar la comida, hacer el pan con sus propias manos, todo tan sencillo que lo único que brillaba en su vida eran la humildad, la paciencia, la devoción, la austeridad y otras virtudes, con las cuales era rica a los ojos de Dios. Con su marido era muy servicial y atenta. Vivían tan unidos como si fueran dos en una sola carne, un solo corazón y un alma única. Le ayudaba en los quehaceres rústicos, en trabajar las hortalizas, y en hacer pozos no menos que en el oficio de la caridad, sin abandonar nunca su continua oración.

Como ambos esposos no tenían mayor ilusión que llevar una vida pura y fervorosamente dedicada a Dios, un día se pusieron de acuerdo para separarse, después de criar su único hijo, quedándose él en Madrid, y ella marchándose a una ermita, situada en un lugar próximo al río Jarama. Su nuevo género de vida solitaria, casi celeste, consistía en obsequiar a la Virgen, hacer largas y profundas meditaciones, teniendo a Dios como maestro, limpiar la suciedad de la capilla, adornar los altares, pedir por los pueblos vecinos ayuda para cuidar la lámpara, y otros menesteres.

Estando entregada a esta clase de vida piadosa, unos hombres enemigos, sembradores de cizaña en aquel campo tan limpio de malas hierbas, comunicaron a Isidro que hacía mala vida con los pastores. El santo varón, buen conocedor de la fidelidad y del pudor de su esposa, rechazó a los delatores como agentes del diablo. De todos modos quiso saber de donde habían sacado aquellas especulaciones. La siguió los pasos uno de tantos días. Con sus propios ojos vio que su mujer, como de costumbre, con la mayor naturalidad, se acercó al río, que, aquel día bajaba lleno de agua, por las lluvias abundantes caídas y, con mucho ímpetu extendió su mantilla sobre la corriente y, como si fuera una barquilla, pasó tranquilamente a la otra orilla, sin dificultad alguna. Con la contemplación directa de esta escena, repetida en otros días, el honor de esta mujer continuó intacto ante su marido y ante los vecinos de la comarca.

En los últimos años de su vida regresó a Madrid y de nuevo empezó a vivir con la admirable vida santa de antes. Después de morir su marido, volvió a su querida casa de la Virgen, como si fuera una ciudad bien defendida por Dios. En este lugar murió, llena de años y méritos.

Fue enterrada piadosa y religiosamente en la misma ermita, en un lugar, especialmente escogido por miedo a una posible profanación de los sarracenos. Cuando éstos fueron expulsados a sus tierras africanas, vigente todavía el ejemplo de la vida santa de esta mujer, fueron localizados sus restos, gracias a una inspiración del cielo. Al sacarlos, todos advirtieron un olor especialmente agradable, nunca percibido.

Hoy sus restos se veneran en Madrid. Muchos aseguran que hace incontables milagros, principalmente curaciones repentinas de dolores de cabeza. Todas esas circunstancias, examinadas por jueces apostólicos, hicieron que Inocencio XII aprobara su culto inmemorial y que últimamente Benedicto XIV le concediera Misa y Oficio propio, asignando la fiesta para Madrid y toda la diócesis toledana.

Jubileo de la Cruz 2026

 

martes, 8 de septiembre de 2026

Homilía del Sr. Arzobispo de Oviedo en la Solemnidad de Nuestra Señora de Covadonga 2026

Queridos hermanos todos: Mons. Braulio Sáez, Sr. Vicario General, Sr. Abad de Covadonga, hermanos sacerdotes y diáconos. Excmo. Sr. Alcalde de Cangas de Onís y corporación municipal. Excmo. Sr. Presidente de la Junta General de Asturias, Parlamentarios autonómicos y nacionales. Sr. Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, Sra. Presidenta de FADE, Cámaras de Comercio de Oviedo y Gijón, y demás autoridades Judiciales, Civiles, Militares, Académicas, Culturales y Sociales. Miembros de la vida consagrada, seminaristas, fieles cristianos laicos. Hermanos que nos seguís a través de los medios: el Señor os dé Paz y os acompañe con el Bien.

Es hermoso nuestro valle bañado por el río Covadonga mientras el monte Auseva nos preside con majestad con la cruz de Priena en sus crestas que con piadosa reverencia se asoma al Santuario de nuestra Señora. Las campanas lanzaron al vuelo su tañido en este día de fiesta dejando en el aire la amable invitación que reúne en esta Basílica a tantos cristianos de bien que acudimos en la fecha emblemática que engalana el día de Asturias en la festividad de la Virgen nuestra Patrona. Un relato histórico que sabe de reconquistas y debemos respetar, un enclave natural bello que queremos conservar, y un rincón del alma donde tienen hueco nuestras preguntas, heridas y esperanzas. Covadonga es todo eso, así lo reconocemos y vivimos en Asturias con inmensa gratitud, con leal custodia, en este día que todos celebramos mirando a la Santina como españoles y asturianos.

Covadonga sigue siendo ese corazón de Asturias y la Santa Cueva se torna en casa encendida donde se nos conoce a cada cual por nuestro nombre y edad, se nos espera desde nuestros derroteros varios, se pone bálsamo en las heridas abiertas, respuesta a las preguntas más sinceras y horizonte a la mirada que escruta las estrellas. Lo hemos vuelto a vivir acogiendo a tantas familias: padres y madres con sus hijos a los que transmiten el regalo de la vida y de la fe. Hemos visto llegar a tantos jóvenes como los más de dos mil que celebraron las Jornadas Eucarísticas y Marianas, o los otros dos mil que peregrinaron desde Oviedo durante tres días, en ambos casos de más de 23 países; o los ochocientos jóvenes asturianos con los que subí por los bosques desde Cangas de Onís hasta la Santa Cueva el primer sábado de mayo. Una verdadera foto real de una gente sana que ama los valores que han heredado de sus mayores, y sabe situarse en medio de esta sociedad plural y compleja sin renunciar a sus convicciones ni dejarse zarandear por las tormentas.

Pero, como un contrapunto, vemos que hay en el mundo quienes minan la libertad y la convivencia poniendo cualquier precio a su insaciable ambición de poder; existen guerras declaradas de las que tenemos información cotidiana y otras que pasan desapercibidas sin lograr siquiera ser noticia. No sólo es una imagen de la humanidad actual en el espectro internacional. También en nuestros lares hemos podido comprobar que las cosas no marchan siempre como debieran, aunque se intente convencernos de que estamos en el país de las maravillas bajo el timón de la mismísima Alicia. Cuando la inseguridad crece, la convivencia se ve amenazada, la paz puede estar en entredicho o el relato impuesto no siempre responde a la verdad, tenemos entonces un verdadero problema moral que ni siquiera piadosamente podemos ignorar.

