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viernes, 30 de enero de 2026

Tiempos recios. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M.

(El Debate) Corren «tiempos recios». Así decía nuestra gran andariega abulense mucho antes de que Mario Vargas Llosa escribiese su novela titulada homónimamente describiendo una historia de conspiraciones internacionales e intereses encontrados, en los años de la Guerra Fría en la Guatemala de los años 50, Santa Teresa de Jesús lo describe en el Libro de la Vida (c. 33) describiendo una época de crisis, persecución y grandes cambios, que ponían a prueba la esperanza de todo un pueblo.

Tiempos recios son también los nuestros, y parece que andan nerviosos algunos mandamases, ante la escalada de problemas que les suscitan sus malas gobernanzas. No simplemente se lamentan infortunios fruto de catástrofes imprevisibles de la naturaleza misteriosa, sino que también tantos se hacen cruces por una pésima gestión de esas vicisitudes, por una falta de previsión responsable y, sobre todo, por un indolente desvío de recursos para otro tipo de pagos ajenos a las necesidades de la gente. Es fácil (y tremendo a la vez) el juego de palabras cuando ante los sucesos acaecidos en el accidente ferroviario de Córdoba, haya personas que digan con dolor y encono: se abandonó el mantenimiento ferroviario de las vías y sus traviesas, para mantener los desvíos inmorales y el pago de sus amigas traviesas. Sabido es cómo se colocaron nominalmente a señoritas cuyos servicios de catre se pagaban con el erario público, incluso teniendo como currículo una simple fotografía de lencería picarona sin ninguna preparación técnica ni cultural, o colocando por enchufe ideológico a personas ineptas para un responsable trabajo al servicio de la sociedad desde un trabajo de funcionario estatal.

Es tal el despropósito y tan terribles las consecuencias, que se está pagando un alto precio por este vacío en la gobernanza real de un país, en donde todo gira en torno al atrincheramiento de algún psicópata del poder, enrocado a cualquier costa en su poltrona y galvanizando sin escrúpulos su deriva y la de sus allegados por vínculo familiar o incondicionalidad ideológica.

De ese modo asistimos a cesiones y concesiones arbitrarias a los habituales compinches que entienden que este período de vacas flacas es el escenario ideal para sacar tajada ante la debilidad totalmente vulnerable de unos gobernantes que no tienen norte, ni brújula, ni mapa, sino el único objetivo de seguir en las prebendas de un poder pagando el safari de los socios que sin recato exigen cualquier cosa como condición del mantenimiento del trono y el cetro del mecenas de sus caprichos y pretensiones.

En un Estado de Derecho, los Presupuestos Generales son siempre la ley más importante que un gobierno promulga cada año y determinan su política en la mayor parte de los ámbitos, siendo la base sobre la que se moverá la economía del Estado cada año, fijando los dos grandes principios de una buena gobernanza: la estabilidad presupuestaria y la sostenibilidad financiera. De no existir tales presupuestos, entonces se da pie al descontrol improvisador que va desde el desvío de fondos para oscuros fines, a la financiación de ocurrencias que tienen como destino el favor de los protegidos incondicionales en el campo social, sindical, político o mediático. Sale barata la pólvora cuando la factura de la cacería se pasa al rey, es decir al erario público de todo un pueblo asaeteado por impuestos tan mal administrados.

Para camuflar todo esto, surgen medidas estrella que no tienen ninguna demanda, escándalos ficticios señalando a personas, instituciones o colectivos con los que entretenerse o ensañarse como espantajos de la distracción masiva. Así podríamos ver tantos y tantos anuncios de acuerdos y de resoluciones que no tienen ningún fuste, que no solventan ningún desaguisado, que no despejan ninguna duda, que no reparan ninguna abismal fractura, mientras el carrusel del bulo oportunista sigue su relato brindando al sol.

No corren buenos momentos cuando hemos de lamentar este modo inane y vacío de llevar tan trivialmente las riendas de una sociedad por gente que no tiene más altura de miras que su hedonista mediocridad tan henchida de poder, de placer y de pasta, parafraseando a Thomas Stern Eliot. Pero sabemos que un pueblo maduro sabe esperar la deseada alternativa (que no alternancia) de los indignos, cumpliéndose la frase atribuida al ex presidente de Estados Unidos, Abraham Lincoln: «Puedes engañar a todas las personas una parte del tiempo y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todas las personas todo el tiempo». Llegará un momento, en el que los desengañados expresarán cívica y responsablemente la vuelta a la cordura, a la honestidad, a la verdad, a la paz y al bien de nuestro pueblo. En «tiempos recios, amigos fuertes de Dios», decía la expresión completa de Santa Teresa. Por eso, en este momento de incertidumbre, se pide una clarividencia madura y libre, para no cejar desde la fe y la confianza, en alumbrar un tiempo mejor, cada uno desde su atalaya y su responsabilidad.

Fr. Jesús Sanz Montes,
Arzobispo de Oviedo

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