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viernes, 6 de marzo de 2026
jueves, 5 de marzo de 2026
«La Iglesia no necesita ser reconstruida; necesita santos»: el Cardenal Sarah ofrece en '2050' un diagnóstico espiritual de Occidente
(JDD/InfoCatólica) «Los cristianos no pueden callarse ante esta guerra que se declara contra la familia por parte de las fuerzas mediáticas y legislativas. El silencio sería una traición.» Con esta advertencia, el Cardenal Robert Sarah, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino, sitúa la defensa de la familia en el centro de su nuevo libro 2050, publicado por Fayard y construido como un largo diálogo con el escritor Nicolas Diat sobre el porvenir de la Iglesia y de la civilización occidental. Ha concedido una entrevista a JDD sobre el libro.
Un pontificado que vuelve a poner a Dios en el centro
En el libro, el Cardenal Sarah no oculta su alegría ante el inicio del pontificado del Papa León XIV. Pero su entusiasmo es teológico, no sentimental. «Un pontificado no se mide ante todo por decisiones disciplinares o inflexiones pastorales, sino por su capacidad para poner a Dios en el centro», explica. Cuando el Papa habla de adoración antes que de organización, de conversión antes que de estrategia, la Iglesia recupera su eje, sostiene. «Donde Dios es puesto de nuevo en el centro, renace la paz. Donde la doctrina se expresa sin ambigüedad, las almas turbadas vuelven a encontrar una brújula.»
Esta convicción articula toda la obra. Para el Cardenal Sarah, la crisis actual de la Iglesia es ante todo espiritual y doctrinal, y tiene una raíz identificable: la tentación de medir a la Iglesia con criterios del mundo. «La Iglesia es mal comprendida porque se la juzga a partir de categorías profanas: eficacia, representatividad, inclusión, gobernanza», señala. Frente a esa lógica, recuerda con firmeza que la Iglesia no surge del mundo, sino que es enviada para salvarlo. «Siempre será signo de contradicción. No necesitamos una institución mundana más.»
La precisión doctrinal como acto de caridad
El purpurado dedica un tramo significativo del diálogo a lo que denomina «crisis de vocabulario», que a su juicio precede siempre a una crisis de fe. «Nombrar la esencia es salvaguardar la sustancia», afirma. Y avisa: «La confusión no es nunca pastoral: es siempre destructora.»
Esta exigencia de claridad se extiende también al diálogo interreligioso. El Cardenal Sarah distingue con precisión entre respeto y relativismo. La Iglesia puede reconocer las semillas de verdad presentes en otras tradiciones, indica, pero «proclama que la plenitud de la Revelación está en Jesucristo». Por eso, «dialogar no significa relativizar. Callar a Cristo sería una infidelidad».
La unidad de la Iglesia, por su parte, no puede cimentarse en el particularismo doctrinal. El purpurado denuncia en el libro la tendencia de algunas iglesias locales a interpretar la fe a través de categorías nacionales o ideológicas. «La unidad está fragilizada por el relativismo doctrinal. Cuando se exalta la diferencia en detrimento de la comunión, la catolicidad se fragmenta», escribe.
«Ninguna vida humana puede considerarse indigna»
La entrevista aborda igualmente la presión legislativa en favor de la eutanasia y el suicidio asistido, particularmente en Francia. El Cardenal Sarah ve en estas iniciativas la expresión de un orgullo que pretende arrogarse la decisión sobre el valor de una vida humana. «La eutanasia manifiesta la pretensión desvergonzada del hombre de decidir el valor de una vida. Ninguna vida humana puede considerarse indigna», afirma. Y añade con dureza: «Los enfermos necesitan compasión, no eliminación. ¿Qué decir de una cultura que solo les propone la inyección horrible y fría del veneno?»
Para los creyentes, recuerda, la muerte no es un punto final sino un umbral. «Si Cristo ha resucitado, la muerte es un paso. Nos toca ayudar a nuestros hermanos a cruzarlo.»
La familia, inscrita en la creación
Es en la cuestión de la familia donde el Cardenal Sarah endurece más el tono. Deplora lo que llama «el extraño silencio» de la Iglesia ante las transformaciones legislativas y culturales en curso, y apela directamente a los católicos a romperlo. «La familia está inscrita en la creación. No es una construcción arbitraria», escribe. Y prescribe la actitud que corresponde: «Los católicos deben testimoniar con dulzura, pero sin ambigüedad. La verdad dicha con amor es la única caridad auténtica.»
Una crisis de esperanza detrás de la caída demográfica
El libro cierra con una reflexión sobre la crisis de natalidad europea, que el Cardenal Sarah no analiza como un fenómeno sociológico aislado, sino como síntoma de una crisis más profunda: la pérdida de la esperanza. «Solo los corazones confiados en la Providencia y liberados de la dictadura del materialismo pueden desear transmitir la vida», argumenta. «Una civilización que renuncia a Dios renuncia a vivir, porque ya no sabe por qué debe durar.»
La conclusión del Cardenal Sarah es consecuente con toda su trayectoria: el futuro de la Iglesia no depende de reformas institucionales ni de estrategias pastorales. «El futuro de la Iglesia depende no de las estrategias, sino de nuestra santidad.»
Nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe: ‘Cor ad cor loquitur’, el corazón habla al corazón
(C.E.E.) La Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha publicado una nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe que lleva por título Cor ad cor loquitur —el corazón habla al corazón—, en referencia al lema cardenalicio del «recién declarado doctor de la Iglesia, san Juan Enrique Newman». En él se encierra el tema central de la nota doctrinal, que la vida espiritual y el encuentro con Dios «afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva». Esta nota fue aprobada por la Comisión Permanente en su última reunión, celebrada los días 24 y 25 de febrero en Madrid.
Para leer el documento pincha aquí:
miércoles, 4 de marzo de 2026
«Busca la santidad», una campaña nacional para el 8M que reivindica cinco grandes figuras femeninas de la historia
(InfoCatólica) Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) sale a la calle con una campaña de marquesinas que propone a la Virgen María, Santa Mónica, Isabel la Católica, Juana de Arco y Teresa de Calcuta como modelos vivos de grandeza femenina, y lanza una invitación directa: buscar la santidad como camino de autenticidad y transformación personal.
Cinco figuras, una sola convicción
La campaña, bautizada bajo el lema «Busca la santidad», articula su mensaje en torno a cinco mujeres cuya huella atraviesa épocas, culturas y ámbitos de responsabilidad radicalmente distintos, pero que comparten una misma fuente de sentido.
La Virgen María abre el recorrido como modelo por excelencia de confianza, humildad y fortaleza. Su grandeza, sostiene la ACdP, no nace del poder visible, sino de la fidelidad silenciosa y de la entrega total a una misión.
Le sigue Santa Mónica (siglo IV), cuya historia muestra que la santidad puede ejercerse desde la discreción del hogar con consecuencias históricas de primer orden: sus años de oración incesante por la conversión de su hijo Agustín desembocaron en uno de los pensadores más influyentes del cristianismo.
En el terreno de la responsabilidad pública emerge Isabel la Católica (1451-1504), reina de Castilla y figura decisiva en la configuración política de España. Su impulso a la empresa americana y su sentido de misión histórica estuvieron profundamente marcados por su fe, integrando convicción religiosa y acción de gobierno en un momento clave para Europa.
Valentía y servicio radical
De forma distinta, pero no menos decisiva, Juana de Arco (1412-1431) encarna la valentía y la fidelidad a la propia conciencia. Siendo apenas una adolescente campesina, lideró tropas francesas en la Guerra de los Cien Años, movida por su fe, y murió con solo diecinueve años. Su canonización posterior la convirtió en símbolo universal de coraje moral frente a la adversidad.
Cierra el quinteto Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Misioneras de la Caridad, que dedicó su vida al cuidado de los más pobres en la India. Su servicio radical y silencioso fue reconocido internacionalmente con el Premio Nobel de la Paz, entre otros galardones.
El mensaje que vertebra la campaña es que la santidad no es una meta reservada a figuras excepcionales, sino una vocación universal que puede vivirse en cualquier circunstancia. Si estas mujeres, tan distintas entre sí, transformaron su tiempo aspirando a ella, también hoy cualquier mujer, y cualquier hombre, puede buscar esa plenitud en la familia, en el trabajo y en el compromiso con la sociedad.
martes, 3 de marzo de 2026
Sor Rosario Soto Álvarez, la religiosa gijonesa que hoy ha cumplido 112 años. Por R. H. M.