Lo hemos visto en los preocupantes acontecimientos de Ceuta. No parece tratarse de un flujo migratorio sin más, sino de riesgos que pudieran apuntar a nuestra debilidad en el panorama geopolítico y a la fragilidad de nuestras fronteras, que lo son también de Europa. No hablamos solo de pateras que vienen de modo continuo, sino de una auténtica avalancha que compromete nuestra soberanía, o de una guerra híbrida (como se ha calificado en términos técnicos) con casi ochenta mil personas -jóvenes en su mayoría- que han tomado una ciudad española dejando a su población sitiada entre el miedo, la podredumbre, la intimidación y las violaciones de menores. Tamaña tragedia se ha cobrado muchas vidas en el intento y ha dejado a ese entrañable rincón de España bajo la extorsión con muchas consecuencias diarias que hay que solucionar cuanto antes.

No son simplemente “moros en la costa” con otros turbantes que ahora nos turban, sino que esos jóvenes ocupantes son igualmente víctimas de estrategias amañadas. Tantos de ellos vienen huyendo de infiernos políticos que cercenan sus sueños de futuro al no permitirles asomarse al mañana cuando les niegan la libertad, los derechos más elementales, el trabajo, la dignidad y la esperanza. Vienen de hambrunas en las que fenecen por falta de alimentos básicos que no tienen que llevarse a su boca. Escapan de radicalismos religiosos que les sofocan la conciencia en nombre de un dios falseado y tirano que los humilla. Esto les empuja a la gran escapada pensando en España, en Europa, intentando recomenzar la vida que otros destruyen. A los países de procedencia les sale a cuenta esa tremenda estampida, como se ha demostrado en este caso, con sus chantajes con secretos bien guardados, y los cuantiosos recursos que ingresan de instituciones de España y de la Unión Europea, en vez de afrontar sus problemas que deben solucionar en sus lares.

Dijo León xiv en Canarias a los inmigrantes: «no entreguéis la existencia a quienes comercian con ella. No creáis a quienes prometen paraísos fáciles a cambio del cuerpo o de dinero, de silencio o de vuestra libertad… Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen… para las naciones de tránsito… para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas».

Y Jesús lo dijo bien claro: tuve hambre y me disteis de comer, estuve desnudo y me vestisteis, fui forastero y me acogisteis (Mt 25,35). Lo recordé hace meses en mis redes sociales: los inmigrantes tienen nuestra agradecida acogida. Pero ¿cuántos podemos asumir? lamentablemente todos no caben, aunque tengamos el deber humano y cristiano de ensanchar nuestra hospitalidad. Por eso hay que establecer medidas sensatas, no populistas ni demagógicas, para acoger a cuantos podamos pensando en su dignidad, su integración real y sus posibilidades laborales, educativas y sanitarias, ayudando a resolver los problemas en sus lugares de origen y descartando a cuantos se cuelan con intenciones perversas de toda calaña inconfesables.

En este panorama que nos deja huérfanos de esperanza oscureciendo el horizonte de paz y convivencia, apareció la paternidad del papa León xiv en su visita apostólica a España. Con él alzamos la mirada descubriendo que hay alguien que conoce nuestros nombres, que hace suyas nuestras lágrimas y con nosotros brinda por la alegría que nos levanta. Alzando la mirada descubrimos a Dios que nunca nos defrauda y nos permite seguir adelante con nuestros sueños despiertos y paz en el alma.

Lo acaba de decir el papa en el Meeting per la amicizia tra i popoli, en Rímini (Italia): «desenmascaremos las relaciones injustas de poder, que son la raíz de la pobreza y las desigualdades, de la guerra y de los desastres medioambientales… Se necesitan pioneros valientes que, empezando por su propio cambio de rumbo, hagan convincente y creíble la conversión que se exige a todos. Que no haya sólo quienes aviven el fuego del cansancio y la desesperación; ¡que haya también quienes reaviven los sueños!».

El Evangelio que se lee en la fiesta de Covadonga nos abre un horizonte de esperanza cristiana. María inicia un largo itinerario de más de 120 kms. con aquellos caminos de polvo y desierto. El arcángel Gabriel le propuso: ve a visitar a tu prima Isabel, madre como tú de un milagro. Asómate a la vida y verás que no todo es oscuro, ni torcido, ni mendaz, hay también semillas de luz, de rectitud y de verdad. Porque en el campo de la historia no todo es cizaña que nos enfrenta, nos corrompe y destruye, también hay trigos que despuntan cada mañana madurando sus granos de los que saldrán el pan tierno que nos nutre cada día. Como decía Dante: hay un amor que mueve el sol y las estrellas.

Ahí estaba el reto más desafiante: lo imposible para ti, es posible para Dios. María lo verificó cuando se encontró con Isabel: no sólo había imperios abusivos y corruptos, no sólo había decadencia ética y resignación triste, no únicamente se daba la violencia y el miedo, sino que también existía gente buena cuya bondad no tenía precio, gente verdadera cuya verdad hacía creíble la palabra dada, gente hermosa cuya belleza moral no tenía maquillaje trucado engañando a mansalva. Hay que tener ojos para verlo todo, poniendo nombre con valentía a lo que nos malea, y al mismo tiempo atisbar los rostros junto a los que maduramos como personas. Isabel tuvo un gesto precioso que testimonió ante su joven prima: al llegar a mí tu saludo, la criatura que llevo en el seno ha saltado con alegría en mis entrañas. Joseph Kentenich, sacerdote alemán fundador de Schönstatt, dirá comentando esta escena: ¿por qué nuestros encuentros no generan esa alegría? Es como decir: por qué nos evitamos hasta cambiar de acera, negarnos la palabra o herirnos de tantas maneras, incapaces de construir juntos lo que vale la pena haciendo de nuestras diferencias no armas arrojadizas sino puentes de encuentro que nos enriquecen y complementan.

Aquí estamos una buena representación de la sociedad asturiana: una muestra preciosa de una sociedad plural como la nuestra. Podemos unos y otros cavar trincheras, levantar barricadas, arbitrar condenas y manipular las cosas con mentiras, falta de respeto a la vida y a la libertad en nombre de ideologías de toda ralea. Pero también podemos unos y otros trabajar por la concordia y el bien común sin caer en el buenismo ingenuo que no sirve para nada.

