miércoles, 25 de marzo de 2026

Carta de nuestro Párroco ante la celebración de la Semana Santa. Una invitación a vivir el Misterio

Querida Parroquia:

Se acerca de nuevo la Semana Santa. Pronto nuestras calles se llenarán de incienso; el sonido de las marchas marcará el paso de las procesiones y el fervor popular nos recordará que estamos en días señalados. Sin embargo, no podemos perder de vista lo más profundo de lo que todo lo demás es eco. Y es que la verdadera riqueza de estos días no se encuentra solo en exterior, sino muy particularmente en nuestro interior. No tanto en la calle, más bien ante el altar. La liturgia de la Semana Santa no es una simple representación teatral de hechos pasados, es un "hacerse presente". Es la oportunidad de caminar junto a Jesús, no como espectadores de algo ajeno, sino como protagonistas de nuestra propia fe. Somos invitados a abrir el corazón ante el Misterio en la semana más grande de año para un creyente. En nuestras manos está hacer verdad lo que nos recordaba la "oración colecta" de este domingo V de Cuaresma, y así  ''avancemos animosamente hacia aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo''.

Estamos en la Semana de Pasión, ya a las puertas de la Semana Santa, corazón del año litúrgico. Nos disponemos a algo más que recordar una historia o cumplir con una costumbre, o admirar la belleza de nuestras tradiciones. Se trata de una invitación personal a la transformación interior. Como nos ha recordado recientemente el Papa León XIV, "La Semana Santa es un tiempo de gracia que el Señor nos da para abrir las puertas de nuestros corazones, de nuestras parroquias y de nuestras cofradías". Al iniciar estos días santos, la liturgia nos invita  a vivir hoy, aquí y ahora, el misterio del amor infinito de Dios por cada uno de nosotros al actualizar lo que ocurrió hace más dos mil años... Agradezco de forma muy especial el trabajo de la Cofradía del Cristo de la Piedad y Nuestra Señora de la Soledad de Lugones en la atareada vida de la Parroquia durante toda la Semana Santa y durante todo el año. Así como a todas las personas que colaboran activamente para que cada año vivamos la Semana Santa en Lugones con más entusiasmo, intensidad, hondura y piedad. 

Algunas indicaciones - recordatorios:

*Recordar que el Viernes de Dolores la misa del día será a las 12'00 horas en lugar de a las 19'30 horas. Esa tarde acudiremos a Oviedo al Vía Crucis Arciprestal a las 20'00 horas a que se iniciará en la Catedral y concluirá la Parroquia de Ntra. Señora del Carmen. 

*El sábado de ramos tendremos el Pregón de Semana Santa a cargo de mi paisana María Teresa Álvarez. Estoy seguro que lo hará magistralmente y con mucho cariño hacia Lugones: ¡No os lo perdáis!. 

*El sábado de ramos habrá también bendiciones de ramos en los siguientes lugares y horas:

Residencia La Fresneda (Viella) - 11'00 h.
Residencia Julia Nieto (Viella) - 11'30 h.
Residencia ERA (Lugones) - 12'00 h.
Capilla del Carbayu - 18'00 h.

*El Domingo de Ramos en Lugones, como siempre, misas de 11'00 horas y 12'30 horas. La bendición de ramos en el parque de la iglesia a las 12'00 horas y la procesión de la borriquilla tras la Misa Mayor con "los niños hebreos". 

*Los horarios de Semana Santa se publicarán en el blog, Facebook, Instagram además de los carteles, revista de la cofradía, la hoja parroquial y las octavillas que solemos poner a la entrada del templo.

*Ya tenemos preparadas unas tablas para el reparto de lecturas de estos días, lavatorios de pies etc. Lo publicaremos próximamente.

*En la Parroquia de Santa María de Viella habrá misa dominical el Domingo de Ramos y el Domingo de Pascua será como ya es habitual a las 10'00 horas. Todos los oficios del Triduo Pascual serán en la Parroquia de Lugones, cabecera de la Unidad Pastoral. 

*La noche del Jueves Santo y al mediodía del Viernes el templo permanecerá abierto para que podamos acompañar al Señor en el Monumento. La Cofradía ya tiene la hoja para distribuir los turnos de vela del Jueves al Viernes para que os podáis apuntar. 

