Ración doble de agua en Lugones
Los animales que trajeron los vecinos para recibir la bendición por San Antonio Abad, cada año más numerosos, sufrieron la lluvia en el exterior de la iglesia de San Félix
Lugones, Manuel NOVAL MORO
Los
animales fueron bendecidos ayer por partida doble en Lugones: recibieron la
bendición de la fiesta de San Antonio Abad en la iglesia parroquial de San
Félix, y también la de la lluvia que se puso a caer poco después de que empezase
la ceremonia. Lugones celebra desde hace unos años esta bendición de los
animales que convoca a cada vez más fieles que quieren que las bondades del
cielo alcancen a sus mascotas.
En la mañana de ayer, los asistentes al acto de bendición se vieron obligados
a apresurarse con la lluvia, pero todos se fueron satisfechos. En el exterior de
la iglesia parroquial resonaban especialmente los ladridos. No es de extrañar,
pues los perros son las mascotas que más abundan. Allí estaban tres jóvenes de
Lugones que repetían bendición con sus mascotas: Brenda Arias, con "Cazu"; Carla
Feito, con "Sel", y Marina García, con "Rocky". Los perros, debido a su
condición y a las circunstancias -el exterior de la iglesia estaba muy
concurrido de animales, no todos de especies amigas- se mostraban todavía
inquietos una vez que había concluido la ceremonia. "Venimos todos los años,
nunca fallamos", aseguran sus dueñas. El párroco de Lugones, Joaquín Manuel
Serrano, ofició la bendición. Junto a la estatua del santo, roció con agua
bendita a todas las mascotas que le acercaron. Y recibieron el agua, entre
atónitos e inquietos, animales de lo más variopinto. Perros, por supuesto, y
gatos, pero también gallinas, hámsters, conejos y tortugas. Hasta hubo quien
pidió más agua, esta vez bendita, para sus peces.
José Montes acudía a la bendición con su mascota "Pancho", un hámster que
tiene desde hace un año y medio. "El año pasado me enteré tarde de que había la
bendición y me dio rabia; esta vez estaba al tanto y no me lo quise perder",
explicó. En cuanto a la razón por la que acude a la ceremonia, dice que "yo no
es que venga mucho a misa, pero este tipo de cosas me gustan: no sé si le hará
bien, pero seguro que mal no le hará".
Había razones para todos los gustos, aunque, como es lógico, la mayoría de
los dueños de las mascotas eran creyentes y practicantes. Y todos sin excepción
se fueron satisfechos, porque detrás de aquel acto estába el cariño hacia sus
animales.
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