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sábado, 28 de febrero de 2026

Evangelio Domingo II de Cuaresma

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Palabra del Señor

Ayunar de palabras hirientes. Por Monseñor Jesús Sanz Montes O. F. M.

Estamos haciendo este camino que nunca antes había sucedido y nunca jamás se volverá a dar. La Cuaresma de este año es un tiempo único, inédito e irrepetible. No es, sin embargo, un tiempo de inercia sino un tiempo de gracia, que se nos concede como camino de conversión, de volver a empezar y de seguir caminando por el sendero justo que nos marca el Señor. No han pasado en balde estos meses desde la última Cuaresma. Cuando uno mira a su alrededor hace recuento de las cosas que han sucedido en todo un año: aparecen nombres de las personas que nos faltan a la vera cotidiana, de las que se nos han dado como regalo de novedad; los sucesos que han marcado un antes y un después con su enojo o desenfado, con su gracia inmerecida o con la desgracia de su traspiés. Sí, todo un año en el que las cosas que han sucedido, las que no lograron suceder, lo que ocurrió en nuestro adentro más íntimo o en nuestro más público aparecer, hace que no seamos los mismos. En definitiva, recorremos este camino cuaresmal como un camino hacia la luz del alba más resucitada, sí, una andadura hacia la lumbre más cálida. Cada uno sabe qué se nos puede haber apagado o qué se nos ha podido enfriar, para poder reconocernos en esa llama que nos acerca la claridad y la calidez que nos hace menesterosos ante Dios y ante la vida.

El Papa León XIV nos ha escrito un mensaje de Cuaresma que vale la pena leer, porque incide en la escucha de Dios y del grito de los pobres, con el ayuno que nos prepara para reconocer y acoger esa doble voz que se solapa y que, siendo diferente, es inseparable: «nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real… Pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor». Todo un programa sencillo para vivir esta Cuaresma inédita.

Recordamos cómo en este tiempo de Cuaresma, son tres los gestos que nos señala la Iglesia: el ayuno que nos invita a mirar a Jesús que ayunó, que nos hace solidarios con quienes no pueden elegir salir del hambre, y que nos educa en el prescindir de tantas cosas que no alimentan, aunque nos puedan atiborrar con su vacío. La limosna que nos hace hermanos imitando a un Dios limosnero que nos entregó su máxima riqueza, su tiempo, su vida y su amor como aprendemos en el Hijo de Dios. La oración que nos despierta a la certeza de sabernos acompañados por el Señor, que no sólo nos han indicado el camino, sino que se ha hecho caminante junto a cada cual en el tramo biográfico recorrido en estos días. Son las tres actitudes con las que hacemos este camino cuaresmal. Estemos atentos a la palabra de Dios cada domingo, a los gestos que la Iglesia nos indica, y preparemos a fondo una buena confesión de nuestros pecados estando seguros del perdón más grande que sólo nos otorga Dios.

Tiempo único, que se nos concede a todos situando nuestra vida ante el Señor, poniendo nombre a nuestras penumbras en las que esperamos que amanezca y se encienda la luz y la lumbre de Dios. Sólo así entraremos en la verdadera Pascua de una auténtica alegría con Jesús resucitado, y tras nuestras noches oscuras llegaremos a la alborada viva.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Necrologica

Falleció este 27 de febrero de 2026 la Hermana Sor Virtudes González González O.P., Religiosa Dominica de Clausura en Caleruega (Burgos) a punto de cumplir los 89 años de edad y con 69 años de profesión religiosa.

Natural de Santa Bárbara (Asturias), era la segunda de 5 hermanos. Nacida el 22 de marzo de 1937 quedó huérfana de madre en la adolescencia y tan solo unos meses después hubo de enfrentar la muerte de su hermana mayor, quedando al frente de sus hermanos. En Sotrondio conoció a las dominicas que regentaban un colegio y, con el acompañamiento de las hermanas y de los frailes, fue conociendo el carisma dominicano en el que quiso consagrarse a Dios.

Ingresó como monja de la Orden de Predicadores en el Monasterio de san Blas, en Lerma, y allí profesó el 13 de febrero de 1957, haciendo sus votos solemnes tres años después. Allí vivió su vocación durante más de 20 años, hasta que en la década de los 80 se trasladó al Real Monasterio de santo Domingo en Caleruega, cuna del Santo Fundador.

En el momento de fallecer, ejercía de subpriora por su lucidez y prudencia, pero fuera de los muros del monasterio era reconocida por sus famosas tartas y dotes para la repostería. A lo largo de toda su vida supo adaptarse y servir en aquello que fuera necesario, ejerciendo oficios de procuradora, tornera, sacristana, maestra de novicias, encargada del obrador. Tenía un don especial para los trabajos manuales y realizó numerosos bordados en casullas y labores para la liturgia.

El pasado mes de julio, tras un prolongado tiempo de molestias, le diagnosticaron un cáncer terminal. Noticia que recibió con admirable serenidad y cuyo desenlace fue preparando a lo largo de este tiempo. Su estado empeoró el pasado 11 de febrero, tras recibir la Unción de Enfermos. Ingresada en el hospital conservó en todo momento la lucidez, aun con grandes dolores, se olvidaba de sí misma para cuidar de quienes la cuidábamos y supo transmitir a quienes le rodeábamos la paz interior que recibía de su inminente llegada al Cielo.

Falleció en la mañana del lunes 23 de febrero en compañía de la vicaria, sor Teresa de Jesús. La tarde anterior, aun consciente, habían podido subir varias hermanas a la habitación, habían rezado juntas y recitado la letanía de los santos y, por petición de la enferma, le habían cantado la Salve y el O Spem Miram, como se acostumbra a hacer con todos los dominicos en el momento final de su vida.

La capilla ardiente se instaló en el coro en el que tantísimas veces había participado de la Liturgia y de la Eucaristía con su comunidad. El funeral se celebró en este mismo lugar, el martes 24 a las 16:00, presidido por fray Juan Carlos Cordero y concelebrado por los padres dominicos del vecino convento, el prior de Palencia y un párroco de la zona. Estuvimos acompañadas por nuestras hermanas dominicas del Colegio santo Domingo de Aranda de Duero, que con tanto cariño nos han cuidado en estos días de hospital, algunos laicos dominicos, su familia venida de Asturias, y amigos y vecinos de la comunidad. Al terminar, en procesión por la huerta, procedimos a acompañar a nuestra hermana hasta el cementerio del Monasterio para darle sepultura.

Os compartimos el texto que se leyó, a modo de agradecimiento, al terminar la celebración, antes de salir hacia el cementerio:

Nuestra hermana Virtudes sabía desde el pasado julio que se acercaba su hora de partir al Padre. No acogió la noticia con resignación, sino con serenidad e, incluso, con deseo. Si le preocupaba algo, nunca fue pensando en ella, sino en nosotros y en sus seres queridos aquí presentes.

A su lado, estos días, esperábamos con una serenidad que estremecía, a “la hermana muerte”. Han sido muchas las horas y mucho lo compartido. Como cuando nos enseñaban en el noviciado a inclinar la cabeza cada vez que cruzábamos por delante del altar, así estos días en la habitación del hospital algo dentro de nosotras se inclinaba ante su cama. Allí estaba aconteciendo el Misterio de Cristo, con el que Virtudes había querido configurarse y con el que estaba Desposada. Con sus indicaciones y sobre todo con su espíritu, hemos querido celebrar este funeral como una boda. Como su Boda eterna. Su cuerpo sobre el suelo ocupa el mismo lugar delante del altar en el que un día cada una de nosotras y ella misma se desposó con Cristo.

Muchos de vosotros la identificáis como la hermana repostera, la que hacía las tartas, la sacristana… Son muchas las cosas que hacía y mucha la sabiduría que nos ha dejado en herencia. Pero, sobre todo, nos ha enseñado a amar. No me dio clases sobre santo Domingo, pero vi cómo se movían sus labios con una sonrisa mientras le cantábamos el O Spem Miram en su última tarde. Mucho más que sus trucos con las mangas pasteleras, a su lado aprendí amar a la comunidad y desgastarse por ella. No podremos igualar su destreza con los bordados, pero su mirada serena nos enseñó a cuidar las cosas de Dios y amarle a él sobre todas las cosas. Nunca aprenderé su don para cuidar las plantas, pero no podré olvidar la lección que me dio su vida y su muerte: que somos Criaturas de Dios, llamadas a darle Gloria con toda nuestra existencia, hagamos lo que hagamos, porque el Cielo se vive en lo pequeño, sencillo y discreto de cada día. Puede que no supiera toda la historia del pueblo, pero su ilusión por sacar adelante el obrador y la casa me contagiaron su amor por Caleruega y la esperanza en nuestra misión aquí.

