Queridos hermanos todos: Mons. Braulio Sáez, Sr. Vicario General, Sr. Abad de Covadonga, hermanos sacerdotes y diáconos. Excmo. Sr. Alcalde de Cangas de Onís y corporación municipal. Excmo. Sr. Presidente de la Junta General de Asturias, Parlamentarios autonómicos y nacionales. Sr. Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, Sra. Presidenta de FADE, Cámaras de Comercio de Oviedo y Gijón, y demás autoridades Judiciales, Civiles, Militares, Académicas, Culturales y Sociales. Miembros de la vida consagrada, seminaristas, fieles cristianos laicos. Hermanos que nos seguís a través de los medios: el Señor os dé Paz y os acompañe con el Bien.
Es hermoso nuestro valle bañado por el río Covadonga mientras el monte Auseva nos preside con majestad con la cruz de Priena en sus crestas que con piadosa reverencia se asoma al Santuario de nuestra Señora. Las campanas lanzaron al vuelo su tañido en este día de fiesta dejando en el aire la amable invitación que reúne en esta Basílica a tantos cristianos de bien que acudimos en la fecha emblemática que engalana el día de Asturias en la festividad de la Virgen nuestra Patrona. Un relato histórico que sabe de reconquistas y debemos respetar, un enclave natural bello que queremos conservar, y un rincón del alma donde tienen hueco nuestras preguntas, heridas y esperanzas. Covadonga es todo eso, así lo reconocemos y vivimos en Asturias con inmensa gratitud, con leal custodia, en este día que todos celebramos mirando a la Santina como españoles y asturianos.
Covadonga sigue siendo ese corazón de Asturias y la Santa Cueva se torna en casa encendida donde se nos conoce a cada cual por nuestro nombre y edad, se nos espera desde nuestros derroteros varios, se pone bálsamo en las heridas abiertas, respuesta a las preguntas más sinceras y horizonte a la mirada que escruta las estrellas. Lo hemos vuelto a vivir acogiendo a tantas familias: padres y madres con sus hijos a los que transmiten el regalo de la vida y de la fe. Hemos visto llegar a tantos jóvenes como los más de dos mil que celebraron las Jornadas Eucarísticas y Marianas, o los otros dos mil que peregrinaron desde Oviedo durante tres días, en ambos casos de más de 23 países; o los ochocientos jóvenes asturianos con los que subí por los bosques desde Cangas de Onís hasta la Santa Cueva el primer sábado de mayo. Una verdadera foto real de una gente sana que ama los valores que han heredado de sus mayores, y sabe situarse en medio de esta sociedad plural y compleja sin renunciar a sus convicciones ni dejarse zarandear por las tormentas.
Pero, como un contrapunto, vemos que hay en el mundo quienes minan la libertad y la convivencia poniendo cualquier precio a su insaciable ambición de poder; existen guerras declaradas de las que tenemos información cotidiana y otras que pasan desapercibidas sin lograr siquiera ser noticia. No sólo es una imagen de la humanidad actual en el espectro internacional. También en nuestros lares hemos podido comprobar que las cosas no marchan siempre como debieran, aunque se intente convencernos de que estamos en el país de las maravillas bajo el timón de la mismísima Alicia. Cuando la inseguridad crece, la convivencia se ve amenazada, la paz puede estar en entredicho o el relato impuesto no siempre responde a la verdad, tenemos entonces un verdadero problema moral que ni siquiera piadosamente podemos ignorar.
Lo hemos visto en los preocupantes acontecimientos de Ceuta. No parece tratarse de un flujo migratorio sin más, sino de riesgos que pudieran apuntar a nuestra debilidad en el panorama geopolítico y a la fragilidad de nuestras fronteras, que lo son también de Europa. No hablamos solo de pateras que vienen de modo continuo, sino de una auténtica avalancha que compromete nuestra soberanía, o de una guerra híbrida (como se ha calificado en términos técnicos) con casi ochenta mil personas -jóvenes en su mayoría- que han tomado una ciudad española dejando a su población sitiada entre el miedo, la podredumbre, la intimidación y las violaciones de menores. Tamaña tragedia se ha cobrado muchas vidas en el intento y ha dejado a ese entrañable rincón de España bajo la extorsión con muchas consecuencias diarias que hay que solucionar cuanto antes.
No son simplemente “moros en la costa” con otros turbantes que ahora nos turban, sino que esos jóvenes ocupantes son igualmente víctimas de estrategias amañadas. Tantos de ellos vienen huyendo de infiernos políticos que cercenan sus sueños de futuro al no permitirles asomarse al mañana cuando les niegan la libertad, los derechos más elementales, el trabajo, la dignidad y la esperanza. Vienen de hambrunas en las que fenecen por falta de alimentos básicos que no tienen que llevarse a su boca. Escapan de radicalismos religiosos que les sofocan la conciencia en nombre de un dios falseado y tirano que los humilla. Esto les empuja a la gran escapada pensando en España, en Europa, intentando recomenzar la vida que otros destruyen. A los países de procedencia les sale a cuenta esa tremenda estampida, como se ha demostrado en este caso, con sus chantajes con secretos bien guardados, y los cuantiosos recursos que ingresan de instituciones de España y de la Unión Europea, en vez de afrontar sus problemas que deben solucionar en sus lares.