Puede que sean muchas las cosas que nos resulten también a nosotros imposibles ante el duro panorama que se nos abre ante los ojos, pero no lo son para Dios. Él cuenta con nuestras manos para construir un mundo distinto, con nuestros labios para decir sin engaño palabras verdaderas, con nuestro corazón en el que palpite una bondad que no se envilece, con nuestra inteligencia para descubrir recursos que hagan de la vida un regalo sin amenazas. Este es el mensaje de María, y el que en esta festividad de Covadonga pedimos aquí a nuestra Santina. Yo lo deseo con todo el corazón. Que así sea.

Nuestra Señora de Covadonga en su Natividad. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Hoy el calendario de la Iglesia se viste de gala para celebrar la Natividad de la Santísima Virgen María, el bendito nacimiento de aquella que traería la Luz al mundo. Pero este día 8 de Septiembre, nuestro corazón se traslada también espiritualmente de forma especial hasta los pies de los Picos de Europa. Nos unimos al latido de todo un pueblo para celebrar la Solemnidad de Nuestra Señora de Covadonga; nuestra querida «Santina», la "reina de nuestra montaña". Qué hermoso es comprobar cómo la liturgia entrelaza el nacimiento universal de María con su manifestación en una pequeña cueva de la montaña asturiana. Celebrar la Natividad de María es celebrar el amanecer de la salvación; celebrar a la Virgen de Covadonga es dar gracias a Dios porque ese amanecer se convirtió en refugio, fortaleza y hogar para todos nosotros en los momentos de mayor dificultad.

El evangelio que contemplamos en esta fiesta nos recuerda que la historia de la salvación no está hecha de casualidades, sino de la fiel providencia de Dios. El nacimiento de una niña sencilla en un pueblo casi olvidado de Judea, fue el acontecimiento que cambió la historia humana para siempre. María nace limpia de pecado; hermosa, pequeña a los ojos del mundo, pero inmensa a los ojos de Dios. Ella es la aurora que anuncia la llegada del Sol de Justicia, que es Jesucristo. Al celebrar hoy su cumpleaños, la Iglesia se llena de esperanza. Dios nunca nos abandona; en los tiempos de mayor oscuridad, el Señor hace florecer la vida. María nos enseña que los planes más grandes de Dios comienzan siempre en la humildad, en lo cotidiano y en el silencio de un corazón dispuesto a decir: "Hágase en mí según tu palabra".

Esa misma jovencita de Nazaret, siglos más tarde, se hizo presente en la memoria, la fe y la historia de un pueblo que se debatía en la dificultad. Covadonga no es sólo un hermoso paisaje de piedra y agua entre verdes montañas; es un altar esculpido por la naturaleza donde Dios quiso ponernos una Madre. La tradición nos recuerda cómo la intervención de la Virgen junto a Don Pelayo devolvió la esperanza a una comunidad que lo daba todo por perdido. Pero Covadonga no empezó únicamente en una batalla, la Cueva ya era casa de la María mucho antes. Y Pelayo y sus soldados cristianos no fueron a aquel lugar por estrategia militar solamente, fueron a los pies de la que es Auxilio de todo creyente. Y Ella intercedió ante su Hijo para que lo que parecía imposible se hiciera posible, para que esta Península en la que ya apenas quedaban cruces en toda su geografía volviera a ser tierra de Jesucristo y, por ende, de María. Pero el milagro de Covadonga no se quedó atrapado en el siglo VIII. El verdadero milagro de la Santa Cueva se repite cada vez que un peregrino sube cansado y agobiado por los problemas de la vida, por las cruces de la enfermedad, de la falta de trabajo o de la soledad, de los problemas familiares o económicos, que al mirar a la cara y ver los ojos de la Santina encuentran paz... La cueva de Covadonga representa el corazón materno de María, un refugio donde siempre hay sitio, donde no se nos juzga, donde se curan las heridas del alma y se abre paso la esperanza, donde las rocas de nuestras dificultades se transforman en fortalezas gracias a la fe.

La Palabra de Dios y la mirada de la Virgen nos hacen hoy una invitación directa: no podemos salir de esta celebración siendo los mismos. El pasaje de la Visitación nos muestra a una María presurosa que no se queda mirándose a sí misma, sino que sale al encuentro de su prima Isabel para servirle y llevarle la alegría de Cristo. Celebrar en una la Natividad de la Virgen y la Solemnidad de Covadonga nos compromete a imitarla. La Santina nos pide hoy que bajemos de la montaña y nos convirtamos en portadores de esperanza en nuestros hogares, en nuestros trabajos y en nuestra sociedad. En un mundo tantas veces herido por la crispación, la división y el individualismo, los cristianos estamos llamados a ser constructores de puentes, artesanos de paz y sembradores de fraternidad. Subir a Covadonga o mirar a la Virgen en su día es pedirle el milagro que tanto necesitamos: que transforme nuestros corazones de piedra —duros ante el sufrimiento ajeno— en corazones de carne capaces de amar, acoger y perdonar.

Al celebrar el nacimiento de nuestra Madre del Cielo, le presentamos nuestras vidas, nuestras familias, nuestras alegrías y nuestras preocupaciones. Rezamos hoy especialmente por el pueblo asturiano, por España entera y por tantos peregrinos que encuentran en ella su estrella y guía. Acudamos a María con la confianza de hijos pequeños. Que en cada tempestad de nuestra existencia sepamos mirar a la Cueva de la esperanza, a la Cova donga (cueva de la Señora). Terminemos nuestra plegaria diciéndole con todo el cariño de nuestra alma: Felicidades, Madre Santa, en el día de tu Natividad. Cuídanos siempre, Santina de Covadonga, y llévanos de la mano hacia tu Hijo Jesús.

lunes, 7 de septiembre de 2026

125° Aniversario de la dedicación de la Basílica de Covadonga

El 7 de septiembre de 1901, las campanas del Santuario de Covadonga resonaron con una fuerza especial. Aquel día se bendijo y consagró oficialmente la Basílica de Santa María la Real de Covadonga, un templo monumental que venía a transformar para siempre el paisaje espiritual, histórico y natural de Asturias. Hoy, al cumplirse 125 años de aquel hito histórico, esta joya arquitectónica de piedra caliza rosa no solo sigue en pie de forma majestuosa frente a la Santa Cueva, sino que reafirma su posición como uno de los símbolos identitarios más potentes de España.