Hoy 3 de marzo ha soplado velas Sor Rosario Soto Álvarez A.C.I. Nacida en el barrio de La Arena de Gijón tal día como éste de 1912. Actualmente es la segunda persona más longeva de España, y la religiosa de mayor edad en el mundo. Creció en el seno de una familia muy piadosa, en un hogar próximo a la Plaza del Parchís. Fueron seis hermanos, de los cuales uno fue sacerdote diocesano, otro jesuita, tres religiosas, y María Luisa, la hermana soltera que vivió siempre muy vinculada a la basílica del Sagrado Corazón de Gijón. Varios de sus hermanos murieron muy jóvenes; el sacerdote diocesano y las otras dos religiosas fueron llamados por el Señor a su presencia con menos de treinta años; una de sus hermanas apenas había terminado el noviciado. Figura clave en su vida fue su hermano jesuita, el P. Manuel Soto Álvarez S.J., un hombre de Dios que marcó a muchas generaciones de gijoneses. El Padre Soto fue durante muchos años el capellán de la Comunidad de Clarisas del Monasterio del Sagrado Corazón de la Universidad Laboral de Gijón (hoy sede de la TPA). Siempre con su sotana a paso ágil por la ciudad, hasta que un "ictus" le dejó muy tocado y tuvo que ser trasladado a la Enfermería de la Compañía de Jesús en Villagarcía de Campos (Valladolid), donde murió.
Charo sintió la llamada del Señor, y queriendo imitar los pasos de su hermano Manuel, ingresó en la Congregación de Esclavas del Sagrado Corazón, al igual que sus hermanas. Las Esclavas que fundó Santa Rafaela María en 1877 es una de las muchas familias religiosas cuyo carisma está marcado por la espiritualidad ignaciana. La Madre Fundadora dio mucha importancia a la mística de los ejercicios espirituales y la devoción al Corazón de Cristo, como bases para vivir el amor y la reparación. A pesar de sentir pronto la vocación, Rosario tardó en dar el paso de ingresar en la vida consagrada, pues le entristecía tener que dejar a su hermana soltera sola, en aquellos años arto difíciles. Finalmente, en 1940 pasada ya la guerra civil ingresa en el Postulantado de Loyola a sus 26 años; en aquel momento la denominaron ''vocación tardía''. Hizo después el Noviciado en Azpeitia (Guipúzcoa).
Ha dedicado la mayor parte de su vida a la Iglesia, nada menos que 86 años hasta la fecha. Su trayectoria está marcada por el servicio y la fe, habiendo vivido la mayor parte de su vida consagrada en Oviedo. Ella siempre tuvo ilusión por haber sido destinada a una misión difícil, a África u otro país lejano; sin embargo, supo dar lo mejor de sí en su Asturias querida, donde la obediencia la situó. Primero se le encomendó servir en el campo de la docencia, siendo destinada a la Comunidad de la Calle González del Valle, donde la Congragación tuvo durante muchos años su colegio; a partir de 1979 se apostó por una residencia universitaria femenina en dicho lugar. Sor Rosario fue destinada después a la Comunidad de Latores, localidad a las afueras de Oviedo donde la Congregación regenta la Casa de Espiritualidad Santa María del Aramo. Con noventa años aún se desplaza de Oviedo a Gijón para cuidar de su hermana que también era mayor, lo que causaba admiración. En el año 2005 fue trasladada a la Casa para Hermanas Mayores que las Esclavas tienen en Santander; tenía entonces 91 años de edad. Como buena asturiana no falta una manzana en su desayuno, le encantan los bollos preñaos y no necesita ayuda para comer, dejando a todos boquiabiertos por cómo no se le escapa un garbanzo ni se le resiste un filete. Fue autónoma prácticamente hasta los 109 años en que en una caída le fracturaron una cadera y la dejaron en la silla de ruedas, con la que ahora se desplaza. Para sorpresa de todos, ha seguido siendo la misma a pesar de no poder volver a caminar: optimista, alegre, piadosa, siempre preocupada por el otro en lugar de sí misma, etc. Actualmente sigue siendo un ejemplo de lucidez y serenidad para sus hermanas y para el personal que la cuida.
Religiosa acogedora y amiga de la escucha, su corazón sigue latiendo con fuerza a sus 112 años porque siempre ha querido vivir en el corazón de Jesús, lugar de encuentro, haciendo suya la recomendación de San Ignacio de Loyola de pedir "conocimiento interno del Señor para más amarle y seguirle". Mantiene una lucidez mental envidiable, una memoria de libro y unas constantes vitales fuera de lo común. Aún hace dos meses superó con toda fortaleza una anemia ferropénica. En una revisión reciente, Sor Rosario tenía 130/70 de tensión arterial y 68 de frecuencia cardiaca: ¿Cómo es posible?... Pienso que entrando y viviendo en los sentimientos del corazón de Jesús, donde ella ha sabido configurar toda su vida, afectos y esfuerzos. Mujer de vida eucarística, de reparación y reconciliación, en medio de un mundo herido. Santa Rafaela María decía que «Nuestro corazón no puede limitarse a un número reducido», la Madre Fundadora se refería a que hay que darse a todos; en el caso de Sor Rosario Soto creo que ha cumplido toda expectativa. Recientemente le han otorgado la distinción de socia de honor de APACOR, la Sociedad Española de Pacientes del Corazón y Longevidad.
Su caso ha despertado el interés de expertos en salud y bienestar. Recientemente, el doctor Manuel de la Peña, reconocido especialista en longevidad, destacó su figura tras un encuentro personal con ella. Entre los factores que se atribuyen a su envidiable estado a los 111 años, se encuentran "la paz Interior". Sin duda, una vida dedicada a la espiritualidad le ha proporcionado una notable estabilidad emocional. También le favorece en la vida comunitaria, pues el apoyo y la interacción constante en su entorno religioso actúan como un factor protector contra el deterioro cognitivo. A pesar de su discreción habitual, su longevidad la ha convertido en un símbolo de esperanza y un referente sobre el envejecimiento saludable, donde se documenta su reciente hito de edad. Preguntada sobre el secreto de su longevidad, ella saca a relucir un dato curioso, y es que tuvo un tío sacerdote que llegó a cumplir 107. Está claro que la fe y la buena genética han florecido en su familia...
¿Cómo muere una monja de clausura? Las últimas horas de la dominica que conmueve las redes
(Rel.) Son las diez de la mañana de un jueves cualquiera del mes de febrero de 2026. Sor Virtudes está malita en el hospital, tiene 88 años y, a pesar del cáncer que le detectaron hace meses, tiene una vitalidad que sorprende a todos los que pasan por su habitación. Las enfermeras le tienen auténtica devoción, y hasta se le acercan otros pacientes con sus familias para charlar.
En un momento dado, la anciana pide a su fiel escudera –otra hermana de su mismo Monasterio de Santo Domingo de Caleruega (Burgos, España)–, que coja el teléfono porque quiere grabar un audio, un último audio. La compañera le da al play y la anciana, con un ánimo tan entusiasta que llega a conmover –para los definitivos días a los que, presumiblemente, se tiene que enfrentar–, comienza a decir:
"Hola, soy sor Virtudes. Solo quiero mandarte un abrazo grande, grande, desde el hospital. Quiero despedirme de ti, ¡hasta el cielo, maja, allí te espero!, y allí cantaremos todas juntas las alabanzas del Señor".
Unos días después. Es 25 de febrero de 2026.
El vídeo de una monja anciana hablando de su relación con Dios, grabado por el fotógrafo David Naval, se empieza a hacer viral en las redes sociales. En apenas unas horas alcanza las 40.000 visitas y los más de 30.000 "Me gusta". Su Instagram se convierte en un auténtico hervidero de reacciones.
Podría ser otro bonito testimonio de una de las miles de monjas ancianas que pueblan los monasterios de toda España, pero, no lo es. Detrás de las palabras de esta dominica –con 69 años de vida consagrada a las espaldas–, hay una forma de afrontar la muerte que resuena a algo realmente extraordinario.
"No me hice religiosa para santificarme yo sola, sino para ayudar al mundo a que busque a Dios, a que le ame. No sé si lo he conseguido, pero eso fue lo que hice", se le escucha decir.
"Cuando me han venido cosas duras, digo: 'Tú estás conmigo, Tú eres mi Dios, Tú eres mi confidente, Tú eres lo más grande que hay, Tú eres el que me va a recibir al final de la vida. Él me va a recibir en sus brazos y me va a abrazar. Él me va a amar. Añoro ese día…", continúa diciendo sor Virtudes.
Viernes 27 de febrero de 2026.