* Igualmente, animamos a las personas a acudir al Vía Crucis vestidas de color negro o tonos oscuros. Para la Vigilia Pascual (habrá bautizos) os invitamos a venir a la celebración vestidos con ropa de color blanco. Puede parecer una tontería, pero es un hermoso gesto para significar la renovación de nuestro bautismo, la resurrección y la vida nueva. 

Este año, os animo -como me gusta hacerlo siempre- a que no os quedéis sólo en lo superficial y el rito externo. Acudamos a los Oficios y vivámoslos. Dejemos que la Palabra de Dios nos hable, que el silencio nos envuelva, y que los gestos litúrgicos —el fuego, el agua, el pan y el vino— renueven nuestro interior. Vivamos estos días únicos con el corazón abierto. Que la Semana Santa no sea solamente un descanso de primavera, sino un reencuentro con lo esencial. El Señor nos espera para celebrar juntos qué, después de cada Calvario, la Vida siempre tendrá la última palabra. A menudo caminamos por ella con prisas, cargando con preocupaciones o con el corazón cansado. Por ello, mi mayor deseo como vuestro Párroco es que estos días sean un verdadero alto en el camino. No dejemos que la Semana Santa pase como una semana más, o como cualquier otra fecha del calendario: ¡Os invito a participar activamente!

Acompañemos a Jesús en su entrega total en el Jueves Santo. Sostengamos el silencio orante ante la Cruz el Viernes. Y, sobre todo, desbordemos de alegría en la Vigilia Pascual, celebrando que la muerte ha sido vencida por la vida, y vivamos estos días con intensidad litúrgica. Que nuestra participación en las celebraciones nos ayude a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra existencia para qué, como pide el Papa León XIV "nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse". Que el Señor nos conceda la gracia de una verdadera conversión al renovar nuestras promesas bautismales, y sintamos la fuerza de Cristo Resucitado que hace nuevas todas las cosas.

Os esperamos con los brazos abiertos en la Parroquia para caminar juntos hacia la Pascua.

¡Feliz y santa Semana de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor!


                                                                                              Joaquín, Párroco

La Anunciación: el «sí» silencioso que cambió la historia

(Infovaticana) Cada 25 de marzo, la Iglesia celebra la solemnidad de la Anunciación del Señor, el momento en que el arcángel Gabriel anunció a la Virgen María que concebiría por obra del Espíritu Santo al Hijo de Dios. No se trata de un episodio secundario del Evangelio, sino de un acontecimiento central en la historia de la salvación: el instante en que el Verbo se hizo carne y comenzó la redención del mundo. El relato, recogido en el Evangelio de san Lucas (1, 26-38), muestra una escena de sencillez y profundidad teológica incomparable. Dios no irrumpe con violencia ni impone su voluntad: pide el consentimiento de una joven virgen de Nazaret. Y María responde con un acto de fe y obediencia que ha marcado la historia: “Hágase en mí según tu palabra”.

El misterio de la Encarnación

La Anunciación es, ante todo, la fiesta de la Encarnación. En ese instante, el Hijo eterno de Dios asume la naturaleza humana en el seno de María. No es una metáfora ni un símbolo: es un hecho real, concreto, histórico. Dios entra en el tiempo.

Este misterio revela la lógica divina, radicalmente opuesta a la mentalidad mundana. No hay poder ni ostentación, sino humildad y silencio. El plan de salvación comienza en lo escondido, en el interior de una casa, en el corazón de una mujer que acepta sin comprender del todo, pero confiando plenamente.

El papel único de la Virgen María

La figura de María ocupa un lugar central en esta solemnidad. No es un mero instrumento pasivo, sino una cooperadora libre en el plan de Dios. Su “sí” no es automático ni superficial; es una decisión consciente, que implica riesgo, incomprensión y sacrificio.

La tradición de la Iglesia ha contemplado este instante como decisivo. San Bernardo de Claraval describe la escena con una intensidad singular, presentando a toda la creación como expectante ante la respuesta de María: “El ángel espera la respuesta; también nosotros […] Responde una palabra y recibe la Palabra”. En esa espera se expresa la gravedad del momento: la Encarnación, preparada desde antiguo, se consuma con el consentimiento libre de la Virgen.

Una lección inscrita en el misterio

La Anunciación manifiesta también una verdad central: Dios no actúa anulando la libertad humana, sino contando con ella. El consentimiento de María no es un detalle accesorio, sino parte integrante del designio divino.