Un proyecto nacido de las cenizas

La necesidad de construir un gran santuario en Covadonga surgió tras el devastador incendio de 1777, que destruyó el antiguo templo de madera colgado en la roca de la Santa Cueva. Aunque inicialmente el rey Carlos III intentó levantar una gran iglesia monumental diseñada por Ventura Rodríguez, las obras se paralizaron por falta de fondos y dificultades técnicas.

Hubo que esperar un siglo para que el proyecto reviviera gracias al firme impulso del arzobispo de Oviedo, Benito Sanz y Forés. Aunque los primeros bocetos corrieron a cargo del polifacético erudito Roberto Frassinelli (conocido como «el alemán de Corao»), el diseño definitivo y la dirección de la majestuosa obra neorrománica fueron ejecutados por el arquitecto Federico Aparici y Soriano.

Integración perfecta con la naturaleza

La construcción, que se prolongó entre 1877 y 1901, supuso una titánica hazaña de ingeniería. La emblemática piedra caliza de tonalidades rosadas y vetas grises se extrajo directamente del propio monte Auseva, en las canteras camino a Peñalba. Los bloques se picaban en unos cobertizos improvisados en la explanada antes de ser encajados con precisión milimétrica en la estructura.

El resultado es un templo de una armonía visual inigualable: una nave central con tres ábsides escalonados y dos esbeltas torres gemelas en la fachada occidental que parecen nacer orgánicamente de la propia montaña, fundiendo la fe con la agreste naturaleza asturiana.

Austeridad exterior, tesoros en el interior

A diferencia de su imponente silueta externa, el interior de la basílica destaca por una sobriedad y austeridad muy cuidadas, donde la luz tamizada por las vidrieras invita al recogimiento. No obstante, alberga piezas artísticas de incalculable valor histórico, como los lienzos de Luis de Madrazo (que retrata al rey Don Pelayo en plena batalla) y de Vicente Carducho, además de una bellísima imagen de Nuestra Señora esculpida por Juan Samsó. Detrás del altar mayor, los peregrinos pueden admirar una réplica exacta de la Cruz de la Victoria elaborada por Pedro Álvarez Miranda. El conjunto musical se corona con el gran órgano instalado en el año 2001 para el primer centenario.

Un siglo y cuarto de memoria viva

Tras 125 años de historia, la Basílica de Covadonga trasciende lo estrictamente arquitectónico. Es el corazón latente de Asturias, un punto de encuentro para miles de peregrinos de todo el mundo y un recordatorio perenne de los orígenes de la región. Su aniversario —celebrado activamente por la comunidad, los cronistas oficiales e incluso plasmado en el cupón conmemorativo de la ONCE— demuestra que la «Basílica de Covadonga» sigue cumpliendo a la perfección la máxima que inspiró su creación: ser un faro de espiritualidad que custodia de forma eterna el paisaje de los Picos de Europa.

Este Martes

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

''Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


La palabra de Dios que en este Domingo XXIII del Tiempo Ordinario se proclama, nos sitúa en el corazón mismo de la vida comunitaria y la responsabilidad compartida. En un mundo que nos empuja constantemente al individualismo, donde la regla de oro parece ser "haz tu vida y no te metas en la de los demás", la liturgia de este domingo nos lanza, una vez más, un desafío contracorriente. Dios nos recuerda hoy que no somos "islas", sino miembros de un mismo Cuerpo, y que el destino de nuestro hermano no puede sernos indiferente. Este domingo la Iglesia nos invita a reflexionar sobre la caridad cristiana expresada en su dimensión más difícil, pero más transformadora: la corrección fraterna y el amor responsable.

En la primera lectura escuchamos al profeta Ezequiel que va a recibir por parte de Dios una misión estremecedora: "A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel"... El centinela era aquel que se colocaba en la parte más alta de las murallas de la ciudad. Mientras el pueblo dormía o trabajaba, éste vigilaba el horizonte. Si veía venir el peligro y no tocaba la trompeta, la ciudad era destruida y Dios le pedía cuentas al centinela por su negligencia. Esta lectura nos confronta con el peligro de la omisión y la indiferencia. Hoy en día, el silencio cómplice se disfraza frecuentemente de "tolerancia" o "respeto a la privacidad". Decimos: "¿Quién soy yo para meterme?"; sin embargo, el texto de Ezequiel rompe esa falsa comodidad. Callar cuando un hermano se está destruyendo a sí mismo, cuando está dañando a su familia o apartándose de la gracia de Dios, no es respeto; es cobardía o, peor aún, desamor. Dios nos pide ser centinelas en el mejor de los sentidos. No nos pide ser jueces, fiscales ni policías que disfruten señalando el pecado ajeno. El centinela avisa por delante para salvar vidas, para evitar condenas. Si advertimos al hermano con el corazón lleno de Dios y él no escucha, al menos habremos salvado nuestra propia vida; pero si por comodidad callamos, nos hacemos cómplices de su caída. El salmista completa este anhelo con su plegaria: "Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»".

San Pablo, en su carta a los Romanos, eleva el listón teológico y nos da el criterio definitivo: "A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley". Aquí encontramos el motor y el límite de todo lo que hacemos en la Iglesia. La corrección de la que hablaba Ezequiel sólo es válida si nace de esta deuda permanente: el amor. El Apóstol resume los mandamientos —no matarás, no robarás, no codiciarás— en una sola dirección: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Quien ama de verdad, busca el bien auténtico del otro. Por lo tanto, cuando nos veamos en la necesidad de hablar con alguien sobre una conducta equivocada, la primera pregunta que debemos hacernos frente al sagrario no es: "¿cómo demuestro que tengo razón?"; sino, "¿lo que voy a decir nace verdaderamente del amor a este hermano, o de mi ojeriza  y resentimiento?"... El amor no hace daño al prójimo; por eso, la corrección fraterna cristiana es una caricia terapéutica, nunca una pedrada destructiva.

