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lunes, 7 de septiembre de 2026

125° Aniversario de la dedicación de la Basílica de Covadonga

El 7 de septiembre de 1901, las campanas del Santuario de Covadonga resonaron con una fuerza especial. Aquel día se bendijo y consagró oficialmente la Basílica de Santa María la Real de Covadonga, un templo monumental que venía a transformar para siempre el paisaje espiritual, histórico y natural de Asturias. Hoy, al cumplirse 125 años de aquel hito histórico, esta joya arquitectónica de piedra caliza rosa no solo sigue en pie de forma majestuosa frente a la Santa Cueva, sino que reafirma su posición como uno de los símbolos identitarios más potentes de España.

Un proyecto nacido de las cenizas

La necesidad de construir un gran santuario en Covadonga surgió tras el devastador incendio de 1777, que destruyó el antiguo templo de madera colgado en la roca de la Santa Cueva. Aunque inicialmente el rey Carlos III intentó levantar una gran iglesia monumental diseñada por Ventura Rodríguez, las obras se paralizaron por falta de fondos y dificultades técnicas.

Hubo que esperar un siglo para que el proyecto reviviera gracias al firme impulso del arzobispo de Oviedo, Benito Sanz y Forés. Aunque los primeros bocetos corrieron a cargo del polifacético erudito Roberto Frassinelli (conocido como «el alemán de Corao»), el diseño definitivo y la dirección de la majestuosa obra neorrománica fueron ejecutados por el arquitecto Federico Aparici y Soriano.

Integración perfecta con la naturaleza

La construcción, que se prolongó entre 1877 y 1901, supuso una titánica hazaña de ingeniería. La emblemática piedra caliza de tonalidades rosadas y vetas grises se extrajo directamente del propio monte Auseva, en las canteras camino a Peñalba. Los bloques se picaban en unos cobertizos improvisados en la explanada antes de ser encajados con precisión milimétrica en la estructura.

El resultado es un templo de una armonía visual inigualable: una nave central con tres ábsides escalonados y dos esbeltas torres gemelas en la fachada occidental que parecen nacer orgánicamente de la propia montaña, fundiendo la fe con la agreste naturaleza asturiana.

Austeridad exterior, tesoros en el interior

A diferencia de su imponente silueta externa, el interior de la basílica destaca por una sobriedad y austeridad muy cuidadas, donde la luz tamizada por las vidrieras invita al recogimiento. No obstante, alberga piezas artísticas de incalculable valor histórico, como los lienzos de Luis de Madrazo (que retrata al rey Don Pelayo en plena batalla) y de Vicente Carducho, además de una bellísima imagen de Nuestra Señora esculpida por Juan Samsó. Detrás del altar mayor, los peregrinos pueden admirar una réplica exacta de la Cruz de la Victoria elaborada por Pedro Álvarez Miranda. El conjunto musical se corona con el gran órgano instalado en el año 2001 para el primer centenario.

Un siglo y cuarto de memoria viva

Tras 125 años de historia, la Basílica de Covadonga trasciende lo estrictamente arquitectónico. Es el corazón latente de Asturias, un punto de encuentro para miles de peregrinos de todo el mundo y un recordatorio perenne de los orígenes de la región. Su aniversario —celebrado activamente por la comunidad, los cronistas oficiales e incluso plasmado en el cupón conmemorativo de la ONCE— demuestra que la «Basílica de Covadonga» sigue cumpliendo a la perfección la máxima que inspiró su creación: ser un faro de espiritualidad que custodia de forma eterna el paisaje de los Picos de Europa.

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