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domingo, 15 de febrero de 2026

"No he venido a abolir, sino a dar plenitud". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Estamos a punto de interrumpir el Tiempo Ordinario; este domingo VI nos vemos ya casi a las puertas de la Cuaresma, que iniciaremos este próximo miércoles de ceniza. No retomaremos el Tiempo Ordinario hasta pasada la Solemnidad de Pentecostés. En el domingo de hoy la Palabra de Dios quiere ir preparando ya nuestro corazón para esta etapa de gracia que nos disponemos a vivir como recogimiento interior camino de la Pascua. El salmista nos ha dicho: "Dichoso el que camina en la ley del Señor"; que también se traduce como "en la voluntad del Señor". Y es que a veces nos ocurre que queremos imponer nuestra voluntad, y se nos va la vida en ese empeño: que en la comunidad de vecinos se hagan las cosas así o que en la Parroquia se hagan las cosas asá; que el gobierno vaya por este camino o el Obispo por el otro... Y perdemos de vista lo que Jesús nos recordará hoy en el evangelio: "cielo y tierra pasarán, pero tus palabras no pasarán ". Esta debe una nuestra clave esencial de vida, lo cual no significa que los cristianos no tengamos que implicarnos en un mundo mejor, al contrario. Como diría la Madre Teresa de Calcuta, el océano sería menos océano sin la gota que cada uno aportamos, pero, lo realmente importante para nosotros es construir el reino que no se ve: el interior, del Espíritu y su reinado que no es de este mundo, pero que ya ha comenzado entre nosotros.

San Pablo continúa en su ardua predicación a los Corintios, donde el Apóstol experimenta que los mayores opositores que encuentra son precisamente los "sabios"; no sólo los filósofos, también los entendidos de otras religiones se creen en posesión de la única verdad y ven en la predicación de Pablo a un contrincante. Pero el Apóstol no se enfrenta a ellos debates filosóficos ni argumentaciones elevadas, pues es consciente de que debe darles a conocer lo más grande que ha encontrado en su camino: Jesucristo. Evidentemente que anunciar a Cristo en Corinto fue muy complejo: ¿cómo presentar como Mesías a un hombre que murió en una cruz? ¿De qué sabiduría nos hablas que nosotros no conozcamos?... San Pablo no se anda por las ramas: "enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria". Una sabiduría que no viene de capacidades propias, sino del Espíritu; una sabiduría diferente, que es la novedad que trajo Cristo. Una sabiduría para vivirla aquellos que quieren ser de Jesús, los que quieren ser Santos, los que tratamos de responder a la invitación del Maestro buscando la perfección, como nuestro Padre lo es.

Por su parte la primera lectura del libro del Eclesiástico nos habla del misterio del pecado frente a la libertad del hombre. Es un tema muy presente en nuestro día a día: la evidencia que el mal existe, actúa y no descansa, frente a la evidencia que Dios pudiera parecer indiferente a las actuaciones del maligno. El autor del texto es sencillo a la hora de abordar la libertad de cada cual y a la hora de decidir: "El te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras. Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera". Lo de elegir agua o fuego está bien claro, cada cual es autónomo para elegir hacer el bien o el mal. Pero, lo de muerte o vida nos suena un poco más raro: ¿podemos elegir morir o vivir?. A alguno le sonará a esa frase de "Tolkien" en "El Señor de los anillos": "Muchos de los que viven merecen la muerte. Y algunos de los que mueren merecen la vida"... Ciertamente, en nuestro mundo hay personas que no quieren vivir y no les queda otra que seguir adelante, y otros que experimentan que la vida se les escapa entre los dedos como agua, pero no se quieren morir. En mi pueblo un señor mandó poner en la lápida de su nicho: "muero en contra de mi voluntad"... Pero las palabras del Eclesiástico las interpretamos a la luz de Jesucristo Resucitado, por eso podemos elegir entre morir y vivir, pues sabemos que "si con Él morimos, con Él vivimos".