El evangelio de hoy, tomado del capítulo 18 de San Mateo, nos habla de la pedagogía de Jesús para "ganar al hermano". El texto pertenece al llamado "Discurso Eclesial", y nos ofrece una ruta pedagógica perfecta en tres pasos para sanar las heridas y los conflictos comunitarios. El primer paso es la privacidad y la discreción: "Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo a solas tú con él". ¡Qué sabiduría la de Jesús! Nuestro instinto humano suele ser el contrario: cuando alguien nos ofende, se lo contamos primero a tres o cuatro personas antes de hablar con el interesado. Eso destruye la fama del hermano y crea chismes, murmuración, maledicencia y calumnias. Jesús nos pide ir directamente a la persona, cara a cara, cuidando su dignidad. El objetivo no es humillar, es "ganar al hermano". El segundo paso es la mediación: "Si no te hace caso, toma contigo a uno o dos". Si el diálogo a solas fracasa, el círculo se amplía mínimamente con personas maduras, testigos objetivos que ayuden a tender puentes, no a encender más el fuego. El tercer paso es la comunidad: "Si ni así los escucha, díselo a la comunidad". La Iglesia entera se convierte en el último espacio de discernimiento y oración por el hermano extraviado.Y si aún así decide apartarse, Jesús dice: "Considéralo como un pagano o un publicano". Pero recordemos cómo trataba Jesús a los paganos y a los publicanos: ¡Los buscaba! Comía con ellos y les ofrecía la salvación. Incluso cuando la disciplina eclesial constata una ruptura, el horizonte final sigue siendo la misericordia y la oración de intercesión. Jesús concluye con una promesa maravillosa: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". La presencia de Cristo no se limita al templo; se manifiesta con fuerza cuando nos unimos en la oración común y cuando superamos las divisiones a través del perdón y la reconciliación.

Tras un verano inolvidable. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O.F.M.

No tienen pausa las calendas de los días. Vamos cerrando los fragores del verano que nos ha traído sobresaltos dejando al pairo el tranquilo tiempo de holganza. Algunos no han podido gozar de vacación, otros quizás se han parapetado en ella al margen de todo y de todos, y muy bien blindados. Pero para muchas personas, este estío ha salido caro y malparado y tardarán en olvidar y recolocar los malos tragos. En tantos lugares del mundo, las catástrofes naturales, las gobernanzas dictatoriales que minan la libertad y la convivencia, las guerras declaradas de las que tenemos información cotidiana hacen que tengamos un momento complejo y perplejo en nuestro escenario humanitario mundial.

Y como una entrega postrera nos ha llegado ese episodio acontecido con la invasión sufrida en Ceuta, estando Melilla o las mismas Islas Canarias en el punto de mira. No es un flujo migratorio sin más, como algunos se empeñaron en decir, sino una calculada acechanza que ha puesto a la luz nuestra debilidad en el panorama geopolítico de nuestras fronteras españolas, que lo son también de Europa. En este caso, no se trata de pateras cuyos cayucos vienen intermitentes, pero de modo continuo, sino de una auténtica avalancha que nos ha invadido, como una guerra híbrida con casi ochenta mil personas -jóvenes en su mayoría- que han tomado una ciudad española dejando a su población sitiada entre el miedo, la podredumbre, la intimidación y las violaciones de menores. Se sabía, lo ocultaron, y han sopesado el beneficio de tamaña tragedia que se ha cobrado muchas vidas en el intento y ha desbaratado ese rincón de España bajo la extorsión y la amenaza con incalculables consecuencias diarias.

También esos jóvenes invasores son igualmente víctimas que habría que saber acompañar debidamente. Sabemos que tantos de ellos vienen huyendo de infiernos políticos que cercenan sus sueños de futuro al no permitirles asomarse al mañana cuando les niegan la libertad, los derechos más elementales, el trabajo, la dignidad y la esperanza. Vienen de hambrunas en las que fenecen por falta de alimentos básicos que no tienen que llevarse a su boca. Escapan de radicalismos religiosos que les sofocan la conciencia en nombre de un dios falseado y tirano que los aplasta. Esto es lo que les empuja a la gran escapada pensando en España, en Europa, como la salida de sus males intentando recomenzar la vida que otros destruyen. A los países de procedencia les sale a cuenta esa tremenda estampida, como se ha demostrado con los enjuagues de Marruecos, sus chantajes con secretos bien guardados, y lo que ingresan de instituciones de España y de la Comunidad Europea, en vez de afrontar lo que deberían solucionando sus problemas.

Lo dijo León xiv en Canarias: «son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar… Su vida debe ser protegida. No entreguéis la existencia a quienes comercian con ella. No creáis a quienes prometen paraísos fáciles a cambio del cuerpo o de dinero, de silencio o de vuestra libertad… Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen… para las naciones de tránsito… para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas».

En un panorama que nos deja huérfanos de esperanza oscureciendo el horizonte de paz y convivencia, apareció la paternidad del papa León xiv en su visita apostólica a España. Con él alzamos la mirada descubriendo que hay alguien que conoce nuestros nombres, que hace suyas nuestras lágrimas y con nosotros brinda por la alegría que nos levanta. Alzando la mirada descubrimos a Dios que nunca nos defrauda. Por eso hay esperanza que nos permite seguir adelante con nuestros sueños despiertos y paz en el alma.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Evangelio Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Palabra del Señor

sábado, 5 de septiembre de 2026

«La Novena a la Santina está siendo un gozo y una esperanza»

(Iglesia de Asturias) Entrevista al Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, sobre la Novena a Nuestra Señora de Covadonga, la próxima Visita Pastoral en la diócesis, los nombramientos recientemente entregados o los retos para este curso pastoral que ya comienza

Estamos ya en septiembre, un mes que marca, quizás, más que el propio enero, el comienzo de muchas cosas, el curso, el trabajo, después de las vacaciones… Por cierto, ¿qué tal han ido sus vacaciones? ¿Cómo ha sido su verano?

Cortas, como siempre, pero he podido descansar. Estuve en Alemania, como suelo hacer, diez días, donde pude rezar, pude estudiar y escribir, pasear… La verdad es que me vienen muy bien esos días, cambias de idioma, cambias de horizonte y vuelves muy reconfortado y con ganas de seguir recomenzando el curso.

Esta semana, el martes concretamente, ha tenido lugar la entrega de nombramientos a los párrocos, con sus nuevos destinos. La organización de la diócesis es siempre tema de conversación, a veces incluso los movimientos de sacerdotes no son comprendidos. ¿Cuesta mucho organizar la vida pastoral dentro de la diócesis?

