viernes, 19 de julio de 2013

Trailer Pelicula Un Dios prohibido


¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir...

 
Atracción, seducción, encanto, embrujo, enamoramiento, deseo, apego, afecto, “ligoteo”, e incluso juego. Puede que contengan algo de amor… o puede que no. La atracción es algo que te mueve hacia otro; la seducción, que te envuelve; el encanto, que te embelesa; el embrujo, que te fascina misteriosamente; el enamoramiento, que te llena de chispa; el deseo, que te excita; el apego, que te genera adicción; el “ligoteo”, que te hace vibrar y dominar; y el juego, que te entretiene sin aparentes complicaciones. El amor es mucho más.
 
Y no hay “amores que matan”, ni “amores de barra”. Únicamente existe el amor que lo es. Lo demás está bien (o quizás muchas veces no) pero se trata de otra cosa. Casi imposible de definir. Lope de Vega decía que solo «quien lo probó lo sabe». Y puede que tenga razón. Pero quien lo ha experimentado aunque sea una sola vez, ya no se puede callar ni dejarse engañar. Tampoco le gusta que estafen a otros.
El amor no se puede exigir, se recibe; no somete, se ofrece; no asfixia, sino que da alas; no evita los problemas, da la cara; no es prepotente, porque se sabe débil; no es soberbio, se deja corregir; no se queda con una parte, porque le gusta el todo (por eso el sexo a secas le sabe a poco); no le gusta el rencor, prefiere el perdón; no escucha de pasada, guarda las cosas en el corazón… no hay diccionario que contenga su significado.
Pero… quien mira a Jesucristo, lo sabe.

Carta semanal del Sr. Arzobispo

 
Un camino que tiene meta de ida y de vuelta
 
Nuestros pies se hicieron para andar. No siempre están dispuestos para comenzar o seguir el camino hacia su destino. Y así se nos distraen, se nos despistan o se nos extravían empeñados en senderos que conducen a ninguna parte. Esta es parte de nuestra historia humana y cristiana en lo que tiene de lenta o de torpe: no haber comprendido que dentro de nosotros hay un peregrino, que somos esencialmente peregrinos. Y esto lo ha comprendido siempre la tradición cristiana cuando ha invitado a sus fieles a peregrinar fundamentalmente a tres lugares muy significativos: Jerusalén, Roma y Compostela. Con estas nos aventuramos un año más a peregrinar como Diócesis a Tierra Santa que tanto Jesús, como María y los Apóstoles bendijeron con sus vidas. Allí han quedado sus huellas que quienes acudimos en su búsqueda tomamos como hitos de nuestra andadura.
      Los casi ciento cincuenta peregrinos tuvimos una cita previa: la parroquia de Santiago del Monte, junto al aeropuerto asturiano de Ranón. Esa preciosa iglesita nos volvió a abrir sus puertas para ponernos en manos de aquel Apóstol que desde la Tierra Santa nos trajo el evangelio y la memoria viva de Jesús. Ahora éramos nosotros los que allí acudíamos peregrinando a los lugares en donde nuestra historia comenzó.
      El evangelio nos relató la subida de Jesús a Jerusalén con sus discípulos. Todo el relato de San Lucas está concebido como una especie de diario de viaje que duró toda la vida del Señor. Su nacimiento en Belén, su infancia y mocedad en Nazaret y su vida pública por doquier, eran etapas de esta subida larga que culminaría en Jerusalén dándonos la vida como nadie y para siempre.
      Pero al igual que en la subida de Jesús con sus discípulos, todos los registros de la vida están presentes en esa andadura: los momentos más hermosos que nos llenan el alma de gratitud y alegría, como los más duros que ponen a prueba nuestra confianza en la providencia de un Dios bueno. Así sucedió con ellos entonces: niños que juegan en la plaza, viudas que echan lo que tenían como limosna para el Templo, pescadores sin horizonte en su vida y pecadores empedernidos con todo su catálogo de fechorías; buscadores nocturnos como Nicodemo, pecadoras abusadas como la Magdalena, madres que va a enterrar a su único hijo o amigos entrañables como Lázaro cuya muerte conmoverá al Maestro. Zaqueos con sus rapiñas, Samaritanas con su sed profunda, Mateos en sus telonios, recién casados sin vino, centuriones con más fe que los fariseos, leprosos que fueron curados y endemoniados a los que expulsaron los demonios de sus males… ¡Cuántos nombres, cuántos rostros, cuántos llantos y cuántas sonrisas! Toda una vida humana apretada en el puño de aquellos años de subida, lenta en el paso, ligera de equipaje y rica en los encuentros que se cruzaron entre Jesús y todas sus biografías.
      Así fuimos nosotros también, así nos dispusimos sin poner precio de ningún tipo a lo que queríamos recorrer cada cual con su nombre, con su situación, con las cosas que nos arrugan con dolor o las que nos dilatan con alegría. Si no ponemos precio, significa que queremos vivir lo que el Papa Francisco dice: dejarnos sorprender por Dios en la gracia que Él nos quiera conceder, recordando o estrenando lo que tenga a bien regalarnos inmerecidamente.  
      Y así ha sido un año más. Damos gracias a Dios por todo lo vivido. Ahora nos aguarda nuestro hogar, nuestra familia, nuestros amigos. Ahí están, tal vez en el mismo sitio, los problemas, los disgustos y los desafíos. Ahora el viaje a la Tierra Santa continúa en la trama cotidiana por donde sigue pasando la vida.
                      
         + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
         Arzobispo de Oviedo

ESTA HORA

 
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jueves, 18 de julio de 2013

El Papa envía a los jóvenes el mensaje que Benedicto XVI les escribió para la JMJ de Río

 
(Efe/InfoCatólica) La XXVIII Jornada Mundial de la Juventud católica tiene como lema «Id y haced discípulos a todos los pueblos» y en el mensaje se señala que los jóvenes cristianos deben ser los primeros misioneros en el mundo, tienen que usar internet para divulgar el Evangelio y conocer la fe de forma tan precisa «como un especialista en informática conoce el sistema operativo de su ordenador».
Benedicto XVI recordó en el mensaje la última JMJ, celebrada en Madrid en agosto de 2011, a la que asistieron unos dos millones de jóvenes y exhortó a los muchachos que se encaminan a Río de Janeiro a compartir «en el continente digital, en este mundo de internet, la belleza del encuentro con Jesús y dejarse atraer por Él».
En el mensaje se señala que actualmente muchos jóvenes no ven con claridad su camino y que por ello es necesario mostrarles «que la luz de la fe es la que ilumina esa oscuridad».
«La Iglesia cuenta con vosotros. Sois los primeros misioneros entre los jóvenes, sois los que vais a recoger la antorcha de manos de vuestros mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia. Sois los que vais a formar la sociedad de mañana», subrayó.
En el mensaje se subraya que el mundo está atravesando un periodo histórico muy particular, que el progreso técnico ofrece posibilidades «inauditas» de interacción entre los hombres y la población, pero que la globalización de estas relaciones sólo será positiva y hará crecer el mundo en humanidad si se basa en el amor y no en el materialismo.
Siempre con el deseo de colocar a Dios en el centro del hombre, Benedicto XVI aseguró que el hombre que se olvida de Dios «se queda sin esperanza y es incapaz de amar a su semejante».
En tierra tradicional de misiones, como es Brasil, el Papa se preguntó en el mensaje qué significa ser misioneros hoy en día y afirmó que ante todo ser discípulos de Cristo y transmitir la fe con valentía, «enfrentándose a pruebas e incomprensiones», como en otras épocas.
Pero para poder anunciar el Evangelio es necesario -precisó- que los muchachos conozcan aquello en lo que creen.
«Tenéis que conocer vuestra fe de forma tan precisa como un especialista en informática conoce el sistema operativo de su ordenador, como un buen músico conoce su pieza musical. Tenéis que estar profundamente enraizados en la fe para enfrentaros a los retos y tentaciones de este tiempo con fuerza y decisión», señaló.
En el mensaje se exhorta a los jóvenes a llegar a todos los pueblos del mundo y se recuerda que muchos muchachos no conocen a Cristo porque sus culturas no deja espacio a Dios, otros porque aún no han conocido el Evangelio y otros «porque a pesar de haberlo recibido, viven como si Dios no existiese».
El Santo Padre les dice que deben realizar el compromiso misionero especialmente a través del campo de las comunicaciones sociales, en particular internet, y en el mundo de la inmigración.
«Sabed usar con sabiduría este medio, considerando las insidias que contiene, en particular el riesgo de la dependencia, de confundir el mundo real con el virtual, de sustituir el encuentro y el diálogo directo con las personas con los contactos en la red», afirma.
El pasado 24 de marzo, domingo de Ramos, se celebró la JMJ a nivel diocesano y el papa Francisco escribió un «tuit» en el que dijo que espera con alegría el momento de reunirse con los muchachos en Brasil.
«Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro. Os doy cita en aquella gran ciudad de Brasil», escribió.

martes, 16 de julio de 2013

De camino a Río

 
Esta es una invitación para los jóvenes de Asturias
Sí quieres formar parte de la aventura de la JMJ ,YA SABES  :
 

GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN

 
 
Prodigioso y admirable
Imán de nuestro desvelo;
Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.Salve, Reina de los, cielos,
De misericordia Madre,
Vida y dulzura divina;
Esperanza nuestra, Salve;
Nubecilla etc.Dios te Salve, Templo hermoso
Del divino Verbo en carne,
Sálvete Dios, Madre Virgen,
Pues eres Virgen y Madre;
Nubecilla etc.Volvednos, Madre piadosa,
Vuestros ojos admirables,
Y mirad por vuestros hijos,
Pues que sois piadosa Madre;
Nubecilla etc.Socorrednos, pues escucha
Que en las penas y combates
A ti suspiramos todos
En este lloroso valle;
Nubecilla etc.Mostradnos a vuestro Hijo
De Josafat en el Valle,
Piadoso, pues que nació
De ese cristal admirable;
Nubecilla etc.Rogad por vuestros devotos
A la bondad inefable;
Pues murió para salvarnos,
Por su clemencia nos salve;
Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.
V. Ruega por nos, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

ORACIÓN

Oh Dios, que adornaste a la Orden de la Beatísima siempre Virgen y Madre tuya María con el singular título del Carmelo: concede propicio que escudados con los auxilios de aquella cuya conmemoración celebramos, seamos dignos de llegar a los gozos eternos. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Así sea.