(Rel.) "Cuando me ofrecieron la oportunidad de ordenarme aquí, me emocioné muchísimo. Encontré en el obispo un verdadero padre y un verdadero pastor".
La voz de Pino Cannavò, de 60 años, aún suena tensa al otro lado del teléfono, pero se ilumina al recordar lo sucedido unas horas antes en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Policlínico de Catania. Allí, en un ambiente de estricta intimidad, recibió el diaconado permanente de manos del arzobispo Luigi Renna.
Doble sorpresa
Cannavò estaba preparado para recibir el diaconado tras años de formación en la Comunidad Diaconal Sant’Euplo. Sin embargo, una grave enfermedad cambió sus planes. El esperado "Aquí estoy", ensayado durante años, resonó finalmente junto a su cama de hospital. Solo su esposa Maria Rita y sus dos hijos pudieron acompañarle en ese momento solemne. Lo cuenta Avvenire.
Durante unos minutos, la unidad de cuidados intensivos se convirtió en un templo improvisado. La imposición de manos y la oración de ordenación transformaron la sala en un espacio de gracia y esperanza.
Un detalle inesperado hizo que la celebración fuera aún más especial. Poco antes de comenzar, la reliquia de Santa Ágata, patrona de Catania, llegó al hospital como parte de la peregrinación conmemorativa del noveno centenario del traslado de sus reliquias. Cannavò pidió que permaneciera durante la ordenación. "Fue una doble sorpresa", confesó.
La presencia de la santa junto a su cama reforzó el sentido espiritual de la ceremonia, convirtiéndola en un signo de comunión entre la tradición de la Iglesia y la vida concreta de un hombre que, incluso en la enfermedad, respondió a la llamada de Dios.
El diaconado permanente, restablecido por el Concilio Vaticano II, implica a toda la familia cuando se confiere a hombres casados. Cannavò había completado un proceso de formación humana, espiritual, teológica y pastoral junto a su esposa y su comunidad. Tan solo cuatro meses antes había recibido el ministerio de acólito, último paso antes de la ordenación.
La Archidiócesis de Catania cuenta actualmente con 66 diáconos permanentes, llamados a servir en la Palabra, la liturgia y la caridad. La ordenación de Cannavò fue recibida con alegría por toda la comunidad diaconal, que compartió mensajes de afecto y oración a lo largo del día.
El propio arzobispo Luigi Renna se emocionó al entrar en la sala. "En cuanto entró el obispo, rompí a llorar. Él también se emocionó profundamente y me abrazó. Fue un momento precioso para mi familia", relató Cannavò.
Renna recordó experiencias similares en la Iglesia, como la ordenación de un seminarista enfermo en Molfetta hace diez años. "El lugar de la ordenación no cambia el significado del ministerio recibido", afirmó. Para él, la UCI se convirtió en un púlpito "incómodo", semejante a la Cruz, desde donde Cannavò proclama ahora el Evangelio.

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