Un sol espléndido luce en lo alto del Monasterio de las Madres Dominicas de Caleruega. Sobre una lápida sin nombre descansa un ramo de rosas rojas, sus queridas rosas rojas. Todavía más abajo, los restos de sor Virtudes esperan alcanzar nuestra propia eternidad, que no la suya. Sor Teresa de Jesús –vicaria del monasterio– la acompañó durante sus últimos días en el hospital. Es joven, pero, a pesar de su edad, le ha tocado despedirse de varias de sus hermanas mayores.
En un hueco libre, aprovecha para charlar con Religión en Libertad sobre el ejemplo de fe que ha supuesto sor Virtudes para toda la comunidad, y, sobre algo más importante, de cómo debería despedirse una monja de clausura –o, más bien, cualquier cristiano–, de esta vida terrenal... antes de abrazar la meta definitiva que Virtudes anheló durante 88 años.
"Sor Virtudes era una persona muy discreta, tenía una grandísima humildad. Lo que estamos viendo con su muerte no lo hubiéramos pensado con su vida, estoy segura de que hay gente que se está sorprendiendo muchísimo", dice sor Teresa.
"Se desprendió de todo para enseñárnoslo a las más jóvenes. Siempre decía que su misión era que alguien pudiera recibir el testigo. Acogió el diagnóstico del cáncer con muchísima paz. En ningún momento dejó de bajar al obrador ni a rezar. En las últimas semanas, le había propuesto que se quedara en la cama, pero me decía que ella descansaba rezando con la comunidad. Su vida fue una alabanza continua hasta el final".
"Cuando ya estaba muy enferma, con muchos dolores, siempre me decía: 'tú no te preocupes por mí, la que te tienes que cuidar eres tú, que tienes muchos años de vida por delante, yo, ahora, ya no me tengo que cuidar, tengo que entregarlo todo a las demás'. Y, literalmente, se esforzaba en cargar peso... y asumía ciertos trabajos para poder liberar al resto de las hermanas".
"Hace unos días empeoró y la tuvieron que ingresar. Ella pensaba que viviría un poco más, pero no por ella sino por poder seguir echando una mano un rato más. Cuando el médico nos informó de que ya no había nada que hacer me empezó a explicar –sin yo decirle nada– cómo quería que fuera su funeral".
"'Quiero que cantéis de entrada Qué alegría cuando me dijeron, y se puso ella a cantarlo, y, luego, en la Comunión, Cerca de Ti, Señor, y, de salida, Yo le resucitaré. Me dijo que no me preocupara por ponerle el hábito más elegante ni el más nuevo, que teníamos voto de pobreza, que ese podía servir para otra monja, que, además, ella iba a entrar en el cielo revestida de la misericordia del Señor, y que el hábito se quedaría aquí".
"Le gustaban muchísimo las flores, siempre había cuidado las plantas de la huerta. Le dije que si me iba a dejar ponerle flores, me dijo que 'para mí no, pero que para el Señor las que quisiera'. Le pregunté que cuáles eran sus favoritas, y me dijo que las rosas rojas. Esa tarde le compré una rosa roja y le dije que me la había encargado su Esposo. Ella me dijo que con esa rosa tendría que enterrarla".
"Al día siguiente, llegó su confesor y le regaló un rosario, y me pidió que también le enterrara con él. Yo, de vez en cuando, le preguntaba, ¿no tienes miedo?, ¿no estás nerviosa?, y ella me miraba, como diciendo '¿pero qué me estás preguntando?'. Y, el domingo, otra vez, le pregunté, y me dijo: 'pero si la misericordia de Dios es más grande que todo, ¿de qué voy a dudar?, yo me voy por fin al abrazo con el Padre, es para lo que he vivido toda mi vida y lo estoy esperando, lo estoy deseando".
"Una de las veces que me vio llorar, me dijo: 'mujer de poca fe, ¡no te crees que me voy al cielo!', y luego me dio la bendición. La última tarde tenía ya muchos dolores y le cantamos. Cuando en la orden un hermano está agonizando se le canta La Salve y el O spem miram, que es un canto a Santo Domingo. Cuando Nuestro Padre se estaba muriendo, y los frailes estaban llorando, él les dijo: 'no lloréis por mí, que os seré más útil desde el cielo'. Nosotras, como no nos atrevíamos a decirle que lo íbamos a cantar, le preguntamos que si le cantábamos simplemente algo a la Virgen... y ella contestó que quería La Salve y el O spem miram. Sabía muy bien lo que venía y estaba en paz".
"Había momentos en los que la veía muy mal, que estaba con los ojos fijos mirando a la pared, yo pensaba que se nos iba, y, de repente, se giraba y me decía: '¿has cenado? o ¡vete a dormir! Cuando la levantaba de la cama, siempre la cogía con el brazo derecho –que tengo operado–, y me decía: 'no, no, con ese no, que ese es el malo, cógeme con el izquierdo'".
"En el hospital coincidió en la habitación con una hermana de Iesu Communio, y, un día, llegó una de ellas y le dijo: 'Sor Virtudes, que eres famosa en nuestro monasterio, que todas las que vuelven de aquí dicen que las estás llevando a Dios'. Todas querían acercarse a su cama para que ella les hablara".
"El cielo, me decía, 'es el gran monasterio', y allí iba a poder alabar a Dios con todos los santos. Me repitió varias veces: 'me voy al gran monasterio'. Sor Virtudes me ha hecho ver que estamos hechos para el cielo. Yo siempre le decía: 'me das envidia'. Ahora veo que todo cobra sentido si vives la vida de esta manera. Y, una muerte así no se improvisa en el último momento... si no es fruto de una vida de intimidad con Dios y sostenida por la fe".
"Sor Virtudes nos enseñó cómo nuestra propia vida predica sin necesidad de muchas palabras. Es la forma a la que estamos todos llamados a morir. Yo siempre le decía: 'muriendo así, nos lo estás poniendo muy complicado'. Porque ha muerto de una manera tan elegante, tan serena, tan pacífica... No podemos dejarnos llevar por la tristeza. Ella está ahora feliz, ha cumplido su meta, y por eso celebramos su funeral como una auténtica boda, porque era lo que correspondía", concluye sor Teresa de Jesús.
***A Sor Virtudes, con cariño, a la que tuve la suerte de conocer de cerca y de la que siempre me impresionó su fe, esperanza y caridad. Una de las últimas veces que la vi, con 88 años, todavía quería renovar el carnet de conducir 'para poder servir mejor a su comunidad'. Descansa en paz, hermana, y disfruta del Gran Monasterio... ¡que te lo has ganado!
Sor Virtudes González González O.P.
Natural de Santa Bárbara (Asturias), era la segunda de 5 hermanos. Nacida el 22 de marzo de 1937 quedó huérfana de madre en la adolescencia y unos meses después se enfrentó la muerte de su hermana mayor, haciéndose cargo del resto de sus hermanos. En Sotrondio conoció a las dominicas y fue descubriendo su carisma. Ingresó como monja de la Orden de Predicadores en 1957 y falleció 69 años después, en la mañana del lunes 23 de febrero de 2026, siendo subpriora del Monasterio de Santo Domingo de Caleruega (Burgos, España), cuna de Santo Domingo de Guzmán.
lunes, 2 de marzo de 2026
La visita del Papa. Por Guillermo Juan Morado
(La puerta de Damasco) El Vaticano ha confirmado la visita de León XIV a España del 6 al 12 de junio de 2026. Estará en Madrid, en Barcelona y en las Islas Canarias. Este acontecimiento es destacable tanto por el visitante como por el país visitado. El papa, por su oficio, representa a la totalidad de la Iglesia, ya que es el pastor universal de la misma. Como obispo de Roma y Sucesor de Pedro, es el nexo visible de unión de todos los católicos y el signo de continuidad con la tradición que proviene de Jesucristo a través de los apóstoles. España, por su parte, es una nación estrechamente vinculada al catolicismo. Sin esa referencia, no se puede entender su historia, su patrimonio artístico y su misma identidad cultural.
El papa Juan Pablo II viajó a España en cinco ocasiones. La primera de ellas tuvo lugar del 31 de octubre al 9 de noviembre de 1982. Visitó Madrid, Ávila – se celebraba el IV centenario de la muerte de santa Teresa de Jesús -, Alba de Tormes, Salamanca, Guadalupe, Toledo, Segovia – donde rezó ante el sepulcro de san Juan de la Cruz -, Sevilla – con la beatificación de sor Ángela de la Cruz-, Granada, Loyola, Javier, Zaragoza, Montserrat, Barcelona, Valencia, la Ribera del Júcar – afectada por las inundaciones – y, finalmente, Santiago de Compostela, en cuya catedral se desarrolló un memorable “Acto europeo”. En las diferentes etapas, el ambiente era de entusiasmo, con una enorme concurrencia de fieles.