Por eso, la tradición patrística ha visto en este episodio el inicio de una nueva creación. Como enseñaba san Ireneo, “el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María”. La escena de Nazaret no solo anuncia un nacimiento, sino que inaugura una restauración: allí donde comenzó la caída, comienza también la redención.

El “sí” que abre la redención

En ese instante concreto, silencioso y oculto, queda sellado el misterio que marcará toda la historia: el Verbo eterno entra en el mundo y asume la condición humana.

La Anunciación no es solo el anuncio de un hecho futuro, sino su cumplimiento inmediato. Con el “fiat” de María, Dios habita entre los hombres.

martes, 24 de marzo de 2026

«La vida, un don inviolable», lema de la Jornada por la Vida

(C.E.E.) «La vida, un don inviolable» es el lema de la Jornada por la Vida, que la Iglesia celebra el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor. La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida ha sido la encargada de elaborar los materiales para su difusión.

Mensaje de los obispos

En su mensaje para esta Jornada los obispos indican que la defensa de la vida no es solo una cuestión de fe, sino una exigencia de la recta razón y de la ciencia. «La biología defiende unánimemente que, desde el momento de la fecundación, existe un organismo humano vivo e independiente, con un patrimonio genético propio, un desarrollo embrionario autónomo, ordenado y coordinado», explican.

Por ello muestran su preocupación por «la tendencia a elevar el aborto a la categoría de «derecho», incluso con rango constitucional o en cartas de derechos fundamentales». «El aborto -subrayan los prelados- nunca puede constituir un derecho, ya que no existe el derecho a eliminar una vida humana».

Sin embargo, la mirada desde la Conferencia Episcopal no se queda solo en el seno materno, se dirige también a madres y padres que enfrentan dificultades a la hora de afrontar un embarazo. Por ello, indican que desde la CEE «queremos promover una alianza social para la esperanza a favor de la natalidad, que sirva, por una parte, para construir juntos las condiciones necesarias para que nuestros jóvenes puedan plantearse formar una familia abierta a la vida y, por otra, para que ninguna mujer tenga que recurrir al aborto por sentirse sola o sin recursos».

María Teresa Álvarez, pregonera de la Semana Santa de Lugones: "La parroquia de San Félix es muy activa y ha sabido atraer a los jóvenes"

"Las tradiciones forman parte de nuestra identidad cultura y social; son una forma de mostrar nuestro amor por nuestros antepasados, de valorar lo que nos inculcaron"

(Lne) La escritora y periodista María Teresa Álvarez (Candás, 1945) es la encargada de pregonar este año la Semana Santa de Lugones en un acto solemne el sábado (19.00 horas, en la iglesia de San Félix). Una buena ocasión para recordar que "Jesús de Narazet nos enseñó el camino" y que "la Resurrección que es la noticia más importante para los que creemos en Dios", subraya Álvarez.

-¿Es más necesaria que nunca la espiritualidad?

-La espiritualidad siempre es buena, porque busca sentido a la vida y creo que contribuye a que alcancemos una armonía interior. La espiritualidad puede ser religiosa o no. De todas formas, es positiva. Pienso que en la actualidad existe una tendencia a buscar una espiritualidad alejada de la religión. Es verdad que se puede ser religioso y no espiritual o viceversa. Yo me considero espiritual y religiosa. Puedo asegurar que el recibir la Eucaristía y ser consciente de que Dios está conmigo, me ayuda a ser feliz.

-¿Qué valores destaca de la Semana Santa en este mundo tan convulso?

-Los valores de la Semana Santa son siempre los mismos. Recordamos lo que le sucedió a un hombre maravillo, Jesús de Nazaret. Los valores de la pasión y muerte de Jesús tienen que movernos a reflexionar. San Juan Pablo II decía: “Jesús sufre y muere en cada persona castigada por el odio y la violencia” ¿Nos preocupamos de ayudar a quienes lo necesitan?

-¿Hace falta una labor de acercamiento a los más jóvenes? ¿Sigue costando demostrar los valores cristianos abiertamente?

-Sin duda ese acercamiento es necesario. Habrá que buscar fórmulas para hacerles atractiva la religión y la vida interior. En cuanto a si cuesta demostrar los valores cristianos, debo decir que sí. Somos humanos llenos de defectos, pero Jesús de Nazaret nos enseñó el camino y si de verdad queremos mostrar esos valores, Él nos ayuda.