“¡Mujer de poca fe!”, me dijo una de las últimas veces en las que me habló y mis ojos habían vuelto a llenarse de lágrimas, mencionando aquel “Os seré más útil desde el Cielo”, que un día escucharon también los frailes que lloraban ante la inminente muerte de santo Domingo. “Me voy al monasterio del Cielo, al gran Monasterio”, repetía sonriendo. La tristeza nos tienta, pero, incluso ahora, se ha salido con la suya. Se ha ido de una forma tan serena, tan bella, tan admirable, tan elegante, que ni siquiera en estas circunstancias reina solo el dolor. Ella, y su actitud confiada y generosa de enfrentar la vida y la muerte, son su mejor predicación. “Al Cielo entraré revestida de la Misericordia, no te agobies con ponerme el mejor hábito”, fue también una de sus últimas indicaciones. Su partida nos deja muy huérfanos, pero su misma forma de partir nos impide desesperar, nos asegura que caminamos hacia el Cielo, que vale la pena entregar la vida, que tiene sentido amar.

Estos días, a su lado en la cama del hospital hemos podido ser testigos privilegiado de la presencia de Dios que nos habita y que se palpa en quienes, como Virtudes, saben hacerse transparentes para que sea Cristo quien se manifieste: «llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros (…) Llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo». (2 Co 4, 7.10)

28 de febrero: santos mártires de la caridad, los fieles que «hasta morían contentísimos» tras contagiarse de peste

Durante 20 años, los cristianos de Alejandría cuidaron a los enfermos de peste hasta el punto de contagiarse ellos mismos. Son el primer testimonio de culto a santos no mártires del cristianismo

(Alfa y Omega) El cristianismo no solo es contracultural; en ocasiones, parece incluso contra natura. Cuando todo ser vivo tiende por puro instinto hacia la conservación de la propia vida, la historia demuestra una y otra vez que los seguidores de Jesús son sin duda capaces de arriesgar su existencia hasta la muerte por hacer el bien a un desconocido. Es lo que sucedió en Alejandría hacia el año 249 d. C. Una epidemia de peste se desató en la ciudad y las calles se quedaron desiertas porque nadie quería exponerse al contagio. Solo se atrevían a salir unos pocos cristianos, que acudían a aliviar los dolores de los enfermos y se ofrecían a enterrar a los muertos. Muchos de ellos morirían poco después a causa de esta temeridad, «y por ello la piedad de los creyentes los consideró como mártires», dice el Martirologio Romano en la página que abre cada 28 de febrero.

La enfermedad que sacudió el Imperio romano fue tan grave que hasta tiene un nombre propio: peste cipriana o de Cipriano. Ello se debe que fue san Cipriano, obispo de Cartago, uno de los que escribió sobre los estragos que hizo la plaga en todo el Mare Nostrum desde el año 249 hasta el 269. En su De mortalitate no tuvo reparo en hablar de «entrañas relajadas en un flujo constante», de «intestinos sacudidos con un vómito continuo», de «ojos ardiendo inyectados de sangre» y hasta de mutilaciones y pérdida del oído y la visión.

No se sabe bien el origen exacto de aquello que sacudió el imperio, pero hay epidemiólogos que mencionan al sarampión, la viruela e incluso el virus del ébola. El caso es que la plaga trajo consigo miles y miles de muertes por todas partes y en poco tiempo, y un descenso demográfico tan pronunciado que comprometió la supervivencia de la agricultura y hasta del Ejército romano en las décadas siguientes. Hay incluso quien ve en este episodio histórico una de las causas del debilitamiento que llevó a Roma, años después, a su destrucción.

En Alejandría, una de las ciudades más pujantes, mató a cerca del 60 % de los habitantes. No existía hogar donde no se derramara llanto por al menos un difunto, hasta que llegó incluso un momento en que muchos cuerpos permanecían sin sepultura. Quienes lograban sobrevivir, deambulaban llenos de pavor y de hambre. Apenas alguien enfermaba, sus allegados lo abandonaban.

Pero, en medio de este caos, surgió un grupo de locos que se reunían cada domingo para adorar y cantar alabanzas a un Dios nuevo: Cristo. Mientras los paganos huían como podían de la ciudad, los cristianos permanecieron en ella cuidando de los que se quedaban atrás.
«Nuestros mejores hermanos»

San Dionisio de Alejandría escribió sobre este período difícil que «la mayoría de nuestros hermanos, por amor y afecto fraternos, olvidándose de sí mismos y unidos unos con otros, visitaban sin precaución a los enfermos, les servían y los cuidaban en Cristo».

Dionisio, antecesor de Cipriano en la sede de la ciudad egipcia, contaba asimismo que los creyentes «hasta morían contentísimos» con los enfermos tras haberse contagiado del mismo mal. Todos ellos —sacerdotes, diáconos y fieles laicos— «asumían voluntariamente» los dolores del otro y, tras curar a los que podían, «al final morían con ellos». Al final, «los mejores de nuestros hermanos partieron de la vida de este modo», concluye Dionisio, «en un género de muerte que en nada parece ser inferior incluso al martirio».

Para Alban Butler, autor de Vidas de santos, el libro de referencia de la hagiografía moderna, el de los fieles de Alejandría de aquellos años «es posiblemente el primer testimonio de culto a santos no mártires que conocemos». De hecho, aunque «no fueron mártires estrictamente de sangre, sí fueron, sin duda, mártires de la caridad».

Música litúrgica, incapaces de superar los setenta. Por Jorge González Guadalix


(De profesión cura) Esta mañana he celebrado misa en el noviciado de las Hijas de María Inmaculada de Buitrago del Lozoya. Al acabar la celebración, una canción a la Virgen: “Yo cantaré al Señor un himno grande…". Me la sabía de mis tiempos del seminario. En cuaresma seguimos cantando “A ti levantos mis ojos” o “Sálvame Virgen María". Cantos de entrada habituales en muchas parroquias y conocidísimos pueden ser “Vienen con alegría", “Qué alegría cuando me dijeron", “Alrededor de tu mesa"… ¿Sabemos de cuándo son? ¿Y el archifamosísimo y requetecantado “Tú has venido a la orilla"?

Nos decía una vez un conocido experto en música litúrgica de la buena, y además catedrático en el Real Conservatorio de Madrid que uno de los criterios para conocer la buena música es que el pueblo de Dios la hiciera suya y cuanto más universalmente, mejor.

Tampoco importa mucho el idioma. El Tantum ergo o la Salve regina, en latín, claro, se cantan hoy en medio mundo o en el mundo entero. No digamos “Cantemos al amor de los amores” o “Salve, Madre". Los salmos de Manzano o las cosas de Palazón calaron, como hoy, a pesar de todos los pesares, siguen actuales las cosas de Gabarain.

Me pregunto qué nos ha pasado, pero llevamos cincuenta años cantando lo mismo. El pueblo de Dios tiene asimilado su propio cancionero que no falla. Diría más, es que ni se editan nuevos cancioneros.

En un mes, semana santa. Volveremos a lo de siempre: “Un mandamiento nuevo” y “Ubi charitas". “Victoria tú reinarás", “Perdona a tu pueblo” y “Amante Jesús mío". No faltarán “Este es el día en que actuó el Señor” y “Hoy el Señor resucitó". Supongo que en algunos grupos y parroquias algo irán renovando, pero si la gente no hace propios los cantos es que está fallando algo.

Fallan letras no siempre adecuadas, sobran grupos que se escuchan a sí mismos y tenemos el reto de una buena música que, en lugar de entretener, enseñe a rezar y nos introduzca en el Misterio. Así que, a falta de nada mejor, lo de siempre, que es lo que realmente ha calado en el alma del pueblo.

jueves, 26 de febrero de 2026

La Conferencia Episcopal Española publica el subsidio “Alabad al Señor. Salmos responsoriales de las ferias y fiestas para la celebración eucarística”

(C.E.E.) La presente publicación, cuyo autor es el P. Luis Elizalde CMF, ofrece a todas las comunidades un nuevo recurso para el canto del salmo responsorial o, al menos, su respuesta para las ferias y fiestas. De este modo, a los salmos de los domingos y solemnidades del volumen publicado anteriormente: Alabad al Señor. Salmos responsoriales y aclamaciones al Evangelio para la celebración eucarística (2023), se le suman, con este trabajo, todas las fiestas y ferias para que el salmo pueda ser cantado en cualquier celebración del año litúrgico.