Cuesta, pero es que, además, es algo inacabado, porque tú no puedes decir «tengo la diócesis organizada» y damos al botón de pausa, o de punto y seguido, o punto final y ya para siempre está así. No, porque este año hemos ordenado a 11 nuevos diáconos y sacerdotes, que hay que darles un primer destino. Hay sacerdotes que han fallecido, que estaban en activo, con lo cual tienes que buscar a alguien que los reemplace en esa comunidad cristiana. Sacerdotes que se jubilan después de haber dado toda una vida al Señor y a la Iglesia. O sacerdotes que se enferman gravemente, y hay que también sustituirlos, al menos de modo temporal. Eso implica, inevitablemente, que tiene que haber movimientos, cambios, traslados o inauguración de ministerio en los que están recién ordenados.

Claro, teniendo una diócesis con 934 parroquias y contando con algo menos de 300 sacerdotes, es inevitable que haya cambios. Que haya una comunidad a la que le pese que le cambien al cura o que el cura se les muera, pues eso es una cosa muy noble, muy hermosa. Pero también puedo decir que hay una altísima comprensión y que son muchos los que se hacen cargo de que esto no es un capricho ni una cosa frívola, sino algo que viene imperado por la propia vida.

El mapa de las Unidades Pastorales en la diócesis está ya rematado, el próximo mes de diciembre van a cumplirse dos años desde la aprobación del decreto de implantación. ¿Cómo ve la realidad de las unidades pastorales en la diócesis?

Como tú apuntas ahora mismo, está prácticamente implantado. No cambia la atención pastoral de nuestras parroquias y comunidades cristianas, cambia el modo de organizarlas y gestionarlas. Una unidad parroquial, una unidad pastoral, no suprime o introduce nuevas parroquias, sino que las organiza de manera diferente. Yo creo que esta geografía diocesana ha quedado bien dibujada con lo que llamamos el mapa de las Unidades Pastorales. Ha entrado bien en los sacerdotes, ha entrado bien en nuestros fieles y religiosos, y, entre todos, estamos haciendo justamente este camino de ayudarnos recíprocamente para, ante desafíos que nos están retando, poder responder también con esta gestión diferente de las unidades pastorales.

El curso pasado llevó a cabo una Visita Pastoral al arciprestazgo de El Caudal. ¿Tiene planteadas nuevas Visitas para este curso que comienza? y además, ¿qué le aporta, qué aprende, qué se lleva de estos encuentros con las parroquias asturianas, con los fieles?

Efectivamente, en el curso que estamos ahora comenzando también incluiremos una Visita Pastoral a alguno de los arciprestazgos que más tiempo hace que no visita el Obispo. Una visita pastoral es el acercarte, de una manera sistemática y organizada con los párrocos y con el arcipreste, a una zona de la diócesis. Es verdad que yo visito las comunidades cristianas, pero también me sé visitado por todas ellas.

Es un encuentro realmente gozoso, porque tú pones distancia corta en lo que es el rostro de las personas a las que, en nombre de Jesucristo, sirves y acompañas, y tú también te sabes por ellos acompañados. Por eso es un encuentro lleno de alegría, donde puedes sobre todo celebrar la fe con ellos, pero también tener conocimiento de qué realidades les preocupan, les hieren, como también les permiten soñar con esperanza. Una Visita Pastoral siempre es esa buena noticia en donde el Pastor de la diócesis visita y es visitado.

En este mes de septiembre, mes de comienzos, como hablábamos antes, ¿qué retos pastorales se plantea para estos próximos meses?

Nos marcamos cada año en Covadonga, al acabar el curso, una serie de objetivos que tienen que ver con la formación cristiana, la catequesis en el sentido más amplio, que tiene que ver con el acompañamiento de las familias en este momento de verdadero desafío en torno a la vida, la vida que nace para dejarla nacer, la vida que crece para saber acompañarla viéndola como madura, y la vida que termina por enfermedad o por la mucha edad para que pueda ser un final no traumático, sino siempre acompañado en esperanza. Por eso la familia es tan importante.

La educación también es un reto, siempre permanente, porque por educación no solamente hablamos de instrucción, de las materias que nuestros chavales en el cole están aprendiendo y descubriendo, sino que la educación es una manera de asomarte a la vida, y por tanto, además de las materias y las asignaturas, hay también la comunicación de unos valores, que son en este caso valores cristianos, desde los cuales sabemos mirar las cosas. Las cosas no cambian para cualquiera que se asome, cambia el modo de mirarlas. Por tanto, la educación para nosotros, además de transmitir con profesionalidad las materias de los currícula que tienen en cada centro, queremos transmitir a través de la enseñanza, a través de la educación, estos valores que constituyen nuestra cosmovisión cristiana.

El nuevo curso a mí siempre me trae el olor a forro de libros, como cuando yo era pequeño, era un rito que teníamos volviendo del colegio con los nuevos libros en la cartera, había que forrarlos y ojearlos por primera vez. Pues este olor a estreno, este olor a proteger lo que tenemos entre manos es también lo que tenemos nosotros como diócesis de Oviedo.
Yo noto que hay una serenidad grande, una alegría por todo recomienzo, y desde las pautas que son muy precisas y muy repartidas, que nos damos, como digo, en Covadonga, al final del curso anterior, trataremos de ponerlas por obra con la colaboración de todos.

Estamos viviendo un año más la Novena a la Santina de Covadonga, el próximo lunes tendremos la Vigilia de jóvenes en el Santuario y el día 8, el martes, la festividad de Nuestra Señora de Covadonga, el Día de Asturias. Usted está presente todos estos días, ¿cómo está siendo este año?
Pues como siempre, conmovedora por la afluencia numerosísima de todas nuestras realidades diocesanas, que en estos días de la Novena los estamos viendo llegar. Pero la Novena no empieza nueve días antes, porque la Virgen de Covadonga y ese Santuario tan querido para nosotros, tiene una Novena todo el año. No en vano son dos millones de peregrinos los que cada año nos visitan. Este año podemos destacar, además, peregrinaciones de jóvenes como la JEMJ de julio, con más de 2.000 jóvenes de 23 países diferentes o la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad, partiendo desde Oviedo hasta Covadonga, con también un número muy generoso de jóvenes, especialmente españoles. Es un botón de muestra de la esperanza inmensa que esto conlleva.
Por eso la Novena de este año en torno a las bienaventuranzas en María y con María, está suponiendo un gran gozo de poder ver a un pueblo que sabe que, yendo a Covadonga, llega a una casa habitada y encendida donde nos espera la Señora.