El evangelio de hoy es la conclusión del "Sermón de las Bienaventuranzas" que nos lleva acompañando tres domingos. Hoy concluimos su lectura, que es todo un catecismo de vida y hoja de ruta para el creyente. En este tramo de su predicación Jesús quiere dejarnos claro que la justicia cristiana no es la judía, pero que su estilo y ser no es tampoco el de un antisistema. Las palabras del salmista suenan de nuevo: "el que camina en la ley del Señor ". Y es que Jesús deja claro un principio inamovible: "no creáis que he venido a abolir la ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud"... Nuevamente el Señor nos descoloca, pues llega a especificar que ha de cumplirse "hasta la última letra o tilde"; en hebreo hasta la última "iota"; es decir, hasta el más mínimo signo ortográfico. Esta es una gran reflexión ante la Cuaresma que vamos a iniciar, y es que Dios no nos pone normas para hacernos infelices, sino que sólo seremos felices si nuestros pasos transcurren por donde espera el Señor que vayan. Jesús no viene a abolir la enseñanzas antiguas, sino que nos las presenta desde una doctrina tan sublime, que hasta llega a pedirnos amar a quienes nos odian. Jesucristo, plenitud de la revelación, nos descubre la intimidad del Padre, y lo que quiere el Creador para nosotros. Una buena frase para interiorizar  y reflexionar en la oración esta Cuaresma sería ésta: "Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva".

El Jesús que descubrimos en el evangelio de este domingo no es un Nazareno "light", no es un Jesús "hippie" ni un Cristo "setentero". Es hora ya de dejar de vivir anclados en clichés trasnochados y desfasados, que sólo aportan amargura e infelicidad. Qué triste es ver personas que se dicen cristianas y que viven en una maquinación continua y constante, pues les hierve la sangre que las cosas no vayan en la dirección que ellos desean. El evangelio de este día desmonta esos castillos de naipes, y nos plantea un interrogante: ¿Cuándo voy a dejar de hacer y pensar todo en función de lo que yo quiero y deseo para empezar a preguntarme qué pensará Dios de esto o aquello? ¿Qué me dice a mí cada día su Palabra? ¿Qué me dice y pide la Iglesia?... Y es que a veces queremos ser cristianos de menú libre: soy muy católico pero defiendo abiertamente el aborto; soy muy cristiano pero lo que la Iglesia enseña no lo comparto; yo comulgo con Dios pero no con los curas ni los obispos... Jesús es claro en sus palabras de este día, no sólo con incumplir, sino que los que enseñan su mensaje como no es, ese "será el menor importante en el reino de los cielos", que es algo así como decir: ¡Atenerse a las consecuencias! Por eso cuidado con las modas, las corrientes, las ideas anticristianas etc. El demonio llega a nosotros por muchos medios y canales para decirnos: ¡Disfruta! ¡No hagas caso! ¡Pásalo bien! ¡No te confiesaes! ¡Odia! ¡Critica! ¡No ames!... De cuántas cosas nos advierte hoy el Señor que nos llevan a la perdición: el rencor, los pleitos, el adulterio o el jurar... Todo el Sermón es con dos vías: "Habéis oído que se dijo", frente a "pero yo os digo". Ó, "el que se salte", ante "pero quien los cumpla"... Que nuestra fe se muestre también en nuestro mirar y en nuestro actuar; lo que tenemos que sacar no es el ojo, sino los prejuicios con que tantas veces miramos; esas personas que como coloquialmente decimos "no nos entran por el ojo", aunque nos hayan hecho algo o igual nada, pero que sencillamente no digerimos. Igualmente nuestra mano, una mano que no es capaz de tenderse al otro, de ayudar, de regalar paz, esa mano no es la de un seguidor de Cristo, por eso advierte el Señor sobre ir a parar a la "gehenna". La "gehenna" era el basurero de Jerusalén, un quemador de vertidos, y también un sinónimo del infierno. Quiero quedarme también y trasladaros la última petición del evangelio de hoy: "Que vuestro hablar sea si, sí; no, no"... No seamos tibios, no vivamos con doble discurso, sino con autenticidad e ideas claras en nuestra fe.

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