El cuidado de una música de calidad dentro de las celebraciones litúrgicas es uno de los factores de actualidad que viene a cualificar la celebraciones para el bien del pueblo de Dios. Este libro podrá ser utilizado a diario por comunidades cristianas, parroquiales, religiosas, monasterios.

El Papa visitará España entre el 6 y el 12 de junio

(C.E.E.) El Santo Padre León XIV realizará su viaje apostólico a España del 6 al 12 de junio de 2026, acogiendo la invitación del rey Felipe VI y de la Iglesia en España. El programa del viaje será publicado más adelante. Además, Vatican News ha adelantado los lugares que visitará el Papa en España: «Madrid, Barcelona y el archipiélago de las Canarias«, este último con dos etapas, «Tenerife y Gran Canaria».
Ante este anuncio, han compartido sus valoraciones Mons. Luis Arguello, presidente de la CEE y arzobispo de Valladolid; el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona; y el cardenal  José Cobo, vicepresidente de la CEE y arzobispo de Madrid.

Web oficial del viaje del Papa

También, desde comienzos de febrero, está disponible la página web oficial del Comité preparatorio de la visita de León XIV a España: ‘Conelpapa.es‘. En ella se incluye toda la información sobre los distintos grupos de trabajo y otras informaciones de interés.

‘Caminamos juntos, compartimos alegría’: La Iglesia celebra el Día de Hispanoamérica. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Este próximo 1 de marzo, la Iglesia católica española celebra el Día de Hispanoamérica. Bajo el lema ‘Caminamos juntos, compartimos alegría’. Esta jornada anual invita a los fieles a estrechar los lazos de fraternidad con las Iglesias locales de América Latina y a poner en valor la labor de los misioneros que entregan su vida al otro lado del océano. Y por otro lado, damos gracias al Señor por los numerosos fieles, religiosas y sacerdotes que hoy rejuvenecen nuestras parroquias, conventos y seminarios en nuestra Nación. Aunque haya un océano por medio, hay un puente de fe, lengua y cultura que nos une y hermana.

El Día de Hispanoamérica no es sólo una fecha en el calendario de las jornadas eclesiales, es el recordatorio de una historia compartida y un compromiso presente. Organizada por la Comisión Episcopal para las Misiones y Cooperación con las Iglesias, esta jornada tiene un doble objetivo: el primero y principal, la Oración: Recordar a los sacerdotes, religiosos y laicos que trabajan en tierras hispanoamericanas, así como a los numerosos hispanoamericanos que anuncian el evangelio en España; hoy más que nunca, tierra de misión. La otra dimensión sería la cooperación pastoral, la cual mucho más que recaudar fondos para apoyar proyectos de evangelización y promoción social en comunidades con escasos recursos, tiene como mayor pobreza no conocer a Jesucristo allí o aquí.

Somos llamados, por tanto, a que ‘Caminemos juntos, compartiendo alegría’. La Iglesia busca hacer énfasis en que la misión no es un camino solitario, sino un caminar compartido entre la Iglesia en España y en Hispanoamérica. "Caminar juntos" refleja la corresponsabilidad y el intercambio mutuo. España ya no sólo envía misioneros, sino que también recibe la riqueza espiritual y la vitalidad de las comunidades latinoamericanas. Hoy más que nunca nuestra tierra pide auxilio y requiere de la sabia joven de esas tierras benditas a las que nuestros antepasados llevaron la fe, mientras que hoy teniéndola nosotros en baja intensidad, vienen ellos a mantener la llama encendida. Nos toca compartir la alegría. A pesar de los desafíos sociales y económicos en muchas regiones, la alegría del Evangelio es el motor que impulsa la labor diaria de toda misión a ambos lados del mar.

Decía un sabio obispo español que el mayor enemigo de la fe y del progreso es la ignorancia, y qué buen análisis éste. Desde el campo de la historia se ha manipulado muchas veces la obra de España en Hispanoamérica en una leyenda negra magnificada y que tantos creen a pies juntillas. Cuando la ideología es la que marca la historiografía, acabamos traicionando la verdad. Esas corrientes hispanofóbicas, antiespañolas, indigenistas se han promovido últimamente a lo largo del continente americano, las cuales se evidencian en que los últimos años se han profanado las estatuas de Cristóbal Colón, Junípero Serra o conquistadores como Juan de Oñate. También se trató de llevar a cabo una campaña contra la causa de beatificación de la sierva de Dios Isabel la católica, causa que el Papa Francisco alentó, y por la que preguntaba siempre que se encontraba con el arzobispo de Valladolid... La Iglesia en España se siente orgullosa de la obra llevada a cabo en esas queridas tierras hermanas, como nos dijo San Juan Pablo II: "¡España evangelizada y evangelizadora, ese es el camino!". En otro discurso en el año 1992 afirmaba el Papa santo: ''Ciertamente, en esa Evangelización, como en toda obra humana, hubo aciertos y desatinos, «luces y sombras», pero «más luces que sombras» (Cf. Carta Apostólica Los Caminos del Evangelio, 8), a juzgar por los frutos que encontramos allí después de quinientos años: una Iglesia viva y dinámica que representa hoy una porción relevante de la Iglesia universal''.

Nunca nos hemos olvidado desde España de nuestros hermanos en la fe, como ha quedado palpable en tantos buenos proyectos promovidos desde aquí, como la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA) en la que sirvieron tantos hermanos sacerdotes del presbiterio ovetense como fueron Don José Pérez, Don José Antonio Álvarez Muñiz, Don Justo Ordoñez, D. Rodobaldo Ruisánchez, y tantos otros... En su día dejaron la diócesis de Oviedo en un gesto de generosidad para servir temporalmente en diócesis de Hispanoamérica que sufrían escasez de clero. Hoy la tortilla ha dado la vuelta, y ahora los que estamos escasos somos nosotros, y necesitamos del apoyo de Hispanoamérica para atender al pueblo de Dios que peregrina en España.

Este próximo domingo 1 de marzo, en la misa de las 11'00 horas en la parroquia de San Félix de Lugones tendremos muy presentes a los hispanoamericanos que vivís aquí con nosotros (queremos hacer verdad y encarnar las palabras de Mt.25) así como a los que en sus países sufren la persecución a causa de su fe. Os animo e invito a acudir a la santa misa con las banderas de vuestros países, para colocarlas a los pies del altar. A los pies de María, a cuyo pilar bendito nos abrazamos y bajo el cual nos sentimos hermanos. Ante Ella, que nos muestra a su hijo Jesús, no hay diferencia de raza o color, de nacionalidad o acento, pues todos al orar llamamos a Dios ''Padre''. Le pedimos a Nuestra Señora del Pilar aquello que San Juan Pablo II con fuerte voz gritó en 1982 "Asiste maternalmente, oh María, a cuantos te invocan como Patrona de la Hispanidad''. ¡Que así sea!

martes, 24 de febrero de 2026

Nota de la Comisión Ejecutiva sobre la noticia publicada por El País

(C.E.E.) Ante las noticias aparecidas en el diario El País sobre supuestas afirmaciones del papa León XIV, en su audiencia a la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española el pasado 17 de noviembre, esta Comisión Ejecutiva, reunida hoy en Madrid, quiere exponer lo siguiente:

El papa León XIV nos recibió con especial afecto, escuchó las intervenciones de todos los miembros de la Comisión y nos animó en la apuesta evangelizadora en la que está empeñada la Iglesia en España. También el Santo Padre nos alentó a la comunión entre todos los miembros e instituciones que formamos la Iglesia.

En el diálogo, el Santo Padre reflexionó, entre otras cosas, sobre los riesgos de someter la fe a las ideologías sin mencionar a ningún grupo concreto. Queremos expresar nuestro respeto y adhesión al Papa y acoger su llamada a la comunión evangelizadora en la sociedad en la que vivimos con todos sus desafíos.

lunes, 23 de febrero de 2026

Lo que nadie te ha contado sobre las cofradías: fe, vida y una Iglesia que late en la calle


(Rel.) Nacido en Toledo en 1987, D. Juan Ignacio López Serrano descubrió su vocación en su tierra, entre la vida parroquial y la sencillez de la fe vivida en comunidad. Formado en el Seminario Conciliar “San Ildefonso”, fue ordenado sacerdote en 2011 y desde entonces ha desarrollado su labor pastoral en varias parroquias. Amante de la literatura y la expresión poética, ha sabido conjugar sensibilidad y profundidad en su ministerio. Recientemente ha sido nombrado Delegado Diocesano de Religiosidad Popular, Hermandades y Cofradías de la Archidiócesis de Toledo, una responsabilidad desde la que acompaña una de las expresiones más vivas —y a veces más incomprendidas— de la fe del pueblo.