El segundo viaje se celebró del 10 al 12 de octubre de 1984 y consistió en una escala en Zaragoza de camino a Santo Domingo y Puerto Rico, en el contexto de la preparación del V centenario del descubrimiento y la evangelización de América. Del 19 al 21 de agosto de 1989, visitó Santiago de Compostela y Asturias, con motivo de la IV Jornada Mundial de la Juventud. Del 12 al 17 de junio de 1993, Juan Pablo II volvió a estar en España: en Sevilla, para clausurar el XLV Congreso Eucarístico Internacional, en Huelva – con una celebración mariana en El Rocío – y en Madrid, donde consagró la catedral de la Almudena. El último de sus viajes a España abarcó el 3 y el 4 de mayo de 2003. Se encontró con los jóvenes en la Base Aérea de Cuatro Vientos y canonizó, en la Plaza de Colón, a san Pedro Poveda, san José María Rubio, santa Genoveva Torres, santa Ángela de la Cruz y santa Maravillas de Jesús.
Benedicto XVI vino a España tres veces. La primera vez a Valencia, del 8 al 9 de julio de 2006, por el V Encuentro Mundial de las Familias. La segunda vez, del 6 al 7 de noviembre de 2010, visitó la catedral de Santiago de Compostela, celebrando la misa en la Plaza del Obradoiro con ocasión del Año Santo Compostelano y, al día siguiente, dedicó en Barcelona la iglesia de la Sagrada Familia y consagró el altar. Por último, del 18 al 21 de agosto de 2011 participó, en Madrid, en la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. La imagen serena de Benedicto XVI en la vigilia de Cuatro Vientos adorando, junto a la multitud de jóvenes, al Santísimo Sacramento expuesto en la custodia de Arfe, a pesar de la tormenta de lluvia y viento que se había desatado, quedó impresa en la memoria de muchos.
León XIV vendrá a una España muy diferente de la que acogió a Juan Pablo II en 1982. La sociedad ha cambiado y la Iglesia en España también lo ha hecho. Es una Iglesia mucho más humilde, más reducida numéricamente, pero no deja de formar parte del siempre “pequeño rebaño” que es la Iglesia de Jesucristo. Previsiblemente, en Madrid sobresaldrá el aspecto más institucional del viaje – el papa es el soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano -; en Barcelona destacará la alianza entre arte y santidad, al acudir a la Sagrada Familia en el centenario de la muerte de Antonio Gaudí; y, en Tenerife y Gran Canaria, el papa incidirá en la necesaria generosidad y hospitalidad que se debe practicar con los migrantes y refugiados.
domingo, 1 de marzo de 2026
''Subió con ellos aparte a un monte alto'. Por Joaquín Manuel Serrano Vila
Celebramos el día del Señor en este II domingo de Cuaresma, avanzamos en la senda cuaresmal sin perder de vista que no es simplemente dejar que los días del calendario pasen; necesitamos ponernos en camino, el cual comienza en nuestro interior. Según avanzamos tomamos conciencia que tampoco es sencillo, que a veces parece que los pies se nos han quedado pegados al suelo y nos cuesta romper con nuestras rutinas, inercias, comodidades, manías y seguridades. Ante esto nos sale al paso San Pablo en su Segunda Carta a Timoteo, donde les dice y nos dice también a nosotros: ''Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios''. La pasión por el evangelio, por Jesucristo, por su verdad, es lo único que puede despertarnos, convencernos de que este es un tiempo de gracia, el tiempo ideal para darnos cuenta de que nunca alcanzaremos a Cristo ni seremos totalmente suyos si no renunciamos a la mediocridad del pecado. Así de directo nos lo dice el Apóstol: ''Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa''. Cada cual recibimos del Señor una vocación específica, pero una misma misión, como es la de anunciar el evangelio. Y el evangelio no vale anunciarlo de cualquier manera; es un tesoro al que solo daremos valor cuando empecemos predicándolo desde la propia coherencia de vida. Hay muchas personas que viven "en tinieblas y en sombra de muerte", y la única luz que puede salvarles y darles vida ya aquí en este mundo es descubrir a Jesucristo, su palabra, y alimento.
La primera lectura del Libro del Génesis nos presenta la vocación de Abrahán, un pasaje que nos viene muy bien en este 1 de marzo en que la Iglesia celebra el Día de Hispanoamérica. Con el apoyo de la Comisión Episcopal para las Misiones y Cooperación de las Iglesias, esta Jornada tiene el objetivo de poner en valor la presencia de la Iglesia en América, y los vínculos con esta vieja Europa que hoy mantiene tantas de sus comunidades parroquiales y religiosas gracias a la generosidad de entrega de estos pueblos hermanos. Son muchos los que están entre nosotros: los rostros de nuestras celebraciones, de nuestros conventos de clausura, seminarios o noviciados, son un testimonio de que vosotros -como nosotros un día- no habéis dicho no a salir de vuestra tierra, de vuestra patria, y así confiados en el Altísimo os habéis dejado sorprender por Él en esta tierra nueva que os ha mostrado y a la que habéis llegado probablemente sin que nunca hubiera estado en vuestros cálculos. Gracias por haber puesto vuestra confianza en el Señor. Él no nos abandona nunca, cumple siempre su promesa, y nos bendice. El Salmista, por su parte, responde a esa marcha de Abrahán, que es la marcha de cada uno de nosotros hacia el mañana desconocido con esa súplica sincera: ''Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti''
El evangelio de este día tomado del capítulo 17 de San Mateo, desarrolla la famosa escena de la subida de Jesús al monte Tabor junto con Pedro, Santiago y Juan. Vemos que el Señor hace un alto en el camino y se lleva consigo a la cima de una montaña sólo a tres de sus doce discípulos. La primera idea que hemos de tener clara es que caminaban al mismo sitio que nosotros: a Jerusalén, hacia la Pascua... Este hecho, que celebramos en agosto y que es el día grande de nuestra Catedral la tenemos muy asumida en nuestro vocabulario. Este episodio expone toda una muestra del amor de Dios. Los discípulos no se enteraron en aquel momento de nada -como tantas veces no ocurre a nosotros escuchando su palabra- se quedaron simplemente en que estaban bien, a gusto, felices... Pero Jesús les estaba preparando en todos los sentidos; es, por así decirlo, como cuando un niño tiene dudas de si ver una película o nó (pues a los niños no les gustan lo finales tristes) y su madre o su padre les tranquilizan: ''esa puedes verla que no es de pena''. Esto es lo que hace Jesús: se transfigura ante ellos, les muestra cómo va ser el final; es decir, su glorificación. Pero Jesús no lo hace en privado, lo hace ante testigos, de modo que no sólo se da la transfiguración de lo humano en lo divino, sino que también de algún modo, lo divino se humaniza. Alguna vez ya os comenté lo significativo de los tres discípulos que Jesús elige para acompañarle: Pedro, que será el primero en negarle; Juan que será el único que no le abandone en la cruz; y Santiago, que será el primero en morir mártir por su Maestro. Y también hay otro detalle muy hermoso: el valor de la montaña como lugar de encuentro del hombre con Dios, que aquí cobra todo su valor. Jesús sube al monte Tabor cuando se dirige al monte Calvario, pero también tenemos a Moisés y a Elías, los profetas del Antiguo Testamento, los cuales también vivieron su particular experiencia de Dios en la montaña: el Carmelo y el Sinaí.
También nosotros hoy, en esta Cuaresma, somos llamados a ser transfigurados. Este segundo domingo quiere ser un alto en el camino, una bocanada de aire para seguir nuestra marcha hacia la noche pascual. Somos llamados a subir al monte del Señor, a buscarle, a contemplarle, a quedarnos en oración, a preguntarle cuál es su voluntad... Subir al Tabor no requiere de calzado especial, ni de mochila, ni brújula... Nuestro Tabor es el Sagrario, ahí es donde siempre hay sitio para gastar unos minutos o unas horas, y todo el que descubre esta joya de la oración ante Jesús Sacramentado termina diciendo exactamente lo mismo que los discípulos al Señor: ¡qué bueno es que estemos aquí!... El Señor en el Monte se nos ha revelado como el Hijo amado del Padre, como la luz que supera toda luz. Los discípulos se quedaron extasiados, ya no pensaban en continuar el viaje, ya no querían descender de la montaña, sino que ya hablaban de hacer tiendas y quedarse allí con Él. Pero la vida no puede quedarse en momentos de comodidad, hay que bajar de la montaña y volver a ponerse en camino hacia la Jerusalén del Cielo sin miedo a la cruz, pues de ésta es redentora y de ella brotará la gloria.
sábado, 28 de febrero de 2026
Evangelio Domingo II de Cuaresma
Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
Palabra del Señor
Ayunar de palabras hirientes. Por Monseñor Jesús Sanz Montes O. F. M.