-¿Conocía la Semana Santa lugonesa y su labor?

-No conozco las procesiones ni las celebraciones de la Semana Santa de Lugones, porque siempre estoy muy ocupada en la Semana Santa candasina, pero sí puedo decir que son una cofradía joven. Que están plenos de entusiasmo. Que la parroquia de San Félix de Lugones es muy activa y que ha sabido atraer a los jóvenes. La Cofradía del Cristo de la Piedad y Nuestra Señora de la Soledad es una hermosa y pujante realidad que está realizando la importante misión de sembrar la semilla de una Semana Santa propia.

-¿Por qué es importante mantener estas tradiciones?

-Forman parte de nuestra identidad cultura y social. Es una forma de mostrar nuestro amor por nuestros antepasados, de valorar lo que nos inculcaron. Soy partidaria de mantener las tradiciones, nunca el tradicionalismo.

-¿Qué aportan en la actualidad?

-Las tradiciones aportan nuestras señales de identidad, de pertenencia. Yo que soy de Candás no puedo imaginarme un Sábado Santo sin el canto de la Salve Marinera a la Virgen del Rosario. En cuanto a las cofradías, ellas son la parte visible del cuerpo de la Iglesia y en la Semana Santa dan forma a la religiosidad popular, que es la fe exteriorizada.

-¿Qué mensaje quiere transmitir con su pregón el sábado?

-Que la Semana Santa es (para mí) la más hermosa del año porque nos lleva a la Resurrección que es la noticia más importante para los que creemos en Dios. Como dice la secuencia de Pascua: “Resucitó de verás mi amor y mi esperanza”

lunes, 23 de marzo de 2026

Jerusalén se queda sin Semana Santa: el Cardenal Pizzaballa cancela celebraciones públicas por la guerra

(InfoCatólica) La Semana Santa de 2026 no se celebrará con normalidad en Jerusalén. En una carta fechada el 22 de marzo, el Patriarca latino de Jerusalén, Cardenal Pierbattista Pizzaballa, ha confirmado la cancelación de la procesión del Domingo de Ramos desde el Monte de los Olivos y el aplazamiento de la Misa Crismal, al tiempo que ha advertido de que «las celebraciones ordinarias abiertas a todos no podrán tener lugar» a causa del conflicto bélico que azota la región.

«A causa de la guerra, este año no nos ha sido posible vivir el tradicional camino cuaresmal en Jerusalén, con las solemnes celebraciones en el Santo Sepulcro y en los Santos Lugares de la Pasión», escribe el Patriarca, que reconoce que, aunque la preparación personal ha continuado, la comunidad cristiana ha perdido el itinerario comunitario hacia la Pascua.

Una Semana Santa día a día

El Cardenal Pizzaballa no oculta la incertidumbre que domina la situación. «No es posible proporcionar indicaciones definitivas para los próximos días», advierte, y señala que la coordinación con las autoridades competentes y las demás Iglesias cristianas obliga a improvisar «día a día».

Lo que ya es seguro es la ruptura del calendario litúrgico habitual. La procesión del Domingo de Ramos, uno de los actos cristianos más visibles e internacionalmente reconocidos de Jerusalén, queda cancelada. En su lugar se celebrará «un momento de oración por la ciudad de Jerusalén, en un lugar a determinar». La Misa Crismal, punto focal de la unidad diocesana, se pospone «a una fecha por determinar, tan pronto como la situación lo permita, posiblemente dentro del tiempo pascual». El Dicasterio para el Culto Divino ya ha concedido el consentimiento necesario para este aplazamiento.

Las iglesias de la diócesis, no obstante, permanecen abiertas, y los párrocos y sacerdotes han recibido instrucciones de hacer «todo lo posible para favorecer la oración y la participación de los fieles en las celebraciones pascuales» dentro de las posibilidades que permitan las circunstancias.

«Una herida que se añade a tantas otras»

El Patriarca no elude el peso espiritual de la privación. «A la dureza de este tiempo de guerra, que nos afecta a todos, se suma hoy también la de no poder celebrar juntos y dignamente la Pascua. Es una herida que se añade a tantas otras infligidas por el conflicto», lamenta. Sin embargo, apela a la perseverancia y a la fe: «No debemos desanimarnos. Si no podemos reunirnos como quisiéramos, no renunciemos a la oración».