Para muchos, la religiosidad popular parece algo antiguo, casi etnográfico. ¿Cómo explicaría hoy su relevancia espiritual y pastoral?

La piedad popular está más viva de lo que a veces pensamos. Basta salir a la calle en Semana Santa, acercarse a un santuario o contemplar cómo las familias preparan un belén en Navidad. No es una reliquia del pasado, sino una expresión actual y fecunda de la fe. Es el modo en que el pueblo cristiano traduce lo que cree en gestos, símbolos y vida cotidiana.


Celebración de la Candelaria en la Hermandad de los Remedios de Toledo

Más allá de procesiones y actos visibles, ¿Qué papel juega en la vida interior de los cofrades?

La piedad popular no sustituye a la liturgia, pero la prolonga. Es ese espacio donde la fe se hace cercana, personal, encarnada. Un rosario, una novena, una procesión… son formas de dirigirse a Dios que sostienen la vida espiritual. Alimentan el corazón y ayudan a vivir la fe más allá del templo.

En un momento en el que la Iglesia habla de sinodalidad, ¿Qué aportan las cofradías a la comunión eclesial?

Las cofradías son escuelas reales de participación. A través de sus cabildos, sus decisiones compartidas, su vida comunitaria, enseñan corresponsabilidad. Y además tienen algo muy valioso: reúnen generaciones distintas. En ellas conviven jóvenes y mayores, tradiciones y miradas nuevas. Eso fortalece profundamente la comunión.

Muchos jóvenes viven la fe en clave más contemporánea. ¿Cómo pueden las cofradías responder sin perder su identidad?

Acogiendo de verdad. No basta con invitar a los jóvenes: hay que integrarles, confiar en ellos, darles responsabilidad. Escucharles. Acompañarles. Las cofradías no deben diluir su esencia, pero sí abrir espacios donde los jóvenes puedan vivirla como algo propio, no heredado sin más.

Celebración de la Candelaria en la Hermandad de los Remedios de Toledo

Existe el riesgo de ver las cofradías solo como fenómenos culturales. ¿Qué se pierde con esa mirada?

Se pierde lo esencial. Reducirlas a cultura es quedarse en la superficie. La piedad popular transforma el corazón: enseña paciencia, sentido del sacrificio, confianza en Dios. Tiene un valor profundamente espiritual y evangelizador que no se puede medir solo desde lo estético.

La caridad es central en el Evangelio. ¿Cómo se concreta en la vida cofrade hoy?

La caridad es un pilar. No es algo añadido. Históricamente, muchas cofradías nacieron para atender a enfermos, pobres o difuntos. Hoy siguen haciéndolo, adaptándose a las nuevas necesidades. En Toledo, por ejemplo, la Cofradía de la Santa Caridad mantiene una presencia activa en el ámbito penitenciario, acompañando a internos no solo materialmente, sino también espiritualmente. Es una caridad que se hace cercanía real.

Celebración de la Candelaria en la Hermandad de los Remedios de Toledo

Si tuviera que resumir en una frase qué es hoy la piedad popular, ¿Cuál sería?

Es la forma en que la fe sale del templo y entra en la vida.

Para quien nunca ha formado parte de una cofradía, ¿qué le diría?

Que se acerque sin prejuicios. Que descubra desde dentro que no es solo tradición, sino camino. Ser cofrade es una forma concreta de vivir la fe, de pertenecer, de servir y de dejarse transformar.

En un tiempo que a veces separa lo visible de lo profundo, la voz de D. Juan Ignacio recuerda algo esencial: que la fe, cuando es verdadera, siempre encuentra la manera de hacerse vida. Y muchas veces, lo hace caminando por las calles.

Celebración de la Candelaria en la Hermandad de los Remedios de Toledo

Necrológica

Falleció el sacerdote diocesano Rvdo. Sr. D. Jorge Luis Fernández Cortés, Adscrito a la Unidad Pastoral de San Juan de Mires

Nació en Santa Cruz de Mieres el 24 de diciembre de 1947

Ingresó en el Seminario Metropolitano de Oviedo donde realizó los Estudios Eclesiásticos. Tras recibir la ordenación diaconal en 1972 fue destinado como diácono adscrito a la parroquia de Santiago de Sariego. Recibió la ordenación sacerdotal el 10 de junio de 1973. 

Sus destinos pastorales fueron los siguientes:

Regente de Santa María de Telledo y su filial San Adrián de Riospaso, así como encargado de San Pedro de Jomezana y San Cristóbal de Tuiza-Lena (1973 - 1976)

Coadjutor de San Miguel de Pumarín- Gijón (1976 - 1977)

Amplía estudios en París, y colabora en la Parroquia de Saint-Pierre-de-Chaillot  (1977 - 1980)

Coadjutor de San Pablo de la Argañosa - Oviedo (1980 - 1984)

Párroco de Santiago de Ranón y San Juan de la Arena - Soto del Barco (1984 - 1992)

Teniente - Arcipreste de Pravia (1988 - 1992)

Sacerdote en la Misión de Napo - Ecuador (1992 - 1997)

Sacerdote en en la Misión diocesana de Bembereké - Benín (1997-1998)

Párroco de San Pedro de los Arcos - Oviedo (1998 - 2018)  

Capellán de la Comunidad de Hermanitas de los Ancianos Desamparados del Asilo Nuestra Señora del Rosario de Oviedo (2006 - 2008)

Miembro elegido del Consejo Presbiteral (2014 - 2019)

Capellán del Monasterio de la Encarnación de Agustinas Recoletas de Oviedo (2013 - 2018)

Párroco de Nuestra Señora de la Merced de Oviedo en unión pastoral con San Pedro de los Arcos - Oviedo (2017 - 2018)

También hizo las veces de Capellán de la Comunidad de Hermanos Maristas del Colegio Auseva de Oviedo desde 1998 a 2018. Es justo reconocer que siendo él párroco de San Pedro de los Arcos nació la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén, aunque esta tradición empezó con los sacerdotes Don Argimiro Llamas Rubio, quien donó la imagen a la Parroquia, y después con el párroco D. Rafael Ortea Méndez, el cual impulsó que la imagen comenzara a procesionar. Fue en el año 2012 cuando promovido por un grupo de feligreses y con el visto bueno de Don Jorge nace como tal la Cofradía, con reconocimiento y erección canónica del Arzobispado de Oviedo. Desde 2012 hasta 2018 Don Jorge fue el Consiliario - Director espiritual de esta Cofradía. 

En el año 2018, cuando llevaba nueve meses siendo el párroco de la nueva Unidad Pastoral de La Merced y San Pedro de los Arcos, cesó en ambas a sus 71 años. Pasó a la situación de jubilando fijando su domicilio en Mieres donde colaboró en la Unidad Pastoral de Mieres formada por las parroquias de San Juan y San Pedro de Mieres, Santo Cristo de la Misericordia de La Peña, Santa María Magdalena de La Rebollada, Santa Eugenia de Seana, San Bartolomé de Baíña y San Pedro de Loredo. Al agravarse su salud por una dolencia de la que ya era tratado, fue ingresado en el Hospital Central de Asturias - Oviedo. Falleció en el día de ayer, domingo 22 de febrero (I de Cuaresma) en dicho Hospital. Tenía 78 años de edad y 52 de ministerio sacerdotal. Lo encomendamos al Apóstol San Pedro.

D. E. P.

La Capilla ardiente ha quedado instalada en la Sala Nº 6 del Tanatorio de Mieres. El MARTES, día 24 de febrero, a las DOCE del mediodía, será recibido el cadáver en la iglesia parroquial SAN JUAN BAUTISTA – MIERES, donde se celebrará el funeral de cuerpo presente presidido por el Sr. Vicario General de la Archidiócesis y, acto seguido, será incinerado en el Tanatorio de Mieres.

 ''No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu'' (Sal 50)

domingo, 22 de febrero de 2026

" Llevado al desierto por el Espíritu". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Con el miércoles de ceniza hemos inaugurado la Santa Cuaresma en cuyo primer domingo nos encontramos. Ante nosotros esta peregrinación que ya es menos de cuarenta días, y donde cada día que pasa puede ser una jornada aprovechada o un día perdido en nuestro interior para la preparación para la Pascua. Hemos de tener mucho cuidado siempre con las trampas que el enemigo nos va poner en el camino, que no siempre son obstáculos concretos y distinguibles; pueden ser personas presentándose como gente de Dios o personas de Iglesia van a intentar distraernos para que nuestros ojos no estén fijos en el Señor, sino en ellos. Jesús ya nos advirtió que debíamos cuidarnos de los falsos profetas que nos salen al paso y quieren que pasemos la cuaresma sin pena ni gloria, instalados en la mediocridad, sin sacudir de nuestra vida de todo lo que ensucia la blancura de nuestro bautismo. 