Estamos haciendo este camino que nunca antes había sucedido y nunca jamás se volverá a dar. La Cuaresma de este año es un tiempo único, inédito e irrepetible. No es, sin embargo, un tiempo de inercia sino un tiempo de gracia, que se nos concede como camino de conversión, de volver a empezar y de seguir caminando por el sendero justo que nos marca el Señor. No han pasado en balde estos meses desde la última Cuaresma. Cuando uno mira a su alrededor hace recuento de las cosas que han sucedido en todo un año: aparecen nombres de las personas que nos faltan a la vera cotidiana, de las que se nos han dado como regalo de novedad; los sucesos que han marcado un antes y un después con su enojo o desenfado, con su gracia inmerecida o con la desgracia de su traspiés. Sí, todo un año en el que las cosas que han sucedido, las que no lograron suceder, lo que ocurrió en nuestro adentro más íntimo o en nuestro más público aparecer, hace que no seamos los mismos. En definitiva, recorremos este camino cuaresmal como un camino hacia la luz del alba más resucitada, sí, una andadura hacia la lumbre más cálida. Cada uno sabe qué se nos puede haber apagado o qué se nos ha podido enfriar, para poder reconocernos en esa llama que nos acerca la claridad y la calidez que nos hace menesterosos ante Dios y ante la vida.
El Papa León XIV nos ha escrito un mensaje de Cuaresma que vale la pena leer, porque incide en la escucha de Dios y del grito de los pobres, con el ayuno que nos prepara para reconocer y acoger esa doble voz que se solapa y que, siendo diferente, es inseparable: «nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real… Pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor». Todo un programa sencillo para vivir esta Cuaresma inédita.
Recordamos cómo en este tiempo de Cuaresma, son tres los gestos que nos señala la Iglesia: el ayuno que nos invita a mirar a Jesús que ayunó, que nos hace solidarios con quienes no pueden elegir salir del hambre, y que nos educa en el prescindir de tantas cosas que no alimentan, aunque nos puedan atiborrar con su vacío. La limosna que nos hace hermanos imitando a un Dios limosnero que nos entregó su máxima riqueza, su tiempo, su vida y su amor como aprendemos en el Hijo de Dios. La oración que nos despierta a la certeza de sabernos acompañados por el Señor, que no sólo nos han indicado el camino, sino que se ha hecho caminante junto a cada cual en el tramo biográfico recorrido en estos días. Son las tres actitudes con las que hacemos este camino cuaresmal. Estemos atentos a la palabra de Dios cada domingo, a los gestos que la Iglesia nos indica, y preparemos a fondo una buena confesión de nuestros pecados estando seguros del perdón más grande que sólo nos otorga Dios.
Tiempo único, que se nos concede a todos situando nuestra vida ante el Señor, poniendo nombre a nuestras penumbras en las que esperamos que amanezca y se encienda la luz y la lumbre de Dios. Sólo así entraremos en la verdadera Pascua de una auténtica alegría con Jesús resucitado, y tras nuestras noches oscuras llegaremos a la alborada viva.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
Necrologica
Falleció este 27 de febrero de 2026 la Hermana Sor Virtudes González González O.P., Religiosa Dominica de Clausura en Caleruega (Burgos) a punto de cumplir los 89 años de edad y con 69 años de profesión religiosa.
Natural de Santa Bárbara (Asturias), era la segunda de 5 hermanos. Nacida el 22 de marzo de 1937 quedó huérfana de madre en la adolescencia y tan solo unos meses después hubo de enfrentar la muerte de su hermana mayor, quedando al frente de sus hermanos. En Sotrondio conoció a las dominicas que regentaban un colegio y, con el acompañamiento de las hermanas y de los frailes, fue conociendo el carisma dominicano en el que quiso consagrarse a Dios.
Ingresó como monja de la Orden de Predicadores en el Monasterio de san Blas, en Lerma, y allí profesó el 13 de febrero de 1957, haciendo sus votos solemnes tres años después. Allí vivió su vocación durante más de 20 años, hasta que en la década de los 80 se trasladó al Real Monasterio de santo Domingo en Caleruega, cuna del Santo Fundador.
En el momento de fallecer, ejercía de subpriora por su lucidez y prudencia, pero fuera de los muros del monasterio era reconocida por sus famosas tartas y dotes para la repostería. A lo largo de toda su vida supo adaptarse y servir en aquello que fuera necesario, ejerciendo oficios de procuradora, tornera, sacristana, maestra de novicias, encargada del obrador. Tenía un don especial para los trabajos manuales y realizó numerosos bordados en casullas y labores para la liturgia.
El pasado mes de julio, tras un prolongado tiempo de molestias, le diagnosticaron un cáncer terminal. Noticia que recibió con admirable serenidad y cuyo desenlace fue preparando a lo largo de este tiempo. Su estado empeoró el pasado 11 de febrero, tras recibir la Unción de Enfermos. Ingresada en el hospital conservó en todo momento la lucidez, aun con grandes dolores, se olvidaba de sí misma para cuidar de quienes la cuidábamos y supo transmitir a quienes le rodeábamos la paz interior que recibía de su inminente llegada al Cielo.
Falleció en la mañana del lunes 23 de febrero en compañía de la vicaria, sor Teresa de Jesús. La tarde anterior, aun consciente, habían podido subir varias hermanas a la habitación, habían rezado juntas y recitado la letanía de los santos y, por petición de la enferma, le habían cantado la Salve y el O Spem Miram, como se acostumbra a hacer con todos los dominicos en el momento final de su vida.
La capilla ardiente se instaló en el coro en el que tantísimas veces había participado de la Liturgia y de la Eucaristía con su comunidad. El funeral se celebró en este mismo lugar, el martes 24 a las 16:00, presidido por fray Juan Carlos Cordero y concelebrado por los padres dominicos del vecino convento, el prior de Palencia y un párroco de la zona. Estuvimos acompañadas por nuestras hermanas dominicas del Colegio santo Domingo de Aranda de Duero, que con tanto cariño nos han cuidado en estos días de hospital, algunos laicos dominicos, su familia venida de Asturias, y amigos y vecinos de la comunidad. Al terminar, en procesión por la huerta, procedimos a acompañar a nuestra hermana hasta el cementerio del Monasterio para darle sepultura.
Os compartimos el texto que se leyó, a modo de agradecimiento, al terminar la celebración, antes de salir hacia el cementerio:
Nuestra hermana Virtudes sabía desde el pasado julio que se acercaba su hora de partir al Padre. No acogió la noticia con resignación, sino con serenidad e, incluso, con deseo. Si le preocupaba algo, nunca fue pensando en ella, sino en nosotros y en sus seres queridos aquí presentes.
A su lado, estos días, esperábamos con una serenidad que estremecía, a “la hermana muerte”. Han sido muchas las horas y mucho lo compartido. Como cuando nos enseñaban en el noviciado a inclinar la cabeza cada vez que cruzábamos por delante del altar, así estos días en la habitación del hospital algo dentro de nosotras se inclinaba ante su cama. Allí estaba aconteciendo el Misterio de Cristo, con el que Virtudes había querido configurarse y con el que estaba Desposada. Con sus indicaciones y sobre todo con su espíritu, hemos querido celebrar este funeral como una boda. Como su Boda eterna. Su cuerpo sobre el suelo ocupa el mismo lugar delante del altar en el que un día cada una de nosotras y ella misma se desposó con Cristo.
Muchos de vosotros la identificáis como la hermana repostera, la que hacía las tartas, la sacristana… Son muchas las cosas que hacía y mucha la sabiduría que nos ha dejado en herencia. Pero, sobre todo, nos ha enseñado a amar. No me dio clases sobre santo Domingo, pero vi cómo se movían sus labios con una sonrisa mientras le cantábamos el O Spem Miram en su última tarde. Mucho más que sus trucos con las mangas pasteleras, a su lado aprendí amar a la comunidad y desgastarse por ella. No podremos igualar su destreza con los bordados, pero su mirada serena nos enseñó a cuidar las cosas de Dios y amarle a él sobre todas las cosas. Nunca aprenderé su don para cuidar las plantas, pero no podré olvidar la lección que me dio su vida y su muerte: que somos Criaturas de Dios, llamadas a darle Gloria con toda nuestra existencia, hagamos lo que hagamos, porque el Cielo se vive en lo pequeño, sencillo y discreto de cada día. Puede que no supiera toda la historia del pueblo, pero su ilusión por sacar adelante el obrador y la casa me contagiaron su amor por Caleruega y la esperanza en nuestra misión aquí.
