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lunes, 5 de enero de 2026

La Fundación DeClausura lanza su segunda campaña para que 80 monasterios «no pasen tanto frío»

(InfoCatólica) La Fundación DeClausura ha puesto en marcha por segundo año consecutivo la campaña «Que no pasen tanto frío», una iniciativa solidaria que busca recaudar 100.000 euros durante el mes de enero para ayudar a 80 monasterios y conventos de toda España a hacer frente a los gastos de calefacción durante los meses más duros del invierno.

España continúa siendo «la reserva espiritual de Europa»: a pesar de la crisis vocacional, nuestro país alberga cerca de un tercio de los monasterios de clausura de todo el mundo (25-30%), según datos de la Conferencia Episcopal.

Edificios históricos con graves problemas de climatización

Los conventos y monasterios españoles presentan características arquitectónicas que hacen especialmente difícil su climatización. Muros espesísimos de piedra vista, ventanales muy finos sin aislamiento y techos altos como catedrales conforman la combinación perfecta para que resulte casi imposible calentar las estancias donde residen centenares de monjas, muchas de ellas de avanzada edad.

«Pasillos, refectorios, salas de trabajo, capillas, celdas, salas de estudio permanecen durante meses a temperaturas muy bajas», explican desde la fundación. A estas deficiencias estructurales se suman problemas continuos de humedad y ventanas antiguas de un solo cristal que agravan la situación.

Sistemas de calefacción precarios y decisiones difíciles

Las comunidades contemplativas recurren a sistemas de calefacción anticuados y poco eficientes por ser lo único que pueden permitirse económicamente. Algunas disponen únicamente de estufas de propano o butano, mientras que otras utilizan gasóleo almacenado en grandes depósitos que deben rellenarse varias veces al año. Solo unas pocas comunidades, situadas en ciudades, tienen acceso al gas natural canalizado. En algunos casos se emplean estufas o calderas de pellets o, todavía hoy, estufas de leña.

«Muchas comunidades contemplativas evitan encender la calefacción para reducir gastos. El frío que soportan es difícil de imaginar y puede afectar seriamente a su salud», aseguran desde DeClausura. Durante el invierno, el gasto de la calefacción se suma a otros costes inevitables como el mantenimiento, las reparaciones y los arreglos necesarios, por lo que la decisión suele ser siempre la misma: reducir el único gasto «evitable», encendiendo la calefacción lo mínimo posible.

Muchas celdas o habitaciones no cuentan con radiadores ni con ningún sistema de calefacción, salvo las de las hermanas mayores o enfermas. Como resumen gráfico de esta situación, algunas comunidades lo expresan con claridad: «El convento es como una nevera».

Limitaciones del mercado energético

Las comunidades monásticas enfrentan una desventaja adicional al no poder acogerse al mercado regulado de luz o gas, reservado a hogares o pequeñas empresas con baja potencia contratada. Sus gastos energéticos se suman a otros costes fijos de su vida diaria, como la Seguridad Social, la alimentación o el mantenimiento de edificios y maquinaria.

Impacto directo en la salud

Pasar frío de forma continuada tiene consecuencias directas en la salud de las religiosas. En los monasterios son frecuentes las enfermedades respiratorias como gripes, catarros, bronquitis o pulmonías, así como los problemas en huesos, articulaciones y piel, entre ellos artritis, osteoporosis o sabañones.

Resultados de la primera edición

El año pasado, en la primera edición de esta campaña de micromecenazgo, la fundación logró alcanzar los 68.500 euros, que permitieron ayudar a 64 comunidades contemplativas, lo que supuso una ayuda media de 1.070 euros por convento.

La campaña impulsada por la Fundación DeClausura no pretende eliminar completamente el frío, algo imposible en muchos de los monasterios, pero sí aliviarlo. Se trata de una ayuda que puede marcar la diferencia en la calidad de vida de monjas y monjes durante los meses más duros del año.

La Fundación DeClausura es una entidad sin ánimo de lucro al servicio de las comunidades monásticas de España, donde se concentra el mayor número de cenobios del mundo.

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