Invocando las palabras de Cristo en el Evangelio de Lucas (Lc 18,1), el Cardenal Pizzaballa pide a los fieles que recuerden la invitación de Jesús: «Orad siempre, sin cansaros nunca». Con ese espíritu, ha convocado una jornada especial de oración para el próximo sábado 28 de marzo, en la que invita a rezar el Rosario «para implorar el don de la paz y la serenidad, especialmente para cuantos sufren a causa del conflicto». Según indica la carta, el padre Francesco Patton, Custodio de Tierra Santa, ha preparado un formulario para esta oración.

«Nuestra oración, aunque físicamente distantes, es capaz de recurrir a la fuerza del amor de Dios, que nos une en espíritu de esperanza y de confianza», afirma el Patriarca, que cierra su mensaje con una declaración inequívocamente pascual: «Ninguna oscuridad, ni siquiera la de la guerra, puede tener la última palabra. El sepulcro vacío es el sello de la victoria de la vida sobre el odio, de la misericordia sobre el pecado».

El Santo Sepulcro, cerrado desde febrero

La Basílica del Santo Sepulcro, lugar tradicional de la crucifixión, sepultura y Resurrección de Jesús, permanece cerrada al público desde el 28 de febrero de 2026 por decisión de las autoridades israelíes. El cierre forma parte de restricciones más amplias sobre los principales lugares sagrados del casco antiguo de Jerusalén, incluidos el Muro de las Lamentaciones y la Explanada de las Mezquitas, motivadas por razones de seguridad ante el riesgo de ataques y la tensión en la región.

A pesar de la clausura al público, la Custodia de Tierra Santa ha confirmado que la vida litúrgica no se ha interrumpido en el interior del templo. La comunidad de frailes franciscanos presente en el Santo Sepulcro no ha dejado de llevar a cabo, de día y de noche, las celebraciones previstas, los ritos, las procesiones diarias y las oraciones litúrgicas conforme a las disposiciones del Status Quo. Con todo, la Custodia reconoce que tampoco puede anticipar qué será posible durante la Semana Santa y que mantiene un diálogo constante con las autoridades y las demás Iglesias responsables del Santo Sepulcro, al tiempo que pide oraciones «para que cesen la guerra y la violencia» y prevalezcan «el diálogo, la diplomacia y la acción política responsable».

TRIDUO CUARESMAL del Arciprestazgo de Oviedo


🙏🏻 *Conferencias Cuaresmales:*
📍 Catedral de Oviedo, 🕗 20:00h.:

🗓️ Miércoles 25:
_"Las tentaciones de Jesús"_,
por D. Julián F. Herrojo Rguez.

🗓️ Jueves 26:
_"Oración y contemplación"_,
por D. Jaime Sanz Santacruz.

✝️ *Via Crucis Arciprestal:*
🗓️ Viernes 27, 🕗 20:00h.:
Presidido por Mons. Jesús Sanz Montes,OFM.
📍 Recorrido desde la Catedral de Oviedo, hasta la iglesia de Nuestra Señora del Carmen (si el tiempo lo permite).

domingo, 22 de marzo de 2026

«Desatadlo y dejadlo andar». Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Con el V domingo de Cuaresma nos acercamos ya al final de este Tiempo. La Palabra del Señor en este día nos habla con una fuerza especial: Dios quiere sacarnos de nuestros sepulcros y darnos su Espíritu. Somos peregrinos en camino, llamados a reconocer y escuchar su voz. Él nos sigue llamando, no se cansa; nos llama a la vida. No tengamos miedo, pues Dios es el único capaz de devolver la vida. Donde nosotros vemos final, Él plantea un comienzo. Por ello la oración del salmista nos insiste: "Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa".

En la primera lectura, el profeta Ezequiel transmite una promesa extraordinaria de parte de Dios: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros, os sacaré de ellos… y pondré mi Espíritu en vosotros y viviréis”. Este mensaje fue dirigido a un pueblo que lo había perdido todo: la tierra, el templo, la esperanza. Se sentían como muertos en vida, como un pueblo agostado y acabado. También esa es, tantas veces, nuestra experiencia. Hay momentos en que nos sentimos encerrados en los “sepulcros” del desánimo, del pecado, de la desesperanza, del abatimiento ante una vida sin sentido...Y lo más peligroso es cuando nos acostumbramos a vivir así, sin ganas de luchar y como si no hubiera salida. Pero Dios dice: “Yo abriré vuestros sepulcros.” No dice: “intenta salir tú solo”, sino “yo lo haré”. La salvación no es obra nuestra, es don de Dios. Él tiene poder para devolver la vida donde parece que todo está perdido.