“¡Mujer de poca fe!”, me dijo una de las últimas veces en las que me habló y mis ojos habían vuelto a llenarse de lágrimas, mencionando aquel “Os seré más útil desde el Cielo”, que un día escucharon también los frailes que lloraban ante la inminente muerte de santo Domingo. “Me voy al monasterio del Cielo, al gran Monasterio”, repetía sonriendo. La tristeza nos tienta, pero, incluso ahora, se ha salido con la suya. Se ha ido de una forma tan serena, tan bella, tan admirable, tan elegante, que ni siquiera en estas circunstancias reina solo el dolor. Ella, y su actitud confiada y generosa de enfrentar la vida y la muerte, son su mejor predicación. “Al Cielo entraré revestida de la Misericordia, no te agobies con ponerme el mejor hábito”, fue también una de sus últimas indicaciones. Su partida nos deja muy huérfanos, pero su misma forma de partir nos impide desesperar, nos asegura que caminamos hacia el Cielo, que vale la pena entregar la vida, que tiene sentido amar.
Estos días, a su lado en la cama del hospital hemos podido ser testigos privilegiado de la presencia de Dios que nos habita y que se palpa en quienes, como Virtudes, saben hacerse transparentes para que sea Cristo quien se manifieste: «llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros (…) Llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo». (2 Co 4, 7.10)
28 de febrero: santos mártires de la caridad, los fieles que «hasta morían contentísimos» tras contagiarse de peste
Durante 20 años, los cristianos de Alejandría cuidaron a los enfermos de peste hasta el punto de contagiarse ellos mismos. Son el primer testimonio de culto a santos no mártires del cristianismo
(Alfa y Omega) El cristianismo no solo es contracultural; en ocasiones, parece incluso contra natura. Cuando todo ser vivo tiende por puro instinto hacia la conservación de la propia vida, la historia demuestra una y otra vez que los seguidores de Jesús son sin duda capaces de arriesgar su existencia hasta la muerte por hacer el bien a un desconocido. Es lo que sucedió en Alejandría hacia el año 249 d. C. Una epidemia de peste se desató en la ciudad y las calles se quedaron desiertas porque nadie quería exponerse al contagio. Solo se atrevían a salir unos pocos cristianos, que acudían a aliviar los dolores de los enfermos y se ofrecían a enterrar a los muertos. Muchos de ellos morirían poco después a causa de esta temeridad, «y por ello la piedad de los creyentes los consideró como mártires», dice el Martirologio Romano en la página que abre cada 28 de febrero.
La enfermedad que sacudió el Imperio romano fue tan grave que hasta tiene un nombre propio: peste cipriana o de Cipriano. Ello se debe que fue san Cipriano, obispo de Cartago, uno de los que escribió sobre los estragos que hizo la plaga en todo el Mare Nostrum desde el año 249 hasta el 269. En su De mortalitate no tuvo reparo en hablar de «entrañas relajadas en un flujo constante», de «intestinos sacudidos con un vómito continuo», de «ojos ardiendo inyectados de sangre» y hasta de mutilaciones y pérdida del oído y la visión.
No se sabe bien el origen exacto de aquello que sacudió el imperio, pero hay epidemiólogos que mencionan al sarampión, la viruela e incluso el virus del ébola. El caso es que la plaga trajo consigo miles y miles de muertes por todas partes y en poco tiempo, y un descenso demográfico tan pronunciado que comprometió la supervivencia de la agricultura y hasta del Ejército romano en las décadas siguientes. Hay incluso quien ve en este episodio histórico una de las causas del debilitamiento que llevó a Roma, años después, a su destrucción.
En Alejandría, una de las ciudades más pujantes, mató a cerca del 60 % de los habitantes. No existía hogar donde no se derramara llanto por al menos un difunto, hasta que llegó incluso un momento en que muchos cuerpos permanecían sin sepultura. Quienes lograban sobrevivir, deambulaban llenos de pavor y de hambre. Apenas alguien enfermaba, sus allegados lo abandonaban.
Pero, en medio de este caos, surgió un grupo de locos que se reunían cada domingo para adorar y cantar alabanzas a un Dios nuevo: Cristo. Mientras los paganos huían como podían de la ciudad, los cristianos permanecieron en ella cuidando de los que se quedaban atrás.
«Nuestros mejores hermanos»
San Dionisio de Alejandría escribió sobre este período difícil que «la mayoría de nuestros hermanos, por amor y afecto fraternos, olvidándose de sí mismos y unidos unos con otros, visitaban sin precaución a los enfermos, les servían y los cuidaban en Cristo».
Dionisio, antecesor de Cipriano en la sede de la ciudad egipcia, contaba asimismo que los creyentes «hasta morían contentísimos» con los enfermos tras haberse contagiado del mismo mal. Todos ellos —sacerdotes, diáconos y fieles laicos— «asumían voluntariamente» los dolores del otro y, tras curar a los que podían, «al final morían con ellos». Al final, «los mejores de nuestros hermanos partieron de la vida de este modo», concluye Dionisio, «en un género de muerte que en nada parece ser inferior incluso al martirio».
Para Alban Butler, autor de Vidas de santos, el libro de referencia de la hagiografía moderna, el de los fieles de Alejandría de aquellos años «es posiblemente el primer testimonio de culto a santos no mártires que conocemos». De hecho, aunque «no fueron mártires estrictamente de sangre, sí fueron, sin duda, mártires de la caridad».
viernes, 27 de febrero de 2026
Música litúrgica, incapaces de superar los setenta. Por Jorge González Guadalix
(De profesión cura) Esta mañana he celebrado misa en el noviciado de las Hijas de María Inmaculada de Buitrago del Lozoya. Al acabar la celebración, una canción a la Virgen: “Yo cantaré al Señor un himno grande…". Me la sabía de mis tiempos del seminario. En cuaresma seguimos cantando “A ti levantos mis ojos” o “Sálvame Virgen María". Cantos de entrada habituales en muchas parroquias y conocidísimos pueden ser “Vienen con alegría", “Qué alegría cuando me dijeron", “Alrededor de tu mesa"… ¿Sabemos de cuándo son? ¿Y el archifamosísimo y requetecantado “Tú has venido a la orilla"?
Nos decía una vez un conocido experto en música litúrgica de la buena, y además catedrático en el Real Conservatorio de Madrid que uno de los criterios para conocer la buena música es que el pueblo de Dios la hiciera suya y cuanto más universalmente, mejor.
Tampoco importa mucho el idioma. El Tantum ergo o la Salve regina, en latín, claro, se cantan hoy en medio mundo o en el mundo entero. No digamos “Cantemos al amor de los amores” o “Salve, Madre". Los salmos de Manzano o las cosas de Palazón calaron, como hoy, a pesar de todos los pesares, siguen actuales las cosas de Gabarain.
Me pregunto qué nos ha pasado, pero llevamos cincuenta años cantando lo mismo. El pueblo de Dios tiene asimilado su propio cancionero que no falla. Diría más, es que ni se editan nuevos cancioneros.
En un mes, semana santa. Volveremos a lo de siempre: “Un mandamiento nuevo” y “Ubi charitas". “Victoria tú reinarás", “Perdona a tu pueblo” y “Amante Jesús mío". No faltarán “Este es el día en que actuó el Señor” y “Hoy el Señor resucitó". Supongo que en algunos grupos y parroquias algo irán renovando, pero si la gente no hace propios los cantos es que está fallando algo.
Fallan letras no siempre adecuadas, sobran grupos que se escuchan a sí mismos y tenemos el reto de una buena música que, en lugar de entretener, enseñe a rezar y nos introduzca en el Misterio. Así que, a falta de nada mejor, lo de siempre, que es lo que realmente ha calado en el alma del pueblo.
jueves, 26 de febrero de 2026
La Conferencia Episcopal Española publica el subsidio “Alabad al Señor. Salmos responsoriales de las ferias y fiestas para la celebración eucarística”
(C.E.E.) La presente publicación, cuyo autor es el P. Luis Elizalde CMF, ofrece a todas las comunidades un nuevo recurso para el canto del salmo responsorial o, al menos, su respuesta para las ferias y fiestas. De este modo, a los salmos de los domingos y solemnidades del volumen publicado anteriormente: Alabad al Señor. Salmos responsoriales y aclamaciones al Evangelio para la celebración eucarística (2023), se le suman, con este trabajo, todas las fiestas y ferias para que el salmo pueda ser cantado en cualquier celebración del año litúrgico.