En este Tiempo de Cuaresma un tema recurrente es hablar del pecado, así lo hace San Pablo en su Carta a los Romanos, haciendo historia de este mal: ''Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron...''. Sí; así es, por eso llamamos a Jesús el nuevo Adán, y a la Santísima Virgen la nueva Eva. Porque, a diferencia de Adán que desobedeció y trajo pecado y muerte, Jesucristo obedeció a Dios y trajo la salvación y la vida eterna a la humanidad. También si miramos a Santa María vemos cómo su obediencia a Dios revertió la desobediencia de Eva, convirtiéndose en causa de salvación, en lugar de muerte. Mientras Eva desconfió y trajo el pecado, María confió con su "fiat" (hágase) y trajo al Salvador, restaurando la vida. El Apóstol en esta catequesis que hace del pecado original compara en todo momento el pecador y el Redentor, delito y don, muerte y vida... Es, en resumen, lo que tratamos cada día de calcular cuando hacemos examen de conciencia: ¿en qué dirección va mi vida? La ceniza que se nos impuso en la frente este pasado miércoles nos recuerda que somos poca cosa, y conviene tener presente que nadie es perfecto, que tenemos los pies de barro, una historia vital llena de errores. Es cierto que también hay santos en nuestro entorno, y estos se distinguen fácilmente, pues la persona que vive con el corazón lleno la gracia no sale nunca de sus labios una crítica, siempre se considera peor que los demás y no permitirá que se le reconozca públicamente ningún éxito. Ahí vemos lo que nos falta a nosotros para llegar a ser lo que el Señor espera de nosotros; en qué miramos por encima del hombro a los demás, presumiendo de nuestros logros, pero al tiempo despellejando y remarcando los pecados o errores de los demás. 

En la primera lectura del Libro del Génesis se nos ha recordado esto: somos polvo y barro, modelados con aliento divino por manos del Creador. Cacharros frágiles, polvo del que venimos y al que volveremos, pero con la alegría y la esperanza de saber que el Señor nos ha redimido. Me gusta insistir en ésto, pues muchos aún no se han enterado, que este camino no termina el Viernes Santo, no termina en la muerte, sino que el sentido de esta cuarentena espiritual es llegar a la noche de la Pascua siendo otros. Esa es la meta: la vigilia pascual, no para llevarnos más o menos cantidad de agua bendita, no por llevarnos una vela de recuerdo, sino para renovar las promesas bautismales emocionados. Sí; que nos emocione pensar que repetimos las palabras que nuestros padres y padrinos pronunciaron ante la pila bautismal el día de nuestro bautismo, y que ese compromiso de vida es el que va a transformar toda nuestra existencia. Cuánto en lo que si creemos que debe aumentar, y tanto en lo que si renunciamos que debe desaparecer de nosotros. Si necesitamos pedir ayuda, pidámosla, pero que no caiga en saco roto esta oportunidad que nos da la Iglesia a través de la Santa Cuaresma de saborear la Pascua, el paso del Señor Resucitado a nuestro lado. Con el Salmista hoy gritamos: ''Misericordia, Señor: hemos pecado''. Y no nos asusta decirlo alto y claro, pues somos conscientes que apelamos al único que es rico en misericordia, al único que nos perdona, nos levanta y espera con nuestra conversión que volvamos a casa. 

Como es tradición el primer domingo del tiempo de cuaresmal, nos llega el pasaje de Jesús retirándose al desierto. Este año es San Mateo es quien nos lo narra en su capítulo 4, y es muy hermoso cómo nos lo presenta este evangelista, pues no lo cuenta como una iniciativa personal del nazareno, sino que nos dice: ''En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu'', lo nos recuerda a aquella profecía de Oseas en que anunciaba de Israel: ''Por tanto he aquí, yo la induciré, y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón'' (Os 2, 14). A lo largo de estos días si nos esforzamos en vivir la Cuaresma como nos pide la Iglesia, viviremos en primera persona cómo el mal nos sugiere: "¡come carne que no pasa nada!, ¡no reces que tienes cosas mas importantes que hacer! ¡No des dinero que ya Cáritas tiene mucho!..." Y es que el demonio hace fiesta cada vez que nos rendimos, y rabia cada vez que somos observantes en lo que Dios nos pide. Jesús hoy nos da ejemplo haciendo frente al maligno. La lucha contra Satanás no se limita a esos cuarenta días de retiro, sino que Jesús tuvo que hacerle frente durante toda su vida. También el pueblo de Israel peregrino por el desierto, tuvo muchas tentaciones de volver a Egipto, de cambiar de Dios... Y es que las tentaciones no son malas en sí; aunque nos propongan el mal, nos sirven de medida para ver cómo progresamos en el seguimiento del Señor. También San Agustín dirá sobre este episodio que "Jesucristo ha sido tentado para que el cristiano no fuese vencido por el tentador, y vencedor Jesucristo, fuésemos nosotros también vencedores".

Las tres tentaciones no han pasado de moda, siguen siendo los engaños principales con los que el demonio nos saca de la senda que nos lleva a Dios: el tener, el placer (o fama) y el poder. La primera: ''que estas piedras se conviertan en panes'', que está también vinculado con un episodio de los israelitas en el desierto, los cuales comieron pan del cielo cuando estaban muertos de hambre (el maná). Jesús es tajante con el diablo: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Si vivimos como animales, alimentando sólo un cuerpo y moviéndonos por apetencias, pero no atendemos el hambre y la sed espiritual, dejamos morir nuestra alma. La segunda: «tírate abajo, porque está escrito: "Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos''. Cómo no pensar aquí en el episodio de Israel con la experiencia de Masá y Meribá, cuando pusieron a prueba a Dios "a pesar de haber visto sus obras". Jesús le dice al maligno: “No tentarás al Señor, tu Dios”. También nosotros somos en esto tentados, exigiendo señales del cielo, demostraciones de poder, protección milagrosa... Nos enfadamos si pedimos al Señor que las cosas salgan de una manera y sale de otra. La tercera: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Ahí está el episodio del becerro de oro, aquella efigie de animal que fabricaron los hebreos al ver que Moisés tardaba en regresar. El Señor nos reclama hoy romper tantos ídolos y falsos dioses que nos hemos creado: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”... Aún tenemos mucho camino por delante, que no nos asuste caminar y cambiar, con la ayuda del Señor superaremos toda tentación.  

Evangelio Domingo I de Cuaresma

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los
reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

Palabra del Señor 

Entre dramas, tragedias y comedias. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O.F.M.

Suenan las fanfarrias del carnaval. Con tono desenfadado intentan mitigar un presente sombrío que está resultando duro y cuesta arriba para tantas personas. Las charangas con su música, letra y escenografías, son críticas ante tantas situaciones con las que a diario aparecen en todos los estratos de la sociedad en la que abultan las sombras y los rumores de un viaje sin norte, sin brújula y sin horizonte. Basta leer las noticias diarias para darnos cuenta del deterioro al que hemos llegado cuando la corrupción se maquilla hasta lo obsceno, las mentiras se normalizan como forma de gobernanza, la inmoralidad sale a chorros entre los vendedores de moralina, y la irresponsabilidad de los mandamases que roban a mansalva, aunque tantos inocentes paguen con la vida. Lo vemos en los casos de corrupción diarios, en los brindis al sol mendaces, en la pereza ladrona de quienes sólo mantienen sus prebendas, sus botines y sus poltronas. Con este bronco paisaje político y social nos vuelve a sorprender un tiempo extraño para algunos que se apresuran a saludar pública e institucionalmente a los musulmanes por el ramadán, adoctrinando a toda la población sobre las fechas de este respetable evento islámico, sobre sus gestos y sus razones, mientras no dicen una palabra sobre el comienzo de la cuaresma cristiana.

Tuvo comienzo el miércoles pasado con ceniza que volvió a caer. No es el aspaviento de un volcán fumante, ni la resulta de un incendio arrasador. La ceniza es el recuerdo humilde de nuestro humus, de esa tierra de la que fuimos formados por las manos creadoras de Dios, como dice bellamente el texto arcaico del Génesis. No se trata de un cansino toma y daca por parte de la Iglesia que pretendiese echar, no leña al fuego, sino ceniza al apagón. No es un mensaje ceniciento que nos pone de nuevo contra las cuerdas para acorralarnos en el miedo o la tristeza, como si la vida no tuviera ya demasiados rincones en los que sentimos incertidumbres, penurias y desazón.