Dijo León xiv en Canarias a los inmigrantes: «no entreguéis la existencia a quienes comercian con ella. No creáis a quienes prometen paraísos fáciles a cambio del cuerpo o de dinero, de silencio o de vuestra libertad… Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen… para las naciones de tránsito… para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas».
Y Jesús lo dijo bien claro: tuve hambre y me disteis de comer, estuve desnudo y me vestisteis, fui forastero y me acogisteis (Mt 25,35). Lo recordé hace meses en mis redes sociales: los inmigrantes tienen nuestra agradecida acogida. Pero ¿cuántos podemos asumir? lamentablemente todos no caben, aunque tengamos el deber humano y cristiano de ensanchar nuestra hospitalidad. Por eso hay que establecer medidas sensatas, no populistas ni demagógicas, para acoger a cuantos podamos pensando en su dignidad, su integración real y sus posibilidades laborales, educativas y sanitarias, ayudando a resolver los problemas en sus lugares de origen y descartando a cuantos se cuelan con intenciones perversas de toda calaña inconfesables.
En este panorama que nos deja huérfanos de esperanza oscureciendo el horizonte de paz y convivencia, apareció la paternidad del papa León xiv en su visita apostólica a España. Con él alzamos la mirada descubriendo que hay alguien que conoce nuestros nombres, que hace suyas nuestras lágrimas y con nosotros brinda por la alegría que nos levanta. Alzando la mirada descubrimos a Dios que nunca nos defrauda y nos permite seguir adelante con nuestros sueños despiertos y paz en el alma.
Lo acaba de decir el papa en el Meeting per la amicizia tra i popoli, en Rímini (Italia): «desenmascaremos las relaciones injustas de poder, que son la raíz de la pobreza y las desigualdades, de la guerra y de los desastres medioambientales… Se necesitan pioneros valientes que, empezando por su propio cambio de rumbo, hagan convincente y creíble la conversión que se exige a todos. Que no haya sólo quienes aviven el fuego del cansancio y la desesperación; ¡que haya también quienes reaviven los sueños!».
El Evangelio que se lee en la fiesta de Covadonga nos abre un horizonte de esperanza cristiana. María inicia un largo itinerario de más de 120 kms. con aquellos caminos de polvo y desierto. El arcángel Gabriel le propuso: ve a visitar a tu prima Isabel, madre como tú de un milagro. Asómate a la vida y verás que no todo es oscuro, ni torcido, ni mendaz, hay también semillas de luz, de rectitud y de verdad. Porque en el campo de la historia no todo es cizaña que nos enfrenta, nos corrompe y destruye, también hay trigos que despuntan cada mañana madurando sus granos de los que saldrán el pan tierno que nos nutre cada día. Como decía Dante: hay un amor que mueve el sol y las estrellas.
Ahí estaba el reto más desafiante: lo imposible para ti, es posible para Dios. María lo verificó cuando se encontró con Isabel: no sólo había imperios abusivos y corruptos, no sólo había decadencia ética y resignación triste, no únicamente se daba la violencia y el miedo, sino que también existía gente buena cuya bondad no tenía precio, gente verdadera cuya verdad hacía creíble la palabra dada, gente hermosa cuya belleza moral no tenía maquillaje trucado engañando a mansalva. Hay que tener ojos para verlo todo, poniendo nombre con valentía a lo que nos malea, y al mismo tiempo atisbar los rostros junto a los que maduramos como personas. Isabel tuvo un gesto precioso que testimonió ante su joven prima: al llegar a mí tu saludo, la criatura que llevo en el seno ha saltado con alegría en mis entrañas. Joseph Kentenich, sacerdote alemán fundador de Schönstatt, dirá comentando esta escena: ¿por qué nuestros encuentros no generan esa alegría? Es como decir: por qué nos evitamos hasta cambiar de acera, negarnos la palabra o herirnos de tantas maneras, incapaces de construir juntos lo que vale la pena haciendo de nuestras diferencias no armas arrojadizas sino puentes de encuentro que nos enriquecen y complementan.
Aquí estamos una buena representación de la sociedad asturiana: una muestra preciosa de una sociedad plural como la nuestra. Podemos unos y otros cavar trincheras, levantar barricadas, arbitrar condenas y manipular las cosas con mentiras, falta de respeto a la vida y a la libertad en nombre de ideologías de toda ralea. Pero también podemos unos y otros trabajar por la concordia y el bien común sin caer en el buenismo ingenuo que no sirve para nada.
Puede que sean muchas las cosas que nos resulten también a nosotros imposibles ante el duro panorama que se nos abre ante los ojos, pero no lo son para Dios. Él cuenta con nuestras manos para construir un mundo distinto, con nuestros labios para decir sin engaño palabras verdaderas, con nuestro corazón en el que palpite una bondad que no se envilece, con nuestra inteligencia para descubrir recursos que hagan de la vida un regalo sin amenazas. Este es el mensaje de María, y el que en esta festividad de Covadonga pedimos aquí a nuestra Santina. Yo lo deseo con todo el corazón. Que así sea.























