El cuidado de una música de calidad dentro de las celebraciones litúrgicas es uno de los factores de actualidad que viene a cualificar la celebraciones para el bien del pueblo de Dios. Este libro podrá ser utilizado a diario por comunidades cristianas, parroquiales, religiosas, monasterios.
El Papa visitará España entre el 6 y el 12 de junio
(C.E.E.) El Santo Padre León XIV realizará su viaje apostólico a España del 6 al 12 de junio de 2026, acogiendo la invitación del rey Felipe VI y de la Iglesia en España. El programa del viaje será publicado más adelante. Además, Vatican News ha adelantado los lugares que visitará el Papa en España: «Madrid, Barcelona y el archipiélago de las Canarias«, este último con dos etapas, «Tenerife y Gran Canaria».
Ante este anuncio, han compartido sus valoraciones Mons. Luis Arguello, presidente de la CEE y arzobispo de Valladolid; el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona; y el cardenal José Cobo, vicepresidente de la CEE y arzobispo de Madrid.
Web oficial del viaje del Papa
También, desde comienzos de febrero, está disponible la página web oficial del Comité preparatorio de la visita de León XIV a España: ‘Conelpapa.es‘. En ella se incluye toda la información sobre los distintos grupos de trabajo y otras informaciones de interés.
miércoles, 25 de febrero de 2026
‘Caminamos juntos, compartimos alegría’: La Iglesia celebra el Día de Hispanoamérica. Por Joaquín Manuel Serrano Vila
Este próximo 1 de marzo, la Iglesia católica española celebra el Día de Hispanoamérica. Bajo el lema ‘Caminamos juntos, compartimos alegría’. Esta jornada anual invita a los fieles a estrechar los lazos de fraternidad con las Iglesias locales de América Latina y a poner en valor la labor de los misioneros que entregan su vida al otro lado del océano. Y por otro lado, damos gracias al Señor por los numerosos fieles, religiosas y sacerdotes que hoy rejuvenecen nuestras parroquias, conventos y seminarios en nuestra Nación. Aunque haya un océano por medio, hay un puente de fe, lengua y cultura que nos une y hermana.
El Día de Hispanoamérica no es sólo una fecha en el calendario de las jornadas eclesiales, es el recordatorio de una historia compartida y un compromiso presente. Organizada por la Comisión Episcopal para las Misiones y Cooperación con las Iglesias, esta jornada tiene un doble objetivo: el primero y principal, la Oración: Recordar a los sacerdotes, religiosos y laicos que trabajan en tierras hispanoamericanas, así como a los numerosos hispanoamericanos que anuncian el evangelio en España; hoy más que nunca, tierra de misión. La otra dimensión sería la cooperación pastoral, la cual mucho más que recaudar fondos para apoyar proyectos de evangelización y promoción social en comunidades con escasos recursos, tiene como mayor pobreza no conocer a Jesucristo allí o aquí.
Somos llamados, por tanto, a que ‘Caminemos juntos, compartiendo alegría’. La Iglesia busca hacer énfasis en que la misión no es un camino solitario, sino un caminar compartido entre la Iglesia en España y en Hispanoamérica. "Caminar juntos" refleja la corresponsabilidad y el intercambio mutuo. España ya no sólo envía misioneros, sino que también recibe la riqueza espiritual y la vitalidad de las comunidades latinoamericanas. Hoy más que nunca nuestra tierra pide auxilio y requiere de la sabia joven de esas tierras benditas a las que nuestros antepasados llevaron la fe, mientras que hoy teniéndola nosotros en baja intensidad, vienen ellos a mantener la llama encendida. Nos toca compartir la alegría. A pesar de los desafíos sociales y económicos en muchas regiones, la alegría del Evangelio es el motor que impulsa la labor diaria de toda misión a ambos lados del mar.
Decía un sabio obispo español que el mayor enemigo de la fe y del progreso es la ignorancia, y qué buen análisis éste. Desde el campo de la historia se ha manipulado muchas veces la obra de España en Hispanoamérica en una leyenda negra magnificada y que tantos creen a pies juntillas. Cuando la ideología es la que marca la historiografía, acabamos traicionando la verdad. Esas corrientes hispanofóbicas, antiespañolas, indigenistas se han promovido últimamente a lo largo del continente americano, las cuales se evidencian en que los últimos años se han profanado las estatuas de Cristóbal Colón, Junípero Serra o conquistadores como Juan de Oñate. También se trató de llevar a cabo una campaña contra la causa de beatificación de la sierva de Dios Isabel la católica, causa que el Papa Francisco alentó, y por la que preguntaba siempre que se encontraba con el arzobispo de Valladolid... La Iglesia en España se siente orgullosa de la obra llevada a cabo en esas queridas tierras hermanas, como nos dijo San Juan Pablo II: "¡España evangelizada y evangelizadora, ese es el camino!". En otro discurso en el año 1992 afirmaba el Papa santo: ''Ciertamente, en esa Evangelización, como en toda obra humana, hubo aciertos y desatinos, «luces y sombras», pero «más luces que sombras» (Cf. Carta Apostólica Los Caminos del Evangelio, 8), a juzgar por los frutos que encontramos allí después de quinientos años: una Iglesia viva y dinámica que representa hoy una porción relevante de la Iglesia universal''.
Nunca nos hemos olvidado desde España de nuestros hermanos en la fe, como ha quedado palpable en tantos buenos proyectos promovidos desde aquí, como la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA) en la que sirvieron tantos hermanos sacerdotes del presbiterio ovetense como fueron Don José Pérez, Don José Antonio Álvarez Muñiz, Don Justo Ordoñez, D. Rodobaldo Ruisánchez, y tantos otros... En su día dejaron la diócesis de Oviedo en un gesto de generosidad para servir temporalmente en diócesis de Hispanoamérica que sufrían escasez de clero. Hoy la tortilla ha dado la vuelta, y ahora los que estamos escasos somos nosotros, y necesitamos del apoyo de Hispanoamérica para atender al pueblo de Dios que peregrina en España.
Este próximo domingo 1 de marzo, en la misa de las 11'00 horas en la parroquia de San Félix de Lugones tendremos muy presentes a los hispanoamericanos que vivís aquí con nosotros (queremos hacer verdad y encarnar las palabras de Mt.25) así como a los que en sus países sufren la persecución a causa de su fe. Os animo e invito a acudir a la santa misa con las banderas de vuestros países, para colocarlas a los pies del altar. A los pies de María, a cuyo pilar bendito nos abrazamos y bajo el cual nos sentimos hermanos. Ante Ella, que nos muestra a su hijo Jesús, no hay diferencia de raza o color, de nacionalidad o acento, pues todos al orar llamamos a Dios ''Padre''. Le pedimos a Nuestra Señora del Pilar aquello que San Juan Pablo II con fuerte voz gritó en 1982 "Asiste maternalmente, oh María, a cuantos te invocan como Patrona de la Hispanidad''. ¡Que así sea!
martes, 24 de febrero de 2026
Nota de la Comisión Ejecutiva sobre la noticia publicada por El País
(C.E.E.) Ante las noticias aparecidas en el diario El País sobre supuestas afirmaciones del papa León XIV, en su audiencia a la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española el pasado 17 de noviembre, esta Comisión Ejecutiva, reunida hoy en Madrid, quiere exponer lo siguiente:
El papa León XIV nos recibió con especial afecto, escuchó las intervenciones de todos los miembros de la Comisión y nos animó en la apuesta evangelizadora en la que está empeñada la Iglesia en España. También el Santo Padre nos alentó a la comunión entre todos los miembros e instituciones que formamos la Iglesia.