La ceniza se ha puesto de nuevo en nuestras cabezas para invitarnos con respeto y ternura a alzar nuestra mirada humildemente, sin tronío ni alharaca, sin despecho ni ambición. Levantar nuestros ojos desde la realidad siempre mejorable, desde las mil fisuras por las que se nos fugan la esperanza, la certeza y la ilusión. Porque la ceniza no consiste en una losa humillante que viene a aplastarnos más aún de cuanto cotidianamente nos abruma, sino que ese símbolo cuaresmal nos abre al deseo de lo que no logramos por nosotros mismos que se cumpla. Y esta apertura deseosa es la que nos permite vislumbrar con alegría presentida que la palabra última no le pertenece a nuestro fracaso y pesar, sino a la promesa cumplida que, como perfume verdadero, Dios nos quiere nuevamente regalar. Es ceniza perfumada, como el polvo enamorado del que nos hablaba el poeta Francisco de Quevedo: serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado.

El gran teólogo H.U. von Balthasar hablaba de Dios en una de sus obras principales desde las figuras del teatro griego: porque del misterio de Dios no se puede hablar en clave de comedia ni en clave de tragedia, sino sólo desde el drama, la “teodramática”. Hay mucha comedia y demasiados comediantes que se toman la vida a juerga generando tantas tragedias como vemos que hay en las lágrimas y desesperanzas de mucha gente. Pero el drama es otra cosa: ni carcajada frívola ni llanto inconsolable, sino el abrazo sereno y libre de una realidad en la que verter una gota de fe, una ternura de caridad y un horizonte de esperanza, asomándonos a cuanto sucede desde la mirada dulce de Dios. Para esto Jesús se hizo hombre, para esto nos habló con sus palabras y nos bendijo con sus signos y milagros, para librarnos de las tragedias y comedias que nos destruyen, para hacernos dramáticamente felices, sabios, justos y santos. Esta es la cuaresma cristiana, la oración, ayuno y limosna a que nos invita la Iglesia para una renovada conversión.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 21 de febrero de 2026

Académicos recuerdan la lucha de Benedicto XVI por una Europa fiel a sus raíces cristianas

(EWTN News/InfoCatólica) En Roma, un grupo de académicos se reunió el 17 de febrero en la Embajada de Alemania ante la Santa Sede para honrar la visión de Joseph Ratzinger sobre Europa y su insistencia —a lo largo de toda su vida— en que el continente no puede sobrevivir si se reduce a un simple engranaje económico y político desligado de sus fundamentos cristianos. La reunión se celebró pocos días después de que cuatro de los obispos más relevantes del continente pidieran a Europa «redescubrir su alma», un eco claro de la tesis que Ratzinger defendió de manera constante.

Benedicto XVI —como teólogo, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y como 265º Papa— sostuvo, según se remarcó, que Europa no se sostiene como mero proyecto de poder o de mercado. Su argumentación, repetida durante décadas, subrayaba que la identidad europea queda vaciada cuando pretende construirse como si Dios fuese un estorbo o una reliquia del pasado.

En ese marco se recordó una intervención considerada decisiva: la conferencia de 2005 en Subiaco, pronunciada por el entonces cardenal Ratzinger el día anterior a la muerte de san Juan Pablo II. Allí advirtió que lo que ofende a personas de otras religiones no es «la mención de Dios» en los documentos fundacionales europeos, sino «el intento de construir la comunidad humana absolutamente sin Dios». Para los participantes, esa frase resume el núcleo del diagnóstico ratzingeriano: un continente que quiere organizar su vida pública prescindiendo de Dios termina debilitando su propia humanidad.

Los ponentes conectaron esa advertencia con un llamamiento reciente. El 13 de febrero, los presidentes de las conferencias episcopales de Francia, Italia, Alemania y Polonia emitieron un mensaje conjunto reclamando que Europa recupere su identidad espiritual en un mundo que describieron como «desgarrado y polarizado». En ese texto, los obispos invocaron a los padres fundadores católicos de la Unión Europea —Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide De Gasperi— y advirtieron que Europa «no puede reducirse a un mercado económico y financiero» sin traicionar la visión que ellos defendieron.

En la conferencia organizada en Roma, Giovanni Maria Vian, historiador y exdirector de L’Osservatore Romano, subrayó la perseverancia de Ratzinger en este punto: «Y nunca se cansó», dijo, al describir su implicación prolongada con la crisis de identidad europea. El acto se organizó en preparación del centenario del nacimiento de Ratzinger, previsto para el 16 de abril de 2027.

El evento llevó por título «Ricordando Benedetto XVI» y sirvió también como presentación en Roma de una exposición dedicada al pontífice fallecido, que se celebrará en el Museo Diocesano de Arte Sacro de la ciudad italiana de Pordenone entre el 21 de febrero y el 12 de abril.

En declaraciones vinculadas al encuentro, Vian destacó el alcance de la labor de Ratzinger en la Iglesia. Señaló como ejemplo que «Uno de los mayores ejemplos fue que el cardenal Ratzinger llevó la antigua Santa Inquisición» —en referencia al organismo hoy conocido como Dicasterio para la Doctrina de la Fe— «como institución romana al mundo entero». Con ello quiso subrayar su impacto dentro y fuera de Europa.

Vian relató además que, tras la renuncia de Benedicto XVI en 2013, visitó al Papa emérito y quedó impresionado por su atención a la realidad. Según dijo, Ratzinger «seguía todo» y se mostraba «curioso y atento» no sólo respecto a la vida eclesial, sino también frente a la política global y al mundo secular.

El padre Mariusz Kuciński, director del Centro de Estudios Ratzinger en Bydgoszcz, Polonia, afirmó que la actualidad del legado de Benedicto se percibe en la cantidad de libros que se reimprimen y en el surgimiento de nuevos institutos en Alemania, Europa y otras regiones del mundo. A su juicio, «Ratzinger verdaderamente luchó una batalla» tanto en el plano intelectual como mediante una «fuerte acción pastoral, para ayudar a Europa a recuperar su naturaleza».

El sacerdote precisó que no se trata de pintar un pasado ideal: «No es que Europa sea perfectamente cristiana, porque nunca lo fue». Sin embargo, insistió en que Ratzinger combatió para que el continente «reclamara sus raíces cristianas». Según explicó, el teólogo bávaro entendía que Europa se construyó sobre tres fundamentos: los Diez Mandamientos, la filosofía griega y el derecho romano. Cuando esas tres bases se separan, «no queda nada», advirtió, recalcando que «el cristianismo ayudó a unirlos a todos».

En esa perspectiva, Kuciński sostuvo que, en medio de la confusión contemporánea, se necesita una guía doctrinal nítida: «En nuestra época difícil, necesitamos una enseñanza clara y concreta» como la que ofreció Benedicto XVI.

El homenaje recordó que la preocupación de Ratzinger por Europa atravesó toda su trayectoria y dio lugar a intervenciones especialmente conocidas, entre ellas su llamada constante a que los católicos sean una «minoría creativa». También se citó su libro de 2004 «Without Roots», coescrito con Marcello Pera, entonces presidente del Senado italiano, donde afirmaba que «Europa no es un continente que pueda comprenderse limpiamente en términos geográficos; más bien es un concepto cultural e histórico».

En esa obra, Ratzinger advertía de un fenómeno interno de Occidente que juzgaba grave: «un odio a sí mismo en el mundo occidental que es extraño y que puede considerarse patológico; sí, Occidente está haciendo un intento loable de estar completamente abierto a comprender valores ajenos, pero ya no se ama a sí mismo». Y añadía una conclusión tajante sobre el futuro europeo: «Para sobrevivir, Europa necesita una nueva —y ciertamente crítica y humilde— aceptación de sí misma, es decir, si quiere sobrevivir».