Comenzamos el curso también, y no de la mejor manera posible a nivel político y social, vivimos conmocionados por la situación en Ceuta. Si algo tenemos en los medios de comunicación y en las redes sociales son mensajes de todo tipo, a veces populistas, a veces más simples, a veces también ingenuos, y uno no sabe muchas veces cómo enfocar esta situación. Quisiera que, ya para terminar, nos diera una pista sobre cómo enfocar este problema, que es mucho más que un tema migratorio, es un problema político, internacional, y hacerlo desde un prisma cristiano, cómo enfocar esta situación que estamos viviendo, angustiosa, desde la fe.
Bueno, yo hace ya unos meses que en mi cuenta de X, en una de las redes sociales, incluí un texto de Mateo 25:35-40 en donde Jesús, de una manera provocativa, nos dijo aquello de «venid a mí, benditos de mi Padre, porque tuve hambre, tuve sed, estuve desnudo, fui forastero, estuve en la cárcel». Y aquellos discípulos se extrañaban de esas palabras para preguntarle al Maestro, al Señor: «¿Cuándo te hemos visto así?» «Cada vez que lo habéis hecho, o dejado de hacer con uno de mis pequeños hermanos, lo habéis hecho conmigo». Una de las figuras que emplea Jesús en ese texto, es fui forastero, fui extranjero y me acogisteis. La acogida cristiana es un motivo de identidad, como creyentes en Jesucristo y como hijos de la Iglesia. Ahora, la acogida no se puede confundir con una especie de espacios sin fronteras, en donde pueda caber de aluvión el mundo mundial. Lamentablemente, ni en mi casa de mi hogar, ni en mi pueblo de mi región, ni en el espacio de mi patria, cabe todo el mundo, físicamente hablando, no caben todos. Ojalá que podamos ensanchar nuestra generosidad para que quepan cuantos más puedan llegar. Ahora, todos, todos no caben. Entonces, que quepan, que lleguen y que sean acogidos los que podamos realmente, con responsabilidad cristiana, acoger y a los que podemos acompañar, a los que podemos brindar una sanidad y una educación y un modus vivendi donde tengan la vivienda, donde tengan el trabajo que les haga dignos. Si, claro, vienen de pronto a España o a esa ciudad española que se llama Ceuta o se llama Melilla, todo un aluvión, pues no solamente no les vamos a poder atender, sino que además se va a desestabilizar la normalidad de una ciudadanía. Lo que ha ocurrido en Ceuta es algo muy preocupante, porque no es una cuestión de crisis migratoria, sino que aquí hay una opción geopolítica por parte de algunos mandamases. En este verano que hemos tenido Danas que han anegado nuestros campos y casas y pueblos; incendios que nos han puesto en ascuas; terremotos que nos han removido, tenemos también otro tipo de situaciones que, desde la gobernanza, si no es buena gobernanza, generas también incendios, generas movimientos que te tambalean y generas también diluvios que te anegan. Por eso, la perspectiva cristiana ante esta problemática es una perspectiva positiva de acogida, pero con la razonable visión de que no todo el mundo cabe, porque queremos acoger a todos cuantos podamos, sobre todo sabiendo que vienen de infiernos donde no tienen libertad por las dictaduras que están sufriendo y que vienen de hambrunas, en donde por no tener trabajo o no tener pan cada día, intentan salir de esa situación. Por eso, con verdadera conmoción cristiana y con caridad acogedora, abrazamos a los que podemos razonablemente acoger, desde una perspectiva cristiana, no para el postureo de quien, utilizando de alguna manera esa circunstancia, pretende sacar una rentabilidad política en elecciones o en el apoyo popular.

Ellos son para nosotros un rostro de Jesucristo y como tales los queremos acoger dentro de las posibilidades reales que tenemos. Y si vienen de esos infiernos antes señalados, el problema lo tienen en sus países de procedencia, que son los que a veces los empujan porque les sale rentable dejar o promover esta especie de invasión, porque tienen menos bocas que alimentar, menos vidas que sostener, y así debilitan también, con las invasiones varias, a otros países que las sufrimos.

Textos litúrgicos en español para la memoria de santa Teresa de Calcuta, virgen (5 de septiembre)


5 de septiembre

SANTA TERESA DE CALCUTA, VIRGEN

Textos litúrgicos aprobados por la
Conferencia Episcopal Española
y confirmados por el
Dicasterio para el Culto Divino
y la Disciplina de los Sacramentos
(Decreto Prot. N. 304/25)

EN EL MISAL ROMANO

5 de septiembre

Santa Teresa de Calcuta, virgen

Del Común de vírgenes: para una virgen o del Común de santos: para santos que practicaron obras de misericordia.

Oración colecta

Oh, Dios, que llamaste a santa Teresa, virgen,
para que correspondiera al amor de tu Hijo, sediento en la cruz,
con una eximia caridad hacia los más pobres,
te pedimos que nos concedas, por su intercesión,
servir a Cristo en los hermanos afligidos.
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

EN EL LECCIONARIO

5 de septiembre

Santa Teresa de Calcuta, virgen

Ordinariamente, lecturas de la feria.
Por motivos pastorales, del común de vírgenes o del de santos: para santos que practicaron obras de misericordia.

PRIMERA LECTURA — Is 58, 6-11 (Lecc. IV, com. santos y santas, AT, XV)

Salmo responsorial — Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9. 10-11 (R. 2a.)
(Lecc. IV, com. santos y santas, Salmos, V)

Aleluya — Cf. Mt 11, 25 (Lecc. IV, com. santos y santas, Aleluya y v., IV)

EVANGELIO — Mt 25, 31-46 (forma larga) o 31-40 (forma breve)
(Lecc. IV, com. santos y santas, Evangelios, XIII)

EN LA LITURGIA DE LAS HORAS

5 de septiembre

Santa Teresa de Calcuta, virgen

Agnes Gonxha Bojaxhiu, nacida en Epiro el 26 de agosto de 1910, en respuesta a su vocación misionera, ingresó en la Congregación de las Hermanas de Loreto en el año 1929, antes de ser enviada a la India. El 10 de septiembre de 1946, hizo la promesa de entregarse al Señor en favor de los más pobres, de modo que, transcurridos dos años, se dedicó plenamente al apostolado entre el pueblo y las clases más desfavorecidas, fundando las Congregaciones de las Misioneras y los Misioneros de la Caridad. Aceptando con serenidad el sufrimiento de la oscuridad interior, demostró plenamente la victoria de la luz de Cristo hasta que, confiada, se entregó al descanso eterno en Calcuta, el 5 de septiembre de 1997.