En el diálogo, el Santo Padre reflexionó, entre otras cosas, sobre los riesgos de someter la fe a las ideologías sin mencionar a ningún grupo concreto. Queremos expresar nuestro respeto y adhesión al Papa y acoger su llamada a la comunión evangelizadora en la sociedad en la que vivimos con todos sus desafíos.
lunes, 23 de febrero de 2026
Lo que nadie te ha contado sobre las cofradías: fe, vida y una Iglesia que late en la calle
(Rel.) Nacido en Toledo en 1987, D. Juan Ignacio López Serrano descubrió su vocación en su tierra, entre la vida parroquial y la sencillez de la fe vivida en comunidad. Formado en el Seminario Conciliar “San Ildefonso”, fue ordenado sacerdote en 2011 y desde entonces ha desarrollado su labor pastoral en varias parroquias. Amante de la literatura y la expresión poética, ha sabido conjugar sensibilidad y profundidad en su ministerio. Recientemente ha sido nombrado Delegado Diocesano de Religiosidad Popular, Hermandades y Cofradías de la Archidiócesis de Toledo, una responsabilidad desde la que acompaña una de las expresiones más vivas —y a veces más incomprendidas— de la fe del pueblo.
Para muchos, la religiosidad popular parece algo antiguo, casi etnográfico. ¿Cómo explicaría hoy su relevancia espiritual y pastoral?
La piedad popular está más viva de lo que a veces pensamos. Basta salir a la calle en Semana Santa, acercarse a un santuario o contemplar cómo las familias preparan un belén en Navidad. No es una reliquia del pasado, sino una expresión actual y fecunda de la fe. Es el modo en que el pueblo cristiano traduce lo que cree en gestos, símbolos y vida cotidiana.
Celebración de la Candelaria en la Hermandad de los Remedios de Toledo
Más allá de procesiones y actos visibles, ¿Qué papel juega en la vida interior de los cofrades?
La piedad popular no sustituye a la liturgia, pero la prolonga. Es ese espacio donde la fe se hace cercana, personal, encarnada. Un rosario, una novena, una procesión… son formas de dirigirse a Dios que sostienen la vida espiritual. Alimentan el corazón y ayudan a vivir la fe más allá del templo.
En un momento en el que la Iglesia habla de sinodalidad, ¿Qué aportan las cofradías a la comunión eclesial?
Las cofradías son escuelas reales de participación. A través de sus cabildos, sus decisiones compartidas, su vida comunitaria, enseñan corresponsabilidad. Y además tienen algo muy valioso: reúnen generaciones distintas. En ellas conviven jóvenes y mayores, tradiciones y miradas nuevas. Eso fortalece profundamente la comunión.
Muchos jóvenes viven la fe en clave más contemporánea. ¿Cómo pueden las cofradías responder sin perder su identidad?
Acogiendo de verdad. No basta con invitar a los jóvenes: hay que integrarles, confiar en ellos, darles responsabilidad. Escucharles. Acompañarles. Las cofradías no deben diluir su esencia, pero sí abrir espacios donde los jóvenes puedan vivirla como algo propio, no heredado sin más.
Celebración de la Candelaria en la Hermandad de los Remedios de Toledo
Existe el riesgo de ver las cofradías solo como fenómenos culturales. ¿Qué se pierde con esa mirada?
Se pierde lo esencial. Reducirlas a cultura es quedarse en la superficie. La piedad popular transforma el corazón: enseña paciencia, sentido del sacrificio, confianza en Dios. Tiene un valor profundamente espiritual y evangelizador que no se puede medir solo desde lo estético.
La caridad es central en el Evangelio. ¿Cómo se concreta en la vida cofrade hoy?
La caridad es un pilar. No es algo añadido. Históricamente, muchas cofradías nacieron para atender a enfermos, pobres o difuntos. Hoy siguen haciéndolo, adaptándose a las nuevas necesidades. En Toledo, por ejemplo, la Cofradía de la Santa Caridad mantiene una presencia activa en el ámbito penitenciario, acompañando a internos no solo materialmente, sino también espiritualmente. Es una caridad que se hace cercanía real.
Celebración de la Candelaria en la Hermandad de los Remedios de Toledo
Si tuviera que resumir en una frase qué es hoy la piedad popular, ¿Cuál sería?
Es la forma en que la fe sale del templo y entra en la vida.
Para quien nunca ha formado parte de una cofradía, ¿qué le diría?
Que se acerque sin prejuicios. Que descubra desde dentro que no es solo tradición, sino camino. Ser cofrade es una forma concreta de vivir la fe, de pertenecer, de servir y de dejarse transformar.
En un tiempo que a veces separa lo visible de lo profundo, la voz de D. Juan Ignacio recuerda algo esencial: que la fe, cuando es verdadera, siempre encuentra la manera de hacerse vida. Y muchas veces, lo hace caminando por las calles.
Necrológica
Falleció el sacerdote diocesano Rvdo. Sr. D. Jorge Luis Fernández Cortés, Adscrito a la Unidad Pastoral de San Juan de Mires
Nació en Santa Cruz de Mieres el 24 de diciembre de 1947Ingresó en el Seminario Metropolitano de Oviedo donde realizó los Estudios Eclesiásticos. Tras recibir la ordenación diaconal en 1972 fue destinado como diácono adscrito a la parroquia de Santiago de Sariego. Recibió la ordenación sacerdotal el 10 de junio de 1973.
Sus destinos pastorales fueron los siguientes:
Regente de Santa María de Telledo y su filial San Adrián de Riospaso, así como encargado de San Pedro de Jomezana y San Cristóbal de Tuiza-Lena (1973 - 1976)
Coadjutor de San Miguel de Pumarín- Gijón (1976 - 1977)
Amplía estudios en París, y colabora en la Parroquia de Saint-Pierre-de-Chaillot (1977 - 1980)
Coadjutor de San Pablo de la Argañosa - Oviedo (1980 - 1984)
Párroco de Santiago de Ranón y San Juan de la Arena - Soto del Barco (1984 - 1992)
Párroco de Santiago de Ranón y San Juan de la Arena - Soto del Barco (1984 - 1992)
Teniente - Arcipreste de Pravia (1988 - 1992)
Sacerdote en la Misión de Napo - Ecuador (1992 - 1997)
Sacerdote en en la Misión diocesana de Bembereké - Benín (1997-1998)
Párroco de San Pedro de los Arcos - Oviedo (1998 - 2018)
Capellán de la Comunidad de Hermanitas de los Ancianos Desamparados del Asilo Nuestra Señora del Rosario de Oviedo (2006 - 2008)
Miembro elegido del Consejo Presbiteral (2014 - 2019)
Capellán del Monasterio de la Encarnación de Agustinas Recoletas de Oviedo (2013 - 2018)
Capellán del Monasterio de la Encarnación de Agustinas Recoletas de Oviedo (2013 - 2018)
Párroco de Nuestra Señora de la Merced de Oviedo en unión pastoral con San Pedro de los Arcos - Oviedo (2017 - 2018)
También hizo las veces de Capellán de la Comunidad de Hermanos Maristas del Colegio Auseva de Oviedo desde 1998 a 2018. Es justo reconocer que siendo él párroco de San Pedro de los Arcos nació la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén, aunque esta tradición empezó con los sacerdotes Don Argimiro Llamas Rubio, quien donó la imagen a la Parroquia, y después con el párroco D. Rafael Ortea Méndez, el cual impulsó que la imagen comenzara a procesionar. Fue en el año 2012 cuando promovido por un grupo de feligreses y con el visto bueno de Don Jorge nace como tal la Cofradía, con reconocimiento y erección canónica del Arzobispado de Oviedo. Desde 2012 hasta 2018 Don Jorge fue el Consiliario - Director espiritual de esta Cofradía.
En el año 2018, cuando llevaba nueve meses siendo el párroco de la nueva Unidad Pastoral de La Merced y San Pedro de los Arcos, cesó en ambas a sus 71 años. Pasó a la situación de jubilando fijando su domicilio en Mieres donde colaboró en la Unidad Pastoral de Mieres formada por las parroquias de San Juan y San Pedro de Mieres, Santo Cristo de la Misericordia de La Peña, Santa María Magdalena de La Rebollada, Santa Eugenia de Seana, San Bartolomé de Baíña y San Pedro de Loredo. Al agravarse su salud por una dolencia de la que ya era tratado, fue ingresado en el Hospital Central de Asturias - Oviedo. Falleció en el día de ayer, domingo 22 de febrero (I de Cuaresma) en dicho Hospital. Tenía 78 años de edad y 52 de ministerio sacerdotal. Lo encomendamos al Apóstol San Pedro.
D. E. P.
La Capilla ardiente ha quedado instalada en la Sala Nº 6 del Tanatorio de Mieres. El MARTES, día 24 de febrero, a las DOCE del mediodía, será recibido el cadáver en la iglesia parroquial SAN JUAN BAUTISTA – MIERES, donde se celebrará el funeral de cuerpo presente presidido por el Sr. Vicario General de la Archidiócesis y, acto seguido, será incinerado en el Tanatorio de Mieres.
''No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu'' (Sal 50) |





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