Finalmente, se volvió a su intervención de Subiaco, donde unió su análisis con «una propuesta a los secularistas». Allí afirmó: «El intento, llevado al extremo, de gestionar los asuntos humanos despreciando completamente a Dios nos conduce cada vez más al borde del abismo, al aislamiento cada vez mayor del hombre respecto de la realidad». Y llamó a Europa —y a Occidente en general— a invertir el axioma de la Ilustración: «Incluso quien no logra encontrar el camino de aceptar a Dios, debería, sin embargo, buscar vivir y dirigir su vida ‘veluti si Deus daretur’, como si Dios existiera».

viernes, 20 de febrero de 2026

Reflexiones Cuaresmales en vídeo, por Mons. Jesús Sanz Montes. 1º Domingo

(Iglesia de Asturias) Un año más, y con este ya van seis, cada semana de la Cuaresma el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, irá publicando una breve meditación en vídeo que se comparte especialmente a través de las redes sociales y el canal de YouTube de la diócesis, pero que también se podrá ver en esta misma página web. Ante el primer domingo de esta Cuaresma 2026 recuerda que «Las tentaciones de Jesús son el espejo en donde podemos ver todas las nuestras, y ahí vemos cómo Él prefirió el designio del Padre antes de secundar los sutiles señuelos del maligno que venía a separarle de su amor en ese sobrecogedor relato que hoy nos acerca el Evangelio». «Es el desierto de todas nuestras tentaciones –dice– en donde se nos salva de la soledad librándonos de nuestras seducciones funestas. Comienza un tiempo de penitencia, de ayuno y de oración, para prepararnos a la acogida renovada de la Luz pascual que viene a iluminar todas nuestras oscuridades, la acogida de la salvación del Hijo de Dios en cuyas heridas todas las nuestras han sido curadas, la acogida de la victoria del Resucitado que viene a triunfar sobre todas nues­tras muertes. La cuaresma es camino de alegría, porque levantándonos de nuestras oscuridades todas nos vuelve a proponer una meta que termina en Pascua».

jueves, 19 de febrero de 2026

«El corazón reclama un cambio». Palabras de nuestro Arzobispo al inicio de la Cuaresma


(Iglesia de Asturias) «Sabemos muy bien lo que hoy da comienzo, que es la Santa Cuaresma, porque tenemos ya muchas a nuestras espaldas y probablemente no estemos en actitud de sorpresa. Pero esta Cuaresma que ahora vivimos nunca sucedió y nunca más se repetirá. Tenemos que desembarazarnos de la inercia que nos empuja según dictan las calendas», afirmó esta mañana nuestro Arzobispo, Mons. Jesús Sanz en su homilía, durante la celebración de la Misa Capitular en la Catedral, en este Miércoles de Ceniza.

«Mirando la Pascua pedimos al Señor que nos sostenga y acompañe en lo que necesita mi vida de conversión. De transformación del corazón, porque el corazón reclama un cambio», afirmó Mons. Sanz, que explicó que «Cuando nos asomamos a las noticias vemos que hay mucha frivolidad, mucha superficialidad, mentira y corrupción. Como también hay mucha tragedia entre gente que lo pasa mal y sin salida». Y apeló a la libertad de «quien se deja acompañar por Dios, empeñándose y comprometiéndose para ser salvado».

Finalmente recordó los tres gestos que nos van a acompañar durante toda la Cuaresma: «el ayuno, de aquello que nos hace daño, que nos separa de Dios y no nos reconcilia con los hermanos»; también la limosna, que supone «no sólo entregar aquello que me sobra sino reconocernos como don para los demás». Y finalmente la oración, que no es «recitación de plegarias aprendidas desde pequeños -que ojalá nunca olvidemos-, sino saberse mirado y sostenido por quién conoce mi vida, mis heridas, mis trampas… vivir filialmente todas las cosas porque no somos huérfanos de Dios aunque a veces seamos pobres y malos hijos». Afirmó finalmente «Nos queremos dejar reconciliar por Dios para que la oración, la limosna y el ayuno nos lleven a un camino hacia la Pascua».

Casuística cuaresmal. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Bienvenidos al tiempo de cuaresma. Espero que todos tengan claras las prácticas penitenciales cuaresmales, en qué consisten y a quién obligan. Por si acaso, ahí va un resumen:

Abstinencia: Prohíbe comer carne (mamíferos y aves) los viernes de cuaresma, especialmente miércoles de ceniza y viernes santo, desde los 14 años en adelante.

Ayuno: Consiste en hacer una sola comida completa y dos más pequeñas que, sumadas, no igualen la comida fuerte. Se aplica el miércoles de ceniza y viernes zanto para personas entre 18 y 59 años.

Y ahora viene la casuística de cada año, exactamente la misma de toda la vida, porque hasta en las pegas hemos dejado de ser originales:

Si no como albóndigas y como langosta vaya penitencia.

Me encanta el pescado, así que la cuaresma para mí es una fuente de alegría y buen comer.

Para mí sacrificio sería justo dejar de comer pescado los viernes.

Qué más dará la abstinencia el viernes o el sábado.

Tampoco creo que a Dios le importe mucho si me desayuno en viernes un bocadillo de mortadela.

Mejor sería ayunar de otras cosas.

Seguro que mis amabilísimos lectores podrían aportar mil casos más. Somos expertos. No me voy a molestar en quitarles la razón. Pero sí en aportar algunas cosas:

PRIMERA. Que la clave de todo se llama obediencia y humildad. Por tanto, si en el cuarto mandamiento de la Iglesia leo “ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la santa madre Iglesia", ya está todo dicho. Se acepta y se cumple simplemente por obediencia. Quizá sea este, y sin quizá, el mayor sacrificio.

SEGUNDA. Mayorcitos somos todos para cumplir con sentido común entendiendo la raíz del mandato. Déjense de bobadas con que si la langosta. Eso lo entiende cualquiera si quiere.

TERCERA. Ayuno y abstinencia son prácticas para toda la Iglesia. Universales. Vamos a cumplir aunque sea solo en afras de sentirnos comunidad más allá de sinodalidades varias.

CUARTA. La cuaresma nos pide, además del ayuno y la abstinencia, perseverar en la oración y dar limosna a los pobres. También eso.

RESUMO. Nuestro mayor pecado, desde el paraíso terrenal, es el orgullo. Todo lo que sea doblegar el yo es avanzar en el proceso de conversión personal de cada uno. Toca agachar la cabeza, aguantarse y cumplir el ayuno y la abstinencia como se nos manda y simplemente por eso.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Miércoles de Ceniza. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Hoy recibimos la ceniza sobre nuestras cabezas. Este gesto no es un rito de tristeza, sino de humildad y realismo. Nos recuerda nuestra fragilidad ("polvo eres") pero, sobre todo, reaviva la esperanza de lo que estamos llamados a ser por la misericordia de Dios: ''conviértete y cree en el evangelio". Es el reconocimiento de que necesitamos al Padre para que transforme nuestra "ceniza" en vida nueva. La ceniza nos habla de esperanza. La voz del Señor nos habla hoy con más fuerza que nunca: "convertíos a mí de todo corazón". La Cuaresma es ante todo, ésto: una llamada a la conversión; no es tanto privarnos de muchas cosas, sino hacer una introspección espiritual de cómo está nuestro corazón en relación a Dios y nuestros hermanos. Si en Adviento me gusta decir que hay que hacer hueco en el corazón al Niño Jesús, la limpieza interior que tenemos que hacer en Cuaresma es aún mayor, pues ahora el que tiene que entrar es Jesucristo adulto: ¡el resucitado! 

El profeta Joel nos invita hoy a "rasgar el corazón y no las vestiduras". La verdadera conversión no es un cambio exterior de ritos, sino un movimiento profundo del espíritu para levantar la mirada de nosotros mismos y ponerla en Dios y en los hermanos. No lo olvidemos: Dios no se cansa de perdonar, por lo que este es el tiempo es oportuno para retornar a Él con confianza. Somos convocados a vivir con hondura la espiritualidad interiormente; sin duda, pero también de forma comunitaria, que es lo que hoy más nos cuesta. Los católicos tenemos claro que no vivimos nuestra fe por libre, ni nos salvamos solos: Para nosotros es esencial la experiencia comunitaria a ejemplo de nuestro Dios que es Trinidad, comunidad de amor. Hoy, que vamos por la calle absortos, inmersos en nuestras situaciones, tantas veces al margen del resto, que cada día cuesta más socializar, decir buenos días, ir a reuniones, trabajar en equipos, convivir... El Señor nos pide precisamente esto: amarnos unos a otros como Él nos ha amado. Hay un "mantra" muy extendido, especialmente entre las personas que se consideran creyentes ejemplares, y es decir que no necesitan confesar porque "ni robo ni mato": ¡faltaría más! Pero eso no es cierto de todo: hoy más que nunca se roba y se mata. No sólo físicamente en este mundo depredador de sí mismo, también con nuestra lengua muchas veces se puede matar socialmente a otros y robarles la buena fama. 

El Evangelio de San Mateo que hemos proclamado nos propone un "tríada" espiritual para sostener este tiempo de cuarenta días:

La Oración: Para hablar con Dios y escuchar su voz en lugar de las seducciones del mundo. Es el motor que da sentido a las otras prácticas. Como nos diría Santa Teresa, orar es ''tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama''. 

