lunes, 6 de abril de 2026

La victoria de la luz sobre el sepulcro. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! Hoy no es un domingo cualquiera; es el "Domingo de los domingos". Si el Viernes Santo fue el día del silencio y el aparente fracaso, hoy es el día del estallido de la vida. Las lecturas de este Ciclo A nos llevan de la mano para entender que la resurrección no es un concepto abstracto, sino un hecho que transforma nuestra realidad. Estamos celebrando el día que cambió nuestra historia: la victoria del Señor sobre la muerte y el pecado.

En los Hechos de los Apóstoles, vemos a un Pedro transformado. El mismo hombre que negó a Jesús por miedo a una criada, ahora se levanta con autoridad y nos dice: "¡Nosotros somos testigos!". Pedro no predica una filosofía, predica lo que vio. Jesús pasó haciendo el bien, fue colgado en un madero, pero Dios lo resucitó. La Pascua nos pide ser testigos; esa es la lección para nosotros. No basta con saber que Jesús resucitó, hay que dejar que esa fuerza nos quite el miedo para dar la cara por nuestra fe en los ambientes donde nos movemos.

San Pablo, en la carta a los Colosenses, nos lanza un reto: "Buscar los bienes de arriba". Esto suele malinterpretarse, como en un "desentenderse del mundo", pero es todo lo contrario: mirar "hacia arriba" significa adoptar los criterios de Dios (misericordia, justicia, amor...) para aplicarlos aquí abajo. Nuestra vida ahora está "escondida con Cristo". Si Cristo ha resucitado, nuestra forma de ver los problemas, el dolor y la muerte, debe cambiar radicalmente.:Ya no somos esclavos del pesimismo.

El Evangelio de San Juan nos regala hoy la carrera hacia la esperanza. El relato es fascinante por su dinamismo. María Magdalena llega al sepulcro cuando aún está oscuro. Esa "oscuridad", representa muchas veces nuestro propio corazón: el duelo, la duda o la falta de sentido. María Magdalena, sin reservas ni "qué dirán", es la que ama. El amor la hace madrugar; aunque no entiende qué ha pasado (cree que han robado el cuerpo) su búsqueda es el motor que pone todo en marcha. Pedro y el Discípulo Amado corren al sepulcro. Juan (el amor) llega primero, pero Pedro (la autoridad/institución) entra primero. Es una imagen de la Iglesia: necesitamos el ímpetu del amor y el orden de la comunidad.

"Vio y creyó": Al entrar y ver las vendas por el suelo y el sudario enrollado, no ven un cadáver; ven las huellas de una salida triunfal. Jesús no ha sido "reanimado" como Lázaro (que necesitó que le quitaran las vendas); Jesús ha atravesado la muerte, dejando atrás los signos de la esclavitud. En este día hemos de preguntarnos: ¿Qué sepulcros debemos abrir hoy?... La Pascua nos invita a pasar de la oscuridad a la luz. La resurrección de Cristo es la garantía de que ninguna situación de muerte tiene la última palabra. Ni la enfermedad, ni la crisis económica, ni la soledad; ni siquiera el pecado más grave. Hoy, al volver a casa, la pregunta es: ¿Qué hay en mi vida que huele a sepulcro y necesita que Cristo lo resucite?... Dejemos que el Resucitado ruede la piedra de nuestro corazón.

Él ha resucitado, resucitemos nosotros también con Él cambiando la mente y el corazón, amando a quienes no nos quieren, perdonando a quien no somos capaces y abriendo los brazos a todos.

       ¡Feliz Pascua florida hermanos!

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