Y esa promesa se cumple plenamente en Cristo, pero se hace realidad en nosotros por medio del Espíritu Santo, como nos recuerda la segunda lectura de San Pablo en la carta a los Romanos. El Apóstol nos dice algo muy claro: “Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros”. Aquí hay una clave fundamental para nuestra vida cristiana; no se trata solo de portarse bien o ser buenos a secas, sino de vivir según el Espíritu. Vivir según la carne -en el sentido que usa San Pablo- es vivir encerrados en nosotros mismos, en nuestros egoísmos, en nuestros criterios puramente humanos. Es una vida qué, al final, lleva a la muerte interior. Pero vivir según el Espíritu es otra cosa, es dejar que Dios habite en nosotros, abrirnos a su gracia; es vivir como hijos de Dios. Y San Pablo añade una promesa que a menudo olvidamos: “El que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos dará vida también a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu”. Es decir; la vida de Dios ya está actuando en nosotros. No es algo sólo para el final de los tiempos. Ya ahora y aquí, en medio de nuestras luchas, el Espíritu nos está dando vida.

Por su parte, el Evangelio que la Iglesia nos presenta hoy tomado del capítulo 11 de San Juan, es uno de los pasajes más emocionantes del Nuevo Testamento: la resurrección de Lázaro. Es como un anticipo de la Pascua, una puerta abierta a la esperanza. Jesús recibe la noticia de que su amigo Lázaro está enfermo y, sorprendentemente, no va inmediatamente como sería lógico; Espera. Cuando llega, Lázaro lleva ya cuatro días en el sepulcro. Todo parece absolutamente perdido... ¿Cuántas veces en nuestra vida sentimos eso mismo? Situaciones que parecen sin solución: problemas familiares, heridas antiguas no curadas, pecados que se repiten, fe que se desmorona ante acontecimientos dramáticos y frustrantes. Como si algo en nosotros estuviera ya definitivamente “muerto”... Marta sale al encuentro de Jesús y le dice: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Es una queja; sí, pero también es un acto de fe. Y Jesús le responde con una de las frases más profundas de su predicación: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.”... No dice: “yo traigo vida”, sino “yo soy la vida”. La vida verdadera no es sólo respirar, trabajar, tener cosas; la vida es estar unidos a Cristo.

Luego ocurre algo conmovedor: Jesús llora. Dios no es indiferente a nuestro dolor. No es un Dios lejano. Llora con nosotros, sufre con nosotros. Pero no se queda en el llanto: actúa. Llega al sepulcro y grita con voz fuerte: “¡Lázaro, sal fuera!” Y el muerto sale. Este grito de Jesús no es solamente para Lázaro. Es para cada uno de nosotros: “¡Sal fuera!” de tu pecado, de tu tristeza, de tu odio, de tu falta de fe, de esa vida mediocre y gris que no te deja vivir plenamente. A veces estamos vivos por fuera, pero muertos por dentro. Y Cristo hoy viene a sacarnos de nuestras tumbas existenciales. Pero hay un detalle importante que puede pasar desapercibido: Lázaro sale, pero está atado con vendas. Entonces Jesús dice: “Desatadlo y dejadlo andar”. Dios nos da la vida, pero también quiere que nos ayudemos unos a otros a vivirla. La comunidad cristiana está llamada a desatar, acompañar, perdonar, sostener, levantar... Estamos a las puertas de la Semana Santa. Este es el momento de escuchar de verdad la voz de Cristo. No endurezcamos el corazón. Quizá hoy el Señor está pasando por nuestra vida y nos dice por nuestro nombre: “¡Sal fuera!”. No tengamos miedo. Fuera del sepulcro está la vida, está la luz, está la libertad. Que en esta Eucaristía renovemos hoy nuestra fe en Cristo, que es la resurrección y la vida, y cuando llegue la Pascua, podamos celebrar no sólo una fiesta externa, sino una verdadera vida nueva en nuestro interior.