El Ayuno: No sólo de alimentos, sino de posiciones cómodas y egoísmos que nos impiden crecer. Ayunamos para hacernos dueños de nosotros mismos y recordar que somos de Dios: cuánto ayuno necesitamos de palabras hirientes, de críticas mordaces, de comentarios incendiarios, de etiquetas, de chismes... Tenemos una cuarentena por delante para sanar el alma de todo ese mal, de hacer las paces con quienes estamos enfrentados, de cerrar tanta herida abierta. 

Y la Limosna (practicar la Misericordia): Para vencer el egoísmo mediante la solidaridad directa y la caridad con quienes sufren. Pero de poco servirán monedas o billetes para ayudar a rostros desconocidos si antes no ejercemos la misericordia con los rostros que conocemos muy bien, pero no soportamos. 

Las "armas" de la Cuaresma son una ayuda, pero no son un fin en sí mismas; son una ayuda para encauzar nuestras vidas al Señor. San Juan de la Cruz, cuyo año jubilar estamos viviendo en España este 2026 nos regala una propuesta muy directa para este Tiempo: “Procure siempre inclinarse: no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso; no a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; no a lo más gustoso, sino antes a lo que da menos gusto; no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso; no a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo; no a lo más, sino a lo menos; no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado; no a lo que es querer algo, sino a no querer nada; no a andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor”. No olvidemos que la Cuaresma es un camino con una meta: la Pascua de Resurrección. Al salir hoy con la cruz de ceniza en la frente, hagámoslo con una sonrisa y el corazón perfumado, sabiendo que cada pequeño sacrificio es un paso hacia la alegría del Hombre Nuevo.

El obispo de Mondoñedo que tradujo al bable el Evangelio de San Mateo

(Martín Fernández/ La voz de Galicia) Antes de ser O Santo, el Muy Ilustre Don Manuel Fernández de Castro, obispo de Mondoñedo, era Manolín, un joven ovetense culto, sensible, espiritual. Un día escribió un poema sobre unas ovejas que le regalaron a un recién nacido: «Que'l niñín les quiera / y faiga caricies, / y peine so llana / coles manines./ Qu'el mesmu las eche/ cabe si xuntines,/ y los pies los tape/ pa que non se enfríen».

Ese mismo candor y cuidado que reclamaba para las merinas lo puso él para proteger una lengua minoritaria y en retroceso, el bable, el idioma de su corazón. En 1861, Louis Lucien Bonaparte, sobrino de Napoleón, el Emperador francés, le encargó traducir al asturiano el Evangelio según San Mateo, entonces uno de los textos más populares de Europa. Y le financió la publicación del libro en Londres, tal vez el único volumen de procedencia astur que haya sido editado en la capital inglesa...

Manuel Fernández de Castro y Menéndez Hevia, que así se llamaba el prelado, nació en Oviedo en 1834 y murió en Lugo, lejos de la tierra que tanto amó, en 1905. Desde muy joven se inclinó por la vida religiosa y, tras ser ordenado sacerdote, fue catedrático de Latín en el Seminario Conciliar de la capital asturiana y fundador del Catecismo de Oviedo. Cuando tenía 55 años, fue nombrado Obispo de Mondoñedo, diócesis en la que prosiguió la labor pastoral que lo caracterizó: el apoyo a las vocaciones religiosas y la difusión de la doctrina y de la moral cristiana.

Un encargo singular

Su condición clerical no le impidió, sin embargo, participar activamente en la vida social y cultural de su tiempo. En el diario La Unidad -medio vinculado al carlismo- escribió artículos que defendían postulados conservadores y tradicionalistas. En revistas eclesiásticas españolas difundió sus tesis y opiniones sobre asuntos de teología moral. Fue autor de dos libros sobre catequesis. Vertió al «asturianu» en 1854 la bula del Papa Pío IX -Pío Nono- Ineffabilis en la que se define el misterio de la Inmaculada Concepción. Y publicó en la prensa regional, en bable, diversos poemas de tipo costumbrista y popular que le dieron una notable fama y gran notoriedad.

Pero, sin duda, su máximo reconocimiento lo alcanzó con la traducción al bable del Evangelio de San Mateo, libro que fue editado en Londres en 1861 con una tirada inicial de 200 ejemplares. De ellos, según fuentes del Instituto de Estudios Asturianos, solo se conservan cinco: tres, en las bibliotecas Nacional de España, Londres y Vaticana y dos en manos privadas en Asturias. El volumen presenta dos características que lo hacen especial y singular. La primera, que tal vez sea el único libro en lengua asturiana que se editó en Londres. Y la segunda, que su publicación se debió al encargo de un personaje también un tanto raro y singular: Louis Lucien Bonaparte, sobrino de Napoleón Bonaparte, El Emperador de Francia. 

Un sobrino de Napoleón que amaba las lenguas minoritarias

En 1861, uno de los libros más populares de Europa era El Evangelio de San Mateo, uno de los cuatro del Nuevo Testamento. Por entonces, a Louis Lucien Bonaparte -que era lingüista, amante de las lenguas minoritarias y sobrino de El Emperador- se le ocurrió comparar cuatro idiomas próximos a su francés materno. Él fue uno de los primeros filólogos que estudiaron las lenguas vivas con métodos rigurosos por medio de la comparación lingüística. Y por eso encargó la traducción del Evangelio de San Mateo al asturiano, al gallego, al portugués y al castellano.

Al bable, se la encargó a un joven sacerdote ovetense que entonces tenía 27 años y que, con el tiempo, llegaría a ser Obispo de Mondoñedo. Para llevar a cabo el pedido, Don Manolín se apoyó en curas y seminaristas asturianos y redactó el texto en la llamada variante central, a la que incorporó usos y palabras de las modalidades oriental y occidental del bable.

La traducción al gallego, Bonaparte la puso en manos del compostelano Vicente Turnes pero, cuando este concluyó su trabajo, el francés consideró que su texto estaba demasiado castellanizado y le hizo un nuevo encargo a José Sánchez de Santa María, un poco conocido traductor gallego que Carballo Calero cita entre los precursores de Rosalía de Castro.

Louis Lucien Bonaparte no solo promovió el estudio de las lenguas de la Península Ibérica sino también los dialectos ingleses, italianos, sardos y albaneses. Y, sobre todo, estudió la lengua vasca, hasta tal punto que sus conclusiones sobre el euskera se mantuvieron en la picota de la investigación hasta el año de 1998 cuando se realizó la actual ordenación dialectal del vasco. Bonaparte había clasificado esta lengua en tres grandes grupos, ocho dialectos, veinticinco «subdialectos» y cincuenta variedades.

Su pasión por el País Vasco lo llevó a mantener largas estancias en él, casarse con una mujer vasca y publicar 33 obras en los distintos dialectos de esta vieja lengua preindoeuropea. Le llamaban O Santo y promovió la creación de la iglesia del Carmen y de rectorales y cruceiros

Manuel Fernández de Castro era un hombre sencillo, próximo y famoso por sus obras de caridad. Los vecinos le llamaban O Santo y entre ellos quedó, por largo tiempo, grato recuerdo y profunda huella, según documentan los historiadores mindonienses Cal Pardo y Andrés García Doural. Cincuenta años después de su muerte, su memoria seguía presente en la diócesis y en 1955 le fue tributado un homenaje en la iglesia parroquial de Nosa Señora do Carmen que él mismo había levantado sobre una vieja ermita de 1664. El nuevo templo fue obra del arquitecto local José Domenech a expensas del obispo De Castro. Su primer párroco fue en 1900 Justo Rivas Fernández, futuro obispo de Plasencia (Cáceres).

Mapa parroquial

En el acto, que contó con gran participación de vecinos y sacerdotes, intervinieron el entonces obispo de Mondoñedo, Mariano Vega Mestre; el deán Vicente Saavedra; el primer párroco de O Carme, Justo Rivas; y los párrocos de Ramil (Vilalba), José Benito Fernández Quintana, y Vilaronte (Foz), Jesús Losada Ares. Por su parte, el Concello de Mondoñedo colocó una lápida y dio su nombre a la avenida que discurre entre la escuela del barrio de Os Muiños de Arriba y la iglesia del Carmen. En su período al frente de la diócesis, Fernández de Castro reordenó en 1895 el mapa parroquial de Mondoñedo, lo que llevó a la desaparición de viejas parroquias como Rilleira de Cesuras, Trigás y Ambroz y a la aparición de las actuales de Os Remedios, San Vicente y O Carmen. Promovió, además, varias obras públicas -cruceiros, petos de ánimas, etcétera- y adquirió inmuebles y terrenos para levantar rectorales en parroquias. A él se debe la construcción del cruceiro de O Fiouco.