Del Común de vírgenes o del común de santas mujeres: para los que se han consagrado a una actividad caritativa, excepto lo que sigue:

Oficio de lectura

SEGUNDA LECTURA

De los escritos de santa Teresa de Calcuta, virgen

(Carta al p. Joseph Neuner, enviada alrededor del año 1960: B. Kolodiejchuk, Mother Teresa. Come be my light, p. 209-212)

Si mi oscuridad es luz para alguna alma
soy perfectamente feliz

En Loreto, Padre, yo era muy feliz. Creo que era la religiosa más feliz. Luego vino la llamada. Nuestro Señor me pidió directamente; su voz era clara y llena de convicción. Una y otra vez. Él llamó en mil novecientos cuarenta y seis. Yo sabía que era él. Sentí miedo y una angustia terrible, miedo de ser engañada. Pero, como siempre he vivido en obediencia, presenté todo a mi padre espiritual, esperando en todo momento que me dijera que era un engaño del demonio. Pero no. Como aquella voz, él dijo: «Es Jesús quien se lo está pidiendo». Y entonces usted ya sabe cómo se desenvolvió todo. Mis Superioras me enviaron a Asansol en mil novecientos cuarenta y siete, y allí fue como si nuestro Señor se me entregara por completo. La dulzura, la consolación y la unión de aquellos seis meses pasaron demasiado rápido. Finalmente, en el mes de diciembre del año mil novecientos cincuenta y dos, comenzó la obra.

Padre, desde mil novecientos cuarenta y nueve o mil novecientos cincuenta, experimento este terrible sentido de pérdida, esta indecible oscuridad, esta soledad, este deseo constante de Dios que me produce un dolor tan profundo en el corazón. Las tinieblas son tan densas que realmente no veo, ni con mi mente ni con mi razón. El lugar de Dios en mi alma está vacío. No hay Dios en mí. Cuando el dolor de esta ansia se vuelve insoportable, simplemente deseo y deseo a Dios, y entonces es cuando siento que él no me quiere, que no está aquí. El cielo, las almas, son solo palabras que no significan nada para mí. Mi propia vida parece una contradicción. Ayudo a las almas, ¿para llevarlas a dónde? ¿Por qué todo esto? ¿Dónde está mi alma dentro de mí? Dios no me quiere. A veces solo escucho mi corazón gritar: «Dios mío», y no viene nada más. No puedo explicar la tortura y el dolor. Desde mi infancia he tenido el amor más tierno por Jesús en el Santísimo Sacramento, pero esto también se ha ido. No siento nada ante Jesús y, sin embargo, por nada del mundo perdería una santa Comunión.

Ve usted, Padre, la contradicción en mi vida. Anhelo a Dios, quiero amarle, amarle mucho, vivir solo por amor a él, solo amar, y sin embargo solo hay dolor, anhelo y no amor. Años atrás, hace ahora unos diecisiete años, yo quería darle a Dios algo muy hermoso. Me comprometí bajo pena de pecado mortal a no negarle nada. Desde entonces he mantenido esta promesa, y cuando a veces la oscuridad es muy oscura y estoy a punto de decir «no» a Dios el pensamiento de aquella promesa me anima.

Quiero solo a Dios en mi vida. «La obra» es solo suya realmente. él pidió. Él me dijo qué hacer. él guio cada paso, dirige cada movimiento que tomo, pone las palabras en mi boca, me hace enseñar el camino a las Hermanas. Todo esto, todo en mí, es él. Por este motivo, cuando el mundo me alaba, en realidad no me toca, ni siquiera la superficie de mi alma. Sobre la obra, estoy convencida de que es toda suya.

Antes podía pasar horas ante nuestro Señor, amándole, hablándole, y ahora ni siquiera la meditación discurre adecuadamente, nada sino «Dios mío». Incluso eso a veces no viene. Sin embargo, en algún lugar en lo profundo de mi corazón, este anhelo de Dios sigue abriéndose paso en la oscuridad. Cuando estoy fuera en el trabajo, o estoy ocupada en encontrar a la gente, hay una presencia de alguien viviendo muy cerca en mí. No sé lo que es, pero muy a menudo, incluso a diario, ese amor en mí hacia Dios se hace más real. Me encuentro a mí misma haciéndole inconscientemente a Jesús las más extrañas declaraciones de amor.

Padre, le he abierto mi corazón a usted. Enséñeme a amar a Dios, enséñeme a amarle mucho. No soy instruida, no sé muchas cosas sobre las cosas de Dios. Quiero amar a Dios como y para lo que él es para mí: «Mi Padre».

Mi corazón, mi alma y mi cuerpo solo pertenecen a Dios. Él ha tirado, como despreciada, a la hija de su amor. Y para esto, Padre, he hecho este propósito en este retiro: estar a su disposición. Dejar que haga conmigo todo lo que él quiera, como quiera, tanto tiempo como quiera. Si mi oscuridad es luz para alguna alma, incluso si no es para nadie, soy perfectamente feliz de ser una flor del campo de Dios.

RESPONSORIO Cf. Ct 3, 1-2; 5, 6; Sal 36 (37), 5

℟. Buscaba al amor de mi alma; lo buscaba, y no lo encontraba; lo llamé y no me respondió. * Encomienda tu camino al Señor, confía en él, y él actuará.

℣. Buscaba al amor de mi alma; «Me levantaré y rondaré por la ciudad; por las calles y plazas, buscaré al amor de mi alma». * Encomienda tu camino.

ORACIÓN

Oh, Dios, que llamaste a santa Teresa, virgen, para que correspondiera al amor de tu Hijo, sediento en la cruz, con una eximia caridad hacia los más pobres, te pedimos que nos concedas, por su intercesión, servir a Cristo en los hermanos afligidos. Él, que vive y reina.

EN EL MARTIROLOGIO ROMANO

Debe añadirse en primer lugar al día 5 de septiembre el siguiente elogio:

Santa Teresa (Inés) Gonhxa Bojaxhiu, virgen, quien, nacida en Epiro, apagó con su excepcional caridad la sed de Cristo abandonado en la cruz en los hermanos más pobres y fundó las Congregaciones de las Misioneras y Misioneros de la Caridad para el servicio pleno de los enfermos y abandonados.